Carta a los que vivimos en medio de gran belleza y no nos damos cuenta

Estimados salvadoreños:
Ando dando un tour por nuestro país a dos amigos que viven en: Roma. El dilema: ¿Cómo convencer a gente que viven en la capital mundial del turismo de que El Salvador es un destino válido para sus vacaciones, cuando en dos patadas pueden viajar a Grecia, a Cardeña, a Suiza, a Venecia, o a Marsella?

Ahora llevamos 6 días de viaje por El Salvador, y mis amigos están encantados. El primer día quedamos en San Salvador. Fuimos al centro, dejamos el carro en el parqueo público frente al teatro, y caminamos. Entramos a Catedral y su cripta de monseñor Romero, luego a la iglesia El Rosario, al Palacio Nacional, la iglesia del Calvario… y el mercado central. Las últimas estaciones, la iglesia en medio del marcado, fue lo más impactante. No querían salir del labirinto de colores, olores, caras, sonidos y texturas.

Los llevé al Dalia, el salón de Billar en Plaza Libertad. Bueno, plaza no había, pero el Dalia es una joya. ¡Y la gente que lo habita! Todos nos hablaron, nos contaron anécdotas y chistes. Varios me mencionaron, con gran cariño y respeto, a Leonardo Heredia, mi suegro recién fallecido, quien hace años solía jugar ahí. Nos hablaron del amor invencible que tienen al centro, al corazón roto de la ciudad, y de la decepción que tienen de los alcaldes, incluyendo el actual.

Terminamos en el Café Maktub, a la vuelta del teatro, donde unos artistas jóvenes recuperaron unos espacios anteriormente elegantes para crear un café cultural. Los romanos quedaron enamorados del centro que la mayoría de los habitantes de los mejores barrios de la capital tratan de evitar como la peste.

Las otras estaciones de rigor, subir al Boquerón y los Planes, les causaron mucho menos impacto que nuestro exótico, folclórico y caótico centro. “Bonito, pero igual que las atracciones de todos los países”, dijeron. Hasta que llegamos a la casa-finca donde nos recibió Roberto Sartogo. “Esto es calidad de vida!”, sentenciaron con cierta envidia. “En Roma solo millonarios pueden tener una casa y un jardín como este…”

Igual reaccionaron cuando los llevé, por dos días, al Lago de Coatepeque. La casa detrás de la isla, cortesía de Jaime Molina y Ana María Rochac; y la casa de don Toni Cabrales, en la isla Teopán, son tesoros que ningún turista puede disfrutar en Roma ni en cualquier destino europeo.

Luego de pasar otros dos días en El Sunzal, en una comunidad de surfeadores y otros locos, ahora escribo estas líneas en Suchitoto, donde nos alberga el Centro de Arte y Paz con su comunidad de artistas y activistas sociales. Conocer a una mujer como la hermana Peggy que fundó y dirije este centro, es un lujo por el cual vale la pena visitar El Salvador…

Falta todavía la visita a Perquín, donde Sebastián El Torogoz nos va a dar el tour por los lugares donde durante la guerra convivimos en campamentos, batallas, victorias y derrotas, fiestas y masacres.
Haciendo este viaje con mis amigos, vuelvo a reafirmar mi orgullo de este país, que de crisis en crisis y de guerra en guerra nunca se rinde, nunca pierde su ánimo de gozar de lo bello que tenemos. Perdamos el complejo de inferioridad, tenemos un país bello del cual nuestros visitantes se enamoran.

Saludos,

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(MAS! / EL DIARIO DE HOY)



Carta a los lectores: Conozcan EDH-Online

Estimados amigos:
El mundo de los medios está cambiando a gran velocidad. Este cambio tecnológico, pero también de las exigencias del público, también afecta a los periódicos. El desarrollo no perdona: Quien no se adapta, o incluso quien no toma liderazgo, se muere.

Hoy la mayoría recibimos la información de forma digital, principalmente en smart phones y tablets. Es un gran desafío para los periódicos: En su forma impresa, no pueden competir con las redes sociales que dan la información casi en tiempo real.

Por esto, todos lo periódicos también se publican en Internet, online. Y hay nuevos periódicos que nacen en Internet. Muchos de ellos solo aparentan ser periódicos, pero no son productos editoriales, no disponen de periodistas profesionales, no verifican las noticias. Son productos de mercadotecnia, no del periodismo. En el peor de los casos, son panfletos anónimos, manejados por partidos políticos o sus centros de desinformación, que paralelamente manejen ejércitos de troles en las redes sociales.

Parecía que el Internet y las redes sociales iban a hacer obsoleta la profesión periodística, porque son
más rápidos, más inmediatos, aparentemente más democráticos, porque cualquier lector también puede publicar, informar, opinar.

¿Pero realmente son más democráticos, y son confiables? Una vez pasada la euforia de la inmediatez del Internet, muchos se hacen esta pregunta. Y vuelven a buscar los medios profesionales, los productos periodísticos, regidos por principios de ética profesional.

Esta es la hora de los periódicos online, que son más ágiles que los impresos, se actualizan las 24 horas, pero que sí disponen de equipos profesionales de periodistas y editores para verificar las noticias, contrastarlas, y para ponerlas en contexto y explicarlas.

Hasta ahora lo que hemos conocido en El Salvador son diarios accesibles en Internet, pero han sido más bien versiones digitales del periódico impreso. Esto cambia ahora. Nace el EDH-Online, accesible en diariodehoy.com. La lógica y el proceso de producción serán al revés: El equipo de reporteros, fotógrafos, editores produce permanentemente notas para el diario online, y cada noche se hace un corte para componer la versión impresa del día siguiente.

Esto requiere de una nueva mentalidad de los periodistas, de capacidades más complejas, y del medio exige una organización interna nueva, más flexible, más dinámica.

Esto no se hace de un día al otro. El nuevo medio EDH-Online es el inicio de una transformación, una obra en proceso. Nace incompleto, con deficiencias, pero con la mentalidad y visión correcta: transportar el periodismo de calidad profesional al Internet, desplazando los pseudo-periódicos con sus fake news y manejos políticos irresponsables.

Entren al diariodehoy.com para acompañar esta aventura ambiciosa. Al principio tal vez todavía se parecerá bastante a un diario tradicional, pero rápidamente se convertirá en una nueva forma de periodismo.
Saludos,

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(MAS! / el diario de hoy)

 

Carta a los más papistas que el papa: No hagan de la transparencia una nueva religión

Estimados principistas:
Pelear por la transparencia es una lucha importante. La transparencia es el antídoto más adecuado contra la corrupción. Un arma eficaz en manos de la prensa y de los movimientos ciudadanos para enfrentar malos gobiernos y partidos corrompidos.

Pero esta lucha justa está en peligro de pervertirse, si la convertimos en una nueva religión, olvidando que, como todo, también la transparencia tiene que tener límites impuestos por la racionalidad. Nada peor para las causas justas que el absolutismo.

Luego de 3 años de hacerle caso a la Sala de lo Constitucional, y bajo la amenaza de que esto les iba a costar la codiciada “deuda política”, los diputados legislaron sobre la transparencia de las donaciones de personas y empresas privadas a los partidos. Decidieron que tienen que ser públicos los nombres de cualquier persona que dona más de $1,500 al año, y de las empresas que donen más de $5,100 al año.

Se desató una tormenta de indignación el redes sociales y entre activistas de movimientos ciudadanos: ¿Cómo se atreven los partidos a no revelar todas las donaciones, por más mínimas que sean? El alcalde y autonombrado candidato presidencial Bukele, siempre buscando de ponerse a la cabeza de causas populistas, exigió que los partidos tienen que rendir cuentas hasta por donaciones de $0.01.

¿Pero por qué hemos luchado por transparentar el financiamiento de los partidos? ¿Por que la Sala ordenó que no puede quedar en lo oscuro? ¿En serio se trató de saber si un ciudadano aporta con $100 dólares a su partido? ¿Necesitamos saber si nuestros vecinos donan $50 dólares al FMLN o a ARENA? ¿Existe el peligro de corrupción si un empresario manda mensualmente $400 dólares a un partido? ¿De esto se trata la transparencia?

No. Se trata de la sospecha de que un partido comprometa sus decisiones políticas a grupos del poder económico. Y de la sospecha que fondos provenientes de actos de corrupción o crimen organizado compren favores políticos. Ambas sospechas tienen fundamento. Por esto es esencial que estas transacciones sean transparentes.

Pero ningún ciudadano va a corromper a un partido con donaciones que no pasen de $1,500 al año, y ninguna empresa con aportes anuales que no lleguen a $5,000.

¿Cuál es el interés público que nos obliga a insistir que cada ciudadano o pequeño empresario tenga que revelar donaciones modestas? ¿Y no queremos que los partidos, en vez de financiarse haciendo compromisos con el gran capital, tengan un financiamiento horizontal de pequeños donantes y de sus propios militantes?
Sospechar de los partidos es sano y necesario. Pero esto no puede convertirse en una oda, y mucho menos en una cacería de brujas. Solo les pido que piensen antes de protestar. Saludos,

44298-firma-paolo
(MAS! / EL DIARIO DE HOY)