Carta a Pablo

Querido hijo:
Hoy es tu día: la gran fiesta de tu graduación. Disfrútela, ponte a riata y bailá hasta que te caigás. Ahora sos bachiller. Abriste la primer puerta al futuro. Estamos tristes, porque te vas. Y orgullosos, porque vas bien preparado. No sé si lo que aprendiste en el colegio te va a servir mucho en la universidad en Alemania. Nada realmente te prepara para este reto. A mi me costó dos años de universidad para descubrir qué quería hacer de mi vida. Pero no eran años perdidos, sino de búsqueda, probar, equivocarse, toparse con los límites.


Esto te va a tocar sólo, sin tus padres, lejos de tu tierra. A esto me refiero cuando digo que estás bien preparado. Tenés confianza ilimitada en tus potenciales. No tenés miedo a nada. Sos aventado y al mismo tiempo seguro. Sabes confiar en las personas. Sabes hacer que las personas te confíen. Estás abierto a todo – y convencido que el mundo es un escenario de grandes posibilidades. Yo y mis compañeros, a tu edad, vimos al mundo como un “sistema” que hay que derrumbar para construir otro. Y mire el mundo hecho mierda que les estamos heredando a ustedes.

Te creaste a la par mía – y a saber cómo hiciste para nunca dejarte contaminar de mis  grandes defectos. Menos uno, el más bello: el optimismo inagotable. Pero no sos desconfiado, como yo. No sos agresivo, como yo. Sos tolerante por carácter, no por convicción, como yo. Sos como yo quisiera ser.


Veo a tus compañeros, y casi todos son así. Todos se quejan de las deficiencias de esta nueva generación: que ustedes no leen libros; que les vale madres la política; que son consumistas... ¿Qué quieren? ¿Que sean como nosotros, que nos hartamos bibliotecas enteras, pero no logramos construir la paz sin antes pasar por guerras?

Veo hacerse adulta una generación con menos complejos, menos enredos, menos hipocresía. Y con más sentido común. ¿Cómo han logrado ser así, a pesar de los desmadres de sus padres, quién sabe?

Les deseo que en el camino no pierdan esta actitud “cool”, relajada, abierta que tienen frente a la vida. No nos copien.

Adelante, hijo, el mundo es tuyo.

Tu padre Paolo
(Más!/EDH)

Columna transversal: El dilema del Frente

Es obvio: El FMLN, al igual que ARENA, no dispone de un mecanismo confiable para definir el candidato presidencial para el 2014. Veamos en esta columna el dilema de la izquierda, en una anterior ya se analizó el de ARENA.

El Frente, en el proceso de su gradual transformación de un partido de tendencias a un partido "unificado", con línea única y sin pluralismo interno, también abandonó las primarias. La última primaria importante en el FMLN, cuando Oscar Ortiz exitosamente disputó a Schafik Handal la candidatura presidencial del 2004, terminó con un trauma. Pero no por el exceso de democracia, sino por el hecho de que la dirección tuvo que desconocer el triunfo de Oscar Ortiz. Los resultados: pérdida abismal de Schafik contra Tony Saca; una nueva división con el nacimiento del FDR, y el triunfo final del modelo leninista dentro del partido.

En este modelo ya no caben ni primarias, ni debate interno, ni la existencia de corrientes. El Consejo Nacional e incluso la Comisión Política son mesas igual de falsas que el COENA de ARENA. En el Frente decide un grupo de 3-6 dirigentes históricos.

Asustados por los traumas de las divisiones, los militantes del FMLN aceptaron esta receta de unidad. Para defender la unidad, abrazaron el modelo de un partido "unificado". Los disidentes o salieron del partido, o se replegaron a una especie de exilio interno. Oscar Ortiz se replegó a Santa Tecla.
Cuando el partido buscaba candidato para el 2009, nadie realmente discutió la decisión de la cúpula de lanzar a Mauricio Funes. Nadie tenía idea del precio que iban a pagar por este pacto con el diablo, negociado con el criterio de repartición de cuotas de poder y sin un proyecto político consensuado.
Hoy, el desencanto de la gran mayoría de las bases del Frente no sólo es con Funes, sino con la dirección del partido que hizo este pacto. Hoy, muchos dentro del Frente se dan cuenta que el modelo centralizado de partido les quitó toda posibilidad de corregir la línea del partido o de influir en el rumbo del Gobierno.



Ahora sería el momento para abrir en el FMLN --y en toda la izquierda-- el gran debate sobre el rumbo de país y el proyecto político de la izquierda. Sólo que las estructuras del partido ya no lo permiten. Sin embargo, la estructura partidaria puede evitar que haya un debate organizado, abierto y constructivo, pero no puede evitar que surja de manera espontánea, informal y, si no tienen mucho cuidado, destructiva.

La centralización del partido y su sujeción a una dirección inamovible han logrado crear un partido en el cual las diferentes corrientes de pensamiento ya no se expresan y ya no tienen representación en las instancias de dirección, pero no han podido erradicar la existencia de estas corrientes. Sigue habiendo socialdemócratas, socialcristianos y librepensadores en el FMLN, a la par de los comunistas y chavistas. Los hay en todas partes, menos la dirección. No se expresan organizadamente, porque el partido no lo permite, pero se expresan en el enorme malestar con la corrupción en el Gobierno y en la cúpula del partido.

Donde no hay debate, hay confusión. Muchos aceptan la movida de la cúpula de lanzar como candidato a Salvador Sánchez Cerén, como antítesis a Mauricio Funes. Es más fácil aceptar que el presidente ha traicionado al partido que asumir que la propia dirección ha pervertido al partido y al gobierno.

Pero otros empiezan a ver que el cambio que necesita el FMLN no es de Funes a Sánchez Cerén, que ambos son parte del mismo problema. Por esto surge, contra toda la probabilidad de prosperar, un movimiento pro Oscar Ortiz. Hay una sed de liderazgo confiable, y hay muy pocos dirigentes que la pueden satisfacer. O que se atreven a abrir el debate, rompiendo con el modelo autoritario de partido.
Es obvio que un FMLN conducido por figuras como Oscar Ortiz, Hugo Martínez, Gerson Martínez y Fabio Castillo, podría convertirse en un proyecto político de reforma incluyente, plural y amplio. Así como están las cosas en el FMLN, no creo que esto es viable para el 2014. Pero pase lo que pase en el 2014, el país va a necesitar una izquierda renovada como una de las fuerzas para sostener la alternabilidad.

Esperemos que esta vez sea la última que los dinosaurios de ambos partidos grandes decidan de manera paternalista sobre el rumbo de sus partidos.
(El Diario de Hoy)

Carta a la Selecta

Querida Selecta:
Mostraron que están en la misma liga con los mexicanos. Jugaron de tú a tú. Esto es un gran triunfo, y por esto ha crecido tanto el apoyo que ustedes tienen en todo el país.


Si uno juega así, ya no importa si gana o pierde: la dignidad está garantizada, y el fútbol puede ser lo que es: en juego a disfrutar.

No saben ustedes el aporte que con esto han dado a su país: La gente tiene sed de dignidad – y también de diversión. Que hay pendejos que confunden todo esto con un nacionalismo salvaje e insultan a nuestros invitados mexicanos – esto no es culpa de ustedes. Ustedes mostraron, en el campo del juego, la cara digna de los salvadoreños.


Sólo el que se siente menos cae en la trampa del fanatismo nacionalista y odia al adversario. El que se siente digno e igual, como ustedes, respeta al adversario y lo enfrenta sin complejos. Esta es la gran lección que ustedes dieron en el estadio Cuzcatlán. Este es el triunfo que nadie les puede quitar, ni un árbitro ciego que no ve mano escondida ni posición adelantada...

No sé si lograrán llegar al mundial en Brasil. A lo mejor no. Pero ya han mostrado que pueden jugar con grandes y hacer que toda la afición –que es todo el pueblo salvadoreño- pierda sus complejos y se sienta parte igual del concierto de naciones.

Déjenme decirles una cosa que ojala no me la tomen mal: Ni siquiera han jugado muy bien, todavía mostraron muchas deficiencias técnicas y estratégicas. Pero jugaron como hombres libres de miedo, libres de complejos,  llenos de ánimo combativo y ganas de disfrutar el gran espectáculo fútbol. Y esto es lo grande.

Gracias les dice Paolo
(Más/EDH)

Carta a un ‘pura sangre’

Estimado Mario Acosta:
Me encanta que exista debate en el mismo periódico. El Diario ayer te abrió sus páginas para criticar a los “transformers” que ahí escriben y para decir: “No aceptamos perfumados”. Yo te contesto hoy: Y la sociedad ya no acepta candidatos con tufo rancio al pasado.


Está abierto el debate sobre las candidaturas presidenciales. Algunos buscan un candidato que conduzca al país al glorioso pasado de ARENA. Otros buscan un candidato capaz de unir toda la oposición contra la fatal coalición entre populistas de izquierda y de derecha que amenaza la democracia del país.

Unos buscan un candidato que puede correr y ganar contra el FMLN, contra Tony Saca e incluso contra el pacto entre ambos. Vos buscás un candidato para derrotar a los “perfumados”, que quieren transformar ARENA. 

Tu argumento es: “Debe ser un miembro activo del partido, no un foráneo.” Disculpe, me confundí, esto dijo Nidia Díaz defendiendo la candidatura de Salvador Sánchez Cerén. Me confunde la similitud de argumentos... El tuyo era: “Ojala que con un pura sangre que pueda unificar la familia Arenera y al país entero...”


Si Ustedes quieren imitar al FMLN y poner la pureza del partido y sus orígenes beligerantes encima del propósito de ganar las elecciones y reformar al país, adelante: pongan a un “pura sangre” a correr contra el “hueso colorado” Sánchez Cerén. Regresemos al siglo pasado.

Mario, te metiste en un dilema sin salida: quieres “unificar la familia Arenera y al país entero”. Pero un “pura sangre” no puede unir el país. Lastimosamente, no definiste qué es un “pura sangre”, sólo mencionas quienes no lo son: los que no han sudado la camiseta partidaria en los 80, acompañando al mayor en su lucha contra el comunismo. Quedan afuera obviamente los que usted llama “transformers”, pero también los jóvenes de la generación posguerra que ya superaron los traumas de la guerra...

Asumamos que el “pura sangre” es alguien parecido a vos. Pero entonces, ni siquiera podrá unir a ARENA que ya no es la misma, que ya se depuró y abrió sus puertas. Mucho menos podrá unir a los sectores de clase media y a la nueva corriente opositora en la sociedad civil que puede acompañar a una nueva ARENA, pero no la ARENA histórica...

El miedo tuyo no es que con un candidato “perfumado”, como vos llamás a los que no huelen a camisa sudada, ARENA pierda las elecciones. Tu pánico es que surja un gobierno de ARENA que ustedes ya no controlan: “Pueda que ARENA gane, pero sea ese club de cheros el que gobierne...”

Que revelador: los “pura sangre” de ARENA y del Frente comparten las mismas pesadillas – y las mismas recetas.

Saludos, Paolo Lüers
(Más!/EDH)

"Estoy hablando de un proceso de paz, no de una tregua": Entrevista a Monseñor Fabio Colindres:

Paolo Lüers: Monseñor, a tres meses de haberse gestionado, ¿en qué estado está este proceso que algunos llaman la tregua, otros entendimiento entre las pandillas?
Monseñor Fabio Colindres: Se ha logrado mucho más de lo que este servidor, la sociedad civil y también la comunidad internacional hubieran esperado. Aquella actitud inicial de buena voluntad ha trascendido en el tiempo, y ya no estamos hablando de una tregua, estamos hablando de un proceso que está tomando rostro, cuerpo y carácter. A mí ya no me gusta hablar de tregua, estoy hablando de un proceso de paz.

En la reunión en el penal de Quezaltepeque con el representante de la OEA, el líder de la pandilla 18, El Duque, habló específicamente de un proceso de paz.
Yo he empezado a utilizar la expresión proceso de paz, porque de otra forma no tiene sentido. En su momento el entendimiento entre ellos fue un primer paso, pero no tendría mayor valor si nos hubiéramos quedado ahí.

¿Y usted percibe que los líderes de las dos pandillas lo ven así también?
Tengo la impresión de que ellos lo han visto así antes que yo. Cuando ellos acordaron un pacto entre ellos, no estaban pensando en una tregua, estaban pensando en un proceso definitivo que llevaría a la paz. Todos los demás actores, no por falta de fe, sino porque es un proceso inédito no lo habíamos visto como ellos lo vieron desde el inicio: cómo un proceso que llevaría a la paz.

Entonces, si vemos el punto inicial, aquel comunicado que ellos firmaron a finales de marzo, donde lo único que realmente se comprometieron con su palabra era el cese de la matanza entre pandilla y pandilla, ¿a los tres meses ha trascendido a otras formas de violencia?
Ha traducido a una reducción general de la violencia, al respeto en el ámbito estudiantil, al cese del reclutamiento en los mismos; ha trascendido en la forma que paulatinamente otros centros penitenciarios –últimamente cárcel de mujeres– han querido unirse a este proceso. Poco a poco estamos viendo elementos nuevos, que nos hacen pensar en que ya no es de una decisión interna que les convenían a un grupo de personas, sino un proceso que está involucrando y debe involucrar a toda la nación.

Lo que inició como una iniciativa de un grupo reducido de líderes pandilleros –todos ya en una edad más avanzada y con condenas altas–, que estaban reflexionando quizás a partir de su situación personal, ¿esto realmente se ha consensuado en la totalidad de las pandillas, incluyendo a los de afuera de los penales?
La reflexión sobre la necesidad de un entendimiento entre las pandillas y de una etapa social abierta, en la que para ellos pudieran haber cambios –y consecuentemente para la nación–, era una reflexión más intensa y profunda en aquellos que estaban recluidos y de una cierta edad, pero también de la población que está relacionada a las pandillas. He tenido contacto con los pandilleros en las comunidades, y me convencí que a esta altura ya no se trata sólo de una decisión de arriba. Esto es esencial para poder sostener un acuerdo como el que ellos están manteniendo, porque naturalmente tienen que renunciar a muchas actividades y comportamientos, a las que nos están dando signos de que han renunciado para ser creíbles. Ellos están sosteniendo no sólo un acuerdo interno, están sosteniendo un proceso de hacerse creíbles en la sociedad, y para esto están y dando gestos concretos, a pesar de las detracciones, de los ataques y las dificultades.

Sería difícil explicarse cómo funciona el acuerdo y la reducción de los homicidios, si sólo fuera una decisión de un grupo reducido de líderes pensando en mejorar su situación personal...
Sí sólo se tratará de esto, no funcionaría, hay un convencimiento de las bases mismas de las pandillas. Y de su entorno social.

Esto nos lleva al punto que es el crítico en todo este proceso: ¿Cómo administrar prudentemente las expectativas? Si los pandilleros se crean expectativas irreales de que a corto plazo se va a resolver lo que ellos llaman el problema de marginación y de discriminación, pero sobre todo de exclusión del empleo, se pueden frustrar y puede sufrir un retroceso este proceso. Igual, si la sociedad civil piensa que este proceso a corto plazo va a llegar a un cese total de la delincuencia por parte de las pandillas, sobre todo de las extorsiones, puede haber una contrareacción peligrosa para este proceso. ¿Cómo hacemos entre todos para administrar bien esas expectativas? Para empezar, ¿qué esperan ellos realmente?
Quiero partir de las palabras que usted acaba de decir: ¿Cómo hacemos entre todos? Eso resume de manera perfecta mi respuesta. Se trata de hacer, entre todos, todo lo que nos sea posible, no para sostener un acuerdo pandilleril, sino para atacar esta situación de injusticia dentro de las cárceles y fuera de ellas. Tenemos todos a ponernos las manos en el corazón y caer en la cuenta de que ha llegado el momento de hacer algo para transformar la forma de pensar sobre el tratamiento que se le da a los delincuentes en este país. No podemos seguir creyendo que la represión sea el único medio. Dentro del marco legal debe haber represión, y de eso se encargan los especialistas y las autoridades competentes. Pero junto a ese proceso, en el que se persigue el delito, se juzga y se condena, tiene que haber una dosis mucho más alta de humanismo en el trato a la persona. La dignidad humana en esta cuestión es vital, el hacinamiento debe ser atendido y el trato que se da a los privados de libertad tiene que ser en la línea de la rehabilitación, no de la destrucción.

Entonces, ¿usted cree que la palanca más inmediata para atender las expectativas que ellos tienen se encuentra en el tema carcelario, más que en las comunidades?
Hay que partir del sistema carcelario, porque es el núcleo donde se gesta la violencia más profunda de este país. ¿Por qué? Porque es ahí donde están concentrados los pandilleros más violentos, pero también porque ahí es donde el maltrato a la dignidad humana de los recluidos ha sido brutal.

¿Usted ha escuchado en sus platicas en los penales peticiones que van más allá de lo que de todas formas es obligación del Estado hacerlo? Se habla de concesiones y privilegios, que ellos consiguen extorsionando al Estado con la tasa de homicidios...
Yo me metí a esto en la línea pastoral humanitaria, y caí en la cuenta que ellos no nos estaban chantajeando, no estaban pidiendo libertad, ni que bajaran sus penas, no estaban exigiendo nada fuera del marco legal. Sencillamente pedían trato humanitario y atención a su salud. Esto para mí fue como la condición de que podríamos proceder en un diálogo franco, porque no se nos estaba chantajeando. Nos estaban pidiendo algo que en el marco de la legalidad y en la línea del humanismo es una obligación. Estamos obligados a esforzarnos en la medida de nuestras posibilidades por darle sostenibilidad a este proceso de paz.

¿Cómo hacer esto? ¿La Iglesia tiene esta capacidad?
No somos expertos en las soluciones políticas, sociales, económicas, pero sí nosotros tenemos mucho que decir y mucho que hacer en la iluminación de la solución de estos problemas, por eso la Iglesia no puede ni debe retirarse de un proceso como este.

Recientemente se tenía la impresión de que la Iglesia quería tirar la pelota a otros y retirarse.
Agradezco la oportunidad para clarificar la cuestión. Se tuvo la percepción en algún momento, por una declaración que dio el señor arzobispo, de que la Iglesia se retiraba, de que la Iglesia daba un paso atrás en este proceso de paz. Fue una mala percepción, no se supo interpretar la declaración del señor arzobispo, quien dicho sea de paso es un hombre extraordinario con un profundo interés por lo social y por lo humano, pero fue mal interpretado. Me alegra mucho que recientemente él haya aclarado que no quiso decir que la Iglesia se retiraba, y yo aprovecho esta entrevista para ratificar lo mismo: La Iglesia no puede, no debe retirarse, porque como dijo el papa Pablo VI la Iglesia es experta en humanidad, nadie mejor que la Iglesia conoce el dolor del corazón humano, la soledad, las crisis existenciales, y sólo la Iglesia puede dar respuesta a los problemas más profundos de la humanidad y de una sociedad herida y sufrida como la nuestra. Por eso es que la Iglesia ha estado presente en todos los procesos de paz y hoy no puede ser la excepción.

En las platicas con empresarios, que se sienten de alguna manera retados tanto por la Iglesia, también por las palabras de los mismos pandilleros, también por parte del Presidente, a intervenir en este proceso, en cuanto a la creación de empleos dentro y fuera del sistema carcelario, hay una preocupación: Sienten que tanto el Estado como quizás también la Iglesia quieren pasar responsabilidades a ellos, que no las pueden asumir.
Si en algún momento hubo la idea de que la responsabilidad total de la solución del momento histórico que vivimos estaba sólo en las mano del sector privado, fue una idea distorsionada. Ellos tienen mucho que aportar, pero no son los únicos. También sería injusto decir que si ellos no responden, esto se caerá y que ellos son los culpables. En su momento darán el aporte que esperamos que den, pero no se puede presionar ni obligar. Soy profundamente respetuoso de ellos, me alegra mucho que algunos de ellos, no obstante la incredulidad de otros, sí toman la decisión de apostarle a este proceso. Naturalmente, esto significa que ellos habrán hecho una reflexión y habrán comprendido que mas allá de las dudas, más allá de la incertidumbre y de los temores, vale la pena apostarle a cualquier proceso que apunte a la paz y al humanismo. No estamos hablando de apostarle al sostenimiento de una tregua, eso sería mezquino y corto, estamos hablando de apostarla al país, a la paz de la nación, a la inversión nacional y en esto todos tendríamos de estar involucrados, sector privado y sector público.

Para resumir: ¿Usted hoy es más optimista que hace tres meses que todo esto empezó a gestionarse?
Paolo, con el tema de la paz siempre hay que ser más optimistas, jamás los pueblos que han logrado la paz lo habrían logrado si aún en medio de las crisis y la tormenta no se hubiera mantenido la voluntad de llegar a la paz. Sólo se puede lograr la paz creyendo que es posible.


(El Diario de Hoy)