Matar y morir por Hugo Chávez

"Bienvenidos a La Piedrita en paz. Si vienes en guerra, te combatiremos. Patria o muerte". Ni la policía ni la Guardia Nacional están autorizadas a entrar en los dominios del Grupo de Trabajo La Piedrita en el barrio 23 de Enero de Caracas, uno de los más populosos y duros de la capital venezolana, ubicado apenas a kilómetro y medio de Miraflores, el Palacio de Gobierno. Sólo en días concretos, como esta semana pasada cuando el presidente Hugo Chávez fue de visita para celebrar un acto de campaña, los combatientes de La Piedrita admiten con cierto recelo que haya en su zona otras armas distintas a las suyas, las de la Guardia de Honor presidencial. Lo hacen como una cortesía más hacia la revolución, por la que los integrantes de La Piedrita -y de otros cinco colectivos del barrio que cumplen funcionen parapoliciales- dicen estar dispuestos a morir y a matar.

"Somos un colectivo que hace trabajo social, pero también, como dijo nuestro comandante Hugo Chávez], estamos armados y dispuestos a defender esta revolución por la vía de las armas", asegura Valentín Santana, líder del grupo. La Piedrita cuenta sólo con unos 50 hombres, pero controla un área de bloques de hormigón, casas humildes y ranchos en los que viven unas 3.000 personas. Ése es también su campo de entrenamiento. Así como la policía respeta los límites de su territorio, Santana también respeta el espacio de otros "colectivos" que hacen vida en el barrio y que están tan comprometidos con el Gobierno y algunos casi tan armados como el suyo: la Coordinadora Simón Bolívar, el grupo Carapaica, el colectivo Montaraz, los Tupamaros, Alexis Vive y, en el centro de la ciudad, el partido Unidad Popular Venezolana.

El 23 de Enero es sinónimo de revolución; su nombre conmemora la caída de Marcos Pérez Jiménez -el 23 de enero de 1958-, el último dictador venezolano que durante 10 años se reeligió en el poder.

Santana admite sin reparos y con "dignidad revolucionaria" que fueron ellos quienes, a principios de esta semana, arrojaron bombas lacrimógenas contra la sede del Vaticano en Caracas y contra la residencia de Marcel Granier, director de la televisión privada RCTV. También reconoce la autoría de ataques anteriores contra el canal de noticias Globovisión, contra el Arzobispado de Caracas y contra la casa de Miguel Henrique Otero, director del diario El Nacional.

No era un secreto, tampoco. Públicamente, La Piedrita ha declarado "objetivos militares" a todos los medios de comunicación contra los que ha actuado. Santana dice, incluso, que él estaría dispuesto a llegar más allá: "Ellos están conspirando de manera abierta contra la revolución bolivariana y ya está bueno de que le falten el respeto a nuestro presidente. Y sí, son objetivos militares. Si nosotros los llegamos a pescar, ten por seguro que los vamos a ajusticiar. Si agarramos, por ejemplo, a Marcel Granier director de RCTV], lo vamos a pasar por las armas, sin vacilación lo vamos a hacer". Correrían la misma suerte el director del diario El Nacional y el director de Globovisión, si se los cruzara por la acera.

Pero desde hace 23 años, cuando fundó su grupo, Valentín Santana rara vez se mueve del barrio. "Aquí estamos en guerra, compañera", afirma. Asume que las calles, los centros comerciales, están vedados para él. Sólo sale del barrio para ir a su trabajo -vaya paradoja- como supervisor de seguridad de la Universidad Central de Venezuela (UCV), uno de los dos centros públicos de Caracas que más se ha movilizado contra el Gobierno de Hugo Chávez. Desde los años sesenta y hasta que la revolución llegó al poder, la UCV solía ser una trinchera de los grupos radicales de izquierda del 23 de Enero. Pero los tiempos han cambiado. Santana ya no comparte las causas políticas de estos estudiantes, las combate y mantiene con ellos una especie de pacto de caballeros que le permite hacer su trabajo: "Yo les he dicho: ustedes se meten conmigo, y yo les vuelo la cabeza. Yo hago mi trabajo de seguridad, si se meten conmigo, ten por seguro que no me quedo tranquilo", recalca.

El Gobierno tiene una relación ambivalente con La Piedrita. En una ocasión, el presidente Hugo Chávez les llamó "terroristas", pero la semana pasada les envió un saludo, como parte de los colectivos sociales que trabajan en la campaña por la enmienda constitucional. A propósito de los ataques con gases lacrimógenos de la última semana, el ministro de Interior y Justicia, Tarek El Aisami, ha pedido que no se estigmatice a La Piedrita. En cambio, la defensora del pueblo y ex diputada del PSUV, Gabriela Ramírez, dijo que pediría al Ministerio Público que investigara los atentados y las agresiones contra marchas estudiantiles, porque cree que "las peleas electorales se ganan con votos y no con balas".

Tanto los directores de los medios como sus trabajadores ya han denunciado la amenaza de estos grupos en la Fiscalía General de la República, y desde hace un par de años están amparados por medidas cautelares de protección emitidas por la Corte Interamericana de los Derechos Humanos. Pero eso no les ha eximido de seguir siendo un "objetivo militar". Además de las razones políticas, Santana tiene motivos personales pendientes para que sus objetivos no cambien: "Cuando hablo de matar a una persona, hablo del enemigo. Esos carajos nos obligaron a activarnos de esa manera. Los primeros cinco años de La Piedrita eran pura cosa cultural. Pero la derecha empezó a avanzar. A mí me mataron a un hijo, la derecha lo mató. Eso nos obligó a entrenarnos, a prepararnos. Y desde que me quitaron a mi hijo, una parte mía se convirtió en un monstruo".

(El País, Madrid, 26 de enero 2009)

Diez razones para amar a Chávez

Uno: "Porque Chávez nos ama, y amor con amor se paga". Dos: "Porque Chávez nos ama y por eso es incapaz de hacernos mal. Si propone la enmienda, sentimos, sabemos, que lo hace para el bien de nosotros, del país, de la revolución"... Seis: "Porque al aprobar la enmienda estamos fortaleciendo a Chávez y fortaleciéndonos nosotros". Son 10 las razones por las que, según el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), los electores deben votar sí a la enmienda constitucional que ha propuesto el presidente, Hugo Chávez, para establecer su reelección indefinida en el poder. Una por cada año de Gobierno ya transcurrido, desde que Chávez asumiera por primera vez la presidencia, el 2 de febrero de 1999. Una por cada año adicional de mandato de Chávez, que, según sus deseos y si el país aprueba la enmienda, se prolongaría hasta 2019.

El presidente venezolano celebrará el domingo 10 años en el poder, en medio de una ardua campaña electoral a la que él y su Administración se han entregado por entero. El referéndum popular del 15 de febrero, argumenta el oficialismo, vale el esfuerzo: ese día se decidirá si se reforma o no la Constitución para que, en 2012, Chávez pueda optar a un tercer mandato consecutivo de seis años.

Todas las tardes, a veces durante cuatro horas, el canal del Estado se conecta en directo con los actos políticos que convoca el presidente. Los diputados de la Asamblea Nacional, alcaldes y gobernadores -en su mayoría, chavistas- se han tomado un mes de vacaciones para recorrer el país promocionando la enmienda. En cada estación de metro de Caracas, funcionarios públicos y militantes del PSUV reparten el decálogo chavista, que apela, una vez más, al "amor" por el comandante. Incluso Diego Armando Maradona, el seleccionador de fútbol argentino, viajó esta semana a Venezuela para unirse a la campaña y celebrar el aniversario de Chávez.

Además del amor, la guerra es un leit motiv en la propaganda oficial. "Si la oposición llega al poder, habrá una guerra; por eso es necesario garantizar la continuidad del proceso revolucionario democrático bolivariano y ahí está la propuesta de la enmienda constitucional", proclamó Chávez el martes. "Mientras yo gobierne, el pueblo venezolano tiene garantizada la paz", dijo también el pasado 23 de enero.

Ambos mensajes, sumados al uso de la maquinaria del Estado, han surtido efectos favorables a la causa del presidente. A pesar de que una reforma constitucional similar ya fue rechazada por los venezolanos en el referéndum del 2 de diciembre de 2007 -con el 51% de los votos en contra y el 49% a favor-, en los últimos tres meses la nueva propuesta de enmienda ha ido ganando terreno en las encuestas. Un estudio nacional de la firma privada Datanálisis reveló esta semana que la opción del sí cuenta con el 51,1% de la intención de voto de los venezolanos y la del no, con el 48,1%; esto implica un descenso de cuatro puntos para el no, que se ubicaba en el 52% en diciembre de 2008. Otras encuestadoras, como el Instituto Venezolano de Análisis de Datos (Ivad), le otorgan un 48,7% de apoyo a la enmienda y un 42,1% de rechazo.

Chávez, que tras 10 años de Gobierno mantiene rangos de entre el 57% y el 60% de popularidad, se ha fijado como meta recuperar los votos perdidos en 2007. En su última elección como presidente, Chávez fue respaldado por más de siete millones de electores, mientras que en el referéndum de 2007 -que él mismo promocionó como un pleisbicito- obtuvo cuatro millones y medio. El pueblo humilde, beneficiario de las misiones (programas sociales) que ha puesto en marcha desde 2003, sigue siendo su objetivo electoral.

Según cifras del Instituto Nacional de Estadística, entre 1999 y 2007 el Gobierno de Chávez logró reducir la pobreza en los hogares venezolanos del 29,3% al 23,3%. También ha mejorado el acceso a la atención médica primaria y a la educación. Otros números, menos alentadores, señalan que durante su gestión Venezuela ha padecido la inflación más alta de los últimos 12 años (30,9%, al cierre de 2008) y que los índices de inseguridad del país se cuentan entre los más altos del mundo (14.000 ciudadanos fueron asesinados en 2008, según el Observatorio Venezolano de la Violencia).

La consulta electoral del 15 de febrero se produce, además, en medio de un clima de incertidumbre económica generado por la caída en más del 70% de los precios del crudo, principal fuente de financiación del presupuesto nacional. Aunque Chávez asegura que Venezuela cuenta con reservas suficientes para no caer en recesión, las cuentas nacionales parecen indicar lo contrario: el coste de la comida sube al mismo ritmo en que baja el del petróleo.

(El País, Madrid)

El Salvador

A Centroamérica le ha costado 100 años comprender que al corazón no se le pueden poner fronteras. Ni al corazón ni a los pies de un hombre y una mujer que quiere decirle algo a otro, o que quiere ir a buscar una vida mejor a otro lado de uno mismo. Ahora, cuando ya los países del istmo van a ir, poco a poco, eliminando las fronteras al paso de las mercancías, también es momento de derribar otras fronteras patrioteras, nacionalistas y limitantes que no juegan a favor nuestro. A punto de conmemorar la independencia de las antiguas colonias de España, Centroamérica se está mirando al espejo de sus recelos. En Nicaragua, sin ir más lejos, quedan muchos asuntos pendientes, y entre ellos, que vuelva una justicia independiente de los poderes políticos, un sueño que tiene mucho que ver con la libertad y la decencia de no amparar a las criminales, aunque éstos sean líderes políticos.
En varias sesiones de la negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, fui testigo de cómo algunos negociadores se dedicaban a hacer el juego patético de tratar de cerrar acuerdos privados con Estados Unidos, aunque fueran en perjuicio del vecino y hermano país. Y eso que se suponía que a un lado de la mesa estaban los países centroamericanos unidos y al otro EU. Ahora, parece que la dirección apunta hacia otro lado. Pero aún quedan cuestiones muy graves sin resolver. Me refiero a dos guerras inconclusas, llenas de perdedores: las de Guatemala y El Salvador. El próximo 15 de marzo serán las elecciones presidenciales en El Salvador, aunque antes, el pasado domingo se celebrasen las legislativas y municipales. Si hay algún país de todos los de la región que esté más hermanado con Nicaragua, ése es El Salvador, una especie de otra mejilla, donde se ha recibido siempre el mismo golpe. ARENA, el partido más poderoso de El Salvador ha controlado las instituciones con más o menos fuerza durante la última década, y a su último candidato y ahora presidente todavía, Toni Saca, le cupieron dos vergüenzas: una es la de quedarse siendo durante algún tiempo el único país de Centroamérica que aún enviaba tropas a Irak para hacerle el juego rastrero a Bush; otra, la de esa campaña zafia y populista de la “súper mano dura” contra la violencia de las pandillas urbanas, y no sólo no ha conseguido eliminar la violencia sino que el país continúa mostrando los índices más altos de criminalidad de la región. La alcaldía de San Salvador, que hasta ahora controlaba el FMLN, tampoco ha podido detener con rotundidad la violencia, y de hecho ha devuelto la alcaldía a ARENA.
Por otro lado, al FMLN le ha costado un largo proceso interno consensuar un candidato moderado, como el actual Mauricio Funes, un periodista que ha dado algunas señalas de por donde querría que su política caminase. Aunque uno tiende a desconfiar de cuando los periodistas se meten a política, parece que Funes al menos le da al FMLN lo que nunca ha podido conseguir, estar cerca de ganar unas elecciones presidenciales, ya que le hubiera sido imposible si sostuviera su discurso dogmático más radical. Sus primeros viajes y contactos han sido con empresarios, como Slim, el mejicano y hombre más rico del mundo; y los líderes de esa otra izquierda más moderada de América Latina, la de Bachelet, la de Lula, o la de Zapatero en España. Queriendo a El Salvador, (quién no lo quiere), a uno le gustaría ver cómo el FMLN gana las elecciones. No porque piense que sea mejor o peor alternativa, ni porque simpatice más o menos, sino por el mero hecho de que la ilusión de que se cierra una guerra que nunca se dio por terminada, a pesar de los acuerdos de paz. Uno espera que si gana este nuevo FMLN, la memoria de tanta gente asesinada reclame la justicia que nunca le llegó, empezando por las masacres de campesinos y terminando por el propio arzobispo Romero. En sus tiempos de poder, la derecha salvadoreña ha sido tan de derecha, que no ha granjeado ninguna simpatía fuera de su minúsculo territorio, para muchos su finca particular. La enorme diferencia entre los que tienen plata y los que no en El Salvador es mucho más discriminatoria que incluso en otros países de la región. Que gane el FMLN, lo haga bien o lo haga mal, es dejar que la memoria siga su curso, dar una oportunidad a la reconciliación y a que algunas esperanzas tengan cabida, en un país demasiado pequeño para matarse. La injusticia social, la violencia, los vínculos con el narcotráfico y otros problemas, seguirán, pero la guerra, ésa que aún se lleva dentro en mucho corazón de Centroamérica sin que se dispare un solo tiro, habrá terminado; se cerrará una herida que sangró por todos los costados de la región.
Éste es el peor año para Centroamérica por la crisis económica e institucional de algunos países como Nicaragua, pero es el mejor para iniciar una auténtica Centroamérica unida que gane confianza en sí misma. A nuestro El Salvador, el pulgarcito de América, nuestra otra mejilla, de puro corazón, sólo se le puede desear lo mejor, con el mejor poema de amor que jamás se haya escrito hacia una tierra (al menos de los que yo conozco), aunque parezca mentira: el de Roque Dalton con el que aquí les dejo:
franciscosancho@hotmail.com


Poema de amor
Los que ampliaron el Canal de Panamá
(y fueron clasificados como “silver roll” y no como “golden roll”),
los que repararon la flota del Pacífico
en las bases de California,
los que se pudrieron en las cárceles de Guatemala,
México, Honduras, Nicaragua
por ladrones, por contrabandistas, por estafadores,
por hambrientos
los siempre sospechosos de todo
(“me permito remitirle al interfecto
por esquinero sospechoso
y con el agravante de ser salvadoreño”),
las que llenaron los bares y los burdeles
de todos los puertos y las capitales de la zona
(“La gruta azul”, “El Calzoncito”, “Happyland”),
los sembradores de maíz en plena selva extranjera,
los reyes de la página roja,
los que nunca sabe nadie de dónde son,
los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,
los que murieron de paludismo
o de las picadas del escorpión o la barba amarilla
en el infierno de las bananeras,
los que lloraran borrachos por el himno nacional
bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.

publicado en El Nuevo Diario el sabado 24 de enero de 2009: http://impreso.elnuevodiario.com.ni/2009/01/24/opinion/94048

Reformas versus cambio

Esta semana asistí a una reunión de analistas y periodistas con el equipo que elaboró el programa de gobierno de Rodrigo Ávila. Fui con todo el escepticismo del caso, preparado a aguantar un discurso ideológico, a sufrir la defensa cerrada de esquemas ideológicos agotados, a desayunarme más de lo mismo.

Para mi sorpresa, me encontré con un equipo de mentes abiertas, muy dispuesto a deshacerse de varias vacas sagradas de los gobiernos anteriores. Rodrigo Ávila, para diseñar las futuras políticas públicas de su gobierno, no se apoyó en los ideólogos de su partido, sino en profesionales críticos con una visión marcadamente reformista. El hecho que Rodrigo Ávila haya puesto como núcleo de su futuro gobierno a personas que no son soldados de partido, pero tampoco son tecnócratas, sino gente convencida de la necesidad de la reforma profunda en lo económico, político e institucional, es muy significativo para un candidato bajo la sospecha de ser garante del continuismo.

Si las personas claves de este equipo –René León, economista y embajador en Washington; Luís Mario Rodríguez, quien fue secretario jurídico de Tony Saca, renunció para competir por la candidatura residencial y ahora diseña para Rodrigo Ávila la reforma política; Rodrigo Simán, el médico que fundó el programa gubernamental contra el SIDA y se hizo cargo de desarrollar el concepto de las políticas sociales- son los hombres con los cuales Rodrigo Ávila se propone construir su gobierno, Mauricio Funes ya no es el dueño del cambio. Mucho menos el FMLN...

Si este equipo dice en voz alta que este gobierno de ARENA, en vez de seguir siendo obstáculo para la reforma electoral, para la ley de partidos políticos y para el fortalecimiento de las instituciones del Estado, será motor de estas reformas; si además este equipo dice que el problema del alto costo de las medicinas no se ataca, como propone el FMLN, quitando el IVA, sino rompiendo los monopolios en el mercado farmacéutico, ¿para qué arriesgarse con un cambio que podría ser un paso al vacío?

‘País Justo’ parece más programa de un partido de oposición que de un partido de gobierno. Plantea la urgente e impostergable necesidad de reformas. Reformas profundas. En lo electoral, en el Estado, en Salud, en Transporte, en Vivienda, en política energética.

El programa tiene otra característica sorprendente: No es un programa de partido, es realmente un programa de gobierno, o de país. No dibuja una visión ideológica del país, sino una visión pragmática de cómo conciliar lo necesario con lo factible. Además demuestra un alto grado de profesionalidad y realismo. Se nota que el equipo está compuesto por profesionales competentes, experimentados y capaces de escuchar opiniones y crear consensos.

El programa del FMLN tiene un lenguaje diametralmente diferente, profundamente impregnado de su ideología, de sus metas de transformación a largo plazo, pero sin definirlas claramente.

Un programa como el ahora presentado por el equipo del embajador René León puede convertirse en la plataforma práctica de muchos sectores y las más diversas personalidades que no están dispuestos de supeditarse al esquema ideológico de ARENA, pero sí de colaborar en las políticas públicas y las reformas ahí diseñadas.

Bueno, el papel todo lo aguanta. Había que esperar si realmente el equipo de campaña de Rodrigo Ávila y la dirección de su partido –instancias que hasta ahora no han mostrado con el mismo grado de claridad su vocación reformista y su disposición de romper con el continuismo- convierten el espíritu reformista de este programa en la imagen visible y distintiva de su proyecto político.

Si esto pasa en las próximas semanas, Mauricio Funes estará en problemas. Tal vez tenga razón con su eslogan ‘Viene el cambio’, pero de repente viene con otra cara y otras banderas, en forma de reformas concretas y reales.

En cambio, si las reformas planteadas sólo quedan en papel sin convertirse en el corazón del proyecto de Ávila, pueden tener un efecto contraproducente y reforzar la tendencia al cambio que plantea el contrincante. Plantear reformas sin mostrar las gallas de ponerlas en práctica deja espacio para los predicadores del cambio.

Ya era tiempo que alguien en este país abrace, sin vacilaciones, el reformismo. El FMLN no ha roto por nada con la larga tradición de partidos comunistas y movimientos revolucionarios que detestan al reformismo. ‘Reformista’, dentro del Frente, sigue siendo mala palabra e insulto.

ARENA hasta ahora se ha concebido como fuerza conservadora. Y los protagonistas del reformismo, desde trincheras partidarias muy estrechas, nunca lograron levantar cabeza.

El anti-reformismo revolucionario resulta igualmente obsoleto que el anti-reformismo conservador. Tal vez 2009 sea el año del reformismo. ¡Enhorabuena!

(El Diario de Hoy, Observador Electoral)

No soy avestruz

Si no estás a favor del FMLN, ¿en qué te convierte esto en un país, donde la única alternativa real, en términos electorales, al Frente es ARENA?

¿En esta disyuntiva, no preferir al FMLN me convierte en derechista? No es tan simple. Más bien, es un asunto sumamente complejo. Yo digo que, aunque no apoyo al FMLN, sigo siendo de izquierda. Aunque por efectos prácticos y electorales, hoy por hoy, quien critica al FMLN, ayuda a ARENA.

¿Y qué culpa tengo yo que no existe otra alternativa más allá de FMLN y ARENA? ¿Qué culpa tengo yo que no existe una opción de izquierda democrática?

¡Toda la culpa del mundo! La tengo que asumir, junto con toda la masa crítica que hemos salido del Frente y que no hemos sido capaces de construir una alternativa. Tiene la razón la generación de nuestros hijos de criticarnos. Esto es nuestro pecado, haya que asumirlo, no que nos hayamos hecho de derecha. Nuestro pecado es no haber construido la alternativa al Frente, la izquierda democrática.

¿Este vacío me obliga a apoyar al FMLN, sólo para que no me digan derechista? ¡No way! Resulta que precisamente por haber sido de izquierda toda mi vida, no puedo estar en favor de que llegue al poder el Frente. Para mi, la izquierda ortodoxa, autoritaria e intolerante es el mayor obstáculo para el desarrollo de la izquierda democrática.

Me lo dice mi experiencia propia como parte de la izquierda antiautoritaria europea que se enfrentó al mismo tiempo y con la misma radicalidad --en el histórico movimiento del 68-- a la guerra gringa contra Vietnam y a la represión soviética contra la izquierda democrática en Praga. Me lo dice la historia de las izquierdas: O son plurales y democráticas, o se vuelven autoritarias y represivas. Esto fue así en la Rusia de Lenin como en la China de Mao. Esto es así en la Venezuela de Chávez y en la Nicaragua de Ortega - y estoy convencido que así será en un El Salvador gobernada por Funes y el FMLN.

¿Esta experiencia y esta convicción me vuelven derechista? No. Me confirman mi identidad de izquierda antiautoritaria.

Es cierto, si las opciones se reducen a FMLN y ARENA, prefiero en el poder al último. Un gobierno de ARENA será menos dañino, menos hostil, menos represivo para la izquierda democrática. Un quinto gobierno de ARENA no es nada deseable, pero nos deja más espacio para construir alternativas. Habrá que criticarlo, auditarlo y a lo mejor confrontarlo, desde el principio. Pero constituye menos peligro para la pluralidad, para la libertad, para la democracia. Los daños que causaría son reversibles. Los que causaría el FMLN, tal vez no.

Urge construir una oposición democrática capaz de sustituir a ARENA en el poder. Son los dirigentes del FMLN que tienen 15 años de hacer todo lo posible para que en El Salvador no nazca una izquierda democrática. Detestan a la socialdemocracia, porque saben que es el antídoto a su idea del socialismo autoritario. Estando en el poder, harán aun más para evitar que nazca su competencia más peligrosa, la izquierda democrática.

Decir todo esto en público, y con argumentos de izquierda, es considerado traición por el FMLN. Para mi, es fidelidad con los principios de izquierda que me han movido desde las luchas antiautoritarias del 1968, cuando nos tocó enfrentar a las ortodoxias que estaban gobernando de ambos lados del muro de Berlin. Es fidelidad con los principios que me han llevado a incorporarme a las filas rebeldes en El Salvador.

Los que somos de izquierda y no estamos con el FMLN, tenemos que pensar muy bien cómo actuar en esta coyuntura electoral. Hacer de avestruz, metiendo la cabeza en la arena para esperar que pase la tormenta, no es opción.

(El Diario de Hoy)

El proyecto doble cara

Si fuera cierto que con el FMLN se puede hacer un gobierno de reformas que no sea supeditado a las estrategias de transformación socialista predominantes en el partido, Héctor Silva se hubiera convertido en presidente en vez de Paco Flores. Estaban dadas todas las condiciones: ARENA estaba en una crisis profunda, la gente pidió el cambio, y el FMLN tenía en el alcalde Silva la figura ideal para proponer un gobierno de concertación y reforma. Faltaba una sola condición: la voluntad política del FMLN de cambiar.

El partido no lo permitió, y por lo tanto, Héctor Silva ni siquiera llegó a ser candidato presidencial del FMLN, sino tuvo que salir para intentarlo fuera y en contra del FMLN.


Schafik Handal dijo: “Si el precio para llegar al poder con Héctor es convertirnos en partido socialdemócrata, mejor conservamos nuestra identidad revolucionaria y quedamos en la oposición”.


Tenía razón Handal: Héctor Silva y los renovadores no podían aspirar al gobierno sin antes transformar al FMLN en un partido apto para gobernar.Osea, tenían que transformar al FMLN de fuerza anti-sistema en una fuerza capaz de administrar y mejorar el sistema.


Precisamente esto no están dispuestos a permitir los que buscan no mejorar sino sustituir el sistema de la democracia representativa y de la economía social de mercado.


Lo dicen claramente los dirigentes comunistas, tanto Dagoberto Gutiérrez como José Luís Merino: No queremos el poder para administrar la crisis del capitalismo.


Están interesados en el poder estatal para provocar transformaciones, aunque sea a largo plazo.


La figura de Mauricio Funes no cambia nada en esta estrategia del FMLN. La única diferencia es que Héctor Silva no estaba dispuesto a asumir la candidatura sin tener certeza de la transformación del partido – mientras que Mauricio sí aceptó este papel.


Los dirigentes del partido le han dejado claro que no permiten que se meta en asuntos internos del partido, mucho menos que intente transformarlo en una fuerza socialdemócrata.


La diferencia es que Héctor Silva no aceptó una política de doble cara, mientras que Mauricio Funes la adoptó y la convirtió en un arte.


Héctor Silva y su propuesta reformista fueron la expresión de una tendencia dentro del FMLN con suficiente fuerza para asumir el control del partido e iniciar su trasformación y modernización. Para la ‘tendencia revolucionaria’ de Schafik y Salvador Sánchez Cerén era imposible aceptar a Héctor como presidente, porque desde el poder los renovadores iban a institucionalizar su liderazgo en el partido y reducir a los comunistas a una tendencia minoritaria e insignificante, como ya había pasado en el marco de las transformaciones de España y Chile.


Una vez concluido el proceso de “depuración” que dejó al Frente sin renovadores, sin pluralismo interno y sin disidencia, la estrategia de doble cara se volvió perfectamente factible para el FMLN. Podían a invitar a Mauricio Funes al papel de candidato moderado, sin correr peligro de que contamine al partido.


Esta es la diferencia entre el intento fallido de Héctor Silva de convertirse en candidato presidencial del FMLN y el actual proyecto Mauricio Funes: la estrategia de Silva tenía una condición que no podía aceptar el FMLN: que en el proceso de llegar al poder el partido se transforme de una fuerza anti-sistema en una fuerza socialdemócrata capaz y dispuesta a reformar, mejorar y administrar al sistema. El pacto entre el FMLN y Mauricio Funes, por más que hablen de “cambio”, no implica ninguna transformación del partido.


Por esto Mauricio Funes llegó a la candidatura presidencial del FMLN, mientras que Héctor Silva, por lo contrario, tuvo que salir del partido. Lo atacaron, lo aislaron, le expulsaron a sus principales aliados, lo censuraron cuando hizo el intento de mediar en el conflicto de la huelga médica, en vez de acatar la línea partidaria que era confrontación.


El que mejor podría explicar esta diferencia entre el proyecto Héctor Silva y el proyecto Mauricio Funes es el propio doctor Héctor Silva. Pero incluso si fuera cierto que prefiere no hablar, la verdad se impondrá, porque en esta historia había muchos protagonistas y no todos se ahuevaron.


(El Diario de Hoy,Observador Electoral)

"Aquí nadie se haga ilusiones"

Si el presidente Barack Obama hubiera hablado 8 horas en su discurso inaugural, los hospitales de Washington, Virginia y Maryland habrían colapsado. De los dos millones de estadounidenses que acudieron a celebrar el ascenso a la presidencia de la gran potencia mundial de un negro nacido en Hawai, de padre keniano y madre de Kansas, probablemente no menos de 100.000 se habrían desmayado, acosados por una temperatura bajo cero, verdaderamente infernal.

El trópico tiene ventajas, aunque pocos las reconozcan. Aquí se puede hablar 8, 10 o 12 horas y no pasa nada. La gente ni se desmaya.

Al presentar su mensaje a la Asamblea Nacional el Presidente de la República y del PSUV habló 7 horas 55 minutos, a lo cual, para ser justos, habría que descontar la hora y quince que duraron los aplausos que interrumpían al orador cada vez que daba cifras de cómo desde La Marqueseña y otras empresas socialistas se producen tantas toneladas de alimentos que ya se exportan. ¡Uh, Ah! Al presidente del PSUV no le gustó el discurso de Obama porque, en primer lugar, había sido tan breve que no llegó a los veinte minutos, y con discursos así, suponiendo (negado) que decidiera reducir los suyos al tiempo que dicta la retórica clásica, no le daría ocasión a los diputados de la Asamblea de aplaudirlo todas las veces que ellos quisieran y que él, sin duda, ¡merece! Tengo la sospecha de que el Jefe Supremo se indignó con ese discurso por otras razones que, probablemente, no confesará. Eso de comenzar un discurso con la palabra "humildad", una palabra tan humilde que no vale la pena. Eso de proclamar que el día del ascenso a la presidencia sea día de renovación y reencuentro, puede ser un mal ejemplo.

Además, ¿cómo es posible decir eso de que estamos reunidos "porque hemos escogido la esperanza por encima del miedo, el propósito común por encima del conflicto y la discordia"? ¿Es que alguien puede vivir sin conflictos y sin discordias? El Jefe Supremo leyó otro párrafo y pensó que Obama no era hombre de este mundo. Subrayó con lápiz rojo, y más que subrayar lo rayó, como si quisiera borrarlo. En el papel se leía: "Hoy venimos a proclamar el fin de las disputas mezquinas y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas gastados que durante tanto tiempo han sofocado nuestra política". Pasó por alto eso de disputas y promesas, pero donde rayó con más fuerza fue allí donde se alude a los "dogmas gastados". Ahí se molestó porque adivinó una alusión personal.

Dijo para sí: "Si en el imperio también se gastan los dogmas, estamos perdidos".

Mientras el Jefe Supremo (de la República y del PSUV) estrujaba las cinco páginas del discurso inaugural, se incomodaba cada vez más. "Parece mentira ­exclamaba­ que un hombre piense que con un mensaje de veinte minutos se puedan arreglar las crisis del mundo". Avanzó en las páginas y de pronto se detuvo, con señales de muy mal humor. "Definitivamente ­dijo mientras golpeaba la mesa sin piedad­ aquí hay un mensaje subliminal. Esto es contra la revolución bolivariana, directo al mentón, a otro perro con ese hueso". Leyó en voz alta el párrafo de Obama que decía así: "Nuestra economía se ha debilitado enormemente, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era".

Esto de la incapacidad colectiva para tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era le pareció el colmo del intervencionismo. "Aquí hay gato encerrado", pensó en silencio. Y siguió pensando en silencio pues aquellas ideas de que la gente se porte como gente tenían un contenido subversivo. ¡Sería el fin del mundo! A pesar de que cada palabra lo incomodaba más, buscó algo que se refiriera al petróleo, y lo encontró ahí mismo, sin voltear la página: "Aprovecharemos el sol, los vientos y la tierra para hacer funcionar nuestros coches y nuestras fábricas".

­Me lo imaginaba ­exclamó­.

No perdonan.

El hombre no abandonó la lectura porque vio que Obama castigaba a los que abusan del mercado, cuando tropezó con el siguiente párrafo: "A esos líderes de todo el mundo que pretenden sembrar el conflicto o culpar de los males de su sociedad a Occidente: sabed que vuestro pueblo os juzgará por lo que seáis capaces de construir, no por lo que destruyáis. A quienes se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y acallando a los que disienten, tened claro que la historia no está de vuestra parte; pero estamos dispuestos a tender la mano si vosotros abrís el puño".

­Esto debe ser contra Evo ­ dijo, y cerró los papeles.

De inmediato, el Jefe Supremo envió un mensaje en clave a todos sus batallones: "¡Nadie se haga ilusiones! Es falso que todo eso se pueda hacer en cuatro años!".

(Columna publicada en El Nacional, Venezuela. Simón Alberto Consalvi, ex-canciller de Venezuela, es director adjunto del periódico El Nacional. Como canciller era protagonista del Grupo Contadora y de los países amigos del Secretario General de la ONU en apoyo del proceso de paz en El Salvador. Es tío de Carlos Henríquez Consalvi -"Santiago"- de Radio Venceremos.)

Doña Bárbara contra el Ateneo

Probablemente no haya imagen, escena o incidente que mejor exprese lo que está ocurriendo en la Venezuela de Hugo Chávez que el violento asalto al Ateneo de Caracas perpetrado el martes de la semana que hoy concluye por una de las tantas brigadas oficialistas de choque liderada por esa señora de cabellos rubio forzado y fortaleza masculina conocida por todo el país como Lina Ron.

Y digo que expresa de manera por demás elocuente lo que ocurre en el país porque al final se trata de la confrontación entre la violencia delincuencial ejercida por camisas rojas armados, con la anuencia del Gobierno y sus fuerzas de seguridad, de una parte, y de la otra, una de las más antiguas instituciones culturales venezolanas caracterizada precisamente por haber sido un brillante centro de debate, reflexión, creación artística y pensamiento que ha dado cabida a lo largo de su historia a todas las tendencias políticas, ideológicas y estéticas existentes en el país, incluyendo al propio Hugo Chávez, cuya primera reunión pública luego de que fue precozmente liberado de su encarcelamiento se realizó precisamente en una de sus salas.

La historia del Ateneo está asociada al proceso de formación de una cultura de la democracia y el pluralismo. Allí se hizo realidad la noción de libertad creativa íntimamente ligada a la existencia de la democracia y se crearon y consolidaron los primeros movimientos de solidaridad con las luchas de distintos pueblos latinoamericanos contra las dictaduras militares de los años sesenta y setenta.

Obras de teatro profundamente críticas de los proyectos políticos de la democracia naciente fueron realizadas precisamente con la protección libertaria que este recinto representaba y brillantes empresas intelectuales, como la revista Papeles, dirigida por el poeta y filósofo Ludovico Silva, se convirtieron en referencia libertaria para la renovación del pensamiento político y social venezolano y latinoamericano.

A pesar de esa disposición, ninguno de los gobiernos de Acción Democrática y Copei, de los que el Ateneo, como centenares de instituciones y grupos culturales del país, recibía apoyo económico, intentaron utilizar de manera chantajista ese aporte, controlar ideológicamente su programación o ponerla al servicio de sus políticas y estrategias culturales.

Hasta que Hugo Chávez llegó al poder. Y especialmente desde que un oscuro comisario de cuyo nombre nadie sensato quiere acordarse fue nombrado ministro de la Cultura.

Desde entonces el Ateneo de Caracas vive acosado, amenazado y chantajeado por un Gobierno que, entre otras cosas, le exige ponerse al servicio de sus obsesiones o asumir el costo, como seguramente ocurrirá, de ser desalojados del edificio que alguna vez uno de los gobiernos democráticos le entregó en comodato.

Por eso en nada extraña el allanamiento de Lina Ron. Es como un striptease. El Gobierno se confiesa en su verdadera naturaleza. Se muestra como verdaderamente es, y envía a cumplir sus deseos a uno de los símbolos mayores de la intolerancia, el fanatismo, la justicia tomada por las propias manos, el atraso ideológico, la barbarie por demás justificada por el Presidente, su partido y, sobre todo, por los intelectuales, pocos pero existentes, que intenta adornar con ardides de justicia social actos que se acercan más a los que castiga la Ley de Vagos y Maleantes que a formas supuestamente heroicas de la acción revolucionaria.

La estampa quedará para la historia. De un Lado Lina Ron y sus hombres iracundos, irrumpiendo en un acto del partido Bandera Roja, decomisando cual policías locos los teléfonos celulares de los asistentes, disparando y lanzando bombas lacrimógenas. Y de la otra, el Ateneo de Caracas, con toda su historia, sus libros, películas, obras y festivales de teatro, conciertos, conferencias, debates, jornadas de reflexión, cursos, talleres y exposiciones de artes. Como en los tiempos del franquismo, en el corazón de un centro de cultura, la arrogancia se adelanta y grita: ¡Viva la muerte!

(Publicado en El Nacional, Venezuela)