sábado, 23 de septiembre de 2017

Carta a la Comisión de la Santa Inquisición de la Asamblea Legislativa: Exorcicemos al mal

Diputados:
Celebro que al fin se ha constituido una comisión legislativa que se encargue de la moral en este país. Hemos conocido que su primera acción será revisar y limpiar nuestra cultura de nombres y vocablos que invocan el mal. Una integrante de la comisión me hizo llegar la agenda con los primeros conceptos que van a erradicar.


Puerta del Diablo → Puerta del Santo


Diputado Carlos “El Diablito” Ruiz → diputado Carlos “Santito” Ruiz


Cantón Ateos → cantón Creyentes


Cerveza Cadejo → Cerveza Cordero de Dios


Cerveza Santo Coraje → (prohibirla por blasfemia)


Vino Casillero del Diablo → vino Casillero del Papa


Playa El Tunco → playa Paloma (disculpen, esto tal vez va en contrasentido)


Calle Schafik Handal → calle Roberto D’aubuisson


Calle Roberto D’aubuisson → Calle Schafik Handal (ah no, eso ya lo arregló Bukele, todavía se llama Calle San Antonio Abad)


Jamón del Diablo → Jamón del Cura


La Siguanaba → La Santa Patrona


“…la tumba de los rojos…” → “…el paraíso donde todos nos entendemos…”


¡Muerte a la oligarquía! → ¡Larga vida a José Luis Merino!

Hago un llamado a los lectores a completar esta lista, porque el mal está expresándose por todas partes. Pueden dirigir sus denuncias y propuestas a la Honorable Asamblea Legislativa, Comisión de la Santa Inquisición, o directamente a su presidenta, la diputada Lucy de León.

Espero que sea su comisión que redacte los planes y materiales de estudio para la nueva materia de “moral, urbanidad y cívica”, que el Ministerio quiere introducir a todas las escuelas del país.

En una segunda fase, sea bueno que también revisen el Código Penal, para establecer severos castigos para los portadores del mal. No es suficiente limpiar el lenguaje, hay que limpiar la sociedad…

Saludos,


44298-firma-paolo
(MAS! y EL DIARIO DE HOY)

viernes, 22 de septiembre de 2017

Voto joven. Columna Transversal

Es un círculo vicioso: los que deciden sobre prioridades son las generaciones que no necesariamente tienen interés en soluciones de largo plazo, sino en sus propios intereses de supervivencia.


El Salvador es un país de jóvenes, pero las elecciones son decididas por los viejos. Según un estudio de Fusades, para el 2018 el 30 % de los aptos a votar son jóvenes entre 18 y 29 años; y si sumamos los adultos entre 30 y 39 años, hay una mayoría de 50.8%.

Pero ambos grupos mostraron una participación electoral marcadamente menor que los salvadoreños de 40 años para arriba.

Por otra parte, los problemas más importantes pendientes de resolver son temas que afectan prioritariamente a los jóvenes y su futuro: educación, pensiones, seguridad pública. En los tres campos hay una enorme deuda con el futuro, o sea con los ahora jóvenes. En los tres campos urgen políticas públicas que por su carácter integral y estructural son de largo plazo: no van a definir la vida de los ahora adultos, sino predeterminar el futuro de los ahora jóvenes o niños.

Resulta absurdo que los jóvenes sigan dejando estas decisiones en manos de la generación de sus padres y abuelos. Parte del absurdo es que en un país demográficamente tan joven nadie da prioridad a la tarea de promover la participación política y electoral de los jóvenes. Es un círculo vicioso: los que deciden sobre prioridades son las generaciones que no necesariamente tienen interés en soluciones de largo plazo, sino en sus propios intereses de supervivencia.

Desde el punto de vista de sus propios intereses, la generación que sigue controlando al Estado, la economía y la sociedad, tiene razón para sospechar que los jóvenes, al tomar protagonismo, llevarían al país hacia otros rumbos.

En Alemania se practica desde hace 20 años un experimento que se llama “Juniorwahl – elecciones junior”. Una semana antes de cada elección general, se celebran elecciones donde los jóvenes entre 15 y 18 años votan -sobre la misma oferta electoral de los partidos. Este año se espera que en 3,500 escuelas participen más de un millón de adolescentes.

Lo interesante es que, según los resultados de las “elecciones junior”, en las 4 últimas elecciones federales (de 2002 a 2013) hubieran salido mayorías parlamentarias (y por tanto gobiernos) muy diferentes a los electos en las elecciones de sus padres.

En las elecciones federales de 2002, los socialdemócratas salieron empatados con los conservadores, pero junto con Los Verdes lograron una mínima mayoría de diputados, y su canciller Gerhard Schroeder pudo seguir gobernando. Pero en las “elecciones junior”, los socialdemócratas ganaron una clara mayoría (43 % en vez de 38.5 %), y sus socios del partido Los Verdes lograron un sensacional 14.6 %, en vez de los 8.6 % en las elecciones reales. Los jóvenes hubieran dado un claro mandato al programa de reformas de los socialdemócratas y verdes y esta colación no hubiera sufrido el fracaso que obligó a Schroeder a convocar elecciones adelantadas en 2005.

En 2005, la coalición reformista socialdemócratas/verdes perdió el poder. Pero tampoco la alianza conservadores-liberales logró una mayoría. Se estableció la “coalición grande” entre socialdemócratas y conservadores, bajo la dirección de Angela Merkel. Pero en las “elecciones junior” el resultado fue al revés: los socialdemócratas ganaron a los conservadores, y Los Verdes ganaron claramente a los liberales. Según los jóvenes, la alianza reformista hubiera continuado gobernando, con una mayoría parlamentaria.

En 2009, pasó algo insólito: el electorado (adulto) castigó a los socialdemócratas por haber entrado en coalición con los conservadores. Perdieron en grande, bajando a 23% frente a los conservadores con 33.8%. Merkel logró una mayoría parlamentaria en coalición con los liberales. Hora de la contrarreforma…

Sin embargo, en las “elecciones junior”, el resultado fue diferente: los jóvenes castigaron parejo a ambos partidos de la “gran colación”. Ambos bajaron a un miserable 19%, y los verdes se convirtieron en la primera fuerza, con 21%, y los emergentes Piratas ganaron 12.2%. Este partido rebelde, en las elecciones reales, quedaron con 2 % fuera del parlamento. Es decir, los jóvenes también querían sustituir la gran coalición, pero dieron mayoría absoluta a una coalición reformista aún más radical, incluyendo a los Piratas.

En 2013, el gobierno conservador-liberal fracasó. Los liberales ni siquiera lograron entrar al parlamento. Con 41.5%, Angela Merkel derrotó claramente a los socialdemócratas y verdes, que juntos sólo llegaron a un 34.1%. La única forma de garantizar la gobernabilidad: una nueva “coalición grande”, bajo dirección de Merkel.

Muy distinto fue el resultado de las “elecciones junior”. Los adolescentes entre 15 y 18 años dieron un mandato para una coalición reformista entre socialdemócratas, verdes y Piratas.

En las 4 “elecciones junior”, los jóvenes dieron apoyo a los partidos que propusieron reformas profundas en los campos educación, justicia social/pensiones, medio ambiente y (en el caso de los Piratas) transparencia y revolución digital. Si hubiera dependido de los jóvenes entre 15 y 18 años, Alemania hubiera sido gobernado por coaliciones reformistas, conducidos por cancilleres socialdemócratas, desde 1998, cuando Gerhard Schroeder puso fin a 16 años de gobiernos conservadores bajo Helmut Kohl, hasta la fecha…

Tradicionalmente, los resultados de las “elecciones junior”, aunque son celebrados una semana antes, se dan a conocer en la noche de las elecciones generales. Con un argumento absurdo: para que los jóvenes no influyan a los votantes adultos. Pero los jóvenes tienen todo el derecho del mundo de influir en las elecciones generales, porque es su futuro que está en juego.
(MAS! / ELDIARIO DE HOY)

martes, 19 de septiembre de 2017

Carta a Milena “tu amiga”: Ya no hay indios que se dejen engañar con espejitos

Estimada candidata a diputada:
Esta carta, dirigida a vos, va a todos los candidatos que piensan que para ganar simpatía y votos hay que regalar cosas a los pobres. Incluso es un poco injusto que a vos te estén haciendo leña en las redes sociales por los lentes que estabas repartiendo. Es injusto, porque casi todos los candidatos, de todos los colores, siguen esta mala tradición electorera. Unos regalan escobas, otros dulces, láminas, juguetes, consultas médicas…

Y vos regalás lentes, lo que es peor, ya que las láminas y los juguetes por lo menos no hacen daño a nadie, pero lentes no idóneos sí.

Tampoco sos la primera (ni la última) candidata que usa a los niños para llegar a los padres que sí votan. Claro, a los bichos es más fácil ganárselos con cualquier cosita – y tienen la gran ventaja que no hacen preguntas a los candidatos, no esperan propuestas políticas.

Pero los adultos sí esperan que quienes les pidan el voto les expliquen cómo piensan actuar diferente a los actuales diputados que, según todas las encuestas, tienen tan poca credibilidad.

Los partidos lanzan todas estas “caras nuevas” al juego electoral para convencernos que hay renovación, que hay apertura, que esta vez será diferente. Entonces, ¿qué sentido tiene que estas “caras nuevas” se comporten igual que las generaciones de candidatos que han llegado a las comunidades con piñatas y con discursos vacíos, para luego sentarse en la Asamblea y olvidarse de las necesidades de la gente? Ninguno.

Incluso si sólo se tratara de conseguir votos, esta táctica ya no funciona. La gente no es tonta. Agarran los regalos, porque tienen necesidad; dicen gracias y hacen fila para ver qué traen los otros candidatos vestidos de otros colores. Y se olvidan de tu cara, de tu nombre y tu sonrisa. Pero tengo entendido que no sólo se trata de ganar votos, sino de renovar la política, así me dicen todos los candidatos nuevos, jóvenes, guapos y elocuentes. Y para esto, para renovar la política, para restablecer la confianza en la política y la credibilidad de los diputados, los lentes y juguetes que ustedes regalan a los pobres son tan inútiles como fueron los espejitos que los conquistadores regalaron a los indios; y como fueron los botes de leche en polvo que el ejército repartió a los sobrevivientes de bombardeos y masacres en la pasada guerra civil.

Así no se gana ni el corazón ni mucho menos la mente de la gente. Hay que hacer un poco más: primero, escucharlos, para entender su situación y sus necesidades; segundo: ofrecerles soluciones a los problemas de violencia, desempleo, marginación, abusos policiales. Te digo a vos y a todos los candidatos que hoy andan de barrio en barrio: Si no tienen ganas de aprender, y si no tienen propuestas concretas, mejor no vayan a las comunidades, porque así como lo hacen sólo abonan más a la decepción y la frustración de la gente.

En resumen: O entrás a la política para renovarla, o te exponés a la sospecha que sólo estás buscando los privilegios que reparten en la Asamblea. Y como te dije: Este mensaje va para todos los candidatos, de todos los colores, y por supuesto también a los que buscan la presidencia.

Sólo te digo lo que la gente en las comunidades sienten, pero lo que por cortesía –o por necesidad- no te dicen en la cara. Saludos,

44298-firma-paolo
(MAS! / EL DIARIO DE HOY)