Segunda Carta a Paolo Luers

Estimado Paolo:
He de decirte que me complace mucho tener este intercambio de opiniones. Pocas cosas enriquecen tanto como el manejo civilizado de las diferencias y la salvaguarda del mutuo respeto entre personas que saben privilegiar los argumentos por encima de la cerrazón y el pasionismo.

Por eso quiero reaccionar a tu carta del jueves saludando dos primeras conclusiones a las que, creo, ya hemos arribado en el presente debate: que existen presiones internacionales bastante fuertes para que en nuestro país se apruebe una legislación a favor de los matrimonios entre personas del mismo sexo, y que el tema de la defensa del matrimonio y la familia, a contrapelo de quienes piensan que es una "pendejada", merece discutirse ampliamente y recurriendo a información confiable.

Y no es poco, Paolo, que coincidamos en estos puntos. El primero legitima las razones de cuántos en El Salvador deseamos proteger una institución social y humana de primera importancia, y el segundo nos obliga a ir más allá de la superficie en la discusión pública en torno al matrimonio, superando los clisés y las premisas falsas.

Una de esas falsas premisas se esconde en las siguientes líneas que extraigo de tu última carta: "Precisamente para proteger al matrimonio como la institución básica del tejido social, por nada conviene inventarse mandatos constitucionales que excluyen a sectores de la sociedad que sí quieren formar familias, aunque no de la forma tradicional, pero familias basadas en los mismos fundamentos filosóficos, antropológicos, sociológicos y económicos que tú, con toda razón, citas".

La verdad es que no he citado todavía esos fundamentos, pero sí me queda claro que no los conoces. La naturaleza del matrimonio --definida así desde antes que naciera el Estado o se crearan leyes-- está afincada en la complementación sexual de sus miembros, porque solo esa complementariedad hace posible la regeneración humana y la formación integral de los nuevos individuos de la especie. Excluido ese factor biológico de la ecuación, el matrimonio pierde hasta su sentido etimológico, porque la raíz griega del término deriva de "matriz".

Si aceptamos tu tesis de que el matrimonio es un espacio al que podemos acceder en virtud de nuestro solo deseo, o porque en él encontraremos "seguridad económica y emocional", los bienes derivados de esa unión que nos son socialmente imprescindibles --los futuros ciudadanos, ni más ni menos-- estarían sometidos a esos deseos o búsquedas personales, en lugar de estar subordinados al bien común (objetivo último de todo marco legal).

Eso, estimado amigo, atenta contra el matrimonio, no solo porque le somete a un torbellino de reinvenciones --¿es que existe algo más arbitrario que el deseo humano?--, sino porque le vacía de contenido respecto a su verdad sustancial, origen de todos sus beneficios sociales. Tú y yo entendemos lo que significa un metro porque existe un acuerdo global alrededor de los 100 centímetros que el metro implica desde su concepto. Quitá ese consenso y el metro pierde todo su sentido. Probemos lo que te digo en algo más abstracto: la democracia. Si negamos que hay valores estables que hacen posible la democracia, la defensa misma de la democracia se vuelve problemática, porque ella dependerá de lo que cada uno queramos entender por tal. Solo amplios consensos sociales en torno a las cualidades que incluye la democracia viabilizan el que tú y yo exijamos su respeto y promoción a cualquier gobierno. De lo contrario, lo que un Castro o un Chávez invente sobre el asunto tendrá el mismo valor que tuvo en su día para un Adenauer o un Mandela.

Y me permito hacerte una última precisión sobre la realidad social del país. Es obvio que el matrimonio y la familia ya no son lo que eran para muchos salvadoreños (generalmente, muy a pesar de ellos). Pero la descripción de una realidad no debe llevarnos a adaptar nuestras leyes a esa realidad, del mismo modo que no resultaría aceptable reformar nuestras leyes de tránsito solo porque hay cafres que las violan constantemente. El valor pedagógico de una ley descansa en el ideal que señala, no en su adaptabilidad a los defectos que pretende corregir.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.
(El Diario de Hoy)

Carta al SITRAMSS

Okay, tuviste tu “fase de prueba”. Varios meses. Suficiente para comprobar que sos un desastre. Todos lo pudimos constatar. No sos la solución para los usuarios del transporte urbano - y para todos los demás sólo has producido caos, colas interminables, pérdida de tiempo y de nervios.

Naciste de una buena idea: Modernizar el transporte urbano. Necesario. Pero en manos de un gobierno incompetente y de empresarios corruptos, la buena idea se convirtió en una pesadilla. El tráfico entre San Salvador y Soyapango está peor que nunca; la terminal y los talleres no están construidos; la tarifa sigue siendo “secreto de Estado”; los carriles del Bulevar del Ejército y de la Juan Pablo II colapsan todos los días, por culpa tuya. Mientras tanto, en los carriles exclusivos para el SITRAMSS sólo pasan un par de buses bonitos, pero que no absorben ni el 10% de los usuarios que diariamente viajan entre San Salvador y la zona industrial de Soyapango/Ilopango/San Martin – y nadie sabe cuándo va a llegar la flota de buses y cómo la van a financiar.

Me imagino que estás bien contento: Todos hablan de la tarifa, como si fuera el mayor de los problemas. Paja. La tarifa la arregla el gobierno como siempre lo ha hecho: con subvenciones. O sea, diciendo a la gente que papa gobierno paga – pero el que paga es el ciudadano con sus impuestos. Lo de la tarifa es una cortina de humo, y detrás de ella ustedes esconden el verdadero problema del SITRAMSS: la segunda fase.

Cuatro meses de prueba, pero nadie quiere hablar del siguiente paso: la construcción del SITRAMSS hasta Santa Tecla. Porque ahora el SITRAMSS lleva a la gente de Soyapango a un punto muerto, allá por el Seguro Social, y ahí termina en la nada. Termina en un punto muerto, donde todos sus usuarios tienen que agarrar cualquier otro bus para llegar a su trabajo. Este es el punto más crítico del tal SITRAMSS: Para que todo este proyecto tenga un mínimo sentido, hay que prolongarlo hasta Santa Tecla, Merliot, Antiguo Cuscatlán. Pero para hacer esto, tienen que paralizar todo el tráfico en la otra mitad de la ciudad. Tienen que pasar, a saber cómo, por el Salvador del Mundo, por la carretera a Santa Tecla. Quiero ni pensarlo.

Llama la atención que tienen a todo el mundo discutiendo del SITRAMSS, pero nunca han dicho por dónde va a pasar la segunda fase. Y tienen razón: Ya a esta altura, con el desmadre creado en el centro y en la salida a Soyapango, la gente está harta. Si el gobierno publica por dónde va a pasar el SITRAMSS para llegar a Santa Tecla, sería como echar leña al fuego. Este año va a comenzar la construcción de los pasos a desnivel en los dos extremos de la Jerusalén: el redondel Masferrari y el redondel de Naciones Unidas frente a Multiplaza. Solo esto va a generar un caos de tráfico. Si además intervienen, para la segunda fase del SITRAMSS, la plaza del Salvador del Mundo y la Panamericana, en todo esta zona ya no se moverá nada.

Quiere decir: El gobierno ya se olvidó de la segunda fase. Ya sabe que no funcionará. Nos vamos a quedar con un SITRAMSS que, además de todos los problemas que ya está creando, se quedará a la mitad. Otra ruina del desarrollo, como el puerto de La Unión. Solo que este mega-puerto abandonado no molesta a nadie, nadie lo ve – pero lo del SITRAMSS nos jode todos los días. Y todo esto para un proyecto que de todos modos se va a quedar a medias. No lo pueden terminar, así que lo van a dejar a medias…

Ya nos jodiste la vida diaria a todos, SITRAMSS. La único solución, aunque parezca absurdo, es suspenderte, deshacerte - y volver a habilitar todos los carriles de la Juan Pablo II y del Bulevar del Ejército. Suena feo, suena a fracaso, pero a la larga nos sale más barato que seguir adelante con un proyecto inviable.

El problema es: ¿Quién tiene el valor de firmar al acta de defunción?
Saludos, Paolo Lüers
(Mas!/El Diario de Hoy)



Este es el regalo que queremos hacer a Monseñor Romero: Nuestro arrepentimiento y solicitud de perdón a la sociedad por todo el daño causado.

(La autenticidad de este comunicado conjunto me fue confirmado por voceros representativos de la MS13 y ambas fracciones del Barrio 18. Fue entregado en horas de la tarde del día 23 de abril 2015. PL)

LOS VOCEROS NACIONALES DE LAS PANDILLAS MS-13, BARRIO 18, MAO-MAO, MIRADA LOCOS 13, PRIVADOS Y PRIVADAS DE LIBERTAD DE ORIGEN COMÚN, AL PUEBLO SALVADOREÑO Y DEMÁS PUEBLOS DEL MUNDO HACEMOS SABER: 

1- El país atraviesa por una situación difícil, como es costumbre ya, es a las maras y pandillas a quienes se nos atribuye la gravedad de toda la situación, con el perverso propósito de encubrir y proteger a otras estructuras o personas  que practican accionar delictivo, quienes ante la sociedad se presentan como personas de bien, ya sea como: funcionarios públicos, empresarios, ministros, fiscales, policías, militares, religiosos, ex-presidentes y tantos otros  que con toda desfachatez dicen ser parte de los “buenos”, y en realidad, cuando son descubiertos y procesados – algo que sucede muy poco – resulta ser que son iguales o más criminales que nosotros, pero eso sí, a la hora de condenar a otros, no vacilan en ser los primeros en lanzar piedras.
2- Las maras y pandillas hemos tenido que recurrir a formas ilícitas para sobrellevar nuestras vidas, al ser nosotros y nuestras familias los históricamente olvidados y marginados por las gestiones gubernamentales, nuestro origen está en las comunidades más empobrecidas, en los hogares desarticulados por la emigración, la violencia y la irresponsabilidad paterna o materna, es a nosotros a quienes se nos niegan oportunidades de educación, salud, trabajo, recreación y lo único que se nos ofrece es represión, cárcel y muerte.
3- El gobierno habla mucho de paz últimamente, pero en las actuaciones lo que se alimenta es la guerra, si el propósito de paz que se pregona es genuino, debería de atacar causas y no solo efectos; la absurda represión y el manodurismo en lugar de resolver agrava la conflictividad. Las maras y pandillas aprendimos con el proceso de paz que se impulsó en 2012, que es dialogando como se es más eficaz para enfrentar la violencia y disminuirla, que es hablando de paz y haciendo gestos de buena voluntad y no de guerra como el conflicto se des escala y dirime con menos costos económicos y sociales.
4- Afortunadamente, en el ambiente de belicosidad que impera en los últimos días, las voces de la sensatez siguen abogando por soluciones racionales al conflicto, hay propuestas de paz que han circulado, no habíamos respondido a ellas porque esperábamos conocer la disposición gubernamental de buscar la paz por esa vía, pero en vista de que en privado se nos dice que sí y en lo público se niega, hemos decidido tomar la iniciativa de forma unilateral.
5- Congruente con lo anterior, hemos tomado la decisión de responder afirmativamente al llamado público que en últimos días ha realizado uno de los luchadores más incansables por la paz en El Salvador: El señor Raúl Mijango,  quien ha presentado al país una propuesta de agenda para la paz que contiene 26 puntos, 13 para ser abordados por nosotros y los otros trece  por el Estado, gobierno y sociedad civil. 
6-  Reiteramos que asumimos todos los puntos que se nos proponen sin condiciones ni enmiendas, incluyendo los de respetar la vida de policías, soldados, militares, custodios, funcionarios públicos, jueces y políticos y por supuesto la vida de los más humildes a quienes afecta la violencia. También, sobre los delitos patrimoniales como el robo, hurto y extorsión. Pedimos al gobierno no obstruir ni sabotear este proceso, por el contrario que facilite condiciones que nos permitan avanzar más rápido en el tiempo y los compromisos que hemos de asumir ante la sociedad, este es el regalo que en su beatificación le queremos hacer a Monseñor Romero: Nuestro arrepentimiento y solicitud de perdón a la sociedad por todo el daño causado.
7- En consecuencia de lo anterior, anunciamos que desde ya estamos girando instrucciones de acuartelamiento a nuestras unidades, de almacenamiento de hierros y pertrechos y que todos, tanto adentro de las prisiones como fuera de ellas, se concentren en el estudio y la discusión de los 13 puntos que se nos han propuesto, afín de lograr consensos que permitan responder satisfactoriamente a lo que la sociedad espera de nosotros: menos homicidios, menos extorsiones; en definitiva: menos violencia. Según sean las condiciones con que contemos para esta reflexión, así iremos anunciando en su momento los compromisos que asumiremos con la sociedad sobre cada punto.
8- Como muestra de compromiso y buena voluntad, cesaremos desde ya todo tipo de ataques, es más, no haremos uso ni del elemental derecho a la defensa.  Solo pedimos que paren los abusos de autoridad y las acciones de exterminio que en su mayor parte están siendo presentadas como riñas entre pandillas, cuando en realidad lo que sucede es que de sus casas sacan a nuestros miembros y luego los asesinan, simulan enfrentamientos y colocan armas a los muertos para justificar las masacres, etc. Muchos han lamentado el deceso de policías, pero han callado o se han alegrado por el exterminio de más de ciento cuarenta miembros de pandillas  solo en el mes de marzo de este año.
9- Para dar confianza al desarrollo del proceso y evitar el que se crea que lo hacemos con propósitos mal sanos, pedimos que el debate privado que desarrollaremos en el interior de los Centros Penitenciarios sea monitoreado por una entidad de gran prestigio y reconocimiento internacional y que ya cuenta con una misión en El Salvador: El Comité Internacional de la Cruz Roja CICR y en la Libre, por los Obispos y Pastores coordinados por la Iniciativa Pastoral por la Vida y Por la Paz, IPAZ. Quienes puede solicitar apoyos técnicos a las instituciones tanto nacionales como internacionales con experiencia en la mediación y resolución de conflictos.
10- Como el problema de la violencia es un problema nacional, para saberla superar hay que sacarla del circulo vicioso y dañino de la confrontación política, en tal sentido proponemos se cree una Instancia Bipartidista, técnica y política en la que estén representados las dos principales fuerzas políticas del país: ARENA y FMLN y que sea en esta instancia que con sentido patriótico y sin intereses electoreros se consensen las acciones y las iniciativas de ley que volverán sostenible e irreversible el proceso de paz que se vaya construyendo.

El Salvador, 20 de abril de 2015.

Carta a Federico Hernández Aguilar

Estimado Federico:
Una amiga me dijo hoy en la mañana: “Aquí están ustedes, discutiendo pendejadas, mientras el país se desliza hacia una nueva guerra donde todos vamos a perder…” Se refirió a nuestra controversia, plasmada en cartas públicas, sobre la reforma constitucional que busca blindar la institución del matrimonio contra posibles iniciativas futuras de legalizar el matrimonio entre homosexuales.

Aunque yo sostengo que esta reforma es innecesaria y espero que la entrante Asamblea no la ratifique, tampoco pienso que el debate sobre este tema sea una “pendejada’. Por eso, con gusto acepto tu reto de seguir discutiendo. ¿Por qué? Porque coincido contigo que hay que proteger la institución del matrimonio y que, como tu escribís, “la institución matrimonial tiene una robusta defensa filosófica, antropológica, sociológica y económica antes que religiosa.”

Pero ahí está la diferencia de nuestros enfoques, Federico. Precisamente porque la institución matrimonial tiene una sólida y necesaria base filosófica, antropológica, sociológica y económica antes que religiosa”, no conviene amarrarlo, vía mandato constitucional, a un concepto tradicional. Precisamente para proteger al matrimonio como la institución básica del tejido social, por nada conviene inventarse mandatos constitucionales que excluyen a sectores de la sociedad que sí quieren formar familias, aunque no de la forma tradicional, pero familias basados en los mismos fundamentos filosóficos, antropológicos, sociológicos y económicos que tu, con toda razón citas.

Nadie está cuestionando la “familia tradicional”, formada por hombres y mujeres “así nacidos”, como reza el proyecto de la reforma constitucional. La idea de que parejas homosexuales se convierten en familias, con compromisos sólidos, y de esta manera fortalecer el tejido social, no destruye ninguna familia tradicional, y no constituye ni negación ni amenaza al concepto del matrimonio tradicional.

Hay que proteger la familia y el matrimonio como instituciones que aseguran seguridad económica y emocional, y que consolidarlos como núcleos sociales y culturales que expresan compromiso, solidaridad y preservación de valores. Todos los miembros de la sociedad, independientemente de sus conceptos religiosos y su orientación sexual, deben tener derecho y oportunidades de construir esto núcleos y convertirse en los eslabones sólidos de nuestro tejido social.

Pero ojo: El reto prioritario que enfrenta nuestra sociedad en este sentido no son las minorías que por su orientación sexual no caben en el concepto de la familia tradicional, sino la inmensa cantidad (tal vez incluso la mayoría) de familias de madres jefas de hogar, que luchan por sacar adelante a sus hijos sin contar con la figura paterna. En esto tenemos que concentrarnos, si queremos preservar la familia como núcleo que da seguridad económica y emocional a la siguiente generación. Si queremos defender la familia como núcleo de la cohesión social, de nada sirve aferrarse a la defensa cerrada de una forma tradicional de la familia que para amplios sectores de la sociedad ya no es una realidad. No podemos poner candados constitucionales para blindar a la sociedad contra cambios culturales y sociales.

Al fin tu argumentas que el país está bajo presión de “entidades supranacionales, como la ONU y la OEA, quienes promueven desde arriba” propuestas legislativas. De acuerdo: No permitamos que organismos que se arrogan ser policía mundial de lo “políticamente correcto” nos impongan legislaciones que no surjan de un consenso de nuestra sociedad. Ni en el caso del “derecho constitucional al agua y la alimentación”, ni para decirnos cómo vamos a reconstruir el tejido social y proteger la familia y el matrimonio - ni por parte de Naciones Unidas, ni tampoco del Vaticano.

Siempre un gusto polemizar contigo, Federico. Pero mejor sobre temas más urgentes, como seguridad, por ejemplo. O el futuro de la oposición. Saludos, Paolo Lüers

(Mas!/El Diario de Hoy)

Carta de Paolo Luers: Carta a la derecha "unida"
La respuesta de Federico Hernández Aguilar: Carta a Paolo


Carta a Paolo Lüers. De Federico Hernández Aguilar

Estimado Paolo:
No es la primera vez que leo una carta o columna tuya en la que llamas "discriminatoria" o "reaccionaria" a la propuesta de reforma constitucional para proteger el matrimonio tradicional, formado entre "hombre y mujer así nacidos". Tampoco es la primera vez que enfocas tu crítica a los partidos de "derecha" --estas comillas son mías-- que desde hace varias legislaturas impulsan esta reforma en la Asamblea.

Si tu intención al dirigirte a esta supuesta "derecha unida", el pasado sábado, era solo hacer ver que muchos diputados que defienden el matrimonio y la familia lo hacen desde una perspectiva exclusivamente religiosa, tu crítica me parece válida y la comparto. Soy hombre de fe, pero me cuesta aceptar que se haga política aportando únicamente argumentos confesionales. No me burlo de las convicciones de nadie en este plano, por cierto, como sí lo hacen otros liberales incapaces de detectar la gruesa contradicción en la que caen, sobre todo al invocar la "tolerancia"; pero coincido contigo en que resulta fácil descubrir la debilidad de razonamientos que se fundamentan en la Biblia para justificar adhesiones legislativas a la defensa de la vida o la familia.

Ahora bien, si tu propósito al escribir contra esa "derecha" era también insinuar que toda protección del matrimonio tradicional es "ideológica", "reaccionaria", "conservadora", "discriminatoria", "innecesaria", "atentatoria contra la inclusión social" y, en suma, una "locura" --observarás que estoy copiando los epítetos que usaste en tu carta--, en este punto creo que no solo te equivocas, sino que estarías exhibiendo una asombrosa falta de información y una muy limitada capacidad de análisis.
La institución matrimonial, Paolo, tiene una robusta defensa filosófica, antropológica, sociológica y económica antes que religiosa. El que numerosos políticos en El Salvador y el resto de la Latinoamérica sean incapaces de recurrir a estos argumentos --sostenidos por muy buenas razones científicas, además--, no significa que esta argumentación sea inexistente y que esté fuera del alcance de quienes quieran, de buena fe, instruirse. (De hecho, si te interesa continuar con esta controversia a través de nuestras respectivas columnas en El Diario de Hoy, aquí me tienes a tus apreciables órdenes. Sabes cuánto me gusta el debate de altura que privilegia la reflexión profunda sobre las pasiones y el fanatismo. Y a lo mejor hasta podríamos ofrecer interesantes aportes a esas vacías discusiones políticas que tanta vergüenza ajena nos causan a ti y a mí).


Es completamente cierto, para el caso, que en nuestro país "no existe presión social para legalizar matrimonios entre homosexuales". A decir verdad, tampoco hubo mayorías ciudadanas abogando por esta clase de reformas sociales en casi ninguno de los países en los que tales causas terminaron prosperando y cambiando legislaciones, con las consecuencias desagradables que ya se están documentando, principalmente en Europa. Son entidades supranacionales, como la ONU y la OEA, quienes promueven desde arriba estas propuestas. Y presiones así, Paolo, las está sufriendo El Salvador desde hace rato. (Cuando tengas tiempo, será un gusto compartir contigo lo que me tocó vivir cuando fui presidente de Concultura. Te aseguro que vas a sorprenderte).

Tengo muy queridos amigos homosexuales, y varios de ellos están absolutamente en contra de la promoción del matrimonio gay. Sostienen que esas pretensiones les estigmatizan innecesariamente a los ojos de muchos sectores, porque mezcla y confunde a su comunidad (nada beligerante, dicho sea de paso) con el activismo homosexual, habiendo diferencias muy notables entre unos y otros.
Como tú, Paolo, detesto profundamente las discriminaciones, pero también evito ver objetivos discriminatorios donde no existen. Llamar justicia a la igualación, por ley, de ciertos derechos, puede dar origen a nuevas injusticias, en lugar de combatir las segregaciones. Vaciar de contenido el matrimonio en razón de conceptualizarlo como desean minorías de activistas, amigo mío, se encuentra en las antípodas de esa tolerancia que tanto invocas. Y tener principios claros tampoco es igual a ser intolerante.
(Escritor y columnista de El Diario de Hoy)

 La carta de Federico Hernández Aguilar es una respuesta a una columna publicada el sábado 18 de abril 2015: Carta a la derecha "unida"

Carta al ministro de Seguriad

Estimado Benito:
No tengo idea quién toma las decisiones en el gabinete de Seguridad. Sospecho que no sos vos. Pero como ministro sos el responsable de las políticas de seguridad.

Escuchando las declaraciones del presidente, del Comisionado de Seguridad Hato Hasbún, del Secretario Técnico Roberto Lorenzana, y también las tuyas, ustedes han decidido buscar una solución militar al problema de la violencia y de las pandillas. La famosa mano dura de los gobiernos de ARENA se queda corta en comparación de lo que están tramando. De todos modos, como dice mi amigo Salvador Samayoa, ARENA nunca realmente implementó un plan mano dura: Implementó un plan de propaganda.

Comparto el asombro que me han expresado varios militares, tanto de bajo como y de alta, frente al hecho que hoy ustedes, los ex-comandantes guerrilleros, quieren implementar contra las pandillas una réplica de las estrategias que la Fuerza Armada, siguiendo recetas norteamericanas, aplicó a ustedes durante la guerra. Es un viraje irónico de la historia que ustedes, los ex-guerrilleros, hoy quieren buscar una solución militar a un problema que requiere de soluciones políticas y sociales – mientras los militares llegaron a la conclusión que estas estrategias contrainsurgentes fracasaron – entro otras razones porque comprometieron a la Fuerza Armada con un sinfín de violaciones a los Derechos Humanos.

¿No te parece el mundo al revés que hoy en día son los militares que están consientes de los peligros (para el país y para la institución armada) de una estrategia de usar la fuerza militar para desarticular o incluso aniquilar a las pandillas – mientras que ustedes ordenan a la Fuerza Armada revivir y lanzar contra las pandillas los tristemente célebres BIRI, los Batallones de Reacción Inmediata, como el Atlacatl, el Atonal, el Belloso y el Bracamonte?

Los militares saben que cuando uno activa fuerzas especiales, el conflicto se profundiza, se amplía y se militariza. No me digás que ustedes no tienen conciencia de esto.

Los militares saben que cuando al obligar a los pandilleros a enfrentarse a contingentes militares, se verán obligados a entrenarse mejor, a conseguir más y mejores armas, a reclutar a más jóvenes - y a incrementar sus acciones delictivas para financiar todo esto.

El ministro y el secretario presidencial de Seguridad
Hato habla de un “batallón de limpieza”. Él no lo sabe, pero los militares y los ex guerrilleros sabemos que una guerra de este tipo, contra adversarios que tienen profundas raíces en la población civil, no se puede llevar adelante sin volverse fuerza represiva y violadora de Derechos Humanos. Y que en medio de esta escalada del enfrentamiento, todos los esfuerzos de prevención y de transformación de las comunidades, se vuelven inoperantes.

Las pandillas no son una fuerza militar. No tienen ni la experiencia, ni la estructura, ni el armamento para aguantar el enfrentamiento directo con fuerzas especiales de la Fuerza Armada y de la policía. ¿Realmente piensan que las pandillas, ante esta situación de desventaja, se van a rendir o desmantelar? Van a hacer lo mismo que la insurgencia hizo durante buena parte de la guerra: evadir el enfrentamiento directo, recurrir a atentados, asesinatos de policías y soldados individuales, y atacar estructuras no militares del Estado que les declara la guerra. De hecho, esto ya está pasando. Y no es difícil predecir que esto se va a radicalizar y ampliar.

Aunque ahora el FMLN puede recoger el apoyo de una población harta del miedo, de las extorsiones y de la violencia, ¿creen que este apoyo se va a mantener si su estrategia de confrontación al tope no resuelve el problema sino más bien lo agudiza?

Ustedes han mandado de regreso a Zacatraz a todos los cabecillas de las pandillas involucrados en esfuerzos de parar la escalada el conflicto, de reducir la violencia y de abrir espacio a soluciones basadas en el diálogo, la inclusión y la inversión social. Ustedes ya han dado luz verde a sus fuerzas policiales a implementar operaciones de exterminio y ejecuciones extrajudiciales. Con todo esto, no han debilitado las pandillas, los han empujado a más violencia. Antes de dar el siguiente paso y comprometer la Fuerza Armada en esta estrategia de solución militar, reflexionen bien y exploren seriamente otras alternativas.

Nunca es tarde, Benito. Saludos, Paolo Lüers
(mas!/ El Diario de Hoy)