¿POR EL MAÑANA QUE TÚ QUIERES?

Si el título de la columna de esta semana le parece familiar, no se sorprenda, es el eslogan de AFP Confía. Claro al eslogan le he agregado los signos de interrogación. ¿Porqué los signos? Pues, la respuesta es simple, es producto de mi duda en el sistema de pensiones.

La pensión es el derecho que tienen todos los afiliados de una AFP y/o sus beneficiarios a recibir mensualmente una suma de dinero al momento del retiro. Pero imagínese que usted es un hombre de 62 años y solamente tiene 18 años y 6 meses de estar dentro del sistema de ahorro de pensiones, es decir, de estar cotizando primero en el ISSS (Instituto Salvadoreño del Seguro Social) y luego en una AFP (Administradora de Fondo de Pensiones). Con suerte -y más bien debería decir, con mucha suerte- puede encontrarse a esa edad aún laborando en una empresa. Siguiendo con el ejemplo de nuestro amigo, el día de pago le llaman de recursos humanos y le manifiestan que la AFP a la cual está suscrito no quiere recibir su cuota mensual de afiliado y pide que se haga presente a la mayor brevedad posible a sus oficinas. Estando en las oficinas de la AFP le informan que ha superado la edad para jubilarse, algo que nuestro amigo sabía de sobra. Pero (nunca faltan los “peros” en la vida) le notifican que no cumple con un requisito de ley para pensionarse, no tiene los 25 años de servicio mínimo. Una nota aclaratoria, cuando hablan de “años de servicio” no hacen referencia a años de trabajo, sino años de cotización.

Ante tal eventualidad de ley, le anuncian que por ser un trabajador de bajo salario (nuestro amigo ganaba dos salarios mínimos) su ahorro de pensión es poco, en palabras más sofisticadas, es insuficiente para cubrir una pensión digna. Obviamente es una mala noticia para nuestro amigo. De un día para otro ve como ese mañana prometido por el eslogan comienza a esfumarse en las olas del mar (si se ha fijado en los anuncios de la AFP, muchos de ellos son en la playa, de ahí la frase poética). Aún falta más: La desagradable sorpresa es que la AFP quiere devolverle todo su dinero ahorrado, es decir, sacarlo del sistema, con lo cual la AFP se libera del compromiso de brindarle una pensión a su afiliado.

A esta altura nuestro amigo se encuentra literalmente desamparado, sabe que es el último año que estará en la empresa, ya que por política de la misma, a personas de su edad no se les renueva el contrato. Además, lo que tiene ahorrado en la AFP no sobrepasa los $3,000. Qué hace una persona con más de 60 años, que aún le queden varios años de vida (la esperanza de vida en el sistema de ahorro de pensiones es de 75 años), con la certeza de que le será imposible conseguir un nuevo empleo, debido a su edad y que esa añorada pensión se esfumó. Bueno, en realidad tiene cerca de $3,000, dinero que no le durará mucho.

No crea que el hecho de identificar a la persona del ejemplo como un hombre significa que solo ellos sean los únicos que sufren este problema, las mujeres también. Lo único que cambia es la edad de retiro, para ellas es de 55 años. Este ejemplo no es único, de seguro usted conocerá a alguien en su colonia, en su trabajo o incluso un familiar suyo que este pasando la misma situación.

Ahora bien, que negocio para las AFP. Por ley los asalariados están obligados a cotizar en una de ellas y se deben de pagar una comisión por el manejo de su dinero, comisión que no es nada pequeña. Para que un día se le notifique, al igual que a nuestro amigo, que le será devuelto su dinero ahorrado. Por supuesto, menos la comisión a la AFP. Es decir, le ha pagado a una empresa durante varios años, en espera de un servicio que al final no se da - y hasta la fecha nadie ha dicho nada. Ya sería más conveniente que cada asalariado por ley abriera una cuenta bancaria, en la cual depositara una cuota para su retiro, cuenta de la cual solo se podrá retirar los fondos una vez cumplido cierta edad. En este caso, lo correspondiente a la comisión por manejo de fondos que cobra la AFP sería un dinero que el asalariado también acumularía en su propia cuenta.

Como ya dije anteriormente, este ejemplo no es único. Además me pongo a pensar en que situación se van a encontrar todas aquellas personas que están en el sector informal, que no cotizan a una AFP, es decir, que ya están fuera del sistema. Me pongo a pensar en los profesionales que trabajan en modalidad de consultoría y que por tanto no cotizan a la AFP y en los jóvenes para los cuales la búsqueda de empleo no es fácil.

Este es para mí -y creo para muchos salvadoreños- un tema que requiere una reflexión seria, es un tema que necesita una respuesta por parte de las instituciones del gobierno; y más aún, es un tema que debe de estar en un programa de gobierno 2009 – 2014. Incluyendo propuestas reales a los problemas de los salvadoreños en los programas de gobierno es como se ganan los votos, no con propaganda, no con carteles de oposición en el seno de la asamblea, no con alianzas de la sociedad civil.

Columna transversal: ¿QUIÉN DICE QUE EL CENTRO ESTÁ PERDIDO?

En 2009, en San Salvador eligieron a un alcalde que básicamente había prometido en su campaña una sola cosa: devolverle al pueblo el centro de la ciudad.

El mismo año, se eligió presidente de la República a una señora que entre sus cinco proyectos prioritarios que presentó en la campaña, tenía como número 3: Romper el hielo con la alcaldía de San Salvador, independientemente que partido gane, para revitalizar el centro de la ciudad.

Resulta que los dos habían vivido los mejores años de su juventud en ciudades universitarias extranjeras. Sabían perfectamente lo importante que es tener vida urbana, espacios públicos seguros y comunicativos, y sobre todo, habían vivido a plenitud la belleza de la vida urbana estudiantil.

En el mismo mes de tomar posesión los dos -uno de la alcaldía, una del gobierno- presidente y alcalde se reunieron para discutir cómo proceder con esta tarea, por muchos declarada imposible, de restituir el centro capitalino en sus funciones sociales, culturales, comerciales y comunicativas. Decidieron tres grandes proyectos, todos interdependientes.

El primero: convertir el centro en una ciudad del saber. Construir en el centro universidades, centros de investigación de las universidades y de la empresa privada, villas estudiantiles.

El segundo, incentivar a las grandes empresas de urbanización que construyan en el centro varios centros comerciales, entre grandes y pequeños, con los mejores y más modernos diseños arquitectónicos.

El tercero: obras de infraestructura dentro y alrededor del centro capitalino que aseguran la logística, la comunicación vial, la recreación. Esto incluye docenas de parqueos grandes y seguros; accesos logísticos subterráneos; parques, canchas, piscinas, centros culturales. Este sistema convierte una buena parte del centro en zona peatonal, otra parte en zona verde.

La primera acción que se tomó es nombrar una comisión de urbanistas, arquitectos, historiadores, sociólogos, quienes comenzaron a analizar cuáles zonas del centro había que conservar; y cuáles podían ser disponibles para los diferentes usos: comercial, académico, residencial y recreativo. La comisión determinó que casi el 60% de los edificios podían ser demolidos para dar espacio a construcciones modernas, zonas verdes o parqueos.

Se creó una corporación de derecho público que empezó, con fondos del gobierno, de la alcaldía, de cooperación internacional y de préstamos concertados entre todos los partidos a comprar todos los terrenos que se podía en el centro. Bloques enteros. Para facilitar esto, se concertó una Ley Especial para la Recuperación del Centro, en la cual se definen los nuevos usos de los terrenos recomendados por la Comisión de expertos. Esta ley también permitió nacionalizar terrenos en el centro siempre y cuando sus propietarios no le estaban dando los usos adecuados, o cuando sean requeridos para proyectos de interés nacional, como los tres proyectos para el centro.

Dentro de poco –a finales del año 2011- la corporación ya dispuso de los terrenos para los parqueos, los parques, para la conservación de las partes históricas, para la reconversión en residencias, sobre todo residencias estudiantiles, para la ciudad del saber, y para los centros comerciales.

Paralelamente, los dos gobernantes negociaron con la empresa privada la planificación de los centros comerciales, en base de la decisión política de seriamente restringir la otorgación de permisos para proyectos de centros comerciales fuera de la intervención urbanística del centro; y crear toda una gama de incentivos para proyectos comerciales en el centro: extensiones de impuestos a lago lazo; garantías estatales para préstamos; terrenos baratos y previstos de todos los servicios, etc.

Resultó que el mayor operador de centros comerciales del país no estaba interesado. Sus malls ubicados en la periferia del centro y en periferia de la ciudad eran exitosos precisamente por la decadencia del centro histórico. Sus malls pretendían sustituir al centro histórico como zona peatonal, como lugar de comunicación social. Entonces, los dos gobernantes decidieron hacer algo inusual: promover un consorcio de medianas empresas salvadoreños que junto con inversionistas extranjeros grandes estaba dispuesto a construir tres mega-malls y una serie de pequeños malls en el centro. Algunos de los malls iban a ser de carácter popular y tener la función de asumir gran parte de los negocios informales. Otros malls iban a ser de alta categoría y cumplir la función de volver a atraer al centro los públicos pudientes.

Paralelamente, los dos gobiernos formaron una comisión especial para la ciudad del saber, junto con las autoridades de las principales universidades y varias empresas interesadas en investigación, y con la participación de expertos internacionales, sobre todo de Japón, país que se convirtió en el majar patrocinador del proyecto ciudad del saber.

Se decidió crear, en la zona aledaña a los hospitales Roosevelt y Maternidad, un centro de enseñanza e investigación médica, concentrando ahí las escuelas de medicina de varias universidades, construyendo hospitales universitarios, y combinando todo esto con laboratorios tanto de las universidades como de la industria.

Además la Corporación Centro donó un terreno grande, aledaño a la Universidad Tecnológica, a la estatal Universidad de El Salvador para un segundo campus, dedicado principalmente a institutos de investigación, laboratorios, y las carreras de ciencias naturales e ingeniería. También cinco universidades privadas, aparte de las dos que ya tenían años de funcionar en el centro, adquirieron terrenos para construir dependencias en el centro. En pocos años, no menos de 50 mil jóvenes estudiarán en el centro de San Salvador.

A la par de las universidades, se proyectó el parque cultural, donde se construirán las escuelas nacionales de teatro, música, cine y danza. El parque cultural dispondrá además de salas para conciertos y funciones de teatro, cine y se convertirá en la sede de la nueva Biblioteca Nacional y del nuevo Museo Salvadoreño de Artes Plásticas. Todas estas estructuras serán integradas en una zona verde con canchas, piscinas y cafés al aire libre.

En el año 2014, cuando a los salvadoreños les tocó nuevamente elegir presidente, las leyes especiales para el centro ya estaban dictadas; las comisiones a habían presentado sus recomendaciones; los terrenos ya estaban comprados y redistribuidos; los planos ya estaban terminados y públicamente discutidos; las alianzas políticas, comerciales, financieras ya estaban forjadas; algunos trabajos ya estaban en marcha. El alcalde electo en 2009 y reelecto en 2012 se convirtió en presidente de la República, con gran mayoría. El primer nombramiento que hizo fue la Comisionada Presidencial para Urbanismo, y la ex-presidenta de la República aceptó el cargo.

De paso sea dicho, los dos gobernantes pertenecían a diferentes partidos.

Quedan dos interrogantes. Uno, ¿cómo resolver el problema con los miles de vendedores ambulantes que antes usurpaban el centro? Bueno, este problema se volvió manejable y encontró soluciones a partir del momento que existía un plan integral para el centro con consenso amplio para ejecutarlo. Mientras no había una visión de cómo revitalizar el centro, obviamente nadie podía con el poder de la anarquía.

La segunda interrogante: ¿No es absolutamente utópico este cuento? La respuesta: Sí, pero esto no significa que no puede ser factible.

TODAVÍA CREO EN EL FRENTE

Mi reflexión sobre la izquierda no viene desde el ejercicio teórico en un despacho de universidad europea. No viene por entender a Marx o haber leído a Trotsky. Viene más profundo que eso. Yo no anduve cargando un fusil, ni participe en ningún levantamiento campesino. A mi me toco vivir en el exilio, en Nicaragua, en el régimen sandinista. Mis recuerdos de esa época son muy buenos, me acuerdo de vivir en una Nicaragua sin delincuencia, donde podía pasear por las calles yo solo como un “chabalo” cualquiera. De vivir en una época de ideales revolucionarios, donde la utopía era posible. Donde mi familia estaba involucrada en construir ese ideal. Y donde mi familia más amplia eran amigos como Esteban, el Chele Tano o Rodrigón; o Evelyn o la María a la que quiero tanto.

Sé lo que significa vivir con las colas de seis horas para que te den dos cupones para los pollos y hacer otras seis horas de cola para que te den los pollos. Conozco la alegría de cuando llegaba un barco búlgaro con productos que no teníamos, como la crema humectante para la piel. No crecí viendo las caricaturas que vieron mis amigos de hoy en día, veía al “osito misha”. Así que ahora al pensar en la izquierda lo hago desde la experiencia de haber vivido en un intento revolucionario.

Me duele mucho ver como se han olvidado de ese verdadero sentimiento revolucionario. Donde la lucha y el sacrificio que hacían eran para que El Salvador fuera un país mejor, donde los salvadoreños y nosotros los niños de esa época tuviéramos un futuro mejor. Me duele mucho que ahora el discurso de alguna gente del Frente sea cercano a Hugo Chávez. Ya quisiera ver que en aquella época se hubiera pensando en estar cerca de un régimen militar. Chávez de rojo sólo tiene las consignas y la camisa. Es realmente pavoroso que muchas personas piensen que ése es el ideal revolucionario del siglo XXI. Acá en El Salvador una de las razones más importantes para iniciar el levantamiento armado fue que le ponían bombas a los medios de comunicación y los cerraban, donde el que disentía era encarcelado o desaparecía. Pues ahora Chávez no le renueva el derecho de utilización de frecuencia a un canal de televisión que dice lo contrario a él, y el Frente acá no se pronuncia fuerte y en contra de esa ofensa a la libertad de expresión. Yo puedo hablar muy mal de la programación de RCTV, pero no por eso los voy callar.

Me es muy difícil creer que esta gente que estaba trabajando para crear este nuevo futuro para El Salvador ahora no pueda hacer el bien para los salvadoreños. Que se tengan que escudar en consignas viejas y en esquemas imprácticos, porque no se atreven a tomar la responsabilidad de crear un mejor El Salvador. Este nuevo país pasa por crear opciones para los salvadoreños, por proponer alternativas viables, por crear unos nuevos y mejores ciudadanos. No por crear incitadores a la violencia, no por crear pretextos. Parece ser que en esta nueva discusión sobre el candidato para el 2009 están más convencidos por optar por alguien que no puede ganar, pero que mantenga una pureza falsa de pensamiento, en lugar de plantearse verdaderamente cómo van a hacer para gobernar.

Es sumamente difícil para mí comprender porqué en este momento en que hemos tenido uno de los peores gobiernos de ARENA, donde huele a corrupción por donde quieras mirar, donde ha existido un discurso y una publicidad, pero casi nada más, no hay un claro panorama a favor de una opción de izquierda o de cambio; y porqué ahora que existe esta oportunidad, el Frente no esté creando una alternativa, sino que piense en conservar una pureza de pensamiento falsa. Si el único ideal verdadero es tratar de hacer que el pueblo esté mejor, que exista un gobierno que ya no va a pensar en los empresarios y comience a pensar en los empleados, que exista un gobierno que promueva que en El Salvador sí existe un futuro y no que esté pensando que las remesas le seguirán subvencionando.

Tanta lucha por tener elecciones libres y ahora por migajas políticas tenemos un mal tribunal electoral y no realizamos las reformas al sistema que necesitamos. No me quiero ni imaginar que pasaría si en las elecciones presidenciales tenemos una contienda tan apretada como la que hubo para alcalde de San Salvador. No me quiero imaginar, con la derecha que tenemos ahora y con el miedo que le inspira el Frente intransigente, lo que puede pasar.

Me gustaría pensar que esta gente que yo consideraba casi mi familia ahora sigue pensando en el pueblo y tratar de hacer lo mejor por el pueblo, no en tener un cargo en la asamblea o en alguna alcaldía. Me gustaría que así como han sacado a la gente que tuvo diferencias ideológicas con ellos, ahora saquen a todos aquellos que han perdido el rumbo. Se que existe gente dentro del Frente que puede generar el cambio. Lo necesitamos como país. Creo que no me equivoco y que son capaces de hacerlo, ¿o la causa ya está perdida?

EL SALVADOR, DEMASIADO RESUMIDO

El 10 de agosto del presente año, la Prensa Gráfica publicó, en su edición especial para los jóvenes salvadoreños (elaborada en ocasión de la celebración del Día de la Juventud, 12 de agosto), el artículo de opinión “El Salvador en resumen” donde se hace una reflexión “macro” sobre la situación de los jóvenes en el país. Su autor, José Carlos Dutriz tiene 19 años, es estudiante de periodismo e hijo de José Roberto Dutriz, principal accionista y director ejecutivo de ese mismo periódico.

Uno de los puntos al que refería este artículo es el tema de la educación moral y los valores. De acuerdo al joven José Carlos, esta innegable responsabilidad debe estar en manos de los padres. Estoy de acuerdo, aunque yo creo, además, que le corresponde también al Estado la transmisión de esos valores en la escuela como parte de un proceso de aprendizaje y socialización del ser humano en su crecimiento.

Pero lo que hay que recordar aquí, es que la situación de la mayoría de nuestros jóvenes, no es una familia integrada por los dos padres, sino familias segregadas por la masiva emigración hacia Estados Unidos en busca de trabajo. Que hay una masa de jóvenes que, aunque reciben las remesas de sus familiares, se vuelven improductivos sin ninguna motivación más que viajar hacia Norteamérica en un futuro cercano. Otros muchos se unen a las pandillas.

No podemos hablar de responsabilidades que recaen en el núcleo familiar, cuando este casi no existe.

Es cierto, cuando en el artículo se afirma que una de las herramientas más poderosas para sacar al país adelante es la educación, que nuestra población necesita conocer conceptos políticos básicos para poder elegir, para poder emitir su voto.

El problema aquí son los jóvenes que simplemente no pueden ir a la escuela, los que desertan de la educación, porque tienen la obligación de ir a trabajar para mantener a sus familias. La pobreza que no deja más elección que trabajar o, simplemente, no se come. El problema son los jóvenes que reciben la "otra" educación en la pandilla, una familia que les enseña los “antivalores” que sirven para sobrevivir día a día con la realidad de las calles de nuestro pequeño país.

Yo también creo que los jóvenes deben estudiar lo que quieren, pero para llegar ahí, lo primero es que el Estado les proporcione esas oportunidades sin tener que preocuparse por las necesidades mínimas para sobrevivir. El problema es a nivel nacional, a nivel de un gobierno que debe asegurar el acceso a la educación y garantizar la calidad de los contenidos que se dan en las aulas. Un gobierno que debe conseguir que estas familias no emigren dándoles oportunidades de trabajo a todos para que dejemos de exportar gente.

En el artículo se habla de jóvenes profesionales preparados, pero antes debemos asegurar que los niños y niñas vayan a la escuela primaria y terminen su bachillerato. Después hablemos del ingreso a la educación “superior”. Superior resuena entre los jóvenes sin oportunidades como un eco vacío, como el último escalón de una larga escalera imposible de subir.

La “sobreproducción de graduados en ciertas carreras, elegidas por tradición o por perspectivas de lucro” que menciona Juan Carlos Dutriz en su artículo, no es debida a la mala elección de nuestros jóvenes, a nivel individual, sino a que la oferta académica de la educación superior es limitada y obsoleta. A eso, y a que una vez finalizada la carrera no se encuentra acceso al mercado laboral, condicionado por nuestra economía impulsadora de mano de obra barata y no especializada.

Finalmente, el artículo se refiere al tema de la libertad de expresión, o "derecho fundamental de todo individuo de expresar sus ideas libremente, por tanto sin censura", según al artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Sin duda el nivel de libertad de expresión que hemos logrado los salvadoreños después de los Acuerdos de Paz es enorme en comparación con la represión que existía durante y antes de la guerra civil. Pero esta idea de libertad de expresión es corta. Hay que seguir desarrollando este derecho recuperado en los Acuerdos. Hoy en día, es evidente que en las redacciones de este país se censuran notas periodísticas objetivas y de gran calidad de investigación por no seguir la línea editorial del propietario del periódico. Cualquier lector de periódicos puede observar que las notas periodísticas peor sustentadas, y más sospechosas de estar intencionadamente sesgadas, no suelen llevar firma de ningún periodista.

Yo creo que podemos decir que en un país hay libertad de expresión en la medida que los espacios de difusión (en nuestra sociedad, los medios de comunicación) están distribuidos equitativamente entre personas diversas, con condiciones y pensamientos diversos sin prevalencia de una sola posición, política, económica, étnica, territorial, etc. Es una mala señal, entonces, que quien reciba la posibilidad de escribir la primera de las notas de opinión de una edición de un periódico dedicada a los jóvenes, sea el hijo del dueño.