Sobre los guardaparques

Los guardaparques son la columna vertebral de la conservación de las áreas protegidas. No existirían espacios naturales protegidos si no fuera por su labor. Con diferencia el número de guardaparques por hectárea protegida es el indicador que mejor refleja el estado de conservación de un área. Claro que hay excepciones, tenemos que partir que este es valido siempre y cuando los guardaparques cuenten con los recursos necesarios para ejercer sus funciones y además que tengan una presencia constante y distribuida por toda el área. Su rol es de protección, aunque en muchos lugares también cumplen la función de guías turísticos, constructores, en cargados de limpieza, etc. Se convierten en un personal doble función donde las actividades cuales quiera que sean dentro de un área protegida recaen sobre ellos, esto también es algo que puede afectar el indicador. Pero aun con estas salvedades son el mayor garante de la estabilidad de un área natural protegida.

Siendo así de importante su función, deberían de buscarse por todos los medios que sus necesidades estén suplidas. Esto significa que tengan uniformes adecuados para desarrollar sus funciones, que tengan medios de transporte para poder llegar toda el área protegida, que tengan de ser necesario armas de fuego (a veces hay que lidiar con guerrillas, narcotráfico, cacería ilegal, etc.), que tengan buenos aparatos de comunicaciones, etc. Pero además deberían tener remuneración adecuada, su labor es sumamente compleja, la mayoría no se puede regir por un horario de funcionario público, tienen que trabajar en las noches, tienen jornadas de intensa demanda física, tiene que saber lidiar con visitantes, tienen que tener conocimientos sobre ecología, tienen que saber apagar fuegos, tienen que tener una seria de características que les permita cumplir con su deber. Pues bien, por eso deberían de tener una remuneración buena, muy parecida a la que tendría que tener un buen policía. Una cantidad que le permita ser incorruptible y que no tenga miedo de ejercer su labor con convicción.

Pero lamentablemente esto no es el caso y lo peor y amargo del asunto es que no solo es una horrorosa realidad de El Salvador, sino que es de Latinoamérica y es de África y es del sureste asiático. Donde están los puntos de mayor biodiversidad. Pero además también es un problema en el mundo desarrollado en Europa y en Estados Unidos. Siempre que platicado con un guardaparque en El Salvador, Costa Rica, Venezuela, España, Alemania o Estados Unidos, la respuesta es la misma (con matices por supuesto), nos tienen abandonados, nos vinieron a aventar a esta loma y nunca más nos volvieron ha hacer caso. Como es posible que esta noble profesión, de importancia crucial para la conservación en el mundo, se tenga tan olvidada.

En los países desarrollados tienen uniformes y buen sueldo, en los países en vías de desarrollo con suerte en algunos lados, pero la mayoría no. La sensación de abandono es la misma. Me contaba un guardaparque venezolano con quien platique recientemente: “mira mi hermano, nos han venido a aventar en medio de este parque y no tenemos apoyo de nada, sabemos por donde entran los cazadores, sabemos cuales son los problemas, pero no contamos con las herramientas para hacerlo cumplir”, esto no muy distinto que le he escuchado a guardaparques de Estados Unidos. Un gardaparque de la Isla Royal del norte de Michigan en el lago superior, me comentaba lo mismo, esa sensación de abandono, de estar en medio de la nada cumpliendo con tu deber y lo único que obtienes son regaños por cumplir con tu trabajo, por no saber entender que un funcionario del estado era el que andaba cazando y a esos no se les dice nada por cazar en territorio protegido. También me contaba por donde entran a saquear la isla, los botes que llegan y contaminan, que a pasar que los sancionan, poco se puede hacer. Esta historia siempre me pareció sorprendente, yo supuse que un lugar como Estados Unidos donde hay tanto respeto por la ley esas cosas no deberían de pasar, pero pasan, sobre todo en los lugares remotos, si por ejemplo en las áreas naturales protegidas.

Lo mismo me contaban mis amigos de Ecuador en Galápagos, o los guardaparques del Parque Nacional Kaa Iya en Bolivia. La función de guardaparque es menospreciada, olvida y nunca se les da el reconocimientos histórico que merecen, por su aporte a la humanidad y por su labor abnegada en uno de los ambientes más difíciles de trabajar, en selvas inaccesibles, en manglares infestado de mosquitos, en cumbres montañosas de más de 4000 metros, en desiertos y en islas a kilómetros de la costa.

También es cierto que como en todas las profesiones hay quienes se vencen ante la adversidad y comienzan a no hacer su trabajo por temor, por falta de apoyo, simplemente por ineficiencia. Me acuerdo de un guardaparque en el Parque Nacional Carara en Costa Rica, que desde su hamaca me decía: “diay mae, no sea loco ahí donde usted se va a meter es peligroso, no ve que la vez pasada me encontré con unos cazadores que abrieron fuego”. No digo que esa sensación de derrota se culpa de este hombre en específico, pero si es un indicativo de lo que pasa cuando este es el único funcionario encargado de patrullar 300 hectáreas de bosque, claro estábamos en el sector más alejado y con menos visitación del parque, donde solo algunos investigadores aparecen, pero aun así, daba igual que estuviera o no esta persona era imposible recorrer todo y segundo si le disparaban el corría, ¿quién no lo haría?

Actitudes así también he encontrado en El Salvador, pero son raras, la verdad es que la mayoría de guardarrecursos (guardabosques en salvadoreño) son abnegados en su trabajo. De lo poco que tienen, de la inseguridad con que se mantienen sus plazas, de los pagos con retraso, de depender de cuando hay o no fondos FIAES, en fin no las tienen mucho consigo. Pero el hecho es que para estas condiciones el guardarrecurso salvadoreño si es trabajador. Probablemente no son los mejores del mundo, pero tienen una mística de trabajo envidiable.

Deberíamos entonces reconocer el trabajo que realiza este gremio, deberíamos premiarlo y darles las gracias en todo el mundo por la labor que realizan, deberíamos hablar con ellos saber que necesitan y tratar de que su labor se realice lo mejor posible, porque no merecen que los consideremos como incultos, sino como unas personas que realizan una noble perfección que merecen toda nuestra admiración y respeto. La mía por lo menos la tienen.

MAYO 68

Paris, Berlin, Berkeley, Varsovia, Praga, Milán, Tokio, México... un fantasma recorre las aulas universitarias y las calles de las ciudades del mundo: la rebelión estudiantil, la sublevación de los hijos contra los padres y contra las sociedades que los padres de la guerra fría habían construido de los dos lados de la cortina de hierro.

Nunca fue una revolución para tomar el poder, sino una revolución cultural, una transformación radical de la manera de relacionarse con el estado, de concebir ciudadanía, de definir los derechos humanos, los derechos de mujeres. Fue la utopía de un mundo de naciones independientes, de sociedades solidarias y de una radical igualdad de géneros, de razas, de culturas.

El Mayo 68 fue anti-comunista, no por defender el orden establecido, sino por anti-autoritario. Por ello, los protagonistas de este movimiento todos fuimos incluidos en las listas de enemigos a observar de los servicios de inteligencia y seguridad de Estado tanto del Oeste como del Este. En Berlin construimos redes clandestinas que se dedicaban a ayudar a soldados norteamericanos estacionados en Berlin a desertar a Suecia antes de ser enviados a Vietnam -- y al mismo tiempo a ayudar a disidentes de Polonia, Checoslovaquia y Alemania Democrática a huir a Berlin Occidental antes de que fueran a capturados, condenados y encarcelados por sus gobiernos estalinistas.

La generación de los 68 chocó con todos las formas de imperialismo: con el soviético en Praga, con el norteamericano en Vietnam, con el chino en Tíbet. Chocamos con todas las formas de autoritarismo: el reaccionario de Franco en España, de Pinochet en Chile y del Shah de Persia -- igual que con el autoritarismo comunista en Europa Oriental y con el autoritarismo “democrático” de Charles de Gaulle en Francia y Franz Josef Strauss en Alemania.

Y con el autoritarismo dentro de nuestras propias filas. Cuando la sublevación estudiantil topó, a principios de los años setenta, una minoría de sus protagonistas, incapaces de aceptar que esta revolución no era para tomar el poder, empezó a buscar refugio en ideologías diametralmente opuestas al anti-autoritarismo del mayo 68. Unos formaron partidos --mas bien sectas-- maoístas; otros se olvidaron del Praga y se unieron a los partidos comunistas pro-soviéticos; y unos pocos se refugiaron en la clandestinidad de una “guerrilla urbana” que rápidamente se deslizó al terreno del más cínico terrorismo.

La gran mayoría de los jóvenes rebeldes del 68 enfrentó críticamente estas tendencias autoritarias y se dedicó a crear movimientos ciudadanos –ecológicos, culturales, pacifistas, vecinales, feministas, etc. Otros empezaron “la larga marcha por las instituciones”, transformando, democratizando y revitalizando la socialdemocracia, las iglesias, los sindicatos, las universidades...

Es interesante que el político de derecha que de manera más enfática ha anunciado que quiere revertir todas las transformaciones que han surgido del movimiento de mayo 68, es el presidente playboy Nicolas Sarkozy. En su campaña electoral en una Francia dominada y arruinada por una derecha cínica, retrógrada, corrupta y ineficiente, Sarkozy tuvo la brillante idea de culpar toda la decadencia francesa a la oposición, no a la derecha gobernante: “Desde mayo de 1968 no se podía hablar de moral. Era una palabra que había desaparecido del vocabulario político. Hoy, por primera vez en decenios, la moral ha estado en el corazón de la campaña presidencial. Mayo del 68 nos había impuesto el relativismo intelectual y moral. Los herederos del 68 habían impuesto la idea de que todo vale, de que no hay ninguna diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo bello y lo feo.”

Lo dice el hombre que un año después de su entronización como presidente se ha convertido en la vergüenza nacional de los franceses, por su cinismo, su estilo ostentoso de vida, su falta de escrúpulos para aceptar invitaciones de sus amigos millonarios, etc.

Lo que pasa en Francia es la restauración del sistema de privilegios, la restauración del estado autoritario -- los dos fuertemente cuestionados y debilitados por las ideas que nacieron en mayo 68.

El rescate de la ética encima de la política real ha sido precisamente el corazón de la filosofía de la generación de 1968. Esto es precisamente que nos ha enfrentado de esta manera tan irreconciliable con el cinismo de Estados Unidos en Vietnam y de la Unión Soviética en Praga.

Me imagino que esto es, para un ortodoxo derechista como Nicolas Sarkozy, tan imposible de entender como para ortodoxo de izquierda. En cambio, la izquierda democrática y la derecha liberal o sea, políticamente liberal) han asumido muchas de las ideas del mayo 68. Por suerte.

LA CONTESTACIÓN MUNDIAL

Josep Ramoneda, periodista y filósofo español, director del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, El País, 19 de abril 2008

1 La efervescencia revolucionaria

El 68 fue en diversos lugares del mundo un año de efervescencia revolucionaria. La expresión es de Claude Lefort y me parece que define mucho mejor la realidad de los hechos que la palabra revolución. Ni en Berkeley, ni en Tokio, ni en Roma, ni en Berlín, ni en París, ni en Varsovia, ni en México, por citar los principales escenarios de aquella movida, estuvo en juego el poder político ni su ocupación entraba realmente en las expectativas de quienes llenaban las calles con sus protestas. La única excepción fue Praga, pero no se trataba de un proyecto revolucionario sino de un proceso de cambio desde el poder. Y fue la contrarrevolución, la ocupación del país por los tanques del Pacto de Varsovia, dirigida desde el Kremlin, la que echó a los que pretendían que el socialismo evolucionara hacia formas democráticas, en sintonía con los ciudadanos.

A lo sumo podría hablarse de revolución cultural, como hizo Fernand Braudel, en la medida en que los tres ámbitos principales de la -cultura, la familia, los medios y la enseñanza- sufrieron una sacudida que les cambiaría profundamente. La gran movida fue breve y en la mayoría de los lugares se impuso el retorno al orden, la reacción restauradora. De forma brutal en Polonia y en Checoslovaquia, de forma democrática en Occidente: basta recordar que en junio el general De Gaulle arrasó en las urnas y en noviembre, Nixon gana las elecciones en Estados Unidos. La revuelta por tanto se saldó con un fracaso. Pero se había puesto en marcha un proceso, lento pero imparable, de cambio de costumbres y modos de vida, cuyos efectos políticos y legales se fueron concretando lentamente. Hoy todavía se está dando cuerpo jurídico (en España en la pasada legislatura, por ejemplo) a derechos y libertades que tienen su origen en aquel impulso. El año 1968 fue el inicio de la transición liberal que culminaría en el año 1989 con la caída de los regímenes de tipo soviético. Después vino la revolución conservadora que ha hecho de la supuesta herencia de mayo el enemigo a batir. Con la cristalización de una nueva hegemonía autoritaria se cierra, a los cuarenta años de su inicio, el paradigma que entonces se abrió.

2 La dimensión universal

Aquella efervescencia revolucionaria mundial tenía obviamente peculiaridades específicas en cada lugar. En plena guerra fría, con el mundo dividido en dos bloques, la gran contestación se enfrentaba a dos formas de poder, el imperialismo americano y el imperialismo soviético. De modo que distintas eran las formas de opresión contra las que se movilizaban unos y otros y distintas eran las condiciones en que la agitación se producía. El periodista polaco Adam Michnick, en una entrevista en Le Monde, lo explicaba así: Los eslóganes que se gritaban en La Sorbona o en Berlín oeste estaban dirigidos contra el capitalismo, la sociedad de consumo, la democracia burguesa y también contra Estados Unidos y la guerra de Vietnam. Para nosotros era una lucha por la libertad en la cultura, en las ciencias, en la memoria histórica, por la democracia parlamentaria y, en fin, especialmente visible en Checoslovaquia, contra el imperialismo soviético, no el americano.

Muchas de aquellas movidas tuvieron su origen en el mundo universitario. Así fue en Berlín, donde desde el año anterior se habían producido múltiples acciones estudiantiles por la reforma de la Universidad, contra la gran coalición que gobernaba Alemania y contra la guerra de Vietnam. Un grave incidente, la muerte de Benno Ohnesorg a tiros de un policía, durante una manifestación, el 2 de junio de 1967, radicalizó el proceso. Los estudiantes lanzaron una dura campaña contra los medios de comunicación del grupo Springer a los que acusaron de manipular los hechos: la prensa entraba en el campo de visión de los contestatarios. Un año más tarde, en abril de 1968, el principal líder del movimiento, Rudi Dutschke, sufrió un atentado perpetrado por un joven ultraderechista, Josef Bachman.

En México, también fueron los estudiantes con voluntad de liberalizar el mundo universitario los que protagonizaron las movilizaciones que acabarían trágicamente el 2 de octubre del 68 con la matanza de la plaza de Tlatelolco, en vigilias de los Juegos Olímpicos. Nunca se ha sabido el número de personas que murieron allí, cuando un Batallón Olimpia progubernamental empezó a disparar contra la multitud. También en Estados Unidos, los estudiantes del campus de Berkeley tuvieron un protagonismo destacado en una movida de carácter contracultural. Pero la guerra de Vietnam y la cuestión de los derechos civiles desbordaron en mucho el ámbito universitario. En 1964, bajo la presidencia de Lyndon Jonson, se aprobó la Civil Rights Act, que reconocía a los negros los derechos de los que estaban desposeídos. Fueron años en que las organizaciones proderechos civiles adquirieron mucha fuerza en la lucha por los derechos de las minorías. Pero el 4 de abril de 1968, Martin Luther King fue asesinado por James Earl Ray en Memphis, un atentado que nunca ha quedado plenamente esclarecido. El 17 de octubre, en los Juegos Olímpicos de México, los atletas americanos Tommie Smith y John Carlos, medallas de oro y bronce en doscientos metros lisos, al subir al podio levantaron el puño con un guante negro, mientras sonaba el himno americano para manifestar su pertinencia al Black Power.

Por supuesto, en París fue la Universidad, Nanterre, concretamente, el motor de la movida por cuestiones que tenían que ver con la liberalización de las costumbres. Las primeras protestas fueron contra la separación de sexos en las habitaciones de la residencia de estudiantes. El 22 de marzo la ocupación de la Universidad acabó con una acción disciplinaria contra algunos líderes estudiantiles. Ante un tribunal universitario, según ha relatado Alain Touraine, que ejerció de defensor, se dio este diálogo entre el presidente y Daniel Cohn-Bendit:

-¿Estaba usted el 22 de marzo en la Facultad?

-No, no estaba en la Facultad.
-¿Dónde estaba entonces?
-En mi casa.
-¿Y que hacía usted en su casa a las tres de la tarde?
-Hacía el amor, señor presidente, algo que a usted seguramente no le ha ocurrido nunca.

Después el movimiento iría creciendo, ocupó La Sorbona, se hizo fuerte en las calles y callejuelas del Barrio Latino, consiguió la alianza con los trabajadores que dio lugar a una huelga general sorpresa y a la gran manifestación del 13 de mayo.

Incluso en Polonia, el origen de las movilizaciones estuvo en los estudiantes y los intelectuales. Fue la suspensión de la representación teatral de una obra de Adam Mickiewicz, el más reconocido de los autores polacos, en el Teatro Nacional de Varsovia, la que desencadenó un movimiento contra la dictadura comunista que fue liquidado en tres semanas con una fuerte represión.

Pero con todas sus peculiaridades y diferencias, había un doble factor común a casi todas estas contestaciones, que es el que permite hablar de una gran contestación liberal: la crítica al autoritarismo y el antisovietismo. Y una doble novedad: el protagonismo de los jóvenes y el carácter civil, alejado de las estructuras de poder, de la revuelta.

3 El nuevo sujeto político

Por primera vez, los jóvenes, en diversos lugares del mundo asumían el papel de sujetos del cambio social. Sin duda, tiene ello que ver con el bienestar de los años de posguerra, con la demografía -que consolidaba la juventud como un periodo singularizado de la vida- y con la extensión social de la enseñanza superior. Casi todas las movidas del 68 tienen en las universidades su punto de partida. Casi todas ellas eran la reacción frente a formas cristalizadas de autoritarismo.

Hay cierta tradición filosófica que explica la sociedad como un compuesto de tres partes: el ámbito familiar (la vida privada); el espacio intermedio en que los individuos tejen relaciones e intercambian mercancías e ideas (lo que se acostumbra a denominar como sociedad civil) y el ámbito del poder político (el espacio público por antonomasia). La contestación del 68 fue un intento, desde este espacio civil intermedio, de romper la presión asfixiante de un espacio familiar y un espacio político claramente retardatarios, que empezaban a ser un obstáculo para el desarrollo de las sociedades modernas. Estados Unidos y Europa vivían momentos de expansión económica. Una generación de jóvenes se encontraba ante la posibilidad de pensar en algo más que los problemas de subsistencia, pero chocaba con una cultura y unas costumbres muy rígidas a derecha e izquierda (la moral de la cultura comunista, incluso en Europa occidental, no era menos restrictiva que la moral de la cultura conservadora). Las universidades crecían y se masificaban y el choque entre los estudiantes y el viejo orden académico era inevitable. La sociedad cambiaba pero el mundo familiar y el mundo político se regían por normas cada vez más obsoletas. Los estudiantes buscaban crear espacios libres donde romper los esquemas de la moral dominante. El Barrio Latino parisino se convertía así en una metáfora topológica: un lugar común en el que cada cual pudiera actuar con plena autonomía. La contestación terminó mal en todas partes, pero la liberalización de las costumbres, la desjerarquización de las relaciones sociales y la consolidación de los movimientos en defensa de los derechos civiles no dejaron de hacer camino desde aquel momento.

Es verdad que en las movidas europeas había un importante componente anticapitalista en el discurso y una empanada ideológica en la que coincidían los acentos libertarios con diversas familias de extrema izquierda, desde el trotskismo hasta el maoísmo, con discursos situacionistas y con muchas dosis de espontaneísmo crítico. Pero el principal elemento común era el antiautoritarismo, en todos los ámbitos: familiar, social y político. Lo que se traducía en una desconfianza en las instituciones, empezando por el Estado. Naturalmente, en los países comunistas el antiautoritarismo apuntaba directamente a los regímenes de tipo soviético y el marco de la contestación era la respuesta desesperada a la opresión totalitaria. Pero en Europa occidental, donde la revolución, como dijo Raymond Aron, tenía algo de quermés, el antisovietismo acompañaba al discurso anticapitalista, especialmente en aquellos países en que los partidos comunistas eran muy fuertes ?como Italia y Francia? y se les consideraba parte del mismo establishment retardatario contra el que iban las movilizaciones. En ambos países, los partidos comunistas jugaron un papel fundamental en la restauración del orden.

4 Las derrotas

La contestación terminó mal en todas partes. Si de una revolución convencional se hubiese tratado, habría que decir que la derrota fue total y absoluta. Puesto que distintas eran las circunstancias, distintas fueron las derrotas y sus consecuencias.

En los países del Este se impuso la represión. Pero en Varsovia -aunque el movimiento fue desmantelado en sólo tres semanas- aquellas movilizaciones están en el inicio de lo que después sería el sindicalismo cristiano tan decisivo en la caída del régimen comunista. En Checoslovaquia, el retroceso fue extraordinario. La sustitución de Dubcek por el colaboracionista Husak un año después de la entrada de los tanques impuso una brutal normalización que hundió al país en una especie de purgatorio. Pero Checoslovaquia era realmente diferente de los demás porque allí sí que lo que estaba en juego era el poder, el intento de transformar el socialismo iniciado por un grupo de dirigentes comunistas.

En Estados Unidos, la tensión se desplazó a la guerra de Vietnam. 1968 fue el año de la matanza de My Lai. La tremenda herida, todavía hoy no suturada, del desastre de Vietnam marcó un par de generaciones americanas. La movilización universitaria perdió fuerza y los movimientos de derechos civiles también. La victoria electoral de Nixon cerró las esperanzas de una década que había empezado con el optimismo kennedyano. Los setenta fueron años muy amargos en Norteamérica.

Los acuerdos entre el Gobierno y los sindicatos dinamitaron Mayo del 68 en Francia al sacar a los trabajadores de la movida. La derecha ganó arrolladoramente las elecciones, después de una masiva manifestación de apelación al orden en cuya primera fila resulta todavía hoy llamativa la presencia de un rebelde convertido al gaullismo como André Malraux. De Gaulle, herido de muerte, se fue un año más tarde. Y con él quizás el símbolo más imponente de la vieja cultura social y política. Una parte de los jóvenes de Mayo alimentó a los partidos de extrema izquierda, que todavía hoy tienen presencia electoral en Francia. Algunos grupúsculos desaparecieron pronto, como los encuadrados en el delirio maoísta, pero nos dejaron la imagen de Sartre inculpado por vender La Cause du Peuple y una frase memorable del general De Gaulle: -No se puede condenar a Voltaire? Otros buscaron la ruptura con la sociedad en el mundo rural, donde todavía quedan restos de las comunas de la época. La violencia política no cuajó. Action Directe, el grupúsculo terrorista más importante, tuvo vida efímera. La mayoría se incorporó paulatinamente a la normalidad democrática.

Donde el día después resultó más doloroso fue en Alemania y, especialmente, en Italia. En Alemania, la Baader-Meinhoff puso el terrorismo en escena, aunque fue un fenómeno limitado a un número pequeño de personas. Italia viviría la experiencia de los años de plomo, en que la violencia de extrema izquierda y de extrema derecha hizo estragos en una espiral que degradó profundamente la vida civil y alcanzó las tripas del Estado italiano, ya por sí muy corrupto.

La matanza de la plaza de las Tres Culturas de México fue en cierto modo el anuncio de una enorme contracción autoritaria en América Latina.

5 Las herencias

La gran contestación del 68 fue una sorpresa. Había una cierta sensación de estancamiento, de inmovilismo, en la Europa de las treinta gloriosas, un balneario protegido por el paraguas nuclear de la guerra fría. De maneras distintas, Daniel Bell y Herbert Marcuse habían advertido sobre la capacidad del sistema de integrar sus contradicciones. El desenlace de la efervescencia revolucionaria del 68 confirmó sus hipótesis. El sistema fue perfectamente capaz de asumir, trillar y triturar aquella negatividad que por unos meses alimentó el sueño del gran cambio. Y el proceso de liberalización que se puso entonces en marcha siguió caminos a veces contradictorios y, a menudo, lejanos de aquel impulso inicial. El discurso del 68 tenía mucho de libertario y de crítico con el Estado, más tarde la crítica del Estado, en manos de los liberales conservadores que pusieron en marcha la revolución de los ochenta y noventa -ésta sí que concernía directamente a la conquista del poder- se convirtió en desprestigio y debilitación del Estado en lo económico y en despliegue del control social en lo político.

La amalgama ideológica era tal que se hace difícil establecer los referentes ideológicos de aquellas movidas. Las apelaciones al marxismo, al trotskismo y al leninismo eran abundantes. Pero fue significativo el énfasis en la relación entre sexo, psicología y política que llevó a nombres como Freud o Reich. También el situacionismo tuvo su voz. Y en América cuajó la vía contraculturalista que acompaña a la cultura hippy. Herbert Marcuse por sus análisis de la relación entre economía, tecnología, cultura y subjetividad y por su crítica al marxismo ortodoxo fue considerado uno de los referentes. Raymond Aron habla de Les heritiers, de Pierre Bourdieu, como libro de cabecera de la movida francesa. También de la noción de grupo de fusión de la Crítica de la razón dialéctica, de Sartre. En cualquier caso, los filósofos de la sospecha, el trío Marx-Freud-Nietzsche, articularon, especialmente en Francia, buena parte del pensamiento de la época.

Aquella experiencia marcó a la generación de los que el año 1968 rondábamos la veintena. Por un lado, pesó sobre nosotros -lo digo así, porque es mi generación- el habernos autoungido como la generación moderna por excelencia. Ha costado entender que el tiempo pasa para todos y que la patente de modernidad no tiene dueño. Por otra parte, la pulsión antiautoritaria -probablemente la mejor herencia de aquellos años- también generó monstruos. He dicho, a veces, que fuimos mucho mejores hijos -en la medida en que supimos plantar cara a nuestros padres- que padres -en la medida en que no hemos osado plantar cara a nuestros hijos-. Con nuestra actitud -y la potencia integradora de las contradicciones que el capitalismo tiene- les hemos dejado sin espacio para la transgresión. Otros perdedores, víctimas de cierta frivolidad que acompañó a la contestación, de los que nunca se habla, son la generación de la droga, los que pensaron que la fiesta continuaba en la heroína y lo pagaron con la vida.

El paradigma que se abrió hace cuarenta años con la contestación de las formas de autoridad dominantes, a uno y otro lado de la guerra fría, se ha agotado. La transición liberal culminó con el hundimiento de los sistemas de tipo soviético y con la fantasía de que el triunfo de la democracia liberal significaba el fin de la historia. Después vino la restauración conservadora que se estrelló en la guerra contra Irak tras imponer el discurso de la seguridad como forma del autoritarismo en la sociedad de la información. Como ha escrito Fred Halliday, la invasión norteamericana de Irak en 2003 supuso para los ideales y para la legalidad de la intervención humanitaria lo mismo que supuso la invasión de Hungría en 1956 y de Checoslovaquia en 1968 para el comunismo internacional. Un ciclo se cierra.

Para mí, lo mejor de la herencia del 68 es la cultura de la sospecha, la actitud que consiste en poner siempre en cuestión cualquier enunciado que se nos ponga por delante y no dar nunca por definitivas las ideas recibidas; y el acento libertario, la autonomía del individuo frente a todas las promesas comunitaristas, culturales o religiosas. Cuarenta años después estas dos actitudes se echan de menos a la hora romper las nuevas formas de autoritarismo basadas en el triángulo que forman la seguridad como ideología, la competitividad como principio de vida y el sálvese quien pueda como destino.

EL APARATO DE CONTROL MAS GRANDE DEL MUNDO

Entrevista de SPIEGEL-Online de Alemania con Johannes Hano, corresponsal de la televisión alemana en Pekín

Spiegel Online: ¿Cómo se trabaja hoy en día como periodista occidental en China?

Hano: Desde la crisis en Tíbet el ambiente cambió drásticamente. En China han lanzado una compaña contra los periodistas occidentales. En todos los medios --televisión, radio y sobre todo los periódicos— culpan a los medios occidentales del desastre que están teniendo con el recorrido de la llama olímpica. Nos acusan de haber dibujado una imagen falsa y parcial de los acontecimientos en Tíbet.

Spiegel Online: ¿Cómo funciona esta campaña?

Hano: Algunos colegas cometieron un par de errores muy estúpidos. Mostraron fotos de soldados nepaleses reprimiendo a monjes y los titularon erróneamente como “desordenes en Lhasa”. Esto le dio al régimen chino algo para hacer propaganda – y eso lo hace todo el día. Incluso hubo amenazas de muerte a colegas americanos.

Spiegel-Online: ¿Qué siente usted personalmente de todo esto?

Hano: El Lunes quisimos entrevistar a alguien en la calle. El tipo miró detenidamente el logo nuestro en el micrófono, y simplemente se fue. La razón: Yo mismo y mi canal (ZDF, televisión pública de Alemania) hemos sido acusados en foros de Internet – por ejemplo en el Log anta-CNN.com. No nos comprobaron ningún error en nuestra cobertura, pero nos acusaron de parcialidad y solicitaron a todos los chinos: No conceda entrevistas, cuando aparezcan este hombre y este logo de ZDF.

Spiegel-Online: ¿Y la censura, usted la siente en China?

Hano: Bueno, ¿qué significa el término censura? O que uno puede escribir o decir o transmitir ciertas cosas – o una cosa mucho más perversa: que ya no te puedes enterar ni acercar a cierta información.

Spiegel-Online: ¿Y esto significa...?

Hano: En general, la legislación en términos de prensa ha cambiado positivamente en China, en esta etapa antes de los Juegos Olímpicos. Ya no tenemos pedir permiso a las autoridades antes de grabar algo. La norma vigente es: Si el entrevistado está de acuerdo, podemos grabar. Teóricamente. La perfidia es que ahora la presión pesa sobre las personas que quieren dar entrevistas. Presión para que no hablen con nosotros.

Spiegel-Online: No precisamente un problema nuevo, ¿verdad?

Hano: Correcto. Pero uno que se ha agudizado últimamente. Ahora nosotros tenemos que asumir la responsabilidad de la seguridad de nuestros interlocutores y fuentes. Por ejemplo: Hace poco quisimos producir una pieza cultural bonita e inofensiva sobre un nuevo día festivo en una provincia. El jefe policial de la localidad había aceptado con entusiasmo. Luego, la noche antes de la grabación, nos llamó a las 3 de la mañana: Por favor, ¡no lleguen! Parece que el jefe local del partido le había instruido de no hablar con medios occidentales si no quería perder su trabajo. Nos pidió que ni siquiera nos acercáramos a su pueblo. Esto no necesariamente viene orquestada desde arriba. Muchos caciques locales del partido, porque son corruptos, temen a los medios occidentales, y ahora usan la tendencia anti-occidental para hacer presión local para que nadie hable.

Spiegel-Online: ¿Qué ha pasado a gente que les han dado declaraciones?

Hano: Sus teléfonos han sido intervenidos. Han recibido llamadas diciéndoles que no vuelvan a hablar con nosotros...

Spiegel-Online: ¿Hay censura posterior? ¿Pueden transmitir todos los materiales a Alemania?

Hano: Hubo muchos problemas. No puedo saber si tiene que ver con el contenido de nuestras notas.

Spiegel-Online: Pero ¿hay notas que no han podido transmitir?

Hano: Sí, también hay materiales que no hemos podido recibir. Pero repito: No puedo estar seguro si fueron intervenciones políticamente motivadas.

Spiegel-Online: ¿Usted ha sido intervenido y controlado en sus comunicaciones?

Hano: Partimos que sí. China es supuestamente el país con más orejas y con el aparato de control más grande del mundo. Cuando grabamos siempre hay unos caballeros parados cerca que nos observan y nos toman fotos. Nos dejan trabajar, pero nos mandan el mensaje: Aquí estamos. Y ahora los fuerzas de seguridad son algo calientes. Ellos intervendrían si por casualidad nos aparecieran nos tibetanos frente a las cámaras y abrieran la boca...

Spiegel-Online: Y el personal chino que trabaja con ustedes, ¿es sujeto de presión? ¿O incluso les meten orejas gubernamentales?
Hano: No creo que sean orejas. Pero es absolutamente comprobado que los interrogan. Uno de mis colaboradores me cuenta que una vez al mes tiene que tomar té con la Seguridad del Estado. Yo digo a mis colaboradores chinos: Vayan a tomar té, no quiero que tengan problemas. Sólo espero que no pongan en peligro a nuestras fuentes.

Spiegel-Online: Los batallones de periodistas que vienen para los Juegos Olímpicos, ¿los controlarán igual?

Hano: Esperamos que China se de cuenta que este sería el trato equivocado con la comunidad internacional, sobre todo con los periodistas. Pero sí tememos que los chinos son tan paranoicos que van a hacer todo lo posible a mantener control completo sobre las informaciones que salen.

Spiegel-Online: Y el televidente chino, ¿se da cuenta de las protestas a nivel mundial?

Hano: Hoy vi dos periódicos. Uno de Hongkong con el titular “La llama olímpica se apaga en Paris mientras crecen protestas”. El mismo día el China Daily, el vocero en inglés de los comunistas chinos, titula: “Pasión francesa saluda la antorcha en Paris”. En televisión aparece muy poco o nada de los acontecimientos. Y si sale, dicen que la “clica del Dalai-Lama” quiere tomar los juegos de rehén. Y CNN y BBC, que pueden recibirse en los hoteles, simplemente pierden la señal cuando hablan de Tíbet.

(Entrevista de Thorsten Dörting y Sascha Klettke, DER SPIEGEL)