Cultura orgásmica

Vivimos en una cultura orgásmica, donde el clímax de emociones es lo que nos impulsa a cada instante entre la dicha y la desgracia. Dicho esto hay que admitir que los orgasmos son buenos, sobre todo si son de verdad, profundos y con frecuencia; pero no son el todo. En la vida de pareja, todos sabemos que la convivencia sexual es muy importante, pero no tendría sentido reducir esta a solo orgasmos, es más, seguro que son mucho más difíciles de lograr si en los espacios intermedios no hay algo más.

En la política, nos tratan de vender expectativa y momentos cumbres, la selección de candidatos, los discursos, el debate, la cara de uno, el puño en alto del otro, pancartas, canciones, color, para poder lograr tener un orgasmo de emociones que nos motive por un candidato. Cuando el espacio entre orgasmos, el espacio entre discursos, es probablemente el más importante, la creación de una base sólida, una idea de país, un plan con sentido, alianzas con todos los sectores.

En los medios es más o menos lo mismo, si vemos la prensa deportiva vemos noticias impactantes cada fin de semana, si el Barcelona o el Real Madrid ya ganaron la liga o si son lo peor que ha existido en la historia. También lo vemos en la prensa política, si tal discurso de algún simpatizante de un candidato dijo o dejó de decir algo; y ya con eso hablan del fin de la vida política de alguien. La verdad es que todo es más complicado y los espacios son importantes.

Hay que saber crear proyectos, con sentido y coherencia, no podemos dejarnos llevar por el impulso de último minuto. Así por ejemplo, la renovación del COENA que tanto la han querido exaltar, como lo creación de una nueva plataforma, una nueva derecha. Al final de cuentas si vemos un poco más allá de las emociones que pueda suscitar ver caras nuevas. La realidad es que si Bahaia, Figueroa y Funes siguen, pues parece una reforma cosmética y no una cambio radical en las estructuras del partido. Creo que no nos podemos dejar llevar por esta reforma, hay que esperar ver más profundidad, más ideas, hay que esperar el momento entre orgasmos para ver si todavía la novia nos gusta.

Lo mismo podemos decir de Mauricio Funes, ciertamente su lanzamiento fue un clímax, muchas gentes por fin vieron la apertura que estaba esperando en el Frente, desde hace años, y era de celebrarse, pero ahora, con el tiempo, podemos comenzar a ver hasta donde ha llegado esa reforma, cuales son los cambios. Si el Frente es capaz de escuchar otros sectores, si son imaginativos a la hora de formar un gabinete de gobierno, o si vamos a tener las mismas caras que hemos visto en los últimos tiempos. Y es que por más que me digan, yo no puedo imaginarme quienes serían los ministros de Mauricio, si van a ser los mismos que ahora son diputados, poco ha sido el cambio.

Hay que disfrutar de los orgasmos, hay que gozar con la idea de que las cosas son así de buenas, que hay más apertura en el Frente y ARENA. Pero no hay que ser ingenuos de dejarnos llevar con esos momentos, hay que tener paciencia y ver quien es capaz de convencernos de que una nueva política es posible. Porque si los cambios que patrocinan son tener a un candidato que cada vez que alguien se atreve a decir que tiene una postura de derecha, tienen que salir corriendo a decir que es más de izquierda que Fidel, estamos mal. Y si la nueva derecha que patrocinan los otros es más ortodoxa, cerrada y llevada de su propia cabeza, que los ortodoxos de la izquierda, estamos muy mal.

Por eso tenemos que tener paciencia, saber vivir con la mayor cantidad de orgasmos posibles, pero con los pies en la tierra, para saber que en los espacios intermedios es que se construyen los proyectos.

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