Carta al doctor Quijano, alcalde de San Salvador

Estimado Norman:
 

Te felicito: ¡Al fin se hará el metrobus! Es un gran éxito tuyo. 

El hecho que lo va a hacer el gobierno y con otro nombre, no te quita el mérito. 

Lo pueden llamar ‘Sistema Integrado del Área Metropolitano de San Salvador’, como aparece en documentos gubernamentales. Le pueden dar nombre de sindicato como SITRAMSS, o algunos poetas convertidos en asesores de Casa Presidencial pueden inventarse el proyecto ‘Sistema de Interconexión de Territorios Solidarios’. Puede ser simplemente ‘Bus Articulado’, como lo bautizó La Prensa Gráfica, o pueden encargar a su fabrica de ilusiones Polistepeque a producir anuncios de Casa Presidencial con el lema ‘El cambio articulado’… No importa: metrobus es metrobus.

Lo importante es que vos obligaste al gobierno a retomar y poner en marcha tu propuesta del metrobus. A los que estamos hartos del caos del transporte público no nos importa ni el nombre ni quien al final pone su logotipo sobre los buses. Lo único que importa es que al fin habrá un sistema moderno y eficiente de transporte urbano…

Ya que no les quedó otra que adoptar tu idea, qué bueno que vos no armaste berrinche, sino que te dedicaste a pelear que lo hagan bien. Por ejemplo, que abandonaran la idea descabellada de pasar en medio del centro histórico y poner una estación de transferencia enfrente de catedral. Gracias también por evitarnos esto, señor alcalde.

Que bueno que Funes consiguió 50 millones de dólares para realizar metrobus. Bueno, la mitad de tu proyecto, porque sólo hablan de llegar de Soyapango hasta el Salvador del Mundo, falta llevarlo hasta Santa Tecla.

Así que te queda mucho que pelear: que el metrobus se lleve hasta Santa Tecla; que se planifique desde ya el tramo Norte-Sur de Apopa a San Marcos. Y sobre todo, que el asocio público-privado que quieren armar para operar es sistema no esté en manos de la mafia de buseros. Que las alcaldías sean socios estratégicos en el sistema metrobus.

Así que felicidades y manos a la batalla (perdón, a la obra), señor alcalde,
Paolo Lüers
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El arte de concertar sin negociar

Paolo Lüers
Si un gobierno no puede gobernar sin contar con el apoyo de la oposición y del sector privado, tiene que concertar. Tiene que negociar acuerdos que le dan gobernabilidad.
Para construir estos acuerdos y llegar a políticas compartidas que producen la capacidad de enfrentar los problemas y las crisis que el gobierno solo no puede resolver, por simple lógica no tiene sentido que el gobierno declara que el punto de partida para esta concertación es SU programa de gobierno y SU plan quinquenal.
Esto es exactamente lo que el Mauricio Funes está haciendo. Y por esto no llega a nada, por más mesas de concertación está poniendo a funcionar en Casa Presidencial. Habla incesantemente de 'unidad nacional', convoca cada rato a medio mundo a Casa Presidencial, pero a la hora de entrar en serio a los temas esenciales, él o sus voceros (el secretario técnico Alex Segovia, el secretario de asuntos estratégicos Hato Hasbún) paran en seco la discusión con el argumento: "Esto ya está definido en el Plan Quinquenal del gobierno, estas prioridades ya no se pueden cambiar…"
Nos enteramos en los periódicos que así les pasó recientemente (aunque no por primera vez) a los delegados de los gremios empresariales, convocados a Casa Presidencial a otra mesa más sobre el problema fiscal que enfrenta el país: el déficit en el presupuesto, la falta de liquidez del ejecutivo para enfrentar las necesidades de seguridad… Los funcionarios les presentaron el presupuesto para el 2012, que por ley tienen que someter a la Asamblea al final del mismo mes; y nuevamente el proyecto del impuesto (hoy llamado 'contribución especial') para seguridad. Los invitados, obviamente no dispuestos a reducir su rol a avalar un presupuesto ya estructurado según las prioridades definidos por el gobierno, propusieron ampliar la agenda: discutamos los lineamientos generales para los siguientes presupuestos, revisamos las prioridades, los subsidios, los gastos corrientes del Estado, veamos qué gastos se puede o reducir o reorientar hacia áreas que sirven para reactivar la economía…
Ahí se trabó todo. El gobierno aclaró: Todos los gastos corresponden a las prioridades definidos en el Plan Quinquenal y ya no son sujetos a discusión. Punto.
Esto es precisamente parte del problema fiscal del país: Las prioridades son mal definidas. Los empresarios, preocupados por su imagen pública, no se animaron a decirlo, pero yo sí: El país o gasta en regalar a todos los niños uniformes y zapatos - o gasta en cumplir la ley y paga lo que debe a sus maestros. Ambas cosas no podemos darnos el lujo. El país o gasta en subsidiar el gas y la electricidad a 70% de la población - o gasta en invertir en nuevas fuentes de energía.
Se entiende perfectamente que reducir los gastos del Estado tiene un costo político y electoral. Es más popular regalar uniformes que pagar a tiempo a los maestros. Es más popular regalar subsidios que invertir en la seguridad energética. Precisamente porque nadie quiere asumir el costo político de una revisión de prioridades hechas con criterios populistas y electorales, tiene todo el sentido del mundo concertar políticas compartidas, para que todos juntos asuman el costo político para medidas impopulares. Pero para lograr esto, el gobierno no puede tratar de imponer a los demás (empresarios, sindicatos, partidos de oposición) sus prioridades particulares…
Este presidente entiende la concertación como un mecanismo para que otros, por ejemplo los gremiales empresariales, le avalen el presupuesto, los nuevos impuestos, el plan de seguridad - y no para construir un presupuesto, un plan fiscal o una estrategia de seguridad compartidos y por tanto apoyados y puestos en marcha por todos. Mientras no cambia esta visión utilitaria de la concertación, nada se va a resolver.
El gobierno de Mauricio Funes actúa así porque cree que la mayoría legislativa que le da la suma de FMLN+Gana es una base de gobernabilidad. Es cierto, esta situación anómala en la Asamblea le da al gobierno los votos para aprobar los presupuestos y los impuestos que decidan imponer. Pero nadie en su sano juicio puede confundir esto con gobernabilidad. Y nadie puede pensar que así pueden concentrarse las energías de toda la sociedad salvadoreña para hacer crecer nuestra economía. Pensar esto sería un peligroso autoengaño.
Los que durante meses han ido a perder tiempo en mesas falsas y consultas no abiertas en Casa Presidencial y en el Consejo Económico Social, sin poder aterrizar nunca en una revisión realista de las prioridades del país, no se desesperen: Ya pronto habrá elecciones para que los ciudadanos decidan. Estoy seguro que en marzo del 2012 surgirá una Asamblea que obligue al ejecutivo a negociar con seriedad, terminando con la ilusión de una gobernabilidad comprada.

(El Diario de Hoy)

Carta a "los pobres"

Estimados amigos:
 

Hay quienes pegan el grito al cielo que los partidos, las alcaldías y el gobierno están queriendo comprar su voto regalándoles babosadas, acarreándolos para que saquen el DUI, invitándoles a almuerzo gratis…

Me dan risa. No entienden nuestro carácter nacional. Piensan que ustedes son tontos y van a votar por alguien por una limosna. Dicen que “no hay almuerzo gratis”. ¡Claro que hay!

Ya en la guerra nosotros los guerrilleros nos reímos de esta tontería de los políticos y militares de pensar que ustedes eran tontos. Venían a los pueblos y cantones para repartir charlas y víveres, y pensaban que con esto iban a ‘ganarse los corazones y las mentes’ de los pobladores y ‘quitarle el agua al pez’…

El pez era la guerrilla, y se encargaba de organizar a la gente para que vaya a estas ‘operaciones cívicas’ de la Fuerza Armada y de Duarte para agarrar lo que podían. Después repartimos el botín. Nosotros dijimos a la gente: “Vayan a tragarse los discursos, vayan a gritar las consignas que quieren escuchar, incorpórense a los comités patrióticos que quieren armar… Pónganle buena cara a los que piensan que una libra de frijoles van a dejar de apoyar la lucha…”

Mi comandante preferida, la ‘Luisita’, hasta se inventó un nombre para esta estrategia, que más bien era sabiduría popular: ‘dobla cara’. La cara de tonto que ellos les ven, y la otra cara que ellos nunca van a entender: la cara conspiradora, clandestina, la terquedad del campesino, la organización invisible…

La gente era tan magistral en el manejo de esta estrategia de ‘doble cara’ que la aplicaron igual a ambas partes. Llegaba la guerrilla y todos gritaban nuestras consignas, pero no necesariamente estaban de acuerdo.

Así que ustedes sigan aplicando la ‘doble cara’: si un partido les ofrece paquetes agrícolas, agárrenlos; si otro partido les quiere pagar el DUI, acéptenlo; si un tercer partido les ofrece transporte y almuerzo el día de las elecciones, hagan fila. Y luego vayan a votar por quien les da la gana.

Si los políticos creen que ustedes son tontos, es problema de ellos. Ustedes pidan lo que necesitan. 

Felices meses de campaña les desea Paolo Lüers
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Falta la última palabra


Paolo Lüers
¿Qué pasó con la reforma electoral? ¿Ya tenemos que olvidarnos del sueño de que los votantes vamos a decidir quiénes de los candidatos a diputados van a entrar a la Asamblea Legislativa?
¿Qué pasó con la Sala de lo Constitucional que no ha resuelto la demanda de inconstitucionalidad contra la última reforma que sigue favoreciendo el voto por la bandera?
La Asamblea, los partidos, el Tribunal Electoral e incluso los medios actúan como si esta batalla ya se perdió. O que la ganaron los partidarios de mantener el viejo mecanismo de votar por el partido, por la lista, por la bandera, haciendo casi imposible que gane un candidato a quien su partido no ha privilegiado con un 'puesto ganador' en la lista.
Acordémonos: la Asamblea, con los votos del FMLN y Gana, aprobó una 'reforma electoral' que seguía privilegiando el voto por bandera. Establecía la papeleta con fotos y nombres de todos los candidatos, daba al votante dos opciones: o votar por la bandera de su partido, o votar por el candidato de su preferencia. Pero seguía favoreciendo la primera opción, porque establecía que todos los votos por bandera se iban a acreditar a los candidatos que encabezan la lista. Si en el departamento de San Salvador, por ejemplo, cada partido postula 24 candidatos, y según el número total de votos obtenidos (por su bandera, más los votos individuales por sus candidatos) le corresponden 10 escaños, los votos por bandera se acreditarían proporcionalmente a los primeros 10 candidatos en su lista, no a los 14 restantes. Esto significaba que las direcciones de los partidos, al definir la secuencia en sus lista, podían predeterminar la elección. Podían entrar candidatos con pocos votos individuales, con tal que tuvieran un 'puesto ganador'.
El presidente vetó esta reforma. La Asamblea, con mayoría acostumbrada, aprobó una nueva versión de su reforma, pero con el mismo mecanismo de contabilizar los votos a favor de los 'puestos ganadores'. Esta vez el presidente firmó el decreto.
Contra esta última versión hay varios recursos de inconstitucionalidad pendientes. En esto vino todo el relajo del decreto 743, con el cual la Asamblea quería paralizar la Sala de lo Constitucional, prohibiéndole a sacar sentencias que no fueran unánimes. Se armó una seria crisis institucional, donde Sala declaró inaplicable el decreto 743 y la Asamblea no reconocía las sentencias de la Sala. Al fin se resolvió esta crisis con la abolición del decreto 743.
Lo que pocos saben es que los que habían perdido esta batalla -el presidente y el FMLN- hicieron todo lo posible para que la abolición del 743 cobrara vigencia legal lo más tarde posible. La presidencia de la Asamblea aprovechó todo el plazo máximo que tiene para mandar el decreto de abolición a la presidencia de la República, en Casa Presidencial hicieron lo mismo para firmar y luego para publicar el decreto en el Diario Oficial.
Así que todo el mundo se olvidó del decreto 743 y de la crisis alrededor de la Sala, pero de hecho la Sala volvió a la normalidad sólo a finales de agosto. Prudentemente, la Sala había decidido no tocar esta demanda contra la reforma electoral, mientras no estaba resuelta la crisis y podía, con toda legitimidad, actuar con mayoría de 4 magistrados.
Desconociendo estos pormenores, muchos ya sospechaban que la Sala había aceptado algún trato escondido: ustedes levantan el 743, y nosotros ya no vamos a estorbar el proceso electoral así como está diseñado por la mayoría parlamentaria…
La verdad es que la sentencia se atrasó aún más, porque además del retraso provocado por las presidencias de la Asamblea y de la República en la solución definitiva de la crisis institucional que afectaba a la Sala, a la fecha los demandantes no han entregado los escritos correspondientes a las prevenciones que les hicieron los magistrados de la Sala.
Entonces, aunque todo el mundo se hace el suizo actuando como la cosa ya está decidida, la sentencia de la Sala está pendiente. Todavía hay tiempo para enmendar esta infeliz reforma y poner en marcha una elecciones legislativas donde ya no serán los partidos sino los votantes que decidan quién saldrá electo.
Es mentira que una sentencia contra la última versión de la reforma pone en peligro el calendario electora. La disputa es solamente sobre cómo contabilizar los votos, esto no obliga al Tribunal a cambiar las papeletas. Sí obligaría a los partidos a cambiar sus estrategias y sus campañas. Pero cambiarlas para bien. Todavía hay esperanza. Todavía tiene sentido a exigir una verdadera reforma electoral democrática.
(El Diario de Hoy)



Certifica.com

Carta al presidente hondureño

Estimado Pepe Lobo:
 

Tiene razón: No es justo que mandé cantidad de cartas al más infeliz de sus antecesores (ya sabe a quién me refiero: el que luego fue presidente fugaz de la República Fronteriza Las Manos)… y ninguna a usted.

Hoy que leí en los diarios que usted despidió a su ministro de seguridad, con todo y viceministro, sentí hasta envidia. Aquí ya nos acostumbramos a que el gabinete de seguridad es inamovible, a pesar del evidente fracaso de sus políticas. No me recuerdo cuándo fue la última vez que aquí en El Salvador un presidente haya sustituido a un ministro de seguridad. Por lo menos en los últimos 10 años de permanente incremento de la violencia, los respectivos ministros han sido blindados.

¿Será que nuevamente ustedes los hondureños nos ganaron a los guanacos, luego de darnos lecciones de cómo atraer inversiones?

Tal vez usted podría darnos el gran cachete de explicarle a su colega Funes y a su amigo José Luis Ramiro del FMLN que los cargos de gabinete no son por cuota partidaria, sino por resultados. Que tengan tanto miedo: que hay vida luego de ponerse los pantalones y limpiar un gabinete. Más bien es al revés: No habrá vida, si no hace esta limpieza…

En el caso suyo, todavía me queda la duda si usted quitó al ministro de seguridad por inepto o porque se tomó demasiado serio su trabajo pidiendo una depuración de la policía…

No vaya ser que yo lo felicito por un paso adelante que resulta siendo un paso para atrás.

Saludos de Paolo Lüers
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WikiLeaks, errores y despropósitos

Widney Brown es una luchadora por los derechos humanos con una larga trayectoria a sus espaldas. Trabajó durante nueve años en Human Rights Watch antes de unirse a Amnistía Internacional, donde ahora es una de sus más altas ejecutivas, la directora de Política y Leyes Internacionales. Está profundamente preocupada por la publicación en bruto del Cablegate. La decisión de WikiLeaks de liberar la semana pasada todos los cables del Departamento de Estado sin proteger la identidad de determinadas personas supone que, por ejemplo, regímenes dictatoriales conozcan en estos momentos la identidad de activistas de derechos humanos que ofrecieron información sobre esos regímenes para ayudar a combatirlos. "No poner vidas en peligro es un principio fundamental", dice Brown por teléfono desde su oficina en Nueva York. "Los periodistas lo tienen claro, los investigadores de derechos humanos lo tienen claro y WikiLeaks necesita tenerlo claro".
La historia de cómo el gran portal de las filtraciones llegó hasta el punto de publicar los cables en bruto es un culebrón en toda regla repleto de claroscuros y versiones contradictorias. Fuera cual fuera el motivo por el que Assange decidió publicarlos, el hecho es que decidió publicarlos. "Necesitan comprender que la libertad de información es importante", dice Brown, "pero no causar daños también".
La noticia saltaba en los últimos días de agosto: WikiLeaks empezaba a liberar los Papeles del Departamento de Estado en bruto. Las agencias informaban el 30 de agosto de la publicación de los primeros 130.000 cables. Señalaban que periodistas, activistas y académicos de todo el planeta podían ser víctimas de represalias a partir de ese momento. Entre las fuentes que quedaban al descubierto, se citaba el caso de un funcionario de Naciones Unidas en África Occidental y el de un activista de los derechos humanos en Camboya. ¿Cómo es posible que una organización que lucha por los derechos humanos hiciera semejante cosa? Es la pregunta que recorrió todos los foros. Y en la prensa han aparecido todo tipo de respuestas a esa pregunta, en un maremagno de informaciones contradictorias. Lo mejor, preguntar al que lo hizo. ¿Por qué?
Jueves 8 de septiembre, seis de la tarde. Assange descuelga el teléfono desde la mansión de Ellingham Hall, Norfolk, Reino Unido, donde pasa sus días de arresto domiciliario. Está satisfecho por el impacto que está teniendo la publicación de los cables a escala global. "Cada dos minutos hay una nueva revelación", cuenta. "Está habiendo grandes resultados gracias a liberación del material. En todos los países, la corrupción ha salido a la luz".
-Ese es el efecto positivo de la liberación. ¿Pero qué ocurre si se pierde una vida humana por revelar la identidad de un informante?
-El balance final es complejo. Durante una revolución hay agitación pero también posibilidades de salvar el destino de muchos.
Hay dos versiones radicalmente opuestas sobre lo que ha ocurrido. La de Julian Assange y la de David Leigh, jefe de periodismo de investigación de The Guardian y autor del libro WikiLeaks y Assange. No coinciden en casi nada, salvo en sembrar claroscuros sobre la actuación de Daniel Domschei-Berg, el ex socio de Assange que abandonó la organización hace un año.
Julian Assange sostiene que se ha visto obligado a publicar los cables. Confirma que desde hace tiempo, su organización ha colgado en el ciberespacio copias del material sensible en su posesión para que, en caso de ataque a la organización, la liberación de una contraseña sirviera para que cientos de miles de personas pudieran acceder a los datos. Según su versión, el jefe de investigación de The Guardian es el malo de esta película porque desveló una contraseña que daba acceso a los papeles del Cablegate en el libro que publicó el pasado mes de febrero. "Nuestro sistema habría sido seguro si The Guardian no hubiese desvelado la contraseña", explica. "David Leigh, que es el cuñado del director del periódico, lo hizo como resultado de su estupidez y malicia". Según su versión, el otro malo es el alemán Daniel Domscheit-Berg, su antiguo socio, que abandonó WikiLeaks llevándose el sistema de recepción de filtraciones de la plataforma y la información que había en ese momento en el sistema. El disidente alemán, sostiene Assange, sabía cómo llegar a la base de datos y cómo destriparla con la contraseña. Para demostrar que WikiLeaks es una plataforma poco segura, pasó información a un periodista del semanario Der Freitag. A mediados de agosto WikiLeaks detectó que esa información empezaba a circular con fuerza en Internet.
-¿Pero por qué decidió publicarlos sin editar?
-Nuestra obligación es maximizar el impacto beneficioso de la liberación de la información que se nos facilita. Las reformas estaban en peligro. La información ya estaba en la red. Las agencias de inteligencia y los gobiernos que necesitan ser reformados ya podían acceder al material. Era importante que la prensa pudiera tener la versión original. Nuestra obligación es maximizar las reformas y minimizar daños.
-¿No es más importante minimizar daños que maximizar reformas?
-Los dos son importantes.
La versión del jefe de investigación de The Guardian es bien distinta. En conversación telefónica desde la redacción del rotativo británico en Londres, zanja la cuestión de un plumazo: "Assange nos aseguró que la contraseña estaría muerta una vez nos descargáramos los papeles". Explica que Assange le dijo que los archivos serían eliminados del servidor una vez se descargara el material. "Nosotros no publicamos claves que puedan resultar peligrosas", argumenta Leigh. Relata que el editor australiano no eliminó los archivos del servidor, como se suele hacer en estos casos. Que, en un descuido imperdonable, volvió a usar la misma contraseña para encriptar los mismos archivos. "Cuando escribimos el libro pensamos que esa contraseña había quedado completamente obsoleta", dice Leigh. El periodista británico considera que Assange ha sido negligente en la protección de información delicada que le fue transferida.
Técnicos consultados por este periódico confirman que lo normal, en el manejo de unos archivos delicados que uno aloja temporalmente en un servidor para que alguien acceda a ellos mediante una clave, es eliminar rápidamente esos documentos del servidor para evitar problemas.
A David Leigh le sorprende sobremanera que Assange no mencionara el tema de la contraseña el pasado 4 de agosto, cuando se reunió con el director de The Guardian, Alan Rusbridger, para recomponer relaciones. Que no dijera nada en los siete meses que han transcurrido desde la publicación del libro y que ahora cargue contra el rotativo británico de manera tan feroz.
Según el veterano periodista británico, todo este embrollo tiene su origen este verano, a mediados de agosto, cuando Daniel Domscheit-Berg es expulsado del foro Chaos Computer Club, conocida organización de hackers. Algunos miembros de esta comunidad acusaban al alemán de no devolver el material que se llevó de WikiLeaks cuando abandonó la organización hace un año. "Entonces, Domscheit-Berg decide vengarse", explica Leigh. Como sabe cómo se puede acceder a los cables y quiere demostrar que WikiLeaks es una organización que no maneja bien las filtraciones, da algunas claves a un periodista del semanario alemán Der Freitag para que pueda comprobar que lo que dice es cierto.
Según Leigh, al menos otros dos exvoluntarios de WikiLeaks, Smári McCarthy y Herbert Snorrason, sabían desde hace tiempo donde estaban alojados los archivos y la clave para desencriptarlos. "Cuando Julian se entera de lo de Der Freitag, entra en pánico", relata Leigh. A partir de ese momento, disemina pistas por la Red para que la gente pueda relacionar los archivos encriptados y la clave, para así provocar el verse obligado a publicar los cables sin editar.
James Ball, ex miembro de WikiLeaks que ahora trabaja en The Guardian, sostiene que Assange tenía el plan de publicar los cables sin editar desde el principio. Assange lo niega. "Nunca he defendido la transparencia total", dice airado por teléfono el australiano. "Eso es mentira", replica Leigh. Y recuerda que en los primeros días de la relación con The Guardian, Assange defendía la publicación de los cables sin editar. "Es un mentiroso psicopatológico", dice Leigh. "Nos ha mentido ya tantas veces sobre tantas cosas..."
Desde Berlín, Daniel Domscheit-Berg se defiende vía correo electrónico. Niega que su manera de proceder obedeciera a un deseo de venganza. Coincide con Leigh en que probablemente fue Assange el que diseminó pistas por la Red. "Sí, esa es mi impresión", nos cuenta. "El periodista de Der Freitag no dio suficiente información para que alguien encontrara el archivo. Y yo no he dicho a ningún otro reportero donde estaba el archivo". Domscheit-Berg insiste en que pasó información al periodista alemán para que pudiera comprobar que WikiLeaks no es un sitio seguro. "Durante meses he sido criticado y me han llamado mentiroso por decir que estaba gravemente preocupado con la seguridad de WikiLeaks y su capacidad para controlar los datos". Ese es el motivo, dice, por el cual aún no ha devuelto parte de la información que se llevó.
Son varias las voces que acusan a la plataforma de Assange de no haber conseguido manejar bien la situación, de no haber sabido cumplir con una de sus prioridades: la protección de las fuentes. Bradley Manning, el soldado americano que, presuntamente, pasó los documentos a la plataforma de Assange, sigue en la cárcel. Y los nombres de informantes y fuentes a lo largo y ancho del planeta han acabado siendo desvelados.
"En última instancia, WikiLeaks tiene una responsabilidad por lo que ha ocurrido", dice Widney Brown, de Amnistía Internacional. "Nosotros creemos en la libertad de información pero también creemos que se debe divulgar información de manera responsable". Brown recuerda que ya se produjeron desencuentros entre miembros de Amnistía Internacional y de WikiLeaks cuando se publicaron los Papeles de Afganistán. "No querían tomarse el tiempo de editar los cables. Ahora los temores que teníamos desde un principio se han confirmado. No se han tomado el tiempo de editarlos y han puesto en riesgo la vida de personas con esta publicación".
Assange dice que ha aprendido algunas cosas de este último lanzamiento. Que los medios tradicionales son importantes como gran amplificador, pero que luego es vital que la información llegue a la gente. Eso es lo que sostiene.
-¿Considera necesaria la edición de los cables?
-Al principio, en diciembre, cuando no todo el mundo estaba avisado, la edición era necesaria. Ahora que el Departamento de Estado norteamericano tiene un programa de notificación a los informantes, no tenemos claro que la edición sea ya necesaria, pero preferiríamos hacer lo que podamos.

(El País/Madrid)