Reforma migratoria o más masacres

El anuncio del presidente de Ecuador, Rafael Correa, de que hubo un segundo sobreviviente de la masacre en Tamaulipas, posibilita un mayor esclarecimiento de lo que sucedió en esta tragedia, insólita incluso a la luz de la violencia alcanzada en México. Como lo dijo un lector de Reforma: no podemos ni imaginarnos el escándalo que con razón armaríamos los mexicanos si mañana acribillaran a 72 mexicanos en el desierto de Arizona. Pero la magnitud del horror no facilita su comprensión. Quizás el sobreviviente hondureño, ya bajo custodia de la PGR de México, o el ecuatoriano ya protegido por su Gobierno en Quito nos den más claves para entender lo que, en parte, es un enigma.

Se entiende que un grupo de criminales arrebate su “mercancía” (migrantes) a otro y busque aprovecharse: sea para reclutarlos como sicarios, para extorsionarlos o para usarlos como “mulas” para llevar droga a EE.UU. Aunque esta afirmación genera dudas: ¿para qué quieren a mujeres embarazadas como sicarios?, ¿qué tipo de red se necesita para lograr la transferencia de fondos del Ecuador a México, o de Honduras a Miami, o de El Salvador a San Francisco para liberar a los migrantes?, ¿qué tan eficaces como “mulas” pueden ser unos aterrados migrantes, fáciles víctimas de la border patrol, la DEA o de las policías locales en EE.UU.?

Pero sobre todo, a menos de que se trate de un escarmiento ante un enemigo de gran calado, parece extraño que la única alternativa de los criminales ante el rechazo de sus víctimas a cooperar sea masacrarlas, a todas. Hay algo en todo esto que no termina de cuadrar. Por eso en El Salvador, algunos analistas ven la marca de la Mara Salvatrucha, en lo sanguinario del caso: no les huele a Zetas o a carteles mexicanos.

Lo que sí cuadra es algo que me aclaró el ex subsecretario de Estado norteamericano para América Latina, Tom Shannon, hace ya 5 años, a propósito del vínculo entre las bandas ciminales y migrantes. Shannon explicaba en una cena que hasta hace pocos años (entonces) los polleros (o coyotes) que ayudaban a pasar a los migrantes eran una especie de sherpas o guías que les ayudaban, no siempre con efectividad y nunca por generosidad, a atravesar el desierto, encontrar transporte después de cruzar y llegar así a su destino. Desde México no se solía pagar mucho más de US$500 para llegar, por ejemplo, a Nueva York; desde Centro América o el Ecuador quizás se pagaban hasta US$2 mil porque los gastos eran más elevados. Pero al empezar a cerrarse la frontera a partir de 2005, y posteriormente (agrego yo) ante la derrota de la reforma migratoria integral en 2006 y 2007, y ahora ante la pasividad de Obama al respecto, se ha vuelto mucho más difícil entrar a los Estados Unidos sin papeles, pero no imposible: sólo más caro. Al aumentar el riesgo, sube el precio; al incrementarse este, el negocio se vuelve más jugoso. Y al transformarse en un negocio mucho más atractivo, atrae a más y mayores criminales. Es exactamente el mismo fenómeno que sucede con el narco, según mi amigo y también ex comandante guerrillero salvadoreño Facundo Guardado, que a diferencia de su ex colega Joaquín Villalobos, cree que la persecución del narco sólo vuelve más atractivo ese negocio y más gente quiere participar.

Cuando el negocio de pollero o coyote se torna hiperlucrativo, las bandas de criminales no sólo lo quieren, sino que pelean por las rutas, los puntos de entrada y de salida, el transporte y la corrupción de las autoridades mexicanas y norteamericanas. De una manera u otra, seguramente en este proceso yace la explicación de la masacre de San Fernando.

La culpa es de muchos: de los países expulsores incapaces de darle empleo a su gente; las autoridades mexicanas que han descuidado la frontera sur y la migración interna desde hace años; pero más que nadie lo es de los Estados Unidos, que al negarse a adaptar sus leyes a la realidad, sólo transforman para mal esa realidad: en el horror.

(Tomado de El Periódico/Guatemala. El autor es ex-canciller de México.)

Carta al secretario de Cultura de la Presidencia de la República

Estimado Dr. Héctor Samour:

Usted dijo, en una reciente entrevista: “Las artes son expresiones de procesos simbólicos y que tienen su propio especificidad”.

¡Wow! Esto sí es profundo. La máxima cantidad de palabrotas pretensiosas en el mínimo espacio: ‘expresiones’, ‘procesos’, ‘simbólicos’, ‘especificidad’ – cuatro palabrotas en una frase corta...

Mucha gente pensará que este enredo de palabrotas se debe al hecho que usted es filósofo y que nosotros no lo entendemos porque somos brutos. Falso. El enredo se debe a que usted no sabe de qué diablos está hablando. Así de fácil.

Sigue diciendo el secretario de cultura de la presidencia: “Entonces, la Secretaría (de Cultura), en lo que tiene que incidir es en las formas simbólicas que tienen lugar, ahora, en nuestro país. Tratar de que esos procesos estén orientados en una línea en la que puedan propiciar un tipo de cambio, ese cambio que se quiere.”

¡Wow! Lo único que logro entender de este enredo es que usted va a utilizar la Secretaría de Cultura para apoyar las políticas del gobierno del cambio.

Le hago una propuesta, doctor: ¿Por qué la próxima entrevista no la da a Más!, porque ahí sí le obligan a uno a hablar claro y pelado? ¿O será que usted habla así porque no quiere que la mara entienda?

Con mis más simbólicas expresiones de afinidad interpersonal orientadas a dinamizar procesos de comunicación tendientes a la transformación cultural que propicie el cambio,

Paolo Lüers

¡Le gané!: Logré meter más palabrotas que usted, y ni siquiera soy doctor de filosofía...

(Más!)

El 'Partido' con mayúscula

Dos eventos ilustran la necesidad de una Ley de Partidos Políticos que defina los principios y mecanismos básicos de la democracia interna de los partidos políticos. Uno es la elección interna del FMLN, y el otro la recomposición de la Comisión Política del PDC.

Para elegir sus autoridades, el FMLN ha convocado elecciones internas, pero a la hora de elegir, la mitad de sus afiliados se dio cuenta que ya no existen en el padrón electoral de su propio partido. Se estima que unos 30 mil miembros del partido perdieron el derecho de elegir y ser elegidos. No por disidencia; no por faltas éticas. Simplemente porque fueron declarados miembros de segunda clase.

Detrás de esto hay un cambio de los estatutos que la dirigencia del FMLN promovió para regresar al concepto leninista de organización llamado ‘centralismo democrático’. El FMLN, luego de experimentos con apertura y democracia, regresó al viejo modelo del partido de cuadros.

Schafik Handal lo explicó así: “Para transformar la realidad en El Salvador necesitamos un Partido que siga fiel a la misión revolucionaria de cambiar este sistema. Su composición, su organización y funcionamiento deben ser coherentes con esa misión.” (’El FMLN y la Vigencia del Pensamiento Revolucionario en El Salvador’; diciembre 2005. No es casualidad que escriben ‘Partido’ con mayúscula...

En una de tantas reformas a sus estatutos, el FMLN se establecieron dos categorías de miembros: los ‘afiliados’, que no tienen derecho de votar ni de ser elegidos para las directivas municipales o departamentales, ni muchos menos para las autoridades nacionales del partido; y los ‘militantes’ que gozan de este privilegio. Para pertenecer a esta elite de ‘cuadros revolucionarios’ del partido, no es suficiente que alguien haya sido combatiente durante la guerra y participado en las campañas electorales de la post-guerra. Hay que cumplir otros requisitos:
“Son deberes Adicionales de los Militantes:
a) Participar de manera sistemática y obligatoria en un Comité de Base;
b) Formar parte de organizaciones sociales;
c) Defender la unidad del Partido alrededor del cumplimiento del programa, las plataformas y la Carta de Principios y Objetivos;
d) Cumplir los acuerdos y resoluciones que conforme a estos Estatutos adopten los organismos y autoridades del Partido;
e) Practicar la critica y autocrítica, sobre los enfoques, decisiones, métodos y conductas erróneas;
f) Actuar con base a los valores y principios de la ética revolucionaria...”

Esta no es la descripción de un ciudadano que en su tiempo libre quiere ejercer el derecho cívico de participar en política. Es la descripción de un soldado de partido, supeditado a disciplina vertical; de un cuadro revolucionario profesional obediente a la dirigencia partidaria.

¿Quien decide si alguien cumple o no estos requisitos? El partido, o más bien la Comisión Política. Estamos hablando de un partido en el cual no pueden libremente participar los ciudadanos.

Es un círculo vicioso: Para nombrar autoridades partidarias, sólo tienen derecho de elegir quienes han mostrada su fidelidad a las autoridades del partido y que están dispuestos a someterse al lineamiento y la permanente evaluación por parte de estas autoridades. Es de esta manera que los partidos leninistas en todo el mundo siempre tienen resultados casi unánimes en todas las votaciones internas. Y siempre sus direcciones son casi eternas...

En el FMLN se impuso esta concepción del partido de cuadros sobre la otra que existía cuando terminó la guerra: la de un partido horizontal de ciudadanos. Una gran mayoría de los combatientes y militantes del FMLN histórico se desmovilizaron, al sólo terminar la guerra. Esto no solamente significaba que depusieran las armas, sino también que regresaran a la vida civil: a sus estudios, sus profesiones, sus familias, sus milpas, sus negocios; y que abandonaran la política a tiempo completo, que la guerra les había impuesto.

Para estos miles de ‘desmovilizados’, la única posibilidad de seguir políticamente activos era que el FMLN se convirtiera en una organización civil, de ciudadanos, donde uno podía dedicarse a la política en su tiempo libre, priorizando su inserción social, profesional, comercial y familiar.

El FMLN hizo lo contrario, dejando a afuera a miles de ex-combatientes y miles de personas que habían contribuido a sus luchas activamente durante años. Se hicieron dueños y amos del partido los ‘cuadros revolucionarios’, los políticos a tiempo completo, los soldados del partido. La ‘vanguardia’.

Las más grandes y poderosas organizaciones del FMLN histórico, que durante la guerra pusieron la mayor parte de los combatientes (y también de los muertos), rápidamente perdieron peso en el trabajo partidario del nuevo FMLN de la post-guerra, porque el 90% de sus miembros se insertaron a la vida civil. El Partido Comunista, en cambio, se hizo más grande, porque no sólo mantuvo la mayor parte de sus integrantes como cuadros partidarios, sino que además trajo de regreso a cientos de sus cuadros que durante la guerra estudiaron en países del bloque socialista, preparándose precisamente para esto: la construcción del partido. Así se explica el enigma de que la organización menos importante durante la guerra (el Partido Comunista) lograra tomar el control del partido en tiempos de paz...

Este proceso tiene su conclusión con la última limpieza del padrón electoral que deja afuera a 30 mil miembros y garantiza el control definitivo de los comunistas en el partido FMLN.

Una Ley de Partidos Políticos, par tener sentido, tendría que democratizar los procesos internos de los partidos. Por esto, la prisa de la dirección del FMLN de crear hechos dentro de su partido antes de que se aprueba una Ley de Partidos.

El otro extremo, que también tendría que ser erradicado de la práctica de los partidos, es lo que pasó recientemente en el PDC, y que de manera similar, ha sido la práctica en ARENA y el PCN también: la recomposición de las direcciones partidarios por el mecanismo del dedo.

De repente aparecen nuevos integrantes de una Comisión Política o de un COENA que llegan a un cargo de dirección partidaria como llega un futbolista al Barca o al Milán: de afuera y por contrato. No han pasado ni de sombrea por ningún proceso interno, ni siquiera han sido miembros de la institución, sino que por un acuerdo con el dueño del club se integran al equipo. A mi me agradan las personas que se integraron en la nueva dirección del PDC, pero hay que decir: la manera cómo llegaron es tan absurda y antidemocrática como los procesos tramposos dentro del FMLN.

Realmente, hace falta una Ley de Partidos que defina los principios y mecanismos democráticos de los partidos.

(El Diario de Hoy)

Drogas: una nueva propuesta

La Comisión Global sobre Políticas de Drogas está encabezada por los presidentes Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ernesto Zedillo, e incluye a personalidades como Javier Solana, Amartya Sen, Graça Machel y William Perry.

El primer informe de la sección latinoamericana de la Comisión Global indica, de entrada, que la política contra la producción, el tráfico y la distribución de droga, criminalizando el consumo, ha fracasado si consideramos que en América Latina han aumentado el consumo, la violencia y el crimen organizado, conduciendo a la crimi-nalización de la política, a la politización del crimen y a la creación de múltiples vínculos que favorecen la corrupción de funcionarios y policías y a la infiltración del crimen en las instituciones.

La comisión Cardoso-Gaviria-Zedillo pide que en primer término se reconozca el fracaso de las políticas vigentes y se propongan nuevas políticas más seguras. Ello no implica -importante inciso- desconocer las políticas actuales, sino ofrecer estrategias alternativas, subrayar los temas de la prevención y el tratamiento, aunque aplicando acciones represivas cuando sean necesarias.

Las políticas prohibicionistas de Estados Unidos y las europeas de reducción de daños no lograron ni reducir los mercados ni reducir el consumo: ambos han aumentado. Colombia primero, México hoy, se convirtieron en epicentros de un negocio que depende de la demanda de los consumidores. Se trata, en consecuencia, de disminuir la demanda: ¿cómo?

Convirtiendo el consumo, de actividad criminal en problema de salud pública, y a los adictos en pacientes en vez de compradores. Con ello, se reduciría la demanda y bajarían los precios. La solución carcelaria, por así llamarla, de Estados Unidos, no puede funcionar en América Latina. Contamos ya -Brasil y México son amplio ejemplo de ello- con una su-perpoblación carcelaria, sistemas penitenciarios anticuados, extendidas redes de corrupción, como lo demuestran los hechos recientes de la cárcel de Gómez Palacio, en Durango (México), en la que la dirección permitía a un grupo de reclusos salir de noche, perpetrar crímenes y regresar al amanecer a la penitenciaría.

El simple prohibicionismo no ha reducido ni la producción ni el consumo. Las políticas en vigor han atacado la oferta más que el consumo. Nos hemos dado cuenta, en otras palabras, que eliminar la oferta no elimina la demanda, y la demanda se traduce a menudo en muerte por sobredosis y transmisión de infecciones.

Doscientos cincuenta millones de seres humanos, globalmente, usan drogas. Solo 25 millones son dependientes lo cual, en sí, indica que el tratamiento es más importante que el castigo. La Comisión piensa que así como las campañas contra el tabaco, el alcohol y las enfermedades de transmisión sexual han tenido éxito, lo tendría una campaña preventiva que se dirija a la demanda tanto como a la oferta.

Resulta claro que hay que multiplicar las campañas de información y de prevención, dirigidas sobre todo a la juventud, que mayoritariamente es el mercado de las drogas. Hay que hacerles entender a los consumidores -sobre todo a los jóvenes- que la drogadicción afecta al poder de decisión, la inteligencia y el trabajo, y a la sociedad en su conjunto; pedir la cooperación contra la violencia, la corrupción, el lavado de dinero, el tráfico de armas y el control de territorios, hechos que nos afectan en la vida privada y en la vida social y nacional. ¿Cómo se mide, al cabo, la infiltración del crimen en todos los niveles de la vida política de un país, en Gobiernos municipales, estatales y aun nacionales? Si esto no se puede ni saber ni atacar frontalmente, entonces aumenta la importancia de lo que sí se puede hacer, por modesto aunque iniciático que sea.

Otrosí, América Latina en su conjunto y México muy particularmente, tiene una población juvenil extensa que se plantea problemas de futuro profesional. Muchos escogerán el camino fácil, del crimen y la droga, si nuestras sociedades no les ofrecen horizontes mejores en países en gran medida democráticos pero estancados en cuanto a su dimensión social de servicio. Tenemos una población juvenil y de trabajo que puede poner al día las infraestructuras, la educación, la salud, las comunicaciones a menudo inservibles o anticuadas de América Latina.

(El País!)

Carta a la dueña de una ‘tienda de esquina’

Estimada niña Cande:

Ya sabe usted cómo me encanta tomarme una cerveza en frente de su tienda, cuando llego al pueblo. Siempre me saca una silla, y lo que más disfruto es cuando usted y el viejo se sienten conmigo para platicar de la vida y del pueblo...

Me pongo a pensar: ¿Por qué el ‘gobierno del cambio’ quiere complicarle la vida a usted (y a miles de señoras como usted), con esta idea loca de obligarles a sacar una licencia para vender cerveza?

Está bien que los bares, restaurantes y hoteles tengan que pedir (y pagar) una licencia de licor. Y que a estas empresas les sometan al control de salud, y que los pidan que tengan para sus clientes baños y parqueo...

Pero a su tienda, los que toman cerveza llegan en caballo, en bici o a pata. Peligroso que el gobierno le va a mandar que vuelva a instalar frente a su casa las argollas para amarrar las bestias...

O tal vez le van a poner como requisito para darle la licencia que recoja a diario la caca de los caballos de sus clientes, y que ponga un rótulo que diga: “¡Prohibido escupir!”

No sé cuál es el objetivo de esta revolucionaria medida de cambio que el ministro de Hacienda presentó a la Asamblea: ¿Reunir fondos, cobrando para la licencia y luego... impuestos?

¿O quieren cerrar su tiendita, para que los machos de los cantones no sufran accidentes de jinetes luego de unas chelitas?

Lo más probable es que simplemente sean ganas de joder de un gobierno que le gusta controlar y regular.

No se deje, niña Cande. La próxima vez que pase el compañero alcalde por una su cervecita, dígale que se mueva para ayudarle. O si no, que se olvide de las próximas elecciones.

Saludos, Paolo Lüers

(Más!)

Making Sense of the War

I listened to President Obama’s address from the Oval Office last night with very mixed emotions. The Iraq war was not Obama’s doing—we all know that—but in trying to define yesterday’s moment, a clear sense of historic occasion eluded his powers of oratory. The situation there is still too uncertain to be overly self-congratulatory. And yet he did choose language which, I fear, will linger and fester in the halls of our memories for some time to come. When I heard him say, “America has met its responsibilities, now it’s time to turn the page,” I winced. It didn’t gall in quite the same way as Bush’s intemperate “Mission Accomplished” sound bite in May, 2003, but Obama’s words had a distinctly hollow ring, and I know that more than a few Iraqis will have cursed angrily upon hearing them.

America has most clearly not met its responsibilities on behalf of the Iraqis, most of whom had no say in the warfare we brought to them seven years ago. We leave them a Saddam-free Iraq, yes, but with a bruised and battered society and a dysfunctional government which may—or may not—survive our troops’ phased withdrawal from the the country at the end of 2011.

But Obama’s speech was not about the Iraqis, or really for them, either; it was directed at his American audience. Obama spoke about the great sacrifice Americans had made, in lives lost and money spent, and it is true, the price has been great. But just a quiet reminder, then, for the following facts may come back to haunt us: for every one American life lost in Iraq since 2003, the Iraqis have given twenty-five; and few nations in modern times have had their national patrimony as thoroughly trashed and looted as Iraq’s has—under our watch.

Reporting from Iraq since 2000, I harbor many memories, both fond and painful. It is a place that inspires a sense of bereavement in me. I have never been anywhere where I have seen more injustice and death, personally, than I have in Iraq. More often than not, though, my mind turns back to the fateful day—April 9, 2003—when Baghdad fell to the Americans, as the turning point in the war, the day in which the invading Americans’ “victory” was thrown away, and the seeds of chaos, and the coming insurgency, were sown.

That afternoon, standing in the street next to freshly arrived U.S. soldiers, I looked on as they allowed mobs of looters to raid the Ministry of Trade, and as others set fire to the Ministry of Transport next door. Flames shot up from buildings and pistol shots rang out as rival gangs of looters toughed it out. A man ran past in the street trying to catch a galloping black thoroughbred stallion, one of Uday Hussein’s private herd, that had been set free from the adjacent Olympic sports grounds. Soon afterward a thundering procession of Marines in tanks rolled by. I noted down the names they had spray-painted on the barrels of their guns: “Assassin,” “Carnage,” “Cold Steel,” “Crazy Train,” “Rebel,” and “Got Oil?”

I turned to Khifa, an Iraqi man who was with me, and asked what his feelings were at that moment. He replied: “I am very, very happy. But I don’t know why, I also feel like I want to cry. O.K., Saddam Hussein is gone, but I am afraid the Americans will need to put another Saddam Hussein in power to keep control here. Look around: there is no one, no authority, no police, and this is the result.”

A few hours later, the looting had spread and so had the destruction—quite a few buildings had been set ablaze. Amid the tumult, a distressed-looking middle-aged man in a suit came up to me. In halting English, he informed me that he was a pharmacist, and he addressed me as a representative of the invading American power. He waved his hands at the chaos around him and said, pleadingly: “Please. We just want to live under any system. Any system is better than this.”

Although I dismissed the man, and his implicit admonishment, explaining that I was a journalist, not a soldier, I was deeply shocked by what I was seeing. As the looting and destruction continued on in the days to come, and I saw that the American soldiers were doing nothing to stop it, my shock turned to shame. The world’s most powerful army had fought a quick and decisive military campaign and made its way to Baghdad within three weeks, only to stand by as the city’s ministries, hospitals, museums, and libraries were ransacked and burned, and, eventually, its armories, too. The explosives and weapons that were pilfered during those days would soon be used against U.S. soldiers by Iraq’s new “insurgents.” More than once I was told by American soldiers and officers that they were not there to “shoot looters”—as if there were a qualitative difference to the “Shock and Awe” aerial bombardment that had preceded their arrival, in which many hundreds of Iraqi civilians had been killed in Baghdad and other cities.

It was a bewildering time, and still doesn’t make sense to me. Soon afterward, of course, the real war began for the Americans and for the Iraqis, too. Things are better today: fewer people are dying than in 2006 and 2007, when the sectarian violence peaked, but they are still dying. Al Qaeda has resurfaced, lethally, and the political system remains fragile and disputatious. Under our watch, the enmity between Sunnis and Shiites and the Kurds has not been replaced by an authentic new national compact. If they are left unreconciled, things could still degenerate and lead to an all-out civil war. If this does not happen, in fact, I will be surprised. I hope I shall be.


(The New Yorker)

Dos consideraciones sobre la Ley de Medicamentos

I.
¿Porqué, en vez de regular, no liberar los precios de los medicamentos? Las medicinas son demasiado caras en El Salvador.

Muchos de los precios son escandalosamente más elevados que en otros países. Hay quienes echan la culpa al mercado y llaman al Estado para poner orden. En esta línea de pensamiento, el gobierno FMLN-Funes quiere que el gobierno fije los precios de los medicamentos...

Pero hay otra solución mucho más radical: liberalizar el mercado de los medicamentos; liberar los precios; abolir los monopolios y los privilegios de unas cuantas empresas del sector que, con ayuda del Estado, han distorsionado el mercado.

Para una medicina que tengo que tomar diariamente hasta el último de mis días, aquí me cobran $3 por unidad. En Estados Unidos hay empresas que venden el mismo medicamento online por menos de $1 por unidad. Si yo como paciente tuviera derecho de importarlos directamente, mediante una compañía de encomiendas, o si en vez de un monopolista hubiera una docena de empresas que pueden importar y comercializar este medicamento de marca, tuviéramos precios mucho más bajos. La empresa que hoy cobra $3 por unidad de este medicamento, lógicamente tuviera que bajar su precios para poder competir. Mi medicamento costaría entre 1.50 o 2 dólares...

¿Por qué no se puede hacer esto? El Estado pudiera permitir, sin ningún trámite de inspección ni permiso sanitario, la importación libre de cualquier medicamento aprobado por las autoridades de Salud de la Comunidad Europea, de Estados Unidos y de otros países confiables. ¿Para qué crear permisos locales para medicamentos importados, si ya tienen aprobación por parte de autoridades y laboratorios mucho más competentes y rigurosos que nosotros podemos tener?

Abriendo competencia libre, los precios tendrían la tendencia de acercarse a los precios internacionales que, en el caso de medicamentos, son mucho más bajos. Problema resuelto, con una sola intervención del Estado: remover monopolios y privilegios, para que el mercado funcione libremente.

II.
Por muy escandalosos que son los precios de las medicinas en nuestras farmacias, el verdadero escándalo es la escasez de medicinas en el Sistema Nacional de Salud y el Seguro Social. Y esto no depende (o no tendría porqué depender) por nada del distorsionado mercado que actualmente tenemos de medicamentos. No hay ninguna razón porqué el Estado no puede comprar medicinas, a precios de mayoreo, en el mercado internacional, tanto de marcas como genéricas. Puede incluso, para aumentar el volumen y bajar los costos, unirse con los gobiernos centroamericanos para comprar medicinas.

Si el Estado cumpliera con su obligación de proveer medicinas a los usuarios del Sistema Nacional de Salud y del Seguro Social, no sería incluso tan grave el hecho que en el mercado privado las medicinas sean tan exageradamente caras que son. La población con pocos recursos y todos los cotizantes al Seguro Social no estarían obligados a comprar medicinas privadamente. Problema resuelto para la mayoría de la población, sobre todo para los que no tienen cómo pagar por medicinas.

Con el permiso de mi adorada amiga ‘Chabelita’, la ministra de Salud: Da la impresión que el pleito sobre los precios de medicina en el mercado privado, y la gran presión de aprobar una Ley de Medicinas que es una ley de regulación e intervención, han sido llevados a este alto nivel de volumen y de ideologización, para distraernos del verdadera problema: el desabastecimiento de medicinas por parte del Estado y del Seguro Social.

La solución de esta situación crítica y urgentísima, no depende de la aprobación de la Ley de Medicamentos. El Estado no depende de los precios escandalosos que pagamos en las farmacias. Depende de las prioridades que defina el gobierno.

Esto no significa que no necesitemos una Ley de Medicamentos. Por lo contrario, urge. Pero sería preferible una ley que consiga precios accesibles mediante la apertura y liberalización del mercado, no mediante intervenciones del Estado, mucho menos del Ejecutivo, como lo plantea la iniciativa de ley que el gobierno presentó.

(El Diario de Hoy)

"Aquí la voluntad del Jefe es la única Constitución vigente"

Habitualmente ponderado y cuidadoso con los adjetivos, cuando se trata de caracterizar al Gobierno, Pedro Nikken parece haber dejado atrás la mesura propia de los juristas, espoleado, entre otras razones, por la medidas adoptadas contra los diarios El Nacional y Tal Cual. Pero el ex presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos no se ahorra palabras para condenar a la IV República, cuyo “pecado es haber hecho las cosas tan mal que el pueblo se entregó en manos de un militar frenético que conduce al país por una senda de odio y destrucción: “la foto de El Nacional no era falsa, no estaba trucada y se dejó constancia de que había sido tomada en diciembre por un fotógrafo furtivo. Era dura y creo que a nadie le gustó verla, pero refería una realidad concreta. Me hizo recordar una reflexión de la Corte Europea de Derechos Humanos, según la cual para la actividad periodística es legítima, en ocasiones, la exageración e incluso la provocación.

-Era una provocación.

-Una provocación respecto a una realidad. Venezuela está siendo presa de la violencia social en una situación, señalaba Roberto Briceño León, para mofa del señor Izarra, inexplicable si en verdad ha habido progreso social.

-Si luego de 11 años de gobierno las políticas sociales funcionaran los índices de criminalidad deberían haber bajado.

-Así es. La situación social es patética por la pobreza y la marginalidad. Se ha creado una atmósfera de odio y desprecio por el otro, reina la impunidad y no hay ninguna razón para que quien quiera meterse a malandro no consiga trabajo. Ese es el único mercado de trabajo abierto. Gonzalo Barrios dijo que aquí no había razones para no robar. Y eso está ocurriendo. Las únicas razones para no delinquir serían los principios y el respeto espontáneo a la ley. Pero si al irrespeto por el otro y la negación de todo lo que no soy yo, unimos la impunidad, tenemos esos resultados.

-¿Se creó esa realidad “por combustión espontánea”?

-Fue creada por el clima de polarización, condimento esencial del actual proceso político.

-¿Ese contexto justifica la publicación de la fotografía?

-Así es. Se trata de una expresión de la situación que vive el país, transmitida bajo la forma de periodismo gráfico. Puede haber, hay, una dosis legítima de provocación. Pero si no fuera así, el sistema democrático de libertad de expresión, consagrado en la Constitución y en convenios internacionales, permite adoptar medidas ulteriores porque no es “preventivo” sino represivo. Quien comete un abuso debe responder por él, pero luego de la publicación porque la censura, que es el mecanismo preventivo, está prohibido. La única medida de censura previa autorizada es la de los espectáculos públicos. También la Lopna hace referencia a publicaciones que pudieran tener imágenes violentas y en ese caso la portada se tapa..

-El argumento es que se debe garantizar la integridad mental de los niños.

-El interés del niño es la mampara para proteger el interés del Gobierno. Lo que está en juego no es el bienestar del niño, que debería pasar porque se encuentre bien informado. ¿O es que los niños no son personas con todos los derechos? Esa es una conquista de la Convención sobre Derechos del Niño planteados en la Lopna.

-¿No se refieren las leyes que protegen a los menores a horarios solo vigentes para medios audiovisuales?

-En materia de publicaciones gráficas la única referencia es la que cité: ciertas portadas deben taparse. Pero ese no es el caso. Aquí se trata de que no solo se quiere ocultar la realidad a los niños sino a todos, porque esa realidad molesta a quienes tienen la responsabilidad de que vivamos en una sociedad distinta.

-Si la intención de publicar la fotografía consistía en provocar un debate sobre la violencia, un tema que no interesa a la cúpula del poder ¿cómo puede calificarse la reacción del Gobierno?

-El objetivo se logró y eso es bueno ante una indiferencia total. Ya nada importa. En los barrios populares no es extraño que la gente se tope con un cadáver en la calle cuando sale a trabajar. Todo eso se ha convertido en una suerte de aceptación que estaba requiriendo un sacudón a la conciencia, así sea con la brutalidad de una foto tan ruda como esa. El efecto es positivo y legítimo porque nos estamos adormeciendo ante la realidad. Creo que lo único malo del periódico es no haberla publicado antes.

-El Juez, sin embargo, rectificó parcialmente.

-El juez no solo cometió un abuso sino un exabrupto porque no se puede calificar de otra manera presentar una decisión que lo prohíbe todo y a todos, incluso a Vea y demás diarios del oficialismo. Creo que vino un llamado de arriba advirtiéndole que se le había ido la mano. Y eso expresa otra parte de la realidad. Es evidente la frecuencia con que los jueces son destituidos por emitir decisiones que disgustan al Gobierno. El colmo fue el caso de la jueza Afiuni, quien tomó una decisión ajustada a derecho y una hora después asaltaron el tribunal, se la llevaron presa y ahí sigue, luego de que el Presidente vociferara exigiendo 30 años de prisión. En esas circunstancias ¿qué juez se atreve a contradecir al Gobierno?

-¿Reciben órdenes o tratan de adivinar lo que se quiere que decidan?

-En el caso de El Nacional, como se trataba de una solicitud de la Defensoría del Pueblo y del Ministerio, el juez supuso que detrás de todo eso estaba Chávez y lanzó una decisión ultrosa y de alcances inverosímiles. Es grave que uno tenga razones para imaginarse cómo la decisión fue dictada pensando que ese era el deseo del Alto Gobierno. Solo que como éste concluyó que se le había ido la mano, el juez retrocedió. Pero la rectificación parcial no resuelve el problema porque a dos periódicos (Tal Cual y El Nacional) se les mantiene la medida. Eso nos indica cómo todo está dirigido a satisfacer lo que él piensa, es la voluntad del Jefe, la única Constitución que rige en Venezuela.

-Si Chávez es el comandante en jefe de las FAN, jefe del Parlamento, del Poder Judicial y demás poderes, ¿no termina siendo una especie de monarca?

-Aquí no solo la democracia está en peligro, sino el concepto mismo de república. Esta insurgió, en los tiempos modernos, como parte de la abolición del absolutismo. Es, por tanto democracia, separación de poderes y una serie de factores para abolir el poder absoluto de los reyes. Pero el concepto de república moderna se pone en riesgo cada vez que aparece una monarquía, no precisamente constitucional ni democrática sino una monarquía con toda la barba de las monarquías tradicionales, donde el poder se concentra en el monarca.

-¿El rey Caribe y su monarquía llanera y tropical?

-Para eso no hace falta una Casa Real, (aunque a veces parece que la hubiera), ni que la Corona se herede. Esos rasgos no están establecidos en todos los reinos. La esencia de la monarquía está en la concentración absoluta del poder en cabeza de una persona.

-En la Corea del socialismo “real”, el hijo heredó el poder que le dejó el padre.

-Sí. Sobre eso se podría conversar mucho. Stalin, por ejemplo, llegó a la conclusión de que Rusia no podía ser gobernada sino por un zar y él actuó como tal, ejerciendo el poder con tanta o mayor ferocidad que sus antecesores. En Venezuela los poderes públicos son como las Fuerzas Armadas: obedientes y no deliberantes.

-¿Se puede cambiar esa situación por métodos democráticos?

-Es imposible por métodos no democráticos, y hay que insistir en los democráticos hasta la saciedad. Las elecciones del 26S nos van a colocar en una situación complicada porque si la oposición, con el PPT, saca más votos que el Gobierno y obtiene un número menor de diputados por la manipulación de los circuitos, se plantea una tremenda crisis de legitimidad. Es obvio que eso podría influir en los resultados de las presidenciales, pero entre una y otra elección se puede generar una crisis política muy fuerte porque en ese escenario quienes creen en la salida de fuerza tendrían en sus manos el argumento de la ilegitimidad. Para el Gobierno es preferible lidiar con un parlamento de oposición antes que con uno mayoritario no representativo de la mayoría. Ojalá que el resultado desfavorable al Gobierno se traduzca en una mayoría de oposición, porque eso plantearía un nuevo esquema y ya veríamos como reacciona el Presidente, ante esa correlación de fuerzas.

(El Universal / Venezuela)

Manhattan, la mezquita, la estrella y la cruz

Los momentos de calma en mi ciudad natal, Nueva York, son escasos. La policía tuvo que separar a dos grupos opuestos de manifestantes en el lugar donde se ha previsto construir un centro para la comunidad islámica y que se llamará Cordoba Center. Está a dos manzanas de distancia del World Trade Center, pero para los enfurecidos defensores de la sagrada memoria del ataque del 11 de septiembre de 2001, si estuviera a dos millas estaría demasiado cerca.

El asunto no es precisamente de primordial importancia para la mayor parte de los ciudadanos, agobiados por el desempleo o por la amenaza de padecerlo, pero una mayoría de norteamericanos declara preferir que el centro esté en otro sitio. Lo que muy bien puede querer decir que en ningún sitio.

La CIA ha descubierto ahora otra amenaza de Al Qaeda en Yemen, lo que requeriría una ampliación de la guerra contra el islam que ya hay en Afganistán, Irak, Pakistán y Somalia. La amarga controversia sobre el centro islámico en Nueva York se ve reforzada por nuestra capacidad nacional para encontrar enemigos por todas partes. (¿Cuándo nos llamará la atención algún norteamericano itinerante sobre los peligros implícitos en la cocina de El Caballo Rojo de Córdoba..?).

La degradación de nuestros estándares intelectuales nacionales continúa. En su última edición, la revista Foreign Affairs concede su espacio a dos escritores hostiles al islam cuyo rasgo común es su ignorancia sobre el mismo. Pero "hay un método en su locura": estamos padeciendo una decidida campaña por parte de un sector de nuestra élite imperial en favor de la guerra contra Irán. Los europeos puede que estén perplejos. ¿Acaso no se les ha dicho (por fuentes norteamericanas, ya sean oficiales como extraoficiales) que somos un modelo de multiculturalismo, de integración de diversas corrientes de inmigración en un consenso nacional?

En realidad, solo a partir de 1964 han podido ejercer los afroamericanos de los Estados sureños un derecho al voto que nominalmente poseían desde hacía un siglo. Hasta que no tuvo lugar en 1945 una ardua campaña de la comunidad judía (ayudada por el sentimiento de culpa de nuestras informales leyes de Núremberg) a menudo y en diversos lugares se denegaba a los judíos el derecho a comprar propiedades, al empleo y a matricularse en la universidad. Ciudadanos norteamericanos de origenjaponés fueron encerrados en campos de concentración en 1942 y los tribunales rechazaron su reparación legal. Las mujeres obtuvieron el voto en 1919 pero los Estados sureños (claramente inquietos por si la pérdida de la supremacía del macho obraba en perjuicio de la supremacía del blanco) pusieron todo su empeño en bloquear el proceso. Toda una serie de Chinese Exclusion Acts impidió conceder la ciudadanía a los inmigrantes chinos desde 1882 hasta 1943.

El más antiguo de los filmes clásicos americanos, El nacimiento de una nación (1915), celebraba la resistencia a la concesión de los derechos civiles de los antiguos esclavos en el Sur, protagonizada por las figuras encapuchadas del Ku Klux Klan. Con el tiempo el Klan adquirió una dimensión nacional y en 1925 contaba con tres millones de miembros desplegados por todo el país, con capacidad para elegir a congresistas, senadores y gobernadores. Además de oponerse a los derechos para los afroamericanos, era virulentamente anticatólico y antisemita.

Cuando el reformista gobernador de Nueva York Al Smith, hijo de inmigrantes irlandeses, concurrió a la presidencia en 1928, fue derrotado de manera humillante. John Kennedy sigue siendo nuestro único presidente católico, pero no se presentó como tal, sino como un patricio de Harvard y un héroe de guerra.

La inmigración, durante el siglo XIX y comienzos del XX, de millones de católicos irlandeses, italianos y eslavos, así como de ortodoxos griegos y armenios, fue recibida con amargos prejuicios y, a veces, con violencia. Transcurrió un tiempo considerable antes de que los inmigrantes y sus descendientes se unieran en defensa de sus derechos a las oportunidades económicas y a la igualdad cívica, mediante el movimiento sindical y el New Deal de Franklin Roosevelt.

A menudo los perseguidos respondían no con solidaridad hacia los otros grupos desfavorecidos sino con miedo hacia aquellos aún más despreciados que ellos mismos. Las tropas del victorioso Ejército del Norte en Gettysburg tuvieron que acudir a Nueva York en 1863 para detener los enfrentamientos entre los empobrecidos inmigrantes irlandeses y los negros. Quienes hayan visto la serie de televisión Los Soprano son conscientes de que a los ciudadanos norteamericanos de origen italiano no se les representa precisamente como a los descendientes espirituales de Dante. Sea por lo que fuere, las campañas xenófobas contemporáneas contra los emigrantes suelen estar dirigidas con frecuencia por americanos de ascendencia italiana.

Las figuras más toscas, moralmente hablando, de la política norteamericana, la ex gobernadora Palin, y el antiguo speaker de la Cámara, Newt Gingrich, se cuentan entre quienes denuncian a voz en grito el proyecto del centro islámico en Manhattan. Si bien es posible que Palin crea realmente lo que dice, Gingrich es absolutamente cínico.

A ellos puede añadirse un número impreciso de partidarios de Israel, para los que cualquier conflicto con el islam resulta útil. Luego están los viejos partidarios de la guerra de Irak que se agrupan en torno a Cheney. Los protestantes fundamentalistas, para quienes cualquier cruzada contra otros está teológicamente justificada, forman también parte de esta miserable procesión...

Un sector inteligente de nuestra élite imperial se queja de que uno no puede ganarse el apoyo de las poblaciones de los países islámicos si trata con desprecio a los inmigrantes islámicos en Estados Unidos. El argumento sería efectivo si nuestra darwiniana cultura no hubiera privilegiado las más profundas vetas de odio de nuestra psique nacional.

(El País/Madrid)

Carta a los jóvenes de la iniciativa ‘Medio Lleno’

¡Queridos bichos!

Gracias por invitarme a la clausura de su evento ‘Mediollénate’, donde 80 jóvenes discutieron el futuro del país. Y presentaron propuestas.

Ante los profundos problemas del país, lo que la gente normalmente presenta son peticiones, denuncias, quejas. Ustedes no. Ustedes presentan propuestas. Los felicito.

De paso sea dicho, me llega su nombre: ‘Medio Lleno’. Es mil veces mejor que ‘Medio Vacío’, sobre todo cuando son jóvenes que así vean el mundo. Ver el vaso medio lleno y no medio vacío significa: futuro, reto, coraje... Ver el vaso medio vacío significa: resignación, sentirse víctima, cobardía...

No es cuestión de optimismo contra pesimismo. Siempre sospecho de los optimistas, pero tampoco soporto a los pesimistas.

Lo de ‘medio vacío’ contra ‘medio lleno’ enfoca en la diferencia entre lamentar los males de la vida - o asumir la responsabilidad de mejorar las cosas.

Ustedes decidieron asumir el desafío y hacerle huevo a la realidad, en vez de llorar sobre la lecha derramada. Esto es lo que el país necesita: jóvenes que dicen “estamos listos para hacernos cargo”. Me gustaría que dieron un paso más adelante y dijeran: “¡Apártense!, aquí venimos los que no estamos jodidos por los traumas ni los dogmas de nuestros padres que hicieron la guerra...”

Suerte, bichos. Les saluda Paolo Lüers

(Más!)

Un informe recomienda reformar el grupo del clima de la ONU para evitar nuevos errores

Agencias | ELMUNDO.es | Nueva York

El Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático (IPCC) de la ONU necesita introducir cambios estructurales en su forma de trabajar para evitar que sus informes contengan errores como los que han puesto en entredicho su credibilidad. Así lo considera un informe independiente que ha revisado el trabajo de este organismo de la ONU y que ha sido hecho público este lunes en Nueva York.

Según este informe, los científicos de la ONU debería hacer predicciones sólo cuando disponen de pruebas científicas sólidas. Asimismo, el grupo internacional de expertos que han revisado la labor del IPCC sugiere que este organismo debería evitar hacer recomendaciones a políticos.

El informe considera que el límite actual de 12 años en el cargo (en dos mandatos de seis años) para el director del IPCC es demasiado largo y debería acortarse. En la actualidad este puesto está ocupado por el científico indio Rajendra Pachauri, que ha sido el principal blanco de las críticas de quienes consideran que se ha exagerado la existencia del cambio climático.

Los expertos recomiendan también introducir otros cambios en la dirección, como la creación de un comité ejecutivo que incluya a algunos miembros que no pertenezcan al IPCC.

SIGUE en: http://www.elmundo.es/elmundo/2010/08/30/ciencia/1283166752.html