Carta a los activistas de la Sociedad Civil: “¡Elijan bien!” versus “¡Elijan ya!”

Estimados amigos:
Comparto la preocupación que todos ustedes expresan sobre el peligro que significa no tener Sala de lo Constitucional. Es grave. Pero pongámonos serios: Mucho más grave sería tener una mala Sala – electa a tiempo, pero incluyendo manzanas podridas.

La única manera que la Asamblea, con la matemática que tiene, hubiera podido elegir a tiempo era repartiendo cuotas: Te doy un magistrado de Sala, y de oferta dos suplentes…

Evitar esto fue la exigencia unánime de todas las organizaciones de la sociedad, que vigilan este proceso de elección de magistrados. Todos exigimos a los diputados que eligieran a los mejores, y no a los más cercanos a sus partidos.

Esta presión cayó principalmente sobre ARENA. Por una simple razón: Es el único partido que tiene capacidad de veto. Sin votos de ARENA no pueden elegir a ningún magistrado, aunque todos los demás se pusieran de acuerdo. Por esto hemos exigido a ARENA que usara su veto. Y todos, yo incluido, criticamos fuertemente a ARENA cuando sacó a luz su primera lista de elegibles, que inexplicablemente incluía a Carlos Pineda, director de Probidad, y Sonia de Madriz, titular de la Procuraduría General, ambos ampliamente cuestionados por todos nosotros – y con razón…

La presión funcionó. ARENA entendió que para evitar un serio desgaste político y electoral tenía que asumir la responsabilidad de garantizar que no hubiera chanchullo y que salieran electos solamente los candidatos más calificados, independientes e idóneos. Parece que Carlos Calleja al fin golpeó la mesa, porque sabía que el costo político de una mala elección lo iba a pagar él. ARENA depuró la lista de elegibles, y la que quedó coincide con las evaluaciones de los organismo independientes de vigilancia social.

El problema es que para elegir magistrados no son suficientes los votos que ARENA y sus aliados PCN y PDC que pueden sumar. Juntos con el diputado no partidario, quien propone a los mismos candidatos, llegan a 49 de los 56 votos que se necesitan. Nos guste o no, esto obliga a ARENA a negociar o con GANA o con el FMLN.

Hasta la fecha estos partidos no abandonaron su exigencia de tomar en cuenta a algunos de sus favoritos – que precisamente son candidatos que todos ustedes están vetando.

La única solución es: En estas negociaciones gradualmente eliminar a los no elegibles, y reducir la lista a los candidatos que cumplen todos los requisitos. Tanto GANA como el FMLN tienen en sus listas a varios candidatos que sí cumplen estos requisitos. Algunos de estos también son elegibles para ARENA y para la Sociedad Civil. Si cualquiera de los dos, el Frente o GANA, deja de insistir en los impresentables, la Asamblea puede elegir inmediatamente.

Lastimosamente, ARENA no ha sabido comunicar toda esta situación de empate. Tiene como voceros en este asunto a sus diputados con menos credibilidad y capacidad. Es por eso que ahora existe la situación absurda que el costo del retraso se lo cobran a ARENA – narrativa ágilmente construida por sus adversarios y algunos medios, como El Faro y Factum. Urge que Carlos Calleja y Carmen Aída Lazo, como fórmula presidencial de la coalición, asuman su liderazgo – y la responsabilidad de explicar la crisis y cómo solucionarla.
Nosotros, desde la sociedad civil y la opinión pública, deberíamos enfocar bien nuestra presión. La exigencia “¡Elijan bien!” tiene prioridad sobre la consigna “¡Elijan ya!” Si no, el “¡Elijan ya!” se convertirá en “Elijan como dé lugar” – y obtendremos un reparto de cuotas y una mala Sala.

Saludos y felices vacaciones,





El nuevo mapa electoral

El tablero está colocado, el juego puede comenzar. Será un juego entre cuatro: ARENA, FMLN, GANA y VAMOS.

Tres partidos establecidos y un outsider. Este último, VAMOS, de repente se vuelve más atractivo, luego de que el otro outsider -Bukele con Nuevas Ideas- terminó de candidato de GANA. El que durante meses pareció mejor posicionado para atraer a los votos de los amplios sectores que no creen en los partidos establecidos, terminó siendo el candidato del partido más desprestigiado de todos.

Nacido como el partido de Tony Saca, cuando este fue expulsado de ARENA luego de pactar con Funes y el Frente, GANA se convirtió en el partido de Funes y sirvió durante 9 años de muleta del FMLN – para terminar convirtiéndose en el instrumento de Bukele.

Tony Saca, Funes, FMLN, Bukele: Se cerró el ciclo de GANA. Muchos de los operadores políticos y propagandísticos de Saca ya estaban con Bukele desde sus inicios: Peter Dumas, Ernesto Sanabria, Geovanni Galeas, Porfirio Chicas… Otros hombres del “sistema Saca” se unieron cuando Bukele lanzó Nuevas Ideas: Walter Araujo, Ricardo Cucalón, Feliz Ulloa. Y ahora, amarrada su alianza con GANA, Bukele hereda el resto de los personeros de Saca: Andrés Rovira, Herbert Saca, Nelson Guardado, Mario Tenorio, Merlin Barrera… Guillermo Gallegos todavía tiene que digerir el susto que con la llegada de Bukele se convierte en segundón, pero se adaptará al nuevo sistema: “el sistema Bukele”.

Programáticamente no cuadra mucho este matrimonio. Pero, ¿qué importa?, esto se arregla. GANA, y en particular Gallegos, apoya la reelección del fiscal general Douglas Meléndez, Bukele lo detesta y ataca. GANA, y en especial Gallegos, apoya una política de exterminio de pandilleros, Bukele los quiere tener de aliados y los promete diálogo e inserción.

El regreso de Bukele al ruedo tradicional partidario abre espacio a Josué Alvarado, el emigrante convertido en empresario exitoso, y su partido VAMOS. Lo suyo es un populismo sin demagogia, sin polarización, sin tendencia antipolítica – y sin mesianismo: un populismo sin intenciones de atentar contra el sistema republicano, sino con el propósito de dignificar la política. A su formula se unió con Roberto Rivera Ocampo un activista de iniciativas ciudadanas y excandidato a diputado no partidario. Si VAMOS sabe aprovechar el giro de 180 grados de Bukele, puede convertirse en la sorpresa del 2019 – no para ganar, pero sí para posicionarse como partido de los independientes para las elecciones legislativas y comunales del 2021.

Habría que ver cómo reaccionan ARENA y FMLN a esta nueva configuración del mapa político-electoral. Ambos salieron de sus procesos internos con problemas de unidad, pero tratando de resolverlos con la promesa de renovación. En comparación con el proceso interno de GANA, que se resolvió casi en forma de golpe de mano, ARENA y FMLN se arriesgaron a celebrar primarias de verdad, con competidores fuertes, con debates internos que antes nunca permitieron. Sus candidatos, tanto Hugo Martínez y Carlos Calleja, han adoptado discursos de apertura y renovación, a pesar de fuertes resistencias en sus partidos. Falta ver hasta dónde están dispuestos a llegar.

En la medida que logren consolidar y concretizar sus propuestas (renovación; lucha contra la corrupción; inclusión social; gobierno no partidario, sino enfocado en una administración pública eficiente y responsable), el espacio para GANA y Bukele comenzará a estrecharse. Si ARENA y FMLN logran ponerse de acuerdo sobre una Sala de lo Constitucional sin amarres partidarios, compuesta por profesionales idóneos, así como sobre un presupuesto con equilibrio fiscal para el año 2019, se disminuye el riesgo que el descontento con la política tradicional desemboque en una aventura populista. Aun más si ARENA y el Frente logren crear confianza en una alternancia del poder ordenada.

Todo depende de la capacidad de los candidatos Hugo Martínez y Carlos Calleja a tomar un liderazgo que rompa los nudos ideológicos y de intereses en sus respectivos partidos. Con la forma en que ha construido su coalición, usando la figura de la candidata a la vicepresidencia como garantía que esta alianza será más que la suma de 4 partidos, Carlos Calleja parece estar claro que tiene que construir una nueva mayoría incluyendo sectores de la sociedad civil tradicionalmente distanciados de los partidos.

Si Hugo Martínez logra algo parecido, puede parar la hemorragia de la izquierda, que hizo al Frente perder votos y hasta militantes a Nuevas Ideas. Esta tarea se vuelve más fácil, ahora que el populismo con discurso demagógico de izquierda radical de Nuevas Ideas ha optado por fusionarse con el populismo corrupto y mafioso de GANA.

Arrancando así el juego electoral del 2019, todo está abierto.

Carta a los diputados: No se dejen chantajear por la falta de voluntad y capacidad del gobierno

Estimados:
Ahora todos -ustedes en la Asamblea y la ciudadanía- están enfocados en la elección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Es la prioridad número 1, indudablemente.

Pero inmediatamente despuées tienen que atender otro problema, que causaría grave daño si no logran encontrar una solución racional, eficiente y pegada a la Constitución. Desde hace varias semanas, ustedes tienen en sus manos la iniciativa del gobierno de reformar la Ley Penitenciaria. Viene, como siempre, con urgencia y mucha presión. Más bien chantaje.

La urgencia del gobierno es esta: Han basado toda su política de Seguridad Pública sobre la muleta de las medidas extraordinarias. Desde ya más de dos años las aplican en el sistema penitenciario. Medidas extraordinarias, que no son otra cosa que un Estado de Excepción parcial, tienen por definición un carácter temporal. La única manera que ustedes, los legisladores, pueden autorizar un Estado de Excepción temporal es bajo el imperativo que el gobierno aproveche el plazo concedido para resolver la emergencia y hacer innecesarias la aplicación de medidas extraordinarias, temporales y restrictivas de derechos constitucionales.

Esta regla constitucional ya ha sido violada por el Ejecutivo al buscar dos veces la prolongación de las medidas extraordinarias. La última vez, la Asamblea se negó a dar otra prorroga de 1 años y dijo al Ejecutivo: Le damos 6 meses para resolver, pero es la última vez. Resuelvan.

Ahora, ante su incapacidad de desarrollar políticas que resuelven la emergencia de inseguridad, el gobierno presentó una reforma de la Ley Penitenciaria que simplemente pretende convertir las medidas extraordinarias en legislación permanente, incluyendo todas sus restricciones a derechos garantizados por la Constitución y por las leyes. Esto no se vale. Es una ofensa tanto a la Sala sobre que sentenció que es inaceptable elestado del sistema penitenciario, como a la Asamblea Legislativa que les negó la prórroga por un año más.

La incapacidad -o la falta de voluntad- del gabinete de Seguridad de resolver la emergencia no puede ser razón para la Asamblea de permitir que el Estado de Excepción se convierta en legislación permanente. Sería una derrota del Estado de Derecho.

Así lo han calificado las instancias internacionales encargadas de vigilar y garantizar los Derechos Humanos. Ustedes tienen en sus manos los informes respectivos.

Convertir las medidas extraordinarias en legislación permanente sería permitir que el ejecutivo actual y el que venga sigan construyendo sus políticas de Seguridad Pública sobre la libertad de continuar violando derechos humanos y constitucionales.

Tienen en sus manos la oportunidad de obligar al gobierno a reorientar sus políticas y presentar y cumplir planes de seguridad integrales apegados a la Constitución. Estamos acercándonos a las elecciones presidenciales y la transición a un nuevo gobierno. La Asamblea no debe cerrar la puerta a que los candidatos y sus partidos desarrollen propuestas nuevas en el área de Seguridad y que no sean amarrados a una legislación que surge de la incapacidad de los últimos gobiernos.


Hagan su trabajo. No son el órgano auxiliar del gobierno.


Saludos,

(MAS! / EL DIARIO DE HOY)

 

Fútbol e integración. Columna Transversal

Özil es tan alemán como Kylian Mbappé es francés, Romelu Lukaku es belga, y Raheem Sterling es inglés. Como casi todo los futbolistas profesionales crecieron en los barrios pobres de sus ciudades. El deporte fue su vehículo para alcanzar autoestima, reconocimiento y éxito social. Esta historia es tan vieja que el fútbol. Siempre ha sido un deporte proletario.





La renuncia de Mesut Özil de la selección alemana ha provocado en Alemania un debate nacional, una controversia que obligó a políticos, funcionarios deportivos, deportistas e intelectuales a tomar posiciones encontradas.

Este debate tiene estrecha relación con otro, que repercutió en todo el mundo: la controversia sobre ”la selección africana” que ganó la Copa del Mundo en camisetas francesas. Ambos son debates sobre fútbol e integración, y sobre fútbol y racismo – y por esto son tan polémicas. Y tan amplias: se discuten en círculos políticos en intelectuales igual que en los chupaderos de la afición.

Mesut Ózil tuvo la osadía de no renunciar silenciosamente, sino acusando de racismo al poderoso DFB, la Federación Alemana de Fútbol, la federación deportiva más grande del mundo. Dijo a los alemanes blancos que no quiere seguir jugando para su país, cuando su federación, la prensa amarillista y parte de la afición no le permiten expresar sus raíces en su otra patria, en la Turquía de sus padres, en su cultura y religión. Gran atrevimiento para el que hasta entonces fue el “turco bueno”, el adaptado, el “casi alemán”…

Los pormenores del “caso Özil” son ampliamente conocidos: la foto que se tomó con el presidente turco Erdogan, un gobernante ampliamente cuestionado por su régimen autoritario; la ola de críticas a Özil, insultos racistas incluidos – todo esto en la fase de preparación al Mundial; el fracaso del equipo alemán; la búsqueda de culpables; los comentarios infelices de los altos funcionarios de la Federación, vinculando la foto con Erdogan con la derrota del equipo alemán. Al fin la renuncia de Mesut.

Al mismo tiempo los medios y las redes de toda Europa se llenaron de comentarios y chistes sobre “la selección africana” que ganó el mundial. Todo esto es reflejo de los problemas no resueltos de la integración racial y étnica en países como Alemania, Inglaterra, Francia y Bélgica. Son precisamente los países que tienen exitosas selecciones multiétnicas. De repente ya no parece tan exitoso lo que durante años pareció una historia de éxito: el deporte, sobre todo el fútbol, como instrumento poderoso de integración social y racial. Durante 10 años, Mesut Özil fue el “niño maravilla”, no solo del fútbol alemán y sus éxitos en los mundiales de 2010 y 2014, sino sobre todo de la integración exitosa: el “turco bueno”. De repente este ejemplo de integración se da cuenta que a pesar de sus éxitos y de sus honorarios millonarios, sigue enfrentando el mismo racismo que cualquier hijo de inmigrantes pobres o refugiado – incluso dentro de la Federación, que durante años lo tuvo como el embajador de la integración.

Lo mismo están sintiendo los jugadores ingleses, franceses y belgas de origen africano, árabe o caribeño. Para poner las cosas claras: Özil es tan alemán como Kylian Mbappé es francés, Romelu Lukaku es belga, y Raheem Sterling es inglés. Como casi todo los futbolistas profesionales crecieron en los barrios pobres de sus ciudades. El deporte fue su vehículo para alcanzar autoestima, reconocimiento y éxito social.

Esta historia es tan vieja que el fútbol. Siempre ha sido un deporte proletario. Muchos de los grandes clubes ingleses y alemanes (Schalke 04, Borussia Dortmund, Liverpool SC, Tottenham Hotspurs, West Ham United) nacen en las zonas industriales, y algunos tienen sus raíces en el movimiento obrero. Para los jóvenes de los barrios obreros, el fútbol fue exactamente lo que hoy en día es para los hijos de los migrantes: la salida del gueto.

Es esta combinación de necesidad y oportunidad que produce
a los talentos. No tiene nada que ver con raza.


Las ligas -y las selecciones- de Francia, Inglaterra, Bélgica y Alemania hoy están llenos de hijos de inmigrantes, porque hoy estos son los pobres más marginados donde se reclutan los talentos del fútbol. Llegan a niveles mayores de excelencia, porque encuentran en los países europeos mejores condiciones que los jóvenes en los países de origen de sus padres: buenos entrenadores en las escuelas y en los clubes de las ligas locales, canteras en los clubes de las ligas mayores, mejor nutrición y salud. Es esta combinación de necesidad y oportunidad que produce a los talentos. No tiene nada que ver con raza. En el siglo pasado, el fútbol alemán estaba lleno de descendientes de los polacos que migraron a las zonas mineras e industriales de Alemania. Miroslav Klose y Lukas Podolski fueron los últimos de ellos. Hoy los talentos con hambre de éxito son los hijos de inmigrantes turcos en Alemania, árabes y africanos en Francia, caribeños y africanos en Inglaterra…

El hecho que el “caso Özil” todavía despierta sentimientos racistas, y que todavía estemos hablando de equipos europeos puros versus equipos africanos, es una muestra que la integración todavía encuentra resistencias y obstáculos a vencer. Hay minorías que no quieren reconocer que sus países ya no son unicolores, uniculturales, unireligiosos. A pesar de todo, estoy convencido que el deporte, sobre todo el fútbol, tiene que jugar un rol protagónico en la integración y en la lucha contra el racismo. Por esto, hubiera sido mucho mejor que en vez de Mesut Özil hubieran renunciado Oliver Bierhoff, el manager de la selección, y Reinhold Grindel, el presidente de la Federación alemana.