Carta a un agente de la PNC

Estimado amigo:

Yo sé que vos se sentiste horrible cuando te tocó acompañar la marcha de los pandilleros. Lo leí en tu cara. No hubiera querido estar en tus botas este día...

No sé cómo tus jefes te han explicado la situación. ¿Cual era la misión? ¿Proteger a los pandilleros contra la rabia de los ciudadanos o cuidar para que no asalten a ningún cristiano?

¿O les han dado instrucciones de filmar la marcha, cara por cara? ¿Cuántas ordenes de captura habrán desfilado este día bajo la mirada frustrada de los policías y de los vecinos?

¿Qué te han dicho las señoras de las ventas que vieron marchar a los pandilleros que les cobran la renta?

¿Y viste los carteles que llevaban? Exigiendo que se les mantenga el derecho de visita íntima. Vos sabés mejor que yo que uno de los grandes negocios en las cárceles es que les llevan putas para la visita conyugal, cada semana otra.

¿No te dio vomito escuchar a los pandilleros hablar de derechos humanos y garantías constitucionales? ¿O llevar pancartas escritas en oficinas de estudios legales?

Yo sé que vos tenías ganas de ponerles un cerco, revisarles el DUI a cada uno, y arrestar a los que llevan orden de captura. No se pudo. Hay que acatar órdenes.

Tal vez la próxima vez.

Saludos, Paolo Lüers

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El plan que nadie conoce

Hoy sí es para preocuparse. Aunque nos causa mal de estómago, ya nos habíamos acostumbrado a la extraña idea de un plan nacional de Seguridad que no conocemos, pero del cual mucho se habla. Pero ahora, en una entrevista de televisión, el Fiscal General Romeo Barahona, confesó que tampoco conoce el plan. O sea, el muy Fiscal General de la República no sabe más que cualquier otro pelón de aquel asunto que el ministro de Seguridad llama “una política de Estado, construida colectivamente, una política integral” (citado de la página Web de Casa Presidencial).

A los que tenemos la tendencia a dudar (y no conceder con facilidad el beneficio de la duda), ya nos pareció sospechoso el tortuoso proceso de ‘consultas’ que el presidente y su gabinete de seguridad pusieron en escena durante una semana completa. Hablando con varios de los convidados, se confirmó que no fueron consultas, sino presentaciones publicitarias: un día a los empresarios, otro día a los alcaldes, luego a los jueces, después al ‘movimiento social’, finalmente a los diplomáticos...

Ahora resulta que el Fiscal General de la República, a quien la Constitución pone al frente de la investigación y persecución penal, no ha tenido ninguna vela en este entierro. El jefe de la fiscalía ha sido ‘consultado’ como cualquier periodista, cualquier alcalde o cualquier dirigente de una organización de homosexuales que representa frente al ‘gobierno de la unidad nacional’ al ‘movimiento social’...

Era obvio que todas estas reuniones, por muy largas que hayan sido, no eran para consultar, mucho menos para “construir colectivamente una política del Estado”, como nos trata de vender el ministro Melgar. Estas asambleas eran para que nos cuenten. Lo que no es muy cortés, pero talvez no es tan grave, en el caso del alcalde de la isla de Meanguera o del director de una ONG de Medio Ambiente. Pero sí en el caso del Fiscal General de la República es muestra de una gravísima falta de voluntad (o capacidad) de “construir colectivamente.”

Si ahora nos cuenta el Fiscal General que su institución no ha participado en la elaboración del Plan de Seguridad, y que incluso hasta la fecha no lo conoce en su totalidad, significa que no hay plan. Así de simple. Por lo menos no hay plan que sea ‘integral’, ni mucho menos ‘del Estado’. Sospecho que todo lo que hay es un plan mediático.

Un plan es una cosa puesta en papel que explica qué se va a hacer, con qué objetivos, con qué fondos, con qué métodos, con qué plazos, bajo la responsabilidad de quién y con qué mecanismos de control y evaluación.

Un plan de este tipo, para volverse ‘del Estado’, tiene que ser resultado de un esfuerzo conjunto de las diferentes instituciones del Estado competentes. Si son instituciones independientes del poder ejecutivo, como la fiscalía y el órgano jurídico, no es suficiente que les cuenten, tienen que consensuar con ellos.

En este caso, a todos les han contado, y ni siquiera todo el cuento. Cuesta imaginarse que el Fiscal General de la República, a esta altura, no tenga el plan completo en sus manos. Sólo hay dos explicaciones: O no confían de una institución y su titular que no está bajo control del ejecutivo, o no hay plan que resista una revisión por parte del Fiscal General. Ni siquiera un plan parcial del ejecutivo.

(El Diario de Hoy)

Carta al Fiscal General de la República

Estimado Lic. Romeo Barahona:

Hoy sí estoy asustado. Aunque nos causa mal de estómago, ya nos habíamos acostumbrado a la extraña idea de un plan nacional de Seguridad que nadie conoce, pero del cual se habla mucho. Pero hoy en la mañana, en una entrevista suya en televisión, me doy cuenta que ni siquiera usted conoce el plan. O sea, el muy Fiscal General de la República no sabe más que cualquier otro pelón de lo que el ministro de Seguridad llama “una política de Estado, construida colectivamente, una política integral” (citado de la página Web de Casa Presidencial).

Ya me pareció sospechoso el tortuoso proceso de ‘consultas’ que el presidente y su gabinete de seguridad pusieron en escena durante una semana completa. Que al final no fueron consultas, sino presentaciones publicitarias: un día a los empresarios, otro a los diplomáticos, otro día a jueces, otro al ‘movimiento social’, otro a los alcaldes.

Ahora resulta que usted, como Fiscal General, no ha tenido ninguna vela en este entierro. Ha sido ‘consultado’ como cualquier periodista, cualquier alcalde o cualquier dirigente de una organización de homosexuales, representando al ‘movimiento social’ y las ONGs...

Era obvio que estas reuniones no eran para consultar, mucho menos para “construir colectivamente”, como nos trata de vender el ministro Melgar. Esta asambleas eran para que les cuenten. Lo que talvez no es tan grave en el caso del alcalde de la isla de Meanguera o del director de una ONG de Medio Ambiente. Pero sí es gravísimo en el caso del Fiscal General de la República.

Si Usted nos cuenta que como Fiscalía no han participado en la elaboración del Plan de Seguridad, y que incluso hasta la fecha no lo conocen en su totalidad, significa que no hay plan. Así de simple. Por lo menos no hay plan que sea ‘integral’, ni mucho menos ‘del Estado’.

Sospecho que todo lo que hay es un plan mediático. Y sigue la improvisación...

Paolo Lüers

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Carta a mis colegas periodistas de deportes

¿Qué les pasa, colegas?

En Vancouver terminaron unos Juegos Olímpicos - y aquí ni nos dimos cuenta que empezaron, porque en los periódicos y noticieros simplemente no tuvieron lugar.

Los salvadoreños no han podido ver las batallas de hockey sobre hielo. No se han podido enamorar de la belleza de las parejas chinas de patinaje sobre hielo. No se nos paró el corazón viendo la audacia de los hombres voladores suizos, porque nadie transmitió el salto de esquí. No vimos como las chicas alemanas desafiaron las leyes de la gravedad en las carreras del eslalon alpino.

Okay, fueron olimpiadas de invierno, deportes del frío, de la nieve y del hielo. Son deportes que aquí no practicamos. Pero si esto fuera una razón válida, tampoco deberían transmitir en El Salvador el mejor fútbol del mundo. Porque este tampoco se practica en El Salvador.

Las carreras de patinaje de velocidad y de esquí alpino, las competencias de patinaje de parejas, y los saltos de esquí tienen una belleza universal. Esta bellaza la puede apreciar cualquiera, aunque nunca haya tocado la nieve. Para entender y amar el hockey sobre hielo no es necesario haberse deslizado sobre pistas de hielo...

Los Juegos Olímpicos de Vancouver han sido un espectáculo bellísimo. Un regalo de los países nórdicos para el mundo entero. Los salvadoreños se lo perdieron, por culpa de ustedes. ¡Qué lástima que nuestros medios son tan provincianos!

Me hubiera encantando poder compartir con mis compatriotas guanacos el dramatismo del esquí alpino y la belleza del patinaje. Lástima que aquí los editores de deporte no piensan más allá de la Liga Española...

Saludos, Paolo Lüers

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