Carta a los que reclaman la presencia del presidente: Acepten la realidad, estamos a la deriva. De Paolo Luers

Estimados amigos:
Les tengo que preguntar: ¿Acaso se hubieran sentido más seguros si en la cadena nacional sobre los sismos hubiera aparecido el profesor Sánchez Cerén?

Fue patético el espectáculo del comando de emergencia formado por la ministra de Medio Ambiente (que dijo que mejor nos vayamos a la playa); el “albañil del pueblo” Gerson, (quien dijo que mejor no saliéramos); el canciller, quien no tenía nada que decir; y el vicepresidente a quien sacaron de a saber de qué tipo de vacaciones.

Enfrenten la realidad: Así es nuestro gobierno, esté o no el presidente, esté en Cuba recibiendo tratamiento médico o esté aquí.

El hombre se fue a Cuba sin avisar. Como si no lo supiéramos. Por supuesto que no podía saber que iba a temblar. Pero sí sabía que su gobierno estaba en impago. Sí sabía que nos iban a bajar aun más en las clasificaciones de crédito, poniéndonos en la misma categoría con Venezuela. Se fue de todos modos, y de alguna manera tuvo razón: Estén o no estén el presidente y su vice, aquí no hay liderazgo.

La crisis de los sismos perfectamente la hubieran podido dejar en manos de Jorge Meléndez, quien dirige el organismo que coordina las respuestas a las emergencias. Lo hubiera hecho mejor que los tres que se disputan la candidatura presidencial y las cámaras: Gerson, Oscar y Hugo.

El presidente se fue a Cuba dejando instrucciones que nadie revelara su destino y su condición. Esto sí es grave, pero no porque su liderazgo nos haga falta. Es grave por la evidente inconstitucionalidad de su salida sin haber pedido permiso a la Asamblea. La Sala confirmó en su sentencia del 1 de septiembre del 2016 que el mandatario tiene que pedir permiso cada vez que salga del país. Es incomprensible que la Asamblea y la Sala permitan que esta inconstitucionalidad se repita en cada viaje del presidente.

Más grave aún es que, con el presidente ausente o presente, cada vez se confirma más que no es apto para gobernar. No por brillar de su ausencia en una emergencia nacional, sino por brillar de ausencia de liderazgo en todos los asuntos del Estado. Delega la política de Seguridad Pública a un conjunto de policías, quienes facilitan la militarización de la PNC y encubren la sistemática violación de Derechos Humanos. Delega la política fiscal a personeros de notoria incapacidad y negligencia. Delega la tarea de atraer inversiones a Sigfrido Reyes, Oscar Ortiz y José Luis Merino, que son para espantar a cualquier inversionista.

El gobierno está a la deriva. Y lo peor: La oposición tampoco muestra liderazgo. Felices vacaciones les desea


(MAS!/El Diario de Hoy)




Un día después:

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Carta a una lectora: Hablemos de prioridades

Estimada señora:
Usted me mandó múltiples mensajes preguntándome, más bien reclamándome porqué no he escrito sobre Oscar Ortiz y Chepe Diablo.

Le voy a contestar. Me quedé callado porque todo el mundo habla de esto todos los días. Esto siempre es sospechoso. Todo está dicho, e incluso un poco más: especulaciones, confabulaciones, y otras novelas. Sólo tendría sentido escribir más sobre este caso si tuviera los elementos para contrarrestar estas novelas, no para alimentar más la leyenda… de Texis. Llegará el momento.

El fiscal general, con todas las limitaciones de presupuesto que con buena razón está lamentando, asignó a 50 (¡cincuenta!) fiscales al caso contra Chepe Diablos. Me surge una pregunta: ¿Qué hubiera pasado si al caso Mauricio Funes hubiera asignado semejante recursos? En este caso (más bien en estos múltiples casos: Probidad/enriquecimiento ilícito, Chaparral, Polistepeque, Odebrecht, el préstamo convertido en donación de Salume…) ni siquiera existe una acusación penal, por lo tanto tampoco orden de captura. Y el caso civil se encuentra en el aire.

Si por ordenes del señor F1 estuvieran 50 fiscales revisando toda la documentación incautada en los allanamientos a las casas de Funes, Vanda, Michi y Mecafé, y si contaran con el mismo apoyo técnico que Estados Unidos está brindando en el caso Chepe Diablo, los periódicos no tendrían tantas páginas que llenar con la novela de un “cartel” acusado de lavado de 215 millones de dólares. ¿Y si los 50 fiscales los hubieran asignado al caso Saca y Cía.?

En este punto me surgen otras dos dudas; la primera: ¿Existen “carteles de lavado”, o reservamos este distintivo para los grandes narcotraficantes?

Y la otra duda, esta sí profunda: ¿Es más importante que alguien lave 200 millones o que otro los robe? Estoy claro que ambos son delitos, pero ¿cuál de los dos hace más daño al país? Me imagino que también un fiscal general tiene que definir prioridades, sobre todo cuando es cierto que le quieren paralizar su trabajo negándole los fondos necesarios para hacerlo bien.

Y ahí me entra la madre de todas las dudas: ¿Cómo es posible que un fiscal general, al tiempo que investiga casos de corrupción muy sensibles, esté obligado a negociar el presupuesto de la fiscalía con el gobierno y con los partidos – o sea con los posibles afectados de sus investigaciones? La respuesta: No es posible. No puede pasar. Es contrario a la independencia del fiscal y su institución.

Como ve, estimada señora, ya me corrí otra vez a otros temas. Pero para mi son más importantes. Sobre todo porque nadie habla de ellos.

Saludos,


(MAS!/El Diario de Hoy)