Carta a Ricardo Martinelli, presidente de Panamá

Estimado presidente:

no sé si se ha dado cuenta, pero aquí todo el mundo está pegando gritos al cielo, porque usted quiere que Panamá se retire del PARLACEN.

Pero usted tiene razón: El Parlamento Centroamericano no sirve para nada, sólo para proveer de inmunidad, salarios y prestaciones a los políticos que ya nadie quiere tener en los parlamentos y gobiernos de cada país.

Los parlamentos sólo tienen sentido si tienen poder y pueden legislar. Al Parlacen nadie le hace caso.

Gracias, presidente, por la iniciativa de abolir el Parlacen. Que vean los partidos qué diablos hacen con los ex-dirigentes que les sobran...

Dicen que sin el Parlacen no habrá integración centroamericana. Bueno, de todas formas no hay, con o sin Parlacen. Sólo nos da la ilusión de unidad.

Que bueno que usted le dio un pinchazo a esta fantasía mentirosa de un parlamento donde ni siquiera hay voluntad de integración.

No se deje impresionar de las lágrimas de cocodrilo que todos están derramando sobre el cadáver del Parlacen. Ayúdenos de darle cristiana sepultura.

¡Y cuando haya integración, hagamos un parlamento de verdad!

Hasta pronto, Paolo Lüers

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A Nuremberg for Guantánamo

(The Hague) At the end of World War II, the Allied powers found themselves in charge of thousands of captured enemies, many of whom had committed unspeakable crimes. Some among the victors thought that the prisoners should simply be shot. Others, including many in the American government, steadfastly insisted that these men should be subjected to criminal proceedings. Thus the Nuremberg trials were born, tribunals that meted out justice for some of the 20th century’s worst atrocities while demonstrating the return of the rule of law on the European continent and the superiority of democratic values over Fascist lunacies.

The Guantánamo detainees pose a similar conundrum today. Trying these men stateside would necessarily require the compromise of long-cherished principles of American law. Yet continuing to hold them without the prospect of a fair trial or delivering them to undemocratic governments are alternatives not worthy of the Obama administration or of the United States.

America’s own endeavors at Nuremberg offer a way out of this impasse: an international tribunal for detainees. Such a tribunal would allow the Obama administration to finally try these individuals and close down Guantánamo — and it would bring the nation back within the tradition of law and justice that it so forcefully defended six decades ago.

We need not look as far back as Nuremberg. Recent international tribunals for Sierra Leone, Cambodia and Yugoslavia have provided fair trials in challenging political environments to men and women accused of the gravest of crimes. In The Hague right now, an international criminal tribunal is looking into the terrorist attacks that shook Lebanon in 2004 and 2005. This tribunal — created by the United Nations Security Council at the initiative of the United States, among others — provides a ready model of a court capable of dealing with the detainees.

Those now held in Guantánamo would be placed under international control and their trials held on neutral ground. American and foreign judges and prosecutors with experience in international criminal cases would then be enlisted to provide the expertise required to hear these types of criminal cases. As with the Special Tribunal for Lebanon, it would be paid for by a combination of American contributions and voluntary donations from other nations.

The support of the international community — particularly from Middle Eastern countries and those European nations that played a part in the detention or transfer of these men — would be imperative to providing legitimacy to the process and the guarantees of independence and impartiality necessary to its success. Moreover, any convictions would need to bear the stigma of the entire world, not just that of a single nation.

An international criminal tribunal would not answer all the legal questions surrounding the war on terrorism. But by putting its faith in the law, the Obama administration would send a potent message to both its supporters and its enemies. By giving a fair trial to the Guantánamo detainees, the United States would reassert its core values and demonstrate the supremacy of those values over the evil that has been challenging them.

The chief prosecutor at Nuremberg, Robert H. Jackson, said: “We must never forget that the record on which we judge these defendants is the record on which history will judge us tomorrow. To pass these defendants a poisoned chalice is to put it to our lips as well.” Let us hope that the wisdom of his prophecy has not been lost to those who will decide the fate of the Guantánamo detainees.

(The New York Times. Guénaël Mettraux, the author of “The Law of Command Responsibility,” represents defendants before international criminal tribunals.)

Carta a los sufridos magistrados de la Corte Suprema

Honorables magistrados:

Me da mucho pesar escuchar que ‘el cambio’ está poniendo en peligro sus conquistas sociales. ¿Cómo es posible que la Asamblea eligiera a un presidente que atente contra el bienestar social de sus colegas? Es inédito.

Dicen que algunos de ustedes tuvieron que entregar 2 de los 4 vehículos y 5 de los 6 celulares (con línea pagada por el Estado), a los cuales han tenido derecho durante años. Realmente no sé cómo se van a movilizar y comunicar ahora sus hijos y su amantes.

Pero lo más increíble que he escuchado –por el bien del país quiero pensar que es puro chambre- que les han reducido a niveles ridículos el presupuesto para licores, recepciones y banquetes. No puedo concebir cómo la honorable Corte podrá hacer justicia si sus integrantes están obligados a celar la compra de cualquier botella de Whisky o Champán.

Ustedes tienen que tener la cabeza libre para pensar en la justicia, la prontitud y la constitucionalidad, sin compartir las preocupaciones cotidianas de todos nosotros del precio de Cinta Azul y de la gasolina.

Ustedes, los veteranos de la Corte que han servido durante años a la patria, no permitan que lleguen unos novatos para quitarles lo merecido.

Acuérdense de la vieja consigna sindical: ¡Lo conquistado no se entrega!

A lo mejor esta es la idea: un sindicato de magistrados que defienda su bienestar social. Me ofrezco de asesor – si me pagan lo justo...

Saludos fraternos, Paolo Lüers

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COMERCIO Y RESPONSABILIDAD SOCIAL

A finales del siglo XX, el pueblo centroamericano vivió el periodo más sangriento desde el descubrimiento de América y la colonización del Istmo, lo que produjo la primera oleada de emigración. Millones de personas se aventuraron hacia diferentes partes del mundo debido a las atrocidades militares y políticas que se ejecutaron durante las décadas de los 70’s y 80’s., a causa de las guerras civiles en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, así como, por la invasión a Panamá

Una vez finalizados los conflictos militares en la década de los 90’s, debido a la inmensa oferta laboral, las economías centroamericanas adoptaron políticas de explotación y abuso, con lo cual ofrecieron empleos con salarios insuficientes para suplir las necesidades mínimas de vivienda, alimentación, educación, transporte y vestido a su población. En la capital de San Salvador se podían observar familias casi desnudas y sucias pidiendo dinero en diversas esquinas del centro histórico para poder sobrevivir el día y viviendo en casas de cartón o plástico. Esto produjo una segunda oleada de emigrantes, principalmente jóvenes con poca educación. El destino principal fue hacia Estados Unidos, adonde familiares y amigos se habían asentado durante las décadas pasadas.

Conforme la crisis económica se profundizó, al grupo de emigrantes se integraron profesionales, intelectuales y estudiantes universitarios, quienes, al igual que el resto, encontraron oportunidades de progreso lejos de su patria. En el nuevo siglo, esa emigración centroamericana continúa y parece no tener fin, debido a la continua inestabilidad y corrupción política que mantiene en batalla perpetua a los lideres de las clases poderosas e históricas y los del pueblo desposeído, siendo muy común que estos últimos se transformen en personas tan corruptas como los otros.

A finales de la década de los 80’s, la primera generación de emigrantes centroamericanos con vocación comercial había surgido. A través de trabajo arduo, reunificación familiar, sueños de riqueza y un sistema económico funcional con niveles mínimos de corrupción política y un sistema social incluyente, decenas de restaurantes típicos y pequeñas tiendas de primera necesidad fueron fundadas en ciudades como Los Ángeles, CA; Washington, DC; Long Island, NY, y Houston, TX.

Con este primer surgimiento comercial de la diáspora Centroamericana, y la abundancia de empleo con salarios generosos, el mito del sueño estadounidense se constituyó en una realidad para millones. Las historias de pobres campesinos u obreros que entraron a este país sin un centavo, sufriendo las calamidades de una aventura de esperanza y muerte, pero que, a través de su dedicación al trabajo duro, el amor por sus familias y la bondad de un país de oportunidades, se convirtieron en millonarios, son reales.

Aún cuando ese no es el caso de todos, pero es indiscutible, que en este país no se necesita ser millonario para vivir bien, sino de vocación para trabajar y convicción a triunfar, debido a ello, es que la fuerza laboral centroamericana desde hace medio siglo, se ido transformando en una fuerza empresarial vital para la economía local de esta nación. Cada día se abre un nuevo negocio centroamericano, y con ello, no solo se beneficia la economía estadounidense con el pago de impuestos, sino que se provee empleo a los nuevos inmigrantes, quienes son la fuente principal de las vitales remesas familiares que subsidian las economías centroamericanas, particularmente en Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador.

Al final de la primera década del nuevo siglo, las empresas centroamericanas se han diversificado en corporaciones transnacionales, que se extienden desde la importación y exportación de productos nostálgicos hasta la consultoría de servicios de avance científico y tecnológico. Todo es el resultado del esfuerzo individual que ha sido complementado por la inversión que las empresas para las que trabajamos antes de convertirnos en empresarios, tuvieron al capacitarnos e impulsar nuestras habilidades para maximizar nuestro potencial laboral.

Con el surgimiento de la Cámara Centroamericana Estadounidense de Comercio e Industria, el liderazgo empresarial debe procurar promover esa actitud exitosa, ya que es la que hace a las empresas estadounidenses las mejores en el mundo y convertirá a las nuestras en parte de esa élite comercial.

La oportunidad de comercio transnacional que existe a través del CAFTA, es inmensa. Este tratado comercial fue diseñado por los mejores economistas estadounidenses para que nuestras empresas tomen ventaja de sus beneficios, sin embargo, es importante que recordemos que como miembros de la fuerza laboral en Estados Unidos, también aprendimos la manera como estas empresas poseen una legitima responsabilidad social, la cual, beneficia a cada comunidad adonde residimos y adonde nuestros hijos crecen y se desarrollan.

El empresario centroamericano-estadounidense tiene una misión histórica debido a los orígenes de sangre, desesperación y explotación de donde hemos partido. Esa misión es, hacer negocios de excelencia empresarial con inversión laboral y responsabilidad social. Es nuestra responsabilidad generar riqueza en los cantones y ciudades de donde somos originarios y así, cambiar un sistema que mantiene a nuestros países sometidos a la corrupción y la pobreza.

Es tiempo que la diáspora invada a Centroamérica, no con turismo, remesas y consumo. Eso nos hace cómplices de los explotadores y corruptos, sino con nuestras empresas y comercio, de manera que, podamos consolidar una incidencia política que hasta ahora se nos niega y que pueda eventualmente minimizar los grandes negocios de los explotadores y políticos corruptos, quienes no permiten que Centroamérica surja del tercer mundo

¿DEPURACIÓN O ALINEACIÓN?

Una estructura policial que está preparada para combatir un tipo de criminalidad como la organizada, como el secuestro, extorsiones, hurto y robo de vehículos, así como pueden combatirla también saben como hacer esos delitos.”

Así explica Jaime Martínez (en una entrevista reciente en un servicio informativo digital) el descabezamiento - a manos del gobierno ‘del cambio’- de la DECO, la unidad especializada de la PNC contra el crimen organizado. Jaime Martínez, como nuevo director de la Academia Nacional de Seguridad Pública es una de las piezas claves en equipo al que Funes ha encomendado el diseño de su política de Seguridad Pública.

Sin tanto rodeo, lo que está diciendo el encargado de la formación de nuestros policías es: “Había que remover a los jefes de la DECO -los más experimentados investigadores de secuestros y otros delitos de crimen organizado- para evitar que se vuelvan secuestradores y mafiosos. Si no es que ya se han convertido...”

Entonces, ¿porque no sabemos de ninguna investigación contra los ex-jefes de la DECO, ni en la Fiscalía, ni en la Inspectoría de la PNC?

O al revés, si no hay investigación ni elementos que indiquen que los ex-jefes de la DECO hayan cometido delitos, ¿por qué un alto funcionario del gobierno se atreve a hacer alusiones de este tipo, que dejan en duda la reputación de unos jefes policiales hasta ahora considerados ejemplares y eficientes?

Aparte de las declaraciones irresponsables de Jaime Martínez, hasta ahora nadie ha señalado a los ex-jefes de la DECO como delincuentes. Más bien se ha manejado -sobre todo en las filas de la propia PNC- que los removieron porque estaban demasiado cercanos al anterior director de la PNC y al anterior ministro de Seguridad.

Esto podría ser un razón legítima para sustituirlos de sus cargos. Pero entonces habría que discutir este tema político. Habría que tocar con transparencia que dentro de la PNC hay un problema sensible: las alineaciones partidarias de algunos mandos.

Tocar con transparencia este punto delicado sólo tendría sentido para un gobierno que tiene la voluntad de erradicar estas alineaciones partidarias dentro de la PNC, o por lo menos la voluntad de dejar de construir su liderazgo en la policía sobre la base de las alineaciones partidarias de los policías.

Si el nuevo ministro de Seguridad (o el residente de la República) ordenó la remoción de los jefes de la DECA para que la nueva dirección de la PNC tenga las manos libres para implementar sus nuevos planes de Seguridad Pública, sería entendible. Significaría que quieren colocar jefes más comprometidos con los nuevos planes.

Pero si ordenaron el descabezamiento de la DECO para tener manos libres para fortalecer su control partidario dentro de la PNC, cometieron un grave error.

Por la falta de transparencia, y por las declaraciones irresponsables del director de la Academia de Seguridad Pública, uno se inclina a la impresión que los nuevos planes para la PNC de cómo enfrentar la delincuencia (que todavía no las conocemos bien, ni en su filosofía ni en su parte operativa) no están basados en la acumulación de experiencias y acciones exitosas.

Da la impresión, además, que los nuevos planes de Seguridad Pública no se están construyendo sobre la base de la confianza profesional entre los policías y jefes, independiente de su pasado y de sus preferencias políticas. Más bien parece que se quiere construir sobre la base de confianza ideológica.

Sería una base muy frágil para un proyecto de Seguridad Pública y para consolidar una policía profesional. Frágil y engañosa.

La celebración de reuniones de carácter político-partidario dentro de la PNC, promovidas y convocadas por el ministro de Seguridad y otros cuadros del FMLN, ya indicaba esta tendencia. Muchos de los nombramientos, ascensos y movimientos dentro de la estructura de mando de la PNC confirmaron las dudas. El descabezamiento de la DECO y las lamentables declaraciones de Jaime Martínez ya dejan espacio para dudas: ‘El cambio’ llegó a la PNC, pero no para hacerla más profesional, sino más ‘oficialista’.


(El Diario de Hoy)

Históricos Debates

En 1956, cuando son denunciados los crímenes de Stalin y el perverso culto de la personalidad, se plantearon importantes debates que continuaron en profundidad durante varias décadas, especialmente en la de 1990, cuando se produce el colapso de un régimen totalitario como era el del llamado "socialismo real". Ellos conducen a una confrontación entre la teoría marxista y la práctica de más de 70 años en la Urss y de varias decenas en otros países.

Entre las constataciones estuvieron varias. Citaré algunas.

1) Lo de los dos mundos y los dos mercados: el capitalista y el socialista. Fue enterrada esta visión. Un solo mundo y en consecuencia la urgencia de la coexistencia pacífica. (Hay funcionarios que hablan de un mercado socialista, ¡qué atraso¡). 2) La tesis de Marx sobre el empobrecimiento relativo de la clase obrera y una sociedad cuya división era entre proletarios y burgueses quedó obsoleta. Los desarrollos urbanos de las principales sociedades, los avances científicos y tecnológicos, entre otras situaciones, creaban una masa asalariada que entraba a formar parte de las clases medias (un "teórico" chavista escribió que "eran un engendro del imperialismo"). 3) Lo del período de transición y la dictadura del proletariado. Santiago Carrillo, el entonces dirigente del PCE afirmó: "Dictadura, ni la del proletariado". Se basaba esta premisa en la resistencia de las clases desplazadas. Se elaboró la propuesta de la democracia social, de avanzada, que se complementa con las metas del milenio de NU, entra las cuales destaca precisamente la lucha contra la pobreza, la liquidación del capitalismo salvaje. Pero ofrecer dictadura, jamás. Chávez se apoya en esta "transición" para justificar sus tendencias totalitarias al estilo cubano. 4) El pluralismo. No existen sociedades monolíticas, ni pensamiento único, ni partido único. Eso es totalitarismo, llámese nazismo, fascismo, estalinismio, franquismo, pinochetismo, etc. La contribución de la Arend es precisa. Aquí se habla de rojo rojito y se olvida que una minoría no puede imponerle a una mayoría un cambio de modo de vida. Chávez es minoría en sus principales políticas.

El siglo XXI es el siglo de la democracia con contenido social, del respeto a los derechos humanos, al pluralismo, a la alternabilidad en el poder, a la separación de poderes, a elecciones libres, administraciones honestas sometidas a control, al respeto a la disidencia con representación proporcional y de las minorías, a economías mixtas. Esos son los objetivos. Lo que Chávez realiza es antihistórico, de espaldas a la realidad venezolana.

(Últimas Noticias, Venezuela. El autor fue dirigente comunista y guerrillero en los años 60. Luego, junto a Teodoro Petkoff, uno de los dirigentes de la izquierda democrática que rompe con el marxismo y el autoritarismo. Hoy, uno de los críticos más agudos a Hugo Chávez, desde posiciones de izquierda.)

Carta al alcalde Norman Quijano

Estimado Norman:

estoy de regreso, con más fuerza y ganas para seguir jodiendo.

El Frente no quiere que cumplás. No quieren que logrés poner el Metrobus. Ya lo dijeron.

Es la vieja política del Frente de no hacer y tampoco dejar que otros hagan.

Estando en el gobierno, podrían dar inicio a la reforma del transporte público. No sólo no lo hacen, sino además te están bloqueando el proyecto Metrobus.

Ojala que no te rindás, Norman. La gente te apoya. La empresa privada te ayuda. Donde te bloquea el gobierno, apoyate en la gente y en la empresa privada. Así como lo estás haciendo con los parques y las plazas, con la limpieza de la ciudad, con la basura.

Avanzando así, al fin obligarás al gobierno a cambiar y a apoyarte en tus proyectos estratégicos: el Metrobus, para llevar San Salvador al Siglo 21; y las bóvedas, para convertir las quebradas de criaderos de ratas y mareros en parques y colonias.

Te tienes que convertir en el alcalde tan exitoso y popular, que el gobierno de Funes no se puede dar el lujo de sabotearte.

Paolo Lüers


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