Cartas de felicitación

Estimada Vanda Pignato:

la felicito por el nuevo rol de canciller que en estos días estuvo estrenando con la visita al Secretario General de Naciones Unidas y el abrazo a Bill Clinton. Es una sabia decisión por parte de su marido, el presidente, viendo la gran experiencia que ha acumulado en sus innumerables viajes. Y como también tiene que haber acumulado millones de millas como frequent flyer, sus próxima giras como canciller nos saldrán de ganga.

La otra buena noticia es que con su cambio a cancillería, ya pueden desmontar el superministerio que su esposo le ha armado en Casa Presidencial, bajo el nombre de Secretaría de Inclusión. Felices van a estar los ministros cuando les devuelvan las competencias y los fondos que poquito por poquito les han quitado para pasarlas a esta Secretaría que en secreto llaman de Intrusión…
Una vez usted sea nombrada oficialmente y se instale en cancillería, tal vez ya no sean necesarias que cada 4 meses transfieran entre 5 y 9 millones de dólares de los ministerios a Casa Presidencial.
Con los mejores deseos para su viajes, Paolo Lüers

Estimado Manuel Melgar:

te felicito por tu regreso al Parlamento Centroamericano. Y por la decisión del FMLN de volver a incluirte en este programa de becas. Ya era mucho pedirte que siguieras lidiando y desgastándote con el paquete de Seguridad. Seamos sinceros: yo sé, vos sabes, todos sabemos que eso no era para vos…
Por lo menos puedes salir con la cabeza en alto. Mientras nuestros deportistas fallaron en los Juegos Panamericanos, por lo menos en la disciplina de asesinato ganamos el campeonato mundial, gracias a tu excelente trabajo.
Con los mejores deseos para el merecido retiro, Paolo Lüers
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Carta a nuestro gobierno

En mi pagina facebook se desarrolló el siguiente diálogo:
Yani Abrego: “sabes algo paolo yo siempre leo tus cartas que escribes en el Mas y me gustaria hacer una yo y pedirle al presidente un maldito empleo pa darle de comer a mis hijas pero lastimosamente no me haran caso asi como pasa en este pais.”
Paolo Lüers: “Hagala y me la manda. Si es buena, yo la publico. ok?”
Yani Abrego: “hablas en serio porque ahorita siento una maldita frustacion que no puedo con ella he ido a dejar muchos curriculum y por mi edad y por no ser profecional no me contratan y no terminare en un bar de mala muerte te lo aseguro.”
Paolo Lüers: “Mandame la carta al presidente o al director de la fabrica del empleo.”
Yani Abrego: “hola paolo, aquí te mando la carta espero te guste y así al menos descargo esta impotencia que siento, como le pasa al mayor porcentaje de nuestra población. gracias de nuevo.”
Aquí está la carta de Yani Abrego:

Carta  a nuestro gobierno

Respetable gobierno, creador de la fábrica de empleos, jamás vista en nuestro país.
Sus miembros, que somos los desempleados, nos llenamos las necesidades como se puede. No comemos de promesas ni comerciales. Los servicios básicos no son pagados con sólo soñar con que el gobierno nos puede crear un empleo digno.

Díganme por favor adónde queda la fabrica de empleos. Pero donde no se dan cursos de cosmetología, que comienzan  cortando cabello y terminan con un excitante masaje… Porque yo no quiero un empleo así. Quiero un empleo donde no averigüen de qué partido político soy o por quien voté las elecciones pasadas.

Porque déjenme decirles que yo si me creí el cambio. 

Saben una cosa: si alguien sabe dónde puedo hacerme pasar  por un familiar de un padre de la patria o algún con un puesto en una institución publica, para que me den un empleo con un jugoso salario - ah  y que también me consigan un titulo falso, porque yo solo tuve la oportunidad de llegar a noveno grado, por pertenecer a la clase más baja de nuestro país.

Bueno, espero respuestas a mis interrogantes hechas en este espacio, porque no tengo  una imagen atractiva ni dinero para hacérmela, para que me contraten en un medio de televisión. Ni tengo a alguien cercano que pueda influir en algún lugar y así  tener derecho a una oportunidad de empleo donde pueda sacar a mi familia adelante.

Atte., Yani Abrego

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Carta abierta a mis amigos del Faro que editan la sección 'Sala Negra'

Paolo Lüers
 

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Amigos y colegas de El Faro:
Me preocupa que ustedes adoptan el lenguaje de los pandilleros. Dándole legitimidad a un lenguaje que no solo es mentiroso, sino además es parte de su esquema de toma de control. Ustedes cayeron en la trampa que las pandillas tienden al apoderarse de términos que no les pertenecen, sino que los roban a sus verdaderos dueños. Pervirtiendo los contenidos y las connotaciones. Dejando a la sociedad sin palabras.
Ustedes titulan la serie de reportajes 'El barrio roto' - y describen la ruptura de la pandilla 18. Al fracturarse la pandilla, no es que se rompió el barrio. El barrio se rompió mucho antes, precisamente cuando los pandilleros se apoderaban de él. Se apoderaron geográficamente: controlándolo, corrompiéndolo, destruyendo su tejido social; y lingüísticamente: convirtiendo un término positivo que significaba vecindad, tejido urbano, solidaridad… en nombre de una pandilla que destruye el barrio.
Barrio, en nuestra memoria ya casi nostálgica, es: niños jugando en el pasaje, jóvenes juntándose en el parque, hombres y adolescentes tomando cerveza en la tiendita, vecinos cuidando a los hijos de sus vecinos, señores que de noche sacaban sus sillas a la acera para platicar, chavos enamorando a las chavas en las esquinas, mujeres ayudando a las vecinas, los viejos regañando a los chavos…
Este tejido social de vecinos fue destruido por los pandilleros. Por su siembra del miedo y de la desconfianza. Los viejos ya no le dicen nada a los bichos, porque podrían sacarles un cuchillo o una pistola. En las noches hay toque de queda en los barrios. Las puertas, antes abiertas hasta que la gente se acostara, permanecen cerradas todo el día, con rejas y candados. Los únicos que circulan en la noche son traficantes y pandilleros. Y para más joder se hacen llamar 'El Barrio'. Y ustedes reproducen esta trampa lingüística, asumiendo y legitimando el lenguaje de ellos…
"El Hamlet, por ejemplo, tuvo alguna vez el respeto y la experiencia para ser alguien en el Barrio" (Barrio Roto III, El Faro)
Lo que necesitamos es con contrario: Así como hay que recuperar el barrio, hay que recuperar las palabras. Hay que quitarles a los pandilleros las palabras que robaron a sus vecinos. Palabras como 'barrio', pero también la palabra 'mara'. 'Mara' era una palabra positiva: el tropel de amigos que se juntaron para vagar, para tomar cervezas prohibidas, para cometer las imprudencias de la adolescencia, para ir al cine, para molestar a las chavas. Hoy los que nos robaron esta linda palabra siguen molestando a las chavas, pero violándolas, no con palabras y piropos, sino con cuchillos y machetes. No tienen derecho de llamarse 'mara', y los medios y los antropólogos no tienen derecho de legitimar esta usurpación del vocabulario del vecindario. No es justo.
Aceptar y reproducir que los pandilleros se llaman 'El Barrio' o 'mara' es como aceptar y reproducir el lenguaje de las FARC o de Sendero Luminoso y referirse a ellos como 'guerrilla', 'luchadores sociales', 'freedom fighters', cuando en realidad son narcos que mantienen secuestrados estos términos para legitimarse.
Ustedes pueden contar las historias de los pandilleros, si consideran que la sociedad necesita conocer los fenómenos que la destruyen. Pero desde más distancia, sin caer en sus trampas, sin legitimar su lenguaje y sus mitos.
Los pandilleros de la 13 y de la 18 necesitan, internamente y frente a la sociedad, mantener viva la leyenda que ellos defienden sus barrios. Hay que buscar una forma de contar sus historias sin confirmar esta mentira. Sin aportar a sus leyendas, sus mitos, su subcultura. Si no, los escritores nos hacemos cómplices. Me interesa lo que ustedes logran investigar y contar sobre los pandilleros en su proyecto 'Sala Negra', pero me incomoda la forma, el lenguaje. Está bien que traten de acercarse a los pandilleros para entender y para hacernos entender, pero no está bien que pierdan la distancia crítica, al extremo que adopten su lenguaje y les ayuden a tejer la mitología que les da cohesión.
Ustedes se meten en temas y lugares donde el periodismo no ha llegado. Es un mérito, un aporte valioso al periodismo. Quiere valor y persistencia, y una apertura que los medios nunca han fomentado. Pero, por favor, reflexionen sobre la forma, tengan cuidado de las trampas que les tienden quienes necesitan legitimarse para seguir recibiendo apoyo popular. Mientras los pandilleros se manejan como 'mara', 'el barrio', y mientras no son desenmascarados como lo anti-barrio, anti-mara, anti-social que son en la práctica, les resulta más fácil a los familiares y vecinos a justificar su colaboración, su complicidad, su falta de resistencia, su silencio.
Sigan con 'Sala Negra', escriban sobre los barrios y la violencia, pero recuperen la distancia crítica que necesita el periodismo investigativo.
Saludos, Paolo Lüers
(El Diario de Hoy)
Certifica.com

Carta a los salvadoreños con nostalgia a la ciudad que perdimos

Estimados amigos:
El sábado pasado fuimos de viaje, para escaparnos, aunque sea por un rato, de las angustias que vivimos los salvadoreños.
Al llegar al destino, ya de noche, fuimos a la zona gastronómica-cultural de la ciudad. Primero al Palacio Municipal, renovado en todo su esplendor y convertido en centro cultural. Por casualidad nos encontramos al alcalde, quien nos ofreció un tour, primero del palacio, y luego del famoso Paseo, como llaman la milla nocturna de esta localidad.

Para los que vivimos en San Salvador, toda una revelación: miles paseando en la calle, jóvenes y viejos, figuras elegantes y familias humildes, escuchando música, comprando artesanías locales, comiendo, compartiendo copas. Docenas de cafés, restaurantes, bares, pegados uno al otro, con mesas en las aceras. Y para los que no pueden gastar mucho, comedores montados en la calle. Todos los negocios llenos, con inusual variedad de estilos, ambientes, ofertas culinarias y musicales.

Los habitantes y los turistas desfilando de un local al otro, encontrando a viejos amigos, conociendo a nueva gente. Para los salvadoreños, que estamos acostumbrados a vivir, trabajar e incluso departir en lugares cerrados y amurallados, para no caer víctima de la violencia epidémica, una sensación extraña de libertad y seguridad…

Nuestro guía turístico, el alcalde, nos explicó que incluso para su ciudad esta experiencia es nueva. Es el resultado de seis años de planificación, inversión urbana, para crear un entorno que anima a los emprendedores locales a invertir. “A nosotros como gobierno municipal no nos toca poner negocios, sino a crear las condiciones para que los privados tengan confianza y encuentren el ambiente idóneo para invertir…”

¿Qué es lo que esta alcaldía ha invertido? Remodelación y ampliación de las aceras; con árboles, masetas de flores y faroles. Los feos postes fueron sustituidos por conductos subterráneos. Un sistema de vigilancia por cámaras. Despliegue de la policía municipal. Programas culturales. Y un reglamento que evita que esto se convierta en un mercado más de negocios informales e insaludables. Esto es todo. Pero es mucho.

Caminamos, compramos, bebimos, comimos, escuchamos música, conversamos. Todos los ingredientes que uno necesita para pasar una noche divertida…

No tuvimos que viajar hasta Bogotá o San José Costa Rica para pasar esta linda noche. Sólo tuvimos que viajar 15 minutos en carro. La ciudad se llama Santa Tecla. El paseo se llama El Carmen. El alcalde se llama Óscar Ortiz. La moraleja de esta historia: Sí se puede.

Nos vemos en El Carmen, Paolo Lüers
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