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jueves, 24 de marzo de 2011

La mala hora

  • Presagio

La inscripción de la candidatura de Daniel Ortega el pasado viernes y la proclamación del exjefe del ejército, Omar Halleslevens, como su compañero de fórmula aunque inesperada, tuvo el efecto de aquellos pasquines en el “pueblo de mierda” donde transcurre la novela “La mala Hora”, de Gabriel García Márquez: agitación, miedo con ira, indignación y una percepción ominosa generalizada sobre los sucesos que se avecinan. La decisión de ratificar el camino de la ilegalidad, el pisoteo a la Constitución y la concentración de poder, tuvo como preámbulo las tres leyes militaristas aprobadas en diciembre del 2010 y por medio de las cuales Ortega se autoconfirió la capacidad para manejar el país con mano militar y estado de sitio, que como se sabe, se suele invocar en caso de invasión o guerra civil. Todo el país vio a los “no deliberantes” cuadros del Estado Mayor del ejército haciendo cabildeo político para su aprobación, lo que indica que el ejército es partícipe de los planes de Ortega y que la candidatura de Hallesleven es un emblema del pacto bonapartista de los militares y su subordinación al proyecto continuista. Cobra así su pleno sentido lo dicho por el general-candidato de que “estamos dispuestos a entregar hasta la última gota de sudor y sangre porque esta sociedad continúe por el sendero que ha venido transitando”. Palabras donde la violencia aguarda agazapada y nos presagian que “el tiempo es un agujero y sabe a pólvora… se retuerce en el pellejo de la desgracia la mala hora”.

  • Constitucionalismo

El supuesto celo del alto mando militar por su carácter no deliberante en política y sometimiento a la Constitución, se evaporó en la tarima frente al Consejo Supremo Electoral junto con la reputación del general Halleslevens, porque no se puede ser “constitucionalista” siendo fórmula de quien tiene expresamente prohibida la reelección. Constitucionalista es alguien que defiende la Constitución vigente en un Estado, así como el sistema político regulado por ese texto. La posición del hoy general retirado, indica que si no es constitucionalista hoy, tampoco lo fue antes cuando era jefe del ejército y que es lógico suponer que tampoco lo son sus lugartenientes actuales. Un solo acto ha terminado con la credibilidad de una persona y ha puesto en entredicho el de la institución de donde proviene. Atrás queda, hecha trizas, una brillante hoja de servicios desplegada bajo la simulación. No está de más señalar que Sandino surgió como héroe en la llamada Guerra Constitucionalista (1926) y que hoy quienes decían respetar y defender la Constitución, usan la norma de la traición de Moncada para los pactos políticos. "Sentí un profundo desprecio desde ese momento por Moncada. Le dije que yo consideraba un deber morirnos o libertarnos(…) Que el pueblo nicaragüense de aquella guerra constitucionalista esperaba su libertad”, pareciera recordarle Sandino a los actuales mandos del ejército.

  • Parodia napoleónica

Fue Marx quien observó que “la historia se repite –la primera vez como tragedia, la segunda como farsa”, al comparar el régimen de Napoleón Bonaparte con el de su sobrino Luis Napoleón, (“el pequeño”) en el 18 Brumario y que fue el artífice del fascismo moderado en el siglo XIX. De análoga manera hoy podemos decir que la actual “revolución” Orteguista es una farsa, construida sobre la tragedia de la revolución del 79. El carácter bonapartista del proyecto de Ortega se reconoce en la usurpación de las funciones parlamentarias, en el control del aparato administrativo del Estado, de la policía y el ejército, en la asimilación pasiva de sectores empobrecidos y no por último menos, en la defensa que realiza de los intereses del gran capital, mediatizando los conflictos con los trabajadores y por la cual les cobra un alto porcentaje para los negocios propios y de su camarilla. Un régimen de este tipo no desbarata de una vez las instituciones o los partidos sino que como hemos visto, los vuelve impotentes, dejando sobrevivir algunos como figuras vaciadas que disputan sus migajas y lo acompañan. Como Napoleón, el pequeño, Ortega levanta su propuesta de “Propiedad, Familia, Religión y Orden” y busca ganar al ejército, como diría Marx “con salchichón de ajo, champán y cigarros”. Pero antes de que griten como las tropas francesas “viva Napoleón, viva el salchichón”, es bueno darse cuenta que todo bonapartismo, como régimen de crisis, es transitorio y que no hay tales de “Ortega forever”.

  • Lecciones para la Nicarahiriya

La Nicarahiriya propugnada por Ortega, debería tomar en cuenta la mala hora que está viviendo la Yamahiriya de Gaddafi. La desalmada represión contra la rebelión popular no sólo se lo está llevando en el saco, sino que le abrió la puerta a la guerra civil y a la intervención. El peculiar bonapartismo de Gaddafi no dejó nada en pie: ni instituciones, ni parlamento, ni partidos ni ejército, porque en realidad, casi desde que Gaddafi dio el golpe, temiendo que le hicieran lo mismo, eliminó al liderazgo militar que podía sustituirlo y apostó por una guardia personal. Ni hablar de ser leal a una Constitución, porque la reemplazó por una Carta del Poder Popular, de manera que el ejército no puede actuar con coherencia interna ni como una institución mediadora para decidir sobre el conflicto, como hicieron en Egipto o en Túnez. Pero con la brutal represión lanzada contra las ciudades sublevadas y su amenaza de pasar a cuchillo a todo mundo, Gaddafi se ha terminado acorralando él mismo: no hay refugio en el exterior como el de Ben Alí, ni exilio interno como el de Mubarak y su palacio ya arde en llamas. No es por el pueblo libio por el que aboga Ortega, sino por el tirano y sus secuaces, porque sabe que a los perpetradores de las matanzas los esperan los tribunales internacionales o la horca tribal. Que lo ponga en su agenda de discusión el ejército de Nicaragua.

(Confidencial/Nicaragua)

miércoles, 23 de febrero de 2011

El Ifrit de Trípoli

  • Iblis, el mentiroso

La inminente caída de Muammar El Gadaffi, ha sido anunciada por la brutal represión y el bombardeo contra su pueblo, comparable a la sufrida por los barrios orientales de Managua en los últimos días de Somoza. Le ha hecho asomar su temible rostro de Ifrit, genio malévolo y rencoroso que según la mitología árabe detestan a los humanos. La tahona de todos ellos según Las Mil y Una Noches es Iblis, el mentiroso, que se negó ante Alá a postrarse ante el primer hombre de la creación. El Ifrit de Libia, con 42 años haciendo de las suyas, ha sido la pesadilla de Occidente y si no fuera porque su terrorismo ha producido tantas muertes, sería un supervillano de historieta al estilo del Doctor Malito. Era hasta hace poco un paria internacional, que buscó como romper su aislamiento haciendo indemnizaciones millonarias a las familias de las víctimas de una serie de atentados realizados en Europa en los 80. Procedente de uno de los lugares más inhóspitos de la tierra y de la tribu beduina Gaddafa, nació en una tienda del desierto y llegó al poder por un golpe de Estado cuando tenía 27 años y era capitán del ejército. Miembro de una familia nacionalista, estudió para abogado pero prefirió hacerse militar con miras al poder absoluto. Su talante estrafalario y su arrogancia, ocultan a un hombre inseguro y depresivo que se escondía entre las dunas. Será recordado como el Iblis que apareció en la incendiada Trípoli con un paraguas para decir que no se va.

  • El “hermano” de Ortega

Gaddafi es el hombre que Daniel Ortega llama su “hermano”. ¿Y cómo no? Si el "Líder Fraternal y Guía de la Revolución" lo financió larga y generosamente, mientras estuvo fuera del poder hasta que llegó Chávez en su relevo. Era de los que le facilitaba un Boeing 707 para sus giras, y en la primera que realizó en el 2007 recién llegado a la presidencia, lo visitó con su inseparable consorte, hijos, nueras y nietos y una gran comitiva de funcionarios en un periplo que lo llevó además a visitar a los tiranos de Argelia e Irán y donde la cosa está que arde. En la última de las visitas, el hermano libio no le dio los dinares que le solicitó para sus alba-negocios, porque seguro lo vio como lagarto. Pero como regalo de consolación y en nombre de la hermandad, Gaddafi le entregó el “Premio de los Derechos Humanos Muammar El Gaddafi” (2009) por la destacada labor de Ortega “en la búsqueda de la paz mundial y por la defensa de los derechos humanos de los pueblos del mundo”. Galardón muy significativo a la luz de la tonelada de muertos en Trípoli por quien Ortega ha llamado “su hermano en la Jamahiriya, en el Alba y el Poder de los Pueblos”. Es de suponer que el Comandante le ofrecerá asilo a su hermano en algún lugar de Nicaragua para que instale su tienda con todo y sus huríes, ahora que se quedó sin Jamahiriya.

  • Del Libro Verde al Rosado

No dudo que el “Guía de la revolución” libio se sentirá en este país como en casa, pues bajo el gobierno de Ortega aquí ha retoñado su famoso Libro Verde y la Tercera Teoría Universal. Para no ser menos que Mao Tse Tung y su Libro Rojo, Gaddafi presentó su propuesta de modelo híbrido: islamismo + socialismo + gobierno del pueblo, dando como resultado el “Estado gobernado por el pueblo” o Jamahiriya, por lo cual a ese sol del desierto que es Gaddafi se le ocurrió que los partidos políticos, la democracia representativa, las elecciones y los gobiernos locales salían sobrando y los eliminó de un solo tajo. El singular modelo político se impuso con la Carta del Poder Popular, que reemplazó a la Constitución. El sistema de “democracia directa” de Gaddafi consiste en asambleas y comités populares superpuestos a tres niveles: local, regional y nacional, de los cuales, por supuesto, él es el guía. En teoría Libia tiene un “autogobierno” sin un Estado, puesto que Gaddafi propugnaba un “socialismo natural” en la que la fuente de todo derecho está en el Corán, aunque una comisión teológica reunida en La Meca, la dictaminó como “antiislámica y apóstata”. El retoño del Libro Verde en el trópico es cristianismo+socialismo+Consejos de Poder Ciudadano, aunque disfrazado de rosado chicha, así que ya podemos imaginar hacia donde nos encamina el hermano Ortega.

  • La “jamahiriya” de los CPC

La consorte del Compañero Comandante Presidente ya lo había advertido cuando anunció que el 2008 sería “El Año del Poder Ciudadano” en un acto barrial para inaugurar un proyecto de agua potable. “¡Eso se llama Poder Ciudadano, eso se llama Yamahiriya…Qué palabra más linda! ¡Jamahiriya! ¡Poder del Pueblo, Poder de los ciudadanos!” dijo entusiasmado Ortega quien a renglón seguido se justificó por esta conexión política, aduciendo que el español está compuesto por muchas palabras árabes como “almohada” (sí, así como alcohol, alacena, alacrán y alcaraván). Ortega agregó que la Constitución es clara en darle poder a la población para organizarse, “¡Eso se llama Jamahiriya!”, insistió para convencerlos de la bondad de organizarse en CPC y que el poder es ejercido “desde la base”. Los hechos en Libia han demostrado que los CPC de allá eran tan solo un mecanismo para desmontar las instituciones y los pesos y contrapesos políticos que requiere la democracia y para prohibir el derecho de huelga, imponer la censura y la pena de muerte para los adversarios. Los libios sienten que la riqueza petrolera del país no los ha beneficiado, que tienen servicios públicos pobres y una corrupción generalizada, los jóvenes no tienen oportunidades y las reformas políticas democratizantes nunca llegaron. La ira acumulada contra Gaddafi ha estallado por los cuatro costados. Como dijo un jefe de la tribu más importante del país: “Le decimos al hermano (Gaddafi) que ya no es un hermano, le decimos que se vaya del país”. Algo parecido empieza a murmurar la gente del hermano que tiene aquí.

(Confidencial/Nicaragua)

martes, 9 de noviembre de 2010

El país de las maravillas: Premios

La entrega del premio María Moors Cabot a Carlos Fernando Chamorro hace algunos días, me detonó recuerdos de mi infancia asociados a Pedro Joaquín Chamorro, entre ellos el ritual cotidiano en el que acompañaba a mi padre a escuchar sus editoriales 5 en punto, de Radio Mundial y que creo fueron semillas en mi primordial conciencia política de que algo tremendo y amenazante sucedía en Nicaragua. Igual me vinieron como en ráfagas las imágenes de Pedro refugiado en el Gran Hotel rodeado de tanques y de tropas tras la represión sufrida por una manifestación popular que repudiaba el continuismo de Somoza y terminó en masacre aquel 22 de enero de 1967. Imágenes de Pedro preso y demacrado; recibiendo el Premio Cabot en 1977 y a los pocos meses, las de un Pedro acribillado. Estuve también como joven veinteañera, entre la multitud indignada y doliente que se lanzó a las calles a protestar y acompañar su funeral, tragando lágrimas y los humos de aquellos incendios del pueblo enardecido. Ese PJCH que luchó toda su vida contra la dictadura que lo asesinó cuando apenas contaba con 53 años y era una gran promesa para un pueblo que nunca tuvo la oportunidad de elegirlo, está grabado en el corazón de todos. Que sea Carlos Fernando quien haya alcanzado la alta distinción otorgada por la Universidad de Columbia por segunda vez a un periodista de Nicaragua, es el reconocimiento internacional al coraje y calidad de un periodista, pero también de la continuidad del vibrante legado periodístico y político de Pedro en este país. Una doble honra para CFCH.

  • La apuesta por la innovación y la autonomía

Recuerdo haber leído en tiempos pre-insurreccionales un libro titulado “Reforma o Revolución”, entre cuyos autores se encontraba Carlos Fernando. Desde entonces para acá, su vida y su trabajo periodístico han sido inseparables de la historia nacional y las tensiones que han significado los términos revolución y democracia. Como director de Barricada, acometió la insólita tarea de construir un híbrido entre un órgano partidario para la movilización y un periódico de interés general y de buen periodismo. La contradicción entre agenda noticiosa vs agenda política oficial fue permanente. Sin embargo, remontando toda suerte de obstáculos y disuasivos, logró formar –y formarse- de aquellos militantes, buenos periodistas hasta que en 1991 el periódico conquistó su autonomía y se ejerció el periodismo bajo estándares de rigor profesional. Los lectores apreciaron el cambio y la diversificación de la agenda incrementó la circulación al constatar que estaban recibiendo una bocanada de aire fresco: el ladrillo revolucionario se había convertido en un foro público, que daba espacio a todas las dimensiones de la vida nacional y a la crítica. El experimento no le hizo ninguna gracia a Daniel Ortega, que a contrapelo de la anuencia de sus pares, se empeñó en mantener el medio como su aparato partidario, persiguiendo a Carlos, hasta que destruyó el periódico.

  • Un intelectual ante el poder

Donde CFCH ha sido constructor de democracia y del ejercicio de la libertad, Ortega ha sido un destructor de las mismas. Así, destruyó la inversión de 15 años hechos en Barricada y ahora, con su retorno al poder ha pretendido destruir esos otros 15 años invertidos en la construcción de medios independientes como quedó demostrado con el abusivo allanamiento de CINCO. Ortega, el destructor, no sólo acabó con el FSLN como institución política, sino que ha acabado con los cimientos de la democracia en Nicaragua y hasta consigo mismo, tal es su propia bancarrota moral. Decía Jean Paul Sartre que “un hombre no es nada sino es un ser que duda. Pero también debe ser fiel a una cosa. Un intelectual…es esto: alguien que es fiel a una realidad política y social, pero que no deja de ponerla en duda.” CFCH siempre ha tenido esa capacidad de ser fiel a la realidad de Nicaragua y de dudar de las verdades absolutas (por mucho que Ortega crea que la suya es palabra divina). Siendo “hereje por vocación” como diría Bobbio, asumió que su responsabilidad era denunciar la mentira y aportar una visión crítica, cuyo poder radica en su propia autonomía y en una cultura basada en la universalidad de la razón, que presupone que todos los temas admiten la comunicación, el debate y el diálogo. Es por eso que CFCH emerge de estas tres décadas como conciencia crítica de la sociedad y defensor de las libertades y derechos de sus conciudadanos contra los abusos del poder. Algo que no soporta la mediocridad y el autoritarismo gobernante de ayer y de hoy.

  • Contra la censura y la autocensura

Con todo el bagaje político y la experiencia profesional acumulada, se fundó CINCO como un centro de pensamiento crítico y los espacios mediáticos desarrollados por CFCH en televisión, prensa, radio e Internet. Todos ellos comprometidos con la construcción de un estado democrático y una sociedad civil autónoma e informada, para garantizar la rendición de cuentas del poder. El periodismo investigativo y la reflexión, han marcado el quehacer de Carlos Fernando así como de todos los equipos de trabajo que hemos resistido juntos todas las formas de intimidación y hostigamiento, denunciando la corrupción de los sucesivos gobiernos y del sector privado, tanto como el desmantelamiento de las instituciones, las usurpaciones, los fraudes electorales y las violaciones a las leyes, pero también trabajando por mejorar la oferta informativa y la rendición de cuentas de los medios a los ciudadanos. La impronta de Carlos es actuar contra la censura y la autocensura, investigar la información que otros esconden y niegan al público, contar buenas historias, sentir indignación ante los abusos y amar este riesgoso pero a la vez gratificante trabajo de buscar la verdad y tener el coraje para decirla. Esa es la escuela de periodismo de CFCH y el aporte que le reconoce el Premio Cabot y que nos honra a todos.

(Confidencial/Nicaragua)

viernes, 1 de octubre de 2010

El país de las Maravillas: La corte de los milagros

Prodigios y conjuros

Atrapado entre la obsesión reeleccionista y los efectos desastrosos de la lluvia, Daniel Ortega ha recurrido a “refundir” la Constitución, convocar a una sesión ilegal de la Asamblea y a hablar con el propio Dios, para que no quede dudas que él como su majestad divina, es omnipresente (está en todos partes), es omnipotente (puede hacer lo que le da la gana) y es omnisciente (sabe todo). Su consorte, que preside el Ministerio de la Magia aseguró -teniendo como testigos a una bancada de reverendos evangélicos y a un cardenal católico de planilla- que “Dios nuestro Señor opera milagros porque desde el jueves pedíamos que este fenómeno que nos amenazaba (el huracán) se desviara”. Algo perfectamente normal dado que según afirmó “Nicaragua es un país donde se producen milagros y prodigios todos los días”. Casi podía oírse en el fondo los arpegios de cítaras y arpas cuando Ortega en el momento cumbre alzó en su mano la Biblia y contó que había pedido a Dios que alejara la tormenta. Dicho y hecho: “Dios mandó a desaparecer el huracán”, dijo Ortega, lo que provocó las exclamaciones y el aplauso de los pastores que le hacían coro. Tras estas declaraciones se espera que renuncie el director de INETER y se denuncie la meteorología como una falsa ciencia por haber mostrado en la tele con anterioridad la ruta de desvío del huracán, desmintiendo el milagro. Pero sobre todo, por dejar en entredicho el conjuro “¡Meteolojinx recanto!” usado por Harry Potter y lanzado con disimulo por la primera dama para desviar al Matthew.

Indulgencias y bendiciones

Si Martín Lutero hubiese visto al grupo de líderes protestantes (¿?) usando la Biblia y el huracán de pretexto para vender indulgencias para el continuismo de Ortega en el poder, seguramente les hubiese hecho tragar sus 95 tesis contra el abuso y la avaricia. La indulgencia era el perdón de los pecados por la iglesia, a cambio de dinero que se colectaba tras contemplar reliquias “santas”. Así, se mostraban frascos con la leche de la Virgen María, paja del pesebre del niño Jesús y hasta el cadáver de un bebé masacrado por Herodes en la iglesia de Wittemberg, misma donde un indignado Lutero clavó su protesta. Era tal el negocio que se decía que “tan pronto como una moneda en los cofres suena, un alma del purgatorio escapa de su pena”. Ante semejante estafa, Lutero mandó a los Papas al carajo y dijo que de ahí en adelante, lo único que valía era la Biblia y la fe en Cristo, declarando que “el tiempo de los milagros ha pasado”. Algo de lo que al parecer no se han enterado ni Ortega ni los reverendos, quienes le dieron sus `bendiciones’ a cambio del respaldo oficial y privilegios: títulos de propiedad de los templos, un “parque de la Biblia” y 25 mil biblias de regalo. Como diría el artífice de la Reforma: “La superstición, la idolatría y la hipocresía cuentan con grandes salarios, la verdad es mendiga”.

Dementores y simonías

Se ha dicho que la magia es el arte de efectuar prodigios por medio de sortilegios y que la magia se halla en todas las religiones, en forma de milagro. De ahí que Daniel y su consorte no tengan ningún problema en ir y venir de la magia a la religión, siendo que la principal diferencia entre ambas según Durkheim es que la religión tiene siempre una iglesia, mientras que el mago trabaja para sí mismo. En el caso de nuestro presidente, más que en la categoría de mago entraría en la de Dementor esa criatura viscosa y oscura, guardián de la prisión de Azkaban, que absorbe la esperanza y la alegría de la gente y persigue implacablemente a Harry Potter. Mala cosa esta de que los pastores evangélicos no hayan aprendido nada de la experiencia de Simón el Mago –de donde deriva la palabra simonía- que quiso comprar a los apóstoles el poder de transmitir el Espíritu Santo y que significa un verdadero beso del Dementor pues deja a la persona sin alma y sin prestigio (sólo basta ver como quedó el cardenal). Les tocaba pues haber respondido como el apóstol Pedro: "vaya tu dinero a la perdición y tú con él pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero” o al menos, repelerlo con el encantamiento de Harry Potter: “¡Expecto Patronum!”

Pentecostalismo orteguista

Que Daniel Ortega afirme que mantiene una biblia en su cuarto para “consultarla permanentemente” y haya leído el Salmo 91 es cosa increíble hasta para una saga potteriana y sólo comprable por crédulos o tartufos. Se trata de una oración de protección que exhorta a tomar a Dios por refugio y si uno lo hace, será guardado por el cielo, librado de los poderes de las tinieblas, cuidado por ángeles y triunfará sobre los enemigos. La parte que le repica al señor presidente es la que dice: “No temerás los miedos de la noche, ni la flecha disparada de día, ni la peste que avanza en las tinieblas, ni la plaga que azota a pleno sol. Aunque caigan mil hombres a tu lado y diez mil a tu diestra, tu permaneces fuera de peligro; su lealtad te escuda y te protege”. Con este salmo, que a mi me suena como a la Oración del Puro que invocan delincuentes y ladrones, Ortega abrió la rogativa que -como en una corte medieval- se realizó con los predicadores para alejar la tormenta. Como la biblia es la palabra de Dios y “nuestro presidente la tiene” según dijo un pastor, entonces está salvo por la magia de la fe de estos pentecostales y se “sacraliza” la política del poder. No sé por qué esto me recuerda aquello que dijo Jesús a sus discípulos: “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las huellen con sus patas, y volviéndose os despedacen”.

(Confidencial/Nicaragua)