sábado, 3 de marzo de 2018

Carta sobre los comisionados Cotto y Landaverde, su jefe máximo, y la falta de control civil sobre la PNC

Me han dicho que he sido injusto con Howard Cotto, pidiéndole su renuncia. Es cierto, lo lamento. Hubiera tenido que pedir la renuncia también a Mauricio Ramírez Landaverde, el ministro de Seguridad, quien tiene el mandato constitucional de ejercer el control civil sobre la PNC. Cosa que difícilmente puede hacer, siendo policía.

Hubiera tenido que resaltar que según nuestra Constitución el máximo responsable de la PNC no es el director general, ni el ministro, sino el presidente de la República.
Art. 168.- Son atribuciones y obligaciones del Presidente de la República:
17.- Organizar, conducir y mantener la Policía Nacional Civil (…) con estricto apego al respeto a los Derechos Humanos y bajo la autoridad la autoridad de autoridades civiles.
El problema es que el actual presidente no ejerce este mandato constitucional. Lo delega a su secretario Manuel Melgar, quien en el gobierno de Funes fue ministro de Seguridad y tuvo que ser sustituido por incapacidad. Es a él, no al presidente, que los miembros del gabinete de Seguridad reportan. Pero delegar a su secretario no exime al presidente Salvador Sánchez Cerén de la responsabilidad sobre la PNC.

Para hacer justicia al serio problema que tiene la PNC, yo hubiera tenido que exigir a los diputados de la Asamblea Legislativa que hagan un tiempito en medio de su campaña proselitista para interpelar al ministro de Seguridad y al director de la PNC y pedir explicaciones sobre las situación del GRP, sobre investigaciones internas, y sobre las responsabilidades de los oficiales superiores. Lastimosamente, la Asamblea no tiene derecho de interpelar al presidente de la República, pero si le podemos exigir que le pida explicaciones sobre como ejerce el control de la PNC.

Entonces, para hacer justicia al problema de la PNC (y ser justo también con el comisionado Cotto), hay que concluir que lo que observamos no solamente es una crisis de la conducción de la PNC, sino es una crisis institucional, en la cual ni el ministerio de Justicia y Seguridad, ni el presidente de la República, ni la Asamblea Legislativa cumplen sus responsabilidades. Un problema institucional, tienen razón los que criticaron mi carta a Howard Cotto, no se resuelve con la renuncia o el despido del director de la PNC. Hay que remover también al comisionado policial al mando del ministerio y volver a establecer el control civil sobre la policía. Sólo así será posible una reestructuración profunda de la organización interna y la conducción de la PNC, recuperando su carácter apolítico y profesional que exige el artículo 159 de la Constitución.

El debate sobre este desafío hay que comenzarlo desde ya, pero resolver este problema le tocará al próximo gobierno que elegiremos en marzo del 2019.

Saludos,

44298-firma-paolo

La carta anterior, a Howard Cotto

(MAS! / El Dairio de Hoy)

 

jueves, 1 de marzo de 2018

Carta a Howard Cotto: Tiempo de renunciar

Señor director de la PNC:
Usted no es cualquier funcionario. Cuando un director general de la policía se equivoca, están en juego vidas. Y cuando no logra mantener el control de su institución, está en juego la credibilidad del Estado.

Usted hubiera tenido que renunciar cuando se hizo evidente el grado de descomposición en el cuerpo élite de la PNC, el Grupo de Reacción Policial GRP. El hecho que un policía le pegue un tiro a una mujer policía puede ser un hecho aislado. Pero cuando los compañeros y jefes de este miembro del GRP le facilitan no solo la fuga, sino el secuestro de la víctima herida; cuando el hechor puede regresar al cuartel del GRP sin que lo detengan; cuando el fiscal general tiene que reclamarle al jefe de la policía la negligencia de no incluir al fugitivo en la lista de los más buscados; cuando durante dos meses la PNC no ha dado ni con la víctima, ni con el victimario, entonces estamos ante un problema de la institución. Y para este problema tiene que asumir la responsabilidad su jefe.

Hoy nos enteramos del ridículo que usted hizo en el cementerio de San Francisco Javier. Lo vimos en televisión explicando porqué estaba seguro que ahí se encontraba el cuerpo de Karla Ayala, la agente policial desaparecida y supuestamente asesinada. Usted dijo en televisión que la PNC había investigado las circunstancias del entierro que se efectuó en este cementerio días después de la desaparición de Karla Ayala, y que los dolientes eran familiares del agente prófugo. Usted dijo tener pruebas que no hubo velorio ni ceremonia de sepultura, y que por esto iban a exhumar el cuerpo y comprobar que ahí estaba enterrada Karla Ayala.

Pero el día después vimos en televisión videos de la sepultura de Paula Castro Lobo, proporcionados por la familia doliente. Y lo vimos a usted diciendo que definitivamente el cuerpo encontrado no era de la agente desaparecido. Entonces, ¿qué dice esto de la calidad de investigación que hizo la PNC en San Francisco Javier? En un pueblo, al investigar si hubo o no una sepultura, es imposible no encontrar testigos.

Usted se fue simplemente con la suposición. Como la familia de Paula Castro, la anciana enterrada en San Francisco Javier, tiene lazos familiares con el agente fugitivo, usted dio por hecho que esta familia había escondido el cuerpo de Karla Ayala, fingiendo el entierro de su abuela.
Todo lo que ha pasado desde la fatal fiesta de fin de año en el cuartel del GRP es una sucesión de encubrimientos, complicidades y decisiones equivocadas. Para investigar bien, la única solución es que se aparten los que han fracasado en aclarar los hechos. Y el principal responsable de tanto encubrimiento y fracaso es usted. No puede quedar dirigiendo la policía, y mucho menos las “investigaciones” del caso GRP.

Aquí hay solo dos explicaciones: Usted es parte del encubrimiento, o es incapaz de garantizar que dentro de la PNC se haga justicia. En ambos casos, tiene que renunciar o ser removido.

De todos modos, no entiendo cómo usted aguantó mirarle la cara a la hija de doña Paula, luego de la exhumación, sin mostrar la más mínima muestra de compasión y pena.

Saludos,

44298-firma-paolo

(MAS! / El Diario de Hoy)

 

miércoles, 28 de febrero de 2018

Mi voto razonado


En la elección de diputados no voy a votar por bandera. En todas las planillas hay diputados actuales y candidatos nuevos que no deberían ser diputados. Votar por bandera significa apoyar a todos los candidatos por igual, además confirmando el orden que tienen en su planilla. Para evitar esto, hay que votar selectivo, o sea por cara, apoyando solo a los candidatos que merecen confianza.

Para votar selectivo, primero hay que identificar quienes son los candidatos que merecen el voto, sean diputados que han hecho buen trabajo, o caras nuevas que se perfilan como honestos, idóneos, capaces, con espíritu de servicio, no corruptibles y tampoco dóciles ante la cúpula de sus partidos. No importa que sean pocos. Estos pocos tienen que entrar a la Asamblea y hacer una diferencia.

Por ejemplo, si analizo la planilla de ARENA para San Salvador, donde me toca votar, hay tres categorías: algunos (entre diputados y nuevas caras) que estoy vetando. No los quiero en la nueva Asamblea. Sobre ellos escribo abajo. Hay otros que no son de mi preferencia, pero no tengo razones de objetarlos. Tampoco necesitan de mi voto. Voy a reservar todo el peso de mi voto para los pocos que realmente quiero ver en la Asamblea.

Votaré por 3 en la planilla de ARENA: José Andrés Hernández (#9), Luz Fonseca (#16) y Federico “Lico” Mejía (#19). Los últimos dos solo entran si acumulan mucho más votos por cara que los demás. Recomiendo marcar sus caras.

Voy a razonar mi voto: José Andrés Hernández es un candidato fuera de serie. Fue candidato a alcalde de Mejicanos en 2015. Casi fue electo, a pesar del voto de castigo contra ARENA por la pésima gestión de su alcaldesa saliente. Me convenció, porque hizo algo muy inusual para candidatos: Siguió con su sistemático trabajo en las comunidades durante los tres años entre elecciones. Es un hombre con gran vocación de servicio, y muchos en su propio partido han intentado bloquearlo por su criterio de independencia ante imposiciones indebidas de la cúpula. Será un buen diputado, que se concentrará en desarrollo local y creación de empleos.

Luz Fonseca
fue electa concejal en la alcaldía capitalina. De toda la bancada de ARENA, es la que más ha dado dolor de cabeza a Bukele. Es la concejal que lo señaló como el bully que es, denunciando en público el caso del “manzanazo”. Si defendió a una concejal del FMLN contra su propio alcalde, hará lo mismo en la Asamblea y en su fracción. Va a luchar por legislación que promueva la instalación de guarderías en empresas, en los mercados y en las comunidades, para fortalecer las familias y sus oportunidades de empleo.

“Lico” Mejía
es uno de muchos profesionales y empresarios hartos de la mala política que produce malos servicios para los ciudadanos. Decidió lanzarse de candidato para introducir a la Asamblea (y a ARENA) racionalidad, humanismo, profesionalismo y sensibilidad por los problemas sociales. Necesitamos de diputados-ciudadanos para renovar la política.

Votaré cruzado. Le daré mi voto de preferencia al abogado Raul Betancourt, quien ocupa la casilla #1 del PDC. Será un diputado incorruptible, con principios humanistas y valentía a enfrentar la corrupción en todas sus formas. Un defensor de la independencia judicial, de los contrapesos y controles al poder ejecutivo, de la libertad empresarial, pero también de los derechos sociales. Tengo dudas del PDC actual, pero confianza en Betancourt, quien se identifica con la Democracia Cristiana europea y su concepto de la economía de mercado social.

Mi último candidato se llama Jorge Mario Meléndez, es un economista egresado de la ESEN – y socialdemócrata. Va en la casilla #1 del PSD. Aunque tengo dudas si el PSD tendrá la capacidad de constituir una genuina fuerza socialdemócrata independiente tanto de la izquierda autoritaria del FMLN como del populismo de Bukele, daré el beneficio de la duda a este joven que se propone intentarlo. Me gusta la idea de un socialdemócrata en la Asamblea.


Entonces, esta es mi planilla personal para San Salvador: Jorge Andrés Hernández (#9/ARENA), Luz Fonseca (#16/ARENA), Lico Mejía (#19/ARENA), Raul Betancourt (#1/PDC) y Jorge Mario Meléndez (#1/PSD).

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Si votaría en La Libertad, solo marcaría la cara de dos mujeres, ambas de ARENA: Felisa Cristales (#5), quien retomaría la lucha de Juan Valiente por la renovación de ARENA y de la Asamblea. Y Karla Hernández (#2), quien como diputada ha mostrado valentía y criterio de independencia.


planilla LL-marcada.jpg


Si fuera habitante de Antiguo Cuscatlán, apoyaría al candidato propuesto por CD/FMLN, Luis Rodríguez. Al fin alguien reta a la alcaldesa eterna Milagro Navas de ARENA con propuestas audaces y sin tinte ideológico.

Si votaría en San Vicente, lo haría por Roberto Angulo (#2), el candidato del PCN en la coalición ARENA/PCN. Es un político de la vieja escuela, pero más abierto a la renovación que muchos de los jóvenes. Y más que los candidatos de ARENA en este departamento. Si votaría en Santa Ana, lo haría por el #4 de ARENA: Josué Godoy (#4 de ARENA) y Javier Palomo (#2/ARENA).

En los demás departamentos, no me atrevo dar recomendaciones, porque no conozco a los candidatos.

Los candidatos que he recomendado representan 4 partidos diferentes, pero que tienen mucho en común: racionalidad, honestidad, coraje, y compromiso social. Que viva el pluralismo político.

***


Al lector inteligente: El poder del voto de castigo


Estimado amigo:
Ayer publiqué una columna titulada “Mi voto razonado”, pidiendo que su voto sea selectivo – y dando mis recomendaciones por quiénes votar. Pero el voto selectivo también tiene otro componente: el castigo a los malos diputados y candidatos.

Hay una serie de personajes en la Asamblea que tienen la responsabilidad de la mala imagen de este órgano del Estado y por las malas políticas que resultan de sus decisiones. Hay que identificarlos con nombre y apellido, y castigarlos negándoles el voto. El voto por cara nos da el poder de hacerlo.
Malos diputados hay en todos los partidos. No es una cuestión de ideología, sino de la falta de integridad personal.

Francisco Merino
ha sido protagonista de todos los chanchullos en la Asamblea. La forma de castigarlo: Votar inteligente. Si usted es votante del PCN en el departamento de Santa Ana, vote con orgullo por su alcalde azul, pero no por la planilla del PCN. Su partido saldrá más fuerte sin Chico Merino.

Guillermo Gallegos
está haciendo la campaña más tóxica de todos, jugando con los sentimientos y miedos de la gente. Aboga por más violencia, la pena de muerte, por armar grupos de exterminio. Además es corrupto, como demuestra la donación de medio millón de dólares de fondos públicos a una ONG fantasma de su esposa. La receta para quitarle poder tiene que ser radical: Ningún voto por GANA.

Milagro Navas
es alcaldesa de Antiguo Cuscatlán y miembro del COENA. Maneja su alcaldía como un feudo personal – y su poder en el partido para bloquear la renovación. Los que tienen el poder -y la responsabilidad- de castigarla son los votantes de ARENA. O votan por Luis Rodríguez, quien va por la coalición CD/FMLN (pero no es cuadro del Frente) – o si no tienen el valor de marcar la bandera del FMLN, usen el voto nulo o en blanco para mandar un mensaje claro a su partido. Apoyen a los mejores candidatos a diputados de su partido, pero nieguen el voto a Milagro Navas. Esto se llama voto inteligente.

Si usted es votante del FMLN, sabrá cuales son los candidatos nuevos que pueden recuperar la confianza en este partido. Voten selectivamente por ellos. No voten por los dirigentes que son responsables del descrédito que la gente tiene por su partido: Nidia Díaz, José Luis Merino, Blandino Nerio, el Diablito Ruiz, Zoila Quijada. No voten por fracasados como Benito Lara o Jorge Schafick Handal jr. Ustedes sabrán cuales de los candidatos nuevos pueden hacer un mejor trabajo.

Si usted es votante de ARENA, use el voto por cara para castigar a los personajes que más daño han hecho a su partido. Está en sus manos quitarles el poder a quienes han abusado de el para bloquear la democratización de su partido, como Alberto Romero y César Reyes. Está en su poder eliminar de la fracción de ARENA a diputados como Gustavo Escalante, Ricardo Velásquez Parker y Bonner Jiménez, quienes a ustedes mismos les dan vergüenza ajena. Está en sus manos que tampoco lleguen a su fracción diputados nuevos como Guillermo Portillo, promovido por los dinosaurios para fortalecer su control.

Su voto tiene el poder de castigar y de premiar. Úsalo, es el único poder que tiene. Saludos,


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(Segunda Vuelta)

El gueto genera odio y violencia

Voy a comentar y ampliar dos columnas que mi colega y amigo Manuel Hinds publicó: El Cambio en el corazón y El odio de clases y las maras. Cuando en su segunda columna menciona la crítica que ha recibido “desde la izquierda” a su primera columna, se refiere a un email que le mandé. De paso sea dicho: Me honra que por lo menos los serios pensadores de la derecha, por ejemplo Manuel Hinds, todavía me identifican como “de izquierda”.

Esto no es una controversia. Coincido plenamente con la tesis principal de Hinds: Sembrar odio, y en especial odio de clase, es dañino para la sociedad – o como concluye Hinds: Sembrar odio de clase, o cualquier otro odio, lejos de resolver los problemas que enfrentamos, los complica y puede hacer imposible resolverlos. Totalmente de acuerdo.

Odio de ambos lados

Mis observaciones son para complementar los argumentos válidos de Hinds. Por ejemplo: Si hablamos del odio de clase como fenómeno en el conflicto que se convirtió en guerra en los 80, es necesario decir que hubo odio de clase de los dos lados. No solo se expresó en las consignas y acciones de los insurgentes, también, y durante décadas, en los discursos u acciones de la derecha. La marginación y la represión de amplios sectores populares también fue expresión de odio de clase. El 32 fue una explosión de odio, y tanto la derecha como los comunistas haciéndolo peor con sus inyecciones letales de odio de clase. Esto confirma le tesis de Hinds que sembrar odio de clase empeora los conflictos sociales existentes. Los asesinatos de sindicalistas y los masacres de campesinos en los años 70 fueron expresión de odio de clase, igual que los secuestros y asesinatos de empresarios. Y tanto los mensajes del mayor D’Abuisson como de las FPL de Marcial potenciaron este odio llevaron al país a la guerra.

Muchas veces, el odio nace del miedo. Los que en el 32 masacraron a miles de campesinos, tenían miedo a una insurrección de los indígenas. Tenían miedo, porque sabían que los habían maltratado, generando una bomba de tiempo. Tiene toda la razón Manuel Hinds en decir que donde ya hay conflictos sociales, resentimientos y miedos, sembrar odio de clase hace explotar estas bombas.


La violencia que nace del gueto

Hablando del conflicto actual, lo que se expresa en la violencia de las maras no es odio de clase. Las maras no hacen guerra contra otra clase. Matan casi exclusivamente a otros igual de pobres. Es violencia entre pobres. ¿Pero de dónde nace este odio? ¿De dónde nace esta disposición a la violencia? Guste o no, hay que decir que nace de la percepción de exclusión, generalizada en muchas comunidades. Y al decir esto, no se está inyectando odio de clase a una situación ya complicada, sino señalar la raíz del problema es necesario para entender por dónde hay que buscar soluciones, más allá de la aplicación de la ley y las respuestas policiales y represivas.

Es cierto, y siempre hay que aclararlo, que la violencia y el odio no nacen de la pobreza. Nacen de una situación de gueto. Esa es una situación social donde la pobreza está acompañada de la percepción de exclusión: del desarrollo, de las oportunidades, de los servicios básicos del Estado. Cuando una comunidad se siente colectivamente excluida, genera una identidad peligrosa, con reglas sociales y morales propias. Una vez que esto pasa, situarse fuera de la ley, aunque no es automático, sí es un paso más fácil, con pocas barreras. Es el paso que dan los que se unan a maras.

Cierto, esta percepción de exclusión tiende más a expresarse en violencia, cuando en el país existe la tradición y la continuidad de un discurso político de odio de clase, como lo sigue manejando el FMLN. Esto confirma la tesis de Manuel Hinds que sembrar odio de clase en un conflicto social lo profundiza y hace más difícil resolverlo. Pero ojo: El discurso de odio de clase no es el origen del sentimiento de exclusión y tampoco de su transformación en violencia. El origen es la realidad. Y esta realidad hay que cambiarla. Hay que romper la realidad de gueto, en la cual vive un gran porcentaje de los sectores populares, tanto en las ciudades como en el campo.


Change of heart

Me parece interesante el planteamiento de Manuel Hinds sobre la necesidad de un “change of heart”. Pero agregaría que no puede ser un cambio solo espiritual, o un cambio de discurso. Si el “change of heart” del resto de la sociedad no incluye la disposición de atacar la situación de gueto y de transformar los barrios y sus condiciones de marginación, esta situación no va a cambiar. Y la violencia, con todas sus expresiones de odio, no va a superarse.

Esta es la gran deficiencia de las políticas de seguridad que han empleado los gobiernos, tanto de ARENA como del FMLN, desde que se vieron confrontados con el fenómeno de las maras.
Hagamos el “change of heart”, y actuemos. No podemos simplemente pedir a los que se sienten marginados que tengan un “change of heart”, requiere de algo más serio y tangible.

Haciendo estas consideraciones no significa justificar la violencia de las maras. La violencia no es justificable. Pero tenemos que entender dónde y porqué nace y se reproduce. Ya sería un paso correcto que la sociedad ya no permita que sus funcionarios, como el actual presidente de la Asamblea Legislativa Guillermo Gallegos, sigan sembrando odio. Pero requiere de mucho más. El odio que se manifiesta en los conflictos sociales del país no es sembrado, tiene raíces en la realidad. Y estos hay que atacarlos. Esta sería la solución radical al problema.

Las dos columnas de Manuel Hinds:
El Cambio en el corazón
El odio de clases y las maras

(EDH-Observadores)