Carta a los huelguistas que paralizan juzgados y morgues

Colegas:

les digo colegas, porque en mi corazón nunca he dejado de ser sindicalista, desde que en 1971 me afilié en el sindicato de metalúrgicos de Alemania IGM - en aquel entonces el sindicato más grande y poderoso del mundo.

Les digo: ¡Colegas, recapaciten!, porque están siendo manipulados por quienes quieren debilitar al presidente de la Corte y su Sala de lo Constitucional por su independencia y su vocación reformista.

Si ustedes están convencidos que tienen reivindicaciones salariales justas, deben ir a pelear con Hacienda, o con el presidente de la República, o con la Asamblea Legislativa – que son las tres instancias que definen el presupuesto.

Su adversario no es el presidente de la Corte. Las fuerzas oscuras que quieren recuperar el poder en la Corte no son los aliados de ustedes. No pueden ser los aliados de los sindicalistas, porque no están buscando más justicia...

Mucho menos son sus adversarios los jueces que tratan de mantener funcionando los juzgados para no afectar aun más a la población. No se vuelcan contra ellos, porque a la larga necesitan la unidad con ellos para luchar por sus reivindicaciones y por un sistema eficiente de justicia.

Como viejo sindicalista les digo: Definan bien a quiénes enfrentar y escojan bien a sus aliados. Cuidado con las falsos amigos, como los magistrados reaccionarios y los agitadores como Dagoberto Gutiérrez.

Les saluda fraternalmente, Paolo Lüers

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Carta al presidente de la CEL

Estimado señor Nicolás Salume:

El presiente anunció que usted va a seguir dirigiendo CEL “por un tiempo prudencial más”.

Bueno, en este contexto habla de ‘prudencia’ es un poco atrevido, ¿verdad? Lo más prudente hubiera sido que el presidente nunca lo nombrara, tomando en cuenta que su papá le financió la campaña presidencial. También tomando en cuenta que usted ya en tiempos del presidente Saca fue uno de sus hombres más cuestionados.

Pero bueno, tal vez los presidentes tengan otro tipo de ‘prudencia’ que los terrestres no logramos entender.

Sea como sea, ya que el presidente Funes decidió mantenerlo en CEL ‘un tiempo prudencial’ más, usted nos va a tener que explicar qué pasó con el megaproyecto del Chaparral.

¿A quién usted mandó a hacer el estudio geológico?

¿Es cierto que este estudio era equivocado y que cuando ya estaban construyendo se dieron cuenta que en este lugar del río Torola no había condiciones geológicas para construir la presa?

¿Es cierto que por esto se tuvo que suspender el proyecto?

¿Es cierto que este error le costará al Estado cientos de millones de dólares?

¿Qué propuesta para salir de este huevo usted le hizo al presidente para que decidiera mantenerlo en la presidencia de la CEL?

¿O es que a esta altura del enredo nadie más estaba dispuesto de hacerse cargo de la CEL? Ni siquiera el señor Rovira de GANA...

Y una última pregunta: ¿Aun no se han cancelado los 3 millones de dólares que su papá le prestó a Mauricio Funes para su campaña? ¿Será por esto que no le pueden sustituir?

Esperando que ‘el tiempo prudencial’ no será eterno.

Saludos de Paolo Lüers

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Un fantasma

¡Hay un fantasma que recorre las calles de San Salvador! Hay un personaje que ya muchas personas han visto en joyerías en tiendas finas, en boutiques, en los lugares más exclusivos del país. Este fantasma anda sirenas por doquier, motos de protección, lujosas prados, a veces una Blazer, a veces una Hummer.

Un vecino que es joyero, dice que nunca en su vida había vendido tanto, claro al fantasma le gustan las joyas, los relojes finos y la buena vida. Este vecino me cuenta que pide más de lo que es posible utilizar, regala poco y siempre está atento al la última edición de Patek Philipe, que ya ha comprado tres Vacheron Constantin y que el Rolex Submariner le parece una cosa demasiado común. Por cierto la colección 2011 ya está a la venta.

Dicen que el fantasma le gustan las joyas, que compra carteras imposible y vestidos elegantes, le gusta que las mujeres vistan bien. El fantasma conoce de marcas, también sus trajes son muy finos. A veces cuando esta aburrido viaje un poco para ver si encuentra algo más que pueda comprar.

Este fantasma es muy distinto del que habla Marx y que recorría Europa en los 1800s. Si a veces habla de socialismo, pero más bien, critica a la terrible derecha. Esa oligarquía que no entiende que el pueblo tiene hambre, esa oligarquía que durante años se ha dedicado a robarle al pueblo, a malgastar sus fortunas y crear una brecha insalvable entre pobres y ricos.

Ahora el fantasma que critica a la derecha, actual tal cual, viaje a Miami como un oligarca más. A veces como el de Marx también recorre Europa, pero no como una tormenta de mentes despertando al comunismo, sino como un arrebato desenfrenado de comprar por FNAC y El Corte Ingles, ¡no! más bien por las buenas boutiques de Champs Élysées o la madrileña calle de Serrano.

Este fantasma parece que no se da cuenta que en El Salvador hay pobreza real, hay un buen tercio de la población que vive con menos de un dólar al día, parece que se le olvida que en este país, si importa lo que nosotros los ciudadanos opinamos, que nos damos cuenta de los despilfarros y de la opulencia con que viven estos fantasmas.

Este nuestro fantasma está siendo un despertar para los salvadoreños, uno muy duro, uno que significa que tanto antes como ahora no les interesan los pobres, que antes como ahora nos estafan, con distinto tipo de discurso, pero nos estafan. Este fantasma que recorre San Salvador, nos hace reflexionar que ni los 20 años de ARENA pueden ser todos malos, ni el año y medio del FMLN ha sido todo bueno. Porque este fantasma lo habíamos visto en ministros, lo habíamos visto en diputados, en alcaldes, este fantasma ha llegado a lo más alto de gobiernos anteriores y de este… también y suponemos tener un gobierno de izquierda, por tanto duele más.

Alegato contra un maldito dicho popular

En política, nunca hay que decir nunca... Siempre cuando se repite este dicho, es para preparar el terreno para alguna movida chuca.

Últimamente escucho este dicho frecuentemente cuando hablan del futuro político de Tony Saca. ¿Regresa el expresidente a la política? ¿Regresa incluso a ARENA?

Y siempre dicen: Bueno, tal vez no sea posible que ARENA nuevamente acepte a Tony Saca, pero tal vez algún tipo de alianza. De todas formas, en política nunca hay que decir nunca...".

Totalmente en desacuerdo. En algún punto hay que pintar la raya. No puede ser que en política todo sea admisible. No todo se vale. Y el caso de Tony Saca y ARENA es un buen ejemplo para atacar este maldito dicho de que en política nunca hay que decir nunca.

ARENA, si quiere tener un futuro con credibilidad, tiene que decir '¡nunca!', siempre cuando se especula sobre el regreso de Tony Saca, sobra 'la superación de la división de la derecha', sobre alianzas electorales con GANA.

Ciertas divisiones son necesarias. Son procesos de curación. Si ARENA no se hubiera separado de Tony Saca, luego de la derrota electoral de 2009, a esta altura ya hubiera dejado de ser un partido viable. Hubiera corrido la suerte del Partido Liberal Constitucional del expresidente nicaragüense Arnoldo Alemán: incapaz de gobernar e incapaz de ejercer oposición; pero con el poder de vetar el surgimiento de una oposición que puede poner en peligro el régimen de 'el pacto', como los nicas llaman, con ganas de vomitar, la alianza de los dos polos del populismo y de la corrupción.

Nicaragua es el país donde han aplicado a la máxima perfección y perversión este maldito dicho de 'nunca hay que decir nunca en política.' Todo es posible, no hay ética ni decencia que ponga límite a las componendas políticas.

¿Se puede reelegir el presidente Ortega, a pesar de que la Constitución no prohíbe tan explícitamente como en El Salvador? - Nunca diga nunca.

A pesar de su comprobada corrupción y de su pacto con el diablo, ¿podrá Arnoldo Alemán nuevamente convertirse en candidato, no para ganar, sino para facilitar nuevamente el triunfo de Ortega? - Nunca diga nunca.

No estamos tan lejos de Nicaragua que quisiéramos pensar. No tenemos a un presidente como Daniel Ortega. Es cierto. No tenemos a un expresidente condenado por robo al Estado. Es cierto.

Pero tenemos a un FMLN S.A. de C.V., que tiene mucho en común con el nicaragüense FSLN S.A. de C.V. Y tenemos a un expresidente que igual que Arnoldo Alemán usa su peso político y la debilidad de la oposición para presentarse como imprescindible para la derecha de su país.

Aquí en El Salvador, igual que en Nicaragua, todo depende del surgimiento de una alianza democrática, progresista y reformista, basada en principios y formada por personas y fuerzas que saben decir '¡nunca!' a las componendas entre los populistas de izquierda y derecha.

Tanto en la izquierda como en la derecha, debe haber suficiente renovación ética y programática para separarse, cada uno en su campo, de las tendencias populistas, autoritarias y mafiosas.
La única ventaja que tiene la derecha ahora, a pesar de todas las encuestas (que miden correlaciones de fuerza coyunturales, nunca tendencias históricas), es que está más cerca de esta renovación que la izquierda. En este sentido, su división es ventaja, no debilidad. La existencia de GANA es ventaja, no debilidad para ARENA.

Querer subsanar lo que muchos aun perciben como debilidad (la salida de Saca, el desprendimiento de GANA, la alianza abierta de GANA y PCN con el gobierno de Funes-FMLN...), sería el error más fatal que podría cometer la oposición. Significaría cerrar la ventana histórica de la renovación ética y programática, y volver a la desgastada política de 'nunca diga nunca'.

En la sociedad hay una enorme sed de política ética, de renovación y reforma, de transparencia. Hay escepticismo, y con toda la razón del mundo. Pero desde esta posición crítica surge en la sociedad, en la clase media, sobre todo en la juventud la exigencia de una política que regrese a un esquema claro de principios, combinado con voluntad reformista.

Así que no vengan con esta aberración que 'en política todo es posible, todo es justificable, y que nunca hay que decir nunca'.

(El Diario de Hoy)

Chavez un hombre de telenovela

Durante una entrevista, en su primera campaña electoral en 1998, Hugo Chávez recordó cómo había participado una noche en Sábado sensacional, un famoso y maratónico programa de variedades que existe en Venezuela.

Entre divertido y entusiasmado, el entonces candidato rememoró aquel momento, la coronación de una miss si no mal recuerdo, cuando él -junto a otros dos o tres soldados- descendió en paracaídas, trayendo desde el cielo un regalo para las concursantes.

La anécdota contrasta con la imagen de sí mismo que promueve el "Comandante Chávez". Hay poco heroísmo y poca izquierda en ese espectáculo. Por eso quizás, ahora, desde el poder, intenta reconstruir una memoria diferente, que lo ubique más cerca de Fidel Castro que de Juan Gabriel.

Hugo Chávez es el primer presidente venezolano nacido en la época de la televisión. Cuando despertó, la televisión ya estaba ahí. En una entrevista a la revista chilena Qué pasa, afirmó que de niño, mientras todos sus compañeritos querían ser como Superman, él en realidad deseaba ser como Simón Bolívar.

Probablemente esto también forma parte de ese nuevo pasado legendario que necesita inventarse, pero lo importante es que retrata muy bien el espacio referencial que dominó su niñez, una infancia pobre, en un pueblo rural de los llanos venezolanos, hasta donde, sin embargo, también llegaron los íconos del cómic, el cielo de los mass-media.

Pero esto no basta para explicar la importancia que Chávez le da a la comunicación masiva, su continua actuación como animador de espectáculos. Quizás hay que mirar un poco más su propia historia política. En febrero de 1992, Hugo Chávez comanda un golpe de Estado en contra del presidente Carlos Andrés Pérez.

Aunque sus compañeros de armas logran conquistar sus objetivos en diferentes lugares del país, Chávez fracasa en Caracas y, al final, aparece unos segundos en la televisión, llamando a los otros golpistas a deponer las armas, a rendirse. En ese breve instante fue tocado por el dios rating. El rechazo de los venezolanos a los partidos políticos tradicionales, sumado a la ceguera de una élite incapaz de leer la pobreza en que vivían las mayorías, construyó el escenario ideal para que el soldado comenzara a convertirse en ídolo. Gracias a la televisión, una chapuza militar tuvo éxito. Una nueva lógica política se inauguró en el país: su fracaso lo hizo famoso; su fama, Presidente.

Esta marca de nacimiento ha terminado transformándose en uno de los sellos fundamentales de Chávez y de su acción pública. Su más claro plan de gobierno es él mismo. Se ha dedicado casi una década a promocionarse, a reinventar un Estado a su medida personal, a lograr que un país esté hablando de él, a favor o en contra, todo el tiempo. Con el paso del tiempo, Chávez parece haber entendido que la popularidad también puede ser una potable forma de tiranía.

"Chávez equivocó definitivamente su profesión -dijo Alberto Muller Rojas, general retirado y jefe de la campaña electoral de Chávez en 1998-. Él hubiera sido un comunicador de primer orden, Aquí, en el mundo de la televisión, del cine, no hay un tipo como él".

Ciertamente: Chávez es una marca contundente. Un contagio. Una emoción que produce gran fidelidad. No es un simple carisma, actuando silvestremente. Hay mucho cálculo, mucha planificación.

Detrás de muchas de sus apariciones, hay siempre un guión, una inteligencia que se ha detenido a pensar antes en la audiencia, en el espectáculo. Aquello que luce improvisado, que parece un rapto de intemperancia, quizás sea una escena fraguada desde hace mucho, diseñada y actuada con una maestría muy peculiar.

De melodrama

Chávez construye su autobiografía diariamente. Siempre es autorreferencial. Habla de sí mismo, de su niñez; rememora o inventa una anécdota de su juventud, reproduce y actúa una antigua conversación; narra de pronto un suceso del presente, un intento de magnicidio donde nuevamente estuvo a punto de morir.

Canta, baila, recita. Su vida sirve de espejo narrativo para explicar o ejemplificar cualquier tema: la guerra en el Medio Oriente o la siembra de sorgo en el pie de monte andino del país, el socialismo del siglo XXI o un nuevo plan de lectura revolucionario... Chávez es el principal mensaje de Chávez.

No hay pudor. No hay tampoco intimidad. La historia pública del país es, también, la historia privada de Chávez. Hubo un tiempo en que, junto a su figura, repartida en vallas publicitarias por todo el país, se acompañaba de esta leyenda: "Chávez es el pueblo". No hay diferencia. Entre la revolución que propone darle todo el poder al pueblo y el gobierno que saquea el Estado y las instituciones para darle todo el poder a Chávez, no hay ninguna contradicción.

Se trata de la misma historia, de una única historia de amor. Así lo pregona el mismo Presidente. Sus campañas electorales, donde ha resultado generalmente victorioso, combinan una agresividad desmesurada con unas impresionantes dosis de cursilería.

Chávez invoca el amor verdadero, convierte la administración pública en un asunto afectivo, hace de la gerencia del país un melodrama donde el pueblo y él son los protagonistas de un amor interminable, de una pasión que siempre corre detrás de su final feliz.

La retórica chavista tiene bastante que ver con la tradición de la radionovela y de la telenovela. No solo en su sentido más rítmico -la telenovela también, más que verse se escucha-, en la reiteración musical del discurso, sino en el uso de parábolas, en la ausencia de formulaciones sustantivas, abstractas, en la elección del cuento como forma de explicación de lo real. También se basa en la construcción de un héroe popular que se levanta desde todas las miserias y consigue finalmente la venganza, la fortuna y la felicidad.

Chávez es una versión exitosa de esa concepción melodramática de la historia. Pasó de la cárcel a la Presidencia. Su historia -la real y la que construye verbalmente, día a día- tiene mucho de bolero, de tango, de canción ranchera. Esto, dentro de las características de un país petrolero, puede adquirir dimensiones apoteósicas. Porque Chávez también representa un gran sueño de nuestra identidad: la aspiración de millones de pobres en un país tocado por una riqueza providencial. Él es la versión exitosa de los desheredados, de aquellos a quienes se les ha quitado una fortuna que les pertenece. Vemos su historia por televisión. Esperando que se acaben los falsos suspensos. Esperando que el protagonista por fin haga justicia y nos demuestre su amor.

Aunque desee colarse en el firmamento de las leyendas revolucionarias del continente, en realidad, el heroísmo de Chávez está en otro lado. Tiene más de show business que de guerra de guerrillas. Aunque no le guste, Chávez está más cerca de Delia Fiallo que del Che Guevara. "Amor con amor se paga" sigue siendo su consigna más eficaz. Al igual que en la telenovela, eso es lo mejor que administra: la esperanza de los pobres.

Vivimos los tiempos de la épica mediática. Las celebridades ya no tienen caballos sino ondas hertzianas. Sin embargo, hay algo que no cambia nunca, su naturaleza es la misma: necesitan un ansia, la puntual persistencia de un deseo. En 1974, el joven Chávez era cadete de la Academia Militar. Estaba en Caracas. Desfiló en un acto oficial y pudo ver, más o menos de cerca, a Carlos Andrés Pérez, quien acababa de iniciar su primer período presidencial.

Esa noche, el joven cadete se quedó despierto hasta tarde para observar la repetición del acto oficial por televisión. Quería mirarse, quería ver si aparecía desfilando. El 13 de marzo escribió en su diario: "Después de esperar bastante tiempo llegó el nuevo Presidente. Cuando le veo, quisiera que algún día me tocara llevar la responsabilidad de toda una patria, la Patria del Gran Bolívar". Hugo Chávez todavía no había cumplido 20 años.

(El Tiempo/Bogotá. Alberto Barrera Tyszka es autor de obras de ficción como 'La enfermedad' y 'Crímenes', ambas bajo el sello Anagrama. De su trabajo periodístico es reconocida la biografía de Hugo Chávez que escribió con Cristina Marcano y se tituló 'Hugo Chávez, sin uniforme'. Graduado en Letras, escribe en medios como 'El País', 'Letras Libres' y 'Etiqueta Negra'. Además escribe guines de cine y telenovelas)

Carta al diputado Enrique Valdez

Estimado doctor Enrique Valdez:

Usted es el vocero de la oposición en temas de salud. Tengo entendido que usted quiere una legislación que no permita al Estado importar medicinas no registradas en El Salvador.

Ahora el Estado puede importar, con ‘permisos especiales’, aquellas medicinas que no existen en el mercado comercial salvadoreño (y por esto no disponen de registro). Estamos hablando de los tratamientos que el Estado proporciona a los enfermos de SIDA, afectados de rabia, tuberculosis... El Estado recibe estos medicamentos de organismos internacionales. A veces son donaciones, a veces son compras a precios bastante bajos en el mercado internacional.

En vez de restringir estas compras (lo que tendría efectos graves para el sistema público de salud y tal vez fatales para muchos pacientes), habría que liberalizarlas. El Estado debe tener derecho de comprar todas las medicinas para el sistema público de salud al mejor precio disponible en el mercado internacional, con tal que sean debidamente autorizadas en países que disponen de sistema de control de calidad confiables.

Es más, a la larga habría que liberalizar el mercado de medicinas al punto que cualquier empresa pueda importar estas medicinas libremente, con tal que su calidad sea certificada, no necesariamente por instancias nacionales. Y lo ideal sería que cualquier ciudadano pueda comprar por internet las medicinas que necesite en el marcado internacional, con la única condición que sean debidamente autorizadas en países que controlan estrictamente la calidad de sus medicamentos. Pagando impuestos de importación, por supuesto.

Señor diputado, si usted quiere representar a la oposición, tiene que repensar muchas cosas: o estamos por más regulación estatal o por la liberalización. No es el Estado que va a garantizar precios accesibles de medicamentos, sino el libre mercado y la competencia. Si sigue con estas posiciones que obstaculizan que el Estado adquiera sus medicinas libremente en el mercado internacional, su cosecha será una ley de medicamentos estatizante, donde el gobierno va a regular los precios.

Piénsenlo bien.

Saludos de Paolo Lüers

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