Carta a Leonardo Heredia y Hernán Vera

Estimado Leo, recordado Hernán:
Celebro el Día Mundial de la Radio escribiendo esta carta a dos figuras de la radiodifusión salvadoreña: mi suegro Leonardo Heredia, pionero del arte radial, todavía con nosotros, pero alejado del medio, pero vivo en la memoria de generaciones de radioescuchas: creador de la Radio Nacional y la Radio Femenina, para solo nombrar las más emblemáticas; y Hernán Vera, más conocido como "Maravilla", quién ya no está en este mundo, pero quien vive en la saga de una radio que él ayudó a crear y convertir en uno de los grandes mitos de la guerra salvadoreña: Radio Venceremos.

"Maravilla" en La Guacamaya/Morazán
Vos "Maravilla", en aquellas tertulias nocturnas en campamentos guerrilleros (en las cocinas campesinas, a falta de bares; y con café, a falta de trago), siempre me dijiste: "Enano, no sé qué diablos estoy haciendo en una radio, si yo soy hombre de cine…" Pero la verdad es: aunque la voz tuya es la que menos sonaba en la Venceremos (por este acento caribeño-venezolano que nunca perdiste), vos fuiste el genio que se inventó esta rara mezcla de estilos que hizo tan popular la Venceremos: en un momento era pura arenga, inmortalizada por la voz de Santiago; al rato era analítica, de repente poética, en otro momento informativa, otra vez reflexiva, para terminar en una gran jodarria. Y siempre auténtica. Incluso cuando mintió, la Venceremos era auténtica, porque captó los sueños de la gente. Cuando estábamos en total defensiva, militarmente hablando, vos y Santiago y Marvin se inventaron algo para que la Venceremos sonara desafiante. Mucho de lo que sé de comunicación, no lo aprendí en la universidad, ni en las salas de redacción en Alemania, sino con vos, en Morazán.

Cuando terminó la guerra, te conocí a vos, Leo Heredia. Está cabrón tener como suegro un mito, una leyenda viva. Conocí al fundador de la radiodifusión salvadoreño, al tipo más irreverente que he conocido en mi vida, incluso consigo mismo y su propia leyenda. Entraste a las recién instaladas oficinas de la Venceremos en la colonia Florida con las palabras: "¿En qué les puedo ayudar, muchachos? ¡Hagamos radio hijos de la gran p…!"

Todavía sueño con lo que pudimos haber hecho juntos, los locos de la radio guerrillera y el viejo con el vozarrón más conocido del país - los creadores de la Vence junto con el creador de la Femenina. Juntos hubiéramos sido invencibles en el dial.

No pasó así. Ustedes dos, si bien me recuerdo, nunca se conocieron. Nunca se hizo la unión de estos dos grandes talentos en radio y en jodarria. Vos, Hernán, te despediste con las palabras: "Enanos, me voy, la guerra ya estuvo, tengo que hacer cine..." Y te fuiste a México para revolucionar y convertir en arte la telenovela - y para tomar tequila. El tequila al fin te mató. Ya la Venceremos murió una muerte lenta. No supimos convertirla de una radio de guerra en radio de paz, de una emisora guerrillera en emisora ciudadana. Y vos, Leo, fuiste a levantar tu última radio, la Latina.

Leonardo
Dedico esta carta a vos, Leo, mi suegro preferido, el hombre que supo sacar todo del medio radial: emociones, humor, alegría y reflexión; y a vos, Hernán, que supo diseñar un lenguaje radial que comunicaba con los campesinos, con los estudiantes de la capital, con los intelectuales, con guerrilleros y con soldados.

Feliz día de la radio, Leo. Feliz viaje por dónde estés jodiendo, "Maravilla". Como ya no puedo celebrar con vos, "Maravilla", me tomaré un café con mi suegro.

Saludos, Paolo Lüers
(Mas!/El Diario de Hoy)

 

Es cuestión de capacidad y carácter

"Si dos personas compitiendo por un puesto tienen en 90 % la misma visión, ya no es cosa de propuestas, sino de deseo y capacidad de ejecución…", escribió Fernando Poma en Twitter. Yo agrego: …y de carácter.
 
Recibimos los planes de gobierno de los 6 candidatos a la alcaldía de San Salvador. Retórica menos, retórica más, son sorprendentemente coincidentes. Todos proponen medidas e inversiones para hacer más seguros los barrios; para revitalizar el centro; para generar oportunidades para los jóvenes; para ordenar el transporte público urbano; para promover la convivencia pacífica; para hacer más eficiente el trabajo del Cuerpo de Agentes Metropolitanos…

Todos los candidatos hablan de una ciudad más humana, más transitable, más limpia y más segura. Todo esto es necesario, y los ciudadanos lo exigen.

En el reciente debate en la ASI (Asociación Salvadoreña de Industriales), las coincidencias eran tan palpables que muchos de los asistentes tuvimos la sensación que los cinco señores en el podio se estaban constituyendo como el futuro Concejo Municipal pluralista. Edwin Zamora (de ARENA), Roberto Cañas (CD), Luis Cuenca (PCN), Fito Salume (DS) e incluso Walter Araujo (GANA) no discutieron uno contra el otro, sino tratando de hacer compatibles sus propuestas. Claro, en ese evento no participó el candidato del FMLN, Nayib Bukele. ¿Cómo piensa Bukele reactivar la economía en la ciudad capital, si no ve necesario dialogar con los operadores de la verdadera fábrica de empleo? ¿En serio Bukele quiere estimular la inversión apoyándose en los poetas, los tatuadores, los músicos hip hop y los skaters, como explicó de manera sorprendente en el posterior debate en el Canal 33?
Pero leyendo el plan de gobierno de Bukele, locuras aparte, tiene muchas coincidencias con los planes de los demás candidatos. Regreso al planteamiento de Fernando: Esta elección no es sobre propuestas, sino sobre la capacidad de ejecutarlas: ¿Quién de los candidatos tendrá la capacidad de transformar la ciudad, atrayendo inversión; convirtiendo la alcaldía en proveedor confiable y eficiente de servicios a la ciudadanía, las comunidades y las empresas; ejecutando proyectos complejos como la conversión de los mercados en plazas comerciales competitivos; forjando acuerdos con todos los actores (incluyendo el gobierno central y la empresa privada) para ordenar las ventas, el transporte y el crecimiento urbano?

Roberto Cañas tiene muy buenas ideas -mucho más claras y fundadas que el otro candidato de izquierda, Nayib Bukele. Se nota que sus propuestas no provienen de un laboratorio de mercadeo político, como las de Bukele, sino de experiencia académica. Sin embargo, dudo que tendrá la capacidad de ejecución que necesita un alcalde para asumir el mando sobre 5 mil empleados y sistemas tan complejos como la recolección de basura, los mercados, el área financiero, etc.
Entre los seis candidatos hay dos empresarios exitosos y experimentados: Fito Salume y Edwin Zamora. Aunque Bukele también se presenta como empresario, de él no se conoce una trayectoria de crear, administrar y transformar empresas. Salume y Zamora sin duda tienen la capacidad ejecutiva para enfrentar los retos administrativos y financieros de la alcaldía capitalina. Pero Salume no puede ganar (y probablemente tampoco podría gobernar bien), porque no tiene partido. Democracia Salvadoreña es una simple extensión de su consorcio empresarial. En cambio, Edwin Zamora tomó hace 5 años la decisión de renunciar a su carrera como industrial, para dedicarse 100 % a la política. Trabajó 5 años en el esfuerzo de modernizar, reformar y democratizar el partido ARENA, para convertirlo en un instrumento para modernizar, reformar y democratizar el país. Es por esto que ARENA apostó a Zamora para consolidar su proyecto de transformación de San Salvador. Zamora tiene asegurado el apoyo constructivo de los mejores cuadros, no sólo de su partido, sino del ámbito profesional y empresarial de la capital. Es por esto que sus planes suenan más sólidos, más realistas, más aterrizados en cuanto a su factibilidad financiera y política.

Bukele aún tiene mucho que aprender y crecer en este campo. No ha probado capacidad administrativa, ni en el campo empresarial, ni tampoco en sus 3 años como alcalde de Nuevo Cuscatlán. El desarrollo que impulsó en Nuevo Cuscatlán, que tanto proyecta en su publicidad, es un crecimiento artificial e insostenible. Cuando Bukele asumió la alcaldía, Nuevo Cuscatlán era el número 67 de los 262 municipios en cuanto a endeudamiento por cápita, o sea en proporción a la población. Ya en el 2013, según datos del Ministerio de Hacienda, fue el número 3 de todo el país. Nuevo Cuscatlán debe 4 veces más por cápita que San Salvador, una ciudad que da servicios no sólo a sus habitantes, sino a casi un millón de salvadoreños que trabajan, comercializan y transitan en la capital.

Bukele dice que aplicará el "modelo Nuevo Cuscatlán" a San Salvador. O sea, el mismo desarrollo insostenible, financiera y ecológicamente. Es la receta de llevar a la capital a la quiebra en 3 años. Y a destruir su principal capital: el medio ambiente.

Al principio dije que así como es cuestión de capacidad, es cuestión de carácter. El carácter es parte de la capacidad que necesita el futuro alcalde. También en este campo, a Nayib Bukele le falta mucho. Lo mismo que dijo de manera magistral el maestro Joaquín Samayoa sobre Mauricio Funes: "Llegó tarde a la repartición de la inteligencia emocional", hay que decir de Nayib Bukele. En toda la campaña se han hecho palpable su inmadurez, su arrogancia, su manejo cuestionable de la verdad. No es casualidad que muchos lo comparen con Mauricio Funes. Es un hombre que sabe entusiasmar a los jóvenes, pero no sabe darles orientación, principios y liderazgo. Nadie, ni sus detractores serios, dice esto de Edwin Zamora. Es más, lo han criticado por no ser político, por no saber cómo sacrificar sus principios para llegar a pactos. Es precisamente por esto que lo apoyo.

Por cuestión de capacidad y de carácter, el hombre indicado es Edwin Zamora.
(El Diario de Hoy)

Carta a los nueve candidatos en mi planilla personalizada

Estimados amigos:
Ya he dicho mil veces que voy a hacer uso del derecho al voto cruzado, que gracias a la Sala de lo Constitucional vamos a tener por primera vez. Poder elegir libremente entre todos los candidatos, y no únicamente de un partido, es una avance importante – y  hay que aprovecharlo.

Para explicar bien esta mi postura, voy a hacerlo con nombres y apellidos. Aquí les presento mi bancada personalizada.

Votaré por 7 de los 24 candidatos de ARENA, por uno del PDC, y -¡sorpresa, sorpresa!- por uno de GANA, aunque deteste este partido satélite del FMLN.

De los candidatos de ARENA, los que tienen mi plena confianza son:
·      Ana Vilma de Escobar (casilla #1), porque ha mostrado que es motor de renovación en su partido; que tiene coraje y principios claros. Por lo menos en mi bancada personalizada es la futura jefa de fracción.
·      David Reyes (#2) es de los pocos diputados actuales que se ha destacado por su transparencia, su voluntad renovadora, su compromiso con sectores tradicionalmente excluidos.
·      Norman Quijano (#4), el alcalde saliente, no sólo porque es mi amigo, sino porque tiene la capacidad y la voluntad de promover la necesaria reforma legislativa que necesita Edwin Zamora para poder transformar la ciudad.
·      Carolina Ramírez (#7) representa la profesionalidad y la experiencia técnica que tanto hace falta en la actual Asamblea. Una mujer trabajadora, humilde y de principios.
·      René Portillo Cuadra (#9), con su independencia de criterio será un importante enlace entre la sociedad civil y la Asamblea. Además, nuestro parlamento necesita urgentemente a un jurista competente para los debates y la generación de leyes.
·      Johnny Wright Sol (#12): mi candidato favorito, la perfecta combinación de idealismo y capacidad, rebeldía y tolerancia. Una joya por pulir, un gran líder en potencia.
·      Rafael Lemus (#22), el experto en economía y finanzas publicas que necesita la Asamblea para hacer leyes con previo estudio de factibilidad financiera, y para enfrentarse al populismo campante del bloque FMLN/GANA.

Mediante el voto cruzado, votaré por dos hombres extraordinarios:
·      Josué Alvarado (PDC, casilla #2), el hombre que inventó la mejor consigna electoral de esta campaña: “Es tiempo que los que podamos, actuemos”. Y no es publicidad vacía: el hombre ha levantado empresas en las condiciones más adversas, primero como emigrante en Estados Unidos; luego levantando un centro de producción agrícola en las zonas más conflictivas del país. Sabe cómo crear empleo, sabe cómo generar convivencia e inclusión social.
·      Mauricio Castro Santamaría (GANA, casilla #8), un líder comunitario nato y exitoso en la reconstrucción del tejido social en las comunidades populares, igual que su suplente Víctor Barahona, dirigente de la colonia Valle del Sol en Apopa. Quieren representar a las comunidades que luchan por salir de la exclusión y la conflictividad – y lamentablemente sólo en GANA abrieron las puertas para este tipo de candidatos. Mi sueño: que entren a la Asamblea mediante el voto cruzado, desplazando así a Guillermo Gallegos como diputado de GANA. Las comunidades urgentemente necesitan una representación calificada en la Asamblea.

Me molesta que sólo tengo a dos mujeres en mi planilla personalizada. Deberían ser más. Pero tuve que eliminar a varias candidatas de mi lista, por una razón de principio: Respeto las diferentes posturas personales en cuanto al tema del aborto, pero no voy a votar por personas que quieren imponer estas posturas a la sociedad. Para hacerlo más concreto: Recomiendo votar por Mayteé Iraheta (ARENA, #3 en Sonsonate), porque sostiene con valor en público: “Soy clara en ‘mi’ postura: sí a la vida, pero no impongo esta opinión a los demás.” Lastimosamente, hay pocas candidatas con esta franqueza y tolerancia.

Si viviera en La Libertad, votaría por Juan Valiente (ARENA, #10) y el jóven Ricardo Valázquez Parker, dos piezas claves de la renovación de su partido. Además por mi amigo Facundo Guardado (PDC) y el empresario Francisco Bolaños (CD). Se necesitan gente de izquierda democrática en la Asamblea. Uno de ellos debe quitarle la diputación a Franzi Zablah de GANA. De los demás departamente no opino, porque no conozco a los candidatos.

Mis candidatos: Tienen mi plena confianza, hagan su trabajo legislativo pegado a los principios por los cuales yo y muchos los apoyamos. Abrazo, Paolo Lüers
(Mas/El Diario de Hoy)

Venezuela, de La Salida al Cambio; por Fernando Mires

Para quienes intentamos entender la historia de la oposición venezolana parece obvio que entre el momento que surgió del llamado hacia La Salida, en febrero de 2014, y el que aparece después del llamado conjunto de los líderes de oposición hacia El Cambio, hay un período. O dicho de modo más preciso: hay un período dentro de un período (el del gobierno Maduro). Y parodiando al teórico de las teorías sistémicas, Niklas Luhmann, quien afirma “todo sistema es un subsistema”, podríamos decir todo período es un subperíodo.
Período o subperíodo, lo importante es que entre La Salida (febrero 2014) y El Cambio (enero 2015) tuvo lugar un proceso político de enorme importancia para la historia reciente de Venezuela.
1. La Salida: origen y fracaso. Como es sabido, La Salida (“Maduro vete ya”) proclamada por la troika Ledezma, López y Machado, fue precedida por protestas estudiantiles en universidades andinas que fueron respondidas con suma violencia por el régimen.
Los objetivos de La Salida nunca fueron precisados con exactitud. De modo que una parte, sobre todo estudiantil, la entendió como un llamado insurreccional, y otra como una movilización destinada a elevar el nivel de la protesta pública, la que llegó durante algunos momentos a ser masiva.
La Salida demostró que en la oposición venezolana existía ansia de protesta frente a un gobierno arbitrario e ineficiente. Incluso la MUD, ausente en la convocatoria, acompañó durante un tiempo a los manifestantes, pero distanciándose de propuestas maximalistas e intentando encauzarlas en contra de objetivos concretos como la eliminación de los grupos paramilitares.
Sin embargo, no pocos voceros y columnistas de la oposición más radical entendieron a La Salida como una alternativa insurreccional en un sentido doble: en contra del gobierno y en contra del “electoralismo” de la MUD. No fue esa, hay que reconocer, la actitud pública de López, Ledezma y Machado. Ninguno se pronunció abiertamente en contra de la MUD. Tampoco ninguno llamó a ejercer violencia ni mucho menos a un golpe de Estado.
Hecho objetivo fue, sin embargo, que La Salida surgió al margen de la MUD, razón por la cual muchos pensaron que había surgido en contra de la MUD y más aún, en contra de Henrique Capriles. No haber planteado de modo explícito que eso no era así, fue uno de los más grandes errores cometidos por la troika. Ese silencio abriría las puertas a tentaciones divisionistas la que en las condiciones prevalecientes solo podían ser fatales para el conjunto de la oposición.
Una protesta maximalista como La Salida no debió haber sido excluyente, menos en las condiciones determinadas por la existencia de un gobierno militar. Pues La Salida no nació sumando ni multiplicando sino —hay que decirlo de una vez— restando y dividiendo. Más todavía, no interpelaba ni al campo chavista potencialmente disidente, ni al campo de los indecisos políticos. Su mensaje solo estaba dirigido a la oposición más dura: A los ya convencidos.
En ese error había, sin embargo, cierta lógica. La Salida fue una acción heroica y épica, personalista y voluntarista. Pero a su vez equivalente con el tenor predominante en muchos movimientos sociales latinoamericanos, sobre todo estudiantiles. Fue, si se quiere, una acción si no “foquista”, por lo menos vanguardista. Partía de la premisa de que si se desataba una movilización en torno a líderes como Machado y López, el pueblo y probablemente los soldados, iban a sumarse a la insurgencia desatándose así una marea que debería llevar a la caída del régimen.
Ahora bien, para que una alternativa del tipo propuesto por La Salida hubiera sido posible, se requería de ciertas mínimas condiciones de tiempo y lugar.
Las condiciones de tiempo no estaban dadas. No me refiero a que la crisis económica y el nivel de descontento estaban lejos de alcanzar las profundidades que muestran al comenzar el año 2015. Me refiero, sobre todo, al hecho de que la oposición venía recién saliendo de una derrota electoral, la de las municipales del 8D.
Es cierto que la votación alcanzada por la oposición el 8D fue excelente, sobre todo en los centros más poblados del país. Pero también es cierto que el objetivo de convertir las municipales en plebiscito no fue alcanzado.
Bajo esas condiciones, la MUD y Capriles hicieron lo que hay que hacer después de una derrota: pasar a un repliegue táctico, agrupar fuerzas, redoblar el trabajo social y, ayudados por la crisis económica desatada por el gobierno, preparar condiciones para una próxima batalla. Pero en ningún caso intentar una huída hacia adelante.
Las condiciones de lugar tampoco estaban dadas, sobre todo si se tiene en cuenta que una alternativa como La Salida supone la existencia de organismos en condiciones de sustentar movilizaciones durante un tiempo prolongado y discontinuo. Léase sindicatos obreros y campesinos, asociaciones profesionales y agrupaciones civiles. Pero en Venezuela hay muy poco de eso.
Al llegar a ese punto hay que tomar en cuenta que Chávez no logró crear un nuevo orden social, pero sí logró destruir el orden social prevaleciente y con ello a la columna vertebral de la sociedad venezolana. Una de las pocas fuerzas orgánicas civiles que logró sobrevivir fue la estudiantil. Pero todos sabemos que el ritmo acelerado de las movilizaciones estudiantiles no es compatible con el resto del organismo social. Así, el movimiento que desataría La Salida no tenía donde, como, ni en qué apoyarse. Nada que no fuera la retórica y la capacidad de escenificación de sus líderes. La Salida fue un llamado a la multitud, mas no a las organizaciones sociales porque, entre otras cosas, estas casi no existen.
Por si fuera poco, la troika tampoco estaba muy unida. Mientras López desde la prisión llamaba a una Asamblea Constituyente, Machado concentraba sus energías en un Congreso Ciudadano y Ledezma intentaba cambiar el curso de la MUD “desde dentro”. En fin, La Salida no solo fue unilateral, además fue tri-lateral. Cada caudillo andaba por su lado.
La Salida evidenció que la movilización no puede ser un objetivo en sí. Eso indujo a que muchos la hubieran entendido como una ruptura con la MUD y –pese a que ninguno de los convocadores así lo manifestó— como una negativa radical a la lucha electoral. Sin embargo, hubo un hecho que sí demostró que no hay ninguna contradicción –mas bien un complemento— entre movilización social y objetivos electorales. Me refiero a las elecciones municipales que tuvieron lugar el 25 de Marzo en San Diego y San Cristóbal.
San Diego y San Cristóbal son un ejemplo en dimensión micro de lo que podría suceder en dimensión macro en las elecciones parlamentarias de 2015. En ambos lugares las esposas de los alcaldes convertidos en presos políticos, Rosa Brandonisio de Scarano y Patricia Gutiérrez, mostraron como las movilizaciones podían ser canalizadas en perspectiva unitaria y electoral. El triunfo de ambas mujeres fue aplastante (87,69% y 73,69%, respectivamente)
Para decirlo en una fórmula ya sugerida en otros escritos, San Diego y San Cristóbal demostraron que una elección acompañada de una fuerte movilización social puede ser exitosamente ganada. Pero a la inversa, que una movilización social sin una perspectiva electoral está destinada a estrellarse frente al aparato represivo del régimen. Eso último fue lo que sucedió en el resto de Venezuela. El saldo fue terrible: decenas de jóvenes asesinados a quemarropa, cientos de heridos, enormes cantidades de prisioneros, entre ellos, el líder de Voluntad Popular, Leopoldo López.
Obviamente, quienes llamaron a La Salida no contaban con una reacción tan violenta del régimen. Tal vez pensaron que todavía bajo Maduro se vivían los tiempos de Chávez. No supieron, por lo tanto, evaluar el momento. Tampoco supieron darse cuenta de que bajo Maduro había tenido lugar un cambio radical en el carácter político del régimen. En términos más exactos: no captaron que el populismo chavista había terminado, quizás para siempre. En su lugar había aparecido un gobierno militar, militarizado y militarista que prescinde de la lógica populista propia a Chávez y al chavismo.
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2. Un régimen cambia su carácter político. Ocioso sería discutir si el cambio de carácter político del gobierno habría tenido lugar o no durante Chávez. Lo importante es que mientras el chavismo de Chávez se caracterizó por la apelación a la fuerza militar como una segunda instancia, para el chavismo de Maduro la acción militar precede a la acción política. Maduro, en efecto, parece regirse por la máxima “primero disparo y después hablamos”.
El cambio de carácter político del régimen tiene su origen en la pérdida de apoyo popular evidenciada por Maduro desde cuando, en dudosas elecciones, derrotó a Capriles por muy estrechas cifras. Maduro dilapidó así el enorme capital electoral legado por Chávez. Hecho decisivo: para que un gobierno sea populista debe ser popular y Maduro no lo es ni lo será. Bajo esas condiciones, Maduro, en lugar de apoyarse en movilizaciones populares, no encontró más alternativa que hacerlo en militares y para-militares. Hecho que no conduce al fin del gobierno de Maduro pero sí al fin de su condición populista. Eso significa que el de Maduro no es la continuación del gobierno de Chávez. Es “otro tipo” de gobierno.
La transición que se da entre un gobierno populista militar y un gobierno puramente militar ya ha sido consumada. Diversos capítulos del gobierno Maduro así lo demuestran.
El primer capítulo fue la convocatoria a un diálogo nacional destinado a encontrar soluciones para la pacificación del país (26 de Febrero). El diálogo, convocado a instancias del propio Vaticano, no podía ser eludido ni por el gobierno ni por la MUD. Capriles insistió con razón en llamarlo debate. Tampoco lo fue. El dialogo no pasó de ser un conjunto de monólogos.
Los principales enemigos del diálogo estaban en el gobierno, pero también en la oposición. Diosdado Cabello y su fracción se encargaron de dinamitarlo desde el primer momento. Así Maduro perdió una oportunidad para elevarse a la condición de interlocutor político. Quizás la razón fue que si continuaba el diálogo, el chavismo se habría dividido más aún de lo que ya estaba. Lo mismo –eso no lo entendió Maduro— habría podido pasar dentro de la oposición.
Un segundo capítulo fue la ruptura del chavismo militar con el chavismo social. Símbolo de esa ruptura fue la dimisión forzada del ministro Jorge Giordani (17 de Junio) seguida de una carta de protesta publicada por el mismo en contra de Maduro (18 de Junio) a quien acusó de falta de liderazgo y de proteger a la corrupción del gobierno.
La de Giordani no fue una dimisión cualquiera. El ministro había sido la eminencia gris de Chávez en materias económicas. En cierto modo la ruptura con la economía de Chávez –inducida por la caída del precio del petróleo— fue hecha en nombre de Chávez pero en contra de un ministro de Chávez. Esa ruptura no ha sido traducida sin embargo en un cambio de modelo económico.
Maduro rompió con el modelo distributivo de Chávez pero sin sustituirlo por otro. Su modelo es, si se quiere, la ausencia de modelo. Esa es la razón por la cual en lugar de un plan económico ha impuesto una economía de guerra (no otra cosa es la guerra económica). De este modo, así como Maduro durante las protestas militarizó a la lucha política, ha terminado, además, por militarizar a la economía. Las consecuencias no pueden ser más catastróficas. La producción del país se encuentra prácticamente paralizada, la inflación es la más alta del mundo, las manifestaciones multitudinarias de Chávez han sido sustituidas por las colas más multitudinarias de Maduro.
La carta de Giordani evidenció que el madurismo padece de profundas divisiones internas. Aunque esas divisiones no siempre trascienden, todos saben que el campo chavista se encuentra trizado. El PSUV, de partido monolítico y unitario ha pasado a convertirse en un nido de alacranes donde los “recuperacionistas” de Marea Socialista son solo un ejemplo entre varios. Si la oposición llegara a obtener una victoria en las elecciones parlamentarias del 2015, la desbandada será general. Siempre ha sido así; todos los ejemplos históricos lo demuestran.
Un tercer episodio ocurrió después del asesinato del joven diputado chavista Robert Serra. Pese a que Cabello intentó culpar sin pruebas a la oposición, los acontecimientos que siguieron al homicidio permitieron que apareciera en la superficie el papel de los colectivos armados –hampa y lumpen militarmente organizados- los cuales, como en películas de gángsteres, dirimían sus rivalidades en la vía pública a punta de balas.
La ejecución de cinco personas pertenecientes a los llamados colectivos ordenada por el general Miguel Rodríguez Torres fue evidentemente un intento frustrado del ejército por subordinar y dominar a los estamentos para-militares. Pero el hecho de que los para-militares lograran la renuncia del general chavista, mostró una vez más que Maduro no tiene el control sobre sus fuerzas. El régimen no solo está militarizado. Además está para-militarizado. Bajo esas condiciones Maduro no puede ser un interlocutor político de confianza.
El propio encarcelamiento de Leopoldo López señaliza hasta que punto ha sido degradada la contextura política del régimen post-chavista. Porque en verdad, López, menos que un preso político es un rehén de guerra. Por eso mismo Maduro lo mantendrá en prisión hasta que llegue el momento de canjearlo. O lo liberará si para él resulta necesario bajar la presión política en su contra, en caso de sentirse muy amenazado.
López es un rehén de guerra en una guerra que solo existe para Maduro. En ese contexto, a quien más interesa la polarización política existente, es al mandatario. Mientras más aguda sea esa polarización, mayores serán sus posibilidades de mantener la política bajo hegemonía militar. Por la misma razón, si es que hay un peligro de golpe de Estado, este solo puede provenir de las huestes oficialistas y de ninguna otra parte.
3. Desde la crisis de la oposición hacia El Cambio. La MUD, la oposición en general, vivieron después del fracaso de La Salida uno de las peores crisis de su historia. Los grupos más radicales, por razones que también podrían ser explicadas de modo psíquico (autoagresión), enfilaron su artillería en contra de Henrique Capriles y de Ramón Guillermo Aveledo, secretario ejecutivo de la MUD. Desde diversas columnas ambos han sido insultados y ofendidos más que cualquier representante del gobierno.
Aveledo, el máximo forjador de la unidad, no pudiendo soportar la presión en su contra, hubo de renunciar. En ese momento pareció que un trabajo sistemático forjado en años iba a venirse al suelo. El régimen estaba, según la opinión pública, en sus niveles más bajos pero la MUD, atacada desde dos fuegos, no estaba en condiciones de capitalizar políticamente el descontento general.
Sin embargo, cuando gobierno y ultra radicales se regocijaban, dando a la MUD por muerta, surgió casi de la nada un verdadero milagro. A fines de Septiembre fue nombrado secretario ejecutivo de la MUD, Jesús (Chúo) Torrealba.
La designación de Torrealba fue el resultado de un consenso y de un compromiso. Al igual que Aveledo, Chúo es partidario de la unidad. Pero no tiene ningún problema en manifestar su solidaridad con Leopoldo López. Eso no le impide favorecer una estrategia encaminada a lograr un triunfo en las próximas elecciones parlamentarias. Además es hombre de diálogo. En todos los puntos coincide con la línea de Aveledo. Pero adicionalmente ha logrado imprimir a la MUD ese mínimo de mística que le faltaba para enclavar más hondo entre los sectores populares.
Chúo no rehuye a la calle; incluso le gusta. Ha llamado a dos movilizaciones las que seguro no han sido las más grandes de la historia del país, pero ha devuelto a la unidad esa confianza que las acciones desafortunadas del pasado reciente le habían quitado. En fin, Chúo ha sabido entender que la movilización popular debe ser encaminada hacia un objetivo común el que por el momento no puede ser sino electoral. Los resultados no se han hecho esperar. A fines de año las encuestas mostraron por primera vez que la MUD tenía más partidarios que el chavismo.
Henrique Capriles, casi exiliado en Miranda, entendió el nuevo momento. A fines de Enero del 2015, sorprendiendo a sus enemigos endógenos, llamó a la movilización general por El Cambio. Con grandeza, Machado y Ledezma secundaron su propuesta. Lo mismo Freddy Guevara. Esa foto en donde todos los líderes aparecen juntos era la que más quería ver la oposición venezolana. No importa que ellos no estén de acuerdo en algunos puntos; tampoco es deseable que así sea. Lo importante es que si no una unidad, pueda ser concertada una alianza: La gran alianza para El Cambio.
La diferencia entre unidad y alianza es importante. Mientras la unidad suprime diferencias, una alianza las conserva, siempre y cuando ninguno de los aliados pierda de vista el objetivo común. Ese objetivo común es El Cambio.
¿El Cambio es una nueva La Salida? En ningún caso. Mientras La Salida desunía más que unir, El Cambio une más que desunir. Es política de todos, no de algunos.
Ni Capriles ni Torrealba han cambiado. Lo que ha cambiado es la situación objetiva. La economía de Venezuela se encuentra en su punto más bajo. La desesperación de las multitudes en su punto más alto. Si los dirigentes políticos no hubieran llamado a la movilización, habrían aparecido espacios vacíos para que aventureros de ambos lados pudiesen desatar una locura colectiva. El fantasma del Caracazo sigue penando y debía ser aventado cuanto antes.
El Cambio es defensivo y ofensivo a la vez. Cubre espacios sociales pero al mismo tiempo moviliza hacia un nuevo espacio político. Ese nuevo espacio tendrá que ser –así lo han formulado los principales dirigentes políticos de la oposición—: democrático, constitucional, pacífico y electoral.
Democrático, porque supone amplia participación, más allá de cualquiera diferencia ideológica. Supone, además, que las decisiones serán tomadas a través de acuerdos en conjunto y no al margen, como ocurrió con La Salida.
Constitucional, porque la propia Constitución —chavista en sus orígenes pero aprobada por mayoría popular— ha llegado a ser, frente a las continuas violaciones a que ha sido sometida, un patrimonio de la oposición democrática. Es mapa político y guía de acción a la vez. En sus páginas están indicados uno a uno los pasos que llevarán a El Cambio. No hay ningún motivo para apartarse de ella.
Pacífico, porque la oposición no tiene armas ni ejércitos. Pacífico quiere decir, también, asumir una radical actitud antigolpista, venga el peligro de donde venga.
Electoral, no solo porque las posibilidades electorales están más cerca que nunca, no solo porque no hay otra alternativa posible, sino también, y quizás sobre todo, porque un futuro gobierno que no surja de un procedimiento electoral nunca podrá obtener para sí el principio de la legitimidad.
Torrealba, Capriles, López, Machado, Borges, Ledezma y tantos otros, saben que recorren un camino minado. Un gobierno militar y militarizado, para-militares enloquecidos, personajes siniestros dispuestos a cometer cualquiera “dioscabellada”, tribunales mercenarios de justicia, tribunales electorales parcializados, prensa y televisión en manos del gobierno. Todo eso no da, ni mucho menos, una garantía definitiva para el triunfo.

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Este artículo de Fernando Mireses parte de una serie titulada "Venezuela, una Mirada desde afuera", publicada por el sitio venezolano Prodavinci
Las otras aportaciones son:  
En democracia caben todos, de Fernando Sabater
La tormenta perfecta, por Sergio Ramírez
Más vale un mal acuerdo que un buen pleito, por Joaquín Villalobos

De los cuatro enfoques sobre Venezuela, el más lúcido es el que aquí reproducimos, del sociólogo y historiador chileno Fernando Mires, quien es catedrático en la universidad Oldenburg en Alemania.

Carta a los votantes, o manual de votación

Estimados amigos:
Ya están saliendo varios manuales para explicar cómo votar por los diputados. Del Tribunal Electoral, de los medios, de diferentes organizaciones ciudadanas. Todos tienen un defecto: Te ponen una lista de opciones de cómo votar por diputados, y siempre ponen como opción #1 el voto por bandera. Pero esto es la última opción, solo aplicable para dos minorías: los que por razón ideológica y partidaria realmente quieren avalar la planilla de sus respectivos partidos, en el orden de candidatos como los partidos los han ordenado. Y los que prefieren votar por bandera para no enchibolarse. Ambos son minoría.
Hagámoslo al revés: ¿Cómo NO hay que votar para no anular el voto? Así es mucho más simple. Usted vote cómo le da la gana, solo evitando las pocas maneras de anular su propio voto.

I. NO VOTE POR BANDERA
Si vota por bandera, ya perdió su derecho de hacer uso del voto cruzado. Una vez que usted marca la bandera de su partido de preferencia, ya no puede votar por ningún candidato de otra partido, por bien que le caiga. Votar por bandera más un solo candidato fuera de la lista de este partido causa nulidad. Igual: Marcar 2 banderas diferentes es un voto nulo.
Lo más práctico, entonces, es NO marcar banderas. Con esto ya evitamos dos causantes de nulidad.

II. NO VOTE POR EL MONTON, VOTE SELECTIVAMENTE
Si usted vota por cara (que es lo que debería hacer para hacer uso de su derecho de no solo votar sino de elegir a sus diputados), la única manera de que su voto sea nulo es cuándo marca más caras que los diputados que corresponden a su departamento. O sea, en San Salvador, no puede pasarse de 24 caras marcadas; en La Libertad son 10, en Santa Ana son 7, en San Miguel son 6, etc.
Es irrelevante si vota dentro de una sola planilla (la de su partido preferido), o haciendo uso del voto cruzado, escogiendo los mejores candidatos de las diferentes planillas. Esto sólo tiene importancia después, a la hora que contabilizan los votos de cada partido; pero para su voto válido es irrelevante - con tal que no se pase del número de diputados en su departamento.
Es fácil evitar que se pase del límite: Sólo escoja a los candidatos que realmente le convencen - sobre todo en los departamentos grandes. Por ejemplo en San Salvador, donde son 24 diputados. Pero seamos serios: No hay 24 candidatos que usted realmente conoce. Si simplemente vota por los 6, 10 o 12 que de verdad lo convencen, nunca corre peligro de anular su voto por pasarse del límite. Esto en el caso de San Salvador. En La Libertad, escoja los 5, 6 o 8 candidatos que son de su confianza, y punto. En los departamentos pequeños, sólo vote por 1 o 2 candidatos de la lista que sea.
No se deje confundir: NO es desperdicio votar selectivamente. Al contrario: votar por un montón de desconocidos o inúltiles es desperdicio.
Por lo que digan los partidos, NO se trata de llenar un cupo. Se trata de elegir a los mejores - y sólo a ellos. Concentre el peso de su voto en los pocos que realmente quiere ver de diputados.

Otro consejo útil (sobre todo en San Salvador, donde hay tantas caras en la planilla): Ensaye su voto antes en casa. Vea en las papeletas que van a publicar los periódicos en qué posición de las listas están sus candidatos de preferencia. Llévese apuntados sus nombres, para a la hora de la votación encontrarlos rápido y no confundirse.
De esta manera, su voto será válido y nadie se lo podrá anular. Y además usted habrá verdaderamente escogido a sus diputados. De esto se trata.
Todo esto es válido también para el Parlacen. Ahí no importa el departamento, es una papeleta nacional donde usted puede escoger hasta 20 candidatos. Igual: voto por los pocos que conoce, y no por el montón.

No hay pierde. Saludos, Paolo Lüers
(Mas!/El Diario de Hoy)

Carta a Norman Quijano, candidato a diputado

Estimado Norman:
No sé cuántas cartas le hice al alcalde Norman. Varias. Algunas regañadas, otras veces dándote ánimo en esta misión (casi) imposible de pelear contra el desorden, el caos, los malos gobiernos, la crisis económica y las herencias fatales de administraciones anteriores del FMLN. Y un par de cartas reconociendo que, a pesar de todas las adversidades, lograste sacar adelante la capital, cambiando su cara…

Luego mandé un par de cartas al candidato presidencial Norman. Incluyendo una bien encachimbada, en la cual te dije que acabaste de perder mi voto por este terrible discurso de mano dura. Al fin te terminé apoyando, porque resulta que escuchaste la crítica, no te enojaste, te abriste a la discusión y la reflexión, y de hecho cambiaste tu discurso…

Hoy escribo al futuro diputado de la capital. Yo sé que los diputados tienen que representar a todo el departamento que los elige y, de alguna forma, al país entero. Pero tú vas a entrar a la Asamblea con un mandato muy especial: convertirte en el diputado de la metrópolis que llamamos Gran San Salvador; usar toda tu experiencia de seis años de alcalde para luchar desde la Asamblea por esta gran ciudad, que es el corazón de la nación, su economía, y su cultura.

No hay gran nación sin una gran capital. Y no habrá una gran capital sin un fuerte liderazgo, no sólo en la alcaldía, sino también en la Asamblea. Juntos Edwin Zamora, continuando tu gestión y dándole nuevos impulsos innovadores, y Norman Quijano, como diputado capitalino, pueden empujar la descentralización del Estado y la creación de verdaderos gobiernos municipales, que ahora no tenemos. Tenemos un Estado centralizado, regulador, burocrático, que no permite que los gobiernos municipales se hagan cargo del transporte urbano, del tráfico, de la educación y de la salud en sus ciudades.

Por esto, Norman, en mi planilla personalizada de diputados, tú tienes un espacio y un mandato muy especial: Forjar junto con Edwin y los demás alcaldes el liderazgo que se necesita para transformar nuestras ciudades.

Me di cuenta que mucha gente ni siquiera se ha enterado que tú vas de candidato a diputado. En el bosque de vallas y mupis aparece cualquier cantidad de caras de candidatos, menos la tuya. Me imagino que es porque tú decidiste dedicarte 100 % a tu trabajo de alcalde hasta el último día. No como cierto alcalde de cierto pueblito que está gastando millones para pasarse a la alcaldía de San Salvador, dejando abandonado su trabajo, por cierto bastante inconcluso, en su pueblito…
Bueno, ni modo, si tú no estás haciendo campaña, tus amigos tenemos que hacer público que sos candidato, ya que sabemos que es necesario que tú entrés a la Asamblea, pero con mucha fuerza y con un mandato indiscutible: representar la capital y todo el Gran San Salvador y sus alcaldes en la Asamblea.

Pero no te preocupes, Norman: los capitalinos te van a catapultar a la Asamblea - con tal que sepan que vas de diputado; con o sin campaña de publicidad. Saludos, Paolo Lüers