Tercera carta de Oslo

Cuando ustedes lean esto, ya estaré de regreso en El Salvador. Cansado, luego de este viaje relámpago a participar, a invitación del gobierno de Noruega, en el Oslo Forum 2013 sobre la búsqueda de soluciones a conflictos violentos. Dos días largos de exposiciones, debates, controversias, reflexiones, intercambios con expertos de todo el mundo.


Habían invitado al embajador Adam Blackwell, de la Organización de Estados Americanos; al analista norteamericano Steven Dudley, de ‘Insight Crime’; y a mi, en mi calidad de miembro del Comité Técnico de Coordinación del Proceso de Reducción de la Violencia en El Salvador, para conocer y discutir el caso de El Salvador, donde una extraña tregua entre pandillas abrió la oportunidad histórica para construir un proceso de paz.

Bueno, esto es lo que yo les conté... La primera pregunta que tuve que enfrentar fue: Aquí en Oslo estamos discutiendo guerras internas, insurrecciones, conflictos bélicos de origen religioso, étnico o ideológico... ¿que tiene que ver con esto un problema de seguridad pública como sus pandillas criminales?

La mejor respuesta la dio una reconocida experta en justicia internacional: “Si en un país de 6 millones se mueren 4 mil personas cada año por homicidio, este país tiene un conflicto violento. Y si por intervención de mediadores, los principales generadores de esta violencia letal deciden desarmar esta escalada de violencia-represión-más violencia y logran durante 15 meses reducir la cantidad de asesinatos a la mitad, este país tiene un proceso de paz en pleno desarrollo. Bienvenidos a Oslo.”

Enfrentamos en Oslo las mismas dudas que existen en la sociedad salvadoreña. Pero también el mismo entusiasmo que se provoca cuando las personas se despojan de sus prejuicios y resentimientos y comienzan a ver el potencial de este proceso.

Me encontré a un padre jesuita que acaba de tener que huir de su país en plena guerra civil. La primera noche me declaró loco - con los mismos argumentos que en El Salvador me encuentro todos los días: “¿Cómo se atreven a dialogar con criminales, que no tienen ni siquiera una razón religiosa o política para matar?” Le dije: “¿Y tú prefieres que te maten acompañado de sermón sectario?” Se armó en ira y se fue...

Luego de nuestro Foro sobre la tregua de pandillas, retomamos la plática, y el padre me dijo: “Quisiera cambiar a los fanáticos religiosos e ideológicos, que todo el mundo reconoce como fuerza beligerante y hace cola para negociar con ellos, con tus pandilleros salvadoreños que matan sin causa y comienzan a entenderlo.”

Este mismo padre me contó que en Semana Santa del año 1980 visitó Roma. Quería alertar al papa de una masacre de 30 mil civiles cometida en su país. Nadie lo recibió. Nadie le hizo caso. Pero se encontró con tres mujeres salvadoreñas que andaban igual de desesperadas: querían pedir al papa que hablara en la misa de Semana Santa de monseñor Romero. E igual, Roma no les hizo caso. Terminaron orando juntos, en un monasterio de Roma, por la paz en sus dos países. El padre terminó su cuento diciéndome: “Hoy parece que tenemos un papa que sí hace caso a los que luchamos por la paz. Mando un abrazo a los salvadoreños, y un mensaje: Los que más sufrimos en este mundo de guerras, los que más sabemos apreciar al valor de la paz, estamos con ustedes. Vayan adelante, con paciencia, incluso con los escépticos. Si yo vine aquí escéptico, casi cínico, y ustedes terminaron dándome esperanza que en mi país no se ve.”

Mensaje transmitido. Gracias, padre. Paolo Lüers
(Más!/EDH) 

Video sobre el Oslo Forum (en general, no sobre el recién realizado en junio 2013):

Carta de Oslo (2)

Siria es el gran tema en esta conferencia internacional sobre mediación de conflictos violentos en Oslo, a la cual fui invitado por el gobierno de Noruega. En el podio del debate inaugural: el canciller de Noruega, el mediador oficial para Siria de Naciones Unidas y de la Liga Árabe, y una canadiense que durante años fue fiscal jefe de la Corte Penal Internacional en La Haya. La pregunta que inmediatamente se sitúa en el centro de la discusión: Mediando en Siria, ¿qué sentido tiene? ¿Buscar un entendimiento y un futuro común entre el régimen de Assad y la oposición? ¿O sólo se trata de facilitar la salida de Assad del poder y del país, sin prolongación de la guerra interna, para luego negociar entre todos los demás todos los demás problemas y conflictos? Es obvio que es lo segundo. Incluso en términos más prácticos: se trata de endulzarle la salida al dictador, salvándole la cara.


Lo de Siria ha ida tan lejos en términos de vidas perdidas (150 mil) y existencias destruidas (5 millones), que democracia y pluralismo ya no son negociables. Demasiado han invertido la gente de Siria para quedarse con menos. Sólo falta negociar cómo establecerlos lo más pronto y menos costoso posible. 

El siguiente tema: Colombia, las negociaciones entre el gobierno de Santos y las FARC; el rol de nuestro anfitrión Noruega como mediador, junto a Cuba. Una pregunta parecida: ¿Qué más que una rendición elegante y no humillante de las FARC se puede conseguir mediando en este conflicto? Nada.

Alguien pregunta: Si la guerrilla colombiana ya está derrotada, ¿por qué negociar con ella? Un catedrático colombiano lo explica de manera convincente: primero, porque es importante negociar el fin de la violencia política, para de una vez por todo quitarle a los que siguen usando la violencia criminal cualquier justificación ideológica; y segundo, para evitar que el gobierno salga ganando la guerra, porque si esto pasa, nunca se van a discutir en Colombia la necesidad de reformas sociales y las horribles violaciones de derechos humanos por parte de los militares.

Surgen dos grandes tabúes: amnistía e impunidad. ¿Es posible llegar a un acuerdo de paz que incluya que todas las partes (FARC, ejército, paramilitares) se sometan a la justicia penal y paguen por los crímenes y violaciones a los derechos humanos cometidos? Para la mayoría de los presentes, amnistía es mala palabra. Así como en ciertos círculos en El Salvador, todavía, a pesar de que la amnistía nos permitió parar la violencia política. Cuando yo les dije a los colombianos: Si en serio quieren un acuerdo de paz, estén preparados a pagar el costo: una amnistía que permite a los guerrilleros de las FARC deponer las armas e reinsertarse a la sociedad. Y que permite a los militares aceptar el acuerdo de paz. El problema: Nadie en Colombia quiere decir esto en voz alta, aunque todos saben que es un dilema real: este conflicto, o se desarticula con los métodos clásicos del sistema penal o negociando la paz con amnistía. Ambas cosas son excluyentes. Y sólo la segunda opción es realista. La otra significa mantener viva la guerra y la matanza...

El día siguiente está en la agenda El Salvador y su tregua. Sobre esta discusión  escribiré en la carta para sábado...

Saludos desde Oslo, donde a la medianoche todavía hay luz del día,

Paolo Lüers 
(Más!/EDH)

Video sobre el Oslo Forum (en general, no sobre el recién realizado en junio 2013):

Carta de Oslo

Cuando ustedes lean estas líneas, yo estaré en Noruega, participando en el Décimo Oslo Forum. Esto es un evento, organizado por el Centro de Diálogo Humanitario y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega, que una vez al año reúne personas que en diferentes partes del mundo están involucrados en procesos de paz para dar soluciones creativas a conflictos violentos.


Tengo el honor (y el enorme reto) de haber sido invitado a dar a conocer y exponer al examen crítico el proceso de reducción de violencia que el año pasado comenzó en El Salvador con la tregua entre las pandillas. El Salvador y su intento de alcanzar la paz social está en el centro de los debates y análisis de especialistas en mediación y resolución de conflictos de más de 100 países del mundo, junto con 4 otros países: Siria, Birmania, Mali, Somalia.

La idea central del Oslo Forum es el intercambio de experiencias entre procesos de paz en todo el mundo, este año bajo el título: “Conceptos innovadores de mediación de conflictos”.

Voy para Oslo, principalmente para aprender. Lo que aquí estamos haciendo para reinsertar a la vida productiva y al imperio de la ley a miles de pandilleros y a desmontar una escalada de exclusión, represión, violencia y criminalidad que ha bloqueado el desarrollo de nuestro país, necesitamos confrontarlo con la experiencia en otros países, otras culturas, otros conflictos.

Pero también hay que reconocer que luego de la manera exitosa y ejemplar que los salvadoreños negociamos el fin a nuestra larga guerra civil, y luego de que ahora logramos una reducción sostenible de homicidios como no la conocen en ningún país, el mundo nos está comenzando a ver como expertos en solución de conflictos. Ya no nos ven simplemente como uno de los países más violentos, sino como un país que por segunda vez en 25 años da lecciones al mundo en materia de paz. Esto debería llenarnos de orgullo, no sólo a todos los participantes directos en este proceso de una tregua que se convierte en construcción de una paz sostenible, sino al país entero.

A este encuentro mundial de mediadores de la paz, este país hubiera tenido que mandar a monseñor Fabio Colindres y Raul Mijango. Este no fue posible. Voy a hacer lo posible a trasladar a este Forum internacional nuestras experiencias, nuestras dudas, nuestras contradicciones y nuestros humildes logros, y también el debate controversial que este proceso ha provocado en nuestra sociedad. Pero sobre voy a tratar de entender y trasladar las experiencias en otros países del mundo donde sociedades están construyendo caminos a la solución de complejos y largos conflictos violentos.

Si el tiempo me lo permite, voy a usar las otras dos cartas de esta semana de transmitirles algunas de la lecciones aprendidos en Oslo.

Les saluda desde Oslo, Paolo Lüers
(Más!/EDH)