COLUMNA TRANSVERSAL: De zonas liberadas, emboscadas, presos políticos y otros anacronismos

Todavía queda bastante que decir sobre lo de Suchitoto. No voy a discutir el programa de descentralización, tampoco sobre la problemática del agua. Ya personas mucho más calificadas que yo en estas temáticas, como por ejemplo Sandra de Barraza en dos columnas en la Prensa Gráfica y Rodrigo Samayoa en Siguiente Página, han tomado la palabra. Tampoco voy a hablar de la las ridículas y escandalosas acusaciones de terrorismo contra los 13 detenidos de Suchitoto – ya se está incluso debatiendo una reforma a la ley antiterrorista, para evitar estas confusiones y abusos. Tampoco veo sentido entrar en un debate si los 13 detenidos son presos políticos – no quiero echar agua al vino de quienes están celebrando que ahora, al fin, vuelven a tener presos políticos. Claro, ¿qué es un movimiento revolucionario sin presos políticos? Es como no lo toman en serio.

Voy a hablar de un aspecto del conflicto que ha pasado desapercibido. Voy a hablar de zonas liberadas.

Hay unas mantas atravesando la Panamericana en San Martín, anunciando al viajero que se encuentra en “territorio liberado” gobernado por el FMLN. Por suerte, todavía no hay un puesto fronterizo donde cobran peaje a los que no somos militantes de este partido. Y había, en la discusión sobre las manifestaciones de Suchitoto, un argumento que merece reflexión: Que era una “provocación” la intención del presidente Saca de anunciar su programa de descentralización en Suchitoto. Como si en este lugar viven unos salvajes que ligeramente pueden volverse violentos si alguien los provoca. O como si Suchitoto fuera una especie de zona extraterritorial, donde que no es sujeta al poder central del gobierno. O como si fuera una zona bajo control de una fuerza beligerante, como fue el caso de las zonas bajo control guerrillero durante la guerra. Si al presidente Duarte se le hubiera ocurrido hacer un acto presidencial en Perquín para anunciar su política de ganarse los corazones y las mentes de la población de Morazán, seguramente en la Venceremos lo hubiéramos declarado un acto de provocación, y el comandante Jonás se le hubiera cobrado carísimo este antojo. Pero, cuando firmamos la paz, ratificamos no sólo el fin de los escuadrones de la muerte y de los batallones contrainsurgentes, sino también el fin de las zonas liberadas, donde el gobierno no podía ejercer control militar ni poder civil.

El domingo pasado, en el acto de celebración de los 149 años de la ciudad de Suchitoto, el alcalde Javier Martínez estimó conveniente hablar en su discurso de esta “provocación” del gobierno a Suchitoto (“pero los suchitotenses no nos dejamos provocar ni atacar”). Sin embargo, internamente él y los dirigentes locales en Suchitoto ya habían censurado “la emboscada” que este día 2 de julio hicieron los grupos violentos dentro o alrededor del FMLN, no sólo a la caravana de los invitados al acto presidencial, sino sobre todo a sus propios compañeros de Suchitoto. Estos querían hacer una manifestación pacífica – y terminaron envueltos en una batalla campal. Y claro, la disciplina partidaria –y el sobredimensionado operativo policial y militar- los obliga ahora a solidarizarse en vez de distanciarse de los grupos que bloquearon la carretera y atacaron a los vehículos de los invitados del presidente. La maldita unidad sigue dictando errores...

El 2 de julio simboliza lo absurdo de la confrontación política en El Salvador. Primero se inventa un problema que no existe, mucho menos en Suchitoto, pero tampoco en el resto del país: la privatización del agua. Movilizar por movilizar. Sin motivo real, pero pacífico y civilizado. Segundo, infiltración de la movilización por parte de la violencia organizada. En medio de consignas y reivindicaciones, de repente barricadas y piedras. Tercero, la respuesta de las fuerzas de seguridad, totalmente desmesurada. En vez de simplemente abrirles paso a los invitados y detener a los núcleos violentos, una operación masiva, despliegue de fuerzas y equipos militares, la toma militar de comunidades enteras, lejos del escenario de la batalla. Cuarto, los halcones de la derecha hablando de terroristas y los halcones de la izquierda hablando de presos políticos y activando sus redes de solidaridad internacional...

Lo que al final ha logrado el gobierno y su aparato de seguridad, con su respuesta exagerada y anticonstitucional, es nada menos volver a unir a todo el FMLN y sus bases, y precisamente bajo banderas de confrontación. Lo irónico es que los que habían organizado las protestas pacíficas de Suchitoto –las comunidades locales y organismos como CORDES, CRC y CRIPDES- son precisamente el sector que más se había alejado de las estrategias de desestabilización de la dirección. Hay comunidades en Suchitoto, donde durante años nadie hizo caso a las consignas confrontativas del FMLN, que hoy están diciendo: La próxima vez que entran aquí con armamento de guerra para catear, guerra tendrán. O, como dijo un dirigente local: Somos pacíficos, pero tampoco pendejos.

Regresando al punto de partida: ¿De dónde viene la concepción que el presidente de la República no puede ejercer su cargo en un municipio, sólo porque está gobernado por el FMLN, o sólo porque el gobierno y la mayoría de la población local no está de acuerdo con la política que quiere anunciar? ¿Implica al revés que los militantes de ARENA tienen derecho de impedir que en la UCA se celebre el festival de la verdad, sólo porque en Antigua Cuscatlán gobierna ARENA? ¿Vamos a ver heridos o muertos porque los partidos no van dejar entrar a sus respectivos enemigos a hacer campaña electoral en sus “zonas controladas”?

Si uno está no está de acuerdo con la política del gobierno, tiene todo el derecho de manifestar su desacuerdo, pero no a declarar al presidente y sus invitados personas non gratas en su municipio. Además, como alcalde, recibir al presidente en su municipio no significa, por nada, suscribir las políticas gubernamentales. Significa solamente el respeto a la institucionalidad. Me hubiera gustado ver al alcalde de Suchitoto o recibir al presidente o en la carretera ejerciendo su autoridad para evitar confrontaciones violentas.

Hasta la fecha Suchitoto era, como Sandra de Barraza señala con mucho conocimiento de causa, un ejemplo exitoso de una gestión municipal que sabe negociar con el gobierno, con el FISDL y con fuentes externas proyectos de desarrollo para el municipio y sus comunidades. Las diferencias ideológicas y políticas entre los alcaldes de Suchitoto y el gobierno central hasta ahora no han sido obstáculos para avanzar conjuntamente en los proyectos de agua (¡precisamente descentralización de agua!), medio ambiente, seguridad pública, turismo, etc. ¡Y de repente Suchitoto es zona liberada, donde el alcalde no puede recibir al presidente, sino más bien habla de provocación! No se si se trata de un cambio en la concepción del señor alcalde, o simplemente de un acto de sumisión al discurso oficial de su partido. Las dos cosas serían igualmente lamentables. Sobre todo tomando en cuenta que Javier Martínez fue elegido alcalde por una gran mayoría (más allá del voto duro del Frente), justamente porque en las elecciones primarias se había distanciado claramente de los ortodoxos del Frente.

Suchitoto merece seguir adelante en su tradición de rebeldía, pero no sólo contra el autoritarismo del gobierno central, sino igualmente contra el partido gobernante de la ciudad, que no quiere permitir que un municipio “liberado” rompa la lógica de la confrontación estéril y logre avanzar concertando con el gobierno, convirtiéndose en modelo para otros muncipios que no quieren ser zona liberada sino zonas desarrollada.

Yo entiendo que un alcalde del Frente tiene que protestar por el exceso de violencia mostrado por la policía en Suchitoto. Suscribo la protesta. Pero que también señale el exceso de violencia de los grupos que otros de su propio partido acarrearon de Soyapango, San Salvador y otros lugares para emboscar (literalmente) a la caravana de los invitados del presidente y (políticamente) a los manifestantes pacíficos de Suchitoto.

Claro que el alcalde de Suchitoto tiene que exigir “la libertad de los presos políticos”, sobre todo ante un gobierno que quiere transformar a unos vándalos y rufianes en terroristas, pero que también marque la línea en su propio partido y asegure que los grupos de choque no vuelvan a emboscar a Suchitoto.

La denuncia sigue siendo el discurso preferido de la izquierda. Pero que tampoco sean llorones: Cuando uno se mete con la seguridad de un acto presidencial, atacando a los invitados del presidente, recibe una paliza. En todas partes del mundo. Normalmente es una paliza, una noche de detención - y el día siguiente a la casa. Ya me pasó varias veces, la primera cuando no queríamos permitir que el Shah de Persia, el master de la temible policía secreta Savak, se divierta en la Ópera de Berlín a invitación del presidente alemán. Me dieron la paliza más grande de mi vida. Eso uno ya lo sabe antes. En Cuba, en Venezuela, en Estados Unidos y en El Salvador esta rebeldía resulta más cara, lo convierte a uno de enemigo del Estado - y esto hay que cambiar, por lo menos en El Salvador, antes de que alguien (sea el ministro de seguridad o la comisión política del Frente, o ambos) tome en serio lo de los presos políticos.

Un dolor de cabeza: el transporte público... solución: que sea público

¿No le gustaría subirse a un bus que fuese cómodo y limpio, en el cual pudiera sentarse a leer un periódico o incluso un libro, mientras se desplaza a una velocidad moderada hacia su destino? Pues eso sucede en varias partes del mundo. En el país vasco, por ejemplo, el servicio de transporte público ha puesto en sus unidades bibliotecas gratuitas para el usuario. Uno puede imaginarse las condiciones dentro de la unidad de transporte para que la actividad de leer pueda llevarse a cabo. Son unidades con asientos cómodos, de contaminación reducida, sin cambios bruscos de velocidad, sin virajes al estilo de una película de acción de Hollywood, sin pleitos con el conductor por no hacer la parada indicada, etc.

Me pregunto: ¿Por qué en El Salvador no podemos tener un servicio con ese nivel de calidad? Esta pregunta hace mayor eco cuando sé que estamos pagando por el servicio por dos vías, una de nuestro bolsillo, y la otra a través del subsidio del gobierno.

La diferencia entre los países donde el sistema de transporte colectivo funciona y el nuestro es que en esos países el sistema es público, es decir, administrado por un ente gubernamental, ya sea el ayuntamiento, un ministerio, o una empresa mixta de utilidad pública. En algunos casos es un sistema híbrido, donde se da una administración pública con concesiones privadas. En El Salvador, por el contrario, el servicio es prestado por privados, ya sean cooperativas o personas particulares.

Nuestro sistema ha derivado en gremiales fuertes y con mucho poder, con una posición clara de dominio dentro del mercado. Si ellos deciden subir el precio del pasaje, es poco lo que se puede hacer, y por supuesto no se les puede exigir una mejora del servicio, porque no hay un mecanismo que sirva de contrapeso.

Es un gremio que ha demostrado repetidas veces que está por encima de la ley. ¿Cuántas prorrogas no se han dado para permitir la circulación de unidades obsoletas, cuántas veces no les han eximido del pago de multas a través de decretos legislativos?

Ahora bien, este mismo sistema de mercado es el que permite el desorden y el caos que provocan los famosos buseros y microbuseros, porque la ganancia se produce al transportar un mayor número de pasajeros al menor costo de operación. Es así como corren a grandes velocidades para llegar antes que otras unidades a la parada y recoger a los usuarios; es así que de igual manera abusan de la velocidad en gran parte de su trayecto para luego permanecer estacionados en puntos dizque estratégicos, donde se suben más usuarios; es así como ignoran paradas si en ellas no hay usuarios; es así como inesperadamente paran para recoger uno o dos pasajeros en lugares no autorizados.

¿Qué hacer? Así como se pide que los servicios públicos, como agua y salud, no deben de privatizarse, el servicio de transporte público debe ser, como bien dice su nombre, público. Es un servicio que debe ser ofrecido por una autónoma. Se debe crear una empresa de utilidad pública, constituida como institución autónoma, con capital mixto y cuya junta directiva sea constituida por el gobierno central, los gobiernos municipales e inversionistas privados, que pueden ser miembros de las actuales gremiales del transporte colectivo. De esta manera, la junta directiva elige el presidente de la institución, quien no sería parte del gabinete de gobierno, ya que la institución perdería su autonomía al estar ligada al gabinete.

Con esto se busca brindar un servicio de calidad. Primero, al ser un servicio que provee una autónoma se elimina la competencia por el número de pasajeros y con ello todo los problemas anteriormente descritos. Segundo, una autónoma como la planteada sería una empresa mixta de utilidad pública donde el principal objetivo es dar un servicio de calidad. Por tanto, podríamos tener un mejor servicio a un mejor precio. Tercero, se puede aplicar el sistema del pago único mensual con derecho ilimitado de uso del transporte que en otros países como España se conoce como abono transporte, medida que resulta sumamente practica y permite diferenciar los precios por sector, es decir, tarifas reducidas para estudiantes, para personas jubiladas y de la tercera edad. Cuarto, el sistema, al ser manejado por el gobierno, deberá utilizar unidades en buen estado y de calidad. Quinto, al ser un bien prestado por el gobierno se tiene un mejor control del personal, y se puede sancionar a quien incurre en infracciones de tránsito o maltrato a los usuarios.

¿Cómo pasar a este sistema? Tiene que ser un proceso gradual, en donde se permita a los actuales dueños de unidades ser parte del nuevo sistema, pero bajo reglas nuevas claras y comprometidas con seguridad, calidad, medio ambiente y accesibilidad. El nuevo sistema de transporte público puede alquilar, comprar o admitir como inversión las unidades que cumplan con ciertos estándares. Los que quedan fuera pueden optar a ciertos créditos para comprar unidades nuevas y alquilárselas al sistema. Los actuales conductores podrán ser los motoristas de las nuevas unidades, pero deberán pasar por exámenes rigurosos y estarán sometidos a nuevas regulaciones y controles periódicos que garanticen un servicio de calidad. Ciertamente, en este cambio algunas personas dejarán de percibir beneficios y se mostrarán descontentas. Pero no es posible que una mayoría sufra un mal, ineficiente y abusivo sistema de transporte en beneficio de una minoría. Pesan más los derechos de la mayoría sobre los derechos de una minoría.

Parque Ecológico León de Piedra, un orgullo para Tecoluca

La gestión de los recursos naturales tiene que ser realizada en distintos niveles para que sea exitosa y sostenible. Normalmente le atribuimos esta responsabilidad al gobierno central. Aunque este tenga una gran responsabilidad, no es el único. Los gobiernos locales tienen una gran importancia en el desarrollo de esta tarea; así como las organizaciones civiles, la empresa privada y nosotros, los ciudadanos. Sólo a través de una gestión compartida entre todos estos niveles (actores) podemos llegar a tener un sistema de conservación el cual nos permita un desarrollo económico y ambientalmente sostenible.

Desde hace varios años se viene gestando una iniciativa que debería de servirnos de ejemplo de cómo se debe de crear ese sistema de conservación. En San Vicente, el municipio de Tecoluca está creando el Parque Ecológico León de Piedra. Esta iniciativa ha sido llevada adelante gracias el empuje y la determinación de la municipalidad. Gestionaron dinero de la cooperación internacional. Así el ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz (España) les ha donado una considerable cantidad de dinero para la realización de este proyecto. La idea es desarrollar un parque ecológico municipal, que forme parte del Sistema de Áreas Naturales Protegidas de El Salvador, un sitio que permita que la comunidad disfrute del ocio en contacto con la naturaleza. Teniendo un área de alta calidad para que los vecinos disfruten y valoren la naturaleza, están formando conciencia de la importancia de estas áreas. Las comunidades forman parte de la iniciativa y la empujan. Para ayudar a la alcaldía con los servicios de protección del área se ha creado un grupo de guardarrecursos que están siendo capacitados por el proyecto, también otros grupos para ofertar otro tipo de servicios. La comunidad no sólo tendrá a su disposición este sitio, sino que también podrá obtener beneficios económicos.

Es sencillo cuando hay voluntad para realizar un proyecto. En un área con buena oferta paisajista van a construir una infraestructura central que sirva de recepción, una alberca más o menos natural, una zona de picnic, otra de cafetería y unos senderos. Esto, al realizarse con altos estándares de calidad, es suficiente para comprender y valorar la naturaleza que rodea el lugar. Al mismo tiempo el área servirá para resguardar sitios arqueológicos y nacimientos de agua, que son tan importantes para las comunidades vecinas.

Este proyecto además le puede dar proyección regional y hasta nacional al municipio de Tecoluca. Así otras alcaldías podrían retomar estas iniciativas y brindar alternativas de ocio con naturaleza a sus habitantes.

Hay otras alcaldías y mancomunidades que también están haciendo esfuerzos similares. La mancomunidad de La Montañona está haciendo lo suyo en la parte alta de Chalatenango. Lo municipalidad de Cinquera, en asocio con otras organizaciones, también está haciendo un buen trabajo con el bosque de montaña de Cinquera. La municipalidad de Arambala, después de mucho trabajo, tiene un decreto municipal de protección del Río Sapo. Así seguramente hay muchas más municipalidades haciendo trabajo para manejar y gestionar sus recursos naturales de una manera sostenible.

Este trabajo desarrollado desde el ámbito municipal no es exento de problemas. Para que el parque ecológico de Tecoluca existiera fue necesario un gran cabildeo político para que las tierras fueran traspasadas del ISTA al Ministerio de Medio Ambiente, y que este firmara un convenio de coadministración con la alcaldía. Como se imaginarán, el camino no es fácil, pero tampoco es imposible. El camino que tiene que seguir El Salvador es este, donde los actores locales toman más control sobre la utilización de sus recursos. En ese país existe un futuro en el que podemos tener confianza que tendremos un verdadero desarrollo sostenible. Así que hoy Tecoluca puede sentirse orgullo del Parque Ecológico León de Piedra.

Columna transversal: UN GABINETE DE LUJO

Antes de que todos nos rindamos ante la polarización política aparentemente insuperable; antes de que nos resignamos a que no existe otra alternativa que escoger entre los dos polos; antes de que perdamos la esperanza, la creatividad y la rebeldía que nos han mantenidos vivos; antes de que caigamos en depresión y nos apartemos de la política y las elecciones, hagamos un ejercicio de imaginación. ¿Realmente no hay alternativa? ¿Realmente no hay personas con capacidad, liderazgo y solvencia moral que podrían juntarse para llevar al país a superar la confrontación y a desarrollar los potenciales de creatividad, diálogo y concertación?

No. No es cierto. Hay personas que podrían asumir el liderazgo y abrir nuevos caminos. Todos los conocemos. Todos se conocen bien entre ellos. Sólo que hasta ahora no han actuado juntos, están en diferentes partidos o no son de partidos. Algunos provienen de a la derecha, otros de la izquierda. Son personas que no han mostrado sed de poder. Lo que es simpático, pero hay situaciones históricas que plantean el deber de agarrar el poder y usarlo. Hoy es cuando.

Mientras hablo en abstracto, nadie me va a hacer caso. Planteamientos en abstracto no provocan ni discusión ni reflexión ni mucho menos acción. Entonces, hablemos con nombres y apellidos. Presento aquí una lista de 20 personalidades. No forman un grupo. Es un conjunto plural: hay socialistas, liberales, gente de derecha, socialcristianos, socialdemócratas, humanistas... Hay de todas las corrientes, menos de los polos extremos y excluyentes. La mayor parte es “gente de frontera”, como lo definió una de las mujeres que aparece en esta lista: gente que frecuentemente cruzan las fronteras ideológicas, para hacer alianzas, para buscar consensos, para resolver un problema al país. Gente movida más por preocupaciones concretas que por creencias o dogmas.

20 nombres. Por muy distintas que sean sus ideologías, los une la disposición al diálogo, la tolerancia, la capacidad de buscar compromisos, la voluntad de poner los intereses del país por encima de intereses sectoriales e ideológicos.

De esta lista se puede formar un gabinete de lujo como el país no lo ha tenido en su historia. Incluye varios presidenciables. Y para cada ministerio estratégico, varias opciones.

Sólo falta un pequeño detalle: no se han decidido a asumir la responsabilidad histórica que les da la polarización que lleva al país a la ingobernabilidad.

Elena de Alfaro, Rafael Barraza, Sandra de Barraza, María Eugenia Brizuela, Fidel Chávez Mena, Francisco Bertrand Galindo, David Escobar Galindo, Cecilia Gallardo
Evelyn Jacir, Gerardo Lechevallier, Guillermo López Suárez, Mauricio Loucel, Roberto Murray Meza, Ricardo Perdomo, William Pleitez, Roberto Rubio, Joaquín Samayoa,
Salvador Samayoa, Carlos Quintanilla Schmidt, Héctor Silva.

De esta lista –la cual, obviamente, alguien con más conocimiento que yo podría ampliar- se puede armar gabinetes de varias formas, pero siempre de lujo, de capacidad, y con representatividad.

Les presento el gabinete que a mí me gustaría ver. Y de paso me he permitido hacer algunos cambios necesarios en la estructura del gabinete, convirtiendo al secretario técnico en ministro de la presidencia; reinstalando el Ministerio de Planificación; fundando nuevos ministerios (vivienda, cooperación, cultura, tecnología e investigación); reforzando el Ministerio de Sociales; dando a la Fuerza Armada un ministro civil… Ya que hagamos uso de la imaginación y de la ficción, hay que aprovechar.

Aquí el gabinete de gobierno 2009-2013:

Presidente: Cecilia Gallardo
Vicepresidente: David Escobar Galindo
Ministro de la presidencia: María Eugenia Brizuela
Canciller: Fidel Chávez Mena; Vicecanciller: Gerardo Lechevallier
Embajador en Washington: Roberto Murray Meza
Cooperación: Roberto Rubio
Defensa: Carlos Quintanilla Schmidt
Seguridad: Salvador Samayoa
Director PNC: Rodrigo Ávila
Gobernación: Francisco Bertrand Galindo
Hacienda: Guillermo López Suárez y Ricardo Perdomo
Economía: William Pleitez y Rafael Barraza
Planificación: Sandra de Barraza
Justicia Social (sociales, trabajo, red solidaria, etc.): Evelyn Jacir
Salud: Héctor Silva
MOP: Alberto Harth
Vivienda: Francisco Altschul
Educación: Joaquín Samayoa
Cultura: Roberto Salomón
Medio Ambiente: Rafael Castellanos
Agricultura: Jorge Villacorta
Tecnología e investigación: Mauricio Loucel

¿Les parece utópico? Bueno, paja se habla todos los días, sobre todo en círculos serios y de poder. Pero nadie puede negar que un gabinete como éste sería capaz de superar la polarización y de atacar los problemas del país, mejor que cualquier gabinete que podría formar por si sola la izquierda o la derecha, respectivamente.

¿Cómo llegar a esta fórmula? ¿Cómo hacer que tenga gobernabilidad, o sea respaldo parlamentario y social? Estas son las preguntas del millón.

Básicamente, hay dos vías. Una es que toda esta gama de gente forme un partido nuevo y corra contra ARENA y el FMLN, tanto en las elecciones legislativas como en las presidenciales. Si se quiere esto, hay que empezar a trabajar mañana. Es difícil, pero no es imposible. Algunos tendrían que salir de sus partidos, a lo mejor sin pleitos, sin quemar puentes. Dinero, para esta fórmula, habría. Apoyo intelectual sobraría. Apoyo internacional sería fácil conseguir. Activistas en el terreno habrá si hay dinero y un programa claro. Sin embargo, parece muy poco viable, casi misión imposible.

La otra vía, la más realista, es que algunos de esta lista –los que provienen de la derecha- disputen y ganen la candidatura de ARENA. Estamos hablando de la figura que, analizando bien la situación y las necesidades del país, después de una seria disputa entre las diferentes corrientes, ARENA llegue a apostar al cambio, a la reforma, a la apertura. Estamos hablando que ARENA postule a un candidato que, al llegar a casa presidencial, abre las puertas a un gabinete plural, a un gobierno de transición, con participación de la izquierda democrática, del centro y de la intelectualidad.

¿Utopía? Tal vez. Pero tal vez la utopía más realista para este país. Porque las alternativas...

PD: Espero que nadie de los mencionados se enoje por salir mencionado. Con algunos he discutido esta problemática, pero en términos abstractos. Con algunos nunca he hablado, con otros ni siquiera nos conocemos personalmente. A nadie le he pedido permiso para usar su nombre en este ejercicio de imaginación política. Estoy seguro que más que uno no está de acuerdo con mi planteamiento, ni mucho menos con la mención de su nombre. A estos les digo: Bueno, sólo es hipotético. ¿Quién soy yo para formar gabinete?

LOS PARADIGMAS DEL DESARROLLO

Carta de Eric López, referente al artículo de Rodrigo Samayoa "El agua y Suchitoto"

Los recientes eventos en Suchitoto nos demuestran: uno, las contradicciones paradigmáticas de los conceptos de desarrollo; dos, los problemas de la descentralización institucional; tres, los impactos sociales en lo “local”. Mientras el ejecutivo presenta la descentralización institucional del servicio del agua como una forma más de desarrollo y la vía hacia la modernidad, los usuarios que no han recibido o han recibido el servicio de forma irregular lo ven como un episodio más en la privatización de los servicios públicos.

En un continente donde se dan los porcentajes mas altos de polarizacion social y disparidad económica, a nivel mundial (Sachs, 2005), desarrollo puede significar muchas cosas diferentes en un universo infinito de conceptos e ideas. Además, ¿cómo nos aseguramos que ese desarrollo del que tanto hablamos y que tanto necesitamos se de equitativamente, o al menos en forma pragmática o tangible, de tal manera que pueda medirse cualitativamente en la condición de vida de los salvadoreños?

Desde ese concepto, la descentralización institucional de un servicio publico como el agua más parece un concepto foráneo que una política gubernamental bien hecha o un modelo de desarrollo. En un país, donde la mitad de la población o un porcentaje mayor depende de la compra de agua embotellada para satisfacer la demanda de consumo diario, la idea de una descentralización suena como una “pesadilla”.

Si fuéramos serios con nuestras ideas de descentralización y desarrollo, deberíamos de asegurarnos que el servicio de agua que se brinda, aunque limitado, estuviera limpio de contaminantes o material orgánico. De esa manera nos aseguraríamos que los productos manufacturados cumplen con los estándares y normas de calidad internacional.

Desde el punto de vista de una economía globalizada, donde los estándares son los que rigen en muchos casos la viabilidad, calidad y aceptación de las exportaciones, la calidad de nuestra agua puede condicionar si nuestros productos entran a un mercado o no. Además, ¿cómo nos aseguramos que al descentralizar las instituciones existen los mecanismos necesarios que garanticen los estándares de calidad a nivel nacional, dado que la exportación es supuestamente nuestro vehículo hacia el futuro.

Alternativamente, ¿cómo les garantizamos a los inversionistas que tenemos polos de desarrollo a nivel nacional con un servicio adecuado de agua, donde ellos pueden establecerse? Adjuntamente, ¿cómo les decimos a nuestros conciudadanos en las micro-regiones que ellos también pueden ser participes de milagro económico, sin tener que buscar fuentes alternas de abastecimiento?

El problema del agua en El Salvador es un problema muy serio, tan serio que requiere soluciones drásticas e innovativas, aún sin considerar los cambios climáticos. Sin embargo, hablan de descentralización cuando no somos capaces ni de adecuadamente manejar los desechos sólidos que producimos (basura) a nivel nacional, ni mucho menos elaborar una política realista y concisa que proteja los recursos naturales y regule los botaderos a cielo abierto, los cuales son la causa principal de la contaminación del agua superficial y los mantos acuíferos subterráneos.

Similarmente, carecemos de un plan maestro de ordenamiento del espacio que garantice un desarrollo urbano compacto, regulado y respetuoso de las zonas ecológicas de infiltración. Inversamente, debilitamos y aislamos aquellas instituciones que luchan por detener el desorden urbano prevalente por considerarlas un obstáculo al inalcanzable y lucrativo mercado inmobiliario, como es el caso de la OPAMS.

Esencialmente, si fueran serios los planes de descentralización y desarrollo, deberíamos de analizar sin sesgos ideológicos los impactos de la explotación minera y cancelar los permisos de extracción por los daños ecológicos que causan a los recursos hídricos.

Las políticas de desarrollo tienen que estar informadas por la realidad física, recursos, capacidad y desafíos, de eso tendría que depender si se descentralizan o no las instituciones. En el caso de gobiernos municipales o micro-regiones dotados de una capacidad administrativa, con los mecanismos legales y financieros para financiar sus propios proyectos de desarrollo, la descentralización es lo correcto. Simplemente porque ellos son los que conocen las necesidades primarias de sus habitantes, eso parece ser el caso con los habitantes de la zona urbana de Suchitoto.

¿Pero que pasa con los habitantes de las zonas rurales a nivel nacional que no cuentan con los recursos económicos o la capacidad institucional para financiar sus proyectos de desarrollo? En ese caso una institución centralizada es la única con los recursos y capacidad para suministrar en forma adecuada un recurso tan vital como el agua.

Para muchos salvadoreños, no caminar dos kilómetros y tener acceso a un servicio de agua regularmente sin temor a enfermarse, es una forma de desarrollo. ¿Estamos seguros que hablamos del mismo desarrollo cuando hablamos de “desarrollo”? No estoy seguro.