En vez de carta: Lo bueno, lo malo y lo feo del 2017

Los personajes negativos del 2017 (en orden alfabético):
  1. Nayib Bukele. Aprovecha las frustraciones de la gente con la política para su plataforma personal de anti política.
  2. Sherman Calvo: Boicoteó que en ARENA se establezca la juventud como motor de la renovación. Trata de imponer a su partido su agenda conservadora.
  3. Guillermo Gallegos. Insiste en la pena de muerte, y como no hay mayoría que lo apruebe, promueve la campaña de exterminio.
  4. Milagro Navas. Quiere asumir por doceava vez la alcaldía de Antigua Cuscatlán. Es el mayor obstáculo para el releve en ARENA.
  5. Mauricio Ramírez Landaverde. Promovió la militarización de la PNC.
  6. Salvador Sánchez Cerén: Su falta de liderazgo hace imposible que el gobierno enfrente las crisis de seguridad y la fiscal.
Los personajes positivos del 2017 (en orden alfabético):
  1. Alfredo Atanacio Cader. Se convirtió en el embajador del emprendedurismo.
  2. Rodrigo Bolaños. Construye en League El Salvador un modelo empresarial que apuesta a conciliar la productividad con inclusión y educación.
  3. Ron Brenneman. Construye en Perquín/Morazán un modelo educativo innova TiVo que el Estado no es capaz de generar.
  4. Javier Simán. Convierte las elecciones internas de un trámite para cumplir con un requisito legal en un ejercicio real de democracia interna.
  5. Johnny Wright Sol. Asume el reto de enfrentar las frustraciones de la gente con la política para detener la tendencia a la anti-política.
  6. Juan Valiente. Demostró que un político puede poner la ética encima del interés personal de reelección.
Los fracasos del 2017:
  1. La gestión de Douglas Meléndez al frente de la Fiscalía General. Lleva casos emblemáticos al terreno mediático a costa de la sostenibilidad de las acusaciones.
  2. La elección de la Corte de Cuentas. La Asamblea se negó a adoptar un método profesional y transparente para elegir magistrados.
  3. El Ministerio de Justicia y Seguridad. Fracasó con su plan de Seguridad; abandonó el principio de la supervisión civil de la policía; eliminó los últimos restos del Ministerio de Justicia.
  4. La política energética de CEL. Hizo mega inversiones sin aumentar la capacidad de generación de energía.
  5. El presupuesto para el 2018. Aunque al final de las negociación interpartidaria saldrá un presupuesto equilibrado, otra vez el país no tendrá un presupuesto que redefine las prioridades de la inversión social.
Los éxitos del 2017:
  1. El Centro de Estudios Jurídicos. Logró provocar un debate serio sobre las fallas en el sistema de elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia.
  2. La reforma de pensiones. No es ideal, no es completa. Pero alivió la crisis fiscal, cerró la puerta a la confiscación de los fondos de los cotizantes, y aseguró el pago de pensiones que toca el Estado.
  3. El involucramiento directo del Fondo Monetario Internacional en las negociaciones sobre un acuerdo fiscal no ha producido acuerdos, pero ha abierto por primera vez un esquema técnico y una agenda para llegar a resultados.
  4. El Teatro Luis Poma bajo dirección de Robby Salomón. Consolidó un teatro profesional, apoyando a producciones independientes y llenando el vacío que deja la política cultural del Estado.
  5. Sobrevivimos.
Saludos,
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(MAS! / El Diario de Hoy)



 

Columna Transversal: “Las masas se refugian en la ficción“: Entrevista ficticia con Hannah Arendt.

Hannah Arendt, la gran dama de la teoría política del Siglo XX, alemana de origen judío, publicó en 1951 el libro que la hizo famosa: Los Orígenes del Totalitarismo. Parece ser un análisis muy actual de fenómenos como el ascenso al poder de Trump, la nueva derecha francesa, el populismo de izquierda de Podemos en España, o el éxito de izquierdas autoritarias en América Latina.
Un colega alemán, Constantin Wißmann, cometió un plagio genial: Construyó con textos publicados por Hannah Arendt hace 66 años sobre el totalitarismo una entrevista sobre los peligros de hoy. Yo cometo, entonces, un doble plagio: adapto el plagio de Wißmann a temas criollos.




¿Cómo explicarnos que en un país democrático alguien como Trump pudo llegar a la presidencia?
Movimientos totalitarios pueden surgir, cuando existen masas que de repente demandan representación política – masas que no tienen la cohesión de intereses comunes, ni conciencia de clase, demasiado indiferentes a los asuntos públicos para tener cabida en partidos, ni sindicatos, ni gremios. Estas masas incluso pueden constituir la mayoría, pero en tiempos normales se mantienen políticamente neutrales. Votan en elecciones, pero no se afilian a partidos. Pero de repente, en tiempos de crisis, pueden aparecer movimientos de vocación totalitaria que logran movilizar estas masas.

Hoy los llamamos movimientos populistas o de anti-polí
tica. ¿Por qué los partidos tradicionales no logran absorberlos?
(De acuerdo, voy a usar estos términos del Siglo XXI). El sistema parlamentario de partidos se encuentra en declive desde finales del Siglo 19. El fenómeno que cualquier grupo que nazca fuera del parlamentarismo y con un programa más allá de intereses de clases y partidos tiene posibilidades de hacerse popular, tiene más de 100 años. Dicen representar el bien común y estar capacitados de administrar al Estado mejor que el sistema partidario, pero es una ilusión. Dicen querer superar los intereses múltiples y contradictorias que operan en una sociedad de clases, pero buscan imponer su interés particular: el poder, el control dictatorial del aparato del Estado.

¿Y los partidos no saben enfrentar esta situación?
Los movimientos populistas, sean de derecha o de izquierda, reclutan a sus seguidores de aquella masa compuesta por sectores aparentemente no interesados en la política, los cuales son descartados por los partidos como demasiado estúpidos y apáticos. El éxito masivo de estos movimientos desarma dos ilusiones esenciales de las democracias. La primera es que todos los habitantes de un país son ciudadanos con un interés activo en los asuntos públicos, y se sienten representados, incluso si nunca votan. Estas masas políticamente indiferentes pueden constituirse incluso como mayoría en una democracia.

La segunda ilusión es que estas masas siempre se mantendrán neutrales y pasivos. Las profundas sacudidas que movimientos populistas provocan demuestran que las democracias partidarias requieren de la tolerancia silenciosa de todos los inactivos. Dependen del consentimiento inarticulado de las masas, igual que dependen del carácter articulado de sus instituciones.

¿Por qué razones se rompe este consentimiento?
Con el rompimiento de la estructura de clases, las mayorías apáticas que antes dieron respaldo pasivo a los partidos, se convierten en una masa no estructurada de individuos llenos de resentimientos y odio, unidos solamente por la percepción de que los políticos, que antes representaban la sociedad y fueron respetados como líderes, en realidad son bufones al servicio de los poderes fácticos. Estas masas resentidas crecieron en Alemania luego de la Primera Guerra Mundial, en una situación de desempleo masivo e inflación. Fueron recogidas y movilizadas por los comunistas y los nazis.

¿Usted dice que lo que moviliza estas masas es el odio a las élites?
La propaganda de los populistas, descifrando bien este ánimo de las masas, pone en el centro de su agitación los temas que la opinión pública y que los partidos tradicionales tratan de silenciar. Las masas engañadas, en su inocente ignorancia, creen fervientemente que hay verdades que el sistema partidario y los gobiernos esconden.

¿Por qué estas masas apoyan movimientos que también tratan de seducirlas con promesas? ¿Por qué no desconfían de ellos igual que de los partidos tradicionales?
Son personas que nunca antes estaban en el escenario político. Esto facilita la introducción de un método nuevo de propaganda política: cubrir con silencio los argumentos de sus adversarios. Estos movimientos reclutan a sus seguidores entre quienes nunca han sido parte de este sistema. No tienen que preocuparse de convencer, porque convencer presume que antes existían opiniones diferentes. Parten de la premisa que sus seguidores no tienen nada en común con los demás ciudadanos, e interpretan todas las diferencias de opinión con el establishment como diferencias inamovibles de carácter social, étnico o sicológico, más allá de la racionalidad y las opiniones individuales.


Lo único que perciben estas masas del mundo real son sus puntos ciegos, o sea los temas que el sistema quiere callar, y los rumores que no enfrenta públicamente, porque sabe que tocan, aunque en forma pervertida, puntos reales y vulnerables. De estos puntos extrae la propaganda populista aquel mínimo de verdad que necesario para construir puentes de la realidad hacia la ficción. Por donde sea que encuentran puntos que el sistema trata de esconder, la propaganda gana la apariencia de realidad. Escándalos en la alta sociedad, corrupción política, y todo lo que aporta la prensa amarillista proveen a la propaganda populista armas.

A partir de Donald Trump surgieron en el debate político los términos “post truth” y “realidad alternativa”…
Para sostener una realidad ficticia, se requiere de un sistema de engaño más “coherente”. Los movimientos populistas dan consistencia a la mentira, volviéndola gradualmente parte estructural de su organización.

¿Cuál es el papel del líder en esta construcción de la realidad alternativa?
El arte del líder consiste en identificar, dentro de la realidad, los elementos idóneos para su ficción, y en usarlos de manera que quedan aislados de cualquier experiencia comprobable, hasta que ya no sean sujetos a racionamiento. Surge una experiencia independiente del sentido común y libre de su contexto original. Con esto se construye una coherencia, con la cual la realidad no puede competir.

Por ejemplo, la fábula de la “conspiración mundial judía” se convirtió en la ficción más eficiente de los nazis en su camino hacia la toma del poder. Solo fue posible, porque todos los partidos establecidos se negaron a tematizar “el problema judío”.

¿El sentido común no logra desarmar las realidades alternativas?
Los populistas logran evocar una realidad alternativa que sirve mejor a las necesidades anímicas de las masas que la realidad que viven; un mundo, en el cual las masas pueden sentirse mejor, y en la cual evaden los terremotos que la vida real les genera. Este refugio en la ficción les da la apariencia de autoestima y dignidad que la vida real les niega. La obsesionada ceguera corresponde a la alienación en un mundo marcado por caos y desastres que la gente no quiere enfrentar. La rebelión de las masas contra el realismo del sentido común es resultado de una atomización que hizo perder a la gente su estatus dentro de la sociedad. Solo donde el sentido común ha perdido su vigencia, el populismo puede triunfar.

¿La gente querrá que le mientan? ¿O cómo podemos explicar que populistas como Trump, Pablo Iglesias, Marine Le Pen o Nayib Bukele tienen tantos seguidores?




La mezcla fatal de ingenua credulidad y cinismo surge donde la gente, en un mundo cambiante que no logra entender, se las arregla a creer todo y nada, convencida que todo es posible y nada es verdad. El populismo constituye exitosamente un público masivo dispuesto a aceptar todo, por más improbable que sea, pero al mismo tiempo no se sentirá defraudado cuando se comprueba el engaño, porque ya llegó a la conclusión que en última instancia cualquier afirmación es mentira.

Pero entonces, ¿cómo hacen los líderes populistas que las masas les creen a ellos?
No necesitan que les crean. Lo único que necesitan es que las masas ya no crean a ninguna de las instancias del poder establecido.
Esta entrevista es también ficción. Hannah Arendt, nacida 1906 en Alemania, murió 1975 en New York. Todas sus respuestas son tomadas de su libro “Los orígenes del totalitarismo”, publicado en 1951, con algunas pequeñas ediciones para facilitar el flujo de la conversación. No todas las citas corresponden a las que escogió Constantin Wißmann, a quien estoy plagiando el plagio de Hannah Arendt. El único cambio atrevido que he hecho es sustituir la palabra “totalitario” por “populista”.
Paolo Luers
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Carta al director general de la PNC: No se vale.

Estimado Howard:
No quería tocar hoy, entre Navidad y Año Nuevo, un tema tan duro como las “medidas extraordinarias”. Pero como decidiste en esta fecha amargarnos las vacaciones anunciando que el gobierno busca transformar las “medidas extraordinarias temporales” en ley ordinaria y permanente, ni modo, hay que entrarle al tema.

Vale la pena recordar qué significan las ¿medidas extraordinarias”, que ustedes solicitaron hace 2 años a la Asamblea y luego consiguieron que se prorrogaran. Significa un Estado de Excepción parcial, vigente en los 6 penales donde guardan prisión pandilleros: Zacatecoluca, Ciudad Barrios, Gotera, Chalatenango, Quezaltepeque, e Izalco. La característica de un Estado de Excepción es que, ante una emergencia que de otra manera el gobierno no puede atender, se suspendan temporalmente derechos y garantías otorgados por la Constitución y las leyes. La única justificación jurídica y ética de un Estado de Excepción es que sea temporal, y que durante su vigencia se resuelva la emergencia. Ustedes no la han resuelto, y en vez de cambiar sus políticas, piden un Estado de Excepción permanente.

Luego de 2 años de vigencia temporal, viene usted y revela que el gobierno quiere que la Asamblea convierta este Estado de Excepción en permanente y ordinario. Esto, señor director, rompe el orden constitucional. No soy el único que lo señala, lo sentenció con toda claridad el Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

Dos años de aplicación de las “medidas extraordinarias” han tenido como resultado un dramático
deterioro de salud en la población de los 6 penales afectados. Hay epidemias de tuberculosis, porque ustedes suspendieron el derecho a la salud: el hacinamiento de más de 300% se agravó con el encierro total, la negación absoluta de acceso a aire y sol. Igualmente está suspendido, de manera absoluta y ya por 2 años, el derecho a preservar los vínculos familiares, y seriamente limitado el derecho a la defensa. Están suspendidos los derechos a información, acceso a libros, cursos educativos y ejercicio religioso. Lo más grave: Entre los 14,000 internos afectados, 5,000 (o sea 35%) son detenidos provisionales sin condena. Someter a 5,000 personas no vencidas en juicio a medidas que suspenden sus derechos fundamentales, es doblemente inconstitucional.

Al existir una emergencia nacional, se puede suspender derechos temporalmente y bajo estricta vigilancia de jueces – pero solo cuando el gobierno hace todo lo necesario para superar la emergencia que hizo necesario el Estado de Excepción. Ustedes no cumplieron esta segunda parte. Por esto piden lo inadmisible: convertir el Estado de Emergencia en nueva norma constitucional.

De paso: Que esta iniciativa la tome el director de la policía, a quien no le toca diseñar políticas de justicia y seguridad, es una aberración. O más bien la aberración es que no tenemos un ministerio civil encima de la PNC. Es como si el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Armada, y no el ministro o el presidente, declarara la guerra. Adonde esto nos lleva, ya lo sabemos…

Saludos,

44298-firma-paolo
(MAS! / El Diario de Hoy)


Carta a los que quieren ser diputados: Denme una razón para elegirlos

Estimados candidatos:
Ya pasó navidad. Todos hablaron de amor, paz y alegría, unos más cursi que otros. Les queda una semana de vacaciones. Espero que las estén aprovechando para reflexionar qué quieren aportar al país – y cómo nos van a convencer. El 3 de febrero comienza oficialmente la campaña: dos meses para darnos alguna razón de votar por ustedes.

Los que tienen trayectoria o nombres conocidos, y por tanto fueron colocados en “posiciones seguras” en las listas, dirán: “La mayoría votará por bandera, o sea por mi partido, de todas formas entro…”

No estén tan confiados.
Cada vez crece el porcentaje de ciudadanos que votan selectivos, por cara. Y ser más conocidos conlleva un riesgo: Les conocemos sus mañas, mentiras, viajes, y votaciones oportunistas – y los podemos castigar. Y los otros, los desconocidos y puestos de relleno en las listas, ¿cómo piensan sustituir a los actuales diputados, si hasta ahora no nos han dado ninguna razón de pensar que harán las cosas de manera diferente?

Yo voy a votar por cara, no haciendo caso a las listas de los partidos. Además concentraré mi voto en los pocos que realmente me convencen. Si la votación fuera mañana, marcaría solo a las caras de 3 candidatos: uno de los no partidarios, y dos partidarios. Todos los demás, de los 249 candidatos de San Salvador, o los descarto porque los conozco, o me son desconocidos.

No creo que soy la gran excepción. La mayoría de la gente con la cual hablo no tiene idea por quiénes votar. Y tampoco votan por partidos.

Pero para esto tienen dos meses de campaña. Todavía hay tiempo para convencernos.

Hay quienes dicen que nadie se convence mediante propuestas, y que la decisión electoral es más bien emocional. Y hay otros que queremos escuchar argumentos y propuestas. Sea como sea, estamos pendientes que nos den razones emocionales o racionales para darles o negarles el voto. Y no nos vengan con generalidades como “voy a ser transparente”, o “tenemos que cambiar el rumbo”, o “tengo una visión”. Tienen que ofrecernos algo más para evaluar sus conocimientos, su capacidad, y su carácter. Tampoco se resuelve con las fotos navideños que han puesto en Facebook, o con que siempre aparezcan a la par de su candidato presidencial preferido.
Los observaremos por 2 meses. Y si no los vemos,
o si lo que vemos no nos satisface, olvídense de su curul. 
Saludos,

44298-firma-paolo

(MAS! / El Diario de Hoy)