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miércoles, 21 de octubre de 2009

Muy listo el alumno

El gobierno sandinista de Nicaragua acaba de dar otra muestra de fidelidad al guión establecido por el Socialismo siglo XXI y ya tiene su candidato oficial para las elecciones del 2011. ¿Esconden los sandinistas algún gallo que dé la sorpresa? Ni tapado ni gallo.

A la velocidad del rayo los magistrados oficialistas de la Sala Constitucional de la CSJ fallaron un recurso de amparo a favor del presidente Daniel Ortega y 109 alcaldes sandinistas y ordenan al Consejo Supremo Electoral (CSE) que permita a Ortega ser candidato presidencial en las elecciones del 2011.

El recurso ante el cual el consejo electoral se declaró incompetente, fue presentado el lunes en el Tribunal y el mismo día, seguro que los diligentes magistrados aprendieron en las aulas que "justicia tardía no es justicia", y de inmediato dieron a conocer el fallo. Claro que para ello les jugaron la vuelta a los magistrados independientes y los sustituyeron con suplentes leales a Ortega.

El documento señala que el presidente y los 109 alcaldes sandinistas son "ciudadanos aptos de derechos políticos, constitucionales, electorales, para participar en las contiendas electorales a realizarse en los años 2011 y 2012, en los mismos cargos que ostentan actualmente, como candidatos a Presidente, Vicepresidente, alcaldes y vicealcaldes".

Punto final como lo explicó el presidente de la Sala Constitucional, Francisco Rosales, pues todo fue por "el interés del caso para la Nación". Claro que el togado recurrió a uno de los redactores de la Constitución de la Unión Americana: "(Alexander) Hamilton dice que el Derecho es lo que los jueces dicen que es, así de sencillo. Nosotros hablamos por la boca de la ley, nosotros somos los que decidimos la prioridad de los asuntos. Éste es un asunto prioritario para el país, o ¿no es así? Hay que resolver los problemas políticos".

Las reacciones no se han hecho esperar. Y no es para menos, pues todavía la comunidad internacional recuerda el fraude en las elecciones municipales. Claro que la Organización de Estados Americanos no dijo ni media palabra.

El mismo presidente de la Corte Suprema, Manuel Martínez, calificó de "emboscada" y "completo irrespeto" a la ley el fallo de los magistrados oficialistas que sorpresivamente suspendieron el artículo de la Constitución que prohibía la reelección presidencial sucesiva.

Para el ex presidente Arnoldo Alemán, que comió en el mismo plato con los sandinistas y les entregó su caudal político, la sentencia "amañada" es muestra del inicio de la dictadura, y que por fin el presidente Ortega "se quitó la careta, ante su angustia, su desesperación" de no poder conseguir los 56 votos para reformar la Constitución.

¿Alguna semejanza con acontecimientos ocurridos o que iban a suceder en Honduras? La presión por imponer magistrados en la Corte Suprema de Justicia buscaba desarrollar el mismo guión del escenario nica: El Poder Judicial al servicio de un proyecto político y de una persona.

Otro conflicto en el istmo, aunque la situación en el vecino país será calificada de "asunto interno" en el que la comunidad hemisférica no se mete por respeto a la soberanía y, decimos nosotros, por temor a quien habla más alto, es más bravucón y amenaza. ¿No es cierto?

(La Prensa/San Pedro Sula, Honduras)

martes, 6 de octubre de 2009

Oportunidad

Estamos en una semana muy importante para acercarnos a una solución de la crisis, no decisiva porque el fin habrá de escribirse cuando el pueblo, el “soberano” como gustaba repetir el gobierno anterior, hable en las urnas. Será entonces cuando sin demagogia, sin mensajes sesgados ni discursos confrontativos los electores den el mandato a las nuevas autoridades.

La cercanía de la jornada electoral, el hastío de los hondureños por la situación que sobrepasa los cien días y las presiones del exterior, hacen pensar que nos hallamos en el comienzo del fin. Las conversaciones mantenidas en secreto han ablandado el terreno y, muy política y diplomáticamente, se habla de un “razonable optimismo”.

El ágil, prudente y confidencial cabildeo ha abierto puertas, ha ampliado la visión de la Organización de Estados Americanos, OEA, cuyos miembros, aunque mantienen el Plan Arias, ya han expresado la posibilidad de un distanciamiento y de modificaciones “absolutamente factibles”.

Ojalá los adelantados de la comisión de cancilleres que llegará a nuestro país en las próximas horas presenten bases firmes, propuestas factibles y racionales para que el diálogo y la negociación conduzcan a un entendimiento entre hondureños a fin de superar una división tan profunda, que “es el mayor obstáculo para la gobernabilidad y la institucionalidad de la nación”, según expresa el semanario católico Fides.

El hastío, el cansancio, la frustración y el desencanto de iniciativas anteriores para hallar una solución exigen nuevas perspectivas, otros elementos como materia de negociación que están ahí y que fueron desestimados por quienes mantuvieron, interesadamente, una única versión y con ella realizaron la interpretación teatral. Cien días después hay otros caminos, otros personajes, pero sobre el hartazgo del pueblo, que es quien más directamente sufre las consecuencias, los dirigentes han aprendido y practican con la mayor destreza aquello de “nadar y guardar la ropa”. Se cuidan muy bien las espaldas, lo que no puede hacer el desempleado o el empleado de bajo salario que observa con tristeza la disminución del poder adquisitivo de sueldo para el alimento, la ropa, la educación de los hijos, el pago de la renta, etc.

Sin demagogias ni triunfalismos busquemos la salida, pues la situación es responsabilidad, en mayor o menor grado, de todos, producto de las acciones y de las omisiones, de problemas endémicos y de escasa visión, de intereses bastardos y de injerencias ajenas.

A partir de este reconocimiento, fortalezcamos las bases para que no tengamos más ediciones de lo mismo o parecido, pues las consecuencias son demoledoras y el resarcimiento o desquite debe aún desaparecer del discurso y de la mente de muchos.

La exigencia está en calles y plazas. No hay que hacerse los locos, mirar para otro lado y alimentar la incoherencia. Ha llegado el momento en que las partes se pongan a pensar en el sufrimiento del pueblo.

(La Prensa, San Pedro Sula/Honduras)