Carta a Donald Trump: La guerra en casa

Dear Mr. President:
I know you hate Spanish. Stupid language. Later I’ll send you a copy of my letter in English, which is a great language. People here don’t understand it, so I have to publish in Spanish…

Estimado presidente:

¿Realmente quiere declararle la guerra a los inmigrantes? ¿O por qué dio orden a su secretario de defensa a movilizar a unos 100 mil soldados de la National Guard para perseguir y arrestar a los ilegales? De paso sea dicho: Al fin alguien habla claro y se enfrenta a la pinche corrección política que obligaba a decir: “No puede haber personas ilegales, todos seres humanos son legales y tienen derecho a vivir, aun cuando sean indocumentados.” Bullshit: Ilegales son ilegales, son potenciales terroristas, igual que los musulmanes.

Anyway: Usted al fin va a emplear fuerzas militares contra los inmigrantes ilegales, en la frontera (mientras no tenga su muro), y en las ciudades. ¿Veremos soldados patrullando en Echo Park en Los Angeles, en Heampstead en Long Island, y en Adams Morgans en Washington DC?

Esto realmente hará América great again. Usted ya dijo hasta la saciedad que no entiende porque los Bush y Obama han mandado tropas estadounidenses para defender países raros donde ni siquiera hablan inglés ni saben hacer hamburguesas, mientras nadie estaba defendiendo a los ciudadanos de Estados Unidos contra violadores, terroristas, pandilleros y otros inmigrantes.

Se acuerda los años de la guerra de Vietnam, cuando los “Weatherman” y otros radicales andaban gritando: “Bring the war home! – ¡Traemos la guerra a casa!”? Bueno, ellos no lo lograron. Total losers. Pero usted ahora lo va lograr: Tropas contra inmigrantes. Make America Great Again…

Aquí en Centroamérica, las embajadas y diferentes congresistas y senadores viajeros de Estados Unidos (todos total losers e intrusos) nos han dicho: “Cuidadito, no deberían militarizar la Seguridad Pública, no saquen a los militares a la calle a luchar contra el crimen.” Por cierto, los gobiernos nuestros nunca les hicieron caso a estas advertencias. Hoy van a estar felices los presidentes de Honduras y El Salvador, porque con usted movilizando fuerzas militares en sus ciudades, ya nadie les va a fregar por militarizar nuestros países. A lo mejor usted va a mandarles ayuda militar, como ya le ofreció al gobierno de México. Los nuestros la van a aceptar sin tanta discusión…

De paso sea dicho: Su muro sólo va a detener a los niños salvadoreños, mujeres hondureñas y otros terroristas, si lo diseña como lo hizo el camarada Walter Ulbricht, cuando construyó su muro, primero atravesando la ciudad de Berlin, luego toda Alemania: No sólo fue un muro, esto no sirve, fue un muro con una franja de muerte detrás, donde patrullaban tropas y habían torres con francotiradores. Great wall! Putin todavía debe tener los diseños originales de su tiempo como oficial de la KGB en Alemania Oriental… Si usted se trae a casa los drones de combate que Obama mandó a otros países, tal vez le funcionará la militarización de su frontera sur.

Le doy otro consejo. Es para que mejore su orden ejecutiva contra a entrada de los terroristas a Estados Unidos. Tal vez todavía no le han informado, pero el país con la tasa de terroristas más alta del mundo es El Salvador. Tenemos como 60 mil pandilleros, declarados por la Corte Suprema como terroristas, no contando el medio millón de colaboradores. Para que los llamados jueces no le vuelvan a boicotear su nueva orden ejecutiva, con el argumento que discrimina a los musulmanes, simplemente incluya en su lista El Salvador. Aquí casi no hay musulmanes, todos son católicos o evangélicos, hasta los terroristas.

Sólo tome en cuenta una cosa, Mr. Trump: Si nos manda de regreso a todos los pandilleros, violadores y otros inmigrantes centroamericanos, nosotros aquí también tendremos guerra en casa. Porque aquí los gobernantes no saben lidiar con una crisis social. Total losers.

Suerte con la guerra en casa, presidente. Saludos le manda
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Lea a el memorándum del Secretario de Seguridad Nacional
del presidente Trump, general John Kelly,
sobre la movilización
de unidades militares de la Guardia Nacional

(MAS!/El Diario de Hoy)

Observador Político: El diálogo es audaz e incluyente o no vale la pena

Cuesta imaginarse que el diálogo nacional que arranca con la facilitación de Naciones Unidas tenga sentido si no aborda la crisis de inseguridad y violencia y la situación que un porcentaje tan alto de la sociedad vive al margen del sistema productivo, democrático y legal del país.

Cuesta también imaginarse que el abordaje de este tema lleve a resultados y soluciones si no se abre ningún diálogo con las pandillas y con las comunidades marginadas que viven la triste realidad de la violencia.

Pero por otra parte cuesta imaginarse que líderes de grupos fuera de la ley tomen asiento y la palabra en la mesa de diálogo a la par del gobierno, los partidos políticos, de las gremiales empresariales, de las Iglesias y de las universidades. El gobierno no debe hablar con los pandilleros, pero esto no puede significar que nadie hable con ellos.
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Depende de la audacia y creatividad del facilitador Benito Andión de encontrar y consensuar un mecanismo que permita que a la par de las mesas “oficiales” funcione otra, en la cual personajes representativos de la Sociedad Civil dialoguen con las pandillas y con los liderazgos comunales. Esto no funcionará si el gobierno de Salvador Sánchez Cerén no flexibiliza su posición tajante de no permitir ninguna forma de diálogo con las pandillas, ciartamente compartida por muchos sectores de la sociedad.

Por lo menos se debe abrir espacio para que personas que gocen de la confianza tanto del gobierno pero también de la oposición, y en cierta manera de las pandillas, se acerquen a las pandillas, las escuchen, dialoguen con ellas, les expongan alternativas, para evaluar hasta donde son serias sus manifestaciones públicas de querer contribuir a superar la violencia, de la cual son parte protagonista. Hay que explorar hasta donde están dispuestas a llegar cuando hablan de paz social. Las pandillas recientemente han hablado por primera vez que un proceso incluyente de diálogo puede llegar a la desarticulación de las pandillas como organizaciones criminales, si a ellos, sus familias y sus comunidades se les abran puertas de inserción en la vida productiva y social del país.

Nadie en este país sabe si estas manifestaciones de los líderes de las pandillas son serias y si podrían convertirse en confiables. Muchos dudan de esto, y tienen muchas razones en la historia triste de los últimos 20 años. Sin embargo, luego del fracaso tanto de la tregua como de las polítcas de guerra frontal que en los últimos tres años ha implementado actual gobierno, muchos consideran que sacando las lecciones correctas de ambos enfoques vale la pena por lo menos sondear si un diálogo incluyente puede abrir nuevos caminos que al fin nos conduzcan a superar la crisis social que se encuentra detrás de la crisis de violencia.

Obviamente no se trata de revivir el proceso conocido como “la tregua”, como muchos temen. La tregua fue la respuesta a una realidad específica, cuando el problema de fondo y el motor del conflicto era la guerra entre las pandillas que devoraba a las respectivas comunidades bajo su influencia. Esto no es el centro del problema hoy. Ahora el motor principal de la violencia es el enfrentamiento directo entre pandillas y fuerzas de seguridad del Estado. Es otro tipo de conflicto, que requiere de otros tipos de soluciones que una tregua. Requiere la superación de las causas sociales: la ausencia del estado (no en su forma policial y militar, sino en su expresión civil) en amplios territorios del país; los serios daños al tejido social en estos territorios; y la situación de gueto, en la que sobreviven, dentro y fuera del marco legal, cientos de miles de ciudadanos y sus familias.

El diálogo nacional, si realmente quiere quitarle los frenos al desarrollo democrático, social y económico del país, tiene que abordar de fondo estos problemas y construir vías para solucionarlos. Y repito: alguien tiene que inventarse un método para involucrar en este proceso a los que hoy en día son protaginistas del problema y obstáculos a su solución. Por lo menos hay que hacer el intento, comenzando con un sondeo que necesariamente involucra sentarse con los liderazgos comunales y de las pandillas. Y hay personas capaces y dispuestos para intentarlo, con más peso ético y más confianza de la sociedad que los que lo hemos intentado en el 2012.

Lea las últimas declaraciones de las pandillas sobre este tema

Lea la posición del facilitador de Naciones Unidas Benito Ardión

(El Diario de Hoy-Observador Político)

 

Carta a Relaciones Exteriores: Alerta para salvadoreños que viajan a Estados Unidos

Estimados funcionarios de Cancillería:
Recién la embajada de Estados Unidos informó que el Departamento de Estado ha emitido, como lo ha hecho año por año desde por lo menos 2012, una alerta a sus ciudadanos sobre los peligros a los cuales se exponen al viajar a El Salvador o residir en este país: “El Departamento de Estado previene a los ciudadanos de Estados Unidos a que cuidadosamente consideren los riesgos de viajar a El Salvador, debido a los altos índices de criminalidad y violencia. El Salvador tiene una de las tasas más altas de homicidio en el mundo y crímenes como extorsión, asaltos y robos son comunes.”

Me encanta la idea que la Cancillería nuestra, aplicando el principio internacional de reciprocidad, emite una alerta a los salvadoreños sobre los riesgos que corren al viajar a Estados Unidos o al seguir viviendo en este país. Ambas alertas -la de ellos y la nuestra- se basan en hechos reales que pasan en los respectivos países.

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El Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador advierte a los ciudadanos salvadoreños que viajan a Estados Unidos o residen en este país de considerar con cuidado los riesgos que implica su estadía en Estados Unidos, debido a altos índices de violencia, incluyendo abusos violentas por parte de autoridades de seguridad; debido a crecientes expresiones de racismo y odio contra minorías raciales o étnicas; y debido a las duras políticas anti-inmigrantes adoptadas recientemente por el gobierno de Estados Unidos.

Recomendamos tomar las siguientes medidas de precaución:
  • Al viajar a Estados Unidos por vía aérea, procuren no andar su laptop o smartphone, porque pueden ser revisados sus contenidos, incluyendo su correo electrónico privado o de negocio y sus comentarios en redes sociales. Se recomiendo llevar consigo materiales como crucifijos o biblias que comprueban que no son musulmanes. Nuestro ministerio les puede regalar un botón que dice “I’m not from México”. Están disponibles en migración en el aeropuerto Comalapa. Llévenlo siempre de manera visible.
  • Dentro del territorio de Estados Unidos, especialmente en zonas donde viven inmigrantes o afroamericanos, manténganse en máxima alerta en cuanto vean patrullas policiales. Ha habido muchos casos de abuso policial, algunos de ellos letales.
  • Les recomendamos siempre llevar visible elementos que demuestren que son cristianos. En caso que sean musulmanes, recomendamos abstenerse a viajar a Estados Unidos.
  • Otro método de protección puede ser llevar siempre una gorra que diga “Make America Great Again” o “America First”. Se consiguen baratas, porque son hechos en China.
  • Recomendamos frecuentar lo menos posible discotecas (especialmente clubes gay), cines, colegios, universidades y maratones. En este tipo de lugares frecuentemente han ocurrido masacres cometidos por ciudadanos estadounidenses, con armamento más sofisticado que el que usan las pandillas en nuestro país.
  • Si tienen tatuajes, aunque no tengan alusión a pandillas, traten de no exhibirlas visiblemente. La combinación de tatuaje, piel morena y acento latino puede ser fatal.
  • A los ciudadanos salvadoreños que no tienen documentos de residencia legal les recomendamos no salir a la calle, si no quieren ser sujetos de redadas y deportación.
  • A los ciudadanos salvadoreños que tienen antecedentes penales o que tienen relación con pandillas, sólo les podemos dar una recomendación: rezar.
  • A todos los salvadoreños que viven en Estados Unidos y a los que tratan de viajar a este país, les advertimos que no esperen que nuestros consulados les puedan ayudar. No tenemos esta capacidad. Están debidamente advertidos de los riesgos, y los corren bajo su propia responsabilidad.
Les desea buen viaje el Gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén.
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Yo sé que nuestra Cancillería nunca emitiría este comunicado. Pero tal vez me pueden tomar en cuenta por lo menos la idea del botón de choto.

Pido al señor canciller y a la embajada de Estados Unidos de ver esta carta con el mismo grado de humor que hemos mostrado los salvadoreños durante años al leer el “El Salvador Travel Warning” del Departamento de Estado.


Saludos,

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Lea la Alerta del State Department


(MAS!/El Diario de Hoy)

Carta a todos: No estamos preparados para otro terremoto

Estimados ciudadanos, empresarios, políticos, académicos:
Esta no es una carta para joder, como a veces me gusta escribir. Esta es en serio. Dead serious, como dicen los gringos, quienes a veces tienen expresiones que nos hacen falta en español. En nuestro caso es literalmente: serio de muerte

Hoy es otra aniversario del terremoto del 13 de febrero 2001, el último que nos hizo pedazos al país. Aquí siempre dicen: Nos toca un terremoto cada 15 años. Ojalá que no sea cierto, porque hoy ya pasaron 16 años, y cada vez que tiembla me pregunto: ¿Estamos como país preparados para el siguiente?

La respuesta es contundente: No. No estamos preparados, y el país así como está, con un gobierno que improvisa todo y prioriza nada; con una sociedad fragmentada; endeudado hasta el cuello – ¿cómo va a aguantar un terremoto? Ni pensarlo…

No quiero minimizar los esfuerzos de consolidar Protección Civil, uno de los pocos logros del Estado durante los dos gobiernos del FMLN. Son palpables y loables, ya que antes no existía nada. Pero esto no es suficiente, porque el país no ha cambiado con las experiencias del 1986 y 2001. No lo hemos cambiado. Los asentamientos vulnerables en zonas de alto riesgo, ahí están, igualitos. El cierto, el MOP ha hecho inversiones en la mitigación de algunos taludes y barrancos y cárcavas – ¿pero los demás asentamientos en quebradas y cerros?

Todos vimos el terrible impacto que los terremotos del 2001 han tenido sobre docenas de pueblos, siempre golpeando a los que todos modos vivían al borde de la miseria. Yo sí vi muy de cerca todas las existencias destruidas en enero y febrero del 2001, porque pasé dos meses documentando los estragos. Me aterra la idea que tarde o temprano tendré que hacer otro viaje igual por todo el país.
Hemos medio reconstruido las iglesias, escuelas y viviendas – pero no hemos sido capaces de lanzar un Plan Marshall a transformar los barrios y comunidades precarias para protegerlos del impacto de los próximos desastres que inevitablemente nos van a tocar. Si lo hubiéramos hecho, no sólo el país estaría en mejores condiciones para resistir el siguiente desastre natural, sino también nos hubiéramos ahorrado caer en este gran hoy negro de violencia en que vivimos. Porque el hecho que buena parte de nuestra población vive en guetos y al margen del desarrollo, no sólo la hace vulnerable frente a desastres naturales, sino igualmente frente al desastre de la delincuencia y violencia.

Les pido, en este aniversario del terremoto del 13 de febrero, acordarse de cómo este día quedaron ciudades como Cojutepeque y San Vicente, para hacerse una reflexión: ¿Cómo podemos redefinir las prioridades de este país, su gobierno y su sociedad entera? Ahora no hay prioridades. Lo que reina es el principio de la regadera: dar a todos los sectores y regiones algo para que no se frustren con la política, con el gobierno, con todo el sistema político. Es el esquema populista de las subvenciones y de un Estado cuya prioridad es no definir prioridades sino darle a todos un poquito. Es el esquema de Una Obra por Día, en vez de focalizar las inversiones donde transformen las ciudades y el país. Y cuando digo transformar me refiero a hacer el país menos vulnerable a desastres naturales y sociales, incluyendo a todos en el desarrollo.

Pónganse a pensar: Los últimos tres gobiernos han gastado en subvenciones un promedio de 800 millones de dólares. En diez años son 8,000 millones que se regaron para subvencionar agua, electricidad, gas, transporte, y regalar uniformes escolares, etc.

Si la mitad de esto (4000 millones) lo hubiéramos invertido en un Plan Marshall de transformación de barrios, comunidades y cantones expuestos a desastres naturales y sociales (como la violencia), hoy tuviéramos un país más unido y menos vulnerable frente a ambos desastres. Incluyendo al inevitable próximo terremoto.

No podemos seguir aceptando que cada desastre natural se convierta en desastre social, en más marginación y más violencia. Hay que cortar el círculo vicioso. Tenemos los fondos para hacerlo, sólo que los (mal)gastamos de manera dispersa y corrupta.


Piénsenlo. Saludos,


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(MAS!/El Diario de Hoy)