Estimados americanos, ¿qué puede esperar el mundo de ustedes? Doce preguntas a los candidatos.

De Helmut Schmidt, socialdemócrata, ex-canciller de la República Federal de Alemania (1974-1982), © DIE ZEIT, 31 de marzo de 2008

1. ¿Cómo piensa terminar la guerra en Irak? ¿Qué medios va a usar para terminar la guerra? ¿Cómo ve al Irak al término de la guerra?

2. ¿Cuál es su meta en Afganistán? ¿Es la eliminación de Al Qaeda o también del Taliban? ¿O es la construcción de una democracia?

3. En caso que Al Qaeda busque refugio definitivo en Paquistán y posiblemente consiga acceso a armas atómicas paquistaníes, ¿intervendrá militarmente en Paquistán?

4. ¿Cuál es su estrategia para una solución pacífica del conflicto entre Israel y sus vecinos árabes? ¿Trabajará para la creación de un estado palestino?

5. Ya que los servicios de inteligencia de Estados Unidos han informado públicamente que el Irán ha abandonado su intención de hacerse de armas nucleares, ¿cuál será la futura política de Estados Unidos frente al Irán?

6. Un cuarto de los estados del mundo tiene influencia islámica. ¿Trabajará para fomentar la tolerancia religiosa y cultural y contra una confrontación de civilizaciones con el Islam?

7. ¿Comparte la opinión que Rusia, a la par de Medio Oriente, es “un desafío grande para la seguridad global” (como dijo Zbigniew Brzezinski)? ¿O comparte nuestra opinión de que Rusia, desde los tiempos de Gorbatchow, no ha violado militarmente sus fronteras externas en ninguna parte y se ha comportado hacia afuera de manera más pacífica que jamás en su historia zarista y soviética? El proyectado escudo de misiles anti-balísticos en Polonia y la República Checa, ¿realmente será para proteger a estos dos países y a Estados Unidos – o para intimidar a Rusia? ¿Acepta usted el rol de Rusia en la política y economía del mundo?

8. ¿Acepta el rol de China en la política y economía del mundo? ¿Va al fin a invitar a China a la cumbre de económica mundial?

9. ¿Va a cumplir con las obligaciones adquiridas por Estados Unidos con el Tratado de No Proliferación Nuclear? ¿Va a volver a respetar el Tratado sobre Misiles Anti-Balísticos para evitar una nueva carrera armamentística, contrato del cual el presidente George W. Bush lamentablemente ha rescindido? ¿Va al fin ratificar el ajuste al Tratado de las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE), que el presidente George W. Buah hasta ahora se ha negado a ratificar?

10. Luego de que dos presidentes de Estados Unidos se han negado a adherirse al Protocolo de Kyoto, ¿bajo su presidencia Estados Unidos participará en un tratado mundial de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero?

11. ¿Usted definirá como meta de su política presupuestaria y financiera equilibrar el extremadamente deficitario balance exterior de Estados Unidos? ¿Dejará Estados Unidos de consumir una gran porción de los ahorros y de la formación de capital de otras naciones? ¿Es partidario de negociar un ordenamiento y una supervisión de los mercados financieros altamente especulativos?

12. ¿La Carta de las Naciones Unidas constituye para Estados Unidos derecho internacional vigente?

(Publicado en el semanario alemán Die Zeit, el 1 de marzo de 2008. Traducido del alemán por Paolo Lüers.)

PS: Desde la perspectiva de América Latina, habría que agregar unas preguntas. Siguiente Página invita a los políticos salvadoreños a formularlos. Nosotros las publicamos y las hacemos llegar a los 3 candidatos.

Columna transversal: El cambio empieza en casa

Estas elecciones las va a ganar el candidato presidencial que tenga más fuerza para cambiar su partido. O que tenga más capacidad de crear la percepción que está cambiando su partido. Sin embargo, no hagan fiestas alegres los encargados de generar imágenes y promesas: Sólo hasta cierto punto se puede vender puras percepciones; los cambios pueden ser maquillados y aumentados, pero no del todo inventados.

Los dos partidos grandes necesitan transformación. Transformación urgente, real e incluso audaz, si no radical. Sobre esto hay consenso entre las mayorías electorales. Uno es visto como mal gobierno, el otro como mala oposición.

Es el consenso de los llamados “indecisos”, quienes no son indecisos porque no saben lo que quieren, sino porque no están de acuerdo con los dos partidos enfrentados. Esta mayoría de votantes no comprometidos, sino más bien insatisfechos con los dos polos del esquema de polarización, va a observar con lupa cuál de los dos partidos da muestras de apertura, flexibilidad, pluralidad, tolerancia. Dicho de otra manera: Estas elecciones serán decididos por un bloque de votantes que ve a ARENA y al FMLN con igual desconfianza. Un bloque de votantes que va a votar por el mal menor. Estos votantes, por lo tanto, van a observar cuál de los dos se vuelve menos malo, cuál de los dos comienza a moverse de sus posiciones maximalistas e excluyentes a posiciones más incluyentes, mas democráticas, más concertadoras.

La gente cree más en la capacidad de cambio de las personas que de los aparatos partidarios. Son las personas –los dirigentes, los candidatos- que tienen que jalar a los partidos al cambio. Por esto, los candidatos no sólo tienen que tener buenas intenciones, sino sobre todo mostrar capacidad, decisión y poder para producir cambios en sus partidos. De esto depende su capacidad de ganar.

Muchos analistas ya hemos advertido a Mauricio Funes su debilidad en este campo. No dio batalla por un candidato a la vicepresidencia que sume en vez de restar. Perdió la batalla sobre la candidatura a la alcaldía de San Salvador. Perdió, por lo menos hasta ahora, la batalla por una política de alianzas que no humille a los potenciales aliados. Perdió la batalla por el derecho –la necesidad estratégica- del candidato de estructurar su propio comando de campaña. Todas estas batallas las perdió el candidato ante el aparato partidario y su cúpula. La batalla por una transformación de la bancada legislativa de militantes supeditados a la dirección de su partido en un entre deliberante y productor de propuestas y cambios, tal vez el candidato la está dando en privado. Pero para crear la percepción pública de que es capaz de cambiar y enrumbar su partido, la tendrá que dar en público y con resultados tangibles.

Ahora entra en escena el otro candidato: Rodrigo Ávila. Llega con la grave hipoteca del proceso de su propia nominación. La percepción pública es que esto fue una farsa, que el candidato fue impuesto por el COENA. El partido ARENA mostró en sus “primarias” que en su interior existe pluralidad, pero también mostró que esta pluralidad no está representada en sus órganos de dirección. Por esto, todo el mundo le insistió a Rodrigo Ávila que la primera cosa que necesitaba hacer es cambiar el COENA. Sólo así podía mostrar que realmente viene a transformar su partido.

Bueno, lo hizo. Pero se quedó corto. Tan barato no es. Para transformar un partido, y para convencer a la opinión público que la transformación es real, hace falta batalla y audacia. Rodrigo Ávila, en vez de recibir de manos de Tony Saca la presidencia del COENA, y en vez de sacar de la manga (y ni siquiera se sabe si por lo menos era su propia manga o de quién diablos era) a cinco nuevos integrantes del COENA, hubiera tenido que decir: “Para transformar al partido y volverlo apto a competir por el apoyo de las mayorías, primero voy a volver a la legalidad y legitimidad de los procesos internos. Para que ARENA sea un partido democrático, voy a aplicar los estatutos. Pido al COENA saliente convocar inmediatamente una Asamblea General para que elija democráticamente una nueva dirección. Voy a hacer propuestas, pero no voy a poner COENA.”

El derecho de elegir su dirigencia, mediante una Asamblea General, es un derecho inalienable de los ciudadanos miembros de un partido. El hecho que durante años este derecho (anclado claramente en los estatutos del partido) haya sido usurpado por una dirigencia que se autocompone, no les quita este derecho. El primer acto soberano como candidato de Rodrigo Ávila hubiera tenido que ser devolver este derecho –y con esto la legitimidad- a su partido.

Primera oportunidad no aprovechada. Quedan otras. Todavía puede transformar la próxima Asamblea General de una maquinaria ratificadora en una instancia soberana y democrática, exponiendo a elección real a todos los cargos en el COENA. Todavía puede facilitar que ARENA tenga una dirección representativa, plural, deliberante.

Todavía tiene la oportunidad de no repetir los errores del FMLN y construir un comando de campaña independiente de los sectores que lo llevaron a la candidatura. Todavía tiene la oportunidad de provocar en su partido un debate democrático sobre el rumbo del partido y del país – y sobre una agenda legislativa responsable. Todavía tiene tiempo para evitar que la bancada legislativa de ARENA –que ha sido la peor de su historia- se reelige por inercia.

La competencia entre los dos candidatos de quien realmente presenta el cambio, empezando en casa, está abierta.


PS:
Estatutos de ARENA:

"Art.17.- Son atribuciones de la Asamblea General:

c) Elegir el Consejo Ejecutivo Nacional y a su Presidente, en la forma y fecha que senñalan estos
Estatutos y sus Reglamentos."

Cultura orgásmica

Vivimos en una cultura orgásmica, donde el clímax de emociones es lo que nos impulsa a cada instante entre la dicha y la desgracia. Dicho esto hay que admitir que los orgasmos son buenos, sobre todo si son de verdad, profundos y con frecuencia; pero no son el todo. En la vida de pareja, todos sabemos que la convivencia sexual es muy importante, pero no tendría sentido reducir esta a solo orgasmos, es más, seguro que son mucho más difíciles de lograr si en los espacios intermedios no hay algo más.

En la política, nos tratan de vender expectativa y momentos cumbres, la selección de candidatos, los discursos, el debate, la cara de uno, el puño en alto del otro, pancartas, canciones, color, para poder lograr tener un orgasmo de emociones que nos motive por un candidato. Cuando el espacio entre orgasmos, el espacio entre discursos, es probablemente el más importante, la creación de una base sólida, una idea de país, un plan con sentido, alianzas con todos los sectores.

En los medios es más o menos lo mismo, si vemos la prensa deportiva vemos noticias impactantes cada fin de semana, si el Barcelona o el Real Madrid ya ganaron la liga o si son lo peor que ha existido en la historia. También lo vemos en la prensa política, si tal discurso de algún simpatizante de un candidato dijo o dejó de decir algo; y ya con eso hablan del fin de la vida política de alguien. La verdad es que todo es más complicado y los espacios son importantes.

Hay que saber crear proyectos, con sentido y coherencia, no podemos dejarnos llevar por el impulso de último minuto. Así por ejemplo, la renovación del COENA que tanto la han querido exaltar, como lo creación de una nueva plataforma, una nueva derecha. Al final de cuentas si vemos un poco más allá de las emociones que pueda suscitar ver caras nuevas. La realidad es que si Bahaia, Figueroa y Funes siguen, pues parece una reforma cosmética y no una cambio radical en las estructuras del partido. Creo que no nos podemos dejar llevar por esta reforma, hay que esperar ver más profundidad, más ideas, hay que esperar el momento entre orgasmos para ver si todavía la novia nos gusta.

Lo mismo podemos decir de Mauricio Funes, ciertamente su lanzamiento fue un clímax, muchas gentes por fin vieron la apertura que estaba esperando en el Frente, desde hace años, y era de celebrarse, pero ahora, con el tiempo, podemos comenzar a ver hasta donde ha llegado esa reforma, cuales son los cambios. Si el Frente es capaz de escuchar otros sectores, si son imaginativos a la hora de formar un gabinete de gobierno, o si vamos a tener las mismas caras que hemos visto en los últimos tiempos. Y es que por más que me digan, yo no puedo imaginarme quienes serían los ministros de Mauricio, si van a ser los mismos que ahora son diputados, poco ha sido el cambio.

Hay que disfrutar de los orgasmos, hay que gozar con la idea de que las cosas son así de buenas, que hay más apertura en el Frente y ARENA. Pero no hay que ser ingenuos de dejarnos llevar con esos momentos, hay que tener paciencia y ver quien es capaz de convencernos de que una nueva política es posible. Porque si los cambios que patrocinan son tener a un candidato que cada vez que alguien se atreve a decir que tiene una postura de derecha, tienen que salir corriendo a decir que es más de izquierda que Fidel, estamos mal. Y si la nueva derecha que patrocinan los otros es más ortodoxa, cerrada y llevada de su propia cabeza, que los ortodoxos de la izquierda, estamos muy mal.

Por eso tenemos que tener paciencia, saber vivir con la mayor cantidad de orgasmos posibles, pero con los pies en la tierra, para saber que en los espacios intermedios es que se construyen los proyectos.