Carta

Me solidarizo plenamente con Carlos Fernando. De apellidos Chamorro Barrios, periodista libre, hijo de Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por la dictadura somocista cuando era director del diario La Prensa, y de Violeta Barrios, ex-presidenta de Nicaragua. Siempre entregado a la causa de Sandino, ex-miembro del Frente Sandinista (FSLN), ex-director de Barricada, el periódico del Frente.

Hace un par de semanas nos recontactamos por correo después de varios años y me preguntaba que cuándo me daba una vuelta por Mananagua y les comparto a ustedes lo que dijo "Aunque aquí esto está mal y va a terminar peor. Es una involución irracional, y lo peor es que como daniel y la chayo no tienen contrapeso de ninguna clase en su propio poder, nadie define los limites. Antes por lo menos el Frente existia como partido y existia la tal DN (Dirección Nacional del FSLN). Pero ahora lo que manda es una pareja esquizofrenica, con sus propias deudas y culpas.
Y lógicamente, los que venimos del sandinismo, y que no tenemos el mismo discurso de la derecha, somos el enemigo No.1. Aquí nos quieren rostizar a cualquier costo, pero mi filosofia siempre ha sido hacerles pagar el costo politico mas alto. El gran vacio es que tampoco hay una propuesta alternativa coherente, y el pais se esta polarizando entre la derecha y el orteguismo.
A los pocos días están queriendo rostizarlo! sacarlo del aire. Cuál es el miedo a debatir con ideas las ideas? Por qué la intolerancia ante la crítica? Qué más podemos hacer para apoyarlo?

Paradojas en América Latina

The Economist publicó un artículo sobre la expansión de la clase media en Brasil. Citando a la fundación Getulio Vargas, informaba que 100 millones de habitantes de 190 pertenecían a una clase media definida por ingresos, posesión de coche, vivienda, línea blanca y acceso al crédito. Hemos sostenido esta misma tesis a propósito de Brasil y de México en estas páginas: si hubiera una Getulio Vargas en México diría que entre 55 y 65 millones de mexicanos pertenecen a una clase media definida en esos términos.

Y esta situación se repite en varios países de América Latina. Sucede en Colombia, Chile y Uruguay. Argentina se cuece aparte, ya que ha sido y dejado de ser un país de clase media en varias ocasiones. Pero no sólo se trata de indicadores como el crecimiento de la clase media. América Latina vive hoy un boom económico desconocido desde los setenta. En los últimos cinco años, el PIB y el PIB per cápita han crecido. Perú lleva más de un lustro con tasas superiores al 6 por ciento; Colombia igual; hasta Venezuela -gracias al precio del petróleo- está en pleno auge. Si a estos datos agregamos la consolidación de la democracia representativa, donde el poder se conquista en las urnas, salvo Cuba, nos sugiere que la región vive, quizás, uno de sus mejores momentos.

Pero al mismo tiempo y paradójicamente, pasa por una de las coyunturas de mayor polarización y conflictividad entre países y dentro de países que hayamos visto en años: México con AMLO, El Salvador con el FMLN, Nicaragua con Colombia, Colombia con Venezuela, Colombia con Ecuador, Chile con Perú, Chile con Bolivia, Argentina con Uruguay, la secesión boliviana, la polarización venezolana, la polarización ecuatoriana. Lo nuevo quizás reside en la forma en que todos estos conflictos se encuentran relacionados por un lado, y por el otro cómo existe un verdadero vacío de poder de influencia en la región al desvanecerse el tradicional intervencionismo norteamericano (diga Chávez lo que diga) y al alinearse en el elenco de enanos diplomáticos países como Brasil y México, que debieran llenar ese vacío.

Es evidente que la crisis boliviana no se da al margen de lo que sucede en el resto del continente. El papel de Venezuela en Bolivia (y el papel más significativo pero menos estridente de Cuba) ha sido puesto de relieve en los últimos días por las declaraciones del comandante del ejército boliviano, Luis Trigo. En paralelo, la situación en Ecuador ha sido evidenciada por el mismo presidente Correa que ha dicho explícitamente que ve una analogía entre las fuerzas centrífugas que amenazan la integridad de Bolivia, con Guayaquil, que amenazan la integridad de su país. En estos dos casos vemos que algunas fronteras -como en África- son un remanente de la época colonial y de los primeros años de independencia. Otras divisiones internas -Venezuela, Argentina, México, El Salvador- vienen de algo hasta cierto punto inédito: divergencias políticas, de clase, éticas e ideológicas que deben dirimirse en democracia, que es más complicado que en condiciones de autoritarismo. Otras influencias regionales están marcadas por los petrodólares de Chávez, como las presiones para que Argentina se alinee a sus posiciones o la presión sobre Centroamérica con Petrocaribe; y por último, la búsqueda de supuestas soluciones diplomáticas en la cumbre Unasur refleja más una preocupación por el problema energético, que una simpatía por las andanzas chavistas de Morales.

En una situación de tanto conflicto vinculado entre sí, hace 20 años Estados Unidos hubiera reaccionado, aunque sólo fuera ejerciendo represalias mucho más severas contra la expulsión de sus embajadores en Caracas y La Paz. Hoy en día no es el caso, en parte porque Bush es un Presidente saliente muy débil, en parte porque Estados Unidos algo ha aprendido a lo largo de los años, y en parte porque no serviría de nada una escalada si no se estuviera dispuesto a llegar a las últimas consecuencias -al parecer las represalias fueron la no certificación antinarco de Bolivia y por cuarta vez la no certificación a Venezuela en este tema. El que los países de Unasur prefieran hablar de la crisis boliviana, dentro de esta nueva organización y no en la OEA, excluyendo entre otros a México, Estados Unidos y Canadá, dice mucho: no necesitan ni a México ni a Canadá y creen que este tipo de problemas encierra soluciones sin Estados Unidos o incluso contra los norteamericanos como buscaron en vano Chávez y Morales en Chile -aunque las soluciones de Unasur tampoco sirvieron de gran cosa como lo muestra la detención del prefecto de Pando al día siguiente.

Hay otras conclusiones tentativas. La primera es que a pesar de toda la fatigada retórica latinoamericanista y priista del gobierno panista actual, México está fuera de la jugada: en las crisis uno cuenta porque quiere o tiene algo que decir. A pesar de su prestigio y de su tamaño, México se encuentra confinado. Brasil tampoco llena el vacío de Estados Unidos ni está dispuesto a abandonar su antiintervencionismo. En parte con razón, por la inmensa complejidad que encierra su postura frente a la crisis boliviana. En el fondo, el interés nacional brasileño en Bolivia es más autonomía con tentaciones secesionistas que pudieran ser anexionistas (al estilo Texas entre 1836-1847), que mantener la integridad boliviana que le complica la entrada irrestricta a la segunda reserva de gas de la región. Pero lo último que puede hacer la cancillería brasileña es no respaldar a Evo. Ante este dilema es mejor hacerse de la vista gorda, como corresponde a la tradición diplomática brasileña. No se entiende entonces para qué quieren ser miembros permanentes del Consejo de Seguridad: ¿para abstenerse a perpetuidad? ¿Y la retórica latinoamericanista de México?

 
Página en internet: www.jorgecastaneda.org

El poder latino ante la discriminación migratoria

El Washington Post esta semana publicó un articulo en el cual muestra la penosa experiencia de Norma Portales, quien es una inmigrante indocumentada, madre de tres niños con edades de dos meses, cuatro y ochos años respectivamente. Hace dos semanas conducía su auto en una calle del norte de Virginia dirigiéndose hacia su empleo, cuando hizo un viraje ilegal que produjo a un policía detenerla y hacerle una pregunta, que hasta hace unos meses era exclusiva de las autoridades migratorias: ¿Esta legalmente residiendo en este país y puede mostrarme su green card?

Esta conducta policial es implementada acorde al programa conocido como 287(g), el cual esencialmente coerce a la policía local y oficiales carcelarios a asistir a la oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, siglas en ingles), a identificar inmigrantes indocumentados al momento de cometer una violación a las leyes o ser arrestado por algún delito.

Los representantes políticos de los ayuntamientos en los condados de Prince William y Loudon, y otras ciudades como Herndon, que cuentan con una notada presencia latinoamericana, han aprobado la aplicación discriminada de esta regulación anti inmigrante, la cual, convierte el sueño de personas honestas y trabajadoras como la hondureña Norma Portales en una pesadilla. 

Norma fue arrestada por ser indocumentada, esposada y encarcelada por seis días, sin poder amamantar a su infante de dos meses de edad, quien debido a ello tuvo que ser internado de emergencia en un hospital. Actualmente, es controlada por medio de un brazalete electrónico que le fue colocado en su pie, mientras espera su deportación de este país.

Mientras miles de Latinoamericanos son sometidos a estas injustas e inhumanas iniciativas anti inmigrantes, por gobiernos locales déspotas en toda la nación, los candidatos presidenciales Obama y McCain, efusivamente se manifiestan como amigos de los latinos para conquistar los votos que lleve a uno de ellos a la Casa Blanca.

Estos hermanos que se encuentran en las cárceles esperando ser deportados, necesitan mas que las palabras de políticos desesperados de votos en campaña política, estos hermanos latinoamericanos necesitan de la solidaridad de todos los que un día soñaron, se sacrificaron y fueron perseguidos como ellos.

¿De que manera podemos ayudarlos? Manifestando unida y abiertamente nuestro descontento, pero mejor aun, tomando medidas conjuntas para atacar lo que más les duele y eso es la economía local. Al dejar de comprar y gastar nuestro dinero en el estado de Virginia, podríamos demostrar nuestro poderío y castigar a quienes nos desprecian como raza, pero que nos necesitan como pilares de sus economías.

Este es tiempo de acción cívica, es tiempo de organizarse y manifestar que no seremos mas muñecos a los cuales pueden tratar como les dé la gana, es tiempo de tener dignidad y exigir respeto. Nuestro compromiso con esta sociedad se manifiesta con el empeño y el trabajo honesto que realizamos diariamente, y no es justo que las familias hispanas sean separadas, encadenadas y deportadas. La emigración Latinoamericana es la consecuencia de la política exterior de este país durante el siglo pasado y es su responsabilidad histórica, solucionarla con justicia para todos.

Que no quepa la menor duda, que mañana un policía en Virginia, sin importar que seas ciudadano nacionalizado o nacido, por cualquier motivo que considere oportuno, de manera discriminada debido a nuestra raza, nos forzara a que le mostremos una green card, y eso es humillante, así como denigrante, además, de inconstitucional.

Exhorto una vez mas a las organizaciones pro inmigrantes, a los medios de comunicación y a la ciudadanía latinoamericana en general, a mantener la presión política, si es posible, también fomentar la austeridad económica en el estado de Virginia durante este fin de año promoviendo una campaña de NO DÓLARES LATINOS A VIRGINIA. Apoyemos solo los negocios latinos en Virginia y el resto de necesidades comprémoslas en DC o MD. Igualmente invito a que este esfuerzo se multiplique en otras zonas del país adonde la provisión 287(g) se aplica.

En este momento critico para el país, los votos y los dólares de los latinos son invaluables, el poder esta en nuestras manos, tomémoslo.

En El Salvador se realizara este mes la XVIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, seria oportuno que en esta oportunidad nuestros representantes políticos  expresen nuestra disconformidad de manera unánime y ejecuten acciones diplomáticas que presionen a los candidatos presidenciales Obama y McCain, así como, al Presidente Bush, a mostrar humanidad hacia los ciudadanos latinoamericanos en este país, así, detengan las redadas y deportaciones hasta que se resuelva este problema en una reforma migratoria integral.   

¿Dónde está la izquierda?

Me ausento de este espacio durante veinticuatro horas, no por necesidad de descanso o falta de asunto, simplemente para que la última crónica se mantenga un día más en el lugar en que está. No estoy seguro de que lo merezca por la forma en que dije lo que pretendía, sino para darle un poco más de tiempo mientras espero que alguien me informe donde está la izquierda…

Hace alrededor de tres o cuatro años, en una entrevista a un diario sudamericano, creo que argentino, entre la retahíla de preguntas y respuestas solté una declaración que inmediatamente supuse que iba a causar agitación, debate, escándalo (hasta este punto llegaba mi ingenuidad), comenzando por las huestes locales de la izquierda y a continuación, quien sabe, como una onda que se expandiera en círculos, en los medios internacionales, tanto políticos, sindicales o culturales que de la dicha izquierda son tributarios. En toda su crudeza, sin escamotear su propia obscenidad, la frase, puntualmente reproducida por el periódico, era la siguiente: “La izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive”. A mi intención, deliberadamente provocadora, la izquierda así interpelada, respondió con el más gélido de los silencios. Ningún partido comunista, por ejemplo, empezando por aquel del que soy miembro, salió a la palestra para rebatir o simplemente argumentar acerca de la propiedad o la falta de propiedad de las palabras que pronuncié. Con mayor razón, tampoco ninguno de los partidos socialistas que se encuentran en los gobiernos de sus respectivos países, pienso, sobre todo, en los de Portugal y España, consideró necesario exigir una aclaración al atrevido escritor que había osado lanzar una piedra al putrefacto charco de la indiferencia. Nada de nada, silencio total, como si en los túmulos ideológicos donde se refugian no hubiese nada más que polvo y telarañas, como mucho un hueso arcaico que ya ni para reliquia serviría. Durante algunos días me sentí excluido de la sociedad humana como si fuese un apestado, víctima de una especie de cirrosis mental que provocaba que no diera pie con bola. Llegué a pensar que la frase compasiva que andaría circulando entre los que así callaban sería más o menos ésta: “Pobrecillo, ¿qué se podría esperar de él con esa edad?” Estaba claro que no me encontraban opinante con la estatura adecuada.

El tiempo fue pasando, pasando, la situación del mundo complicándose cada vez más, y la izquierda, impávida, seguía desempeñando los papeles que, en el poder o en la oposición, les habían sido asignados. Yo, que mientras tanto había hecho otro descubrimiento, el de que Marx nunca había tenido tanta razón como hoy, supuse, cuando hace un año reventó la burla cancerígena de las hipotecas en los Estados Unidos, que la izquierda, allá donde estuviera, si todavía le quedaba vida, abriría por fin la boca para decir lo que pensaba del asunto. Ya tengo la explicación: la izquierda no piensa, no actúa, no arriesga ni una pizca. Pasó lo que pasó después, hasta lo que está ocurriendo hoy, y la izquierda, cobardemente, sigue no pensando, no actuando, no arriesgando ni una pizca. Por eso no es de extrañar la insolente pregunta del título: “¿Dónde está la izquierda?” No doy albricias, he pagado demasiado caras mis ilusiones.

Esta entrada fué posteada el Octubre 1, 2008 a las 8:31 am y está archivado bajo El cuaderno de Saramago.