La desgracia del “caso Saca” (y de la fiscalía, que al final tuvo que
negociar un juicio abreviado y penas mínimas) comenzó desde el
principio, cuando el fiscal general Douglas Meléndez presentó su caso
diciendo que se trataba de 300 millones de dólares robados. El mismo
error cometió en el “caso Funes”, hablando de un robo aun mayor: 350
millones. Y en este caso le va a pasar lo mismo: Al final no podrá
comprobar este monto.
¿Por qué no lo puede comprobar, ni en el caso de Saca, ni en el de
Funes? No es porque ambos no hayan robado a manos llenas. Lo hicieron.
No lo puede comprobar el fiscal, porque o no entiende el “sistema
Saca/Funes”, o le hace trampa su propio populismo judicial.
El elefante blanco en CAPRES
Saca no se robó 300, ni Funes 350 millones de dólares. Así funcionó
el sistema que Saca inventó y Funes perfeccionó: Armar un gran elefante
blanco en Casa Presidencial, una especie de gobierno paralelo encima del
gabinete ministerial; luego crear, para financiar al elefante blanco,
un desorden fiscal, con fondos de cientos de millones de dólares, todos
discrecionales, todos sin rendición de cuentas, todos sin escrutinio de
la Corte de Cuentas. En este desorden y esta informalidad consistía la
oportunidad de robar. Para crear esta gran masa de fondos oscuros en
CAPRES, Saca se inventó un sistema de transferencias de todos los
ministerios a CAPRES, de la manera que tuvo a su disposición 219
millones adicionales al presupuesto asignado a CAPRES. Esta es la cifra
que al final de la presidencia Saca documentamos en una
investigación publicada en El Diario de Hoy.
Ahora parece que nos quedamos cortos con esta suma. Para hacer estas
transferencias, se inflaron desde el principio artificialmente los
presupuestos de los ministerios. O sea, cada ministro sabía de antemano
que parte de los fondos asignados a su cartera eran para transferirlas a
CAPRES.
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Este
desorden, en el se manejaba en efectivo y sin rendición de cuentas
tanto los gastos reales (por ejemplo para el funcionamiento de la
Organización de Inteligencia del Estado OIE), como los sobresueldos (que
realmente se desembolsaron), como los fondos para campañas electorales,
lo aprovechó Saca para robarse 50, 100 o 150 millones para enriquecerse
él, su familia y sus empresas. Cuánto de estos 300 millones se robó,
todavía no sabemos. Hubiera sido tarea de la fiscalía establecerlo, y
acusarlo por montos exactos y comprobables. El fiscal general no lo hizo
así, se dejó ir con una acusación genérica de 300 millones. Y
probablemente nunca sabremos qué porción de este total se robó Saca, ya
que con el juicio abreviado varias líneas de investigación quedarán
cerradas.
El caso Funes
Lo más preocupante es que la fiscalía hizo lo mismo en el caso Funes,
aunque ya en el caso Saca andaban perdidos en el labirinto de trucos
que el ex presidente y sus cómplices habían generado. El sistema Saca
pasó a ser el sistema Funes, con algunas modificaciones, porque en el
camino la Sala de lo Constitucional reclamó los fondos reservados en
cada ministerio, que fueron las fuentes de los sistemáticos
transferencias a CAPRES. Entonces, en la presidencia de Funes crearon en
cada ministerio “fondos para improvistos”, que al no gastarlos, fueron
transferidos a CAPRES. Estos fondos no tenían nada de “imprevisto”,
porque desde el momento de diseñar el presupuesto, ya estaban previsto
pasarlos a CAPRES, para usos discrecionales del presidente. A partir de
ahí, aunque con diferentes mecanismos contables, pasó exactamente lo
mismo que antes en la era de Saca. Del mismo fondo discrecional, esta
vez de 350 millones, se cubrieron gastos reales, sobresueldos, pagos de
soborno y propaganda, y una cantidad todavía no establecida terminó en
el patrimonio de Funes, sus familiares, sus testaferros y prestanombres.
Para desarmar este sistema, primero hay que eliminar el elefante
blanco en Casa Presidencial. Luego hay que ordenar el presupuesto
nacional, prohibiendo que en las diferentes carteras se incluyan fondos
destinados a terminar en CAPRES. Luego hay que establecer mecanismos
confiables de control sobre cualquier tipo de transferencias. A la
Presidencia y sus secretarías (que por cierto deben reducirse al mínimo
necesario) hay que asignarse un presupuesto real que cubra sus gastos
institucionales – y este debe ejecutarse con transparencia, rendimiento
de cuentas y controles. Nada de pagos en efectivo. Nada de sobresueldos.
Nada de pagos debajo de la mesa a diputados, partidos, periodistas,
funcionarios de otras instituciones del Estado. Desarmar el elefante
blanco y los fondos discrecionales en CAPRES es la primera tarea del
próximo presidente.
Tres refleiones
Hay que hacer 3 reflexiones finales: Hablamos del sistema Saca/Funes,
porque es sustancialmente diferente a los manejos financieros de los
anteriores gobiernos. Es el paso de la corrupción que siempre existió a
una trama sistémica e institucionalizada de corrupción y enriquecimiento
ilícito. Con Saca fue la primera vez que el presupuesto de la nación,
desde su concepción, se diseñó para crear el desorden propicio para el
abuso, y para generar masas enormes de fondos disponibles para
malversación, corrupción y robo.
La segunda reflexión: Aunque la verdad es que ni Saca se robó 300
millones, ni Funes 350 millones, el daño en ambos casos es varias veces
más alto que estos números. Los costos laterales de la corrupción
siempre son múltiples del monto de lo robado. Si un gobierno comienza a
diseñar el presupuesto de la nación para crear oportunidades de robar,
todas las prioridades del Estado se están pervirtiendo, y esto causa
inmensos daños a la economía, al crecimiento, y a los servicios a la
población.
La tercera reflexión: La vía correcta de la fiscalía hubiera sido
identificar, dentro de este labirinto de corrupción, los casos
parciales, pero comprobables. Con la información que ya se tiene, a Saca
hubieran podido acusar y condenar, sin necesidad de negociar con él,
por los 8 millones que robó para construir su palacio bayunco en El
Carmen. Y luego hubieran investigado y documentado lo demás para
llevarlo a otros juicios. Se perdió esta oportunidad porque como
resultado de la negociación con Saca, todo será cosa juzgada.