¿Un golpe de Estado del Frente y de ARENA contra Funes?

Querer superar el veto presidencial no es un intento de golpe de Estado o de derrocar al gobierno. Tampoco es un atentado contra la estabilidad de la Nación o contra el interés nacional. Es un derecho constitucional. Es un trámite normal en la democracia representativa. Es como funciona la autonomía de los poderes del Estado.

Igual que el Presidente tiene el derecho constitucional de vetar una ley aprobada por la Asamblea, los diputados tienen el derecho de superar este veto si alcanzan la mayoría calificada de 56 votos.

Entonces, ¿por qué algunos partidos, aunque en el fondo siguen estando de acuerdo con el aumento de 7 a 15 años de la pena máxima para delincuentes juveniles, tienen tanto miedo a votar contra el veto presidencial? ¿Por qué diputados normalmente muy sensatos como Rodolfo Parker y Ana Guadalupe Martínez reaccionan como si las fracciones del FMLN y de ARENA, que quieren superar el veto del presidente, estuvieran proponiendo a la Asamblea que invoque el artículo 87 de la Constitución que da al pueblo el derecho a la insurrección?

En todo este debate, la decisión del presidente de vetar un decreto aprobado casi con unanimidad, parece normal, pero la decisión de dos partidos de votar en contra de este veto parece desleal, polarizante, confrontativa y desestabilizadora. No extraña tanto que esta sea la posición de Casa Presidencial. Pero, ¿qué puede motivar a un diputado de tomar esta posición? Sólo se puede especular.

Cada uno tiene derecho de votar como le dicta su conciencia, su cálculo político o su interés. No hay ninguna necesidad de dramatizar la cosa artificialmente. Los diputados van a votar en pro o en contra de una reforma que aumenta las penas máximas para jóvenes de 16 y de 17 años que cometen delitos graves como asesinatos. No van a votar en pro o en contra de la gobernabilidad. A menos que algunos diputados siguen dramatizando de esta manera el conflicto. Por más que ellos hablan de que con este voto está en juego la gobernabilidad y la estabilidad del país, ellos mismos están creando este problema.

Yo podría aceptar y respetar la decisión de un diputado que genuinamente está en contra del aumento de las penas para menores de edad. Pero parece que nadie toma esta posición. Todos parecen estar de acuerdo en el fondo, pero algunos no quieren crearle una derrota política al presidente que presentó un veto mal argumentado.

¿Cuál es el problema de que todos los diputados que están convencidos que hay que aumentar las penas y que esta medida no tiene nada de inconstitucional, voten en favor de su decreto y en contra del veto presidencial? En este caso, no se genera ningún vacío legal ni tampoco una crisis entre los poderes. Nada de eso. En este caso, la Constitución manda que la Cámara de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia decida. Así tiene que ser: que la Corte tenga la última palabra sobre la constitucionalidad de la ley.

Entonces, ¿por qué algunos alertan que proceder así, haciendo uso de los pesos y contrapesos que define nuestra Constitución, atentaría contra el presidente y su capacidad de gobernar? El presidente y el ejecutivo tienen que aprender a gobernar dentro del marco de pesos y contrapesos que define nuestro sistema republicano. Ejercer oposición no es desestabilizar al país. Hacer uso de la independencia de los órganos del Estado, no es un minar la autoridad del ejecutivo. Dejar que la Corte Suprema decida sobre asuntos de constitucionalidad, cuando hay diferentes interpretaciones entre Asamblea y Ejecutivo, no es provocar una crisis constitucional.

Entiendo perfectamente que el presidente quiere hacer valer su criterio. Entiendo también que la banda de los 12 (ahora 13) se presta para ayudar al presidente, tenga o no razón. Tampoco esperaba del PCN que defendiera principios. ¿Pero qué diablos está buscando el PDC en esta coalición de rescate a un veto presidencial mal fundamentado?

(El Diario de Hoy)

Carta a la jueza de menores María Isabel Ponce

Estimada señora:

Usted les puso el dedo a los medios de comunicación que publicaron la foto y el nombre del “niño” de 17 años que mató a cuchillazo a otro joven. ¡Esto sí es pronta justicia! Cero tolerancia con los criminales. Sobre todo los que publican fotos de asesinos sin pedirle permiso a usted. La felicito.

Usted cree que hay que proteger al joven asesino para que no se le vaya generar un trauma o un complejo por el rechazo que le pueden hacer sentir sus vecinos, una vez que conocen su cara y su nombre y lo que ha hecho. Ya ha pasado por mucho, viéndose involucrado en un acto de horrible violencia, teniendo que matar a un alumno del Inframen...

Usted cree que están equivocados los que pensamos que los periódicos tienen la obligación moral de informar y alertar a los ciudadanos. La publicación del reportaje sobre Jonatan, que para usted constituye un delito a perseguir, para nosotros es un servicio a la sociedad.

Quien quiere proteger a los delincuentes, obviamente no quiere ver este tipo de reportajes en los periódico. Quienes queremos proteger a los ciudadanos y a los miles de alumnos que quieren estudiar, no queremos ver a jueces como usted en los tribunales. Le recomiendo que se cambie de profesión y busque trabajo con los grandes proyectos de prevención que dice el gobierno que va a montar en todas partes.

Saludos, Paolo Lüers

(Más!)

Carta al canciller Hugo Martínez

Estimado Hugo:

¿Cómo te fue en Cuba? Lástima que a Cuba, a diferencia del viaje a Estados Unidos, no llevaron el montón de periodistas. Me hubiera gustado leer un reportaje sobre la fiesta de inauguración de la embajada salvadoreña en La Habana. Sobre tu discurso. l discurso del canciller cubano.

Sobre todo me hubiera encantado leer una crónica bien hecha que relata una reunión de nuestro canciller con los opositores cubanos. Para entender cómo ellos explican las huelgas de hambre.

¡Espérate! No me vas a decir que no aprovechaste tu viaje para reunirte con algunos representantes de la oposición política.

Porque si fuera así, no entiendo para qué sirve la apertura de las relaciones plenas con Cuba que fue la primera decisión del nuevo presidente salvadoreño. Yo siempre apoyé la idea que era necesario abrir las relaciones y romper el aislamiento de Cuba. En Alemania, una política consecuente de apertura y múltiples relaciones con el gobierno comunista de Alemania Oriental al fin consiguió que cayera el muro y el régimen totalitario.

Todos estos en contra del embargo contra Cuba. Todos estamos en favor de normalizar las relaciones con Cuba. Pero normalizar significa hablar con todos, no sólo con el gobierno.

Bueno, se me olvidó que en Washington tampoco hablaron con la oposición, aunque en este caso el State Department con gusto les hubiera hecho los contactos con los republicanos. Yo se que en Cuba es un poco más complicado. Pero, ¿quién te ha dicho que ser canciller no es un reto complicado que, a parte de buenos modales y refinados gustos, a veces requiere huevos?

Saludos, Paolo Lüers

(Más)

Autogol de Casa Presidencial y diputados vacilantes

Uno no tiene que ser jurista para saber que el decreto de aumentar las penas máximas para delincuentes juveniles no es inconstitucional. Basta tener razón común para ver que el presidente se equivocó con su veto, basándolo en inconstitucionalidad.

El doctor Chico Bertrand Galindo, en su manera magistral de explicar asuntos de derecho, le dio una gran lección al presidente, explicándole en El Diario de Hoy que puede vetar una ley basándose en dos diferentes razones: por inconstitucionalidad o por inconveniencia política. O sea, para vetar no hay que inventar inconstitucionalidad.

Simplemente puede decir: No estoy de acuerdo. Y la Asamblea decidirá si le acepta el argumento de la conveniencia política o, para llamarlo de manera más prepotente, de la razón del Estado.

Funes y sus asesores (¿a saber quiénes le redactan los decretos y las argumentaciones jurídicas?) se equivocaron. Pensando que así estaban dando más peso a su veto, se fueron por la inconstitucionalidad para vetar la reforma a la ley penal juvenil.

El problema que no previeron: Ahora a los diputados, al llegar a la conclusión obvia que no existe inconstitucionalidad, no les queda otra que superar el veto. Incluso los diputados que están dispuestos a tomar en cuenta los argumentos políticos del presidente, no lo pueden hacer, porque el presidente se fue por la vía de la argumentación jurídica, la cual no tiene sustento.

Si el presidente hubiera vetado la reforma argumentando que está en contradicción con las políticas públicas que está implementando el gobierno, les hubiera salido mucho mas fácil a los diputados aceptar el veto.

Se hubiera armado un debate político, donde el presidente hubiera tenido buenas posibilidades de imponer su voluntad, dada la composición actual de la Asamblea y el carácter vacilante de varios partidos.

De hecho, la disposición de los diputados de PCN, PDC, GANA y CD de acatar el veto del presidente, no es basada en dudas en la constitucionalidad del decreto vetado, sino en consideraciones políticas. No quieren minar la posición del presidente. Y quieren ofrecerse a Casa Presidencial como potenciales aliados, o por lo menos como 'oposición constructiva'...

Hoy los diputados vacilantes actúan y argumentan como si el presidente hubiera observado, no vetado, la reforma a la ley penal juvenil. Hoy discuten como 'mejorar' su propio decreto.

Eso es precisamente el problema de los diputados vacilantes: Como el presidente armó berrinche y vetó, en vez de observar, y como el veto se hizo en base de inconstitucionalidad, sólo en base de inconstitucionalidad pueden cambiar su voto original y negarse a apoyar a ARENA y FMLN en su intento de superar el veto.

La votación en la Asamblea no puede ser si hacer caso o no al presidente en su argumentación política. Esto queda descartado desde Casa Presidencial se fue por la ruta equivocada de la inconstitucionalidad. La única votación razonable y basada en principios es sobre la constitucionalidad del decreto en cuestión. Caso perdido. Autogol de Casa Presidencial.

(El Diario de Hoy)

Elogio del periodista

Aunque en la Red ya proliferaban las narraciones del terremoto, y también vídeos falsos como el que las televisiones recogieron de YouTube, el mundo no se hizo una idea precisa de la catástrofe de Haití hasta que los enviados especiales pusieron allí sus pies. Sólo entonces llegamos a tomarle la medida a la tragedia, a aspirar el olor dulzón de la cadaverina, a sentir las manos de los niños perdidos que se aferraban a las de los periodistas. Un sentimiento de orgullo profesional recorrió las redacciones de medio mundo cuando los "nuestros" llegaron a Haití y empezaron a cumplir con el oficio: describir lo que hay, averiguar lo que pasa, palpar el sufrimiento, remover conciencias y responsabilidades, desatar la ola solidaria. "Eh, compañeros, mirad: no estamos acabados, todavía podemos hacer bien las cosas", vino a ser ese mensaje. Orgullo, sí, porque el periodismo anda con la moral alicaída. Muchos lectores, sobre todo jóvenes, no visitan ya otro quiosco que el del gratis total de la Red y sin negocio no hay independencia económica, ni informativa.

El panorama internacional proyecta una sombra inquietante: cierre de medios, reducciones de plantillas, migración de anunciantes a la web, predicciones apocalípticas de que el periodismo escrito tiene sus días contados. "Octubre de 2044", anoten esta fecha porque, según las extrapolaciones del profesor de Periodismo Philip Meyer, los periódicos norteamericanos perderán ese mes de ese año al último de sus lectores. Y, sin embargo, el análisis de las noticias difundidas por 53 canales de información de Baltimore ha mostrado que la prensa generalista, sea en papel o en la web, produce el 48% de las noticias de elaboración propia; los diarios especializados, el 13%; las televisiones locales, el 28% y las radios, el 7%, frente al 4% de los nuevos medios: diarios digitales, blogs, sitios web locales, Twitter...

De acuerdo con este estudio del gabinete de ideas Pew Research Center, los canales de Internet, imbatibles en dar primeros la noticia, se limitan, por lo general, a reciclar las informaciones de los medios convencionales, sin aportar mayor valor añadido. Sería una triste paradoja que la noticia verificada y contextualizada resultara engullida, precisamente, por la avalancha planetaria actual de fuentes emisoras y multiplicadoras de datos y opiniones. ¿Qué noticias (noticias, no comunicaciones de parte, exudaciones del marketing, doctrinas o prédicas) se difundirán en Internet cuando se hayan extinguido estos "dinosaurios"? La eliminación de la prensa escrita, ¿acarreará la desaparición del periodismo y de los periodistas, al menos, como se les ha conocido hasta ahora?

Sobre el papel, el nacimiento de Internet: libre, gratuito, simultáneo, horizontal, ilimitado, sólo podía ser motivo de satisfacción: ha llegado el cambio de paradigma, un nuevo vínculo entre prensa y ciudadanía que permite airear todas las voces, difundir las verdades que los medios callan por las presiones del poder. Se acaba, por fin, el oligopolio informativo que la élite profesional ha venido ejerciendo sobre un público mayoritariamente pasivo. Queda inaugurada la "democracia comunicativa".

A la espera de los ajustes económicos, jurídicos, técnicos y periodísticos, el riesgo, hoy por hoy, consiste en arrojar el agua sucia de la bañera con el niño dentro. ¿Es ésta la incertidumbre propia de las situaciones en las que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer o, simplemente, la angustia de la adaptación forzosa que ya conoció el periodismo escrito con el surgimiento de la radio y la televisión?

Además del anonimato, algo debe tener Internet para que, en estos albores, atraiga a tanto navegante en la intolerancia que ve en la charla en comandita, no un espacio para debatir y rebatir, sino un terreno de batalla. ¿Por qué pululan ahí gentes inclinadas a denigrar y despellejar, mentes perezosas que no leen lo que descalifican y sueltan lo primero que se les pasa por la cabeza? No son sólo los trolls, internautas especialistas en provocar y crispar, quienes asaltan los foros y arrasan el diálogo racional mesurado. Son, sobre todo, internautas que encuentran sentido a arruinar el crédito y la reputación ajenos, mientras pontifican sobre lo divino y lo humano.

En su librito Internet, el éxtasis inquietante, Alain Finkielkraut ha escrito que los ciudadanos del ciberespacio celebran como victoria de la igualdad la licuefacción del autor reconocido. El filósofo francés cree que el ejercicio irresponsable de ese "derecho a ser autor" que asiste a todo internauta y la posibilidad que da el medio de actuar sin compromiso, conduce a un modelo de "libertad fatal". La escritora Rosa Pereda ha recordado que el escándalo, la burla, el insulto y la murmuración denigratoria son las formas más eficaces de control social. Su impresión es que en la Red se reproduce el tono de la discusión tabernaria. Con la diferencia de que ahora estamos ante una taberna global permanente donde todo lo que se dice se queda.

Según la Asociación de Internautas, al 70% de los españoles que navegan por la Red le cuesta distinguir los bulos de las noticias fiables. Aunque la tesis que niega fundamento a la profesión de periodista está en el ambiente -"¿Por qué no puedo yo entrevistar a Zapatero?", reclamaba el ponente de un debate universitario-, los internautas piensan que las versiones online de la prensa convencional son, pese a todo, las fuentes más fiables.

Y es que el periodismo se consagró, precisamente, como filtro efectivo contra el bulo. Se equivocan quienes creen que el periodismo en la Red puede prescindir de la formación, el código deontológico, el estatuto de redacción, la ética o la vergüenza torera. "Ja, como si los periodistas respetaran sus códigos", dirán quienes predican el fin del periodismo. Pese a todo, puede que los cínicos periodistas retratados con maestría en Primera plana, de B. Wilder, resulten unos tipos entrañables comparados con lo que prolifera por ahí. Mejor estar entre las tres pes (putas, policías, periodistas) que ponerse en manos de grupos sin escrúpulos o de aficionados temerarios atacados por la soberbia.

Quienes creen que pueden suplantar sin problema al periodista podrían hacer el ejercicio simple de elaborar una noticia en el tiempo en que lo hacen los profesionales, para comprender que captar lo significativo, ordenar con criterio los datos, contextualizarlos y redactarlos de forma comprensible y atrayente es una tarea que requiere el saber del oficio. ¿No hemos visto a escritores consagrados naufragar en el género del reportaje y a intelectuales perderse en entrevistas-río sin principio ni fin? Con sus miserias y el pesado lastre de sus otras tres pes domésticas -paro, precariedad y presiones-, el periodismo, donde el éxito es siempre efímero y la reputación profesional discurre al borde del precipicio, cumple una función imprescindible.

Pese a la calidad indudable de algunos espacios y al mérito personal de quienes los animan, nuestro universo digital está muy coloreado por plataformas sectarias, "confidenciales" donde chirría la regla de la verificación, fabuladores informativos que todos los días rearman la teoría de la conspiración del 11-M, tertulias de boca caliente en disputa por ver quién la dice más gorda. Pero la Red no inventó la mentira. La rentable escuela de la invectiva nacional ya funcionaba antes entre nosotros, como funcionaban los carroñeros que hacen espectáculo de lo más sagrado.

Según eso, el problema no estaría entre el nuevo y viejo periodismo, sino entre el bueno y el malo, en la urgencia de restablecer la relación perdida con el público.

"Mientras muchos de nuestros competidores se retiran, nosotros seguimos invirtiendo en más y mejor periodismo, conscientes de que ésa es la fuerza de nuestra marca. Creemos en un periodismo de verificación y valoramos más la precisión que la velocidad o la sensación. Contra lo que pasa en muchas redacciones, alzadas en guerra contra los que dirigen el negocio, en mi periódico nos hemos apañado para sostener un sentimiento de unión objetiva", ha explicado Bill Keller, editor de The New York Times. Él está convencido de que sobrevivirán, "algunos de los mejores periódicos" porque piensa que la sociedad demanda un periodismo serio. "Pese a nuestras desgracias, creo con todo mi corazón que los periódicos, ya lleguen a la puerta de casa, a su portátil, a su iPhone o a un chip implantado en su corteza cerebral, estarán con nosotros durante tiempo", ha dicho.

Así que, asfixiados y desconcertados, pero no acabados, todavía. Se busca información rigurosa y honesta de lo que pasa en la calle; o sea: la receta clásica del periodismo.

(El País/Madrid)

Carta al fotoperiodista que registró un asesinato

Estimado colega:

Tomaste las fotos del asesinato del alumno Francisco Garay. Y ahora nuestro ex-colega y ahora presidente, Mauricio Funes, se atreve a cuestionarte por haber hecho tu trabajo.

La respuesta al presidente es: El país sería mejor y más seguro si cada uno estuviera haciendo su trabajo. Haciéndolo bien. Vos hiciste las fotos, las hiciste bien. Hiciste lo que es tu profesión y con eso, serviste al país que ahora ve estas fotos y discute a más profundidad el problema de la violencia juvenil.

La pregunta al presidente es: ¿Y usted hizo su trabajo? ¿Su ministro de Seguridad hizo bien su trabajo? ¿Su policía?

Así que no te dejés confundir, colega: Vos cumpliste. El presidente, ¿quién sabe? Nadie, mucho menos el presidente de la República, te puede cuestionar porqué hiciste fotos en vez de actuar para evitar el crimen. Actuar para evitar el crimen es el trabajo del presidente y de la policía. El trabajo nuestro es retratar la realidad, en fotos o en palabras, para informar al público y mover su conciencia.

Vos cumpliste con tu trabajo. A cabalidad.

Así se compone el país: cada uno cumpliendo lo que le toca, con responsabilidad, profesionalidad y eficiencia. Hoy hablan mucho de prevención. Pero la prevención no es inventar programas. El ministro que hace bien su trabajo, hace prevención del delito. El fiscal que hace bien su trabajo, hace prevención de violencia. Y así todos: el policía, el maestro, el fotógrafo, el escritor, el empresario, el trabajador social... y el presidente de la República. Si cada uno hace su trabajo con eficiencia, todos estamos previniendo la violencia.

Te felicito, hiciste lo que tuviste que hacer, estamos orgullosos de tu trabajo. Si al presidente, al ver tu fotos, sólo le preocupa si van a afectar su veto contra el aumento de las penas para asesinos juveniles, esto ya no es tu problema. Es un problema serio para el país que el presidente reaccione así...

Tu colega Paolo Lüers

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Un gobierno común y corriente

Así que el viaje del presidente Funes a Washington fue un éxito. Así lo dicen los prominentes periodistas que lo acompañaron.

Ahora Funes se graduó de “líder regional” -porque así se refirió Obama a su huésped.
Lo que no nos contaron es que la presencia de un nuevo “líder regional” sólo tuvo mención en el saludo protocolario que pronuncio Obama en la Casa Blanca, pero no tuvo ningún impacto en los medios. Ni el New York Times ni el Washington Post ni el Wall Street Journal mencionaron la magna visita. Sólo apareció en Estados Unidos en algunos medios latinos.

Fue una visita de rutina. Fue un éxito, porque se amarró la prolongación del TPS para los inmigrantes salvadoreños y porque sirvió para normalizar las relaciones diplomáticas entre San Salvador y Washington con el nombramiento del embajador salvadoreño en Estados Unidos. Para un gobernante electo por un partido como el FMLN, es un éxito la manera normal y rutinaria que la Casa Blanca ha recibido a Mauricio Funes.

Pero sólo quien está demasiado atraído por la cercanía al poder puede confundirse y pintar la visita en Washington como un evento trascendental y como prueba del liderazgo del presidente Funes. ¿Cuál liderazgo centroamericano? En el asunto hondureño, dicen todos en coro. La verdad es que Funes se ha plegado de manera muy pragmática y prudente a la política norteamericana hacia Honduras, primero cuando Washington decidió acompañar al ALBA en la campaña internacional para aislar a Honduras; y también cuando Washington al fin decidió facilitar el reconocimiento internacional del gobierno Lobo. Esto convierte a Funes en un enlace importante para los hondureños para volver a ingresar al SICA y a la OEA, ¿pero en líder regional? ¿Líder de quiénes? Seguramente no de los hondureños, quienes con todo derecho siguen desconfiando de quienes los abandonaron y les querían imponer la permanencia de Zelaya en el poder. De qué manera Funes se puede haber convertido, de la noche a la mañana y en Washington, en un líder para Honduras, Panamá, Costa Rica y Guatemala, sigue siendo un enigma.

Para realmente convertir su visita a Washington en un evento importante y en un exitoso más allá de la rutina y cortesía diplomática, Funes tendría que haber hecho varios movimientos audaces. Para realmente dar sentido político a sus reuniones con el liderazgo de las dos cámaras del Congreso, Funes tendría que haberse reunido con la oposición republicana. No lo hizo. Se reunió con los dirigentes demócratas. Con los más cercanos. Nuevamente: se puede llamar éxito el hecho que los máximos dirigentes demócratas del Congreso recibieron al presidente salvadoreño. Es un éxito, si antes existía duda de si lo iban a tratar con toda normalidad o como bicho raro. Lo trataron con normalidad. ¿Y qué? ¿Este es le gran éxito?

Un evento político trascendental hubiera sido sentarse y dialogar a calzón quitado con los dirigentes republicanos. Meterse en la cueva del león, de donde provienen los obstáculos para el TPS, para un aumento de la asistencia norteamericana a un gobierno del FMLN, y sobre todo, para la reforma migratoria.

No mencionar en Washington en voz alta la necesidad de una reforma migratoria puede haber correspondido a la compleja coyuntura interna que enfrenta Obama. Pero de ninguna manera al interés de El Salvador y Centroamérica. Tal vez no hubiera sido prudente presionar a Obama en este punto, sabiendo que él ahora tiene otras prioridades que negociar con la oposición republicana. Pero confrontar a los republicanos con la necesidad impostergable de la reforma migratoria para Centroamérica hubiera sido un paso en la dirección correcta. Incluso, quien sabe, en dirección de un liderazgo regional...

La otra importante misión en Washington eran las negociaciones con los organismos monetarios internacionales: Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Fondo Monetario. También esta parte los corresponsales de la Corte presidencial nos la pintan como gran éxito, cuando en verdad es ejemplo triste de falta de sinceridad, estrategia y audacia.

Si de verdad los organismos internacionales, para soltar más créditos adicionales para El Salvador, querían ver a los representantes de los partidos en la mesa de negociación en Washington, es porque exigen como condición que el gobierno entre en una concertación con la oposición, encaminada a un pacto fiscal que no sea impuesto, sino consensuado con oposición y empresariado. Si esto era el reto estratégico que los organismos internacionales pusieron a El Salvador, obviamente salimos reprobados. El hecho de que Casa Presidencial, que no tenía previsto invitar a ningún representante de ningún partido al viaje a Washington, trató de convocar a los dirigentes partidarios a última hora, es sólo la muestra patética de otro problema mucho más serio: no existe proceso de concertación. Lo que a última hora trataron de montar en Washington era un show de algo que no existe. Los famosos “pueblos Potemkin” que el gobernador mostró al Zar, pero que eran puras fachadas...

¿Cómo proyectar en Washington unidad y concertación nacional, si a los partidos los convocan a última hora y sin concertación previa? Y con el resultado de que ni siquiera el jefe de su propio partido aceptó acompañar al presidente en estas condiciones...

Así obviamente no se prepara una visita en Washington, si realmente se quiere más que la normalidad y rutina. O sea, si se quiere más que lo mínimo: que me reconozcan como legítimo gobierno común y corriente.

Si se quiere más que esto y logros tangibles, hay que trabajar en casa y en Washington de otra manera. Hay que concertar antes en casa y conjuntamente llevar el resultado a Washington, a la Casa Blanca, a la oposición republicana y a los organismos internacionales. En este sentido, la visita de Funes a Obama fue una oportunidad no aprovechada.

(El Diario de Hoy)

La naturaleza del pecado

En algún momento de mi vida quise ser sacerdote. Todavía no sé claramente por qué, pero ninguna vocación es pura y, ahora, supongo que un manojo de razones pudieron llevarme a las puertas del seminario. Ejemplos: era un renacuajo de 18 años y quería salvar al mundo. O también: no tenía ni idea de quién era yo ni de lo que era el mundo. Más: había sido educado en la fe católica, quería irme de mi muy católica casa, en fin... Esa es una de las ventajas de ser joven: lo inexplicable tiene muchos permisos. Equivocarse puede ser una virtud.

Así fue como entré al seminario de los jesuitas. Un mes antes de cumplir los dos años, fecha en que debía hacer los votos, me salí. Estaba furiosamente enamorado de una María que, en muy pocos meses, había derrumbado las ofertas de esa civilización que es la Compañía de Jesús. Recuerdo todavía una broma con la que los pichones de curas solíamos ablandar dudas mayores. Siempre remedábamos la fórmula del compromiso de los votos recitando "pobreza, obediencia y brabrebrá". La última palabra iba siempre apurada, en voz baja. Era un tropiezo incomprensible de consonantes. La última palabra era, o al menos debía ser, "castidad".

Pero todo hay que decirlo: nunca fui tan deseado, cortejado y abordado por las mujeres como en esos años. Corrían los tiempos de la Teología de la Liberación, éramos unos jóvenes de izquierda, andábamos con el pelo largo, en sandalias, en bluyines y franela, pateando el barrio donde vivíamos, organizando comunidades.

Pero éramos, sobre todo, prohibidos. No había una sola muchacha que no quisiera, aunque fuera como juego, tentar o provocar a alguno de los que estaban estudiando para ser curitas. La castidad, ciertamente, era un trabalenguas, un infierno impronunciable.

Con los años y con la vida me fui convirtiendo en un hombre sin dios y sin iglesias. Mi mejor religión es la casualidad. Tengo más fe en mis amigos que en los santos. Es probable que una de las cosas que más me haya alejado del catolicismo sea justamente su relación con el deseo, con el placer, con el cuerpo. Han pregonado tantas veces a un dios castigador, que anda de fisgón, persiguiendo el goce ajeno. Se han dedicado, en demasiadas ocasiones, a promover y a distribuir la culpa. A veces, sólo permanece la sensación de que ­incluso en sus ritos­ hay más tortura interior que alegría. Como muchos, en algún momento, se me cayó la brújula y me reconocí más terrenal y pagano.

Ahora me resulta totalmente absurdo que el lugar donde no hay cuerpo sea un paraíso.

Pero el tema religioso todavía me sigue interesando mucho. Quizás es una forma de mantenerme en diálogo con el pasado. Decía Heinrich Boll, excelente escritor y ferviente católico, que lo único malo de los ateos es que, con demasiada frecuencia, quieren hablar de dios y de la iglesia.

Pienso y escribo todo esto después de leer las declaraciones del padre Federico Lombardi, vocero del Vaticano. Ante la avalancha de denuncias por casos de sacerdotes pederastas, el reverendo Lombardi trata de enfrentar los cuestionamientos diciendo que: "Toda persona objetiva y bien informada sabe que el tema es más amplio y que concentrar las acusaciones sólo en la Iglesia saca a las cosas de perspectiva". Es sorprendente cómo quienes, desde los altares de la moralidad, han pretendido controlar y administrar hasta la vida privada del prójimo, sean de pronto tan benévolos, tan prudentes, tan flexibles, cuando se trata de enjuiciar su propia intimidad. Es más rentable vivir de la debilidad ajena.

Por si fuera poco, celebra y elogia, Lombardi, esta semana y desde el Vaticano, la respuesta "rápida" y "determinada" de la Iglesia ante las denuncias de abusos sexuales contra niños o adolescentes cometidos por sacerdotes.

Estas palabras podrían pasar como una retórica más de cualquier representante de un Estado corrupto si no fuera porque tratan de enfrentar por lo menos 500 denuncias de abusos que han empezado ahora a surgir en Alemania, Irlanda, Austria y Holanda.

Algunos de los casos señalados ocurrieron hace 40 o 50 años. Eso, tal vez, es lo más brutal de todo el proceso: el silencio cómplice, la omisión. La velocidad que tanto aplaude Lombardi, en realidad, quizás sea un delito.

Las pruebas de la fe suelen ser muy exigentes. Ahora resulta que la naturaleza del pecado también puede ser discrecional: ¿qué es peor para un adolescente? ¿Usar preservativos o ceder ante las ansias sexuales del padre espiritual de su colegio? ¿Qué hay que hacer, hoy en día, para no perder el cielo?

(El Nacional/Venezuela)

El discurso de Mojica

El discurso de toma de posesión de José "Pepe" Mujica en Uruguay merece la mayor atención. Es una pieza de singular sabiduría política, tejida por alguien que viene de vuelta de muchas enfermedades del izquierdismo infantil, pero que no deja de ser de izquierda. Es una disertación de alguien que ha metabolizado lo que el maestro Norberto Bobbio estableció como la tríada de fuerzas políticas del siglo XX: el liberalismo, la democracia y el socialismo, de cuya combinatoria se ha nutrido la mayoría de los países ricos y prósperos del planeta, siempre colocando el énfasis en el liberalismo y la democracia.

Aboga por la consolidación de un sistema democrático de partidos, tallado en las mesas de negociación y acuerdos.

Habla de cóncavos y convexos en un país que no puede prescindir de ninguno. Nadie queda fuera. Rema a favor de la concertación y en contra del conflicto, mientras enciende velas en el altar de la unión y le da la espalda a la separación, a la ruptura. Reproduzco, en este sentido, una frase que sólo puede pronunciar un hombre maduro: "Hace rato que aprendimos que las batallas por el todo o nada son el mejor camino para que nada cambie y para que todo se estanque".

Confiesa querer terminar con la indigencia, lograr el pleno empleo, darle seguridad a la gente en su vida cotidiana y ofrecerle a la ciudadanía salud y previsión social, y dice: "Nada de esto se consigue a los gritos.

Basta mirar a los países que están delante en estas materias y se verá que la mayor parte de ellos tienen una vida política serena. Con poca épica, pocos héroes y pocos villanos.

Más bien, tienen políticos que son honrados artesanos de la construcción".

Afirma que desea buscar cambios de verdad, para lo que es necesario llevar una "civilizada convivencia política". Se propone darle "cinco años más de manejo profesional de la economía, para que la gente pueda trabajar tranquila e invertir tranquila". En esto, le rinde homenaje a su antecesor, Tabaré Vásquez, y deja en claro que la parte buena de la historia no comienza con él.

Concluye este pasaje señalando: "Vamos a ser ortodoxos en la macroeconomía". Más adelante, emerge una humildad que sólo puede profesarla un hombre ya librado de fantasmas. Dice: "No vamos a inventar nada, vamos con humildad detrás del ejemplo de otros países pequeños, como Nueva Zelanda o Dinamarca".

Hacia el final de sus palabras sabias, afirma que "sólo el dogmatismo quedó sepultado" y que "en el mundo ya no hay un centro sino varios y que la globalización es un hecho irreversible". Sentencia que "la idea de cerrarse al mundo quedó obsoleta". Les soy franco: leí en diciembre un libro de entrevistas con Mujica; en él advertí que no se trataba de un dinosaurio, que sus ideas no eran tributarias de alguna asfixia ideológica, que no era un tonto aferrado a un submarino.

Con este discurso, advierto que se trata de un hombre de peso, que puede hacerle mucho bien a América Latina.

Viene de la izquierda y sigue en ella, pero ha sido capaz de metabolizar la ristra de errores que se tejen en torno a su petrificación autoritaria. Está dispuesto a pensar más que a profesar. Es práctico, sin sacrificar su esencia. Está dispuesto a ensayar caminos que desde sus cárceles ideológicas antes no se hubiera permitido. Pepe Mujica es otro: sólo los hombres inteligentes cambian.

Sus palabras demuestran que es posible hallar un espacio de encuentro entre distintas maneras de concebir el mundo.

Gritar, tirar la puerta, insultar, humillar será siempre más fácil que construir consensos.

Los venezolanos nos merecemos un presidente así: ya son muchos años trajinando el camino equivocado.

(El Nacional/Venezuela)

Discurso de Pepe Mojica

Mis conocimientos jurídicos, extraordinariamente escasos, me impiden dilucidar cuál es el momento exacto en que dejo de ser presidente electo para transformarme en presidente a secas.

No se si es ahora, o si es dentro de un rato, cuando reciba los símbolos del mando de manos de mi antecesor.

Por mi parte, desearía que el título de "electo" no desapareciera de mi vida de un día para otro. Tiene la virtud de recordarme a cada rato que soy presidente sólo por la voluntad de los electores.

"Electo" me advierte que no me distraiga y recuerde que estoy mandatado para la tarea. No en vano, el otro sobrenombre de los presidentes es "mandatario".

Primer mandatario, si se quiere, pero mandado por otros, no por sí mismo.

(Lea el discurso completo de inauguración de Pepe Mojica en El Pais/Uruguay)