Carta al presidente: ¿Por qué oculta los años más importantes de su vida?

Estimado señor presidente:
La Constitución define los requisitos para ser presidente: “ser salvadoreño por nacimiento, hijo de padre o madre salvadoreño; del estado seglar, mayor de 30 años de edad, de moralidad e instrucción notorias; estar en los ejercicios de los derechos de ciudadano, haberlo estado en los 6 años anteriores a la elección y estar afiliado a uno de los partidos políticos reconocidos legalmente.”

Todos los requisitos son fáciles de comprobar: o se cumple o no se cumple. Menos uno: “de moralidad e instrucción notorias”.

¿Qué es la “moralidad e instrucción”? ¿Y qué significa “notorias”? Luego de los presidentes Saca, Funes y Sánchez Cerén y sus resultados pobres, son interrogantes válidas.

Una ciudadana quiso explorarlos y solicitó a Casa Presidencial su hoja de vida. CAPRES se negó a entregarla, hasta que el Instituto de Acceso a la Información Pública se lo ordenó.

Los periódicos publicaron su hoja de vida. No se si la ciudadana que la solicitó queda satisfecha. Yo no. Alguien que aplica para un cargo tan importante no puede tener un hueco negro de 21 años en su hoja de vida. La suya deja en lo oscuro los años 1979 a 2000. En 1979 es profesor en Quezaltepeque, y en 2000 de repente es diputado.

Todos sabemos que entre 1979 y 1992 usted fue comandante de las FPL; que luego del asesinato de la comandante “Ana María” y del suicidio del comandante “Marcial” usted se convirtió en el Jefe Máximo de las FPL; y como tal en uno de los 5 miembros de la Comandancia General del FMLN. Y en 1992, usted fue firmante de los Acuerdos de Paz.

¿Por qué nada de esto aparece en su hoja de vida? Difícilmente usted hubiera llegado a la presidencia por méritos en su corta carrera como profesor de primaria. Llegó a ser diputado, vicepresidente y presidente por el liderazgo que ejerció precisamente en los años que oculta su hoja de vida. Esto incluye lo bueno, lo duro y lo feo que pasó bajo su liderazgo. Ni siquiera menciona lo bueno: su participación en el proceso de paz. Mucho menos lo duro relacionado con la conducción de la guerra, y lo feo: los masacres de las FPL contra sus propias bases.

Para mi, nada de esto lo inhabilita a ejercer la presidencia. De esto se trataban los Acuerdos de Paz: la plena inclusión de los insurgentes en el sistema político.

¿Por qué el presidente deja en negro los años más decisivos de su vida e incluso su participación en el proceso de paz, que tal vez de toda su vida es lo que más lo califica para ser presidente?

Se lo pregunto a usted, se
ñor presidente. Saludos,






(MAS!/El Diario de Hoy)




Carta a los que siempre recordaremos a Marianita

Compañeros:
Si Marvin Galeas todavía tuviera su espacio semanal en El Diario de Hoy, hubiera dedicado una columna a Marianita, su hermana del alma en las montañas. Hace poco murió de cáncer en su natal México DF. Me toca a mí escribir esta columna porque fue hermana mía también.

¿Cómo explicar lo extraordinaria que fue esta mujer? De bicha apareció en Nicaragua para unirse a los sandinistas y luego en el COMIN, el legendario “Comando Internacional de Información” del ERP, donde estábamos imaginándonos y planificando el surgimiento de Radio Venceremos y la locura de querer convertir esta revolución en la primera en la cual la comunicación -las palabras, las fotos y las películas- iban a ser instrumentos estratégicos a la par de la organización política y la lucha militar. Igual que Hernán “Maravilla” Vera, Santiago, Marvin y yo, Marianita dijo: “yo quiero ser parte de este reto”. Y este reto desafiaba todo, la lógica militar, el miedo, el poder mediático y la ley de probabilidad.

Luego de mi primer año de la guerra en San Salvador, volví a encontrármela en Morazán, ya incorporada al equipo de la RV y a la vida social en esta comunidad de campesinos, guerreros, activistas y artistas que estaba naciendo en las montañas de este departamento.

La guerra te puede sacar lo peor de tu personalidad. Todos tuvimos que observar y vivir esto, pero también te puede sacar lo mejor, lo más noble, lo más generoso. Ese era el caso de Marianita. Creció como ser humano con cada reto que le planteó la guerra.

Cada vez que regresé a Morazán la encontré una mujer más completa. Asumió más responsabilidades, acumuló más liderazgo y autoridad hasta que al final fungió como una especie de alcaldesa, resolviendo los problemas de la población de esta zona controlada por la guerrilla y bajo permanente ataque de la Fuerza Armada y su aviación.

Todos la amamos: los guerreros, los jefes, los milicianos, las mujeres campesinas, hasta los prisioneros de guerra. Personas como Marianita hicieron humana la guerra. “Maravilla” me hizo preservar, en medio de la guerra, la capacidad de reírme y gozar de la vida. Marianita me hizo preservar la confianza en el sentido humano detrás de la guerra que libramos.

Al terminar la guerra, todos rehicimos nuestras vidas. Ella lo hizo en su amado México, pero siempre pendiente de El Salvador, de la gente que había dejado atrás en Morazán. Desde lejos, pero nunca alejándose, siguió siendo nuestra hermana.

Cuando ayer publiqué en Twitter la esquela que dedicamos a Marianita, una lectora comentó: “Mercenaria al igual que usted”. Lástima que la pobre nunca conoció a María del Socorro Álvarez, conocida en México como “Coquito” y en El Salvador como “Marianita Chicas”.

Saludos,


(MAS!/El Diario de Hoy)

Carta a la Iglesia Católica: No mezclen la fe con la política

Estimados obispos, padres y laicos:
Algunos obispos viajarán a Roma para hablar con el Papa sobre la canonización de monseñor Romero. No permitan que este hecho tan anhelado por muchos salvadoreños se contamine por manipulaciones políticas y electoreros.

Si quieren que nuestro país, que todavía busca la reconciliación y la paz, tenga un Santo que nos una, expliquen al Papa que no visite El Salvador en medio de una campaña electoral. Si celebra la canonización de monseñor en septiembre 2017 en San Salvador, como propuso el presidente de la República, no le estaría haciendo ningún favor al país, ni al Santo, ni a la Iglesia salvadoreña. Le estaría haciendo un favor al partido de gobierno, que desde su fundación ha tratado de convertir la figura del mártir en símbolo de su causa política e ideológica. Esta usurpación es una de las razones que a muchos les hizo tan difícil abrazar a monseñor como figura de unidad y reconciliación.

No es correcto lo que vimos el domingo pasado: la pareja presidencial, no conocida por su devoción católica, en la misa del aniversario de la elección del Papa Francisco, y luego a la par del arzobispo, anunciando juntos la fecha de la canonización y de la visita papal que propondrán al Vaticano.

Ya cometieron el error una vez: Permitieron que la beatificación de monseñor Romero se convirtiera en un acto de Estado – y para muchos, lamentablemente, en un acto partidario. No cometan el mismo error otra vez, mucho menos cuando estamos a las puertas de una campaña electoral.

La canonización es asunto de la Iglesia – y de ninguna manera del Estado, mucho menos del gobierno. La visita del Papa será eminentemente pastoral, y no hay que confundirla con una visita de Estado. Como Iglesia tienen que exigir al Estado, al gobierno y a los partidos que respeten el carácter pastoral de la visita papal y de la canonización.

El Salvador es una República laica, aunque a veces dirigentes religiosos y políticos mezclan la fe con la política. Recientemente el arzobispo encabezó una marcha a la Asamblea Legislativa para exigir la aprobación de una Ley. Y un partido político comenzó a exigir a sus militantes que acepten la identificación de su partido con el credo católico. En ambos casos se atenta contra el carácter laico de la política.

El Salvador necesita que se reafirme la estricta separación Estado-Iglesia, por el bien de la Iglesia y de la política. Cúrense en salud y propongan al Papa que venga a celebrar la canonización de Romero, una vez que salgamos de las elecciones del 2018 y 2019. Porque de aquí al marzo 2019 estaremos en campaña electoral.

Con mis saludos al Papa Francisco,



(MAS!/El Diario de Hoy)