Telegramas en tiempos de transición

Ningún presidente tiene la obligación de nombrar a ministros que me gustan. Y ningun presidente lo hizo, con muy pocas excepciones.

3 de las 4 ministras nombradas provienen del círculo interno del futuro presidente. Pero Michelle Sol es la primera donde no se detecta ninguna otra razón que explique su nombramiento.

Alexandra Hill: No es nada depreciable el consejo que le dio Roberto Lorenzana de mejor documentarse bien antes de ir a entrevistas. Por lo demás, me gusta su compromiso con los que se han metido en problemas y con darles segundas oportunidades.

Nayib Bukele: Todavía estamos esperando la carne. ¿Qué va a hacer con Seguridad? ¿A quiénes va a poner donde hay: en CEL, GEO, INE, CEPA, ANDA?  

Mauricio Interiano: Que raro que alguien que proviene del mundo de los ejecutivos corporativos no entienda que ciertos fracasos obligan a renunciar. Aunque no sea el único responsable.

Comisionado Landaverde: Echarle la culpa de los homicidios al futuro gobierno es la declaración de bancarrota menos elegante. Mejor se hubiera quedado con los 20 años de Arena…

Comisionado Cotto: Usted dijo que se quedará en la PNC. Sería más digno renunciar, porque la única manera de quedarse con el uniforme sería como agregado policial en Qatar.

Tengo que corregir el telegrama del 18 de abril: Mauricio Landaverde y Howard Cotto piden $260 mil – cada uno. Si no, amenazan con quedarse en la PNC. Disculpen, piden $350 mil cada uno.

Pero queda válido el otro telegrama: Sres. Comisionados Cotto y Landaverde: Recibimos su demanda extorsionista. Queda rechazada. Espero que el presidente electo no decida otra cosa.

Raúl Melara: ¿Entendí bien la noticia de que la fiscalía tiene testigos criteriados quienes a pesar de ser confesos de delitos siguen siendo fiscales? Por favor, dígame que no es cierto.

Oscar Ortiz: Para tener un mandato claro para los cambios que hay que hacer en el Frente, tenés que decir en público y con toda claridad qué piensas hacer con el partido.

Sigo pensando lo imposible: La crisis de ARENA (tal vez) se resolverá si Carlos Calleja y Javier Simán intervienen juntos. Muy transitoriamente, por supuesto, como facilitadores para crear un COENA de consenso.

Corte Suprema de Justicia: ¿Ya quedan perdonados y olvidados los pecados que el jefe de Probidad Carlos Pineda cometió cuando quiso chantajear a los diputados a que voten por su elevación a magistrado? Ya nadie habla de su sustitución. Por lo contrario: Corte Plena le ayudó a salvar a Gallegos. Quien por su parte apoyó su candidatura a la Sala.

Nuestro Tiempo: En honor al nombre que escogieron, entren en acción ahora, con palabras claras. Alguien tiene que llenar el vacío de liderazgo y visión, antes de que lo ocupe el nuevo gobierno.

Al juez especializado que preside el caso tregua: Espero que usted haga honor a la independencia de los jueces y absuelva a los 19 acusados.


Saludos a todos,

( MAS! y EL DIARIO DE HOY)


Carta a Cristina y otros: Cuidadito con los conductores

Querida Cristina López:
Espero que la columna “Cuando el deber llama” que publicaste este lunes no sea un aviso que hayas aceptado un cargo en el gobierno. Simplemente no creo que alguien tan crítica, independiente y exigente como vos quepa en un gabinete presidido por Nayib Bukele.
Pero vos hiciste en su columna una comparación extraña para argumentar que los profesionales preparados para cargos en el gobierno no deberían negarse a aceptarlos, solamente porque no les parece propicio el ambiente alrededor de un presidente electo “que miente, ataca, difama y desinforma para explotar el hartazgo de la población sin ofrecer reformas concretas sustanciales a cambio”. Negarse a colaborar con el nuevo gobierno “sería el equivalente a quemar el autobús donde vamos todos con tal de demostrar las imperfecciones del conductor”.

Es una comparación forzada. Si estamos sentados en un bus y resulta que está al punto de chocar por su manera irresponsable de manejar del conductor, lo que vamos a hacer es tratar de bajarnos antes de que nos mate el conductor. O en un caso extremo, trataríamos a sacar del timón al conductor ebrio, drogado o loco. Lo que a nadie se le ocurriría sería quemar el bus.

En primera instancia yo trataría de no subirme a un bus si tengo desconfianza de que el conductor, por ebrio o inepto, nos va a hacer torta. Entonces, si choca, mala suerte para los que se subieron, desatendiendo las advertencias. Trágico también para los que el busero se llevaría de encuentro – pero de todos modos, yo no lo hubiera podido evitar, aunque me hubiera subido.

Quedémonos con la figura de comparación: Si usted está al punto de subirse a un bus y ve que el conductor no es de confiar, ¿tendrá sentido sentarse a la par de él para ayudarle a conducir?

Dejemos el bus y hablemos del gabinete de gobierno. Coincido contigo, Cristina, que es legítimo que alguien, aunque no esté comulgando con todas las ideas del presidente electo, acepte participar en el gobierno – si ve posibilidades de aportar por el bien del país. Por más personas que hagan sin perder el sentido crítico, mejor. Pero tampoco podemos comparar la decisión de alguien que no quiere ser parte de este gobierno, porque no cree en su rumbo, con un terrorista que quema el bus, en vez de hacer lo posible para prevenir que choque.

Ambas posiciones son legítimas: la de participar para evitar que el gobierno fracase; y la negarse a participar de un proyecto político en el cual uno no tiene confianza. No se puede tildar de traidores a los que aceptan participar, y tampoco acusar de sabotaje a los que se mantendrán en posición crítica o opositora. Tomen en cuenta que uno sirve al país desde el gobierno o desde la oposición – ambos papeles son necesarios, y ambos hay que cumplirlos bien y con responsabilidad.

Así que estimada Cristina, cuidadito con los malos motoristas que suelen chocar los buses, casi todo los días. Lo mejor es siempre tratar de evitar que tomen control del volante. Pero si no se pudo, mejor apartarse…

Y cuidadito con figuras de comparación que no funcionan para fortalecer un argumento. Estoy seguro que coincidimos en que sería mejor que los que formen el gabinete del gobierno entrante no sean los peores que rodearon al futuro presidente en toda su trayectoria. Hasta ahora, con los nombramientos de Cancillería y Cultura, no vamos tan mal – aunque hasta ahora el dilema que tematizaste (aceptar o no un cargo) no ha existido, ya que ambas mujeres nombradas provienen del círculo interno, casi familiar del presidente electo.

Saludos,
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CIRES en vez de CICIES. Columna Transversal

Olvídense de la CICIES. No necesitamos una comisión internacional que ataque la corrupción por el lado de la investigación y persecución penal. Ya se ha mostrado que esta parte de la lucha contra la corrupción funciona en manos de nuestras instituciones, y con mejores presupuestos y asistencia técnica internacional lo harán aún mejor.

Pero hay otra parte de la lucha contra la corrupción que está en pañales: la consecuente e integral reforma del Estado que erradique la incapacidad e ineficiencia en la administración pública y la deficiencia de los servicio a la ciudadanía. Por que es errónea la idea de que la corrupción comienza donde un funcionario robe al Estado o acepte sobornos. Esta es la parte de la corrupción que es más fácil erradicar, y de hecho El Salvador y otros países latinoamericanos lo están haciendo con bastante éxito. La parte de la corrupción mucho más difícil es la que comienza con la contratación de un funcionario no capacitado para su cargo, y que continúa con estructuras burocráticas que en vez de solucionar problemas los complican.
La “corrupción delictiva”, para llamarla de algún modo que la distingue de la “corrupción sistémica” que tiene que ver con la forma ineficiente como se organiza el Estado, es más fácil de detectar y erradicar porque el Estado tiene instrumentos para hacerlo: instrumentos institucionales de investigación y de persecución, como la PNC, la Fiscalía, Corte de Cuentas, tribunales, la Sección de Probidad. Algunas trabajan bien, otras todavía no, pero será fácil mejorarlas con recursos adecuados y asistencia internacional, sin necesidad de una Comisión Internacional que entra en conflicto con el orden constitucional del país.

Además, la lucha contra la parte delictiva de la corrupción (los presidentes que usan partidas secretas para robar millones; ministros y alcaldes que se dejan sobornar) tiene la gran ventaja de tener la opinión pública no sólo de su lado, sino presionando a las instituciones, pidiendo resultados.

¿Pero quién denuncia, quién investiga, quién erradica la corrupción que no se deja definir como delitos perseguibles sino que requiere transformaciones estructurales en el Estado? Nadie. Leemos en los periódicos de un presidente y otros funcionarios presos por corrupción, de otro presidente prófugo por corrupción, de alcaldes procesados por corrupción, pero nunca leemos de investigaciones que nos explican que cientos de millones de dólares se pierden por ineficiencia. Lastimosamente no es cierto aquella consigna del presidente electo que dice que “el dinero alcanza cuando nadie roba”. Es una visión muy corta de la corrupción y de las reformas que necesita el Estado para erradicar la ineficiencia sistémica. Al final del día lo que perdemos por la corrupción/robo es nada en comparación con la corrupción/ineficiencia…

La crisis permanente de los hospitales públicos y de los medicamentos no se explica ni por el montón de dinero que robaron los presidentes ni tampoco por lo poquito que pueden estar robando directores o administradores del área salud. Se explican por fallas en el aparato gubernamental que impiden que los recursos existentes sean bien aprovechados y se reflejen en beneficios de los usuarios.

Lo mismo en el sistema escolar, en la manera como se administran la PNC, el agua, la política energética. Podemos armar el mejor sistema de investigación policial, la mejor fiscalía, el mejor sistema judicial, la mejor CICIG y posiblemente agarrar y meter presos a todos los ladrones metidos en salud, Educación y Seguridad, en ANDA y CEL, y con esto se aun no van a mejorar los servicios públicos que dan estas instituciones, porque siguen sin tocar las fallas sistémicas de esta administraciones públicas que evitan que trabajen con eficiencia.

Y para esta tarea no tenemos instrumentos. Así que, si queremos institucionalizar la disposición internacional de ayudarnos en la lucha contra la corrupción, no pensemos en una CICIG que duplique el trabajo de la Fiscalía General. Pensemos en una comisión que nos ayude a reformar el Estado y a hacer más eficiente el servicio público y las instituciones que brindan servicios a la ciudadanía. Para esto se necesitan leyes adecuadas, como por ejemplo la permanentemente engavetada Ley de Servicio Público; se necesita reforma profunda de la burocracia; tecnología adecuada para hacer el aparato estatal a la vez más eficiente y más transparente; sistema de evaluación de funcionarios y de incentivos…

En esta reforma del Estado se tendrá que enfrentar a resistencias muy fuertes de grupos de interés incrustados en el aparato del Estado; funcionarios privilegiados igual que sindicatos. Para esto hay que hacer investigaciones, elaborar propuestas, movilizar la opinión pública. Invito al futuro presidente de establecer y dotar de total autonomía una Comisión Internacional de Reforma del Estado –y a comprometerse a poner en práctica sus recomendaciones. CIRES en vez de CICIES. Simplemente insistir y tratar de imponer una CICIES a la guatemalteca sería demagogia.