Carta a los candidatos a Fiscal General

Estimados 72 letrados que quieren dirigir la Fiscalía General:
Ya hemos escuchado a varios de ustedes en las audiencias ante la Asamblea - y otros en diferentes entrevistas televisivas o radiales. Está bien que se dirijan al público, pero por favor: Sólo tiene sentido si nos dan una buena razón (o varias) para que le elijan a usted.

Hay un malentendido, y ustedes harían bien en corregirlo.

Un fiscal, en particular el Fiscal General, no es simplemente un encargado de llevar a la gente a la cárcel. Mucho menos es un superman, un macho dispuesto enfrentarse a los criminales. Ya tuvimos uno que jugó este papel, como si fuera película de acción - y miren adónde nos ha llevado…

La responsabilidad de un fiscal es asegurar que se haga justicia. Esto significa: llevar a su justo juicio y castigo a los culpables (aunque sean partes del poder de turno) - pero igualmente garantizar los derechos de los inocentes y evitar que sean perseguidos (mucho menos por el gobierno de turno). Para cumplir ambas funciones, nuestra Constitución le otorga amplia independencia. Pero esta independencia el fiscal electo tiene que tomársela y defenderla todos los días.

La función de un Fiscal General es combatir la impunidad, pero también ser garante que en nuestro país no existan juicios políticos, y que no se use la justicia para persecución o extorsión política ni para cacería de brujas. Varios fiscales generales de nuestro país, incluyendo el saliente, han pecado en estas dos direcciones: protegiendo a culpables, y permitiendo la intimidación o persecución mediante acusaciones judiciales en función de fines políticas. Urge tener un fiscal general que no se entienda como simple acusador, sino como garante del Estado de Derecho.

Por esto no es suficiente que ustedes resaltan su experiencia como penalistas. Obviamente la fiscalía necesita los mejores penalistas, pero no necesariamente en el despacho del titular. La mayoría de ustedes son penalistas, y tienen que explicarnos cómo, más allá de la persecución, investigación y acusación del crimen (que obviamente tiene que manejar bien la Fiscalía), piensan dirigir esta institución cumpliendo las funciones de abogado de la sociedad y del Estado y de garante del Estado de Derecho. Nos deben esta explicación, igual que los candidatos que no son penalistas nos tienen que mostrar que serán capaces de hacer cumplir las funciones de investigación y persecución del crimen.


Los diputados que al fin van a elegir entre ustedes al nuevo Fiscal General, y la opinión pública que va a participar del debate e influir la elección, tendrán que ser muy atentos a estas explicaciones de los 72 candidatos. Por esto, en una carta anterior, formulé preguntas a los candidatos que van mucho más allá del catálogo de preguntas básicas que la subcomisión les hace en las audiencias. (Pueden leerlas aquí: http://www.elsalvador.com/articulo/las-cartas-de-paolo/carta-subcomision-que-busca-fiscal-nuevo-90860)

He escuchado muchas de las entrevistas de candidatos en la Asamblea y también en programas de televisión - y tengo que decirles que casi nadie me ha convencido, ni siquiera que entiende la compleja función del Fiscal General, mucho menos que tenga la capacidad y el carácter necesarios para ejercerla debidamente. Y esto incluye al candidato #12 que se llama Luis Martínez. Él además ha tenido 3 años para mostrarlo en la práctica, y no lo ha logrado.

Falta escuchar a los otros 36 candidatos ante la Asamblea, y a todos ustedes que tengan oportunidad de participar en debates televisivos. Si no logran elevar el nivel de la discusión sobre los retos de la fiscalía, los diputados (y todos nosotros) tendremos un problema serio.

Saludos,

(Mas!/El Diario de Hoy)

Carta al Presidente: Hablemos de prioridades, luego de pisto

Estimado Salvador Sánchez Cerén:
Usted quiere más dinero: más impuestos, más créditos, más pisto de los ahorros de pensiones…
Pero nadie les va a dar todos estos miles de millones de dólares adicionales así no más, solo porque los exigen o porque patalean, amenazan, lloran.

No es así la cosa, presidente. Hay un par de condiciones que ustedes tienen que cumplir antes de que hablemos de pisto.

Primero: explicar con toda la transparencia en qué han gastado los miles de millones de dólares adicionales que en seis años los gobiernos del FMLN han tenido por las reformas fiscales y por los créditos que les aprobaron.

Por ejemplo,  ustedes tienen que explicar porqué el presupuesto de seguridad se ha multiplicado en los últimos 10 años, pero la situación de violencia, delincuencia, miedo, extorsiones, lejos de mejorarse, se ha empeorado. Ustedes tienen que convencernos que esto no va a seguir así, o sea que no vamos a gastar más sin tener resultados positivos. Hoy hablan de $100 millones al año adicionales que necesitan para avanzar en seguridad y prevención. ¿Cómo sabemos si esto tienen sentido, si ustedes no identifican los errores que se han cometido y cómo los van a corregir?

Segundo: Todo el mundo les pide austeridad. Pero como austeridad se ha convertido en mala palabra neoliberal en el mundo de la izquierda mundial, tal vez no tenga sentido pedirles esto. Igual “ajuste” fiscal. Voy a plantearlo de otra manera, menos ideológica, a ver si así nos entendemos: Hablemos de prioridades.

Y ahí está, para mi criterio, la principal debilidad de su gobierno: la falta de prioridades. Es un pecado de todos los gobiernos de corte populista y clientelista: En vez de resolver problemas, tienden a cumplir demandas. Y esto con la regadera... Funes y Saca eran peores, si esto le sirve de consolación.

Ustedes, por lo menos en el discurso, han identificado correctamente que el problema de inseguridad y violencia es el problema principal del país. Tendría que ser, entonces, prioridad #1, de la cual depende todo lo demás: la inversión, el crecimiento económico etcétera.

Entonces, si es la prioridad #1, ¿por qué esto no se refleja en el presupuesto nacional para el 2016?
Antes de pedir miles de millones de dólares adicionales en impuestos y créditos, ustedes tienen que definir las prioridades y mostrar que estas se reflejan en el presupuesto. Imagínese, presidente, que usted saliera en televisión diciendo que en los 4 años que le faltan en el gobierno usted va a concentrar toda la inversión del Estado en atacar el problema de Seguridad, mediante una gigantesca inversión focalizada en las 50 (o 100) comunidades (o barrios o colonias o pueblos), donde permanentemente se genera el círculo vicioso de marginación, ruptura del tejido social, y violencia. Imagínese usted diciendo que va a dejar de subvencionar los uniformes escolares y dedicar todo esto dinero a duplicar el presupuesto de los 150 centros escolares que dan servicio a estas comunidades, para convertirlas en escuelas de tiempo completo y excelencia. Imagínese usted anunciando que todos los recursos para la ampliación de la cobertura de salud se van a concentrar en estos 50 lugares; que el MOP va a focalizar todos los fondos asignados para caminos rurales y reparación de cárcavas en estos 50 municipios; que de esta misma manera se van a focalizar los recursos de la banca estatal, del programa de vivienda; que los megaproyectos viales se van a postergar mientras este plan nacional de prevención y seguridad no haya terminado dando resultados…

Si usted fuera capaz de definir prioridades y decirle con claridad a la gente que esto significa sacrificios y que otros programas sociales y subvenciones se van a reducir o posponer en aras de ganar la batalla contra la inseguridad, entonces usted tendría el derecho de ir a la Asamblea a pedir fondos adicionales. Antes, no. ¿Y sabe qué? Si usted redefine el presupuesto y libera cientos de millones de dólares para el área seguridad, prevención y transformación de barrios, la comunidad internacional le va multiplicar estos fondos. Antes, no.

Transparencia, definir prioridades en vez de tratar de cumplir a todas las demandas populares a la vez, y focalizar los recursos según las prioridades definidas. Estos son los tres pasos que usted tiene que dar antes de pedirnos miles de millones de dólares más. Luego, con gusto hablemos de pisto.

Saludos,    

(Mas!/El Diario de Hoy)

Carta al Secretario de las Apariencias

Estimado Marcos Rodríguez:
Nuestro amigo común de aquellos tiempos (mucho antes que te metiste en el gobierno), Roberto Rubio, a quien vos retiraste la amistad cuando comenzó a criticar tu papel en Casa Presidencial, en su última columna llamó a tu institución “Secretaría de las Apariencias”. Me parece genial, casi tan bueno como la “Secretaría de Intrusión Social” que yo me inventé cuando Vanda Pignato quería prohibir las cachiporristas. Ni modo, te va a quedar el apodo…

Te diste cuenta que yo salí a la defensa, cuando de repente te estaban acusando de nepotismo, por el hecho que tu esposa y tu hija trabajan en asuntos del Ministerio de Salud. No en defensa tuya, sino en defensa de un principio: No se vale condenar a nadie, mientras no esté comprobado su pecado. En este caso: Si tu hija y tu esposa tienen los credenciales profesionales para los cargos que desempeñan, y si están en áreas del gobierno donde vos no tenés capacidad de decisión, no veo ningún problema de nepotismo… Además sostengo: Hay tanta cosa que criticar a Marcos que no veo ningún sentido inventar pecados y además meter a su familia…

Hubiera querido que vos, como titular de una institución que lleva en su membrete la palabra “transparencia”, hubieras actuado de esta forma cuando tu jefe de entonces (Mauricio Funes, quien te llevó a CAPRES) y otros funcionarios como Irving Tochez, entonces presidente de la CEL, hablaron de nepotismo para descalificar a José Antonio Rodríguez Rivas. Toño fue presidente de LaGeo cuando se originó la sociedad con ENEL, la que luego llevó a los gobiernos de Saca, Funes y Sánchez Cerén a hacer demandas grotescas contra los italianos de ENEL y contra un grupo de funcionarios que en este tiempo dirigieron la CEL y LaGeo. De paso sea dicho que perdieron en todos los tribunales internaciones y nacionales. Toño fue uno de los acusados, contra los cuales el presidente Funes arremetía semanalmente en su programa radial. Una de las acusaciones mediáticas fue que el hecho que era sobrino de la esposa de Paco Flores. ¡Nepotismo! Fue el grito de batalla de todos los allegados a Funes, y nadie, ni el Secretario de Transparencia, se tomó la molesta de aclarar que el ingeniero José Antonio Rodríguez fue nombrado director de LaGeo en 1995, 4 años antes que Francisco Flores, llegara a la Presidencia.

Con la misma falacia que ahora te acusan a vos, se podía decir: Pero en 1995, cuando Rodríguez Rivas fue nombrado en LaGeo, Flores ya era diputado y tenía influencias… Lo absurdo es que en todo este pleito pasó totalmente desapercibido que José Antonio Rodríguez es tal vez el experto más destacado de El Salvador en materia de políticas energéticas. También en el caso actual, es un insulto a tu esposa y tu hija, no a vos.

¿Por qué te callaste cuando desde el interior de tu partido y gobierno estaban hablando de nepotismo cuando tan obviamente no tenía caso? Y ahí ya tenemos el dedo sobre tu verdadero pecado: Vos convertiste el servicio público en escenario de batalla partidaria. Todo lo que vos tocás se convierte en parte de una incesante lucha ideológica y partidaria. Y la institución que te encargaron construir y dirigir, es espejo de esto. Esto no es justo con asuntos tan importantes para la democracia como la transparencia y la participación ciudadana, que son las dos áreas de acción de tu secretaría.

Expresión más fiel de tu función como Secretario de Transparencia es la publicación “Transparencia Activa”,  y es un medio de combate partidario y de propaganda.

Expresión más fiel de tu función como Secretario de Participación son los eventos “Gobernando con la Gente”, “Feria del Buen Vivir” y “Casa Abierta” en la residencia presidencial, y todos son instrumentos de propaganda partidaria, sábado a sábado…

Y ahora la guerra sin cuartel que declaraste a Ana Vilma de Escobar, la que le llevó a cometer el error de demandarte por calumnia. Yo no creo en este tipo de demandas, pero entiendo que algo tuvo que hacer ante tanto acoso por parte tuya.

No soy el primero que te pide la renuncia, Marcos, y no seré el último. Podrás seguir haciendo lo mismo que tanto te gusta hacer: propaganda, desinformación, guerra sicológica… pero hazlo desde la trinchera del partido, no del Estado.

Saludos,