Carta al doctor Héctor Dada, secretario general de Cambio Democrático

Estimado doctor:

Siempre he pensado que usted, en vez de tratar de dirigir un partido (con toda la marrufada que requiere para evitar que le desbanquen), debería haber regresado a la academia. Es más, usted rector de la Universidad de El Salvador debería ser. Entonces, no tendríamos el gangsterismo como ahora está reinando en la maltrecha U.

Bueno, en vez de rector se hizo ministro de Economía. Ni modo. También es un cargo donde podría aportar mucho un académico – si lo dejan...

De todos modos, me alegré mucho cuando escuché que ya no quiere defender su cargo como secretario general del partido. Me pareció coherente con sus posturas de criticar a los políticos que sistemáticamente confunden cargos de partido con cargos de Estado...

A pesar de todo esto, estimado amigo Héctor Dada, me alegra que cambió de opinión y vuelve a luchar por la dirección de su partido. Tiene razón: No puede dejarlo en manos de los transfugas mafiosos como Juan Pablo Durán (quien se vendió para destruir al PDC), Tomás Chévez (quien se vendió para destruir al PCN) y Oscar Kattan (quien se vendió al Frente para destruir al CD).

Durán dijo claramente lo que quiere hacer con el CD, una vez que seria electo secretario general: Convertirlo en el cuchumbo para recoger y reciclar los pedazos que por compraventa se desprendan de los partidos de derecha...

Merece respeto y apoyo su decisión de defender el último pedazo institucional que queda a la izquierda democrática. Y si para hacerlo con decoro hay que renunciar al gobierno, estoy seguro que tampoco le temblará la mano para hacerlo.

Suerte, su amigo Paolo Lüers

El PT brasileño pide un mayor control de la prensa

El Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, que oficialmente es el partido del presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, aunque no siempre mantengan relaciones idílicas, ha vuelto a insistir en que se deben institucionalizar las sanciones a las empresas periodísticas y que la sociedad debe tener mayor control sobre las mismas, en la línea de otros países latinoamericanos, como Venezuela o Argentina.

No es la primera vez que el PT, insatisfecho con los periódicos y televisiones privadas, intenta poner límites a la libertad de expresión con la excusa de evitar monopolios en la información y de favorecer una mayor participación ciudadana en la gestión de dichas empresas.

Ahora, la dirección nacional del que fue el mayor partido de izquierdas de América Latina y que en 2005 se vio envuelto en un gran escándalo de corrupción desvelado por la prensa y que puso a Lula al borde de la dimisión, acaba de aprobar un texto en el que propone la creación de mecanismos sancionadores a la prensa, al mismo tiempo que sugiere cambios en las concesiones al sector de la comunicación, que, según el partido, es anacrónico y autoritario, y "privilegia grupos comerciales en detrimento de los intereses de la población".

Algunos analistas políticos han subrayado que lo que la población busca en los medios de comunicación es una total libertad de información, ya se trate de medios públicos o privados.

Para sustituir el modelo actual, el PT propone el fortalecimiento de los medios de comunicación públicos estatales, la regulación de los contenidos de la información con mecanismos de control público y una nueva legislación sobre el derecho de respuesta, entre otras cosas.

Para los especialistas en el campo de la información, lo que sugiere el PT con el nuevo documento es más bien "una tentativa de un creciente control ideológico de la información", en declaraciones del catedrático Carlos Alberto di Franco al diario O Globo. Recuerda también que las empresas brasileñas de comunicación "dieron siempre ejemplo histórico de su compromiso en defensa de la democracia" y que "los periodistas combartieron la dictadura militar en defensa de una sociedad abierta y plural" como es la actual.

Hoy es sabido que ni el PT es Lula ni Lula es el PT, ya que el ex sindicalista brilla con luz propia. No sería la primera vez que se pronuncia en contra de decisiones de su partido si ahora lo hiciera. De hecho, hasta el momento, todas los intentos del Partido de los Trabajadores para amordazar a la prensa y a los periodistas han fracasado cuando han llegado a las instancias del Gobierno, por lo que no sería extraño que también en esta enésima ocasión la iniciativa acabe en agua de borrajas.

(El País, Madrid)

Siete preguntas a Castro Obama - y respuestas de Obama

La diplomacia popular no necesita de memorándums o declaraciones de intención, se hace directamente entre los pueblos sin pasar por las cancillerías y los palacios de gobierno. Es esa que va acompañada de un abrazo, un apretón de manos o una larga charla en la sala de una casa. Sin aspirar a los flashazos o a los grandes titulares, las personas comunes han sacado al mundo de varios entuertos, han evitado quizás un sinnúmero de guerras y hasta puede que sean los responsables de ciertas alianzas y de algunos –escasos- momentos de paz.

De vez en cuando un individuo sin carteras ministeriales, ni privilegios oficiales, interpela al poder, le lanza una pregunta que queda sin respuesta. Los cubanos nos hemos conformado con que desde “allá arriba” nadie intente explicarnos o consultarnos el derrotero que tomará esta Isla, tan parecida a un barco que hace aguas a punto del naufragio. Cansada de que no nos reconozcan en nuestra pequeñez, me decidí a lanzar siete interrogantes a quienes considero que están –ahora mismo y con su actuación- marcando el destino de mi país.

El conflicto entre el gobierno de Cuba y el de Estados Unidos, no sólo impide a los pueblos de ambas orillas establecer relaciones fluidas, sino que determina los pasos –o la ausencia de ellos- que se deben dar en la necesaria transformación de nuestra sociedad. La propaganda política nos habla de que vivimos en una plaza sitiada, de un David frente a Goliat y del “voraz enemigo” que está a punto de lanzarse sobre nosotros. Quiero saber –desde mi diminuta posición de ciudadana- cómo va a evolucionar este diferendo, cuándo va a dejar de ser el tema protagónico en todos los aspectos de nuestra vida.

Después de meses de intentos he logrado hacerle llegar un cuestionario al presidente norteamericano Barack Obama, con algunos de esos temas que no me dejan dormir. Ya tengo sus respuestas –que publicaré mañana- y quiero hacer ahora extensivas mis interrogantes al presidente cubano Raúl Castro. Son incógnitas que nacen de mi experiencia personal y reconozco que cada uno de mis compatriotas podría redactarlas de una manera diferente y propia. Las dudas que ellas encierran son tan angustiosas que no me permiten proyectar cómo será la nación donde crecerán mis hijos.

· Les dejo a continuación ambos cuestionarios:

Preguntas a Raúl Castro, presidente de Cuba:

1. ¿Qué influencias negativas podría tener sobre la estructura ideológica de la revolución cubana, un eventual mejoramiento de las relaciones con los Estados Unidos?
2.
Usted ha manifestado en varias ocasiones su voluntad de dialogar con el gobierno norteamericano. ¿Está usted solo en ese propósito? ¿Ha tenido que discutir con el resto de los miembros del Buró político para convencerlos de que es necesario dialogar? ¿Coincide su hermano Fidel Castro en ponerle fin al conflicto entre ambos gobiernos?
3.
Sentado usted en una mesa frente a Obama ¿Cuáles serían las tres principales conquistas que desearía obtener en esa conversación? ¿Cuáles cree usted que serían las tres conquistas que podría obtener la parte norteamericana?

4. ¿Puede enumerar las ventajas concretas que tendría el pueblo cubano en el presente y en el futuro, si se terminara este dilatado diferendo entre ambos gobiernos?

5. Si la parte norteamericana quisiera incluir en una ronda de negociaciones a la comunidad cubana en el exilio, a los miembros de los partidos de oposición dentro de la Isla y a representantes de la sociedad civil. ¿Aceptaría usted esa propuesta?

6. ¿Considera usted que existe una posibilidad real de que el actual gobierno de los Estados Unidos opte por el uso de la fuerza militar contra Cuba?

7. ¿Invitaría usted a Obama a visitar Cuba, como muestra de buena voluntad?


Preguntas a Barack Obama, presidente de Estados Unidos:
1. Durante mucho tiempo el tema de Cuba ha estado presente tanto en la política exterior de los Estados Unidos, como entre las preocupaciones domésticas, especialmente por la existencia de una gran comunidad cubano-americana. Desde su punto de vista ¿En cuál de los dos terrenos debe ubicarse este asunto?

2. En el caso de que existiera, por parte de su gobierno, una voluntad de dar por terminado el diferendo, ¿Pasaría eso por reconocer la legitimidad del actual gobierno de Raúl Castro, como único interlocutor válido en unas eventuales conversaciones?

3.
¿Ha renunciado el gobierno de Estados Unidos al uso de la fuerza militar, como forma de dar por terminado el diferendo?

4. Raúl Castro ha dicho públicamente estar dispuesto a dialogar sobre todos los temas, con el único requisito del respeto mutuo y la igualdad de condiciones. ¿Le parecen a usted desmedidas estas exigencias? ¿Cuáles serían las condiciones previas que impondría su gobierno para iniciar un diálogo?

5.
¿Qué participación podrían tener los cubanos del exilio, los grupos de oposición interna y la emergente sociedad civil cubana en ese hipotético diálogo?

6.
Usted es un hombre que apuesta por el desarrollo de nuevas tecnologías de comunicación e información. Sin embargo lo cubanos seguimos con muchas limitaciones para acceder a Internet. ¿Cuánta responsabilidad tiene en eso el bloqueo norteamericano hacia Cuba y cuánta el gobierno cubano?

7. ¿Estaría dispuesto a visitar nuestro país?


Respuesta de Barack Obama a Yoani Sánchez

Presidente Barack Obama: Agradezco esta oportunidad que me brindas para compartir impresiones contigo y con tus lectores en Cuba y en el mundo, y aprovecho para felicitarte por el premio María Moore Cabot de la Escuela Graduada de Periodismo de la Universidad de Columbia que recibiste por promover el entendimiento mutuo en las Américas mediante tus reportajes. Me decepcionó que se te impidiera viajar para recibir el premio en persona.

Tu blog ofrece al mundo una ventana particular a las realidades de la vida cotidiana en Cuba. Es revelador que el internet les haya ofrecido a ti y a otros valientes blogueros cubanos con un medio tan libre de expresión, y aplaudo estos esfuerzos colectivos para apoderar a sus compatriotas para expresarse a través de la tecnología. El gobierno y el pueblo estadounidense nos unimos a todos ustedes en anticipación del día que todos los cubanos puedan expresarse libre y públicamente sin miedo ni represalias.

Yoani Sánchez: 1. Durante mucho tiempo el tema de Cuba ha estado presente tanto en la política exterior de los Estados Unidos, como entre las preocupaciones domésticas, especialmente por la existencia de una gran comunidad cubano-americana. Desde su punto de vista ¿En cuál de los dos terrenos debe ubicarse este asunto?

Todos los asuntos de política exterior tienen componentes domésticos, especialmente aquéllos que conciernen países vecinos como Cuba, de donde provienen muchos emigrantes radicados en los Estados Unidos, y con la que tenemos una larga historia de vínculos. Nuestros compromisos de proteger y apoyar la libre expresión, los derechos humanos y un estado de derecho democrático tanto en nuestro país como en el mundo también rebasan las demarcaciones entre lo que es política doméstica y exterior. Además de todo esto, muchos de los retos que comparten nuestros países, como la migración, el narcotráfico y el manejo de la economía, son asuntos tanto domésticos como foráneos. En fin, las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos han de ser vistas dentro de un contexto tanto doméstico como exterior.

2. En el caso de que existiera, por parte de su gobierno, una voluntad de dar por terminado el diferendo, ¿Pasaría esto por reconocer la legitimidad del actual gobierno de Raúl Castro, como único interlocutor válido en unas eventuales conversaciones?

Como he dicho antes, mi administración está lista para establecer lazos con el gobierno cubano en un número de áreas de mutuo interés, como hemos hecho en las conversaciones migratorias y sobre correo directo. También me propongo facilitar mayor contacto con el pueblo cubano, especialmente entre familias que están divididas, algo que he hecho con la eliminación de restricciones a visitas familiares y a remesas. Queremos establecer vínculos también con cubanos que están fuera del ámbito gubernamental, como lo hacemos en todo el mundo. Está claro que la palabra del gobierno no es la única que cuenta en Cuba. Aprovechamos toda oportunidad para interactuar con todos los renglones de la sociedad cubana, y miramos hacia un futuro en que el gobierno refleje expresamente las voluntades del pueblo cubano.

3. ¿Ha renunciado el gobierno de Estados Unidos al uso de la fuerza militar como forma de dar por terminado el diferendo?

Estados Unidos no tiene intención alguna de utilizar fuerza militar en Cuba. Lo que Estados Unidos apoya en Cuba es un mayor respeto a los derechos humanos y a las libertades políticas y económicas, y se une a las esperanzas de que el gobierno responda a las aspiraciones de su gente de disfrutar de la democracia y de poder determinar el futuro de Cuba libremente. Sólo los cubanos son capaces de promover un cambio positivo en Cuba, y esperamos que pronto puedan ejercer estas facultades de manera plena.

4. Raúl Castro ha dicho públicamente estar dispuesto a dialogar sobre todos los temas, con el único requisito del respeto mutuo y la igualdad de condiciones. ¿Le parecen a usted desmedidas estas exigencias? ¿Cuáles serían las condiciones previas que impondría su gobierno para iniciar un diálogo?

Llevo tiempo diciendo que es hora de aplicar una diplomacia directa y sin condiciones, sea con amigos o enemigos. Sin embargo, hablar por aquello de hablar no es lo que me interesa. En el caso de Cuba, el uso de la diplomacia debería resultar en mayores oportunidades para promover nuestros intereses y las libertades del pueblo cubano.

Ya hemos iniciado un diálogo, partiendo de estos intereses comunes –emigración que sea segura, ordenada y legal, y la restauración del servicio directo de correos. Estos son pasos pequeños, pero parte importante de un proceso para encaminar las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba en una nueva y más positiva dirección. No obstante estos pasos, para alcanzar una relación más normal, va a hacer falta que el gobierno cubano tome un curso de acción.

5. ¿Qué participación podrían tener los cubanos del exilio, los grupos de oposición interna y la emergente sociedad civil cubana en ese hipotético diálogo?

Al considerar cualquier decisión sobre política pública, es imprescindible escuchar tantas voces diversas como sea posible. Eso es precisamente lo que hemos venido haciendo con relación a Cuba. El gobierno de los Estados Unidos habla regularmente con grupos e individuos dentro y fuera de Cuba, que siguen con interés el curso de nuestras relaciones. Muchos no están de acuerdo con el gobierno cubano, muchos no están de acuerdo con el gobierno estadounidense, y muchos otros no están de acuerdo entre sí. Lo que debemos estar todos de acuerdo es que tenemos que escuchar a las inquietudes e intereses de los cubanos que viven en la isla. Por eso es que todo lo que están haciendo ustedes para proyectar sus voces es tan importante – no sólo para promover la libertad de expresión, pero también para que la gente fuera de Cuba pueda entender mejor la vida, las vicisitudes y las aspiraciones de los cubanos que están en la isla.

6. Usted es un hombre que apuesta por el desarrollo de nuevas tecnologías de comunicación e información. Sin embargo los cubanos seguimos con muchas limitaciones para acceder a Internet. ¿Cuánta responsabilidad tiene en eso el bloqueo norteamericano hacia Cuba y cuánta el gobierno cubano?

Mi administración ha tomado pasos importantes para promover la corriente libre de información proveniente de y dirigida al pueblo cubano, particularmente mediante nuevas tecnologías. Hemos posibilitado expandir los lazos de las telecomunicaciones para acelerar el intercambio entre la gente de Cuba y la del mundo exterior. Todo eso recrecerá los medios a través de los cuales los cubanos en la isla podrán comunicarse entre sí y con personas fuera de Cuba, valiéndose, por ejemplo, de mayores oportunidades en transmisiones de satélite y de fibra óptica. Esto no ocurrirá de un día a otro, ni tampoco podrá tener plenos resultados sin actos positivos del gobierno cubano. Tengo entendido que el gobierno cubano ha anunciado planes para ofrecer mayor acceso al internet en las oficinas de correo. Sigo estos acontecimientos con interés y urjo al gobierno a permitir acceso a la información y al internet sin restricciones. Quisiéramos escuchar qué recomendaciones tienen para apoyar el flujo libre de información desde y hacia Cuba.

7. ¿Estaría dispuesto a visitar nuestro país?

Nunca descartaría un curso de acción que avance los intereses de los Estados Unidos o promueva las libertades del pueblo cubano. A la misma vez, las herramientas diplomáticas han de usarse sólo luego de preparaciones minuciosas y como parte de una estrategia clara. Anticipo el día que pueda visitar una Cuba donde toda su gente pueda gozar de los mismos derechos y oportunidades que goza el resto de la gente del continente.

(Generación Y)

El narco-Estado talibán

Cinco soldados ingleses mueren en Afganistán a manos de un policía local a plena luz del día, a poca distancia de su cuartel. El asesino era un infiltrado a sueldo de los narco-talibanes, el nuevo Ejército informal afgano que está poniendo de rodillas al super-tecnológico Ejército estadounidense y a todos sus aliados. Se trata de un guión tristemente conocido, que se interpreta desde hace años al otro lado del mundo, en Colombia, donde la joint-venture entre los barones de la cocaína y las FARC ha convertido gran parte del país en un narco-archipiélago. Ni las intervenciones del Ejército, ni la forzada erradicación de los cultivos de coca, ni el uso de la diplomacia, ni hasta la concesión de una tajada del país -el Despeje- a las FARC a cambio del alto el fuego; ninguna de estas estrategias ha hecho mella en la industria de los narcóticos. La cocaína sigue siendo producida en Colombia y exportada y consumida entre nosotros. Sus ingresos compran políticos, armas y respeto, y consiguen así que quien cuente en el país no sea el Gobierno ni las fuerzas del orden, sino quien gestione el tráfico de narcóticos.

En Afganistán, como en Colombia, el riesgo es el de perder la guerra por falta de tácticas adecuadas, de estrategias ad hoc contra un enemigo sui géneris que se alimenta precisamente de nuestras debilidades: el consumo de droga. La industria de la heroína en el mundo genera 65.000 millones de dólares (más de 43.000 millones de euros) al año, equivalentes a 4.000 toneladas de opio, de los que casi el 60% son consumidos en Europa y Estados Unidos. Afganistán satisface el 90% de esta demanda y hace poco o nada para impedir que la heroína llegue a nuestras ciudades. Las fuerzas del orden afganas interceptan un modesto 2% del contrabando de narcóticos anual, frente al 20% de Colombia.

Es equivocado considerar a los talibanes como a un ejército de harapientos y terroristas; a ocho años de su derrota nos encontramos ante un nuevo enemigo, indudablemente astuto, que se ha enriquecido entrando a formar parte de la industria de la droga, a la que está íntimamente ligado. "Conoce a tu enemigo", decía Sun Tzu en El arte de la guerra: nosotros deberíamos guardar esa máxima como un tesoro. Las metamorfosis de los talibanes han modificado el significado de la guerra.

Es un error luchar sólo para evitar que Al Qaeda vuelva a adiestrarse en Afganistán, no es ése el verdadero peligro para Occidente. Lo que hay que temer es más bien la consolidación de la autoridad de los talibanes en un narco-Estado, un fenómeno que haría gravitar la producción y la exportación de opio con consecuencias desastrosas entre nosotros. El crimen organizado no espera otra cosa para poder vender heroína y meta-anfetamina a precios accesibles por todos los rincones de las metrópolis occidentales.

Pensar que los talibanes vuelvan a hacer de lacayos de Osama Bin Laden es sencillamente absurdo y peligroso. Son ya la parte integrante de una economía, la de la heroína, que, según Naciones Unidas, desde 2006 en adelante, les ha generado entre 200 y 400 millones de dólares al año, cantidad suficiente para hacer frente a los ejércitos más potentes de la tierra.

Hoy día los secuaces del mulá Omar no combaten para proteger a Al Qaeda sino para defender la fuente de su repentina riqueza. El narcotráfico les ha suministrado la legitimidad económica que el régimen talibán nunca ha poseído. Hasta 2001, el ISI, los servicios secretos paquistaníes, pagaban los sueldos de la administración pública de Kandahar, dado que el Gobierno no se lo podía permitir. La balanza de pagos del régimen del mulá Omar era menos compleja que la cuenta de la compra: aparte de la modesta producción de opio, que los talibanes toleraban y tasaban, las entradas comprendían el arrendamiento de los campos de adiestramiento de Al Qaeda y las tasas del tráfico de contrabando. Entonces sí que se les podía definir como un ejército de harapientos. Hoy, sin embargo, la situación es bien diferente.

Un informe secreto del Pentágono citado por The Washington Post el pasado verano sostiene que los talibanes perciben un porcentaje por cada fase de producción de la droga, desde la siembra hasta la exportación de la heroína. Imponen tasas incluso sobre la importación de los agentes químicos requeridos para procesar en los laboratorios locales el opio en heroína. Lo hacen porque en realidad son ellos quienes han creado las condiciones para que esta industria se desarrollase. Y los cultivadores, los señores de la droga, los narcotraficantes y toda la nebulosa criminal que vive del narcotráfico en Asia Central son perfectamente conscientes de ello y les están agradecidos por ello. A ninguno se le ocurriría no pagar. Así es como el avance del Ejército de los talibanes ha removido todos los obstáculos al narcotráfico. El último informe de Naciones Unidas sobre la producción de opio habla precisamente de una correlación entre dicha producción y la reconquista territorial de los talibanes en Afganistán.

A diferencia de las FARC, que han quedado siempre al margen del narcotráfico, los talibanes ejercen una gran influencia sobre la industria del opio. Actúan como si ellos ya fueran el cártel de la heroína en Asia Central. Y muchos están convencidos de que esa ulterior metamorfosis está a la vuelta de la esquina. Desde 2006 han guiado la transformación del país de productor de opio a exportador de heroína. En opinión de los expertos de Naciones Unidas, con ese fin se han convertido en socios de negocios de segmentos del crimen organizado local. Esta joint-venture ha financiado la difusión de laboratorios para la producción de heroína en territorios controlados por ellos. Afganistán pronto exportará más heroína que opio. Indudablemente es ese el objetivo de los talibanes, desde el momento en que ganan más si tasan un producto terminado, la heroína, que tiene un valor añadido mayor que la amapola. Por no hablar de los impuestos que cargan a toda la industria que gravita en torno a la heroína. Se trata de una cifra de negocio que en 2007 sumaba 3.000 millones de dólares y que en los próximos años podría fácilmente duplicarse.

En ocho años, bajo el fuego de las fuerzas de la coalición, los talibanes han aprendido a servirse de la riqueza de su país, las plantaciones de amapola, para reconquistar los territorios que habían perdido a finales de 2001. Un balance marcadamente negativo para Occidente. Pero las similitudes con el comportamiento de las FARC en los años ochenta, de las que a duras penas los talibanes conocen la existencia, no terminan aquí. La presencia de esta potente industria del narcótico en Afganistán desestabiliza a los países limítrofes. Sirva de advertencia la experiencia de México, un país que no produce cocaína pero que se ha convertido en un punto neurálgico de distribución del tráfico de droga procedente de Colombia. El cártel colombiano ya sólo se limita a exportar a México, desde donde se embolsa sus ganancias. De repartir la cocaína por el mundo se ocupa la criminalidad mexicana.

Los narco-talibanes están desarrollando un modelo similar, ya que exportan cada vez más a los países limítrofes: Irán, Pakistán, Rusia y repúblicas de Asia Central, y se embolsan sus ganancias a través de las organizaciones criminales locales. La tendencia es la de transformar a esas naciones en grandes consumidores y dividirse el botín. En Rusia, por donde transita la mayor parte de la heroína destinada a Europa, se consumen ya entre 75 y 80 toneladas al año. Nos lo confirma el número de toxicodependientes y de seropositivos en estas regiones, que, naturalmente, está en claro aumento. Según fuentes de Moscú, cada año mueren más rusos por la droga (cerca de 400.000 personas) que durante la guerra en Afganistán en los años ochenta.

El narcotráfico financia también a otros grupos armados que se inspiran en los talibanes afganos; entre ellos son particularmente peligrosos los talibanes paquistaníes, bandas que tienen su base en Waziristán y que quieren derribar el Gobierno de Karachi.

Éste es el espeluznante escenario creado por la industria de la heroína en Afganistán. Para erradicar a los narco-guerreros afganos no bastan los ejércitos más potentes del mundo, sino que es necesaria una estrategia mundial para cortar la alianza entre terror y crimen, un vínculo que también entre nosotros se llama droga.

(El País, Madrid. Loretta Napoleoni es economista italiana)

Columna transversal: ¿Quién nos dicta a pedir perdón, nuestra conciencia o nuestros superiores?

Me alegra de sobremanera que en el Ministerio de Defensa esté un militar que tiene el valor de decir públicamente, que está dispuesto a pedir perdón por las violaciones a los derechos humanos cometidos por la Fuerza Armada durante la guerra.

Lo que no me convence es que el mismo general y ministro declare, en la siguiente frase, que haría este pedido público de perdón en el momento que el Presidente de la República se lo ordene.

Ya sabemos que en este gobierno ningún ministro tiene permiso (ni el valor cívico) de hacer ninguna declaración pública de importancia si no está ordenada o autorizada por el Presidente de la República. Este exagerado presidencialismo puede tener algún grado de lógica (aunque no de validez, para mi criterio), cuando se trata de declaraciones que comprometen políticas del Estado. Entiendo también que el Presidente necesita protegerse para que los ministros que corresponden a la cuota partidaria del FMLN no lo comprometan en asuntos donde no hay consenso entre Casa Presidencial y el partido.

Pero en asuntos de conciencia, el ministro no puede condicionar su actuar y sus declaraciones a previas autorizaciones de su Presidente. O su conciencia le dicta pedir perdón al pueblo por los casos en que la Fuerza Armada, de la cual ha sido miembro y protagonista durante la guerra y la cual ahora dirige, ha cometido faltas a los derechos humanos, o su conciencia está tranquila. En el primer caso que pida perdón, en el segundo no.

A nadie le sirve que los militares, en vez de decir al pueblo: "Mi conciencia me dicta pedir perdón..." Diga: "Mi Presidente me ordenó pedir perdón..."

El 1 de febrero, a pocos días del cese al fuego, se celebró un acto público en la Feria Internacional: la instalación de COPAZ, la comisión conjunta que iba a supervisar el cumplimiento de los Acuerdos de Paz. Joaquín Villalobos, jefe máximo del ERP y como tal miembro de la Comandancia General del FMLN, habló en este acto a nombre del Frente.

Sin consultar con nadie y sin pedir autorización de la Comandancia, aprovechó la ocasión para pedir, a nombre del FMLN, perdón al pueblo salvadoreño por los sufrimientos sufridos por la insurgencia y por los errores y abusos cometidos por combatientes o mandos guerrilleros.

Después de este discurso, Villalobos fue sujeto de serias críticas dentro del FMLN y su dirigencia, porque se había negado, incluso, a someter a revisión de la Comandancia el manuscrito de su discurso. Joaquín Villalobos sabía que Salvador Sánchez Cerén y Schafik Handal no le hubieran autorizado a pedir perdón a nombre del Frente. Él me afirmó después que esto era un dictado de su conciencia y no de la Comandancia, y que además este era el momento propicio de hacerlo.

De igual manera, Joaquín Villalobos encaró la Comisión de la Verdad diciendo: "Como máximo responsable del ERP, yo personalmente me hago cargo de todos los abusos a los derechos humanos cometidos por combatientes y comandantes del ERP". En el caso de los alcaldes asesinados por el ERP en oriente, Villalobos declaró ante la Comisión de Verdad: "No busquen responsables entre mandos o combatientes, porque todos actuaron bajo órdenes mías. Yo asumo la responsabilidad y yo pido perdón a las familias de las víctimas..."

Ningún otro miembro de la Comandancia General asumió de esta manera la responsabilidad por crímenes de guerra cometidos por fuerzas bajo su mando. Es por esto que en el informe de la Comisión de Verdad sólo un miembro de la Comandancia General del FMLN sale señalado y recibe como sanción una inhabilitación política de varios años: Joaquín Villalobos.

Ni hablar de los miembros del Alto Mando de la Fuerza Armada. Nadie nunca pidió perdón por nada. ¿Les queremos realmente dar la excusa que nunca recibieron órdenes de ningún Presidente de turno para pedir perdón?

Es que cuando no es la conciencia que nos dicta pedir perdón y asumir la responsabilidad por nuestros errores, ¿quién nos va a creer?

(El Diario de Hoy)

Carta a Francisco José Gómez, presidente de ANDA

Estimado ingeniero:

¡que buena nota que el señor presidente haya tomado la decisión sabia y audaz de poner a un sociólogo de renombre a dirigir ANDA!

Siempre pensaba que usted es otro ingeniero más que va a seguir administrando ANDA con criterios técnicos. Hasta hoy en la mañana, cuando lo vi en una entrevista, me di cuenta que ahora ANDA está en manos de un sociólogo que ha hecho descubrimientos sensacionales sobre los cambios de nuestra sociedad: “En El Salvador ya no hay clase media. ARENA acabó con la clase media y dejó al país sólo con ricos y pobres.” ¡Wow!

Claro, uno no está acostumbrado a escuchar a un presidente de ANDA haciendo semejantes afirmaciones profundas. Ahora que sé que detrás de las decisiones que toma ANDA en cuanto a las tarifas y el racionamiento del agua potable hay un profundo análisis científico, ya no me voy a preocupar del hecho que sólo recibo agua durante pocas horas. Antes recibía todo el día, desde que vino usted, sólo durante 4 horas. Ya no me duele que, para manejar mi negocio, tengo que pedir (y pagar) pipas por lo menos dos veces a la semana. Hoy ya no me aflige el hecho que en los últimos meses gasté más en pipas que en las facturas de ANDA...

Con tal que ANDA tenga como presidente a un sociólogo que ha detectado que ARENA ha acabado con la clase media, ya podemos confiar que ANDA no sólo nos va a proveer de agua sino además con justicia social.

Sólo sáqueme de una duda, señor presidente ingeniero-sociólogo. No entendí bien, ¿qué diablos tiene que ver este su descubrimiento de la muerte de la clase media con las nuevas tarifas de agua?

Estoy seguro que usted lo puede explicar. Sociológicamente.

Saludos, Paolo Lüers

(Más!)

Mexico irked by recognition of 'El Chapo'

Mexicans were none too pleased to read that their country's most-wanted cocaine kingpin has been ranked by Forbes magazine as one of the most powerful people in the world.

Joaquin Guzman, alias El Chapo -- Spanish for "Shorty" -- was listed by Forbes this week as No. 41 in a collection of 67 ("one for every 100 million people on the planet") movers, shakers, rulers and crooks judged as the people who really run the world.

A senior official with the Mexican attorney general's office, Juan de Dios Castro, said the inclusion of Guzman was "frivolous," and Mexican Ambassador to the United States Arturo Sarukhan used his debut on Twitter to denounce it.

"Sadly, Forbes insists in parading criminals and drug-traffickers," he wrote, according to the Reforma newspaper. Sarukhan went on to suggest that it would take social networks, such as Twitter, to paint a more positive picture of Mexico than that portrayed by "traditional media."

Mexican officials have long been irked over newspaper reports, especially in the U.S., that emphasize the blood-soaked war the government is waging against heavily armed drug cartels such as the one controlled by Guzman.

President Felipe Calderon lashed out in March when Forbes named Guzman one of the world's top billionaires. The question of "powerful" is more nuanced and subjective, however. Forbes says it wanted to start a "conversation" with its first such list and asked whether naming "despicable criminals" like Guzman was an accurate reflection of power.

Guzman heads the Sinaloa cartel, Mexico's oldest and largest drug-trafficking organization, which is believed to have smuggled billions of dollars' worth of cocaine and other drugs into the U.S. The organization has extensive networks throughout the U.S. and is responsible for much of the recent drug-related violence in Mexico.

Guzman has been on the lam since escaping in 2001 from a maximum-security prison days after a court ruled that he could be extradited to the U.S. He is said to have been helped by guards and wardens to escape by hiding in a laundry truck.

"Surely . . . we have more than one screw loose," columnist Francisco Rodriguez said on the Web publication EjeCentral. The ranking by "Forbes magazine, that tool of capitalism . . . is enough to make us all ask if we didn't choose the wrong profession."

The other Mexican to make the list was Carlos Slim Helu, a telecom tycoon considered by Forbes to be the third-richest man on Earth. Slim, who has benefited wildly from monopolies, controls a wealth that stands in glaring contrast to Mexico's overall poverty (his wealth, Forbes says, equals 2% of the Mexican gross domestic product). He ranked No. 6 on the "powerful" list, just ahead of Rupert Murdoch and above Bill Gates and the pope.

"For a U.S. publication to distinguish Slim and El Chapo, far from filling us with pride, should make us reflect," journalist Miguel Angel Granados Chapa noted in his Reforma column. "The two figures embody our worst evils: Slim represents the extreme of deep, growing inequality, and Guzman embodies the prosperous [life of] crime and impunity."

(Los Angeles Times)


FORBES:

The World's Most Powerful People: #41 Joaquín Guzman

Mexico's most wanted man (U.S. government offers $5 million reward for his capture) heads the Sinaloa drug cartel. Believed to have directed anywhere from $6 billion to $19 billion in cocaine shipments to the U.S. over the last eight years. His specialty: importing cocaine from Colombia, smuggling it into U.S. through elaborate tunnels. Diminutive nickname "El Chapo," or Shorty, belies fearsome behavior: as power behind struggle with government forces to control transport corridors to U.S., responsible for thousands of deaths. In 1993, arrested in Mexico on homicide and drug charges; escaped prison in 2001, reportedly through the laundry; seized back control of organization.

(Forbes)

Un desafío que trasciende los partidos de derecha

Arreglar los conflictos internos de ARENA es tarea de los areneros. Igual es tarea del PDC y del PCN defenderse de los intentos de dividirlos y de financiar la deserción de sus diputados. Sin embargo, reconstruir la oposición política como elemento indispensable del sistema democrático, es una tarea demasiado importante para dejarla a las cúpulas partidarias.

En este sentido, lo que aparece como crisis de ARENA no es sólo un problema de ARENA. Es un desafío que incluso trasciende la derecha. Es un problema de la democracia. Para asegurar que en el las próximas elecciones del 2012 y del 2014 exista un proyecto político capaz de frustrar las aspiraciones del FMLN de quedar en el poder que ahora comparte con compañeros de viaje que no están plenamente identificados con sus fines, es indispensable un proceso amplio y profundo de debate, definición y construcción.

Un congreso de ARENA puede resolver la crisis de legitimidad de sus instancias de liderazgo. Una coordinación efectiva entre los tres partidos puede resolver la falta de planes de contingencia en la Asamblea. Pero para realmente resolver la crisis de la oposición y la falta de un proyecto político atractivo y reformador, se necesita la concurrencia creativa de todos los sectores políticos y sociales dispuestos a defender el sistema de democracia representativa y economía social del mercado. Estamos hablando de un proceso que trasciende las clásicas fronteras de la derecha. Un proceso que incluye a la izquierda democrática y produzca una propuesta de reforma con puertas abiertas para la parte de la izquierda democrática que por el momento está incluida en la alianza alrededor de la figura del presidente Funes. Es muy poco probable que esta alianza, en esta forma y con esta amplitud, va a seguir existiendo cuando se acerquen las próximas elecciones.

Urge iniciar un proceso de reformulación de la oposición y de formulación de una propuesta política alternativa al proyecto socialista del FMLN. Este proceso tiene que trascender, además de la frontera derecha-izquierda, el ámbito partidario e incluir a empresarios, centros de pensamiento, organizaciones sociales, líderes de opinión. Sobre todo tiene que incluir los grupos de jóvenes que últimamente están irrumpiendo la vida política del país, producto del vacío de liderazgos tradicionales y partidarias. Estas iniciativas de jóvenes, que se han generado tanto en las universidades como en el ámbito de los profesionales, más bien deben jugar un rol protagónico en el proceso de debate y construcción de un proyecto político para el país. Podrían ser los catalizadores de un proceso nuevo, que los partidos no son capaces de provocar y liderar.

Para evitar cualquier confusión: No estoy llamando a nadie a afiliarse a partidos. No se trate de una concurrencia partidaria, sino de la participación de toda la masa crítica democrática de la sociedad en un proceso serio y profundo de debate, reflexión, análisis que puede o no puede llevar a cambios en el mapa partidario del país. Pero que de mínimo producirá nuevas ideas, nuevas propuestas de reforma, y rutas para nuevas alianzas y nuevas formas de participación. O sea, conjuntamente hay que producir los insumos indispensables para que luego los que tengan la vocación de hacerlo puedan construir un proyecto político electoral capaz de convertirse en opción de reforma y opción de poder en El Salvador.

Si ahora dejamos solos a las partidos -o a lo que va a quedar de los partidos luego de esta ‘recomposición’ política en la bolsa de voluntades y diputados-, en la tarea de formular una alternativa, dejaremos al FMLN el campo abierto para llenar los vacíos y para ganar el control de las instituciones que necesitan para implementar su modelo político de ‘democracia popular’.

El FMLN tendrá suficientes fondos, provenientes de Venezuela mediante Alba Petróleo y otros negocios, para implementar (con o sin los recursos y el aval de Casa Presidencial) políticas populistas y clientelistas de prebendas y compra de voluntades. Sin embargo, hay sólo una manera que en El Salvador la izquierda radical, mostrando su propia cara y su propio programa, puede ganar elecciones: descomponiendo al resto del espectro político.

En este camino, hay que decirlo, van bien avanzados. La primera víctima fue la izquierda democrática, que se desarticuló como tendencia autónoma ante la disyuntiva entre apoyar o oponer la llegada del FMLN al poder. El siguiente paso: la desestabilización de ARENA y la ‘recomposición’ de la correlación en la Asamblea. Los capítulos en desarrollo: desgastar al PDC y al PCN con una estrategia doble de división y cooptación; mediatizar a los gremios empresariales y los medios comerciales de comunicación...

La única manera de parar y revertir esta tendencia es un esfuerzo conjunto de definir y construir un proyecto alternativo que sea decididamente reformista, plural y democrático. Y que después cada uno saque de este proyecto integral lo que le toque hacer en su ámbito partidario, electoral, intelectual o gremial.

Cualquier otra cosa es rendición.

Si los lideres partidarios tratan de resolver el problema solos y con los limitados métodos tradicionales de partidos, sin atreverse a apertura y pluralidad, se hacen corresponsables del debacle.

(El Diario de Hoy)

Carta a James McGovern, congresista norteamericano

Dear Jim:

me alegra mucho que la oficina de turismo de aventura de nuestro gobierno haya logrado incluirte en el programa de visitas a Verapaz.

Para los habitantes de este sufrido pueblo seguramente ya resultaba aburrido ver todos los días a un ministro patinar por sus calles y dar discursos. Un día había pasado el señor presidente, otro día el señor vicepresidente, otro día mi general el ministro de Defensa, otro día el señor ministro de Agricultura, otro día el señor ministro de Gobernación...

Como ahora tampoco tienen televisión que funcione, ver patinar sobre lodo a un auténtico diputado de Massachussets, les da por lo menos algo de diversión a los damnificados...

Si además de esto surge que Washington mande más ayuda, ¡perfecto, mister congressman!

Pero yo te quiero decir otra cosa: ¡Felicidades por tu valiente intervención en nuestro sistema de justicia! Sin temer represalias ninguna, té te atreviiste a desafiar a las fuerzas oscuras que en nuestro país impiden justicia...

Es realmente muy atrevido, sobre todo sin disponer de toda la información necesaria. Te voy a decir, dear James: Con un intérprete tan deficiente como el que anduvo hoy en la mañana traduciendo tu entrevista en el Canal 21, yo no me atrevería meterme en cosas delicadas y serias en un país extraño. Si los expertos, que te proveen de información sobre El Salvador, son tan incompetentes como tu traductor, entonces realmente es peligroso e irresponsable lo que estás haciendo en este país.

En serio: Gracias por asistir a los homenajes de los padres jesuitas asesinados – pero todo el resto del programa que te hicieron para El Salvador es manipulación y campaña.

Sorry, pero alguien tiene que decir la verdad,

Paolo Lüers

(Más!)

Ellacuría, a 20 anos de la tragedia

Se cumple hoy una trágica conmemoración: el vigésimo aniversario de la muerte en El Salvador del padre Ignacio Ellacuría, rector de la Universidad Centroamericana (UCA), y de sus cinco compañeros jesuitas españoles, asesinados por una unidad del Ejército salvadoreño en la madrugada del 16 de noviembre de 1989, junto con las dos mujeres, madre e hija, que les atendían en su residencia en el campus de la propia universidad. Muy pocos días antes, Ellacuría había recibido en Barcelona el Premio Alfonso Comín, en solemne acto celebrado en el viejo recinto del Consell de Cent.

Según consta en el informe de la Comisión de la Verdad de Naciones Unidas sobre El Salvador, la unidad del Ejército salvadoreño que perpetró el múltiple asesinato recibió la orden concreta de "eliminar a Ellacuría sin dejar testigos", requisito que costó la vida a siete personas más. Desde semanas antes, la prensa derechista salvadoreña, así como la emisora de radio perteneciente al Ejército, venían atacando ferozmente a Ellacuría y a su comunidad de profesores jesuitas, a los que se calificaba de "agentes de la conspiración mundial", "testaferros del comunismo internacional", "directores intelectuales de todos los desórdenes callejeros y actos vandálicos protagonizados por las turbas izquierdistas", y se señalaba a la UCA como "refugio de dirigentes terroristas" y a Ellacuría en concreto como "probable agente del KGB". El odio profundo hacia aquella comunidad académica y a su cabeza visible alcanzó unos niveles tan desorbitados que desembocaron en aquel crimen execrable, cuya noticia produjo consternación y fuertes reacciones adversas en la opinión pública internacional.

Por ello, desde la perspectiva de las dos décadas transcurridas, cabe plantearse esta cuestión: ¿cuál era realmente la ejecutoria del padre Ellacuría y su comunidad para suscitar un odio de tal magnitud en los poderes fácticos salvadoreños? ¿Qué acciones y qué intenciones eran las suyas hasta el extremo de hacer necesaria incluso su eliminación física?

Ni nuestro trato personal con Ellacuría ni -lo que importa mucho más- el riguroso estudio de sus pronunciamientos sociales, expresados en los órganos de difusión de la UCA -revistas ECA (Estudios Centroamericanos) y Proceso- permitieron observar en su línea otra posición que no fuera la búsqueda inteligente y honesta de la paz, la justicia y la concordia nacional en aquel castigado país. A modo de inequívoco ejemplo, permítasenos reproducir aquí un par de párrafos de uno de sus escritos, publicado el mismo año de su muerte. He aquí lo que el padre Ellacuría proponía a la sociedad salvadoreña, tanto al Gobierno de Arena (partido de la derecha en el poder) como a la guerrilla del FMLN, tanto a las Fuerzas Armadas como a la propia Iglesia, sólo unos meses antes de ser asesinado: "Son importantes las conversaciones previas de Arena con el FMLN y de éste con las Fuerzas Armadas. También las fuerzas sociales, y entre ellas la Iglesia, deben favorecer el ambiente propicio para la negociación. Indirectamente, en un trabajo sistemático para ir superando los males que impiden la reincorporación del FMLN a la vida política. Éstos son: a) violación de los derechos humanos por parte de los escuadrones de la muerte y de las Fuerzas Armadas; b) suma debilidad del poder judicial; c) grave situación económica para la mayor parte de la población; d) magnitud, estructuración y comportamiento de las Fuerzas Armadas; f) desinformación y polarización promovidas en los medios de comunicación".

Respecto a la guerrilla, Ellacuría se mostraba igualmente exigente: "También el FMLN tendría que favorecer el cambio y hacer creíbles sus nuevas propuestas con acciones tales como: a) abandono de toda acción violatoria de los derechos humanos y de las que puedan considerarse como técnicamente terroristas; b) abandono de aquellas acciones que repercuten económicamente sobre la mayor parte de la población; c) presentación de propuestas realistas en orden a lograr resultados efectivos y entrar de lleno en la solución definitiva del conflicto". (ECA, marzo 1989).

He aquí, enumerados con notable claridad y con agudo sentido premonitorio, los principales conceptos y ejes de acción que en los años siguientes iban a prevalecer, tanto en el proceso negociador entre 1990 y 1992 como después, en el proceso de paz posterior a los Acuerdos de Chapultepec de 1992. Ahí estaba la lista de lo que había que hacer, y que realmente se hizo a partir de su muerte: conversaciones preliminares entre las partes, apertura de un sistemático proceso de negociación (así se haría, con un fuerte respaldo internacional); incorporación del FMLN a la vida política legal (así se cumplió, según lo establecido en los Acuerdos que pondrían fin al conflicto); fin de las violaciones de derechos humanos por ambas partes (objetivo que sería asumido como prioritario por la Misión de Naciones Unidas, ONUSAL); fortalecimiento del raquítico poder judicial (otra de las metas que serían establecidas para ONUSAL por los Acuerdos de Paz); magnitud de las Fuerzas Armadas (cuyos efectivos quedaron reducidos a su mitad por los mismos Acuerdos, a cambio del desarme total de la guerrilla); nueva doctrina y nueva educación militar para aquel Ejército. En una palabra: la realidad de lo negociado y planificado desde 1990 y desarrollado desde 1992 coincidió en enorme medida con aquellas propuestas que Ellacuría propugnaba en 1989.

Pues bien; si esta serie de medidas empezaron a ponerse en práctica muy poco después de su muerte, ¿cómo pudo alguien considerarlas tan subversivas y tan amenazadoras en 1989? Sólo alguien radicalmente cegado por el odio, por intereses ferozmente insolidarios, o tarado por una ideología ultraderechista tendente a la conservación intocable de una infame estructura social, pudo conceptuar aquella serie de propuestas como extremadamente peligrosas. Sólo la ultraderecha escuadronera, militar y civil -la misma que nueve años antes había asesinado al arzobispo monseñor Romero-, impulsada por la oligarquía salvadoreña más desalmada, podían desear y ordenar tal eliminación, como así fue.

Así fue, y así quedó asumido por la comunidad internacional, cuyas últimas dudas -si aún las había- sobre "quién era quién" en el conflicto interno salvadoreño quedaron disipadas por aquel disparatado crimen. Todo el mundo pudo comprender que sólo el odio, los intereses o el fanatismo ideológico ultraderechista -o los tres factores en su conjunto- pudieron engendrar el designio de destruir aquel valioso foco de pensamiento cristiano, no violento, progresista y democrático.

Sin embargo, nadie podrá decir que su sacrificio resultó inútil. Pues, de hecho, su asesinato perjudicó gravemente a sus propios autores, debilitó su posición negociadora y facilitó el acceso a la paz. Aquel acto de barbarie vino a debilitar ante el mundo la posición del Ejército y del Gobierno salvadoreños frente al FMLN en las mesas y conversaciones que, auspiciadas por la ONU, se desarrollarían a partir de entonces en Costa Rica, Ginebra, Nueva York y México, hasta llegar a la solemne firma de la paz en Chapultepec el 16 de enero de 1992. Exactamente dos años y dos meses después del asesinato de quien propugnó ese mismo camino y esa misma solución.

Hoy, transcurridas dos décadas, caben muy pocas dudas sobre el significado de la tragedia de la UCA y ninguna duda sobre el diagnóstico -increíblemente exacto- que Ellacuría formuló sobre aquella sociedad.

Dos de los militares implicados fueron condenados a 30 años, pero amnistiados tres años después. Hoy, nuestra Audiencia Nacional mantiene abierta una causa contra los autores de aquella orden criminal, plenamente impunes hasta hoy. Incluso con el reciente y drástico recorte sufrido por la jurisdicción española en materia de Justicia Universal, aún así, esta causa se mantiene vigente por tratarse de víctimas españolas, lo que permite su continuidad.

En cualquier caso, en esta fecha conmemorativa resulta obligado honrar con nuestro recuerdo a unos compatriotas españoles que pagaron con su vida su esfuerzo, su enseñanza y su riesgo, volcados hacia el logro de una mayor justicia y solidaridad, en una sociedad asolada por la injusticia, la miseria y la brutal desigualdad.

(El País, Madrid. Prudencio García, ex miembro de la División de Derechos Humanos de ONUSAL (Misión de la ONU en El Salvador), es investigador y consultor de la Fundación Acción Pro Derechos Humanos.)

SEXTA COLUMNA: DE GRATA RECORDACIÓN.

Han sido varias las personas que se han ido en fechas recientes dejándonos diversos recuerdos.

En el caso particular del deceso de Carlos Briones, leyendo los comentarios de amigos comunes vinculados a la universidad o a la profesión, he coincidido en apreciar la dedicación que ponía Carlos en la objetividad, en la coherencia y propiedad en el manejo de los datos y la relación entre variables económicas, y en el rigor científico de sus juicios económicos, políticos y sociales sin sesgos de ninguna clase.

Soy de quienes piensan que, ante el hecho de la muerte de un ser humano o de una persona, lo que nos queda son recuerdos, que podrían ser gratos o no gratos para decirlo de alguna manera.

Recuerdo con agrado y reconocimiento de mi parte, lo que sería tema de un homenaje póstumo colectivo, a mucha gente que he conocido a lo largo de mi vida; tantas personas que me sería difícil hacer una referencia justa sobre todas ellas.

A pesar de ello me traen gratos recuerdos: Ítalo López Vallecillos, Enrique Barrera Escobar, Mario Flores Macall, Luis Alonso Posada, Dagoberto Vega Cea, Raúl Valiente Argueta, Jorge Sol Castellanos, Julio César Oliva, Fernando Martín Espinoza Altamirano, Guillermo Manuel Ungo y Héctor Oquelí Colindres, queridos compañeros ellos, del histórico Partido Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) de El Salvador, miembro de la Internacional Socialista (IS), de la Unión Nacional Opositora (UNO) y del Frente Democrático Revolucionario (FDR).

Asimismo, recuerdo con especial agradecimiento a Rafael Menjívar, Oscar Quinteros Orellana, Carlos Alberto Rodríguez, Gilberto Cabezas Castillo, Alexander Hamilton Ross, Mario Salazar Valiente, Salvador Navarrete Azurdia, José María Méndez, Carlos Ganuza Morán, mis maestros de la Facultad de Ciencias Económicas y autoridades de la Universidad de El Salvador (UES), durante los años 60 principalmente.

Por supuesto que tengo agradables recuerdos de Ignacio Ellacuría, Luis de Sebastián, Segundo Montes, Francisco Javier Ibizate, Ignacio Martín Baró, y Amando López, para mí inolvidables autoridades y compañeros de trabajo académico en la Universidad Centroamericana de El Salvador “José Simeón Cañas” (UCA), en el transcurso de los años 70.

Sumado a lo anterior, en nuestro país han existido empresarios cuya trayectoria observé en determinados períodos y que son de grata recordación en diversos sectores de nuestra sociedad. Algunos de ellos favorecieron importantes y polémicas reformas económicas tales como la Reforma Agraria impulsada a fines de los años 60 y mediados de los 70 y promovieron políticas de mejoramiento social. Otros se inclinaron por reformas y aperturas políticas en medio de aquel escenario de “democracia restringida y excluyente” como la calificara Memo Ungo. De una forma u otra, todos ellos se encontraban vinculados a los principales gremios empresariales ahora reconocidos como la AGES, ASI, CCIES o ANEP. Desafortunadamente aquellas visiones que desde sus condiciones de agricultores, ganaderos, industriales, comerciantes, importadores, exportadores o financistas, tuvieron estos señores, sin renunciar a sus intereses particulares pero con una visión un poco más amplia, no fructificaron en aquellos momentos, razón por la cual más de alguno buscó colaborar con las filas democráticas y revolucionarias.

A principios de los años 60 observé al señor Roberto Palomo, recientemente fallecido, cuando concurría en un Volkswagen a su fábrica de Calzado Salvadoreño, S: A. (Adoc), situada en la ciudad de Soyapango, a orillas del Boulevard del Ejército. Con el tiempo supimos que era de los que opinaban favorablemente sobre la necesidad de hacer algunos cambios en la estructura agraria de producción para potenciar la demanda efectiva de bienes y servicios en el campo, y de esa manera, dinamizar el mercado interno favoreciendo el crecimiento económico del país. Cincuenta años después, transcribo y subrayo una parte de la nota periodística publicada por La Prensa Gráfica del pasado viernes, que textualmente dice:”En una entrevista periodística en la que a don Roberto Palomo se le pidió mencionar qué decisiones gubernamentales, a su juicio, podrían ayudar a mejorar la economía del país, respondió que podrían ser: atraer inversión extranjera, mejorar la seguridad ciudadana, apoyar a los sectores productivos, mejorar las políticas impositivas, agilizar la inversión pública, fomentar la competitividad, hacer funcionar el Puerto de la Unión e incrementar el salario mínimo”.

Se trata, a mi juicio, de una especie de plataforma económica integral sintetizada, desde la perspectiva de un industrial experimentado.

Por ello, recordando gratamente esta clase de empresarios, me pregunto:¿ Habrá entre los actuales dirigentes gremiales de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, Asociación Salvadoreña de Industriales y Asociación Nacional de la Empresa Privada, personas capaces de hacer suyo este planteamiento en toda su dimensión?

Dos mentiras sobre la ofensiva guerrillera del ‘89

La ofensiva guerrillera de noviembre 1989 no fue, como lo pintan algunos dirigentes del FMLN actual, la madre de su victoria electoral en el 2009. Lo que transformó el país de manera que 17 años más tarde fuera posible que ganara la presidencia un candidato del FMLN, fueron los Acuerdos de Paz. O sea, una obra conjunta de izquierda y derecha con la sociedad civil. No fue un acto unilateral de guerra que transformó el país y abrió los espacios políticos, sino el subsiguiente ejercicio de negociación y concertación. La ofensiva guerrillera fue necesaria para servir la mesa para la negociación, pero nada más. La paz, la desmilitarización, la democratización son obras conjuntas – y sólo como tales eran posibles. Ni el FMLN ni ARENA tienen derecho de adjudicarse estos logros históricos.

Rediseñar la historia de otra manera es irresponsable, porque equivale a suspender el acuerdo básico del año 1992: que a partir de esta fecha ya no se trataba de imponerse un bando al otro, sino de construir conjuntamente, independiente de las contradicciones ideológicas o de intereses. En 1992 se estableció un nuevo sistema político plural, donde todos los partidos, independiente de su rol durante la guerra, son socios y garantes.

Declararse ‘antisistema’ luego de los Acuerdos de Paz y sus transformaciones del sistema político, es declararse contrario al pluralismo y los acuerdos alcanzados en el proceso de paz.

Si altos dirigentes del FMLN, en el contexto de los 20 años de la ofensiva del 1989, expresan que los Acuerdos de Paz sólo cambiaron ‘la forma de la lucha’, pero no su finalidad, una sociedad socialista, están rompiendo con los Acuerdos del 1992.

Es en este contexto que siempre he señalado que es peligroso e irresponsable cuando los nuevos gobernantes declaran que ‘el cambio’ del 2009, más que un cambio de gobierno, para ellos equivale a una ‘refundación de la República’. La República fue refundada en 1992, con la legitimidad de una concertación de toda la sociedad - no en 2009, con una raspada victoria electoral.

Así que, por más necesaria que fue la ofensiva guerrillera del 1989 para facilitar la salida política a la guerra, el evento a celebrar es la firma de la paz, no la ofensiva al tope...

Pero hay otro mito sobre la ofensiva guerrillera de noviembre del 1989 que hay que desenmascarar: “El episodio de la ofensiva fue un acto de guerra en el que miles de ciudadanos sufrimos el rebalse de un conflicto, en el que los civiles fueron EL PRINCIPAL BLANCO de las balas de ambos lados...”

Palabras de Gabriel Trillos, director editorial de La Prensa Gráfica, en su columna del día 15 de noviembre 2009. Cuidado, estimado colega, los escritores debemos de tener mucho cuidado con las palabras y sus significados. Lo que Trillos afirma, históricamente no es cierto. Ninguna institución con credibilidad e independencia ha acusado a las fuerzas guerrilleras de haber escogido civiles como blanco principal durante la ofensiva del 1989. No fue la guerrilla que bombardeó colonias en la franja nororiental de San Salvador. Fue la Fuerza Armada. No fueron combatientes del FMLN que ejecutaron a los padres jesuitas. Fueron efectivos del Atlacatl.

Ya es bastante problemático querer hacer juicios sumarios a un sólo bando. No me atrevería a decir que ‘la Fuerza Armada’ o ‘el gobierno’ escogió a civiles como principal blanco de sus balas. Más absurdo es el intento de un juicio sumario a ambos bandos, independientemente de que existieron marcadas diferencias en su comportamiento con la población civil.

Si los guerrilleros hubieran tratado, en la ofensiva del 1989, a la población civil como ‘principal blanco’, jamás hubieran llegado a sentarse en una mesa de negociación. Simplemente, se hubieran destapado, ante el pueblo salvadoreño y el mundo, como terroristas. Y nadie les hubiera reconocido el status de fuerza beligerante, indispensable para una negociación auspiciada por Naciones Unidas.

En cambio, el hecho que el gobierno, bajo la presión militar y política de fuerzas guerrilleras en la mera capital, no tuvo la capacidad de garantizar que sus fuerzas no se volcaran contra civiles, fue instrumental para que el FMLN lograra la apertura de una negociación seria.

Moraleja: Nadie tiene el derecho de usar la amarga experiencia de los combates en la capital como pretexto para tergiversar la historia y crear versiones convenientes.

(El Diario de Hoy)