Carta al presidente del Banco Central de Reserva

Estimado Carlos Acevedo:

Tengo que decirte que me decepcionaste. ¿Cómo es esto de ir a la Asamblea y decirles a los diputados: “Se fueron tergiversando mis declaraciones. Nunca quise ofender a los diputados”? ¡Qué fácil y rápido te bajaron del caballo! Entraste todo un caballero, con toda la arrogancia que presta el poder, y saliste a pata.

Yo pensaba que eras más hombre, Carlos. Criticaste a la Asamblea, a la conducta de los diputados, y muchísimos estaban de acuerdo. Dijiste: “Cuando ellos tienen interés en algo, y normalmente tiene que ver con su propio interés pecuniario, ahí aprueban inmediatamente...”

Si fueras hombre de principios, en vez de pedir disculpas y retractarte, hubieras detallado tus acusaciones. Tu problema no era que lo que dijiste no era cierto - tu problema era que te quedaste en generalidades, en vez de decir con nombre y apellido quienes son los diputados (y los grupos parlamentarios) que funcionan en base de “interés pecuniario”.

No me digás que no lo podías decir porque no lo puedes comprobar. Si son ustedes mismos, en el gobierno que se apoda ‘del cambio’, que han sido parte de este chanchullo de comprar diputados, crear fracciones nuevas, y así conseguir mayorías parlamentarias que ya nada tienen que ver con la voluntad popular expresada en las elecciones.

Cuando yo leí tus primeras declaraciones que desataron la tormenta en el vaso de agua, pensé: “Ve, por lo menos a Carlos le ha causado dolor de estómago esta ‘gobernabilidad’ basada en pactos oscuros, traiciones y compra de voluntades...”

Y en vez de sostener tu posición, pero con nombre y apellido y con toda la información privilegiada que tenés como miembro del gabinete.... te ahuevaste. De repente la perversión más peligrosa de nuestra democracia era un malentendido. Disculpen y sigan igual, no hay pedo...

Lo irónico es que el escándalo se armó por lo que todos sabemos que es cierto. Pero nadie brincó por la otra parte de tus declaraciones, la que realmente es inaceptable para un funcionario público. Cito textualmente de La Prensa Gráfica: “El presidente del BCR asegura que si de él dependiera hubiera congelado las transferencias de fondos del Ejecutivo a la Asamblea para pagar salarios hasta que hubieran aprobado esa y otras leyes necesarias.”

Para esta arrogancia no hay disculpas.

Paolo Lüers

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Carta a mi colega Paolo Lüers

Normalmente no contesto más que en privado las opiniones que vierto públicamente. Por tratarse de un colega, lo haré. En primer lugar, si es verdad que hay un error en las cifras, pero ellas no hacen cambiar en nada mi pensamiento. Segundo, el Estado Fiscalizador que dices, o al que por lo menos haces referencia, se lo inventó el capitalismo y se aplica en los países con modelo económico de libre mercado. ¿Qué bienes puede fiscalizar un estado socialista de tipo marxista, donde la riqueza no está en manos privadas, sino en los dirigentes del partido ?

No es verdad que se llegue a extremos de un Estado Fiscalizador asfixiante, como quieres decir, cuando se vive un verdadero estado de derecho, y los impuestos se pagan sobre la base de la transparencia, donde paga más el que más tiene. ¿Qué tiene esto de estatizante?,¿ Acaso vas a acusar a Estados Unidos y la inmensa mayoría de países desarrollados de la órbita occidental, incluso los de América Latina, de aplicar medidas asfixiante contra los empresarios de sus respectivos países?

¿Qué estas defendiendo Paolo? La declaración patrimonial es un instrumento que sirve para cotejar los ingresos de una persona con sus bienes. Y para ser claro, en nuestro país nunca se ha aplicado porque se ha favorecido la evasión. Te pregunto: ¿Estás de acuerdo con la evasión fiscal?

También, y quizá más importante, la declaración patrimonial sirve para controlar el lavado de dinero. Si no me crees, pregúntale a los funcionarios que rigen la hacienda de los países democráticos del mundo.

Estoy muy de acuerdo con que los impuestos se paguen con absoluta rigurosidad. Aprovecho para aclarar que también creo que todos deben pagar impuestos, aun el trabajador más humilde con una muy baja contribución. El pago de los impuestos hace ciudadanos, lo contrario es fomentar la irresponsabilidad y el desapego hacia la causa pública.

Nacho Castillo

Carta a mi colega Nacho Castillo

Estimado Nacho:

hoy hiciste en tu columna una defensa de la declaración patrimonial que el presidente (vía su veto contra la decisión de la Asamblea) quiere mantener a huevo.

Primero, querido Nacho, no afecta a “quienes tengan ingresos de más de 75 mil dólares mensuales”, como tú dices. Tendrán que chulonearse todos los declaran para el impuesto de renta más de 75 mil al año o tengan patrimonio de casas o tierras de más de 300 mil. Que son mucho más que la mara se imagina...

Segundo, oponerse a esta medida no es tan inmoral como tú lo pintas. Quienes nos oponemos a un Estado fiscalizador que sabe y controla todo, no lo hacemos para evitar la investigación del lavado de dinero u otros ingresos ilícitos. Para esto hay leyes suficientes.

Se trata precisamente de esto: evitar un Estado fiscalizador que se mete en nuestras vidas, en nuestras casas, en nuestros asuntos. Se mete porque coleccionar datos es poder.

Piénsalo de otra manera, Nacho: No tiene ningún sentido que el gobierno obliga a sus ciudadanos declarar lo que posean (obras de arte, colecciones de antigüedades; artículos de lujo, vehículos...), si no hace el siguiente paso que es: entrar en su casa, con la PNC, con auditores o fiscales, para verificar la cantidad y los valores de los bienes patrimoniales.

¿Realmente queremos un Estado que pemrite a su gobierno llegar a tu casa para ver el valor de las cosas que adquiriste? Yo no.

¿Cuál sería el siguiente paso? Que el Estado verifique tus gastos, tus viajes, las locuras en las cuales te encanta gasta pisto... Auditar tu estilo de vida.

No puede ser que el estado nos trate de sospechosos a todos que tienen dinero o patrimonio. Una cosa es coleccionar datos en el marco de una investigación y un debido proceso. Otra cosa es que el estado recoja datos sobre sus ciudadanos sólo porque traspasen un límite de ingreso. No te olvides que Funes y su ministro Cáceres querían que el límite sea un ingreso de 30 mil al año...

Antes de defender a ciego todas las medidas de Casa Presidencial, pensemos: ¿Qué Estado queremos?

Saludos, Paolo Lüers

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El país de las maravillas: Premios

La entrega del premio María Moors Cabot a Carlos Fernando Chamorro hace algunos días, me detonó recuerdos de mi infancia asociados a Pedro Joaquín Chamorro, entre ellos el ritual cotidiano en el que acompañaba a mi padre a escuchar sus editoriales 5 en punto, de Radio Mundial y que creo fueron semillas en mi primordial conciencia política de que algo tremendo y amenazante sucedía en Nicaragua. Igual me vinieron como en ráfagas las imágenes de Pedro refugiado en el Gran Hotel rodeado de tanques y de tropas tras la represión sufrida por una manifestación popular que repudiaba el continuismo de Somoza y terminó en masacre aquel 22 de enero de 1967. Imágenes de Pedro preso y demacrado; recibiendo el Premio Cabot en 1977 y a los pocos meses, las de un Pedro acribillado. Estuve también como joven veinteañera, entre la multitud indignada y doliente que se lanzó a las calles a protestar y acompañar su funeral, tragando lágrimas y los humos de aquellos incendios del pueblo enardecido. Ese PJCH que luchó toda su vida contra la dictadura que lo asesinó cuando apenas contaba con 53 años y era una gran promesa para un pueblo que nunca tuvo la oportunidad de elegirlo, está grabado en el corazón de todos. Que sea Carlos Fernando quien haya alcanzado la alta distinción otorgada por la Universidad de Columbia por segunda vez a un periodista de Nicaragua, es el reconocimiento internacional al coraje y calidad de un periodista, pero también de la continuidad del vibrante legado periodístico y político de Pedro en este país. Una doble honra para CFCH.

  • La apuesta por la innovación y la autonomía

Recuerdo haber leído en tiempos pre-insurreccionales un libro titulado “Reforma o Revolución”, entre cuyos autores se encontraba Carlos Fernando. Desde entonces para acá, su vida y su trabajo periodístico han sido inseparables de la historia nacional y las tensiones que han significado los términos revolución y democracia. Como director de Barricada, acometió la insólita tarea de construir un híbrido entre un órgano partidario para la movilización y un periódico de interés general y de buen periodismo. La contradicción entre agenda noticiosa vs agenda política oficial fue permanente. Sin embargo, remontando toda suerte de obstáculos y disuasivos, logró formar –y formarse- de aquellos militantes, buenos periodistas hasta que en 1991 el periódico conquistó su autonomía y se ejerció el periodismo bajo estándares de rigor profesional. Los lectores apreciaron el cambio y la diversificación de la agenda incrementó la circulación al constatar que estaban recibiendo una bocanada de aire fresco: el ladrillo revolucionario se había convertido en un foro público, que daba espacio a todas las dimensiones de la vida nacional y a la crítica. El experimento no le hizo ninguna gracia a Daniel Ortega, que a contrapelo de la anuencia de sus pares, se empeñó en mantener el medio como su aparato partidario, persiguiendo a Carlos, hasta que destruyó el periódico.

  • Un intelectual ante el poder

Donde CFCH ha sido constructor de democracia y del ejercicio de la libertad, Ortega ha sido un destructor de las mismas. Así, destruyó la inversión de 15 años hechos en Barricada y ahora, con su retorno al poder ha pretendido destruir esos otros 15 años invertidos en la construcción de medios independientes como quedó demostrado con el abusivo allanamiento de CINCO. Ortega, el destructor, no sólo acabó con el FSLN como institución política, sino que ha acabado con los cimientos de la democracia en Nicaragua y hasta consigo mismo, tal es su propia bancarrota moral. Decía Jean Paul Sartre que “un hombre no es nada sino es un ser que duda. Pero también debe ser fiel a una cosa. Un intelectual…es esto: alguien que es fiel a una realidad política y social, pero que no deja de ponerla en duda.” CFCH siempre ha tenido esa capacidad de ser fiel a la realidad de Nicaragua y de dudar de las verdades absolutas (por mucho que Ortega crea que la suya es palabra divina). Siendo “hereje por vocación” como diría Bobbio, asumió que su responsabilidad era denunciar la mentira y aportar una visión crítica, cuyo poder radica en su propia autonomía y en una cultura basada en la universalidad de la razón, que presupone que todos los temas admiten la comunicación, el debate y el diálogo. Es por eso que CFCH emerge de estas tres décadas como conciencia crítica de la sociedad y defensor de las libertades y derechos de sus conciudadanos contra los abusos del poder. Algo que no soporta la mediocridad y el autoritarismo gobernante de ayer y de hoy.

  • Contra la censura y la autocensura

Con todo el bagaje político y la experiencia profesional acumulada, se fundó CINCO como un centro de pensamiento crítico y los espacios mediáticos desarrollados por CFCH en televisión, prensa, radio e Internet. Todos ellos comprometidos con la construcción de un estado democrático y una sociedad civil autónoma e informada, para garantizar la rendición de cuentas del poder. El periodismo investigativo y la reflexión, han marcado el quehacer de Carlos Fernando así como de todos los equipos de trabajo que hemos resistido juntos todas las formas de intimidación y hostigamiento, denunciando la corrupción de los sucesivos gobiernos y del sector privado, tanto como el desmantelamiento de las instituciones, las usurpaciones, los fraudes electorales y las violaciones a las leyes, pero también trabajando por mejorar la oferta informativa y la rendición de cuentas de los medios a los ciudadanos. La impronta de Carlos es actuar contra la censura y la autocensura, investigar la información que otros esconden y niegan al público, contar buenas historias, sentir indignación ante los abusos y amar este riesgoso pero a la vez gratificante trabajo de buscar la verdad y tener el coraje para decirla. Esa es la escuela de periodismo de CFCH y el aporte que le reconoce el Premio Cabot y que nos honra a todos.

(Confidencial/Nicaragua)

Carta a los diputados de ARENA

¿Y quién les ha dicho a ustedes que Ustedes son los representantes de INQUIFAR, o sea de la industria y los importadores de medicinas en la Asamblea?

Leí en los periódicos que “el partido de oposición ARENA propone que a través de una reforma al artículo 14 del Código de Salud se prohíba la compra de medicamentos no registrados y autorizados por el Consejo Superior de Salud Pública (CSSP)...” Un paso en la dirección equivocada.

Siempre pensaba que ustedes eran liberales. ¿Entonces, por qué no se atreven a proponer que el mercado de medicinas sea verdaderamente libre? O sea, que el Estado (y también cualquiera que quiere entrar en el mercado privado de medicinas) pueda importar libremente medicinas, con el único requisito que sean certificados por las instancias de salud de países que tienen normas confiables de control.

¿O me van a decir que medicinas que han sido examinadas y aprobadas por las instancias competentes de Alemania, Estados Unidos o Japón necesitan certificación adicional de un laboratorio salvadoreño?

Ustedes dicen que su propuesta es para evitar que el FMLN establezca aquí un negocio con medicinas de Cuba o Venezuela, parecido a como funciona Albapetroleo. Pero la receta para evitar esto no es más regulación y más protección del oligopolio existente. La única receta válida es liberalizar el mercado y obligar al Estado a comprar la máxima calidad al mínimo precio. Si hay mercado libre y además transparencia en las licitaciones y compras del estado, y al final las licitaciones las gane un consorcio que importa medicinas cubanas, ¿cuál es el problema?

La postura equivocada de ustedes significaría que el Estado, para comprar la medicina para el sistema público de salud y el seguro social, está condenado que aceptar la calidad y los precios que dicta el oligopolio existente. Y al final sólo será un pleito si dejan entrar o no a un actor nuevo al oligopolio.

Pero lo que necesitamos es liberalizar el mercado, abrir la competencia, y asegurar que el Estado no dependa de los precios inflados del mercado interno.

Si realmente quieren evitar una legislación peligrosamente regulatoria, como la quiere el gobierno de Funes-FMLN y donde el Gobierno pone los precios, tienen que apostar al mercado y la competencia, no al oligopolio indefendible.

Saludos, Paolo Lüers

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