Carta a Larry, el king derrotado de CNN

Dear Larry King:

Se terminó tu reinado, mejor andá a tu casa a descansar. It’s over. Tu carrera de 50 años terminó anoche, cuando entrevistaste a Hugo Chávez y te dio una gran revolcada. No hiciste otra cosa que prestar a Hugo Chávez, por media hora, la pantalla de CNN para decir lo que le dio la gana.

Y todo porque ya no sos periodista, sino un viejito cansado y prepotente que no se prepara antes de entrevistar. En periodismo, Larry, todavía es válida la regla: Si no estás preparado a enfrentar las respuestas, mejor no preguntés...

Anoche el king en CNN era Hugo Chávez, no vos. Te dejó el papel del tonto. El coronel estaba perfectamente preparado - y vos no. Se nota que de Venezuela y América Latina sólo has leído los titulares. No tenés idea de Venezuela y querés discutir con Chávez. Por eso la paliza de cantina...

¡Qué gusto le dio a Chávez desmontar al King de CNN! – y en las propias pantallas de lo que él siempre llama “la voz del imperio y de la mentira...”

¡Qué sonrisa de felicidad la de Hugo Chávez! Se tomó CNN - y no por asalto, sino porque una estrella senil le prestó las cámaras y los micrófonos sin ofrecer batalla...

Larry, con tus preguntas torpes y con tu total incapacidad de interrogarlo, lograste lo casi imposible: ¡Hacer que Hugo Chávez se vea coherente!

Para preguntar, primero hay que saber. Pero al gran King le vale un comino informarse antes de sentarse con Chávez. Como siempre, la mezcla de ignorancia con prepotencia, es peligrosa. Pero ya con senilidad, es fatal.

Go home, King, un coronel venezolano te hizo un golpe de estado.

Bye, Paolo Lüers

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Incertidumbre en Brasil

Si las cartas de los lectores a los diarios suelen ser un buen termómetro de la opinión pública, no cabe duda de que los brasileños se hallan como mínimo perplejos ante la actitud del Gobierno en el conflicto de Honduras, después de que la Embajada de Brasil en Tegucigalpa otorgara hospitalidad al presidente depuesto Manuel Zelaya. "Apoyo peligroso", titulaba su crónica, por ejemplo, Guilherme Luiz Leite en el diario O Globo. En el mismo diario, el analista político Merval Pereira se preguntaba si se está tratando de "una mediación o de una intervención".

En el Senado, que ultima el viaje de una comisión a Honduras, la discusión fue tan acalorada, incluso con insultos personales, que la sesión tuvo que ser interrumpida.

No sólo la oposición, sino también miembros de partidos aliados del Ejecutivo y hasta algún asesor de la Presidencia ven con preocupación el desarrollo de los acontecimientos en el país centroamericano. Existe el miedo de que la imagen de Brasil, una nación poco amiga de los conflictos, se vea dañada si se le cuelga la etiqueta de una actitud imperialista e intervencionista en los asuntos de otro país. Se teme, además, por la imagen misma del presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, que continúa contando con un apoyo popular del 81%.

Es cierto, como subrayó la ministra de la Casa Civil, Dilma Rousseff, que es un deber sacrosanto de la democracia acoger en una Embajada a quien esté sometido a persecución política.

Pero ¿y si la situación en la Embajada de Brasil en Honduras se agravara y hubiera muertos? ¿Qué haría el Gobierno de Lula? La prensa brasileña destacaba ayer el hecho de que quienes han sitiado la sede diplomática están negando alimentos a los funcionarios brasileños.

¿Mediación?

Lo único que no desea Brasil es participar directa o indirectamente en algo que pueda llevar a una guerra civil en Honduras. Aunque nadie niega a Lula el derecho a mediar en el problema. Se trata de un político experto, con una buena imagen internacional. Lo que se preguntaban ayer algunos políticos es si es necesaria y oportuna una mediación brasileña, cuando sigue vivo el proyecto de mediación del ex presidente de Costa Rica, Óscar Arias, que había sido en cierto modo aceptado tanto por Zelaya como por el presidente golpista, Roberto Micheletti.

Sin duda, Brasil se juega mucho en este asunto. Si el conflicto acabara solucionándose positivamente, sin duda sería una baza más en el haber de la diplomacia de este país y en especial de su presidente. De lo contrario, podría suponer, sin embargo, un inútil retroceso.

(El País, Madrid)

Juanes: Estamos aquí por la gente joven de Cuba





El martes la radioemisora WXDJ 95.7 FM El Sol sacó al aire una grabación inédita de una fuerte discusión que Juanes tuvo horas antes del concierto con autoridades cubanas frente a los elevadores del vestíbulo del Hotel Nacional.

En la grabación se escucha a Juanes increpar a una persona no identificada y le reclama por la vigilancia a que siente sometido desde que llegó a la isla el viernes.

"¡Esto se acabó, nos vamos ya! Estamos muy molestos, muy molestos, muy molestos. Vinimos a cantar a la gente joven de Cuba y por eso estamos aquí. Pero hemos encontrado una barrera muy fuerte y ¡esto se acabó!'', se escuchó decir a Juanes.

Su interlocutor le responde que "ha sido muy difícil para nosotros recibirlos'', pero Juanes sigue manifestando su inconformidad.

"Acabo de darme cuenta de que la persona que me sirve el desayuno y maneja mi taxi se apareció en el concierto y ahora está allí detrás tomando notas'' añadió Juanes. "Y yo no voy a volver a mi habitación''.

Según conoció El Nuevo Herald, en ese momento Tañón puso fin a la discusión, tomando a Juanes por un brazo y apartándolo del lugar. Entonces le pidió que continuara el concierto por el compromiso con la juventud cubana.

(El Nuevo Herald, Miami)

Carta a don Luis

Estimado papa Luis:

así lo llaman mis hijas adoptadas, sus nietas. Usted me mandó una carta, preguntando porqué yo, a quien conoció como compañero de lucha de su hijo que murió asesinado por la PN, he cambiado tanto.

No he cambiado, papa Luis. Sigo siendo el mismo que luchó por la democracia, contra la represión, contra la censura. Pregunte a sus nietas y espero que le van a decir: “Ya no anda con bandera roja, pero es el mismo que adoptamos de papá cuando éramos chiquitas...”

Yo sé que usted no puede abandonar la bandera del Frente, porque sería como quitarle sentido a la muerte de su hijo que murió resistiendo torturas. Lo entiendo y respeto.

El padre Rogelio, hoy párroco de Perquín, dijo una frase hermosa en el último encuentro de veteranos de la guerrilla: “Al terminar la guerra nos costó años a aprender que no todos que estábamos de un lado éramos buenos, y no todos que estaban del otro lado eran malos...”

Para mi, don Luis, la paz significa que los buenos de los dos lados, los demócratas, los tolerantes, los que detestan el autoritarismo y aman la libertad, trabajemos juntos para construir el país que queremos.

Yo le aseguro, don Luis: No he cambiado. El país ha cambiado. La derecha y la izquierda han cambiado. Para ser fiel a sus ideales, uno ya no puede ser amigo de toda la izquierda y enemigo de toda la derecha. Ni mucho menos al revés...

Lo que yo escribo, aunque sea en los periódicos que usted llama ‘de derecha’, sigue motivado por el deseo de construir una izquierda democrática que reforme el país.

Su amigo u admirador Paolo Lüers

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Mystery in Honduran Leader’s Return

MEXICO CITY — He is the most wanted man in Honduras, with a face and black bushy mustache known to every soldier, police officer and border guard in the land. So as the political standoff in Honduras entered a surprising new chapter, the big question Tuesday was how in the world Manuel Zelaya, the deposed and exiled president, managed to sneak back into his country undetected.

In a car trunk? With the help of loyal soldiers? In a disguise? Under the protection of other countries? Every option was being considered and debated in Tegucigalpa, where the population is very much divided on Mr. Zelaya.

His unexpected appearance at the Brazilian Embassy on Monday certainly surprised the government that ousted him nearly three months ago and had vowed to arrest him on 18 charges if he dared return. After initially denying that Mr. Zelaya had come back, the government was forced to send soldiers and police officers on Tuesday to disperse thousands of Zelaya backers who defied a curfew and massed outside the embassy for a glimpse of their erstwhile leader.

That Mr. Zelaya wanted to return was no secret. He buzzed the capital in a small plane on July 4 and stepped several feet across the border later that month from Nicaragua, to the delight of his supporters. In both instances the Honduran military stopped him.

How he did so this time and, even more important, whether his presence will help resolve the standoff in his country, are the subject of fierce debate.

“Everyone has been working hard to reach a peaceful resolution to this crisis,” said a senior State Department official, when asked about Mr. Zelaya’s reappearance. “Zelaya’s return was unexpected, and for him to do this without consulting those parties certainly was not helpful. That said, it’s a reality and it could have the effect of forcing people to make decisions they have avoided making — or it could cause the situation to destabilize.”

Roberto Micheletti, the de facto president, promised not to storm the Brazilian Embassy, where Mr. Zelaya, in his trademark white cowboy hat, and dozens of friends and family members are now trapped. However, the government did cut off water, electricity and telephone service to the building.

But he appealed Tuesday to the international community for dialogue to resolve the crisis, which began June 28 when the military, the courts and the legislature decided that Mr. Zelaya had violated the law by scheming to extend his term beyond that allowed in the Constitution, and therefore had to go. But despite worldwide condemnation of Mr. Zelaya’s removal, Mr. Micheletti has refused to cede power. Elections are to be held Nov. 29 to choose a new president, but many countries have said they will not recognize the results and that Mr. Zelaya must be allowed to serve out his term.

From inside the Brazilian Embassy, Mr. Zelaya described his return to reporters as an arduous 15-hour slog that required trekking through the mountains and navigating back roads in buses, cars and trucks to get around military checkpoints. He said he was helped by a Honduran citizen, whom he refused to name.

“They didn’t realize when I entered,” Mr. Zelaya said on Honduran radio. “I mocked them.”

Various reports have emerged of Mr. Zelaya’s convoluted journey, which may have involved the help of other countries. After initially insisting that Mr. Zelaya was not in Honduras at all but was in a luxury hotel in Nicaragua, Mr. Micheletti said he had learned that the ousted leader had gone through various Central American countries, apparently in an effort to disguise his movements, before entering Honduras.

At the border town of El Amatillo, just across from El Salvador, a Honduran immigration agent working the evening that Mr. Zelaya entered the country said she did not see him. “But there are a lot of moutain passes where he could have crossed,” she said.

The Spanish newspaper El País, citing an unnamed Salvadoran official, reported that Mr. Zelaya was a passenger on a Venezuelan plane that landed without authorization on Sunday night in El Salvador. He was met, it said, by a car belonging to the Farabundo Martí National Liberation Front, the Salvadoran governing party. Both Venezuela and El Salvador have leftist governments sympathetic to Mr. Zelaya.

Where Mr. Zelaya went next, though, no one seemed to know.

The Honduran military denied that his return was a major security breach. “Military intelligence did not fail,” Adolfo Lionel Sevilla, the de facto defense minister, told El Heraldo, a Honduran daily newspaper. He added cryptically, “Everything can’t be publicized because it would create anxiety.”

One worry is that some members of the Honduran military loyal to Mr. Zelaya may have aided in his return. “There is a certain amount of concern among Hondurans about how Zelaya got into the country,” said Christopher Sabatini, editor of Americas Quarterly, a New York academic journal. “It’s hard to imagine that he could get in without some cooperation from the military. And Micheletti, in particular, has to be worried about whether he really has control over all his forces.”

One Venezuelan newspaper said Mr. Zelaya hid part of the time in a car trunk. Other accounts had him pulling up at the Brazilian Embassy in a vehicle with diplomatic plates that belonged to the Central American Parliament. Whether the Brazilians knew he was coming was a matter of debate.

The State Department official said the United States had been aware that Mr. Zelaya wanted to return to Honduras, because he had vowed to do exactly that during his last visit to Washington. But the official said the United States was caught unawares by Mr. Zelaya’s appearance at the Brazilian Embassy, since he was expected in New York this week to address the United Nations.

After tear gas was fired to disperse protesters and scores of curfew arrests were made Tuesday, the State Department official said the United States was deeply concerned about the de facto government’s actions. He said he had heard reports that the security forces had taken control of houses surrounding the embassy, prompting the United States to send “strong signals” to Mr. Micheletti that they expected the government “to respect the inviolability of diplomatic territory and personnel.”

(The New York Times. Marc Lacey reported from Mexico City, and Ginger Thompson from Chestertown, Md. Elisabeth Malkin contributed reporting from El Amatillo, Honduras.)

La incursión de Zelaya – a una embajada...

Hay poca información sobre el ingreso de Manuel Zelaya a Honduras, sobre su llegada a Tegucigalpa y sobre lo que está pasando en la embajada de Brasil. Y la poca información que teneos es confusa y contradictoria.

Una interrogante es sobre la ‘escala técnica’ de Zelaya en el aeropuerto de Comalapa en la noche antes de su ingreso a Honduras. Lo que sí sabemos es que en el aeropuerto se reunió con la dirección del FMLN; que el gobierno salvadoreño declaró no haber tenido ningún contacto con Zelaya, más allá de una llamada telefónica de la ex-canciller hondureña a al canciller salvadoreño, informándolo de la llegada de Zelaya a El Salvador. Sin embargo, la estatal CEPA facilitó a los dirigentes del partido FMLN la logística para su reunión privada con Zelaya, de la cual el presidente Funes dice que su gobierno no tenía participación ninguna.

Ni los dirigentes del FMLN ni el gobierno ni CEPA ni Migración han dado información sobre cómo Zelaya salió del aeropuerto. Si hubiera salido en avión, no hubiera ninguna razón de compartimentación. Por lo contrario: si el gobierno salvadoreño informa que Zelaya salió de Comalapa a otro país, el siguiente país tendría la papa caliente y tendrá que enfrentar la pregunta incómoda: ¿Cómo, dónde y con apoyo logístico y de seguridad de quién cruzó Zelaya la frontera hondureña?

Aquí en El Salvador hay instituciones que saben si Zelaya salió de Comalapa en avión o si salió en carro. Migración y Cepa saben si el avión que trajo a Zelaya a El Salvador, salió con él o sin él. También saben si salió o no del aeropuerto en un vehículo con placas nacionales, asignadas a la Asamblea Legislativa, o en un vehículo con placas del Parlamento Centroamericano, o en un carro particular. O tal vez en un vehículo asignado a la embajada de Venezuela, cuyo titular también estuvo en la reunión de Comalapa. Un hombre que según el gobierno salvadoreño sigue siendo jefe de Estado, no puede salir de nuestro aeropuerto como si fuera vendedor de agua de coco.

Entonces, preguntamos a los diputados Sigfrido Reyes, Nidia Díaz y y José Luis Merino, todos del FMLN: ¿Cómo salió Zelaya de Comalapa? ¿Se encargó o no el FMLN de movilizarlo a la frontera con Honduras y cruzarla ilegalmente?

Que yo sepa, también presidentes depuestos y sus comitivas tienen que pasar por migración para salir de El Salvador. Entonces, preguntamos a Migración: ¿De qué manera, en qué punto y con qué medio de transporte salió Manuel Zelaya de territorio salvadoreño? ¿O no existe record de su salida?

Hagamos un gran brinco, de una sola vez al día siguiente (lunes 21 de septiembre) y a Tegucigalpa, a la embajada de Brasil.

¿Cuál es el estatus de Manuel Zelaya en la embajada brasileña? Si Brasil le dio asilo político a Manuel Zelaya, o si le ofrecieron protección y refugio en su embajada, ¿tiene Brasil el derecho de permitir a Zelaya que convierta la embajada en el centro de una operación política? ¿Atenta Zelaya contra los intereses de Brasil celebrando en su embajada reuniones con el liderazgo de su movimiento político, planificando manifestaciones y acciones tendientes a provocar violencia? ¿O atenta Brasil contra el derecho internacional permitiéndolo a Zelaya?

Y si no se encuentra en la embajada en calidad de asilado, ¿en qué otra calidad se encuentra que le permita a hacer, desde el territorio extraterritorial de la embajada, discursos políticos a una multitud en la calle?

Entonces, preguntamos al gobierno de Brasil: ¿En que calidad se encuentra Zelaya en su embajada? ¿Jefe de Estado en visita de cortesía? ¿Perseguido político? Más bien: ¿En qué calidad que le permita usar la embajada como centro de operaciones contra los demás órganos del Estado, como el Congreso y la Corte Suprema?

Dudo que lo que está pasando en la embajada de Brasil corresponde a las normas de las relaciones diplomáticas.

Ultima pregunta: ¿El retorno de Zelaya a Tegucigalpa, y las acciones de algunos gobiernos y partidos políticos que lo facilitaron, realmente tienen de objetivo provocar el diálogo y una salida negociada en Honduras? ¿O se enmarcan en una estrategia de interrumpir el proceso electoral en Honduras, que muchos en Honduras ven como única salida pacífica e institucional de la crisis?

¿Y todo lo demás, la crisis hondureña, el país con dos presidentes? Que lo arreglen los hondureños entre ellos. Sin intervenciones.

(El Diario de Hoy)

Carta a Juanes, rockero colombiano

Hola, Juanes:

tu concierto ‘Paz sin fronteras’ en La Habana no fue ‘un regalo para los hermanos Castro’, como dicen algunos ultraderechistas en Miami y otros lados. Por lo contrario: Lograste abrir Cuba al mundo. Metiste a los jóvenes cubanos la idea de libertad...

Hablar en Cuba de ‘sin fronteras’ es revolucionario. Es un país que no deja viajar a su juventud.

Cantar en Cuba de ‘cambio’ es revolucionario. Es una sociedad donde todo está cimentado y controlado.

Dijiste en la Plaza de la Revolución: “No importa cómo pensamos cada uno, somos hermanos.” Esto atenta contra la filosofía oficial en Cuba, donde no hay pluralismo político ni libertad de expresión.

Los derechistas que te atacan no entienden nada. No entienden que lo más peligroso para el régimen cubano no es el boicot a la isla, sino que lo levanten y la isla se contagie de la música rebelde del rock, de las ideas de libertad, de la caída de muros y fronteras en el mundo...

Tu mensaje es tan fuerte que Telesur, la cadena internacional de Castro y Chávez, se sintió obligada a transmitir tu concierto. Según ellos, tu concierto en La Habana abre la mente del mundo hacia Cuba. Es al revés, tontos: Juanes abrió la mente de Cuba hacía el mundo.

Lo revolucionario del concierto no fue que el mundo tuvo oportunidad de escuchar a Silvio Rodríguez, sino que Cuba pudo ver a vos. Silvio no va cambiar el mundo, pero vos estás cambiando Cuba.


Saludos, Paolo Lüers

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Moving Forward in Honduras


My country is in an unusual position this week. Former president Manuel Zelaya has surreptitiously returned to Honduras, still claiming to be the country's legitimate leader, despite the fact that a constitutional succession took place on June 28. Amid all of the claims that are likely to be made in coming days, the former president will not mention that the people of Honduras have moved on since the events of that day or that our citizens are looking forward to free, fair and transparent elections on Nov. 29.

The international community has wrongfully condemned the events of June 28 and mistakenly labeled our country as undemocratic. I must respectfully disagree. As the true story slowly emerges, there is a growing sense that what happened in Honduras that day was not without merit. On June 28, the Honduran Supreme Court issued an arrest warrant for Zelaya for his blatant violations of our constitution, which marked the end of his presidency. To this day, an overwhelming majority of Hondurans support the actions that ensured the respect of the rule of law in our country.

Underlying all the rhetoric about a military overthrow are facts. Simply put, coups do not leave civilians in control over the armed forces, as is the case in Honduras today. Neither do they allow the independent functioning of democratic institutions -- the courts, the attorney general's office, the electoral tribunal. Nor do they maintain a respect for the separation of powers. In Honduras, the judicial, legislative and executive branches are all fully functioning and led by civilian authorities.

Coups do not allow freedom of assembly, either. They do not guarantee freedom of the press, much less a respect for human rights. In Honduras, these freedoms remain intact and vibrant. And on Nov. 29 our country plans to hold the ultimate civic exercise of any democracy: a free and open presidential election.

Although much of the international community disagrees with our past actions, we can all agree on the necessity of ensuring Honduras's full commitment to the electoral process. Our citizens believe that the upcoming presidential election is the best way to guarantee peace and democracy. While the election will take place in little more than 60 days, the electoral process has been underway for some time. The election is being convened by an autonomous body, the Supreme Electoral Tribunal, whose magistrates were selected by Congress in early 2009 and ratified by then-President Zelaya. The autonomous body began the electoral process with presidential primary elections -- which were supervised by the Organization of American States -- in 2008 also during Zelaya's tenure. The upcoming election will include Honduras's first independent presidential candidate -- a rarity in all of Latin America.

The winner of the November election will take office as president of Honduras in January 2010. At that moment my transitional administration will cease, and the newly sworn-in president will hold all the authority vested to him by our country's constitution.

Our whole country -- whether members of political parties, youths, students or members of civil society, government, parental organizations or private businesses -- is committed to guaranteeing transparent elections. Voter turnout will be a constitutional expression of self-determination and a demonstration of national sovereignty. The Supreme Electoral Tribunal has invited independent observers from around the globe to observe our voting process. Our country is open to the world. All organizations -- churches, universities, think tanks, nongovernmental organizations -- that wish to witness firsthand this great exercise of self-determination and democracy are welcome.

We are, of course, disappointed with the position of the United States and the European Union, both longtime friends. We look forward to continuing dialogue with the United States, the European Union and the rest of the international community to prove our commitment to democracy and the Honduran people's love of freedom. Coercive action directed at our nation will only harm less fortunate Hondurans, whose hospitals, schools, roads and other institutions rely greatly on our friends' generous assistance, for which all of our citizens are immensely grateful.

I have said from the moment I was sworn in as president of Honduras that I do not intend to remain in office one second more than what our constitution mandates. On Jan. 27 I will hand over leadership responsibilities to the ninth president of our 27-year-old democracy. Such actions are in keeping with the desire of the majority of our people: the strengthening of our democracy.

(The writer is president of Honduras. The Washington Post)

El país inexistente

La república de Honduras ilustra la tragedia de ser un país pobre.

Uno cae en la tentación de hacerse algunas preguntas, tal vez ociosas, no se sabe. Preguntar, por ejemplo, si la nación centroamericana tuviera petróleo, ¿habría tomado el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero la decisión de prohibirles la entrada a España a los responsables del régimen de facto? Si la pequeña república de Honduras tuviera petróleo, persiste uno con la obsesión de las preguntas, ¿tomaría, acaso, Estados Unidos medidas tan drásticas como la de anularle la visa al Presidente (encargado) Roberto Micheletti, a un alto número de magistrados, a empresarios tradicionalmente vinculados con ese país, profesores, estudiantes y periodistas? ¿O de suspenderle al país de Morazán toda ayuda (siempre modesta), o de influir para que el FMI o el BID le suspendan los créditos? Sí, ser pobre es una doble desgracia. Se toman demasiado fácil las decisiones que afectan a una república sin dolientes.

Los países de la OEA, los de Unasur y de la Unión Europea, todos, de manera poco responsable y, desde luego, arbitraria, han decidido que ninguno de ellos reconocerá al Presidente que resulte triunfador en las elecciones de fin de año. De modo que el castigo por la destitución de Manuel Zelaya Rosales trascenderá a los directamente responsables, y el pueblo soberano de Honduras no tendrá ocasión de normalizar su proceso político mientras el reloj no vuelva atrás, y sean los hondureños los únicos que asuman las culpas de la crisis, se den golpes de pecho y le pidan perdón a quien pretendió alzarse con el poder, el latifundista revolucionario Manuel Zelaya.

Es algo demasiado absurdo, demasiado cómodo, demasiado inconsistente. Esto de condenar a un país a la inmovilidad carece de lógica, pero al mismo tiempo implica una gran "hipocresía democrática", esa adhesión a un orden institucional irrespetado y roto por el presidente Zelaya. Este violó la Constitución y desató una crisis irreversible al convocar a un referéndum no previsto, desafió todos los poderes del Estado y las instituciones, generando un proceso que probablemente hubiera podido tener solución si la OEA actúa como mediador y no como tercero en discordia.

El golpe de Estado que destituyó a Zelaya tuvo características no comunes en los golpes militares, como el de aquel grotesco 4 de febrero de 1992 en Venezuela. En Honduras, todos los poderes del Estado tomaron las decisiones pertinentes en defensa del orden constitucional. No fue un teniente coronel el que por su cuenta y riesgo lo envió al exilio. ¿Por qué no se toman en consideración los hechos y las causas de la crisis, sin cerrar los ojos ante las responsabilidades de Zelaya y de sus cofrades? ¿Por qué se persiste en los graves errores cometidos por el secretario general de la OEA y por los presidentes de la Alianza Bolivariana en la célebre cumbre de Managua, cuando optaron por las tácticas del ultimátum y de las amenazas guerreristas? Cuando el presidente de Costa Rica presentó un esquema de negociación, haciendo lo que la OEA no fue capaz de hacer, lo primero que se le ocurrió a los estrategas de la ALBA fue afirmar que era "una carta de Washington jugada por Oscar Arias". Pero en los hechos, los unos y los otros se dan la mano al cuestionar la salida electoral ya en curso.

¿No es absurdo, no es inaceptable, no es intervencionista negarle a un país que resuelva sus problemas de modo soberano? Con su peculiar manera de entender las cosas, el canciller Miguel Ángel Moratinos declaró que "España prohibirá la entrada a personalidades del Gobierno de facto de Honduras que impiden el retorno del orden constitucional en ese país". Palabras evidentemente vacías, complacientes, poco responsables. Cuando Zelaya alteró ese "orden", ¿dónde estaban los guardianes de la Constitución, y por qué tan celosos, sólo abogan por la Constitución del pequeño país, y cierran los ojos cuando sus intereses lo aconsejan? Esos ejercicios de hipocresía erosionan la política internacional. O hay consistencia o lo mejor es callar. Las acrobacias deben dejarse al circo.

Como el único interlocutor de los factores en conflicto, el presidente Oscar Arias conversó el miércoles 16 con cinco de los seis candidatos a la presidencia de la República, incluidos Elvin Santos, del Partido Liberal, (antiguo partido de Zelaya) y Porfirio Lobo del oposicionista Partido Nacional. Arias insiste en el Acuerdo de San José que implica el retorno de Zelaya al poder, con un gabinete de unidad.

Una solución improbable para una crisis agitada por intereses oscuros. Honduras, ¿un país inhabilitado? ¿Quién tiene competencia para cuestionar que los hondureños elijan a su presidente, prolongando la inestabilidad más allá de los cien o tantos días que restan del periodo, cortejando el caos y la guerra civil en América Central?

(El Nacional, Venezuela. El autor, director adjunto de El Nacional, fue canciller de Venezuela y participante de la iniciativa Contadora y de las negociaciones de paz para El Salvador)

Una extraña visita en la noche

El avión venezolano de Zelaya aterrizó sin permiso en El Salvador y fue multado con 30.000 dólares.

A las diez de la noche del domingo (ocho horas más en España), un avión de la fuerza aérea venezolana contactó con la torre de control del aeropuerto internacional de El Salvador y pidió autorización para aterrizar. "Se la negamos", explica un oficial salvadoreño, "porque su petición no estaba basada en ninguna de las situaciones de emergencia que contemplan los convenios internacionales". Aun así, la aeronave, procedente de Nicaragua, inició la maniobra de descenso al tiempo que una caravana de vehículos con matrícula oficial llegaba a la terminal de San Salvador. Para sorpresa del personal del aeropuerto, quien bajó del avión venezolano, seguido de un pequeño séquito, era nada más y nada menos que el depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya.

De forma casi simultánea, de los oscuros vehículos oficiales que acababan de llegar al aeropuerto se fueron apeando dirigentes del partido que desde hace tres meses gobierna en El Salvador, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), con el diputado Sigfrido Reyes a la cabeza. Reyes, que además ostenta los cargos de vicepresidente de la Asamblea Legislativa y secretario de comunicaciones del FMLN, reconoció ayer a este periódico que estuvo durante un buen rato conversando con Zelaya sobre sus planes de regreso a Honduras. "Pero por el momento no le puedo dar muchos detalles", declaró anoche Reyes a este periódico, "sólo le puedo decir que el presidente Zelaya llegó en avión y se fue en avión...".

Lo más curioso es que, pese al apoyo explícito del FMLN, el avión que el presidente venezolano Hugo Chávez puso a disposición de Zelaya fue multado. "Tuvo que pagar 30.000 dólares", explica el oficial, "es lo que estipula la ley". Se cumplía así, de forma escrupulosa, la orden que el propio presidente de El Salvador había cursado a los dirigentes del FMLN. Los dirigentes de la antigua guerrilla salvadoreña disponían de la libertad -y hasta de la obligación moral- de apoyar a Zelaya en su regreso a Honduras, pero procurando no crearle un conflicto diplomático a El Salvador. Ante la insistencia de los periodistas, el presidente Funes contestó: "¿Que cómo entró a Honduras? ¿Por qué medios? ¿Quién le dio la autorización...? Yo lo ignoro".

Hasta que Zelaya decida contar los detalles de su regreso a Honduras, lo único cierto son las especulaciones. Se sabe que su avión salió de Nicaragua, hizo escala en San Salvador y ahí se perdió el rastro. ¿Hacia dónde fue? ¿Es posible que el avión militar venezolano entrara en territorio aéreo hondureño y aterrizara en una pista secreta? ¿Qué países estaban en el ajo de la operación? ¿Qué hará Micheletti para sobreponerse al tremendo ridículo de declarar que Zelaya estaba en una suite de un hotel de Managua cuando en realidad lo tenía dos calles más allá? Y el general en jefe del Ejército de Honduras, ¿qué papel va a asumir en la nueva situación, a cuál de los dos presidentes va a obedecer ahora?

San Salvador se convirtió anoche en el destino no deseado de los periodistas que, desde México, se dirigían en avión hacia Honduras. El presidente de facto, Roberto Micheletti, volvió a decretar el toque de queda y anunció el cierre de los aeropuertos de Honduras. De esta forma consigue, por el momento, que los informadores no entren en el país -nunca a los golpistas les gustaron ni la luz ni los taquígrafos, pero aún le queda la tarea más difícil: expulsar a Manuel Zelaya de la embajada de Brasil, en el mismísimo centro de Tegucigalpa, de donde lo sacaron los militares hace ahora 86 largos días, a punta de fusil y en pijama.

(El País, Madrid)