Carta a Rodolfo Parker, secretario general del PDC

Estimado Rodolfo:

entiendo que acompañaste al presidente Funes en su viaje a Cuba para cumplir una misión específica: Asegurar que alguien de la delegación salvadoreña se entreviste con los presos políticos. Porque era claro: Ni nuestro presidente, ni nuestro canciller, ni los diputados del FMLN, del CD, de GANA o del PCN iban a aprovechar la visita oficial a Cuba para preocuparse de los presos políticos cubanos, mucho menos de los derechos a un debido proceso que tiene el ciudadano salvadoreño Abarca Chávez acusado por los cubanos de terrorismo.

Felicidades, Rodolfo. Alguien tuvo que por lo menos intentar hacer lo correcto. Era obvio que te iban a dar paja. Era obvio que nadie (ni el gobierno nuestro, ni el cubano) iba a mover un dedo para facilitarte el acceso a los presos. Hiciste lo correcto en denunciar esto desde La Habana.

Lo que no me cuadra es que en estas mismas declaraciones, cuando denunciaste que te dieron paja, también dijiste que “Cuba está caminando en un proceso hacia la apertura”. Por lo menos, así te citaron en los medios.

¿Qué muestras tu has visto en Cuba que te hacen hablar de ‘apertura’? Digo, muestras más allá del discurso. Una muestra hubiera sido dejarte visitar a los presos cubanos o incluso a Abarca Chávez. Puede ser que el hombre sea culpable, pero sigue teniendo el derecho que su país, su gobierno, sus diputados le asisten para garantizar que tenga un juicio justo.

Mas bien ustedes fueron testigos en Cuba de lo contrario a ‘apertura’, testigos de un sistema que se cierra al debate, a la crítica, a la disidencia. ¿Alguien de la numerosa delegación salvadoreña ha hablado con periodistas cubanos independientes, con disidentes, con opositores, dentro o fuera de la cárceles? ¿La autoridades cubanas les han dado facilidades para hacer sus propios contactos? Esto sería apertura.

Bueno, pero por lo menos hiciste el intento y alzaste tu voz, aunque no tan fuerte como me hubiera gustado.

Saludos, Paolo Lüers

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Columna transversal: Historias con comunistas

Nunca me voy a olvidar de la cara que puso Carlos Castaneda, nuestro vicecanciller, cuando el embajador de Alemania, con palabras solemnes sobre el triunfo de la libertad sobre la dictadura, le entregó un pedazo original del Muro de Berlín. La escena histórica (y profundamente irónica) de un funcionario comunista obligado a recibir un pedazo del Muro, que hace 20 años le cayó en la cabeza al movimiento comunista internacional, tuvo lugar en la recepción solemne que el embajador alemán dio el 4 de octubre en un hotel capitalino. Ahí estaban reunidos alemanes y salvadoreños para celebrar el Día de la Unidad alemana, en conmemoración de los eventos que hace 20 años llevaron al colapso de la Alemania comunista y a la reunificación de las dos repúblicas alemanas, separadas durante 45 años por la Guerra Fría y el Muro.

Lo que realmente se celebra el 4 de octubre es el colapso del bloque comunista que había dominado a toda Europa Oriental desde finales de la Segunda Guerra Mundial. El Muro de Berlín, cuyo pedazo conmemorativo tuvo en sus manos nuestro señor vicecanciller como si fuera hecha de lava caliente, y la unidad alemana son símbolos de este evento histórico, que dejó obsoleto el modelo soviético y huérfanos a sus adeptos en todos el mundo. Esto tiene que haber cruzado por la cabeza de nuestro comunista criollo convertido en vicecanciller del gobierno de Mauricio Funes. Y también de buena parte del público asistente que trató de ocultar la risa al ver la cara de los dos comunistas criollos parados a la par del señor embajador de Alemania. El segundo fue el diputado Sigfrido Reyes, quien orgullosamente había asumido su lugar en la fila de honor como vicepresidente de la Asamblea Legislativa y quien seguramente, en este momento pensaba: ¿Y por qué diablos no me llevaron a Cuba donde todavía está en orden el mundo comunista?

Nuestro vicecanciller por suerte está bien entrenado para aguantar cualquier cosa que el protocolo exige. Adquirió esta imperturbabilidad en los largos y sufridos años de guerra que pasó representando al Partido Comunista de El Salvador ante regímenes dictatoriales famosos, por sus interminables actos protocolarios. En estos eventos sumamente ceremoniosos, el buen funcionario comunista aprende a aguantar cualquier cosa estoicamente y sin dormirse...

Mientras todo esto pasaba, otros personajes del gobierno salvadoreño ya estaban en Cuba, en circunstancias tal vez aún más irónicas. Habían llevado a un grupo de empresarios a un Primer Encuentro Empresarial Cuba-El Salvador a un país donde no hay empresarios, pero donde hay medio millón de empleados estatales que, según el gobierno cubano, no serán despedidos, sino más bien recibirán el permiso del gobierno de convertirse en empresarios. Por lo menos así lo entendió uno de los periodistas que va a en la comitiva presidencial: "La visita del presidente Funes se da bajo la luz de la decisión del gobierno de Raúl Castro de permitir que medio millón de trabajadores estatales se dediquen a actividades privadas, tales como el comercio y la agricultura", escribió Luis Laínez en La Prensa Gráfica.

No creo que este medio millón de futuros empresarios sean las contrapartes cubanas en el mencionado Primer Encuentro Empresarial Cuba-El Salvador. Más bien serán los militares y funcionarios de partido que en Cuba dirigen las empresas. Y quienes, cuando el socialismo colapse, quedarán como propietarios de los bancos, los hoteles, las tierras y los inmuebles. Así como pasó en la ex-Unión Soviética. Todos los nuevos millonarios rusos son ex-KGB, ex-Partido o ex-ejército soviético...

Igual es irónico que los diputados que acompañaron al presidente en su histórica visita a Cuba efectúen reuniones célebres con sus homólogos cubanos para discutir, entre otras cosas, los sistemas electorales de ambos partidos. Como si a alguien le importara cómo se eligen los diputados cubanos, mientras todos sean de un solo partido, el comunista.

Donde de repente la historia de la visita oficial a Cuba ya no es cómica, sino más bien trágica, es cuando vemos la actuación del señor presidente. Para que nadie pueda pensar que las estoy inventando o manipulando, las cito textualmente de la página oficial de la presidencia salvadoreña en Internet, donde salen declaraciones del presidente Funes tituladas: "Reunión del presidente Mauricio Funes con empresarios cubanos".

Un presidente que en casa y en Washington jura que está defendiendo el libre empresa, incluso contra su propio partido FMLN, se reúne con "empresarios" cubanos, es decir con funcionarios de una economía estatizada, y les dice: "Durante más de 30 años el paradigma neoliberal nos había enseñado que el Estado debía empequeñecerse, casi desaparecer, para dejar paso a la actividad libre de la empresa privada y al libre actuar de los mercados.

"Las promesas de eficiencia, transparencia y rápido crecimiento económico que brillaban tras ese modelo convencieron a gobiernos de toda índole, incluyendo al nuestro, para comenzar un proceso acelerado de privatizaciones y venta de activos, hasta entonces propiedad del Estado.

"En pocos años, sectores estratégicos para el desarrollo de los países, como los servicios básicos a la población, infraestructuras o la explotación de recursos naturales quedaron en manos de (...) empresas transnacionales".

Todo lo que dijo el presidente Funes tal vez hubiera tenido sentido en una reunión con banqueros en Wall Street ¿pero en Cuba? Ir a Cuba a una reunión con "empresarios" cubanos, que en realidad son funcionarios comunistas, para sermonear contra "esta estrategia de priorizar la gestión privada frente a la pública del neoliberalismo", es una metida de pata que de nuevo confirma las dudas que la empresa privada tiene sobre las visiones que tiene este presidente de la relación entre mercado y Estado.

Un presidente democrático (y además audaz) va a Wall Street para hablar en defensa de los controles estatales sobre los mercados financieros, y va a Cuba para defender, en voz alta, la libre empresa, la propiedad privada y la libertad de expresión.

¿Para qué sirve un presidente que va para Washington para hablar mal del FMLN y luego a Cuba para hablar mal del neoliberalismo?

(El Diario de Hoy)

Preguntas al gobierno y la alcaldía

Estimados gobernantes:

Les mando unas cuantas preguntas que me han encargado diferentes lectores. Aunque todavía no hay Ley de Transparencia, solicito prontas respuestas, las cuales haré públicas en este mismo espacio. Gracias.

  1. ¿Cuántos barcos han descargado bienes en el puerto de La Unión desde junio del 2010, cuando se inauguraron las operaciones bajo la responsabilidad del gobierno?
  2. ¿Cuántas fechas diferentes ustedes han dado para la entrada en vigencia del nuevo sistema de subsidio al gas propano?
  3. ¿Pueden ser tan amables de explicarme cómo llego a Ciudad Mujer?
  4. Ya que estamos en esto, ¿me pueden indicarme la dirección de la Fábrica de Empleo?
  5. ¿Cuándo se colocará la segunda piedra del hospital Maternidad, cuya primera piedra el presidente Funes colocó el 2 de septiembre del 2009?
  6. Cuando en el sitio de la presidencia se habla de una reunión del presidente Funes con empresarios cubanos, ¿a quienes se refiere? ¿Son empresarios o directores de empresas estatales?
  7. ¿Cuál es el monto total de las transferencias efectuadas a Casa Presidencial, desde el primero de junio de 2009 hasta que fueron declaradas inconstitucionales por la Corte Suprema?

También hay algunas preguntas que la gente quiere hacer al alcalde Norman Quijano:

  1. ¿Por qué no explica en público porqué no ha comenzado a poner en práctica el proyecto del Metrobus?
  2. ¿Cuántas quebradas va a dejar con bóvedas hechas antes de terminar su mandato?
Saludos, Paolo Luers

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Carta a los empresarios que fueron a conocer La Habana

Estimados amigos:

Hoy sale en un periódico nacional (que se destaca por su estilo siempre sobrio y ceremonioso) que ustedes se encuentran en Cuba asistiendo al “Primer Encuentro Empresarial Cuba-El Salvador”.

Esto es como ir a Alaska a un “Encuentro de Amigos de las Playas Nudistas”...

Dejémonos de bromas. En el mencionado periódico que anuncia, ¡y muy en serio!, el “Primer Encuentro Empresarial Cuba-El Salvador”, el sub-jefe de información explica, en su acostumbrada columna dominical, de qué se trata: “La visita del presidente Funes se da bajo la luz de la decisión del gobierno de Raúl Castro de permitir que medio millón de trabajadores estatales se dediquen a actividades privadas, tales como el comercio y la agricultura.” No me lo estoy inventando, salió así en La Prensa Gráfica...

¡Y algunos malintencionados han hablado de medio millón de despidos! Claro, leyendo esto, todo cae en su lugar: El FMLN y Funes se llevan a los ilustres empresarios salvadoreños a Cuba a un encuentro con este medio millón de futuros empresarios. Para asesorarlos. Un acto de solidaridad con Cuba...

Malpensado y desconfiado como soy, sospeché que ustedes simplemente se iban a reunir con los militares y funcionarios de partido que, cuando el socialismo colapsa, quedarán como propietarios de los bancos, los hoteles, las tierras y los inmuebles. Así como pasó en la ex-Unión Soviética. Todos los nuevos millonarios rusos son ex-KGB, ex-Partido, o ex-ejército soviético...

Pero ahora entiendo a qué ustedes fueron a Cuba: a asistir al acto de constitución de la Asociación de los Nuevos Empresarios Cubanos, con asistencia del medio millón de desempleados, quienes por falta de empleo tienen que convertirse en empresarios...

Tómense un ron a mi salud y salúdenme a las bellas jineteras (perdón: empresarias turísticas) de La Habana,

su Paolo Lüers

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“La vanidad de Chávez arruina a la izquierda en Latinoamérica”

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, cumplirá 12 años en el poder en enero próximo y sueña con la reelección hasta 2025. “Está cada vez más encantado de conocerse, más fascinado consigo mismo. Él es su mensaje. Chávez construye diariamente su autobiografía. No puede dejar de hablar de sí mismo, de presentarse como un ‘humilde’ salvador de los pobres, del país, de América Latina y, si le dan chance, hasta del planeta”, describe desde Caracas en entrevista para M Semanal el escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka. El autor de la biografía Hugo Chávez sin uniforme, una historia personal (Random House, 2005), escrita con la periodista Cristina Marcano, es ganador del premio Herralde de literatura 2007 por su novela La enfermedad; conoce muy bien México, donde escribió telenovelas exitosas y audaces, como Nada Personal, la primera trama popular armada alrededor de intrigas políticas y magnicidios. Por eso afirma que el delirio petrolero del comandante venezolano “está más cerca del PRI y más lejos del cambio” que ha buscado la izquierda histórica en la región. El escritor argentino Tomás Eloy Martínez (1934 -enero 2010), autor de la biografía de Eva Perón, Santa Evita, celebró en su hora la investigación biográfica —relanzada este año en formato de bolsillo en México— que hurga hasta en los diarios íntimos que Chávez escribió en sus años clandestinos, resguardados por su amante alemana Herma Marksman y aún inéditos: “Es un formidable trabajo de exploración y explicación del caudillo más complejo de América Latina. Quien quiera entender a Hugo Chávez aprenderá más de las páginas de este libro que de sus caudalosas apariciones en los medios. Va a ser difícil superar esta biografía”.

OTRA BATALLA PERDIDA

Hugo Chávez colocó su imagen al centro de las elecciones legislativas del pasado 26 de septiembre, para convertirlas en un referendo de su liderazgo hacia los comicios presidenciales de 2012. Y perdió. Con una avalancha de cadenas nacionales de radio y televisión en maratónicas sesiones, Chávez proclamó la justa electoral como la primera etapa de su campaña por la reelección al cargo que ocupa desde 1999, pero se quedó atrás de la oposición que sumó 52 por ciento de los votos emitidos, 5.45 millones de sufragios. Chávez argumentó a periodistas extranjeros que ese balance es una “trampa” porque añade casi medio millón de votos del pequeño partido Patria Para Todos, una escisión del oficialismo rojo de quienes él mismo califica como “traidores”, aunque no formó parte de la coalición opositora. Por eso, las cuentas que Chávez dio ante el silencio de la autoridad electoral arrojan que su partido logró 5.4 contra 5.3 millones de votos opositores. Pero cuando la corresponsal de Radio Francia Internacional, Andreina Flores, le preguntó en una conferencia de prensa en vivo desde el Palacio de Miraflores cómo es que su partido había logrado 36 escaños más con sólo 100 mil votos de ventaja, Chávez explotó y la acusó de intentar deslegitimar su triunfo. En realidad, una reforma aprobada por el Congreso, que desde 2005 era controlada por el chavismo gracias a un fallido boicot opositor que abandonó la contienda en aquel año, le permitió al oficialismo lograr una mayoría simple al otorgar más curules en zonas despobladas como en la Amazonia y los llanos venezolanos, donde el oficialismo impone su ley.

La biografía escrita por Alberto Barrera.

La biografía escrita por Alberto Barrera.


El teniente coronel y comandante puso como meta una “operación demolición” del espectro multicolor de sus adversarios políticos, exigió a sus seguidores mantener la valiosa ‘mayoría calificada’ en el Congreso (tres cuartas partes), la que durante un lustro le ha permitido gobernar por decreto y emitir leyes para establecer su proyecto estatista de socialismo petrolero del siglo XXI, y el resultado fue la segunda vez que el ex militar ve naufragar sus planes en las urnas desde que apostó a la vía electoral, luego de salir de las conspiraciones cuarteleras que lo llevaron a dar un golpe de Estado el cuatro de febrero de 1992. La primera fue el dos de diciembre de 2007, cuando perdió por menos de un punto el referendo sobre una reforma constitucional para lograr la reelección definitiva y decretar el socialismo, aunque contra viento y marea logró otra consulta para modificar la Constitución y poder ser reelecto en forma sucesiva y sin límite de veces. Chávez dice que se conforma con gobernar hasta el 2025, es decir 15 años más.

CARISMA TELEGÉNICO
VF: ¿Cómo ha logrado sobrevivir la oposición al acoso gubernamental que busca “demolerla”?

AB: Fíjate que estás tocando uno de los problemas centrales del chavismo: su concepción militar de la política. Tenemos un gobierno que no sabe cómo convivir con el otro. Todo adversario es un enemigo al que hay que someter. Para Chávez, negociar es claudicar. Quien revise la retórica del poder en Venezuela se va a tropezar a cada rato con términos militares: los oficialistas se organizan en “patrullas” o en “brigadas”, van siempre a “batallas”, donde deben “pulverizar” o “liquidar” al “enemigo”… El nombre de esta última campaña electoral era Operación Demolición. Ahí ya hay una violencia instalada en el discurso, en las palabras; una intolerancia que supone que se debe eliminar al otro, que es necesario suprimir al diferente. Así, siempre será muy difícil adversar al gobierno. De entrada, por definición, la oposición siempre será ilegítima. Continuamente, desde el Estado, se le ataca, se le arrincona, se le sataniza. Si a esto le sumas los propios errores que durante todos estos años ha cometido la dirigencia de la oposición, el cuadro todavía es más complicado.

VF: ¿Cuál es el futuro de la búsqueda de un nuevo liderazgo opositor?

AB: No es fácil predecirlo. Los partidos de oposición han tardado casi 12 años en entender que debían unirse, que debían superar sus pequeñas luchas por pequeños intereses y tratar de enfrentar unidos al chavismo. Por fin lo han logrado. Pero todavía les falta mucho. Hasta hace poco, el único objetivo de la oposición parecía ser la salida de Chávez. Ese no es un programa a futuro, no es un plan de país. La oposición está obligada a administrar muy bien los resultados obtenidos el domingo 26 de septiembre. También ellos deben demostrar que han cambiado. Ahora les toca pasar de la unidad en la resistencia, de la unidad electoral, a una unidad más profunda, alrededor de un nuevo proyecto de país.

VF: ¿Existe la posibilidad de que surja un líder que desafíe a Chávez como lo intentó sin éxito el gobernador del petrolero estado de Zulia en 2006, ahora exiliado?

AB: Sí. Hay varios liderazgos regionales que podrían enfrentar a Chávez en 2012. Pero no sé si a la oposición le conviene entrar, desde ya, en una larga contienda interna por un candidato. Quizás deberían seguir consolidando la unidad de ese grupo variopinto y construir, y luego comunicar, un proyecto de país alternativo. Enfrentar electoralmente a Chávez siempre es muy difícil. Cuenta con todo el ventajismo del Estado y de las instituciones, lo usa además sin ningún escrúpulo; tiene un carisma telegénico impresionante y está montado, además, sobre una gran campaña oficial que promueve el culto hacia su persona. No es poca cosa, ¿no?

VF: ¿Cuál es el principal mensaje de Chávez a sus seguidores?

AB: El principal mensaje de Chávez es Chávez. Lo que mejor sabe hacer es ganar elecciones. Probablemente sea un fracaso gerenciando el Estado, pero sigue siendo excelente a la hora de administrar las esperanzas de los pobres.

VF: ¿Te sorprendió el éxito de la campaña opositora?

AB: No demasiado. Hay obviamente un desgaste del gobierno. Llevan casi 12 años en el poder, han recibido la mayor cantidad de dinero que haya recibido cualquier gobierno en la historia del país gracias al pasado boom petrolero, y los resultados no son extraordinarios. Somos el país con la inflación más alta en toda América (25 por ciento). Nuestras cifras de criminalidad son peores que las de México, para darte un ejemplo (Venezuela: 75 asesinatos por 100 mil habitantes, México 12; Caracas: 200, Ciudad Juárez, 170). Todavía no salimos de una enorme crisis eléctrica con apagones prolongados. Desde el poder no se han atendido debidamente las fuertes denuncias de casos de corrupción que han aparecido y quizá ahora, por primera vez en esta época chavista, aparece, resucita en Venezuela el llamado “voto castigo”.

SOCIALISMO PETROLERO DEL SIGLO XXI: UN PROYECTO DERROCHADOR
VF ¿Quiénes son esos cinco millones de chavistas y cuál es la distinción entre los votantes duros uniformados de rojo y los flotantes?

AB: Las distinciones no son fáciles. Se habla de 25 o 30 por ciento de “chavismo duro”, militante, devoto. Es una cifra que más o menos siempre ha mantenido el gobierno. Lo que ha venido variando, y en forma cada vez más decreciente, es eso que tú llamas el chavismo “flotante”: puede entrar la amplia base de funcionarios públicos —muchos de ellos obligados incluso a ir a las marchas políticas a favor del gobierno—, hasta un sector de la población que está decepcionada de Chávez pero no lo suficiente como para apoyar a la oposición. De todos modos, yo no confiaría demasiado en las estadísticas de este proceso electoral. Por más que Chávez se haya echado sobre los hombros la campaña, por más que haya intentado personalizar a su alrededor todo el debate, los venezolanos sabían que se trataba de unos comicios legislativos, que la figura del Presidente no estaba realmente en juego. Es posible que el escenario de 2012 sea distinto.

VF: ¿Compartes la visión del historiador Manuel Caballero, autor de La peste militar sobre la matriz militarista y autoritaria del liderazgo de Chávez?

AB: Yo insistiría en que es imposible entender a Chávez y al chavismo sin la variable militar pero, sobre todo, sin la variable petrolera. Creo que esa condición es definitiva para nosotros los venezolanos. Pienso que Venezuela es un país muy diferente al resto de América Latina. En ninguno de nuestros países llenar de gasolina el tanque de un coche te sale más barato que una botellita de agua. Nuestra relación con las nociones de riqueza, de trabajo, con nuestra idea de Estado, de política, de lo público (...) es distinta a la que se puede dar en Paraguay, en Guatemala o en México. Chávez representa eso perfectamente. Él es la encarnación del sueño venezolano de la vida fácil. Desde niño ha sido financiado por el Estado. Nunca ha salido a la calle a buscar trabajo, a competir por un puesto laboral. Condena la riqueza porque no tiene que producirla, porque se sabe rico. No es nada nuevo en nuestra historia nacional. Llevamos demasiados años pensando que en el fondo todos somos ricos, que somos unos millonarios despojados de su herencia, que lo único que hace falta en el país es que alguien ponga orden y distribuya bien el dinero que tenemos. Esa, quizás, en el fondo, sea la verdadera utopía. Una gran contradicción. El socialismo del siglo XXI es un proyecto consumista y derrochador; sólo puede existir en un país petrolero.

VF: ¿Cuáles son las claves del fenómeno, las tramas de esa fe, y cuáles son sus posibilidades de perdurar?

AB: Las claves son demasiadas, y están todas relacionadas. Nada de lo que ocurre en Venezuela puede explicarse, por ejemplo, sin las condiciones de miseria en las que vivía el país. La desigualdad era y es la gran tragedia de Venezuela y de América Latina. Mientras las élites no entiendan y enfrenten ese problema como algo propio, nuestros países están destinados a cualquier tipo de soluciones suicidas. Los sueños de la pobreza también producen monstruos. Yo no sé si el proyecto chavista puede o no perdurar. Pero no creo que, en todo caso, perdure como una alternativa válida e interesante. Me temo que, por desgracia, Chávez está arruinando, para el país y para Latinoamérica, una de las grandes posibilidades de la izquierda. Después de 11 años Chávez está más cerca del PRI y más lejos de ser una alternativa distinta en el continente.

VF: ¿La corrupción de país petrolero es un fenómeno venezolano o hay una singularidad chavista?

AB: No creo que haya mayores singularidades chavistas. Venezuela lleva demasiados años siendo una sociedad depredadora, donde la mayoría de los sectores y de los ciudadanos vivimos viendo cómo saqueamos el botín del Estado, qué provecho se puede sacar de los público. Cada quien a su nivel, sin importar las ideologías ni los credos.

Alberto Barrera Tyszka.

Alberto Barrera Tyszka.

SER UN MITO
VF: ¿Cómo se ha trastocado la vida cotidiana en la Venezuela de Chávez?

AB: Todas las sociedades polarizadas tienen un alto nivel de intoxicación, ¿no? Probablemente, en gran medida, esa es la fuente de la crispación. Vivimos desde hace años con una sobredosis de política. Todo es apocalíptico. No hay ideas, sólo hay emociones. En cualquier momento puede darse el final de la historia. Eso produce, también, un desgaste inmenso. Es parte del hechizo que supone “inventar” de pronto una revolución. Quizás ese también sea parte del problema, esta fantasía tropical de una gente que, después de ganar unas elecciones, decidió comenzar a comportarse como si acabaran de tumbar a un dictador, como si acabaran de bajar de la Sierra Maestra y de ganar una guerra. Vivimos sometidos por este invento, por esta fantasía. La “revolución” es también un lujo petrolero.

VF: Eso lo percibí durante tres años que fui corresponsal extranjero en Caracas hasta hace dos años. ¿Qué encontraría diferente si regresara hoy a Caracas?

AB: Si tú vinieras hoy a Caracas, te darías cuenta de que el manejo mediático del país es muy peculiar. Hay gente que cree que esto es Cuba, que aquí hay una dictadura. Y por supuesto que no es así. Pero tampoco es, en los términos en que lo conocemos, una democracia “clásica”. Venezuela forma parte de esos nuevos híbridos, de esos sistemas disciplinados, legitimados por ciertos protocolos democráticos, pero que mantienen férreos controles de poder. Se trata de un autoritarismo legitimado, que necesita nombrarse y definirse con otros términos.

VF: ¿Cómo ha evolucionado el personaje de la biografía Chávez sin Uniforme desde 2005, esa “carta de navegación imprescindible” para comprender el chavismo como la definió el ex guerrillero Teodoro Petkoff, ahora en las filas opositoras?

AB: Chávez ha cambiado mucho de 2005 a esta fecha. En ese tiempo, por ejemplo, no tenía la definición ideológica que tiene hoy. Tampoco su relación con Fidel, y la invasiva participación de Cuba en Venezuela, era tan contundente como es hoy. Creo que también Chávez tiene ahora otra conciencia y otra aspiración con respecto a sí mismo y a su papel en la historia. Cada vez está más encantado de conocerse, más fascinado consigo mismo. Él es su mensaje. Chávez construye diariamente su autobiografía. No puede dejar de hablar de sí mismo, de presentarse como un “humilde” salvador de los pobres, del país, de América Latina y, si le dan chance, hasta del planeta. Su campaña de promoción personal, tanto nacional como internacional, es asombrosa. Chávez quiere ser un mito. Lucha desesperadamente por entrar en el firmamento de las leyendas revolucionarias latinoamericanas. Su gran problema es que le falta una historia épica. Tiene que inventársela. Necesita enormes enemigos, agravios descomunales, grandes peligros. Por eso, también, insiste en emparentarse con Bolívar, en presentarse como un nuevo libertador, como el héroe que —200 años después— viene a completar el trabajo de Bolívar, a darnos la verdadera Independencia. Así se presenta ahora. Sin vida personal. Casado con la Patria. Tratando de pasar de sucios terrenos de la política a la eternidad de la religión.

(Milenio Semanal/México)

El enigma de los números

Nunca olvidaré la mañana en que el profesor de matemáticas me entregó el examen del tercer trimestre. Sobre la hoja de papel ni siquiera había escrito, en tinta azul, un humillante cero seis, un patético cero cuatro, un ya impresentable cero uno. No. Era todavía más deficiente. En el lugar donde va la nota, sólo podía verse una eme y un pequeño número dos flotando a su derecha. Mal al cuadrado. Estaba en quinto año de humanidades y esa era es la peor calificación que había recibido en mi vida.

En aquellos años, pensábamos que la vida era simple, que sólo podía tener dos costados. Yo pertenecía al bando de la literatura, creía que la poesía era mejor que la gimnasia y escribía versos para levantar muchachas. Suponía que la gente profunda leía libros y que la gente plana resolvía ecuaciones. Al final de la clase, el profesor me llamó aparte y trató de explicarme mis errores. “Tú todavía no lo has entendido nada –algo así me dijo–. Esto es un juego. Es tan abstracto como el lenguaje, como las palabras. Sólo tienes que aprender a leer los números”.

La memoria sigue el orden de sus propias sombras. De pronto, recordé esta anécdota mientras veía a Aristóbulo Istúriz tratando de sostener su inmensa sonrisa y minimizando los resultados de las pasadas elecciones. ¿En qué país 65 puede ser más que 98?, se preguntaba. Todos los miembros del comando de campaña que lo acompañaban asentían con satisfacción. Todos tenían la misma mueca apretada sobre los labios. Era una forzada expresión de alegría. Como si desde el ombligo les estuvieran atornillando una sonrisa. Pero no es tan sencillo actuar la felicidad. No hay nada más difícil que fingir un jajajá.

Lo más asombroso de las elecciones legislativas no han sido los resultados sino lo ocurrido después: las reacciones. No deja de ser sorprendente la incapacidad que tiene el oficialismo para observar y analizar la realidad. El Gobierno sufre de una trágica forma de daltonismo político. No distinguen. Son incapaces de mirar lo evidente. Están dispuestos a creer cualquier maroma antes de aceptar lo que sucede. Están dispuestos, por ejemplo, a pensar, sostener, y encima repetir, que más de 5 millones de venezolanos somos exactamente oligarcas, puntualmente pro imperialistas y uniformemente conspiradores y golpistas. Para el chavismo, el resultado electoral no es una expresión popular sino la confesión de un crimen imperdonable: traición a la patria.

Nuevamente, el argumento del oficialismo pretende ubicar las elecciones del domingo pasado en la dimensión de una guerra mayor, de la batalla entre el capitalismo y el socialismo. Es una manera perversa de someter a la democracia y de satanizar al adversario, de querer callar la voz popular con reprimendas morales. Así habla el dios de la revolución: los que no son rojos son malos, muy malos, muy egoístas, no tienen corazón. Pretenden que los estereotipos sean una ideología. Creen que nuestra historia es una vieja película de indios y vaqueros. John Wayne lleva ahora boina roja.

¿Dónde estuvo el socialismo en la campaña electoral? ¿A dónde fue la gestión democrática y participativa? ¿Cuáles fueron sus propuestas? ¿Dónde estaban los candidatos?... En ningún lado. Chávez fue el medio y el mensaje. De nuevo, recorrió el país ofreciendo el paraíso. Dejó de lado El capital de Carlos Marx y salió a la calle agitando un manual de instrucciones de la Whirlpool china. Chávez llegó a ofrecer en Falcón casas con aire acondicionado. Así es el socialismo del siglo XXI: en la mañana citas al Che Guevara, en la tarde te conviertes en el rey de la línea blanca.

¿En qué país 65 es más que 98?, se pregunta Aristóbulo Istúriz. En el mismo país donde el Parlamento se niega a debatir sobre la responsabilidad oficial de cientos de toneladas de alimentos podridos. En el mismo país donde el Presidente también es el sistema de justicia. En el mismo país donde el Gobierno pincha los teléfonos y las computadoras, donde el poder vigila y graba la vida privada. En el mismo país donde se declaran guerras y enemigos cada dos por tres. En el mismo país donde se imponen reformas rechazadas en un referéndum popular. En el mismo país donde se humilla y se descalifica el periodismo que se atreve a realizar una pregunta incómoda. En el mismo país donde también se pueden usar las técnicas Bush para ganar elecciones. En el mismo país donde si no eres rojo te puedes quedar sin trabajo, sin beneficios sociales, sin Estado.

El Gobierno lee los números. Todavía no aprende a leer la realidad.

(El Nacional/Venezuela; el autor es escritor venezolano, guinista de cine y columnista)