Carta a trabajadores y empresarios: No se dejen manipular

Estimados amigos:
Vamos mal en el pleito sobre el salario mínimo. El mínimo que necesitan ganar los trabajadores en las distintas ramas -agricultura, industria, maquila, comercio, servicios- no lo debe dictar el gobierno, sino ustedes: trabajadores y patrones. Es difícil, pero se puede, se hace en muchos países. Es la única manera de evitar que los gobiernos de turno jueguen con los más sentidos intereses de ambos: la necesidad de los trabajadores de un sueldo digno que les permite sostener su familia; y la necesidad de las empresas de ser productivas y rentables.

Precisamente esto está haciendo el gobierno del FMLN. Aprovechando la poca institucionalidad de los sindicatos, lograron manipular la elección de sus representantes en el Consejo del Salario Mínimo. E inmediatamente pusieron a este Consejo manipulado, en el cual ni siquiera como gobierno deberían tener voto, a sacar un acuerdo para aumentar los salarios mínimos a espalda de los empleadores. Resultado: Poner a los dos factores de la productividad del país -trabajadores y empresarios- a pelear entre ellos. Obviamente esto es parte central de su campaña electoral: quitarse la presión de los trabajadores y ponerlos en conflicto con el sector privado.

La exigencia de ustedes, los trabajadores, a que desaparezcan los salarios de hambre, son legítimas. Es un grave error de las gremiales empresariales de defender estos salarios y cerrarse a un aumento. De todos modos, muchas empresas líder pagan mucho más que el salario mínimo miserable.

Pero igual es legítima la preocupación de muchos empleadores, sobre todo los medianos y pequeños en ramas con poca productividad y poca capacidad de inversión, por la rentabilidad de sus empresas y la seguridad de los puestos de trabajo que han creado.

Por esto elevar el salario mínimo tiene que ser resultado de acuerdos entre trabajadores y empresarios, no de imposiciones del gobierno y sus intereses electorales. Los empresarios conocen las necesidades de sus empleados, y los trabajadores entienden perfectamente las limitaciones de sus empresas. De una negociación entre ambos, sin interferencia del gobierno y sobre todo del partido FMLN, tiene que surgir la solución que no pone en peligro la economía familiar de unos, pero tampoco la economía empresarial de los otros.

Pero ambas economías -la familiar de los trabajadores, como la empresarial de los patrones- no dependen solamente de los salario mínimos. Dependen de un montón de cargas que agravan a ambos, trabajadores y empresas: los nuevos impuestos que impusieron los gobiernos del FMLN; los costos de seguridad, debido a que el gobierno no cumple su función de garantizar la paz social; costos adicionales en transporte, salud y educación, porque los servicios públicos no sirven. Las empresas, además, cargan con altísimos costos de energía, debido al fracaso de la política energética de los últimos tres gobiernos.

Juntos empresarios y trabajadores deberían retar al gobierno a reducir estas cargas adicionales, tanto a los trabajadores como a las empresas. Si las empresas no tuvieran que cargar con tanto impuesto, costos de energía tan elevados, y con los inmensos costos directos e indirectos de seguridad, perfectamente podrían pagar salarios más altos sin poner en riesgo su rentabilidad y su capacidad de inversión.

En vez de caer en la trampa del gobierno de querer poner a pelear, de aquí a las elecciones, a los trabajadores contra los empresarios, ambos sectores deberían ponerse acuerdo de cómo obligar al gobierno a crear las condiciones para que nuestra economía, sus empresas y fuerza laboral adquieran más productividad – y en consecuencia mejores empleos con mejores salarios.

Nadie debe estar condenado de vivir con salarios que no cubren la canasta básica. Mucho menos cuando al mismo tiempo tienen que gastar todos los días horas extra en el transporte y dinero extra en la educación, la salud y la seguridad que el gobierno no garantiza. Pero tampoco las empresas más débiles deberían verse obligados a despedir gente o incluso cerrar, por decisiones y condiciones desfavorables que el gobierno impone.

Sólo si trabajadores y empresarios encuentran acuerdos racionales, nuestra economía puede volver a desplegar su potencial. Olvídense del gobierno y de la política y comiencen una concertación directa.

Saludos,

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(MAS!/El Diario de Hoy)

 

Columna transversal: Robo es robo

Todo el mundo habla de corrupción. Detrás de la palabra corrupción se esconden todos los delitos donde un funcionario público consigue beneficios personales, aprovechándose de su cargo. La gama de actos de corrupción va de robar dinero del Estado hasta recibir sobornos para favorecer a terceros, o cobrar comisiones sobre contratos del Estado.


Cuando un funcionario se apropia de fondos públicos, los juristas hablan de malversación de fondos o de peculado. Pero estos son términos técnicos y jurídicos para un hecho simple que hay que llamar por su nombre: robo. Si las acusaciones contra Tony Saca y su secretario privado Elmer Charlaix se comprueban, nos seguirán hablando de malversación o peculado, pero de hecho habrán cometido un robo al Estado. O sea, a nosotros. Y así hay que llamarlo.

La otra forma de corrupción que un funcionario puede cometer es apropiarse de fondos de terceros, normalmente de empresas. El funcionario lo puede hacer cobrando comisión sobre un proyecto público. Ahí nos van a hablar de negociación ilícita: Yo te consigo el contrato (para diseñar,  ejecutar o supervisar) un proyecto de construcción, o yo te consigo la concesión de un servicio – y tú me vas a dar a mí un porcentaje del monto que cobrás al Estado. Los juristas van a pelear si este delito es cohecho, tráfico de influencia, negociación ilícita, o la combinación de todos, pero en el fondo siempre es un vil soborno: alguien compra la voluntad del presidente, ministro o funcionario con poder, para beneficiarse del Estado y sus fondos.

Igual es soborno cuando alguien paga al funcionario para que no le sancione, no le investigue, o para que tome ciertas decisiones que le favorecen económicamente. Lean las noticias sobre el caso del exfiscal Luis Martínez, y entenderán qué es soborno… Está acusado de cobrar soborno a Enrique Rais y a Mauricio Funes para manipular la justicia. Y a saber a quiénes más…

En todos estos casos de soborno, el funcionario se enriquece de fondos privados (a menos que el que compra la voluntad del funcionario corrupto es otro funcionario, como en el caso del pago mensual que los presidentes Funes y Sánchez Cerén hicieron llegar al exfiscal Luis Martínez según dijo). Pero aunque el soborno salga del bolsillo privado, siempre hay un daño directo al Estado. Para pagarle a un ministro de Obras Públicas 10 o 15 % de comisión sobre proyectos de construcción, antes tienen que inflar los costos. O cuando sobornan a un funcionario para que no investigue delitos económicos, o para no sancionar empresas que cometieron faltas, el Estado deja de percibir ingresos.

Usualmente el costo colateral de la corrupción es mucho más alto que el costo directo del soborno: El presidente Funes habrá usado tal vez 1 millón de fondos públicos para sobornar al fiscal Luis Martínez para que inicie una persecución jurídica contra la empresa italiana ENEL y contra un grupo de exfuncionarios de ARENA – pero el daño que esto hizo a las finanzas de la CEL, de la GEO y del Estado es mil veces más grande que la suma que Funes ilegalmente y presuntamente pagó a Luis Martínez.

Llegamos al tema de los sobresueldos. Lo que Funes y Sánchez Cerén presuntamente pagaron a Luis Martínez no es sobresueldo. Es un vil soborno. Casa Presidencial no tiene nada que ver con el sueldo de un fiscal (o magistrado, o diputado, o cualquier otro funcionario de un órgano del Estado que por Constitución debe ser independiente del Ejecutivo). Se trata de soborno la compra de voluntad de un funcionario cuyo deber es controlar al gobierno, es un acto anticonstitucional. Igual será si en algún momento se comprobaría que desde los maletines negros de la presidencia se han comprado diputados, con el fin de que abandonen la oposición y voten en favor del gobierno.

El término de sobresueldo solo aplica cuando el que paga el salario de un funcionario paga algo extra. Puede ser una forma de atraer a profesionales que fuera del gobierno ganan más que el salario asignado en el servicio público. Pero puede ser también una forma de comprar silencio y complicidad de un funcionario. En este caso también es soborno.

¿En qué categoría cae la práctica de la Asamblea de otorgar donaciones a fundaciones o asociaciones, de las cuales se benefician ciertos diputados o sus familiares (como en el caso de Guillermo Gallegos), o sus partidos? Puede ser que hubo negociación ilícita, puede ser que hubo financiamiento ilícito de partidos, puede ser que hubo malversación de fondos. Depende de lo que arrojen las investigaciones que deberían hacerse en todos estos casos. Pero no nos dejemos enredar en terminología jurídica: es otra forma de robo y de soborno.

La palabra que más suena en el contexto de la corrupción es enriquecimiento ilícito, por una simple razón: la actual lucha contra la corrupción no nace en la fiscalía, sino en la Sección Probidad de la Corte Suprema. Y su vehículo jurídico es la Ley Contra el Enriquecimiento Ilícito. Pero ya sabemos que detrás de este término jurídico siempre hay un robo o un soborno. Repito: Hay que llamar las cosas por su nombre.
(El Diario de Hoy)

Carta: Viendo mis fotos de El Mozote, 35 años después

Este texto lo publiqué en facebook hace dos años. Algunas cosas hay que decirlas repetidamente para que no nos olvidemos de dónde venimos para entender qué lejos hemos llegado, a pesar de todo.

Por todas partes en las redes sociales, blogs y otras publicaciones en Internet me encuentro, en estos días, fotos que tomé en diciembre del 1981, en El Mozote en Morazán. Fotos que todavía, 33 años después, me roban el sueño. Recién había salido del Frente Nororiental de Morazán, poco antes del operativo militar que iba a borrar del mapa varios cantones, con casi toda su población. Junto con las primeras noticias de la masacre, recibí la instrucción de llevar, a como diera lugar, a la prensa internacional a El Mozote. Fui a San Salvador para hacer los contactos con los corresponsales internacionales. Nadie daba mucha credibilidad a la denuncia difundida por Radio Venceremos, porque al principio la radio tampoco tuvo reportes muy precisos, ya que su equipo había salido de la zona para evadir el operativo. Mientras yo estuvo en San Salvador tratando de convencer al New York Times y al Washington Post que mandaran a sus reporteros, Santiago y otros de la RV ya se movilizaban de Usulután para el norte de Morazán, y nos reportaron que el Atlacatl  se estaba retirando. Los reporteros no querían pasar por San Salvador, por razones de seguridad, así que había que organizar su entrada a Morazán vía Tegucigalpa.

Llegué a tiempo a Morazán para recibir a los colegas, entre ellos Alma Guillermoprieto del Washington Post, mi amiga Susan Meisalas, quien tomaba fotos para Magnum, y Ray Bonner del New York Times. Los compañeros de la Venceremos habían llegado unos días antes.

La firma del Atlacatl
 Nunca olvidaré el momento que al fin llegamos a El Mozote. En el camino ya habíamos pasado por Arambala, convertido en pueblo fantasma, en ruinas, sin gente. Pero en Arambala no había cadáveres, por lo menos no de humanos. La población había hecho caso a la guerrilla y evacuado sus lugares antes de que llegara el Atlacatl. Al acercarnos a El Mozote, ya vimos el cielo lleno de zopilotes volando en círculos sobre el  poblado. Además ya sabía que ahí habían matado a mucha gente. Sin embargo, ni la información previa, ni los zopilotes me prepararon para lo que encontramos: cadáveres quemados, calcinados, dentro de las casas, la capilla y la mayoría de las casas destruidas. Las pertenencias de las familias regadas alrededor de las casas. En las pocas casas intactas todo parecía indicar que sus habitantes ya iban a regresar: había comida en las cocinas, los juguetes en el suelo, las hamacas tendidas…

Ray Bonner, quien vino a Morazán muy escéptico, pensando que nuestras informaciones sobre la masacre eran propaganda, o por lo menos exageraciones, lloró al ver estas escenas.

la huella del Atlacatl
Para no pensar mucho y no paralizarme, comencé a tomar fotos. Rollos enteros. Las fotos más tristes de mi carrera de reportero. Ya había visto muertos, soldados y guerrilleros caídos, civiles asesinados en los 11 meses de haber llegado a El Salvador. Pero esto en Mozote era otra cosa. Fue este día que me di cuenta que esta guerra iba a durar mucho, que por el momento no había paso atrás en la escalada. Fue este día que dejé de ver esta guerra desde un punto de vista externo, como testigo, como internacionalista, como periodista. Este día en El Mozote la guerra se hizo personal, se hizo mía.

A los días, visitando los otros caseríos donde tuvo lugar la masacre, buscando sobrevivientes y testigos, removiendo escombros, tomamos conciencia del alcance de la masacre. Habían asesinado casi mil civiles. Ahí no hubo combate. Las fuerzas guerrilleras no estaban ni cerca de El Mozote cuando llegó el Atlacatl.

Años después, al jefe del Atlacatl, el coronel Domingo Monterrosa, le llegó la justicia. Cayó en la trampa mortal, llevando en su helicóptero supuestamente al trofeo más grande de su carrera, el transmisor de la Venceremos – pero en verdad la bomba que lo iba a matar. Este día 23 de octubre del 1984, yo logré poner punto final a la historia de la masacre del El Mozote. La guerra, sin embargo, duró otros 7 años más, hasta que el 31 de enero del 1991, en Nueva York, se firmó el cese al fuego.

La paz, la reconstrucción, la reconciliación, la democracia, las nuevas libertades…todo esto me hizo hacer la paz con los recuerdos feos de la guerra, como los del El Mozote. Pero son imborrables. En estos días, cuando veo nuevamente publicadas las fotos que yo mismo tomé, me sirven para tomar conciencia de que venimos de donde asustan, y que a pesar de todas las deficiencias y frustraciones de la postguerra, hemos llegado muy lejos en la construcción de la democracia.


No olvidemos y sigamos adelante…


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(MAS!/El Diario de Hoy)


Carta a los alcaldes: Les están viendo la cara

Estimados jefes de los gobiernos municipales:
Mucha paciencia han tenido. Tal vez demasiada. Han hecho marchas, publicado protestas, reuniones con Casa Presidencial. Y nada: El gobierno no honra su deber de pagarles la parte de los impuestos mensuales que por ley corresponden a los municipios: el famoso FODES.

Para los que todavía creen en el ‘Plan El Salvador Seguro’: Dejando a los municipios a la deriva, el gobierno del FMLN demuestra que es paja cuando dicen que para construir la paz van a recuperar el territorio. Es pura demagogia cuando dicen que bajo los gobiernos anteriores el Estado ha abandonado los territorios, y que con este fantástico plan el Estado va a regresar a los municipios, a los barrios, a los cantones.

Los territorios son ustedes, los municipios. Y nunca los han tenido tan abandonados como ahora. Este gobierno bota con las nalgas lo que dice construir con las manos. ¿Cómo va a ver Estado en los barrios y los cantones abandonados, precisamente ahí donde el vacío lo han llenado las pandillas, si no hay pisto? ¿Cómo va a haber inclusión social, cómo va a haber prevención, si el gobierno deja a las alcaldías, que representan al estado en el terreno, morir de asfixia financiera? Los únicos que pueden rehacer el tejido social, y con él el Estado ausente, son ustedes, los gobiernos municipales.

Cuando el gobierno habla de recuperar la presencia del Estado en el terreno, habla de unidades militares, fuerzas especiales policiales. Pero ellos van y vienen, así como en la guerra los batallones especiales entraron, quedaron un rato – y se fueron. Los únicos que están ahí siempre, y que podrían implementar un plan de inclusión y prevención si tuvieran fondos, son ustedes. Pero en vez de canalizarles fondos adicionales, de todo lo que recaudan de los impuestos especiales para la implementación del ‘Plan El Salvador Seguro’, les quitan los fondos que por ley les corresponden. Repito: Entiendan, de una vez por todo, que el tal ‘Plan El Salvador Seguro’ es pura paja. Les están viendo la cara, así como hizo Funes, cuando en el 2013 prometió el cielo a los alcaldes de los ‘municipios sin violencia’ – y no soltó nada.

En vez de pagar a ustedes para que hagan prevención, el gobierno invierte todo en la parte represiva del plan. Pero por más unidades especiales que formen y manden de un lado al otro, agarrando bichos y matando pandilleros; por más que inviertan en armamento y vehículos – si nadie hace, de manera sostenida, el arduo trabajo comunitario, en nada van a mejorar la seguridad. Y este trabajo solo ustedes lo pueden hacer, por más papeles que produzcan en el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia y en oficinas gubernamentales…

La presencia del Estado en el terreno no se mide en unidades armadas, se mide en inversión en escuelas, mejoramiento de barrios, creación de oportunidades, centros de salud, disponibilidad de medicamentos.

Ustedes que trabajan con las comunidades, saben esto. Los burócratas y activistas rojos parece que no lo saben. Han apostado de resolver el problema a la fuerza. Difunden todos los días sus partes de guerra. En televisión aparece todos los días el ministro de Seguridad y el director de la PNC, ellos se han convertido en los principales voceros de este gobierno. ¿Pero cuándo salen los encargados de la parte social para hablar de las inversiones en los municipios?

Es la hora de ustedes, alcaldes, concejales, líderes comunitarios. No es suficiente que supliquen al gobierno que les dé el FODES. No son mendigos. Son los únicos que tienen derecho de hablar, en voz alta, de cómo resolver el problema social y delincuencial del país. Tomen el liderazgo, alcaldes de todos los partidos, para cambiar el rumbo que nos lleva al abismo.

La opinión pública los va a apoyar. Saludos,


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(MAS!/El Diario de Hoy)