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domingo, 24 de octubre de 2010

Cementerio, éxodo masivo o esclavos del crimen

¿Quién podría convocar a un diálogo en un contexto de ausencia de confianza y credibilidad? Un grupo de ciudadanos notables.

La violencia sin sentido, el crimen indiscriminado y el dolor han alcanzado fronteras impensables. El desasosiego, la incertidumbre, el miedo y los deseos de huir se han apoderado de la mayoría de guatemaltecos.

Tras décadas de violencia exacerbada y el desencanto por la democracia y, más prematuro aún, por la promesa de los Acuerdos de Paz, existe ahora una convicción generalizada de que el país se salió de control y ha caído en manos criminales. Una nueva generación –o viejas generaciones abiertas y embozadas– de magos del terror pueden disponer de vidas y haciendas en cualquier momento, con total arbitrariedad e impunidad.

El clima se siente enrarecido y todo apunta a que aún vienen cosas peores. Las víctimas de la violencia son ladinos, indígenas, garífunas y xincas; ricos y pobres; niños, jóvenes y ancianos; mujeres y hombres; famosos y desconocidos. Ellas y ellos son, más importantes que cualquier cosa, seres humanos a quienes otros seres humanos aman y necesitan. Nadie –sin importar dónde vive o qué hace– puede tener la certeza de quién sufrirá el siguiente acto absurdo de derramamiento de sangre. Y que, sea como sea, la espiral sigue, sigue y sigue.
¿Por qué? ¿Qué es lo que la violencia alguna vez ha logrado? ¿Qué es lo que alguna vez ha creado? Nada, absolutamente nada, ha logrado la bala y el puñal del asesino.

Los asesinos y criminales no son héroes, como ellos creen; son más bien una partida de dementes y cobardes que, con alevosía, nocturnidad y ventaja, nos empujan de la estrategia de sálvese quien pueda nacional, a pensar seriamente en un éxodo masivo, suicida para Guatemala.
Cada vez que la vida de algún chapín es arrebatada sin razón –ya sea que se haga en el nombre de la ley o en desafío de la ley, por un hombre o por una banda, a sangre fría o por pasión, en un ataque de violencia o en respuesta a la violencia–, cada vez que desgarramos el tejido de la vida de otra persona, la Nación entera irremediablemente se degrada.

Hasta ahora pareciera que toleramos el creciente nivel de violencia que arrebata nuestra humanidad y nuestras aspiraciones de civilización. Leemos con pasmosa serenidad los reportajes periodísticos de salvajes asesinatos y de los crímenes más crueles. Exaltamos, con morbo y emoción, los culebrones del narcotráfico que vemos en el cine y la televisión, y lo llamamos entretenimiento. Les facilitamos a hombres poco cuerdos a que adquieran cualquier tipo de armas y las municiones que deseen.
No sin frecuencia, enaltecemos la arrogancia, a los bravucones y a los controladores de fuerza. A menudo eximimos a aquellos que están dispuestos a construir sus propias vidas a expensas de los sueños destrozados de otros.

Algunos andan a la caza de chivos expiatorios, otros ven conspiraciones hasta en la sopa, pero algo está bien claro: la violencia engendra violencia, la represión trae venganza. Resistir, aferrarnos, sacar nuestras últimas reservas morales y, sobre todo, no claudicar a la aspiración de una vida digna traducida en energía y compromiso colectivo, eso, sólo eso, nos puede sacar de la postración.
Otro tipo de flagelo exacerba el crimen y la violencia, más lenta pero tan mortalmente destructiva como un disparo despiadado: la indiferencia, la falta de acción y respuesta y la lenta decadencia de las instituciones. Indiferencia que incluye la destrucción lenta de un niño por hambre, las escuelas sin libros, los mantos de impunidad y la gente sin techo durante el invierno.

Recetas unilaterales no existen. Sin embargo, propongo tres acciones concretas: Primera, transparentar el financiamiento de la contienda electoral, de suerte que el dinero sucio del narcotráfico y la corrupción no tengan cabida y no condicione las políticas de Gobierno, particularmente en el campo de la seguridad.
Segunda, la realización de emergencia de un encuentro nacional, de un diálogo nacional, donde participen el sector privado, el sector social, el académico, los políticos democráticos, desde la izquierda hasta la derecha, y el Estado y sus instituciones. Con todo el riesgo que conlleva que el crimen ha penetrado todos los grupos y sectores sociales. La discusión debería centrarse en estrategias frente al crimen organizado, en cómo el Estado puede recuperar el monopolio del empleo legítimo de la fuerza, y en cómo combatir la marginación y la miseria, sobre todo teniendo presente que los narcos son discípulos rigurosos de Lord Maynard Keynes: promueven y practican el pleno empleo.

Sin embargo, quién podría convocar a un diálogo, a un encuentro, en un contexto de ausencia de confianza y credibilidad inter e intrasectorial. Pues podría ser un grupo de ciudadanos notables, sin tacha alguna y que gozan de reputación: entre ellos podrían estar Mario Quiñónez Amézquita, Francisco Pérez de Antón, Flavio Montenegro, Lizardo Sosa, Federico Linares, Helen Mack, Rigoberta Menchú, Helmer Velásquez, José Pinzón, Efraín Medina, Gert Rosenthal, Edmond Mulet y Edelberto Torres Rivas.

Tercera, el Gobierno, por medio de la Cancillería, debe impulsar una iniciativa hemisférica agresiva, que permita fijar una posición única frente al narcotráfico, de manera que desde México a la Argentina, nos sentemos con los Estados Unidos a redefinir el enfoque de la estrategia para enfrentar ese gran flagelo de nuestros pueblos, buscando eficacia y efectividad. De no ser así, nuestros mejores fiscales, jueces, funcionarios, empresarios y periodistas terminarán en el cementerio, en el exilio o esclavos de la corrupción. En medio de este escenario dantesco reitero lo que escribí hace más de una década: el último que salga del país, que apague la luz.

(El Periódico/Guatemala. El autor es director de El Periódico.)

viernes, 15 de mayo de 2009

Los demonios del estado de visita en casa: crónica de un allanamiento

“¿Sin la justicia, qué serían en realidad los reinos, sino bandas de ladrones?”
San Agustín, La Ciudad de Dios

“A mis amigos lo que quieran; a mis enemigos la ley”, atribuido a Porfirio Díaz

Esto le tiene que quedar grabado a tus hijos, dijo estremecedoramente uno de nuestros captores.

Fue en ese momento que me devolvieron al cuarto, en donde toda mi familia vivía el momento más terrible de sus vidas: el allanamiento ilegal que una banda de terroristas de Estado hizo en mi casa el 24 de junio del año 2003.

Te vas a morir hijo de la gran puta. Y me hincaron. Ramoncito tenía entonces once años. El resto de la familia tenía los ojos vendados con mis propias corbatas, pero él no. Él estaba viendo. Yo le dije: tranquilo, no te preocupés, y le sonreí conmovido. Y pensé para mis adentros: aquí acabó todo... Leer el texto completo en ElPeriodico

miércoles, 13 de mayo de 2009

Basta de impunidad…

Una muerte más enluta, llena de sangre y conmueve a Guatemala: fue asesinado vil y salvajemente el distinguido y destacado profesional; hombre probo, digno e íntegro; extraordinario hijo, padre y ciudadano ejemplar, Rodrigo Rosenberg Marzano.

Todo su pecado, en este caso mortal, fue ser el abogado de otro hombre honorable, Khalil Musa Bassila, quien fue cruelmente asesinado junto a su hija Marjorie, a plena luz del día, cuando como todos los días salían a tomar su almuerzo. A raíz del asesinato de los Musa, aunque ya no era su obligación profesional, producto de su consistencia, consecuencia y coherencia moral, se hizo responsable de las investigaciones de este injustificable hecho criminal.

Estas investigaciones lo llevaron a desbaratar la primera hipótesis oficial, al extremo que el propio Presidente y su Secretario tuvieron que reconocerle al propio Rodrigo que el origen de los asesinatos surgían del nombramiento de Khalil en Banrural.

Derivado de los resultados de las investigaciones Rosenberg fue amenazado de muerte. Consciente de la gravedad de la situación, Rosenberg procedió, con valentía y arrojo, a dejar testimonio en video, audio y por escrito –todos ellos auténticos– de quienes, según él, asesinaron a Khalil y a Marjorie y que podrían ser responsables de su propia muerte en caso su asesinato tuviese lugar, tal como dos días más tarde sucedió.

En su testimonio-testamento, Rodrigo Rosenberg, entre otras aseveraciones y reflexiones expresa: Si usted leyó este mensaje es porque he sido asesinado por Gustavo Alejos, Gregorio Valdez, con la aprobación del señor Álvaro Colom y de Sandra Torres, por negarme a que se convirtiera en una estadística más el cobarde y vil asesinato de dos increíbles personas como lo eran Khalil Musa y su hija Marjorie Musa. Asimismo, agrega: Que los guatemaltecos le hemos permitido… A personajes como José Ángel López, Fernando Peña y Gerardo de León, que en forma directa amenazaran e intimidaran a Don Khalil, pocas semanas antes de su asesinato y el de su hija, para que renunciara a su nombramiento en Banrural.

Las acusaciones son de tanta seriedad y gravedad y provienen de un hombre intachable y sin mancha, como lo era Rodrigo Rosenberg, que una investigación independiente dirigida por los organismos de la comunidad internacional de inteligencia, en acompañamiento a la CICIG, es imperativa.

El Presidente debería ser excesivamente cuidadoso para evitar la retórica y sobre todo evitar las reuniones con el Fiscal General, con el Ministerio y con el fiscal que lleva el caso no sólo por razones de forma y de fondo sino porque es uno de los señalados en el caso.

Asimismo, el Procurador de los Derechos Humanos debe presentar la denuncia al Ministerio Público y a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

El Presidente debería ser el más interesado en el esclarecimiento de los hechos, pues de otra forma podría quedar en la triste historia de Guatemala como cómplice de asesinatos de guatemaltecos prominentes, entre otros delicados ilícitos.

En todo caso, el repudiable asesinato de Rodrigo, ha venido a significar un parteaguas para el gobierno de Colom, pues a partir de ahora, ha perdido su autoridad para hacer gobierno y en el mejor de los escenarios, su destino será flotar hasta entregar la estafeta al proximo Presidente. En cuanto a la carrera política de Doña Sandra, simplemente está liquidada.

(El Periódico, Guatemala)