Carta a los diputados


Carta a los diputados

Estimados:

Luego de 9 años de discusión, aprobaron una ley de medicamentos. Todos cayeron en la trampa del populismo: los de izquierda, que promovieron esta ley; y los de derecha, que a pocos días de las elecciones no se atrevieron a negar sus votos a una versión populista y demagógica de esta. 

Que lástima que ustedes, los diputados de ARENA, Partido Esperanza y Concertación no tuvieron el valor de pelear por una ley que realmente resolvería el problema: una ley que garantiza la libre competencia en el mercado de medicinas, en vez de crear una nueva burocracia estatal para regular los precios. Dicen que ya tuvieron consenso sobre una versión decente del la ley, cuando a última hora el FMLN gobierno cambiaron el texto. Y como ellos ya tuvieron comprados los votos de Gana, el resto no quería quedar afuera de la jugada populista. La fábrica de leyes malas en acción.

El problema a resolver eran los privilegios de algunas empresas que no dejaban que funcionara el mercado y la competencia. Por esto los horrendos precios de las medicinas. Pero esta ley que acaban de aprobar no resuelve el problema del abuso, sólo lo regula. Van a seguir abusando del consumidor, o sea del enfermo, sólo un poco menos. Vamos a tener abuso regulado.

Para erradicar el abuso hubieran tenido que hacer algo radical: liberalizar el mercado, en vez ponerlo en manos de papá Estado. Con esta su ley será diez veces más difícil que alguien importe medicinas, sólo las empresas grandes podrán hacerlo. Si hubieran hecho lo contrario, quitando los obstáculos a la importación para empresas nuevas y pequeñas o incluso al consumidor final, rápido se hubieran reducido los precios.

En serio: ¿Por qué no me permiten pedir mi medicina por internet al precio más barato que algún distribuidor ofrezca en Estados Unidos? Siempre cuando el medicamento tenga la aprobación de las autoridades de salud competentes, ¿cuál sería el problema?

Esta su ley no va a dar el fruto deseado: los precios no van a bajar mucho, no habrá más oferta de más competidores, sino menos.

Y una pregunta, señores diputados: ¿Qué ley van aprobar ustedes para que el público tenga acceso a las consultas médicas de 3 ó 5 dólares que ustedes ahora prohibieron en las farmacias? Porque si no, la gente que hasta ahora ha pasado consulta en farmacias, tendrá que pagar consulta privada cara. Al fin les saldrá más caro el asunto que sin esta ley que supuestamente protege al bolsillo del consumidor...

Una vez que salgan de la goma de tanto celebrar su ley de medicamentos, nos deberán respuestas a estas interrogantes.

Paolo Lüers 
(Más!/EDH)

Carta a los jefes de campaña de los partidos

Estimados amigos:


Siempre antes de las elecciones salen algunos fantasmas: por ejemplo grupos armados de carácter político.

A ustedes quienes dirigen y diseñan las campañas electorales, les solicito: no lo conviertan en tema de campaña política. Son fantasmas. Esto quiere decir: no son reales. Querer asustar con ellos para ganar votos, sería irresponsable.

Acaba de saltar uno de estos fantasmas: la banda de Sesori, la “nueva guerrilla” en Oriente...

Por suerte, no fue un partido que detectó el fantasma. Fue la policía. Pero antes de que algún partido ceda ante la tentación de querer sacar raja electoral de esta extraña noticia de una “nueva guerrilla” en el norte de San Miguel, quiero advertir lo siguiente: por suerte en El Salvador no tenemos violencia política en el sentido de grupos que apuestan a la lucha armada o la represión armada como instrumento de su estrategia política. Definitivamente no lo tenemos. No porque no existan algunos locos tanto en la izquierda como en la derecha que sueñan con aventuras de este tipo, sino simplemente porque la sociedad no lo permite. Punto.

La banda de Sesori no es una guerrilla, sino una banda de delincuentes comunes que hay que desmantelar con toda la fuerza de la ley. Pero no hay que buscarle una quinta pata al chucho.

Por esto es importante que nadie lleve este asunto a la contienda electoral. La gente de todos modos no va comprar el cuento a ningún partido que en la recta final de la campaña electoral empieza a hablar de fantasmas.

Todos conocemos los grupo armados que existen y que hay que desmantelar: las pandillas. Que algunos de ellas de repente usen un lenguaje “revolucionario”, no tiene nada que ver con la realidad. Siguen siendo maleantes.

El país, por suerte, ha superado la violencia como instrumento de alcanzar o defender el poder político. Las raras excepciones confirman la regla.

No creamos problemas donde no las hay.

Paolo Lüers
(Más!)

Columna transversal: Reflexiones de un viaje turístico



Columna transversal: Reflexiones de un viaje turístico

Cuando vine a Centro América para cubrir las guerras entre insurgencia y contrainsurgencia, mi hermano H. era escéptico.

Cuando decidí abandonar mi posición de observador periodístico para poner mi profesión al servicio de la insurgencia salvadoreña, mi hermano H. se mostró más escéptico.

Cuando al final de la guerra fui a Alemania y le comuniqué a mi familia que me iba a quedar en El Salvador para cosechar los frutos de la lucha y participar en la construcción de la democracia y de la paz, mi hermano H. se mostró más que escéptico. Me pronosticó que me iba a frustrar, que iba a fracasar...

Y así, sucesivamente, en cada estación de mi relación con El Salvador: cuando me separé del Frente, pero no del país; cuando comencé aventuras como La Ventana o mi incorporación al periodismo nacional. Siempre mi hermano se mostró escéptico, igual que casi todos mis familiares y amigos alemanes.

Al fin, ya con 72 años de edad, decidió que quería conocer El Salvador y mi vida en este país exótico, que sólo entra en las noticias internacionales por sus muertos.

Ayer se fue, luego de una semana de estar en El Salvador, con su esposa y con dos amigos. Sus palabras de despedida: "Un país con gente tan sonriente y generosa; un país con carreteras tan buenas; un país que te aguanta a vos luego de 30 años de andar jodiendo; un país con tanta gente que te quiere... es el lugar correcto para alguien como vos. No me convenciste vos, El Salvador me convenció..."

Voy a tratar de reconstruir qué es lo que vivió mi hermano en una semana de estar en El Salvador, para llegar a superar su escepticismo de décadas frente a la historia de amor entre su hermanito y este país.
Lo llevé a caminar en el centro de San Salvador, en el caos urbano que nosotros percibimos como amenazante. Pero su experiencia directa era con gente amable, con viejitos en la Plaza Libertad que saludaron a "don Paolo del MAS".

Como la Catedral estaba tomada por a saber quién y por tanto cerrada, lo llevé a la iglesia El Rosario, y quedó impresionado de la belleza del lugar, el juego de luces, y las pláticas con varios de los visitantes humildes que le contaron de la historia de este lugar, incluyendo la masacre. "Pero esta gente no estaba amargada, por nada, estaba orgullosa de que todo esto ya es pasado y superado...", me comentó mi hermano.

Lo llevé a comer en lugares exquisitos y caros, pero también en comedores populares, y en ambas categorías mis invitados tuvieron pláticas con los dueños y los empleados. Los dueños, por ejemplo, del hotel lujoso "Los Almendros de San Lorenzo", en Suchitoto, y la pupusera en el Barrio Concepción, les mostraron la misma apertura, y sobre todo, el mismo orgullo de recibirlos y satisfacerlos.

Los llevé al Boquerón, a Santa Tecla, a Suchitoto, al Lago de Coatepeque, Ataco y el Tunco, y en todos los lugares, humildes o de lujo, fueron tratados con cariño y amabilidad. Se trata de viajeros casi profesionales, que han recorrido los destinos turísticos del mundo, pero no estaban acostumbrados a este calor humano a la hora de recibir a los turistas.

Los llevé a la casa humilde de un ex-jefe guerrillero, para que conocieran a una leyenda, pero sobre todo para que se dieran cuenta que este hombre vive de manera normal, sin miedo, sin resentimientos.
Conocieron a hombres y mujeres de derecha y de izquierda, y observaron la manera cómo la pasaron jodiendo conmigo, a pesar de que me conocen como figura polémica, crítica y, como uno de ellos les dijo "un francotirador sin dueño".

Los llevé al Museo de Arte Moderno, vieron también La Ventana llena de arte, conocieron a algunos de mis amigos artistas, y llegaron a la reflexión: "Un país de estos colores y de tantos pintores no puede ser tan violento como dicen".

Las impresiones de mi hermano pueden haber sido superficiales. Sólo pasó una semana de vacaciones. Pero era suficiente para que abandonara su escepticismo y me felicitó por mi vida en este país.
Quería compartir esto, porque necesitamos que a veces nos eleven la autoestima.

(El Diario de Hoy)

De árboles torcidos. Soluciones coyunturales a la mala planificación.

Un amigo botánico francés en visita a El Salvador me dijo: "que formas más interesantes tienen los árboles en El Salvador", mi pena fue explicar que no era la forma natural de los árboles sino la competencia con cables de electricidad.

Franca guerra parecemos tener con nuestros árboles. Las ciudades de El Salvador y mucha del área rural son el campo de batalla de una lucha entre árboles y cables de electricidad. La lucha, como suele suceder cuando en El Salvador se enfrenta “desarrollo” y “conservación”, la ganan siempre los cables de electricidad.

En algunas ocasiones se entiende la necesidad de seguridad, para evitar incendios o corto circuitos. Muchas veces tienen razón y hay proceder. Pero no es el 100% de los casos, no toman en cuentan las otras perdidas que estamos teniendo. Y sobre todo es que son soluciones coyunturales debido a una mala planificación.

Los cables de electricidad se trazan sin casi ninguna regulación, utilizando hasta las cuatro esquinas de una cruz-calle, ambas aceras o hasta pasan sobre nuestras propiedades. Esto sucede en parte por saturación y mucho por desorden; se mezclan cables telefónicos, con eléctricos, servicios de televisión, redes de fibra óptica y otros más. Como en El Salvador hay libre competencia tenemos muchas compañías que nos proveen estos servicios, tenemos postes de cada una de las empresas, a veces tres distintos en menos de 10 metros cuadrados. Como siempre la libre competencia sin regulación produce estragos, tan malos como la falta de libertades económicas. Esto no solo hace que la ciudad se vea estéticamente mal, sino que aumenta el riesgo que se produzcan corto circuitos. Y claro, cuando algo no está regulado, es perjudicar a quien no tiene que hable por él, en este caso los árboles. En vez de organizar nuestra grilla eléctrica, hacerla eficiente, lo que sale más práctico es mandar la cuadrilla de corta arboles.

A veces son las municipalidades, a veces son las compañías de distribución de energía eléctrica, a veces la misma SIGET y ahora hasta hay anuncios de empresas que se dedican a cortar árboles. Lo más fácil e inmediato, en vez de tratar de construir una ciudad hermosa, con árboles y sin cables. Muchas veces el argumento para esto es que los cables subterráneos son muy caros, a lo mejor lo son, pero el valor de plusvalía para las casas que están enfrente no tiene cables ¿cuánto será?, porque no impuesto municipal a la plusvalía para que nuestras casas no tengan peligrosos cables eléctricos en frente y tengan árboles que nos den salud y aire puro. Ejemplos de estos se han hecho es ciudades como Bogotá.

Yo creo que no es difícil convencerlos de las ventajas del microclima que genera tener árboles, no creo que sea desconocido para nadie que al entrar a un parque o una colonia arbolada la diferencia de temperatura que se siente. También hay que considerar que tener casas con una temperatura adecuada y agradable no solo es un beneficio medio ambiental, es un beneficio a la salud. Por último tampoco es desconocido que las mejores urbana posibilita el disfruto de los ciudadanos del espacio propio y alrededores, así en conjunto con otras intervenciones puede mejor la seguridad de nuestras colonias.

La plusvalía de nuestras casas y negocios se ve afectada. Nuestros negocios tendrán parqueos bajo el sol, que a los clientes normalmente no les gustan, tendrán locales más calientes, por lo que tendrán que utilizar aire acondicionado o ventiladores, así aumentando nuestra factura eléctrica (mmm produciendo más ingresos para las empresas distribuidoras que cortaron los árboles). Sin llegar a extremos maquiavélicos, es suficiente con decir que una casa o local con árboles es más barata de administrar, por lo tanto tiene mayor valor y un mejor precio en el mercado. Además de que una casa con clima agradable es más fácil de vender.

En fin, el asunto de los árboles torcidos de El Salvador, no es un asunto cosmético o de “abraza árboles” es un asunto económico, de planificación y de seguridad. Que requiere de regulación de parte de la SIGET o de alcaldes con ideas nuevas para mejores ciudades.