Carta: Viendo mis fotos de El Mozote, 35 años después

Este texto lo publiqué en facebook hace dos años. Algunas cosas hay que decirlas repetidamente para que no nos olvidemos de dónde venimos para entender qué lejos hemos llegado, a pesar de todo.

Por todas partes en las redes sociales, blogs y otras publicaciones en Internet me encuentro, en estos días, fotos que tomé en diciembre del 1981, en El Mozote en Morazán. Fotos que todavía, 33 años después, me roban el sueño. Recién había salido del Frente Nororiental de Morazán, poco antes del operativo militar que iba a borrar del mapa varios cantones, con casi toda su población. Junto con las primeras noticias de la masacre, recibí la instrucción de llevar, a como diera lugar, a la prensa internacional a El Mozote. Fui a San Salvador para hacer los contactos con los corresponsales internacionales. Nadie daba mucha credibilidad a la denuncia difundida por Radio Venceremos, porque al principio la radio tampoco tuvo reportes muy precisos, ya que su equipo había salido de la zona para evadir el operativo. Mientras yo estuvo en San Salvador tratando de convencer al New York Times y al Washington Post que mandaran a sus reporteros, Santiago y otros de la RV ya se movilizaban de Usulután para el norte de Morazán, y nos reportaron que el Atlacatl  se estaba retirando. Los reporteros no querían pasar por San Salvador, por razones de seguridad, así que había que organizar su entrada a Morazán vía Tegucigalpa.

Llegué a tiempo a Morazán para recibir a los colegas, entre ellos Alma Guillermoprieto del Washington Post, mi amiga Susan Meisalas, quien tomaba fotos para Magnum, y Ray Bonner del New York Times. Los compañeros de la Venceremos habían llegado unos días antes.

La firma del Atlacatl
 Nunca olvidaré el momento que al fin llegamos a El Mozote. En el camino ya habíamos pasado por Arambala, convertido en pueblo fantasma, en ruinas, sin gente. Pero en Arambala no había cadáveres, por lo menos no de humanos. La población había hecho caso a la guerrilla y evacuado sus lugares antes de que llegara el Atlacatl. Al acercarnos a El Mozote, ya vimos el cielo lleno de zopilotes volando en círculos sobre el  poblado. Además ya sabía que ahí habían matado a mucha gente. Sin embargo, ni la información previa, ni los zopilotes me prepararon para lo que encontramos: cadáveres quemados, calcinados, dentro de las casas, la capilla y la mayoría de las casas destruidas. Las pertenencias de las familias regadas alrededor de las casas. En las pocas casas intactas todo parecía indicar que sus habitantes ya iban a regresar: había comida en las cocinas, los juguetes en el suelo, las hamacas tendidas…

Ray Bonner, quien vino a Morazán muy escéptico, pensando que nuestras informaciones sobre la masacre eran propaganda, o por lo menos exageraciones, lloró al ver estas escenas.

la huella del Atlacatl
Para no pensar mucho y no paralizarme, comencé a tomar fotos. Rollos enteros. Las fotos más tristes de mi carrera de reportero. Ya había visto muertos, soldados y guerrilleros caídos, civiles asesinados en los 11 meses de haber llegado a El Salvador. Pero esto en Mozote era otra cosa. Fue este día que me di cuenta que esta guerra iba a durar mucho, que por el momento no había paso atrás en la escalada. Fue este día que dejé de ver esta guerra desde un punto de vista externo, como testigo, como internacionalista, como periodista. Este día en El Mozote la guerra se hizo personal, se hizo mía.

A los días, visitando los otros caseríos donde tuvo lugar la masacre, buscando sobrevivientes y testigos, removiendo escombros, tomamos conciencia del alcance de la masacre. Habían asesinado casi mil civiles. Ahí no hubo combate. Las fuerzas guerrilleras no estaban ni cerca de El Mozote cuando llegó el Atlacatl.

Años después, al jefe del Atlacatl, el coronel Domingo Monterrosa, le llegó la justicia. Cayó en la trampa mortal, llevando en su helicóptero supuestamente al trofeo más grande de su carrera, el transmisor de la Venceremos – pero en verdad la bomba que lo iba a matar. Este día 23 de octubre del 1984, yo logré poner punto final a la historia de la masacre del El Mozote. La guerra, sin embargo, duró otros 7 años más, hasta que el 31 de enero del 1991, en Nueva York, se firmó el cese al fuego.

La paz, la reconstrucción, la reconciliación, la democracia, las nuevas libertades…todo esto me hizo hacer la paz con los recuerdos feos de la guerra, como los del El Mozote. Pero son imborrables. En estos días, cuando veo nuevamente publicadas las fotos que yo mismo tomé, me sirven para tomar conciencia de que venimos de donde asustan, y que a pesar de todas las deficiencias y frustraciones de la postguerra, hemos llegado muy lejos en la construcción de la democracia.


No olvidemos y sigamos adelante…


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(MAS!/El Diario de Hoy)


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