Carta a Hugo Chávez

Señor presidente:
Yo sé que usted no lee este tipo de cartas, mucho menos ahora que está luchando por su vida. Mis lectores también saben perfectamente que esto de las cartas es un truco literario para poder enfocar problemas que de otra forma requerirían de unos grandes rollos analíticos y explicativos.

Así que manteniendo la ficción que mis cartas sean leídas y tomadas en cuenta por sus destinatarios (milagro que de hecho ya ha pasado en ocasiones), me dirijo a usted para decirle algo que los pocos que aun tienen acceso a usted, no se atreven a decir. O no están interesados en decirle.

Para usted, presidente, ya todo está hecho. Usted le dio vuelta a su país, a su clase política, creó un movimiento político poderoso que de manera mágica retoma y transforma los sentimientos y resentimientos de amplios sectores que siempre se han sentido excluidos del desarrollo en Venezuela. Usted avanzó en su proyecto 'bolivariano' supuestamente en favor de las clases desposeídas, pero a costa de la democracia, de la institucionalidad, de la seguridad jurídica, también a costa de los derechos humanos y las libertades individuales. Ahora está muriéndose. A pesar de su enfermedad hizo un último sacrificio metiéndose en una agotadora batalla electoral para preservar el poder para su movimiento, aun a costa de su frágil salud. Ya nombró a los herederos de su poder obligando a todas las fracciones a aceptarlos. Todo está hecho. Menos una cosa que todavía le toca hacer si tiene sentido de historia. Le estoy diciendo que use uno de sus momentos de recuperación para escribir y firmar un decreto de amnistía para todos los presos políticos en Venezuela. Ya sé, usted no reconoce que existen presos políticos bajo su gobierno. Pero todos sabemos que esto no refleja la realidad. Los podemos llamar como queremos, pero en las cárceles de Venezuela hay mujeres y hombres que están presos por el pecado de oponerse a su poder. Ninguno de sus lugartenientes que ha dejado con el poder se va a atrever liberarlos. Nadie tiene valor ni el poder para hacerlo. Este gesto le toca a usted, presidente. Usted ordenó a los fiscales y jueces de echarlos presos y botar las llaves de sus celdas, a usted le toca liberarlos antes de irse de este mundo.

Si no lo quiere hacer por humanismo, hágalo porque el país lo necesita. El país necesita enfocarse a resolver sus verdaderos problemas, y para esto va a tener que buscar formas de diálogo y entendimiento. Por esto su país necesita de su presidente un último gesto: la libertad para los presos políticos. Sólo usted lo puede dar. Sólo usted tiene el poder. Si usted lo ordena, nadie en su país se va a oponer.

Le deseo, para bien suyo y de su país, que encuentre la forma de hacer lo correcto mientras todavía pueda.

Le saluda un adversario político, pero que admira mucho su amado país Venezuela.

Saludos, Paolo Lüers
(Más!/EDH)

Columna transversal: Lo que rompió el balance y la inercia

Me niego a pretender que puedo producir un balance del año. Primero, porque los periódicos ya están llenos de ellos. Segundo, porque no hay balance posible entre lo bueno, lo malo y lo feo...
Me aventuro, sin embargo, a hablar de lo más importante y bueno del 2012: la tregua.

La tregua es el único evento político de este año que no era previsible. Nos agarró por sorpresa a todos y provocó un debate novedoso y productivo. Todo lo demás (los múltiples intentos de destruir la independencia de la Sala de lo Constitucional; la batalla por la Fiscalía; la compra de voluntades para nuevamente manipular la correlación de fuerzas establecidas en las elecciones legislativas; la guerra de desgaste entre el Gobierno y el sector privado; la ausencia de inversiones...) era "business as usual", como lo dicen los gringos, o "la misma mierda", como decimos en buen guanaco.

La tregua rompió moldes. Incluyendo el acostumbrado mapa político, con sus líneas divisorias tan claramente definidas. La tregua de las pandillas (y el proceso complejo de mediación entre las dos pandillas y entre ambas y el Gobierno) encontró, desde el principio, resistencia y apoyo tanto en la izquierda como en la derecha; tanto dentro del Gobierno como de sectores muy distanciados del Gobierno de turno.

Al principio la tregua provocó mucho más crítica y resistencia que comprensión y apoyo, a pesar de que de inmediato mostró resultados contundentes (una reducción dramática de los homicidios en el país). Cuando, además, la tregua (ya la baja de homicidios) no colapsó en una semana, ni en un mes, ni en medio año, como todos los "expertos" del tema pronosticaron, sino que más bien se fortaleció y se amplió abarcando a otros actores de la delincuencia y a otros delitos y formas de violencia más allá de los homicidios, en el país comenzó a aflorar en serio un proceso de reflexión y debate, no solamente sobre la tregua como tal, sino sobre el carácter de la violencia masiva en El Salvador y sobre los fenómenos sociales detrás de ella.

Y por primera vez este debate involucró a todos los sectores: iglesias, academia, medios, ONGs, empresarios. Incluso los menos dispuestos a debates innovadores, los partidos. Nos obligó a todos a repensar posiciones que durante décadas habíamos considerado inamovibles. Nos obligó como sociedad a encarar el problema de la violencia, en vez de seguir obviándolo y delegando la solución a los supuestos expertos y autoridades competentes. Que obviamente no solucionaron nada...
Lo interesante de este debate es precisamente que no se deja engavetar en ningún esquema tradicional. No es izquierda versus derecha, no es Gobierno contra la oposición, y tampoco es el Estado enfrentando al sector privado. Muchos prefieren seguir interpretando con estos parámetros la tregua, el proceso de mediación, y el rol que deben jugar actores como Iglesia, Gobierno, empresa privada, porque es menos doloroso y más cómodo, pero fracasan ante una realidad nueva que ya no se deja explicar y mucho menos influir desde estas perspectivas.

La tregua y las oportunidades que a partir de ella se abren para atacar con eficiencia el problema de la violencia epidémica, que estaba al punto de asfixiarnos como país, pero al mismo tiempo los problemas sociales y estructurales detrás del fenómeno de la violencia pandilleril, han despertado malestar y resistencia en tantos sectores, porque ponen en evidencia que no podemos seguir delegando la responsabilidad al Gobierno, mucho menos a sus brazos armados-represivos como la PNC y la Fuerza Armada.

Lo que pudimos observar durante todo el año 2012 es la gestación imperfecta pero aparentemente irreversible de un proceso de paz, no entre grupos criminales y el Gobierno, sino dentro de la misma sociedad. Los pandilleros han dicho en voz alta y con sorprendente claridad y consistencia que NO buscan una negociación con el Gobierno, sino un proceso de reconciliación con la sociedad y la reinserción a la vida productiva, cultural y cívica.

Para que esto se vuelva realidad, se necesitan reflexiones y, en algún momento, respuestas y acciones concretas por parte de todos los sectores de la sociedad, incluyendo la empresa privada. Esto es lo esencial, mientras que las respuestas que tiene que dar el Gobierno más bien son complementarias.
El Gobierno (entendiendo no sólo el Ejecutivo, sino igualmente los demás órganos del Estado y sobre todo las alcaldías) tiene que tomar las medidas adecuadas para que el verdadero proceso pueda seguir avanzando: el proceso dentro de la sociedad civil que puede llevar a la paz y a la reinserción definitiva de los 50 mil pandilleros y sus contornos familiares y sociales. Pero de este compromiso el Gobierno no se puede seguir zafando.

Hasta ahora esta responsabilidad la han asumido el ministro de Justicia y la mayoría de los funcionarios bajo su mando, pero no el Gobierno como tal. Por lo menos no más allá de discursos. Muestra: El presupuesto nacional para el 2013 no refleja en lo más mínimo que el Gobierno haya redefinido sus prioridades y esté focalizando su "inversión social", para responder proactivamente a las oportunidades abiertas por el proceso de la tregua.

El hecho esencial de que la tregua es un proceso dentro de la sociedad civil y no una gestión gubernamental, tiene su expresión fiel en los dos personajes protagónicos que lo hicieron posible: monseñor Fabio Colindres y Raúl Mijango. Sólo personas sin atadura política y con la libertad de pensar y actuar "fuera del cajón" podían lograr los aparentemente imposible: entender los mensajes novedosos en el discurso de los pandilleros; descifrar su situación como individuos y dentro de sus familias, comunidades y organizaciones delictivas; servir de traductores y hacer puentes con un nuevo ministro abierto a revisar los dogmas de la Seguridad Pública; retar a la sociedad civil a abrir los ojos y encarar los problemas y las oportunidades de solución...

Ningún político o funcionario del Gobierno hubiera podido jugar este papel. Y los dos mediadores al principio operaron con el truco de usurpar la representación de "la iglesia" y "la sociedad civil", respectivamente, porque era la única forma imaginable de iniciar el proceso; no hubieran logrado nada si fueran agentes encubiertos del Gobierno.

Por suerte supieron convertir rápido la mentirita del inicio en realidad: Lograron que personas e instituciones, que sí representan algo en la sociedad civil, aceptaran el reto y comenzaran a trabajar para darle sostenibilidad a la tregua y convertirla en un real proceso de paz.

Todo esto, en su conjunto, es lo mejor que pasó en El Salvador en el 2012. Es lo que rompió el balance de la inercia.
(El Diario de Hoy)

Carta ingenua a los partidos

Voy a respetar los sentimientos de paz y amor que la gran mayoría de nuestra población abraza en la época navideña. Voy a romper mi usual escepticismo y partir de las buenas intenciones en todos.
En este espíritu quiero dirigirme a los selectos círculos de personas que en última instancia hacen y deshacen en los dos partidos grandes. De ARENA siempre dicen que el COENA es una mesa falsa, pero nunca explican quiénes son los que en verdad dirigen este partido. Y del FMLN dicen que la tal Comisión Política es una instancia formal, pero que el poder real está concentrado en una especie de Politburó mucho más reducido...

Entonces, sin entrar en especulación de quiénes precisamente son ustedes que realmente dirigen los dos partidos mayoritarios, voy a aprovechar el tal espíritu navideño que nos llena a todos para hacerles una petición simple: ¡Asuman su responsabilidad por el país y su futuro! Construyan para el 2014 opciones viables, pero innovadoras y creativas para el crecimiento económico y la consolidación del Estado de Derecho, y expónganlas a la ciudadanía en debates serios, sinceros y constructivos.

Lo que estoy pidiendo a los partidos que no se escondan detrás de sus candidatos. Los candidatos son importantes, pero todos sabemos que los problemas del país son demasiado serios para dejárselos a dos personajes. Ni que fueran Superman versus Batman. Mucho menos cuando son dos señores de avanzada edad e limitada capacidad de interlocución con la sociedad civil no partidaria. Los dos partidos tienen que asumir su plena responsabilidad y construir dos proyectos políticos, con los cuales la sociedad puede conectarse, cada uno según sus preferencias...

Si ustedes no asumen esta responsabilidad histórica de abrir sus partidos a la sociedad, a la juventud, al centro social y político de la sociedad dejarán un vacío fatal que va a llenar un encantador de serpientes sin principios ni escrúpulos. A pesar de todos los pactos con el diablo que hemos visto en los últimos años (antes y después del 2009) todavía quiero creer que nadie de ustedes está dispuesto a correr el riesgo que el encantador de serpientes (que ya está acechando) regrese al poder. Jugar con el riesgo, por razones tácticas, es una cosa. Correrlo en serio es otra.

Aquí son tan irresponsables los que proponen la consigna "Todos juntos contra ARENA" como los otros que susurran "Todos juntos contra los comunistas". Aquí se trata de construir dos propuestas racionales: la propuesta socialista que prioriza en justicia e inversión social, y la propuesta liberal que prioriza en las libertades y el crecimiento —y de ponerlas a competir en un gran debate nacional. Y al mismo tiempo cerrar filas para defender la democracia contra el populismo y la corrupción que se disfrazan de tercera vía. La mejor defensa: no dejarles espacios.

Yo sé que suena utópico. Yo sé que significa procesos de depuración dolorosos en cada uno de los partidos. Pero es la única opción que tiene el país.

Usen estas vacaciones como oportunidad para reflexionar. Paren las campañas y reanúdenlas cuando toque y cuando tengan estrategias para el país.

Saludos, Paolo Luers
(Más!/EDH)