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martes, 12 de mayo de 2009

El momento de las definiciones

El señalamiento contra funcionarios, entre ellos el presidente Álvaro Colom, de estar involucrados en un asesinato es una situación muy seria.

Las autoridades bancarias están obligadas a investigar qué es lo que pasa en el interior de Banrural, pues se le acusa nada menos que de lavar dinero.

El nivel de degradación al que han llegado las instituciones del Estado es algo que no se puede tapar fácilmente. Las evidencias acerca de actos de corrupción se han convertido en algo cotidiano.

La acusación lanzada, post mórtem, por el abogado Rodrigo Rosenberg Marzano, en contra de altos funcionarios del Gobierno y de uno de sus financistas, así como de altos ejecutivos del Banco de Desarrollo Rural (Banrural) y de la Fe-deración de Cooperativas Agrícolas de Productores de Café de Guatemala (Fedecocagua), no es un hecho que deba tomarse a la ligera.

Los señalamientos acerca de que el presidente Álvaro Colom y su esposa Sandra Torres de Colom, el secretario privado de la Presidencia, Gustavo Alejos, y el financista y empresario de la construcción Gregorio Valdez, son los responsables de su muerte, es una acusación muy seria, por las repercusiones penales que podría tener.

Rosenberg, en un audiovideo filmado cuatro días antes de su asesinato, ocurrido el domingo, relata haber recibido amenazas por parte de Alejos y de Valdez, quienes habrían contado con la aprobación del mandatario y de la Primera Dama de la nación.

No obstante, a estos acusados se añaden los presidentes de la Junta Directiva del grupo financiero y del Consejo de Administración de Banrural, José Ángel López Camposeco y Fernando Peña, respectivamente, así como el presidente de la Fedecocagua, Gerardo De León.

El asunto toma un matiz bastante trágico, ya que el abogado relaciona su propia muerte con el asesinato de Khalil Musa y su hija Marjorie Musa, quienes fueron acribillados, igual que el denunciante, en una calle concurrida de la capital. Rosenberg sostiene que la muerte de estos dos empresarios está relacionada con un puesto asignado al señor Musa en la Junta Directiva del Banrural, institución a la que acusa de estar penetrada por el narcotráfico y los negocios turbios de los funcionarios del Gobierno.

Ha pasado poco menos de un año y medio desde que la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) asumió la administración del país, y en ese período, casi desde su inicio, ha venido de escándalo en escándalo. La descomposición es tal dentro de las instituciones gubernamentales, que se hace necesario reflexionar acerca del futuro de la nación.

Una serie de hechos parecen haber preparado este panorama que estamos viviendo. Están las declaraciones del subjefe de bancada de la UNE, Nery Samayoa, en cuanto a que el Ejecutivo, es decir, Colom, podría disolver el Congreso de la República si no se aprueba el proyecto de “modernización financiera”, iniciativa que no logra alcanzar el consenso entre los parlamentarios y tampoco es visto con buenos ojos por una parte considerable de la ciudadanía.

Además, la declaratoria del Estado de Calamidad Pública, seriamente cuestionada por el sector productivo, pues, ade-más de afectar de manera negativa la marcha de la economía, se restringe, entre otras, las garantías consagradas en el artículo 5 constitucional, el cual permite a los ciudadanos no ser perseguidos ni molestados por sus opiniones.

Ya el mismo presidente Colom ligó el Estado de Calamidad Pública con la aprobación de la reforma fiscal, así que, en ese sentido, no existe duda alguna de las intenciones presidenciales al restringir ciertos derechos constitucionales.

La acusación en contra de los mencionados reviste relevancia por cuanto quien las hizo, en un audiovideo y por escrito, hace señalamientos concretos: “Me han dicho que me van a matar, si no me callo acerca del caso Musa”, narra Rosenberg en el video difundido ampliamente en los medios electrónicos de comunicación. Y, sin tapujos, califica al Gobierno como conformado por “ladrones y asesinos”. “Si están leyendo este mensaje es que yo, Rodrigo Rosenberg Marzano, fui asesinado por el secretario privado de la Presidencia, Gustavo Alejos, y su socio Gregorio Valdez, con la aprobación del señor Álvaro Colom y de Sandra de Colom”, expresa el ahora fallecido.

En las palabras del abogado, la Superintendencia de Bancos (SB) tiene un gran reto, ya que está diciendo que en el Banrural se está lavando dinero procedente de actividades turbias, como el narcotráfico y la corrupción en las esferas gubernamentales, mediante “la utilización de empresas de papel”.

No sólo la SB, por medio de la Intendencia de Verificación Especial (IVE), está obligada a actuar, de oficio, en la investigación de lo que sucede en el interior del Banrural. También el Ministerio Público, la Contraloría General de Cuentas de la Nación, el Organismo Judicial y todas las entidades a cargo de velar por la transparencia, como la Comisión Internacional Contra la Im-punidad en Guatemala (Cicig). tienen la responsabilidad de verificar estas denuncias.

En la medida en que ofrezcan resultados estas instituciones se podrá saber si hay algo rescatable en ellas. Haciendo eco de lo dicho por el ahora asesinado, también el vicepresidente Rafael Espada tiene un papel importante, pues ya no puede seguir jugando el papel de comparsa de tantos desmanes. Ha llegado la hora de las definiciones.

(SIGLO XXI, Guatemala)

Grave acusación crea crisis política

La acusación hecha pública ayer por una grabación filmada por el abogado Rodrigo Rosenberg Marzano, horas antes de ser asesinado, creó la más grave crisis política de la actual democracia del país, porque nunca antes un presidente de la República electo de manera libre había sido señalado de participar de forma directa o indirecta en un asesinato, precisamente el de quien filmó la denuncia, que incluye a la esposa del mandatario y a uno de sus principales colaboradores, así como a autoridades del Banrural, institución bancaria utilizada para muchas de las transacciones del Gobierno.

La reacción gubernativa fue rápida, pero no adecuada. Ante la gravedad de las acusaciones, la posición oficial debió haber sido manifestada de manera directa por el presidente Colom, no por su vocero. Por aparte, las promesas gubernativas necesitan ser cumplidas al pie de la letra: pedir que la Cicig y países o entidades internacionales colaboren en la investigación. No hacerlo tendría efectos devastadores para este gobierno. Sin duda.

Pero el Gobierno de nuevo se equivoca al indicar que sectores interesados en desestabilizar y generar psicosis asesinan a hombres y mujeres, lo cual es cierto, pero es difícil de aplicar en este caso, y que la intención es crear una crisis política y con fines de conspiración. No tiene lógica que una persona como el abogado Rosenberg, conocido por su amplia trayectoria y calidad profesionales, pudiera urdir un plan semejante. Eso significa que a su criterio existieron razones válidas para hacer sospechar su asesinato, que lamentablemente se materializó.

El Gobierno decidió no responder preguntas periodísticas, posición que no se puede mantener. Es necesario que los acusados se refieran públicamente al asunto, seguros de que la Prensa del país sabrá actuar de manera profesional, para no divulgar rumores, sino solo versiones que tengan base o que hayan sido comprobadas. A la solicitud del Gobierno, de que la Prensa actúe de manera profesional, ésta tiene el derecho de pedirle transparencia e información tanto veraz como constante.

Ocurre también que este caso puede significar un parteaguas en el tema de las investigaciones de los crímenes, que en Guatemala quedan impunes en una abrumadora mayoría. El alevoso asesinato del señor Khalil Musa y su hija Marjorie, seguido a los pocos días por la muerte violenta de su abogado, a causa del prestigio de las víctimas, es un hecho que políticamente constituye una manera de desgaste al máximo. Sería terrible, y sobre todo descorazonador, que la ciudadanía se sintiera desamparada al darse cuenta de que el silencio oficial fuera interpretado como una tácita aceptación de las gravísimas acusaciones del video.

Debe prevalecer la serenidad del Gobierno, pero ante todo la valentía política y personal de encarar las acusaciones. Esconderse sería un suicidio político. El licenciado Rosenberg ya no puede aclarar ni agregar nada a lo expresado, pero es un hecho irrefutable que su intuición le funcionó, y por esa causa su entierro tuvo lugar ayer, en medio del justificado dolor de los suyos.


(La Prensa Libre, Guatemala)

Otro asesinato espeluznante

El pasado domingo, en horas de la mañana, Rodrigo Rosenberg Marzano, ex vicedecano de Derecho de la Universidad Rafael Landívar y ex director de la Cámara de Comercio de Guatemala, fue asesinado a pocos metros de su residencia localizada en la zona 14 de la capital. Los sicarios le acertaron 7 impactos de bala y quedó tendido en el asfalto.

Ha trascendido que Rosenberg Marzano era el abogado del industrial Khalil Musa Bassila, quien fue asesinado junto a su hija Marjorie Musa hace aproximadamente un mes, y que el móvil del crimen es que Rosenberg Marzano había profundizado en las pesquisas del doble asesinato de sus clientes y que había detectado quiénes fueron los autores intelectuales.

Asimismo se sabe que Rosenberg Marzano fue amenazado en reiteradas ocasiones, presuntamente con el propósito de que no denunciara el resultado de sus investigaciones.
El asesinato de Rosenberg Marzano coincide con la visita a nuestro país del relator especial de la ONU sobre la independencia de los magistrados y abogados, Leandro Despouy. La misión principal del relator Despouy es apoyar la transparencia del proceso de elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de Apelaciones.

En nuestra opinión, el relator Despouy debe imponerse del crimen del abogado Rosenberg Marzano, sobre todo porque fue precedido por otro doble asesinato que él mismo investigaba.

Todo apunta a que el asesinato Rosenberg Marzano, así como los de los señores Musa, fueron perpetrados por cuerpos ilegales o aparatos clandestinos de seguridad (CIACS) que operan en el marco del denominado Estado Paralelo, que investiga la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), bajo la conducción del español Carlos Castresana.

Son las “gusaneras” incrustadas en el sector público que en su oportunidad denunció y evidenció el ex vicepresidente Eduardo Stein, y que, con absoluta impunidad, siguen segando vidas de seres humanos en este suelo ensangrentado.

Por tanto, resulta imperativo que este crimen, así como los otros cometidos contra operadores de justicia y abogados, se esclarezca y que los responsables sean debidamente castigados. La impunidad sería, además de injusta, intolerable e inadmisible.

(El Periódico, Guatemala)