sábado, 3 de octubre de 2009

"El socialismo es del siglo pasado; el ecologismo ya está maduro"

Cécile Duflot tiene cuatro hijos, 34 años, una pinta normal de persona normal y un futuro en alza e imprevisible. La secretaria nacional de los Verdes franceses se ha convertido en el personaje político francés del momento. Hace un año era desconocida.

Cécile Duflot tiene cuatro hijos, 34 años, una pinta normal de persona normal y un futuro en alza e imprevisible. La secretaria nacional de los Verdes franceses se ha convertido en el personaje político francés del momento. Hace un año era desconocida. Hace un mes, el Partido Socialista francés la invitó a su minicongreso de La Rochelle. Allí, esta mujer ni alta ni baja ni guapa ni fea les soltó, de golpe, en su casa, a cientos de viejos militantes de izquierda, lo que pensaba del socialismo. Cosechó muchos aplausos y muchos abucheos, polarizó el debate. Vamos: que triunfó en un congreso que ni siquiera era el suyo.

Hace unas semanas, Nicolas Sarkozy la llamó al Elíseo para hablar del impuesto verde que tenía pensado aprobar. "Me dijo que iba a tener valor para poner en marcha una verdadera tasa ecológica, pero me mintió: no ha sido así. Sarkozy sólo se ha disfrazado de verde, pero no lo es".

Ahora, Duflot es la candidata estrella de los Verdes para las próximas elecciones regionales y el resto de partidos (sobre todo a la izquierda) la observan con cierto resquemor debido a que su caladero electoral es el mismo. "El socialismo es un proyecto del siglo pasado, basado en el crecimiento y en la ideología. Y esa idea del crecimiento no sirve para un planeta con los recursos limitados. Los socialistas ven a los ecologistas como a un niño pequeño. Pero el niño ya ha crecido: mide más de 1,80 y no hay que tratarlo con ese paternalismo".

Se sienta, quita el volumen al móvil y lo pone encima de la mesa. La llaman bastante, a juzgar por la lucecita del aparato, pero no contesta siempre. Pide un austero té que casi ni prueba. El local que ha elegido, un bistrot bonito y vacío de París con mesas de zinc y sillas de madera, está en un barrio popular. Lo justifica: "Soy una chica de barrio que llegó a la política por puro azar". Eso dicen todos. "En mi caso es verdad", responde. "Entré porque quería cambiar cosas de la ciudad en la que vivo, Villeneuve Saint-Georges, una ciudad desecha, pobre, de las afueras de París en la que había que hacer muchas cosas. De ahí, siempre con los verdes, fui metiéndome más. Y como soy mujer y es una formación paritaria, pues me empujaron a presentarme a cargos".

La victoria de los Verdes, capitaneados por el ex líder del Mayo del 68 Daniel Cohn-Bendit, en las pasadas elecciones europeas, dan aliento a Duflot. "Hicimos una buena campaña. No hablamos de lo malo que era Sarkozy, sino de Europa".

El té se enfría. El móvil no: sigue volviéndose loco. No para. Ella tampoco: "Hay que acabar con el consumo inútil. Yo empecé por lo local, por lo más próximo. Pero ahora lo más próximo es global: el cambio climático".

Fueron sus padres, una profesora de ciencias amante de los animales y un hombre de campo, quienes le inocularon el veneno de la austeridad, del ahorro, del reciclaje, cuando eso todavía no se llamaba así. Asegura que los últimos meses no la han cambiado mientras mira de reojo el móvil iluminado de nuevo. "Sigo cogiendo el metro y haciendo la compra. Yo estoy aquí para cambiar las cosas, no para ser una estrella política".

(El País, Madrid)

Carta a Carlos Cáceres, ministro de Hacienda

Estimado ministro:

En los últimos días le he visto en televisión tratando de explicar el enredo de los dos presupuestos y de la ‘revisión fiscal’ que no es ‘reforma’, porque esta viene después, con otras medidas y nuevos impuestos... Misión imposible, ministro

También aparecieron en nuestras pantallas personajes del FMLN, enredando aun más las cosas.

Los ciudadanos, ya no entendemos nada. Los diputados, aparentemente, tampoco.

Le tiro una propuesta, ministro: ¿Por qué no ponen todas las cartas sobre la mesa – para que todos podamos entender qué es lo que este gobierno quiere hacer con las finanzas públicas?

Todas las cartas: el presupuesto regular, el presupuesto extra, los préstamos. Donde piensan aumentar el gasto social, pero también donde van a reducirlo.

Sobre la mesa también los paquetazos: Todas las condiciones que imponen los señores del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, del Banco Interamericano, para seguir prestando. Hoy que la izquierda es gobierno, ya no los llama paquetazos, pero siguen siendo lo mismo...

Sobre la mesa todo el paquetazo fiscal - duela a quien duela, ricos o pobres. No sólo lo que llaman ‘revisión’ y ‘lucha contra la evasión’, sino también el impuesto predial y el impuesto sobre los ahorros. Y también, de una sola vez, los planes que tienen de aumentar el IVA en el 2010.

Nada de cartas debajo de la manga para sacarlas después. O sea después de aprobarles el presupuesto. No, no: ¡todo el paquetazo! Y tener el valor de enfrentar la discusión...

Estamos confundidos, no porque seamos tontos, sino porque no están sobre la mesa todas las cartas. Si nos dicen claramente lo que viene y qué es lo que todos tendremos que pagar para que el país salga a flote, a lo mejor lo entendemos y le hacemos huevos juntos.

Atentamente, Paolo Lüers

(Más)

jueves, 1 de octubre de 2009

"La izquierda está enferma de derechismo"

PARIS.-¿Por qué ser fiel a una izquierda que se derrumba? ¿Por qué negarse a cruzar la frontera ideológica y pasarse con bandera y banda al sarkozismo triunfal, como hicieron muchos de sus amigos? Esas preguntas sirven de hilo conductor al filósofo francés Bernard-Henri Lévy para hacer un balance sin concesiones del estado de la izquierda en Francia y tratar de identificar las razones de la derrota socialista en las elecciones presidenciales de abril y mayo pasados.

El más célebre, el más mediático de los llamados “nuevos filósofos”, responde a esos interrogantes en su reciente libro Ce grand cadavre tombé à la renverse (“Ese gran cadáver caído de espaldas”), fórmula utilizada por Jean-Paul Sartre para calificar a la izquierda cuando escribió el prefacio del libro Aden Arabie, de Paul Nizan, en 1960.
Solicitado por Nicolas Sarkozy para que publicara un artículo de apoyo a su candidatura durante la reciente campaña electoral –como habían hecho André Glucksmann y Alain Finkielkraut–, Lévy confiesa haber explicado al entonces candidato presidencial que, “a pesar de la amistad que los une” desde 1983, le resultaba imposible apoyarlo. “Después de todo –argumentó–, la izquierda sigue siendo mi familia.”

A partir de esa conversación, BHL –como se lo conoce en Francia– se lanza a un meticuloso análisis interior con el fin de descifrar sus razones más íntimas para ser de izquierda. Desfilan así imágenes, acontecimientos y reflejos que marcaron su vida, transformándose en elementos constitutivos de su personalidad: mayo de 1968, el escándalo Dreyfus, la guerra de España, el anticolonialismo, el antisemitismo –que no consigue separar del antirracismo– y la libertad, que no consigue separar de la igualdad.

Pero la parte más importante del libro quizás sea la última, donde hace un balance de “ese campo de ruinas” en que se ha transformado la izquierda actual.
Es verdad –afirma–, la izquierda rompió con la versión clásica de la tentación totalitaria, “el socialo-comunismo”. Pero de esas ruinas apareció otra tentación totalitaria que ya no se inspira en la extrema izquierda, sino en la derecha, incluso en la extrema derecha. Para Bernard-Henri Lévy, la izquierda está enferma. Es víctima de su fascinación por la nación y la bandera, de su antieuropeísmo, de su antinorteamericanismo, de su antiliberalismo, de su antisemitismo, de su fasci-islamismo…

“La izquierda está enferma de derechismo, ésa es la verdad”, resumió en una entrevista exclusiva con LA NACION en París.

–¿Usted no cree que pedirle a la izquierda que esté a favor del liberalismo y de Estados Unidos es como querer demostrar la cuadratura del círculo?
–De ninguna manera. En lo que atañe al liberalismo, debo recordarle que el liberalismo es patrimonio de la izquierda. El liberalismo es Jacobo Rousseau y su contrato social, Adam Smith o John Locke. Como diría Benedetto Croce, es necesario distinguir entre liberalismo y liberismo. El verdadero liberalismo nunca defendió la ley de la jungla o el mercado desregulado. Por el contrario, el liberalismo exige reglas, pactos, obligaciones que enmarcan la relación de las fuerzas económicas. El liberalismo no es el mercado, es el contrato.

–Cuando los altermundialistas y otros sectores de izquierda que usted denuncia con energía acusan al liberalismo de todos los males, quizás se refieren al ultraliberalismo.
–Pero entonces que lo digan. ¿Por qué no lo dicen? Que digan que están contra el ultraliberalismo y que quieren arrancarle el buen liberalismo a la derecha. Que quieren reivindicar su herencia. Que digan cómo harán para volver a ponerlo de pie. Mi maestro, Louis Althusser, decía que el gran genio de Marx fue tomar la dialéctica hegeliana, concepto reaccionario, y ponerlo nuevamente de pie. En Francia tenemos cantidad de cretinos que dicen que la nación, la seguridad, la bandera y Juana de Arco -conceptos reivindicados por la derecha- pertenecen también al patrimonio de la izquierda. Pero, entonces, ¿cómo es posible que, tratándose de algo tan importante como el liberalismo, no hagan el mismo trabajo? ¿Que no sean capaces de distinguir entre Silvio Berlusconi y las tres revoluciones fundadoras del modernismo [la inglesa, la norteamericana y la francesa]? Hacer ese trabajo es competencia de una izquierda crítica. Criticar quiere decir separar lo bueno de lo malo. Pero, la izquierda radical, los altermundialistas, todos aquellos que apoyan a Hugo Chávez y a Evo Morales, se declaran antiliberales, no antiultraliberales. Si les resulta difícil esa palabra, que encuentren otra. La verdad es que hay algo en la idea misma de libertad que les da miedo y que detestan. Ese miedo fue el que produjo a Castro ayer y a Chávez hoy.

-¿Usted no cree que Chávez sea de izquierda?
-Naturalmente que no. ¿Cómo puede ser de izquierda un hombre que ejerce un poder personal, que sueña con que ese poder sea vitalicio, que amordaza a los medios de comunicación de su país, que está sentado sobre una montaña de oro que su población no aprovecha y que es el aliado de Ahmadinejad en la guerra planetaria que libran los demócratas y los antidemócratas. Hay actualmente una izquierda que piensa que Chávez es de la familia, el niño turbulento de la familia. Yo no. Yo soy de izquierda y creo que Chávez es mi adversario.

-¿Y no se siente solo en ese planeta de la izquierda ideal? Porque una cosa es lo que uno quisiera y, otra, lo que es en realidad.
-No me importa. Me siento solo con Ingrid Betancourt, con Vaclav Havel, con Huber Matos, con Barak Obama, con una parte de la izquierda argentina que se reconocerá en lo que digo y que debe de estar negándose a verse embanderada junto a Chávez.

-En cuanto a la necesidad de una izquierda pro norteamericana Es posible que su análisis sea adecuado para Francia. Pero, ¿qué decir de América latina, donde Estados Unidos ha hecho y deshecho a su antojo en tantas ocasiones?
-El caso no es el mismo que en Francia, es verdad. Sin embargo, se puede decir cualquier cosa de Estados Unidos, y Dios sabe si yo he criticado algunas desviaciones de ese país que me erizan: Bush, el creacionismo, el conservadurismo duro Pero Estados Unidos también es un país donde las instituciones democráticas, la prensa, la opinión pública funcionan en forma ejemplar. Un presidente norteamericano jamás podría haber tratado de dar marcha atrás sobre el arrepentimiento de los crímenes históricos cometidos por Francia, como hizo Sarkozy con el colonialismo. La reacción ante Abu Ghraib fue inmediata. En tres días, toda la prensa norteamericana, incluido Fox News , hizo su mea culpa. Todos hablaron de la bancarrota del Estado durante el huracán de Nueva Orleáns. Pero nadie mencionó la solidaridad de la gente. No sólo de Hollywood, sino de los rednecks de Texas, que acogieron a los negros, víctimas de Katrina. Eso es Estados Unidos. No se puede afirmar que es la casa del diablo. Es el país de una mala política, de una corriente conservadora que me provoca escalofríos en la espalda, pero es un país formidable, un país que tiene recursos institucionales y democráticos que merecen ser tomados como ejemplo, por lo menos en Francia.

-Volvamos al comienzo de su libro, donde cuenta la llamada telefónica que le hizo el candidato Sarkozy para que usted se sumara a las figuras de izquierda que lo apoyaban. ¿Cómo es posible que usted haga en esas páginas un retrato tan feroz del actual presidente y, sin embargo, siga afirmando que es su amigo?
-Porque la amistad es una cosa y la política es otra. La diferencia entre Sarkozy y yo es que yo sé reconocer la diferencia entre la proximidad amistosa y las distancias ideológicas, y él no. Sarkozy cree que es suficiente ser amigo para estar de acuerdo. Yo creo lo contrario.

-Pero, ¿es posible discutir con él?
-Ese día no pude, es verdad. Pero conozco a Sarkozy desde 1983. Lo conozco bien y hemos discutido con frecuencia. Ese día, se encontraba en la fase ascendente de su campaña, estaba acelerado y, en efecto, era incapaz de discutir. Pero, ¿usted cree que hago un retrato feroz?

-Sí. Cuando cuenta que Sarkozy le dice "y cuándo me vas a hacer tu papelito en la prensa como Glucksmann", lo hace de un modo tan despreciativo que el lector se pregunta cómo es posible que usted no reaccione.
-Yo reacciono: no voto por él.

-Usted no vota por él y además escribe el libro. Pero, no es sólo esa conversación sino que, a medida que avanza la escritura, lo demuele cada vez más.
-Porque a medida que avanza la campaña, Sarkozy me consterna cada vez más. Sarkozy hizo una campaña de extrema derecha: sobre la necesidad de que Francia deje de arrepentirse por los crímenes cometidos durante el régimen de Vichy y el colonialismo, sobre la herencia de Mayo 68. Como él los manejó, todos esos y otros muchos temas me resultaron insoportables.

-¿Cuáles son para usted las cualidades del presidente francés?
-La energía, la vitalidad, la voluntad de reformar a Francia: las 35 horas, los regímenes especiales y las universidades, todo eso va en la buena dirección. En política exterior también suele ir en el buen sentido. Pero no cuando recibe a Hugo Chávez y le hace el regalo de un reconocimiento de Estado absolutamente injustificado. No cuando vende centrales nucleares civiles a Muammar Khadafi. Pero hay otros aspectos en los que ya hizo un buen trabajo: en la reconciliación con Estados Unidos, en la amistad con Israel, en la ruptura con la política árabe de la cancillería francesa.

-¿Vio a Sarkozy después de la publicación del libro?
-Sí.
-¿El presidente le dijo algo?
-Nada. Pero sé que está furioso.

-Hablando de Glucksmann, usted califica su gesto de adhesión de "valiente". ¿Por qué? ¿Lo comprende?
-No, la verdad es que no lo comprendo muy bien. No comprendí que lo haya hecho en ese momento. El papel de un intelectual no es el de manifestarse tan rápido. El papel de un intelectual es el de pronunciarse, pero lo más tarde posible, después de haber obtenido lo máximo. Dándose tiempo, Glucksmann podría haber obtenido aún más sobre los temas que le interesan: la causa chechena, la amistad con Estados Unidos, etc. Por eso no comprendo. Lo llamé y se lo dije.

-¿Cree, en todo caso, que el papel de los intelectuales es el de estar "a favor" del rey o del poder?
-No. Ni creo ni comprendo. Yo jamás estuve con un gobierno. Fui amigo de François Mitterrand. El fue testigo de mi boda exactamente un año antes de ganar las elecciones de 1981. Lo primero que hice el día de su victoria fue entrar en oposición. Fui amigo de Sarkozy durante 24 años. Lo primero que hice cuando llegó al Elíseo fue pasar a la oposición. No entiendo por qué hay intelectuales que hacen lo contrario.

-¿Cómo interpreta el gesto de esos otros socialistas -y amigos suyos-, como el actual canciller Bernard Kouchner, que decidieron engrosar las filas sarkozistas?
-No lo sé. Hay numerosas interpretaciones posibles. Quizás crean que podrán influir en el curso de los acontecimientos.

-¿Sarkozy es alguien fácil de convencer?
-Por supuesto que no. Sinceramente, no estoy demasiado impresionado por las realizaciones de Kouchner en su ministerio. Creo que podría haber sido mucho más útil en la oposición que en el gobierno.

-Leí en una entrevista que le resultaba simpática la forma que tiene Sarkozy de hablar de amor
-Sí, me parece emocionante la forma que tenía de decir públicamente que amaba a su mujer.

-Es verdad. Un hombre que ejerce el poder parece humanizado por ese sentimiento.
-Quizás demasiado. Porque se pone en peligro físicamente. Sarkozy se expone demasiado. Hay una teoría, la "teoría de Kantorowicz", sobre los dos cuerpos del rey. Según esa teoría, un presidente tiene dos cuerpos, uno profano y uno sagrado. Así se gobierna: el cuerpo profano está muy cerca de la gente y el sagrado muy lejos. El poder se ejerce en el equilibrio entre ambos cuerpos. El problema de Sarkozy es que hay demasiado cuerpo profano y poco cuerpo sagrado. Esto tiene que ver con esa ambigüedad entre república y monarquía que es Francia, donde es necesario encontrar un equilibrio entre distancia y proximidad, entre la sacralidad del poder y su materialidad. Tuvimos presidentes que iban demasiado lejos en un sentido, como Mitterrand, y otros que van demasiado lejos en el sentido inverso, como Sarkozy.

-¿Usted se refiere a esa tendencia populista de Sarkozy que tantos le critican?
-Lo que más debería preocupar de Sarkozy, en realidad, es que se trata de un verdadero hombre de derecha. Cuando dice basta ya de arrepentirse públicamente por Vichy [la colaboración con la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial] o por la colonización, es auténticamente sincero. Y eso me hiela la sangre.

-Pero un 54 por ciento de los franceses lo votaron sobre esas bases. ¿No cree que Francia es muy en el fondo un país xenófobo, con frecuencia racista y, como decía Mitterrand, muy conservador?
-Sí. Pero había en este país un proceso de reflexión, sobre todo en cuanto a nuestro papel en el marco del colonialismo. Por el contrario, la campaña de Sarkozy, con su negativa a arrepentirse de las faltas cometidas, sirvió para paralizar ese proceso de toma de conciencia. Un país que no tiene vergüenza es un país perdido. Se puede perdonar, pero no olvidar. La vergüenza es un gran sentimiento humano. Yo reivindico dos grandes categorías políticas: la vergüenza y la melancolía.

-¿Melancolía de qué?
-De un cielo vacío. Porque ya no basta mirarlo para encontrar los planos de la Jerusalén celeste.

(La Nación, Argentina)

Carta al nuevo fiscal general

Estimado Romeo Barahona:

Todos estamos contentos que al fin hay fiscal. Aunque hubiéramos preferido a alguien que realmente se dedique a reformar la fiscalía. Alguien que le ponga dientes. Alguien con la fuerza suficiente para pararse al gobierno, a la Corte, a la PNC... y exigirles depuración y eficiencia en la batalla contra la delincuencia y la corrupción.

Usted está ahí porque no había acuerdo posible para llevar alguien que tenga esta capacidad y estas ganas de reforma. Usted está ahí porque ya estaba y ya conoce. Usted está ahí porque no da miedo a nadie, ni ARENA ni el FMLN.

Algunos dirían: Usted está ahí para que todo siga igual. Momento. Usted tal vez no va poner la fiscalía patas arriba, pero tampoco está condenado a no hacer nada. Obviamente no va a investigar la corrupción ni del gobierno anterior ni del entrante. Pero por lo menos puede mejorar la eficiencia en la batalla contra los delincuentes comunes.

Algunos dicen: Mucho pedo para cagar aguado... Yo no estoy de acuerdo. Yo diría: No tiene sentido pedirle peras al almo - ¡pero madera sí!

Olvidémoslos de las peras. Nada de reforma de fondo. Pero madera sólida de investigación.

Felicidades por su elección le manda Paolo Lüers

(Más!)

Honduras: garantizar las elecciones

Honduras es sujeto de una intervención extranjera en sus asuntos internos – y nadie le ayuda. Normalmente las intervenciones de unos provocan solidaridad y apoyo de otros. Extrañamente, en el caso de Honduras no es el caso. Hasta sus amigos (y los enemigos de sus enemigos) lo dejan solo. Un país pequeño y pobre tiene que resistir un bloqueo político y financiero completo por parte de toda la comunidad internacional, sólo recurriendo a sus propios recursos.

Honduras nos está dando una lección. Traicionados por sus hermanos centroamericanos y por Estados Unidos, los hondureños insisten en seguir adelante con el proceso electoral, sabiendo que es la única salida de la crisis. Lo que une a la gran alianza hondureña contra Zelaya y su intento de imponer al país una Constitución diferente, no es el apoyo a Roberto Micheletti y su gobierno interino - es la defensa del sistema de democracia representativa, el rechazo a la interferencia de Hugo Chávez, y ahora -como reacción a actitud cerrada e incomprensiva de la comunidad internacional- por el derecho a la autodeterminación.

Nadie está pidiendo a los gobiernos del hemisferio que reconozcan o apoyen al gobierno interino que ellos llaman ‘de facto’. Ni siquiera Roberto Micheletti está pidiendo esto. Está claro de su papel: es el mal necesario, pero transitorio. Necesario para dar paso a un gobierno con solvencia y legitimidad para sacar a Honduras de la ingobernabilidad.

Lo único que hay que apoyar en Honduras es el proceso electoral. No tiene ningún sentido seguir insistiendo en el regreso de Zelaya al poder. No es salida. En vez de complicar la crisis, tratando de imponer a los hondureños una solución inviable que sólo aporta más división, más ingobernabilidad y revanchismo, la comunidad internacional debe concentrarse en un sólo objetivo: garantizar que las elecciones de noviembre sean limpias, transparentes y representativas. Esto es mucho más trascendental para el futuro de Honduras y la democracia que la pregunta quien gobierna el país en el ínterin hasta que asuma el nuevo gobernante electo. Sea quien sea quien gobierne Honduras hasta enero del 2010, el país de todos modos sigue básicamente ingobernable mientras no asuma un gobierno legitimado por nuevas elecciones. La única cosa importante que pasa en Honduras en este ínterin es el proceso electoral.

Toda la presión internacional sobre Honduras –pero presión sobre todos en Honduras: gobierno interino, partidos, Congreso, Zelaya, empresarios, movimientos sociales- debería estar en función de asegurar la validez de las elecciones de noviembre 2009.

En este sentido, es obvio que a Micheletti y su gobierno hay que exigirles que suspendan inmediatamente el estado de sitio y cualquier medida contra la libertad de prensa y expresión. Es inconcebible ir a elecciones con medios cerrados por el gobierno y con restricciones a las libertades de expresión y asamblea.

Igual es obvio que a Zelaya y sus organizaciones ‘de resistencia’ hay que exigirles que cesen las movilizaciones violentas y que abandonen la campaña por una Constituyente. Porque a esta altura ya es claro que el verdadero objetivo de la ‘resistencia’ promovida por Zelaya y financiada por Hugo Chávez no es le regreso de Zelaya para que pase tres meses en Casa Presidencial, sino la interrupción del proceso electoral a favor de una Constituyente.

Lo que no se vale -de parte de los gobiernos del hemisferio y de los organismos internacionales- es exigirle al gobierno interino de Honduras que deje de jugar fuera de las reglas democráticas, y al mismo tiempo condonar o incluso apoyar a Zelaya en su campaña contra las elecciones y en favor de una reforma constitucional fuera de los mecanismos constitucionales. Si la comunidad internacional sigue con esta línea ilógica e injusta, está obligando a los gobernantes de Honduras a defenderse, aunque sea con métodos antidemocráticos, como el estado de sitio y el cierre de medios opositoras. Y esto es precisamente lo que Manuel Zelaya y Hugo Chávez buscaban con el ingreso del presidente depuesto, no a Honduras, sino a una embajada extraterritorial en Honduras.

Por el momento todos -lamentablemente incluyendo Estados Unidos, España, Brasil y El Salvador- están colaborando activamente para crear una situación en la cual se vuelven imposibles las elecciones. O sea, están destruyendo el único instrumento posible para resolver la crisis hondureña de manera pacífica, democrática y transparente. La comunidad internacional está condenado a Honduras a una agonía prolongada y a enfrentamientos mucho más violentos en el futuro, una vez que se le está bloqueando la salida electoral.

No puede ser que estadistas como Obama, Zapatero y Lula -y en la cola de los poderosos todos los demás- no logren salir de este callejón sin salida. No puede ser que sigan actuando, no sólo en contra del derecho de autodeterminación de los hondureños, sino en contra de sus propios intereses.

La salida es muy simple: poner en el centro de la presión y de las gestiones el proceso electoral, en vez de seguir enfocando en la restitución de Zelaya. Con este cambio del enfoque, todos los problemas se vuelven manejables, incluyendo la situación de Manuel Zelaya. Y con este cambio de enfoque se justifica ejercer presión internacional, incluyendo -si fuera necesario y si hubiera acuerdo de las partes hondureñas- la presencia de tropas internacionales para garantizar que las elecciones se desarrollen en un clima de libertad y transparencia.

En cambio, cualquier intervención internacional para definir quien gobierne Honduras mientras tanto, es ilegítima e inútil.

(El Diario de Hoy)

martes, 29 de septiembre de 2009

Carta a Vladimir Ruiz, encargado de negocios de Venezuela


Estimado camarada Vladimir:


Felicito a usted, su presidente y su país por la valiente decisión de incorporar Venezuela a la familia centroamericana.

Lastimosamente esta nueva unión centroamericana-bolivariana no la hicieron público a tiempo. Sólo nos dimos cuenta cuando nuestro presidente Funes explicó la legalidad de la llegada a El Salvador del avión venezolano con Manuel Zelaya. Dijo Funes: “Ningún país centroamericano le puede negar a una nave centroamericana la autorización a que atterice, según un acuerdo vigente del SICA. Únicamente tiene que notificar quienes son los tripulantes de esa nave, y eso es lo que hizo el presidente Zelaya.”

Afortunadamente, usted mismo ya había aclarado, en una entrevista con William Meléndez el día 25 de septiembre, que “Venezuela ha sido solidaria. Nosotros prestamos a Zelaya un avión para su movilización, él arribó en El Salvador en una escala técnica.”

Lo que no dijo de un solo es que Venezuela ya es parte de Centroamérica, o al revés… Me imagino que quería dejar que los presidentes lo anunciaran en su momento. Tal vez usted puede convencer a su comandante Hugo Chávez que hagan pronto este anuncio. Porque de esta manera nos evitamos todos estos malentendidos de la intervención política venezolana en Centroamérica. Si ya son de la familia, se entiende el rol que juegan en Nicaragua, en Honduras apoyando a Zelaya, y que quieren asumir en El Salvador, junto con el FMLN.

Sólo digan la verdad, sin miedos, ¡y todo se aclarará!

Con saludos a su presidente, Paolo Lüers

(Más!)

lunes, 28 de septiembre de 2009

ARENA todavía está en cuidados intensivos

El problema de ARENA es que Freddy Cristiani es indispensable, pero no puede ser la solución. Y si en estos meses de transición no tiene mucho cuidado, puede, incluso, convertirse en obstáculo.

La derrota electoral ha metido a ARENA en una crisis de liderazgo. El liderazgo de Tony Saca era tan fuerte, su control del partido tan excluyente y en última instancia destructivo, que al final no hubo a quién echarle la culpa de la derrota, sólo a Saca. Era tan obvio que la responsabilidad para la estrategia equivocada - la selección del candidato, el manejo de las primarias, el nombramiento del vice, la definición de los temas de la campaña y de los ejes del ataque al FMLN - recaía sobre Tony Saca, que para salvar al partido era inevitable un golpe de Estado.

Irónicamente, a Tony Saca le costó el poder el exceso de poder. Una ARENA equilibrada, con un liderazgo representativo de la pluralidad dentro del partido, probablemente no hubiera perdido las elecciones; y si las pierde, seguramente hubiera podido sobrevivir la derrota sin mayores traumas, divisiones y revanchismos.

Sólo una dirección colegiada tiene la consistencia para amortiguar derrotas. Sólo una dirección realmente representativa resiste golpes sin peligro de división. Y sólo una dirección que ya trae en sus filas los relevos políticos y generacionales puede hacer transformaciones y redefiniciones importantes de manera rápida y sin necesidad de rupturas, golpes de estado y revanchismo.

Si la dirección de ARENA hubiera sido democrática, incluyente y plural, tampoco hubiera habido necesidad de obligar a su gran figura paternal - a don Freddy - a volver a asumir el mando. Bueno, pero esto es como decir: si mi abuela tuviera ruedas...

Mi abuela no es bicicleta - y ARENA no es un partido dirigido democráticamente -. Dicen que está cambiando, pero medio año es poco para transformar un partido, sobre todo estando en cuidados intensivos. Nadie está esperando milagros. Sin embargo, a esta altura ya tendría que ser mucho más claramente dibujado el rumbo de su transformación. Está bien que hayan cambiado el Coena, era inevitable, pero lastimosamente sustituyeron un Coena débil manipulado por Tony Saca por otro Coena que hasta ahora no ha mostrado que tenga personalidad, liderazgo, audacia e ideas nuevas.

Está bien que hayan llamado a figuras del pasado como Mauricio Sandoval y Mario Acosta a que les ayuden en la transición, pero siguen siendo figuras del pasado. Obviamente no serán ellos los que podrán restablecer la confianza en ARENA. Ellos, igual que los ex-presidentes, tienen que tener una función temporal, y sería bueno que todo el mundo, incluyendo ellos, lo entendieran así. Tienen que llevar en su etiqueta la fecha de vencimiento.

Lo que ARENA necesita es un relevo generacional. Y aunque en el nuevo Coena hay gente mucho más joven que en el anterior, están lejos de proyectar una ruptura, un relevo. No los proyectan porque no existen, ni en lo político-programático ni en lo generacional.

Un relevo generacional no sólo es un problema de edades. Es más bien un problema de cómo llegan los nuevos líderes. Para que sea relevo, no pueden llegar de la mano de los tatas. Tienen que irrumpir en la política y tomarse el partido, a fuerza de propuesta, iniciativa, ganas de trabajar y sed de reformas. No pueden llegar humilditos a ver qué oportunidades les dan. Tienen que llegar con la actitud arrogante de la juventud de !Apártense, ahora nos toca a nosotros!

Además, tiene que haber una visible ruptura con los amarres ideológicos de la generación anterior. Tiene que asumir el liderazgo, gente que ya no se siente condicionada ni limitada por los conflictos y debates del Siglo XX. Los nuevos liderazgos necesitan sentirse con el derecho de decir: ‘Ustedes hicieron la guerra e hicieron la paz, y es mucho lo que han logrado. Pero de ahí en adelante, nosotros vamos a arreglar y reformar el país, sin ninguna intención de, retrospectivamente ganar la guerra. La guerra era suya y nadie la ganó. Nosotros ya no estamos en esta lógica. Podemos discutir la privatización del Seguro Social y la concesión de los puertos, al mismo tiempo que la nacionalización del transporte público y la regulación de los precios de los medicamentos. Podemos realizar reformas que huelen a izquierda y al mismo tiempo fortalecer la empresa privada...’

Mientras no escuche en ARENA a dirigentes jóvenes hablando así, no puedo creer que este partido logrará perfilarse como alternativa cuando el FMLN se aliste a conquistar el segundo gobierno, el de ellos, el del “cambio verdadero”.

Si la Convención de ARENA, el próximo mes de octubre, no manda los señales necesarias y no marca el rumbo correcto, Freddy Cristiani le habrá salvado la vida al partido, pero una vida de vegetal que nunca saldrá de cuidados intensivos.

El 17 de junio de 2008, publiqué en este periódico una columna titulada: “ARENA es obsoleta”. Cito la conclusión de aquel artículo: “Tienen ante sí la siguiente disyuntiva: desmoronarse en el intento de asegurar el continuismo o convertirse en parte de una nueva fuerza con nuevos liderazgos, una nueva cultura política, nuevas formas de inclusión social y política. Si se inclinan hacia la segunda opción, pueden contar con amplios apoyos que ahora ni siquiera los pueden soñar. Sea para ganar las elecciones o sea para crear una fuerza capaz de asegurar, desde la oposición, la democracia del país.”

(El Diario de Hoy)

sábado, 26 de septiembre de 2009

Carta a Larry, el king derrotado de CNN

Dear Larry King:

Se terminó tu reinado, mejor andá a tu casa a descansar. It’s over. Tu carrera de 50 años terminó anoche, cuando entrevistaste a Hugo Chávez y te dio una gran revolcada. No hiciste otra cosa que prestar a Hugo Chávez, por media hora, la pantalla de CNN para decir lo que le dio la gana.

Y todo porque ya no sos periodista, sino un viejito cansado y prepotente que no se prepara antes de entrevistar. En periodismo, Larry, todavía es válida la regla: Si no estás preparado a enfrentar las respuestas, mejor no preguntés...

Anoche el king en CNN era Hugo Chávez, no vos. Te dejó el papel del tonto. El coronel estaba perfectamente preparado - y vos no. Se nota que de Venezuela y América Latina sólo has leído los titulares. No tenés idea de Venezuela y querés discutir con Chávez. Por eso la paliza de cantina...

¡Qué gusto le dio a Chávez desmontar al King de CNN! – y en las propias pantallas de lo que él siempre llama “la voz del imperio y de la mentira...”

¡Qué sonrisa de felicidad la de Hugo Chávez! Se tomó CNN - y no por asalto, sino porque una estrella senil le prestó las cámaras y los micrófonos sin ofrecer batalla...

Larry, con tus preguntas torpes y con tu total incapacidad de interrogarlo, lograste lo casi imposible: ¡Hacer que Hugo Chávez se vea coherente!

Para preguntar, primero hay que saber. Pero al gran King le vale un comino informarse antes de sentarse con Chávez. Como siempre, la mezcla de ignorancia con prepotencia, es peligrosa. Pero ya con senilidad, es fatal.

Go home, King, un coronel venezolano te hizo un golpe de estado.

Bye, Paolo Lüers

(Más!)

jueves, 24 de septiembre de 2009

Incertidumbre en Brasil

Si las cartas de los lectores a los diarios suelen ser un buen termómetro de la opinión pública, no cabe duda de que los brasileños se hallan como mínimo perplejos ante la actitud del Gobierno en el conflicto de Honduras, después de que la Embajada de Brasil en Tegucigalpa otorgara hospitalidad al presidente depuesto Manuel Zelaya. "Apoyo peligroso", titulaba su crónica, por ejemplo, Guilherme Luiz Leite en el diario O Globo. En el mismo diario, el analista político Merval Pereira se preguntaba si se está tratando de "una mediación o de una intervención".

En el Senado, que ultima el viaje de una comisión a Honduras, la discusión fue tan acalorada, incluso con insultos personales, que la sesión tuvo que ser interrumpida.

No sólo la oposición, sino también miembros de partidos aliados del Ejecutivo y hasta algún asesor de la Presidencia ven con preocupación el desarrollo de los acontecimientos en el país centroamericano. Existe el miedo de que la imagen de Brasil, una nación poco amiga de los conflictos, se vea dañada si se le cuelga la etiqueta de una actitud imperialista e intervencionista en los asuntos de otro país. Se teme, además, por la imagen misma del presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, que continúa contando con un apoyo popular del 81%.

Es cierto, como subrayó la ministra de la Casa Civil, Dilma Rousseff, que es un deber sacrosanto de la democracia acoger en una Embajada a quien esté sometido a persecución política.

Pero ¿y si la situación en la Embajada de Brasil en Honduras se agravara y hubiera muertos? ¿Qué haría el Gobierno de Lula? La prensa brasileña destacaba ayer el hecho de que quienes han sitiado la sede diplomática están negando alimentos a los funcionarios brasileños.

¿Mediación?

Lo único que no desea Brasil es participar directa o indirectamente en algo que pueda llevar a una guerra civil en Honduras. Aunque nadie niega a Lula el derecho a mediar en el problema. Se trata de un político experto, con una buena imagen internacional. Lo que se preguntaban ayer algunos políticos es si es necesaria y oportuna una mediación brasileña, cuando sigue vivo el proyecto de mediación del ex presidente de Costa Rica, Óscar Arias, que había sido en cierto modo aceptado tanto por Zelaya como por el presidente golpista, Roberto Micheletti.

Sin duda, Brasil se juega mucho en este asunto. Si el conflicto acabara solucionándose positivamente, sin duda sería una baza más en el haber de la diplomacia de este país y en especial de su presidente. De lo contrario, podría suponer, sin embargo, un inútil retroceso.

(El País, Madrid)

Juanes: Estamos aquí por la gente joven de Cuba





El martes la radioemisora WXDJ 95.7 FM El Sol sacó al aire una grabación inédita de una fuerte discusión que Juanes tuvo horas antes del concierto con autoridades cubanas frente a los elevadores del vestíbulo del Hotel Nacional.

En la grabación se escucha a Juanes increpar a una persona no identificada y le reclama por la vigilancia a que siente sometido desde que llegó a la isla el viernes.

"¡Esto se acabó, nos vamos ya! Estamos muy molestos, muy molestos, muy molestos. Vinimos a cantar a la gente joven de Cuba y por eso estamos aquí. Pero hemos encontrado una barrera muy fuerte y ¡esto se acabó!'', se escuchó decir a Juanes.

Su interlocutor le responde que "ha sido muy difícil para nosotros recibirlos'', pero Juanes sigue manifestando su inconformidad.

"Acabo de darme cuenta de que la persona que me sirve el desayuno y maneja mi taxi se apareció en el concierto y ahora está allí detrás tomando notas'' añadió Juanes. "Y yo no voy a volver a mi habitación''.

Según conoció El Nuevo Herald, en ese momento Tañón puso fin a la discusión, tomando a Juanes por un brazo y apartándolo del lugar. Entonces le pidió que continuara el concierto por el compromiso con la juventud cubana.

(El Nuevo Herald, Miami)

Carta a don Luis

Estimado papa Luis:

así lo llaman mis hijas adoptadas, sus nietas. Usted me mandó una carta, preguntando porqué yo, a quien conoció como compañero de lucha de su hijo que murió asesinado por la PN, he cambiado tanto.

No he cambiado, papa Luis. Sigo siendo el mismo que luchó por la democracia, contra la represión, contra la censura. Pregunte a sus nietas y espero que le van a decir: “Ya no anda con bandera roja, pero es el mismo que adoptamos de papá cuando éramos chiquitas...”

Yo sé que usted no puede abandonar la bandera del Frente, porque sería como quitarle sentido a la muerte de su hijo que murió resistiendo torturas. Lo entiendo y respeto.

El padre Rogelio, hoy párroco de Perquín, dijo una frase hermosa en el último encuentro de veteranos de la guerrilla: “Al terminar la guerra nos costó años a aprender que no todos que estábamos de un lado éramos buenos, y no todos que estaban del otro lado eran malos...”

Para mi, don Luis, la paz significa que los buenos de los dos lados, los demócratas, los tolerantes, los que detestan el autoritarismo y aman la libertad, trabajemos juntos para construir el país que queremos.

Yo le aseguro, don Luis: No he cambiado. El país ha cambiado. La derecha y la izquierda han cambiado. Para ser fiel a sus ideales, uno ya no puede ser amigo de toda la izquierda y enemigo de toda la derecha. Ni mucho menos al revés...

Lo que yo escribo, aunque sea en los periódicos que usted llama ‘de derecha’, sigue motivado por el deseo de construir una izquierda democrática que reforme el país.

Su amigo u admirador Paolo Lüers

(Más!)

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Mystery in Honduran Leader’s Return

MEXICO CITY — He is the most wanted man in Honduras, with a face and black bushy mustache known to every soldier, police officer and border guard in the land. So as the political standoff in Honduras entered a surprising new chapter, the big question Tuesday was how in the world Manuel Zelaya, the deposed and exiled president, managed to sneak back into his country undetected.

In a car trunk? With the help of loyal soldiers? In a disguise? Under the protection of other countries? Every option was being considered and debated in Tegucigalpa, where the population is very much divided on Mr. Zelaya.

His unexpected appearance at the Brazilian Embassy on Monday certainly surprised the government that ousted him nearly three months ago and had vowed to arrest him on 18 charges if he dared return. After initially denying that Mr. Zelaya had come back, the government was forced to send soldiers and police officers on Tuesday to disperse thousands of Zelaya backers who defied a curfew and massed outside the embassy for a glimpse of their erstwhile leader.

That Mr. Zelaya wanted to return was no secret. He buzzed the capital in a small plane on July 4 and stepped several feet across the border later that month from Nicaragua, to the delight of his supporters. In both instances the Honduran military stopped him.

How he did so this time and, even more important, whether his presence will help resolve the standoff in his country, are the subject of fierce debate.

“Everyone has been working hard to reach a peaceful resolution to this crisis,” said a senior State Department official, when asked about Mr. Zelaya’s reappearance. “Zelaya’s return was unexpected, and for him to do this without consulting those parties certainly was not helpful. That said, it’s a reality and it could have the effect of forcing people to make decisions they have avoided making — or it could cause the situation to destabilize.”

Roberto Micheletti, the de facto president, promised not to storm the Brazilian Embassy, where Mr. Zelaya, in his trademark white cowboy hat, and dozens of friends and family members are now trapped. However, the government did cut off water, electricity and telephone service to the building.

But he appealed Tuesday to the international community for dialogue to resolve the crisis, which began June 28 when the military, the courts and the legislature decided that Mr. Zelaya had violated the law by scheming to extend his term beyond that allowed in the Constitution, and therefore had to go. But despite worldwide condemnation of Mr. Zelaya’s removal, Mr. Micheletti has refused to cede power. Elections are to be held Nov. 29 to choose a new president, but many countries have said they will not recognize the results and that Mr. Zelaya must be allowed to serve out his term.

From inside the Brazilian Embassy, Mr. Zelaya described his return to reporters as an arduous 15-hour slog that required trekking through the mountains and navigating back roads in buses, cars and trucks to get around military checkpoints. He said he was helped by a Honduran citizen, whom he refused to name.

“They didn’t realize when I entered,” Mr. Zelaya said on Honduran radio. “I mocked them.”

Various reports have emerged of Mr. Zelaya’s convoluted journey, which may have involved the help of other countries. After initially insisting that Mr. Zelaya was not in Honduras at all but was in a luxury hotel in Nicaragua, Mr. Micheletti said he had learned that the ousted leader had gone through various Central American countries, apparently in an effort to disguise his movements, before entering Honduras.

At the border town of El Amatillo, just across from El Salvador, a Honduran immigration agent working the evening that Mr. Zelaya entered the country said she did not see him. “But there are a lot of moutain passes where he could have crossed,” she said.

The Spanish newspaper El País, citing an unnamed Salvadoran official, reported that Mr. Zelaya was a passenger on a Venezuelan plane that landed without authorization on Sunday night in El Salvador. He was met, it said, by a car belonging to the Farabundo Martí National Liberation Front, the Salvadoran governing party. Both Venezuela and El Salvador have leftist governments sympathetic to Mr. Zelaya.

Where Mr. Zelaya went next, though, no one seemed to know.

The Honduran military denied that his return was a major security breach. “Military intelligence did not fail,” Adolfo Lionel Sevilla, the de facto defense minister, told El Heraldo, a Honduran daily newspaper. He added cryptically, “Everything can’t be publicized because it would create anxiety.”

One worry is that some members of the Honduran military loyal to Mr. Zelaya may have aided in his return. “There is a certain amount of concern among Hondurans about how Zelaya got into the country,” said Christopher Sabatini, editor of Americas Quarterly, a New York academic journal. “It’s hard to imagine that he could get in without some cooperation from the military. And Micheletti, in particular, has to be worried about whether he really has control over all his forces.”

One Venezuelan newspaper said Mr. Zelaya hid part of the time in a car trunk. Other accounts had him pulling up at the Brazilian Embassy in a vehicle with diplomatic plates that belonged to the Central American Parliament. Whether the Brazilians knew he was coming was a matter of debate.

The State Department official said the United States had been aware that Mr. Zelaya wanted to return to Honduras, because he had vowed to do exactly that during his last visit to Washington. But the official said the United States was caught unawares by Mr. Zelaya’s appearance at the Brazilian Embassy, since he was expected in New York this week to address the United Nations.

After tear gas was fired to disperse protesters and scores of curfew arrests were made Tuesday, the State Department official said the United States was deeply concerned about the de facto government’s actions. He said he had heard reports that the security forces had taken control of houses surrounding the embassy, prompting the United States to send “strong signals” to Mr. Micheletti that they expected the government “to respect the inviolability of diplomatic territory and personnel.”

(The New York Times. Marc Lacey reported from Mexico City, and Ginger Thompson from Chestertown, Md. Elisabeth Malkin contributed reporting from El Amatillo, Honduras.)

La incursión de Zelaya – a una embajada...

Hay poca información sobre el ingreso de Manuel Zelaya a Honduras, sobre su llegada a Tegucigalpa y sobre lo que está pasando en la embajada de Brasil. Y la poca información que teneos es confusa y contradictoria.

Una interrogante es sobre la ‘escala técnica’ de Zelaya en el aeropuerto de Comalapa en la noche antes de su ingreso a Honduras. Lo que sí sabemos es que en el aeropuerto se reunió con la dirección del FMLN; que el gobierno salvadoreño declaró no haber tenido ningún contacto con Zelaya, más allá de una llamada telefónica de la ex-canciller hondureña a al canciller salvadoreño, informándolo de la llegada de Zelaya a El Salvador. Sin embargo, la estatal CEPA facilitó a los dirigentes del partido FMLN la logística para su reunión privada con Zelaya, de la cual el presidente Funes dice que su gobierno no tenía participación ninguna.

Ni los dirigentes del FMLN ni el gobierno ni CEPA ni Migración han dado información sobre cómo Zelaya salió del aeropuerto. Si hubiera salido en avión, no hubiera ninguna razón de compartimentación. Por lo contrario: si el gobierno salvadoreño informa que Zelaya salió de Comalapa a otro país, el siguiente país tendría la papa caliente y tendrá que enfrentar la pregunta incómoda: ¿Cómo, dónde y con apoyo logístico y de seguridad de quién cruzó Zelaya la frontera hondureña?

Aquí en El Salvador hay instituciones que saben si Zelaya salió de Comalapa en avión o si salió en carro. Migración y Cepa saben si el avión que trajo a Zelaya a El Salvador, salió con él o sin él. También saben si salió o no del aeropuerto en un vehículo con placas nacionales, asignadas a la Asamblea Legislativa, o en un vehículo con placas del Parlamento Centroamericano, o en un carro particular. O tal vez en un vehículo asignado a la embajada de Venezuela, cuyo titular también estuvo en la reunión de Comalapa. Un hombre que según el gobierno salvadoreño sigue siendo jefe de Estado, no puede salir de nuestro aeropuerto como si fuera vendedor de agua de coco.

Entonces, preguntamos a los diputados Sigfrido Reyes, Nidia Díaz y y José Luis Merino, todos del FMLN: ¿Cómo salió Zelaya de Comalapa? ¿Se encargó o no el FMLN de movilizarlo a la frontera con Honduras y cruzarla ilegalmente?

Que yo sepa, también presidentes depuestos y sus comitivas tienen que pasar por migración para salir de El Salvador. Entonces, preguntamos a Migración: ¿De qué manera, en qué punto y con qué medio de transporte salió Manuel Zelaya de territorio salvadoreño? ¿O no existe record de su salida?

Hagamos un gran brinco, de una sola vez al día siguiente (lunes 21 de septiembre) y a Tegucigalpa, a la embajada de Brasil.

¿Cuál es el estatus de Manuel Zelaya en la embajada brasileña? Si Brasil le dio asilo político a Manuel Zelaya, o si le ofrecieron protección y refugio en su embajada, ¿tiene Brasil el derecho de permitir a Zelaya que convierta la embajada en el centro de una operación política? ¿Atenta Zelaya contra los intereses de Brasil celebrando en su embajada reuniones con el liderazgo de su movimiento político, planificando manifestaciones y acciones tendientes a provocar violencia? ¿O atenta Brasil contra el derecho internacional permitiéndolo a Zelaya?

Y si no se encuentra en la embajada en calidad de asilado, ¿en qué otra calidad se encuentra que le permita a hacer, desde el territorio extraterritorial de la embajada, discursos políticos a una multitud en la calle?

Entonces, preguntamos al gobierno de Brasil: ¿En que calidad se encuentra Zelaya en su embajada? ¿Jefe de Estado en visita de cortesía? ¿Perseguido político? Más bien: ¿En qué calidad que le permita usar la embajada como centro de operaciones contra los demás órganos del Estado, como el Congreso y la Corte Suprema?

Dudo que lo que está pasando en la embajada de Brasil corresponde a las normas de las relaciones diplomáticas.

Ultima pregunta: ¿El retorno de Zelaya a Tegucigalpa, y las acciones de algunos gobiernos y partidos políticos que lo facilitaron, realmente tienen de objetivo provocar el diálogo y una salida negociada en Honduras? ¿O se enmarcan en una estrategia de interrumpir el proceso electoral en Honduras, que muchos en Honduras ven como única salida pacífica e institucional de la crisis?

¿Y todo lo demás, la crisis hondureña, el país con dos presidentes? Que lo arreglen los hondureños entre ellos. Sin intervenciones.

(El Diario de Hoy)

martes, 22 de septiembre de 2009

Carta a Juanes, rockero colombiano

Hola, Juanes:

tu concierto ‘Paz sin fronteras’ en La Habana no fue ‘un regalo para los hermanos Castro’, como dicen algunos ultraderechistas en Miami y otros lados. Por lo contrario: Lograste abrir Cuba al mundo. Metiste a los jóvenes cubanos la idea de libertad...

Hablar en Cuba de ‘sin fronteras’ es revolucionario. Es un país que no deja viajar a su juventud.

Cantar en Cuba de ‘cambio’ es revolucionario. Es una sociedad donde todo está cimentado y controlado.

Dijiste en la Plaza de la Revolución: “No importa cómo pensamos cada uno, somos hermanos.” Esto atenta contra la filosofía oficial en Cuba, donde no hay pluralismo político ni libertad de expresión.

Los derechistas que te atacan no entienden nada. No entienden que lo más peligroso para el régimen cubano no es el boicot a la isla, sino que lo levanten y la isla se contagie de la música rebelde del rock, de las ideas de libertad, de la caída de muros y fronteras en el mundo...

Tu mensaje es tan fuerte que Telesur, la cadena internacional de Castro y Chávez, se sintió obligada a transmitir tu concierto. Según ellos, tu concierto en La Habana abre la mente del mundo hacia Cuba. Es al revés, tontos: Juanes abrió la mente de Cuba hacía el mundo.

Lo revolucionario del concierto no fue que el mundo tuvo oportunidad de escuchar a Silvio Rodríguez, sino que Cuba pudo ver a vos. Silvio no va cambiar el mundo, pero vos estás cambiando Cuba.


Saludos, Paolo Lüers

(Más!)

Moving Forward in Honduras


My country is in an unusual position this week. Former president Manuel Zelaya has surreptitiously returned to Honduras, still claiming to be the country's legitimate leader, despite the fact that a constitutional succession took place on June 28. Amid all of the claims that are likely to be made in coming days, the former president will not mention that the people of Honduras have moved on since the events of that day or that our citizens are looking forward to free, fair and transparent elections on Nov. 29.

The international community has wrongfully condemned the events of June 28 and mistakenly labeled our country as undemocratic. I must respectfully disagree. As the true story slowly emerges, there is a growing sense that what happened in Honduras that day was not without merit. On June 28, the Honduran Supreme Court issued an arrest warrant for Zelaya for his blatant violations of our constitution, which marked the end of his presidency. To this day, an overwhelming majority of Hondurans support the actions that ensured the respect of the rule of law in our country.

Underlying all the rhetoric about a military overthrow are facts. Simply put, coups do not leave civilians in control over the armed forces, as is the case in Honduras today. Neither do they allow the independent functioning of democratic institutions -- the courts, the attorney general's office, the electoral tribunal. Nor do they maintain a respect for the separation of powers. In Honduras, the judicial, legislative and executive branches are all fully functioning and led by civilian authorities.

Coups do not allow freedom of assembly, either. They do not guarantee freedom of the press, much less a respect for human rights. In Honduras, these freedoms remain intact and vibrant. And on Nov. 29 our country plans to hold the ultimate civic exercise of any democracy: a free and open presidential election.

Although much of the international community disagrees with our past actions, we can all agree on the necessity of ensuring Honduras's full commitment to the electoral process. Our citizens believe that the upcoming presidential election is the best way to guarantee peace and democracy. While the election will take place in little more than 60 days, the electoral process has been underway for some time. The election is being convened by an autonomous body, the Supreme Electoral Tribunal, whose magistrates were selected by Congress in early 2009 and ratified by then-President Zelaya. The autonomous body began the electoral process with presidential primary elections -- which were supervised by the Organization of American States -- in 2008 also during Zelaya's tenure. The upcoming election will include Honduras's first independent presidential candidate -- a rarity in all of Latin America.

The winner of the November election will take office as president of Honduras in January 2010. At that moment my transitional administration will cease, and the newly sworn-in president will hold all the authority vested to him by our country's constitution.

Our whole country -- whether members of political parties, youths, students or members of civil society, government, parental organizations or private businesses -- is committed to guaranteeing transparent elections. Voter turnout will be a constitutional expression of self-determination and a demonstration of national sovereignty. The Supreme Electoral Tribunal has invited independent observers from around the globe to observe our voting process. Our country is open to the world. All organizations -- churches, universities, think tanks, nongovernmental organizations -- that wish to witness firsthand this great exercise of self-determination and democracy are welcome.

We are, of course, disappointed with the position of the United States and the European Union, both longtime friends. We look forward to continuing dialogue with the United States, the European Union and the rest of the international community to prove our commitment to democracy and the Honduran people's love of freedom. Coercive action directed at our nation will only harm less fortunate Hondurans, whose hospitals, schools, roads and other institutions rely greatly on our friends' generous assistance, for which all of our citizens are immensely grateful.

I have said from the moment I was sworn in as president of Honduras that I do not intend to remain in office one second more than what our constitution mandates. On Jan. 27 I will hand over leadership responsibilities to the ninth president of our 27-year-old democracy. Such actions are in keeping with the desire of the majority of our people: the strengthening of our democracy.

(The writer is president of Honduras. The Washington Post)

El país inexistente

La república de Honduras ilustra la tragedia de ser un país pobre.

Uno cae en la tentación de hacerse algunas preguntas, tal vez ociosas, no se sabe. Preguntar, por ejemplo, si la nación centroamericana tuviera petróleo, ¿habría tomado el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero la decisión de prohibirles la entrada a España a los responsables del régimen de facto? Si la pequeña república de Honduras tuviera petróleo, persiste uno con la obsesión de las preguntas, ¿tomaría, acaso, Estados Unidos medidas tan drásticas como la de anularle la visa al Presidente (encargado) Roberto Micheletti, a un alto número de magistrados, a empresarios tradicionalmente vinculados con ese país, profesores, estudiantes y periodistas? ¿O de suspenderle al país de Morazán toda ayuda (siempre modesta), o de influir para que el FMI o el BID le suspendan los créditos? Sí, ser pobre es una doble desgracia. Se toman demasiado fácil las decisiones que afectan a una república sin dolientes.

Los países de la OEA, los de Unasur y de la Unión Europea, todos, de manera poco responsable y, desde luego, arbitraria, han decidido que ninguno de ellos reconocerá al Presidente que resulte triunfador en las elecciones de fin de año. De modo que el castigo por la destitución de Manuel Zelaya Rosales trascenderá a los directamente responsables, y el pueblo soberano de Honduras no tendrá ocasión de normalizar su proceso político mientras el reloj no vuelva atrás, y sean los hondureños los únicos que asuman las culpas de la crisis, se den golpes de pecho y le pidan perdón a quien pretendió alzarse con el poder, el latifundista revolucionario Manuel Zelaya.

Es algo demasiado absurdo, demasiado cómodo, demasiado inconsistente. Esto de condenar a un país a la inmovilidad carece de lógica, pero al mismo tiempo implica una gran "hipocresía democrática", esa adhesión a un orden institucional irrespetado y roto por el presidente Zelaya. Este violó la Constitución y desató una crisis irreversible al convocar a un referéndum no previsto, desafió todos los poderes del Estado y las instituciones, generando un proceso que probablemente hubiera podido tener solución si la OEA actúa como mediador y no como tercero en discordia.

El golpe de Estado que destituyó a Zelaya tuvo características no comunes en los golpes militares, como el de aquel grotesco 4 de febrero de 1992 en Venezuela. En Honduras, todos los poderes del Estado tomaron las decisiones pertinentes en defensa del orden constitucional. No fue un teniente coronel el que por su cuenta y riesgo lo envió al exilio. ¿Por qué no se toman en consideración los hechos y las causas de la crisis, sin cerrar los ojos ante las responsabilidades de Zelaya y de sus cofrades? ¿Por qué se persiste en los graves errores cometidos por el secretario general de la OEA y por los presidentes de la Alianza Bolivariana en la célebre cumbre de Managua, cuando optaron por las tácticas del ultimátum y de las amenazas guerreristas? Cuando el presidente de Costa Rica presentó un esquema de negociación, haciendo lo que la OEA no fue capaz de hacer, lo primero que se le ocurrió a los estrategas de la ALBA fue afirmar que era "una carta de Washington jugada por Oscar Arias". Pero en los hechos, los unos y los otros se dan la mano al cuestionar la salida electoral ya en curso.

¿No es absurdo, no es inaceptable, no es intervencionista negarle a un país que resuelva sus problemas de modo soberano? Con su peculiar manera de entender las cosas, el canciller Miguel Ángel Moratinos declaró que "España prohibirá la entrada a personalidades del Gobierno de facto de Honduras que impiden el retorno del orden constitucional en ese país". Palabras evidentemente vacías, complacientes, poco responsables. Cuando Zelaya alteró ese "orden", ¿dónde estaban los guardianes de la Constitución, y por qué tan celosos, sólo abogan por la Constitución del pequeño país, y cierran los ojos cuando sus intereses lo aconsejan? Esos ejercicios de hipocresía erosionan la política internacional. O hay consistencia o lo mejor es callar. Las acrobacias deben dejarse al circo.

Como el único interlocutor de los factores en conflicto, el presidente Oscar Arias conversó el miércoles 16 con cinco de los seis candidatos a la presidencia de la República, incluidos Elvin Santos, del Partido Liberal, (antiguo partido de Zelaya) y Porfirio Lobo del oposicionista Partido Nacional. Arias insiste en el Acuerdo de San José que implica el retorno de Zelaya al poder, con un gabinete de unidad.

Una solución improbable para una crisis agitada por intereses oscuros. Honduras, ¿un país inhabilitado? ¿Quién tiene competencia para cuestionar que los hondureños elijan a su presidente, prolongando la inestabilidad más allá de los cien o tantos días que restan del periodo, cortejando el caos y la guerra civil en América Central?

(El Nacional, Venezuela. El autor, director adjunto de El Nacional, fue canciller de Venezuela y participante de la iniciativa Contadora y de las negociaciones de paz para El Salvador)

Una extraña visita en la noche

El avión venezolano de Zelaya aterrizó sin permiso en El Salvador y fue multado con 30.000 dólares.

A las diez de la noche del domingo (ocho horas más en España), un avión de la fuerza aérea venezolana contactó con la torre de control del aeropuerto internacional de El Salvador y pidió autorización para aterrizar. "Se la negamos", explica un oficial salvadoreño, "porque su petición no estaba basada en ninguna de las situaciones de emergencia que contemplan los convenios internacionales". Aun así, la aeronave, procedente de Nicaragua, inició la maniobra de descenso al tiempo que una caravana de vehículos con matrícula oficial llegaba a la terminal de San Salvador. Para sorpresa del personal del aeropuerto, quien bajó del avión venezolano, seguido de un pequeño séquito, era nada más y nada menos que el depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya.

De forma casi simultánea, de los oscuros vehículos oficiales que acababan de llegar al aeropuerto se fueron apeando dirigentes del partido que desde hace tres meses gobierna en El Salvador, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), con el diputado Sigfrido Reyes a la cabeza. Reyes, que además ostenta los cargos de vicepresidente de la Asamblea Legislativa y secretario de comunicaciones del FMLN, reconoció ayer a este periódico que estuvo durante un buen rato conversando con Zelaya sobre sus planes de regreso a Honduras. "Pero por el momento no le puedo dar muchos detalles", declaró anoche Reyes a este periódico, "sólo le puedo decir que el presidente Zelaya llegó en avión y se fue en avión...".

Lo más curioso es que, pese al apoyo explícito del FMLN, el avión que el presidente venezolano Hugo Chávez puso a disposición de Zelaya fue multado. "Tuvo que pagar 30.000 dólares", explica el oficial, "es lo que estipula la ley". Se cumplía así, de forma escrupulosa, la orden que el propio presidente de El Salvador había cursado a los dirigentes del FMLN. Los dirigentes de la antigua guerrilla salvadoreña disponían de la libertad -y hasta de la obligación moral- de apoyar a Zelaya en su regreso a Honduras, pero procurando no crearle un conflicto diplomático a El Salvador. Ante la insistencia de los periodistas, el presidente Funes contestó: "¿Que cómo entró a Honduras? ¿Por qué medios? ¿Quién le dio la autorización...? Yo lo ignoro".

Hasta que Zelaya decida contar los detalles de su regreso a Honduras, lo único cierto son las especulaciones. Se sabe que su avión salió de Nicaragua, hizo escala en San Salvador y ahí se perdió el rastro. ¿Hacia dónde fue? ¿Es posible que el avión militar venezolano entrara en territorio aéreo hondureño y aterrizara en una pista secreta? ¿Qué países estaban en el ajo de la operación? ¿Qué hará Micheletti para sobreponerse al tremendo ridículo de declarar que Zelaya estaba en una suite de un hotel de Managua cuando en realidad lo tenía dos calles más allá? Y el general en jefe del Ejército de Honduras, ¿qué papel va a asumir en la nueva situación, a cuál de los dos presidentes va a obedecer ahora?

San Salvador se convirtió anoche en el destino no deseado de los periodistas que, desde México, se dirigían en avión hacia Honduras. El presidente de facto, Roberto Micheletti, volvió a decretar el toque de queda y anunció el cierre de los aeropuertos de Honduras. De esta forma consigue, por el momento, que los informadores no entren en el país -nunca a los golpistas les gustaron ni la luz ni los taquígrafos, pero aún le queda la tarea más difícil: expulsar a Manuel Zelaya de la embajada de Brasil, en el mismísimo centro de Tegucigalpa, de donde lo sacaron los militares hace ahora 86 largos días, a punta de fusil y en pijama.

(El País, Madrid)

sábado, 19 de septiembre de 2009

A los diarios les gusta más dar noticias que ser noticia, y si algún día han de ser noticia, lo deseable es serlo por haber dado una gran exclusiva.

A los diarios les gusta más dar noticias que ser noticia, y si algún día han de ser noticia, lo deseable es serlo por haber dado una gran exclusiva. Me perdonarán los lectores esta digresión inicial, que en realidad no es sino una confesión de incomodidad: el tema que voy a tratar incide sobre un debate público-mediático muy enconado en el que no todo es juego limpio y en cuyo epicentro se ha encontrado EL PAÍS de una manera que puede erosionar su credibilidad. La tormenta comenzó el pasado miércoles, con la publicación en portada de un editorial titulado En la pendiente, en el que se criticaba muy duramente la política del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en materia económica. Este artículo editorial y algunas informaciones recientes han sido interpretados como un viraje en la línea editorial del diario y como una ruptura entre los medios del Grupo PRISA y el presidente del Gobierno.

Que un diario critique la política económica del Ejecutivo no debería ser noticia. Es lo normal en una democracia. Pero a raíz de ese editorial se ha propagado la idea de que esta posición no es fruto del convencimiento, de un análisis independiente y libre de sus periodistas, sino de una estrategia empresarial del Grupo PRISA frente a decisiones del Gobierno que considera lesivas. El pasado 13 de agosto, en plenas vacaciones estivales, un Consejo de Ministros extraordinario aprobó, en contra del criterio del Consejo de Estado, la regulación de la Televisión Digital Terrestre de pago mediante un real decreto ley, instrumento que la Constitución reserva para casos de "extraordinaria y urgente necesidad". El consejero delegado de PRISA, Juan Luis Cebrián, publicó el día 21 de agosto un artículo titulado Un desatino en el que afirmaba que ese procedimiento constituía un abuso de poder. Cebrián no se oponía a la regulación de la TDT de pago, sino al procedimiento empleado, por considerar que favorecía a otro operador, Mediapro, con el que PRISA mantiene un largo litigio por los derechos del fútbol.

Que el máximo ejecutivo de un operador privado defienda sus intereses no debería ser tampoco noticia. Tiene todo el derecho a hacerlo. Pero la coincidencia entre la polémica sobre la TDT y la publicación del editorial crítico con el Gobierno ha propiciado que se instale en la opinión pública una sospecha que también ha hecho mella en los lectores. Algunos, como Joaquín Gasca Gil, J. M. Sala Franco, José Luis García Lorenzo o Pablo Requejo, se han dirigido a la Defensora para pedir explicaciones. Otros, como Javier Muñoz Álvarez, Enrique Casanova o Mariano García Pechuan, para comunicar, dolidos, que han dejado de serlo. Se consideran traicionados.

Pasa a la página siguiente

No forma parte de las atribuciones de la Defensora cuestionar la línea editorial del diario. Pero en la medida en que este editorial ha causado inquietud en algunos lectores y claro enfado en otros, le he pedido al director, Javier Moreno, que responda a sus inquietudes. Lo ha hecho extensamente, cosa que, dada la importancia del asunto, agradezco.

"No es cierto que se haya producido un viraje. La línea editorial de EL PAÍS no ha dado un giro de 180 grados a raíz de la aprobación de la TDT de pago a mediados de agosto. Ése es un relato que no encaja con los datos, que son siempre más tozudos que las opiniones. Y en este caso, los datos están a disposición de todos, en la hemeroteca del periódico, accesible a los lectores en elpais.com. Difícilmente un lector atento, que haya seguido con interés la cobertura de la crisis económica en EL PAÍS, habrá pasado por alto alguno de los titulares y editoriales que no encajan con la polémica que se trata de establecer, en mi opinión artificialmente".

"Sin ánimo de ser exhaustivo, citaré sólo tres: la primera que recuerdo fue el 4 de enero de 2008. Ese día EL PAÍS tituló a cuatro columnas en primera página: La economía acosa a los socialistas a sólo dos meses de las elecciones. El 25 de marzo pasado, también abriendo el periódico y a cinco columnas (lo máximo que permite el diseño), titulamos: El paro desborda al Gobierno a propósito de la cifra de paro conocida el día anterior, que por primera vez superaba los cuatro millones de desempleados; acompañaba a la información un editorial (Estado de alarma) que arrancaba en la primera página y en cuya primera frase se decía que la gestión del Ejecutivo en esta materia era "un rotundo fracaso". El 3 de agosto de 2008, el titular de la portada del suplemento Negocios tenía sólo tres palabras: Suspenso al Gobierno".

"No es ningún secreto que la decisión del Gobierno sobre la TDT ha merecido las críticas de EL PAÍS. También Juan Luis Cebrián, consejero delegado de PRISA, editora del periódico, ha expresado su opinión negativa (y por tanto la de la empresa) en un artículo de opinión el pasado agosto. Así que resulta también difícil de sostener que el diario maneja una agenda oculta a sus lectores. ¿Resultan más duras, por emplear un calificativo usado por algunos de ellos, las informaciones y editoriales sobre Zapatero y la crisis a la vuelta del verano? Sin duda. ¿Responde esto a un deterioro objetivo y cuantificable de la situación económica (paro, déficit, titubeos sobre el alza de impuestos)? Sí, también sin duda. ¿Supone un giro copernicano (donde antes apoyábamos sin fisura ahora atacamos sin fundamento)? Rotundamente no, según los datos a disposición de todos en la hemeroteca. ¿Alguna de las informaciones objeto de la polémica son falsas o utilizan torticeramente los datos en los que se basa la información para engañar al lector? Nadie, ni siquiera los lectores más críticos, utiliza este argumento. EL PAÍS y el Grupo PRISA pueden juzgar con dureza una decisión concreta del Gobierno, pero ello no va a cambiar la cobertura general, ni en un sentido ni en otro. ¿Aceptarían los lectores a partir de ahora una visión más "amable" de la crisis que azota España sólo para evitar suspicacias? ¿Sería esto compatible con la misión y la obligación de un periódico independiente como EL PAÍS?".

"Finalmente, unas palabras en defensa del periodismo y de la dignidad de la Redacción y de todos los profesionales que hacen posible EL PAÍS. Yo soy el director y como tal, responsable último de sus informaciones y de la línea editorial, que se debate ampliamente en los consejos editoriales. Pero en este diario nadie escribe al dictado. Y algunos de los mecanismos de control que aseguran la calidad a los lectores (el Comité Profesional o la Defensora del Lector, que me ha pedido estas explicaciones) aún buscan parangón en el resto de la prensa española". Ésta es la explicación del director. Lo pernicioso de una situación como ésta es que ninguna decisión se libra de las suspicacias. Si un editorial es crítico, será interpretado como una presión o una venganza; si no lo es, como una concesión que espera recompensa. La frase con la que termina Ignacio Carbó del Moral su escrito a la Defensora me ha llevado a una reflexión que requería mucho más espacio. "Lamentablemente", dice, "sus únicos intereses no son mejores que los de cualquier otra empresa cuyo objetivo son las ganancias por encima de otros aspectos. Malos tiempos para el país y para EL PAÍS".

Cuando la sospecha se instaura en el ecosistema mediático, no sólo afecta a la credibilidad del medio que está bajo escrutinio, sino a la del periodismo en general. Y crea desafección. Alimenta un discurso según el cual, parece normal que un Gobierno, del signo que sea, quiera tener medios afines y utilice para ello los resortes del poder; y también, que los operadores respondan a este juego utilizando su influencia para defender sus intereses empresariales. El resultado de este discurso es una idea de efectos letales: la de que todos son iguales, los gobiernos y los medios. Demostrar lo contrario es, pues, un imperativo democrático.

(El País, Madrid. La autora es defensora del lector en El País, una instancia creada para defnder los derechos del lector)

Nacionalizar el fútbol

Dismayed by his country’s World Cup qualifying campaign, Bolivia’s soccer-loving president has suggested nationalising football may be the key to success.

President Evo Morales, an outspoken leftist and close ally of Venezuela’s Hugo Chavez, said state control could help the national team raise its game.

“We’re sorry about the performance of our team in the qualifiers. Until now (soccer) has been (controlled) by private, autonomous entities … but they aren’t getting results,” local newspapers quoted Morales as saying on Friday.

Morales, who often holds impromptu kickabouts with supporters or reporters, said soccer should be “nationalised to dignify (the national team)”.

Bolivia are second from bottom in the 10-team South American qualifying group for the 2010 World Cup in South Africa. They have won only three of 16 games despite their home advantage of playing in the high altitude of La Paz.

Morales has taken over tin smelters, natural gas fields and telecommunications operators but he gave no explanation of how football might be nationalised and the country’s soccer federation is already a non-profit organisation.

(Vea a Evo Morales en video hablando de la estatización del fútbol)

Carta a una futura política

Hola chica:

tenés 23 años, ya te graduaste. Estás metida en la juventud de uno de los partidos políticos del país. Hablás con la arrogancia propia de la juventud: ¡Apártense, venimos a arreglar el país!

Me llega. Ustedes me invitaron para darles una charla – y me dieron una lección y una gran sorpresa: Están listos para asumir el país. Entre los 40 jóvenes entre 21 y 25 que estaban con vos esta noche, hay suficiente talento, suficiente coraje, suficiente madera para una futura dirección de ANEP, para conducir un partido, para un futuro gabinete de lujo, para reformar al país...

Bueno, ni tan futuro. Te repito lo que les dije anoche: Hay un vacío de liderazgo, ¡llénenlo! Tómense los espacios que las generaciones que salimos de la guerra fría (y algunos de la guerra caliente) ya no podemos llenar. Hicimos bastante, pero ahora les toca a ustedes.

Los que han gobernado, los que ahora están gobernando, los que dirigen los partidos, representan el pasado. Todos. Pelean y mutuamente se obstruyen por pleitos del pasado. Ustedes no se preocupan de fantasmas, llámense privatización o nacionalización. Si el transporte público hay que nacionalizarlo, ustedes lo pueden hacer. Y si parte del Seguro Social hay que privatizarlo, ustedes lo pueden hacer igual...

Tómense el partido. Tómense los gremiales. Tómense el país. Sin convertirse en políticos. Sigan haciendo sus carreras, pero ya no permitan que las decisiones que afecten el futuro se tomen sin ustedes.

No esperen que pasen milagros y los partidos se recuperan de su crisis. El milagro y la recuperación son ustedes.

Saludos Paolo Lüers

(Más!)