¿CUÁL ES EL CAMBIO QUE QUEREMOS, PAOLO?

Este articulo es la respuesta a una columna de Paolo Luers titulada "Definan 'cambio', por favor", publicada en el las páginas de opinión del Diario de Hoy el día jueves, 19 de junio 2008. Consideramos importante este debate sobre el concepto de 'cambio'. Por esto decidimos publicar las dos columnas -la tesis de Paolo Luers y la respuesta de Rafael Mendoza padre- en Siguiente Página.

He leído, Paolo, tu artículo de1 19 de junio, en donde confiesas tu incapacidad de responder a la pregunta de qué cambio se espera de parte de un nuevo gobierno. Me ha sorprendido esa confesión de alguien que es inteligente y, además, muy bien informado. Por eso te escribo aprovechando la invitación que haces a tus lectores de que definamos de qué “cambio” se trata. Voy a intentar hacerlo. Pero antes debo plantear algunas premisas.

La primera es que en el río de nuestro acontecer diario suena fuerte la percepción de que el partido en el poder no las tiene todas consigo en la vía hacia las próximas elecciones. De hecho hasta comentaristas que siempre han estado de su lado, ahora le señalan fallas, sobre todo las de su cúpula. Se dice, se comenta, se percibe el presentimiento de que la izquierda puede ganar. Se oye, se piensa, se escapa hasta de los círculos más íntimos de ese partido la convicción de que el candidato escogido por sus dirigentes no es el más apto y que ni él mismo se siente bien representando ese papel.

La segunda, derivada de la anterior es que si se tiene el presentimiento de derrota es porque se tiene conciencia de culpa o, al menos, de que no se gobernó de la de mejor manera. Y si se tiene conciencia de esa realidad, debe entenderse que no es una minoría de la población la inconforme, sino la mayoría. Por supuesto.

Y la tercera es que si partido en el poder, lejos de llevar a este país a la gloria democrática prometida durante todos los períodos que lleva gobernando, lo pone ante la compleja crisis global en que nos hemos ya adentrado con muchas más debilidades que al principio de sus gestiones, menos podrá seguir haciendo con sus mismas estrategias, tácticas y cohortes de gobierno para sacarnos de donde nos ha puesto. De ahí que se instale en la opinión de políticos y politiqueros la idea del cambio. Para el partido de izquierda, si gana, el cambio radical de sistema; para la derecha, el cambio estratégico para no perder. Pero en el caso de los segundos, cambio meramente decorativo, porque las críticas que se le hacen al partido gobernante por parte, como he dicho, hasta de sus correligionarios, no es de que si ganan, comiencen a gobernar a favor del pueblo, sino de que reestructuren su dirección ante el peligro de la derrota.

Entiéndase de una vez: democracia no es sólo votar y escoger gobernantes, ni únicamente ser oído y vencido en juicio, entre otras cosas; democracia es que los gobernantes escogidos gobiernen para todos los ciudadanos, por el interés de todos los ciudadanos y no sólo por los de una minoría privilegiada. Y que si se enjuicia y se condena a los delincuentes de abajo, también se enjuicie y se condene a los de arriba. Ni más ni menos. Como debiera hacerse con aquellos que todos los años engañan al fisco con los impuestos; de igual manera con los funcionarios que toleran ese delito.

Se habla de cambio, cuando se hace sin fanatismos, con conciencia social, en el sentido de que las cosas dejen de estar como están (o sea mal) y sean de otra manera, como deben ser, de la manera en que todos nos sintamos bien con ellas, no sólo unos pocos. Tan negativo para una verdadera democracia es que una mayoría esté mal en un país cuando todos los beneficios de su economía son para una minoría, como que ésta minoría se sienta mal porque tiene que hacer las cosas bien, decentemente, para que la mayoría pueda tener y mantener satisfechas sus más ingentes necesidades: techo, alimentación, salud, educación, trabajo, diversión, seguridad.

Estoy siendo muy elemental. Lo sé. Pero me parece necesario serlo. No soy comunista ni de derecha. Siempre me he confesado socialdemócrata. Y sé que por serlo me caen improperios de los dos extremos laterales, lo cual no me importa: la vida no es sólo diástole ni sólo sístole; es ritmo de ambos impulsos. Pero lo importante es que al menos siempre he procurado pensar y obrar con justicia. Me repugna la injusticia. Y una mayoría que cree en promesas electoreras apoyadas por la minoría y nunca puede salir de su desgracia, es lo más injusto que puede haber. Es una injusticia histórica que sólo puede traer conflictos. Una y otra vez. Porque la Historia se repite. Y tan conflictiva es una insurrección armada como ese populismo que todos condenan y nadie, nadie, trata de detener, si es que es cierto que ya asoma. Por otra parte, si ofrecer un pobre aumento de salario en período de elecciones no es populismo, no sé qué lo será.

El cambio del que yo te hablo, Paolo, sí es para mejorar. Porque si cambia (vuelvo al mismo ejemplo) la actitud de los evasores de impuestos, con una mayor recaudación podrá mejorar la situación de los servicios de salud y de educación entre otros; porque si se hace cambiar la actitud de aquellos funcionarios carentes de probidad, al erradicarse la corrupción y el despilfarro, podría haber mejoras salariales para quienes más las necesitan y no solo para las altas jefaturas. Deduce tu otros ejemplos.

No, yo no hablo de un cambio radical, del tipo “quítate tú para ponerme yo”. Hablo del cambio gradual, como debió ser a partir de los “recuerdos de paz” como yo les llamo. Hablo de un cambio en el que haya soluciones racionales y viables. Que en vez de dejar que el gobierno se enrede en más subsidios para patanes buseros, los empresarios e industriales escuchen el consejo que hace poco les dio un barón de la industria: suban el salario mínimo. Y al mismo tiempo, que en vez de subsidiar a los dueños de los buses, que se den bonos para que puedan viajar en ellos a estudiantes de escuelas públicas, enfermeras, maestros y personas de la tercera edad.

Por tanto, Paolo, cambio si puede ser mejora. Cuando yo espero un cambio en mi estado de salud no precisamente se trata de que me cambien mis órganos, sino pasar del estado de enfermedad en que me halle al de mejoría y de ahí al de salud plena. Lamentablemente el de nuestra sociedad nunca podrá serlo. Pero hacerla pasar del patológico estado en que hoy está a uno de verdadera justicia social, sí que se puede.

Columna transversal: Definan ‘cambio’, por favor

Apareció aquí un colega, corresponsal de uno de los grandes diarios de Estados Unidos. Entrevistó a candidatos y dirigentes. Cuando se dio cuenta que todos, sin distinción de partidos, hablaron de ‘cambio’, empezó a interrogar a toda persona que se le pusiera en frente --taxistas, periodistas, economistas, meseras, etcétera-- sobre sus expectativas. Todos le dijeron que esperaban ‘cambio’ -- pero muy pocos le sabían decir qué cambios. Les interrogó: ¿Quieren un cambio del sistema político? Nadie habló de eso, ni siquiera entendieron la pregunta. ¿Cuál sistema? Nadie le hablaba de un régimen de represión que había que sustituir por uno de libertades. Nadie le habló de un viraje al socialismo. Algunos, los más identificados con el partido opositor, hablaron de alternancia. Es tiempo para cambiar, nos toca a nosotros...

Al fin me tocó a mi el turno de ser interrogado. Mire, en este país todos expresan grandes frustraciones, todos esperan ‘el cambio’, pero ¿qué es lo que tiene tan frustrada a la gente? ¿Y qué diablos esperan que cambie?

No supe contestar. Es obvio que las observaciones del colega son correctas. Todos observamos lo mismo. Sólo que nosotros ya estamos acostumbrados a escuchar todos los días que la cosa no puede seguir así, que ya no aguantamos otro gobierno igual... y que el país necesita un cambio.

Analizando las encuestas, observamos lo mismo. La gente quiere ‘cambio’. ¿Que quiere? Más puestos de trabajo. Precios más bajos para artículos del consumo básico. Más seguridad en las calles y barios. Recuperación del agro. Un gobierno sin corrupción.

Okay, pero esto sólo significa que la gente quiere que todo mejore: la economía, el gobierno, la seguridad. Esto no define ‘cambio’. No define qué tipo de ruptura, qué clase de viraje se quiere. Cambio es otra cosa que mejorar.

¿Que esperan los millones de estadounidenses que apoyan a Barack Obama, candidato presidencial que hace campaña con frases como “Change we can believe in – cambio en el cual podemos creer” y “Unite for change – unirse para el cambio”? Obviamente quieren que vaya de la Casa Blanca George W. Bush, el tipo que ha metido a Estados Unidos en la peor crisis financiera de la reciente historia. Además en una guerra que no pueden ganar. Le pregunté al colega de Estados Unidos. ¿Además de deshacerse de Bush, que quieren los estadounidenses que cambie? No importa qué esperan, dice: The man is the message – el hombre es el mensaje. Es suficiente...

¿El hombre es el mensaje? Estaremos nuevamente frente a un período de hombres visionarios, de hombres-mensaje, de hombres con una misión? El colega del Norte me ve la cara de susto y me pregunta: ¿Será esto lo que está pasando aquí en El Salvador ? ¿El efecto Obama? – No. Lo de Obama es la respuesta casi religiosa a una desesperación, una crisis de credibilidad casi total, producto de 8 años de George Walker Bush y Dick Cheyeney en la Casa Blanca. El fenómeno Obama es la sed de un país entero, sobre todo de su juventud y sus sectores creativos e intelectuales, a un nuevo liderazgo. Aquí nada de esto está pasando. No veo ninguna movilización de la juventud, de los intelectuales, de los artistas a la par del Frente... Aquí la sed no es espiritual o de liderazgo, aquí hay hambre, angustia social, y lo que la gente pide es que el país mejore.

Lo siento mucho: No es lo mismo cambio y mejorar. Puede haber cambio para peor, así como puede haber mejora sin mayor cambio. Tampoco es lo mismo cambio y alternancia. Puede haber cambio en el país sin alternancia en el gobierno. Y puede haber cambio en el gobierno sin que nada cambie en el país.

A partir de hoy haré lo del colega gringo: A todo el mundo que habla de cambio, le preguntaré que lo defina. ¿Qué cambió, en qué área, hacía dónde? ¿Y con qué mediremos el grado de cambio? ¿En dólares para cubrir las necesidades, en alcaldes y diputados enjuiciados, en policías en la calle, en profesores en las aulas -- o simplemente en el color en que se pintan las instalaciones municipales?

(Publcada el 19 de junio en El Diaro de Hoy)

La carta decisiva

Ya empezaron a aburrir las campañas. Giras y caravanas, caravanas y giras... Necesarias, tal vez excitantes para los pueblitos visitados, tal vez aprendizaje importante para los candidatos. Pero para el gran público, sin ningún sex appeal...

Al fin, movimiento. Se abre el telón a un nuevo acto: Salen los posibles candidatos a la vicepresidencia de ARENA. Normalmente, el acto más aburrido de la obra, por la poca importancia de la vicepresidencia. Esta vez, en ARENA, el acto decisivo. Esta vez, con la selección del candidato a la vicepresidencia, ARENA define su proyecto político y Rodrigo Ávila define el carácter de su candidatura. Nada menos.

Entre los nombres de los candidatos publicados en los diferentes medios hay varios muy honorables, pero no todos tienen el potencial de dar impulso y rumbo a la candidatura de Rodrigo Ávila. Luís Mario Rodríguez y René León, serían formidables vicepresidentes, pero no suman nada a la candidatura de Ávila. No aportan a trascender el potencial electoral de ARENA, que ya sabemos que no es suficiente para ganar. Elizabeth de Calderón aporta algo sustancial: la reunificación del partido. Pero esto no es suficiente para remontar. Cualquiera de estos tres personajes tiene la capacidad de definir el carácter de la candidatura. Sólo que lo define de manera equivocada. Define que ARENA va a ir sólo, va a tratar de ganar como ARENA. Proyecta la incapacidad (o falta de voluntad) de ARENA de transformarse, de incorporarse constructivamente en la construcción de un proyecto nuevo mucho más amplio, mucho más plural que un partido, incluso que la suma de los partidos que se podrían coaligar. Las tres personas en cuestión son excelentes, pero no son lo que ARENA necesita.

Pero parecen otros nombres: Arturo Zablah y Elena de Alfaro. No sirven para limpiar la casa arenera. Las condiciones internas de su partido las tiene que crear el presidente del COENA. No necesita para esto gastar la ficha de la vicepresidencia. Un partido que sólo ya no puede ganar, tiene que usar la fórmula presidencial para proyectar su capacidad de innovación y de alianza, su audacia. Ambos, Arturo Zablah como Elena de Alfaro, serían candidatos con este potencial, con esta voluntad, con esta capacidad de mandar señales. Ambos representan sectores empresariales comprometidos con el concepto de la justicia social y de las reformas necesarias para reforzar y democratizar las instituciones del Estado. Más allá, representan los sectores al centro de la sociedad --en el sentido socioeconómico y en el sentido ideológico-- que no se sienten representados por ARENA, pero que se sienten más cómodos construyendo un proyecto político compartido y consensuado con ARENA que con el FMLN. Ojo, dije con ARENA, no en ARENA. Son los sectores que van a definir estas elecciones.

Ojala que Rodrigo Ávila y su equipo tengan claro que nada ganan tratando de incorporar a estos posibles candidatos a su partido. De cualquier manera, no se dejarían. No entrarían en la jugada para salvar a ARENA. Jamás. Si entran sería para salvar al modelo político y económico, reformándolo.

Incluso en el caso hipotético que se dejarían convencer, al momento de ponerse la camiseta de ARENA y cantar su himno, perderían su capital: credibilidad, independencia, distancia crítica, impulso reformador. Y la capacidad de aglutinar, alrededor de ellos, los sectores más interesados en un proyecto reformador y responsable.

Se abrió el telón al acto decisivo de este drama salvadoreño.

(Publicado en El Diario de Hoy, 26 junio)

Simplemente la minería verde no existe, punto.

Las campañas se ganan con la confianza. No es posible ganar inventando títulos o creando slogans falsos. Las compañías mineras con intereses en El Salvador ya tienen ratos de estar publicando falsedades. De esa manera más desconfianza nos da a todos. Mejor sería que nos contaran la verdad. Comenzaron hablando del apoyo de la fundación Clinton a la minería verde, esto es falso, la fundación Clinton da dinero para recuperar sitios destruidos por la actividad minera. Han disfrazado la publicidad como si fueran notas de prensa, hablan del apoyo de muchos gobiernos del mundo a la minería y tergiversan e inventan conceptos como “minería verde”. Pero comencemos paso por paso.

La minería verde es un slogan publicitario, no es un concepto científico. Pero nos tratan de vender como si lo fuera en los anuncios que casi todos los días tenemos en los periódicos. Existe una minería más responsable que otra, existe una minería que bien planificada puede reducir mucho del impacto que genera, existe una minería que se puede considerar sostenible. Pero ninguna minería es verde, ninguna actividad minera está libre de impacto, los accidentes mineros pueden causar daños ecológicos graves por cientos de años.

Esto es lo que tenemos que considerar, la minería no solo es dinero y la forma de distribuirlo, la minería tiene que resolver no solo el impacto de antes de que comience a operar y la operación en si, sino también el impacto de los posibles accidentes y el impacto del cierre de la mina. Sin esto cualquier análisis, cualquier permiso está incompleto. Si estamos hablando de la cuenca del rio lempa y minería de oro un accidente pudiera representar contaminación por arsénico del río más grande de El Salvador, de todas las comunidades humanas y zonas de riego que viven de este recurso.

Ahora bien, el otro punto de su propaganda es que todo mundo lo hace, ese argumento a mi simplemente no me importa. Si Cuba lo hace, si Venezuela lo hace, si Rusia lo hace, si España lo hace, si Estados Unidos lo hace, ¡a mí qué! Lo importante es si El Salvador tiene la capacidad para hacerlo, si ya es suficientemente maduro para meterse en una relación de este tipo. Si ya sabe bien como ponerse un condón. Porque si no lo sabe, que no se meta a un juego que no está preparado. Hay que saber protegerse, hay que saber los limites de lo que hacemos y las consecuencias de nuestros actos.

Tenemos que tener una buena ley de minas, no una de hace 80 años, ni un remiendo de esa misma, tenemos que tener un procedimientos claro, transparente y restrictivo. Además tenemos que tener una capacidad real de fiscalización de las actividades, porque si me dicen que el Ministerio de Medio Ambiente será el garante, ya lo pondré en duda yo, no por falta de capacidad, yo se que son capaces, simplemente por matemáticas no hay personal suficiente para ser eficiente, yo se que se hace lo que se puede, pero en el caso de las minas no vale esto, tiene que ser una verdadera y férrea supervisión.

Es necesario que nos expliquen bien los porcentajes de ganancia, hoy publican otro anuncio donde nos quieren dar atol con el dedo. Diciendo que casi el 70% del valor del oro se queda en El Salvador. Un 28.3% en impuestos con unas cuentas un poco extrañas, un 23.6% en proveedores nacionales, confiando en que así sea y así lo deseen, 12.8% en salarios y 4.1% en protección ambiental y contribuciones sociales voluntarias. O esa que si les da la gana será ese el porcentaje. Que no me vengan a decir que seguro el 70% se quedará en El Salvador, esto simplemente no va a ser cierto.

Por ultimo de esta campaña también tienen la culpa los medios, los anuncios publicitarios están disfrazados como noticias, utilizan el mismo tipo de letra, la misma forma de presentar las noticias y para colmo está firmado solo por un sello con una hoja que dice Minería Verde. No es posible que no sepamos claramente quien nos está ofreciendo este anuncio, quien nos está vendiendo este cuento, quien es la cara detrás de esto. Sobre todo no vale que un medio de prensa pueda prestarse a que sus anuncios parezcan noticia, sobre todo cuando es un tema tan delicado, sobre todo cuando es un tema que el mismo medio está cubriendo y publica. No puede ser que simplemente lo dejen pasar. Los medios también son responsables, por lo menos de dejar claro que se trata de un anuncio.

Aun así, las minas pudieran ser una realidad en El Salvador, podemos negociar para que de verdad mucho del dinero quede en El Salvador y en el gobierno, que exista una garantía real ante posibles accidentes, que los costos sean para la compañía no para el gobierno, que si quieren nuestros minerales que nos garanticen las mejores condiciones para El Salvador. Que hagan minería de verdad e indiscutiblemente sostenibles. Pero por favor no sigan con una campaña de mentiras, porque entonces como Juanito y su grito de “el lobo”, cuando vengan a querer decirnos la verdad ya nadie les creerá ni la hora.

¿es el sufragio un derecho?

Universalmente se considera al sufragio como el ejercicio democrático ejercido por el pueblo de una nación que le da legitimidad política a un gobierno. En Latinoamérica, sin embargo, ese concepto universal no es aplicado por todos los países que se denominan democráticos.

Países como México, Colombia, Honduras y la República Dominicana han establecido mecanismos legítimos y seguros para permitir a sus ciudadanos votar desde el exterior en elecciones presidenciales, sobretodo en Estados Unidos. Los resultados de esos procesos han sido considerados como dramáticos y sobretodo muy costosos debido a que cada voto ha costado entre ciento cincuenta y mil quinientos dólares.

La participación democrática de los ciudadanos de estos países al ejercer el sufragio ha sido modesta debido a su abstencionismo, pero ha sido un acto importantísimo que merece encomiar los esfuerzos de esos gobiernos que han hecho valer los derechos de sus ciudadanos en el exterior.

La contribución económica de la diáspora es sin duda el incentivo más importante por el cual estos y otros países en proceso de establecer sistemas similares de votación, reconocen la importancia de darle voz a través del voto a quienes desean incidir políticamente en la elección de sus lideres.

Los salvadoreños en Estados Unidos desde hace una década, hemos solicitado el derecho de ejercer el voto desde el exterior, a raíz de eso, durante la campaña presidencial anterior, que sobrepasó las fronteras patrias, tres candidatos prometieron convincentemente que ese derecho seria una prioridad en sus planes de gobierno. El candidato de la ex guerrilla Mauricio Funes quien actualmente lidera las preferencias electorales en El Salvador para los comicios del próximo marzo, ha repetido de la misma manera como sus antecesores su compromiso hacia nuestro pedido al hacer campaña política en este país recientemente.

La mayoría de ciudadanos salvadoreños, así como otros latinoamericanos, no creemos mas en promesas de políticos en búsqueda de votos y dinero, la diáspora no cree en mensajes proselitistas llenos de demagogia como los expresados por Mauricio Funes y sus amigos. Hemos madurado políticamente y aprendido a reconocer el oportunismo de la clase política de nuestro país.

Obtener el derecho al sufragio es únicamente nuestra responsabilidad y en nuestro caso, particularmente, sabemos que para nuestros gobernantes no es una prioridad, por lo tanto, no es con apoyar a candidatos que lograremos votar, sino con acciones políticas.

Una de ellas es el incidir para que el nuevo impuesto a las llamadas desde el exterior sea utilizado para financiar los costos de implementación del voto desde el exterior. Hace dos meses entregué a la comisión de reformas electorales y constitucionales de la asamblea legislativa una propuesta para facilitar el voto en el exterior, la respuesta de los honorables legisladores ha sido un total silencio.

Representantes del Tribunal Supremo Electoral salvadoreño han señalado que el costo para documentarnos y empadronarlos seria de treinta y cuatro millones de dólares como una primera fase. El impuesto a la nostalgia recientemente decretado a las llamadas telefónicas hechas desde el exterior producirá cerca de doscientos millones de dólares a las arcas del estado para el final del próximo año, suficiente para financiar la primera fase de este proyecto, así como también, para subsidiar los costos de energía, alimentos y transporte en el país. En cinco años el estado habrá recolectado mas de quinientos millones de dólares con lo cual se puede costear todo el proyecto y permitir el voto para las elecciones de 2014 o antes.

En República Dominicana cada voto costó mil quinientos dólares debido a la falta de interés de sus ciudadanos por participar, - solo el uno por ciento de su diáspora ejerció el sufragio - lo que es un precio demasiado alto para los niveles económicos de un país con profundos problemas sociales y de pobreza. Mantener esa política debe ser revisada porque obviamente los dominicanos demuestran que no desean incidir en su patria, pero ese gobierno cumplió con otorgarles esa oportunidad, lo cual es loable.

Cada voto de los salvadoreños según fuentes del tribunal supremo electoral costaría mil cuatrocientos dólares, basado en que un porcentaje similar al de la República Dominicana votara. Eso significaría que solo cincuenta mil ciudadanos de los tres millones que se estiman que residen en el exterior votarían.

Considero que es obligación de todos los gobiernos latinoamericanos que creen en la democracia el implementar el voto en el exterior para darle la oportunidad a sus diásporas de manifestar su interés de incidencia. El sufragio es un derecho constitucional no un privilegio y debemos ejercerlo.

Dora María merece ser escuchada

Quienes firmamos este pronunciamiento hemos compartido de una u otra forma, la historia de Nicaragua


Durante la lucha sandinista contra la dictadura de Anastasio Somoza y posteriormente durante los años en que Nicaragua sufrió la agresión producto de la política interventora de la Administración Reagan, acompañamos a la Nicaragua revolucionaria con nuestras posiciones y acciones. Muchos de nosotros formamos parte de un amplio movimiento de solidaridad.

Desde entonces, conocimos y admiramos la valentía y compromiso de Dora María Téllez. Su integridad, prestigio, dedicación y el riesgo que corrió su vida al permanecer trece días en huelga de hambre nos motiva a pronunciarnos para solicitar al Gobierno de Nicaragua que medite muy bien sobre las consecuencias de no atender las demandas que ella representa.

Lo que llevó a Dora María a exponer su salud y su vida de nuevo, es una demanda clara: que no se cierren los espacios políticos y que haya un diálogo nacional para resolver la crisis alimentaria y del alto costo de la vida que, como muchos países, enfrenta Nicaragua.

Ninguna de estas demandas es irracional y un gobierno que qu8iera el apoyo popular debe responderlas.

Queremos sumarnos a esta demanda y a esta protesta. La representación política es un derecho. Es un derecho protestar contra los mecanismos que cierran estos espacios. Dora María ejerce su derecho. Ella representa a un amplio sector de la sociedad nicaragüense que debe ser escuchado.

Pedimos por su derecho, por el de sus compañeros y el de todos los nicaragüenses.

Naom Chomsky; Susan Meiselas; Ariel Dorfman; Salman Rushdie; Eduardo Galeano; Hermann Schulz; Juan Geiman; Brian Willson; Tom Hayden; Bianca Jagger; Mario Benedetti.

(Publicado en El Nuevo Diario, Managua, 16 de junio 2008)

Estados Unidos y el futuro de Occidente

La crisis plural que se está viviendo en Occidente -financiera, económica, político-social, energética, alimentaria, ambiental- es de enorme gravedad, no nos engañemos; tiene su origen en Norteamérica, como es sabido, y está instalándose con fuerza en Europa. Nuestro mundo, que es indudablemente global, y hemos de felicitarnos porque lo sea, ha dejado de estar condicionado por una única superpotencia hegemónica -Estados Unidos- para volver a ser multilateral, y los llamados países emergentes y ciertos bloques regionales van adquiriendo mayor peso y cuentan cada vez más.

Iberoamérica -o Latinoamérica, como se quiera denominar- forma parte también, como es obvio, de Occidente y siente los reflejos de esta crisis global. Pero está viviendo, al mismo tiempo, una revolución democrática y pacífica, en algunos de sus países más destacados, que se está propagando. Veremos hasta dónde llega. Entretanto, va liberándose de la tutela neocolonial de Estados Unidos. Cuba, por primera vez desde la victoria de Fidel, tiene la oportunidad de ir evolucionando significativamente. Eso, contando con inteligencia y tacto por parte de Occidente.
Los dirigentes iberoamericanos, mestizos, como en Brasil y en Venezuela, o claramente indígenas, como en Bolivia -autóctonos, indios o de procedencia europea o africana-, tienen una visión geoestratégica propia, principalmente para resolver el problema energético, y rechazan, por lo general, las recetas del capitalismo neoliberal, en fase de descrédito y agotamiento. Por otra parte, las desigualdades sociales que aún subsisten en Iberoamérica son tremendas y, eventualmente, explosivas. Por esta razón, buscan en la Unión Europea un aliado natural, que no ha sabido -o podido- corresponderlos con el apoyo necesario que de ella esperaban y deseaban. Si acaso, ha habido un poco más de comprensión, aunque no lo suficiente, por parte de los Estados peninsulares, España y Portugal.
Y esto ¿por qué? Porque Europa, a nivel geoestratégico, sigue estando paralizada. Incapaz de definir un rumbo cierto, con algunos de sus principales dirigentes -Sarkozy, Brown, Berlusconi- pendientes aún, en las esferas militar, político-ideológica y económica incluso, de la indefinición norteamericana.

De ahí la importancia que tiene saber quién ganará las elecciones presidenciales norteamericanas, ahora prácticamente ya clarificadas entre Barack Obama (demócrata) y John McCain (republicano). Cualquiera de ellos cortará el cordón umbilical con la política de Bush, pues hay consenso en considerar que éste ha dirigido un Gobierno de políticas desastrosas para América y para el mundo.

Pero el problema consiste en saber qué clase de cambio será el escogido: ¿cambiará o no el paradigma neoliberal y la economía de casino que de éste se deriva? Espero que Obama lo consiga. Para bien de las tropas americanas que, con él en la Casa Blanca, saldrán de Irak y tal vez de Afganistán. Por estas razones, he sido, desde el primer momento, como mis eventuales lectores saben, un entusiasta partidario del candidato Obama, a quien por lo demás no conozco personalmente.
A Estados Unidos le hace falta un nuevo Roosevelt que sepa inventar un New Deal, con la necesaria adaptación a la luz de nuestra época y de los gravísimos y complejos problemas a los que nos estamos enfrentando. Sobre todo, en lo que atañe a la paz y a los nuevos equilibrios mundiales, al refuerzo y democratización de las Naciones Unidas y sus agencias especializadas, de tan decisiva importancia, a la reglamentación de una globalización que deje de ser depredadora de los más pobres (tanto naciones como personas) y respete las reglas éticas, sociales y ambientales así como los derechos humanos. Todo ello pasa necesariamente por la reestructuración e integración en el sistema de las Naciones Unidas de organizaciones obsoletas y dependientes de los intereses de las grandes multinacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.

Un afroamericano instalado en el Despacho Oval de la Casa Blanca representa, en sí mismo, una importante revolución a nivel político y cultural. Si tiene el valor de ser fiel a los ideales de los pioneros americanos de un Lincoln, de un Roosevelt o de un Martin Luther King -que han sido sus puntos de referencia-, tanto mejor. Sería un cambio radical -y al mismo tiempo pacífico- que influiría en el mundo, en el mejor sentido, evitando que Occidente entrara en una fase de decadencia, que está al acecho.

Porque el mundo cambia con las ideas y con la voluntad política manifestadas en los centros de decisión y no con recetas económicas o con la subida o bajada de los tipos de interés. Quien tenga un mínimo conocimiento de la historia sabe que es así. Para bien y para mal. George W. Bush es un claro ejemplo de todo esto, en el peor sentido.

Es evidente que, como europeísta confeso, me gustaría que la Unión Europea pudiera anticiparse y fuera preparando el terreno para la gran transformación que se impone. Sería una gran oportunidad, a la altura del originalísimo proyecto político de la Unión Europea. Pero no me quedan muchas esperanzas. Con raras excepciones, considero que los gobernantes europeos no tienen visión del futuro, no perciben todavía el sentido de las crisis que nos afectan, ni saben cómo resolverlas con políticas estructurales, de fondo. No se atreven a innovar. Es una verdadera pena.

La Unión Europea está centrada en sus propios problemas, reacciona ante los estímulos, que le llegan del exterior, y, siempre a la defensiva, no oye -ni comprende- los gritos de revuelta, las protestas y las manifestaciones de descontento que se alzan en las calles de todas las capitales europeas. Desde los agricultores a los pescadores, desde los jóvenes a los inmigrantes, desde los intelectuales a los artistas, desde los universitarios a los sindicalistas, a los ambientalistas y a los que simplemente se preocupan -por todas partes y legítimamente- por el insoportable coste de la vida, a la par que por los sueldos hipermillonarios de administradores y gestores. Cuando no se abordan las reformas que reclaman las sociedades enfurecidas, se siembran tumultos y revoluciones. Mayo del 68, hace 40 años, fue un ejemplo que incluso terminó bien. No con la represión, pues dada la impotencia del Estado fueron obligadas negociaciones y cambios, sino con un avance en el ámbito de la apertura de las mentalidades y de las transformaciones culturales, políticas y sociales. ¡Nada siguió siendo lo que era!

En la península Ibérica los Gobiernos de España y Portugal, ambos mayoritarios y socialistas -y con la oposición de derechas debilitada y dividida-, están a contracorriente respecto a la Unión a la que pertenecen. Tienen ante ellos, de esta forma, una oportunidad única, en busca de un camino nuevo. Confiemos en que sepan aprovecharla.
(Mario Soares es ex-presidente y ex-primer ministro de Portugal; publicado en El País, Madrid)