Carta de adios a Héctor Silva

Querido Héctor:
Nos vas a hacer falta. Luego del episodio de este gobierno vamos a necesitar, más que nunca, a la gente decente, pensante y visionaria para reconstruir la izquierda salvadoreña. O sea, comenzar a construir una izquierda moderna. Es irónico: Ya no vas a estar con nosotros cuando al fin llegue la hora que tanto has anhelado: la hora de la izquierda democrática que trabaje para reformar y humanizar el sistema político y económico, en vez de seguir buscando como sustituirlo con modelos desfasados.


Siempre pensábamos que tu momento era en el 1999 cuando, siendo alcalde de San Salvador, apuntaste a la presidencia. Pero te diste en la madre contra el muro de ortodoxia y dogmatismo en el Frente. En vez de postularte para la presidencia, el partido te expulsó...

Luego pensábamos que tu hora era el 2004, cuando el país enfrentó el dilema terrible de escoger entre Schafik Handal y Tony Saca - y apareciste vos como candidato del centro y de la razón. Tampoco era tu hora. Vos no estabas hecho para enfrentar con decisión al FMLN proyectándote como la verdadera izquierda. El país prefirió el populismo de Saca como antídoto contra el comunismo. Los dos sabemos que de nada le ha servido esta decisión...

Tu verdadera hora histórica hubiera sido luego del fracaso de este gobierno Funes-FMLN, para recoger los pedazos de la izquierda y crear una fuerza socialdemócrata que sí puede fortalecer la democracia de nuestro país. 

Vos sabés que nunca estuvo de acuerdo que vos entraras a este gobierno del FMLN y de Funes. Sin embargo, tuviste tus razones para sí entrar, y las puedo respetar: Creíste firmemente que desde el gobierno se podía transformar al FMLN y convertirlo en una fuerza política responsable. Aunque esta ilusión se frustró, hiciste un buen papel en el gobierno. No te desgastaste en los estériles debates entre Funes y el FMLN, y no te metiste en el fango de la corrupción, del populismo y del cinismo que se ha apoderado de este gobierno. Juntos con otros, de dedicaste a cumplir bien con la administración pública, manteniendo abierta la opción de una futura izquierda responsable.

Aunque ya no estés cuando se trate de hacer realidad esta opción, serás uno de sus arquitectos. Adiós, Héctor!
Paolo Lüers
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Héctor Silva

Héctor Silva

¿Qué tipo de presidente hubiera sido Héctor Silva? Miles de veces me hice esta pregunta. Ante la disyuntiva que nos plantearon los dos partidos grandes en las elecciones del 2004: Schafik Handal o Tony Saca, yo me apunté a trabajar en la campaña de Héctor Silva. No tanto para que ganara, porque esto obviamente era imposible, sino para que nazca una tercera fuerza, una izquierda democrática.

Héctor fue un excelente alcalde capitalino. Encabezó exitosamente una coalición del Frente con el CDU y grupos ciudadanos independientes. Tan bueno que estuvo al punto de erigirse como candidato presidencial del FMLN para el 1999. Esta era la oportunidad del Frente de convertirse en una fuerza de izquierda moderna, plural, capaz de gobernar y reformar al país.

Pero lo que muchos vimos como oportunidad histórica, Schafik y los demás líderes ortodoxos dentro del FMLN lo vieron como peligro. Literalmente me dijo Schafik en 1998: “Prefiero perder las elecciones y mantener el carácter revolucionario del partido, antes de permitir que ganemos con Silva y nos convirtamos en un partido socialdemócrata.”

Quien sabe si Héctor Silva hubiera ganado en el 1999. Si hubiera peleado en serio la candidatura, nadie se la hubiera podido quitar. Pero Héctor no fue hecho para el pleito, siempre ha sido un hombre de la concertación, del equilibrio, del entendimiento. Sabía que si él insistía en su candidatura y si apostara consecuentemente al espirito de renovación que en estos años prevalecía dentro del FMLN, podía imponerse, pero al costo de la división del Frente y tal vez incluso de enfrentamientos violentos.

Se retiró de la candidatura y luego del partido. Historia que se repitió 5 años después con Oscar Ortíz, quien ganó las primarias, pero aceptó la decisión del partido de falsificar el resultado y declarar candidato presidencial a Schafik Handal. Con la diferencia que Héctor se apartó del partido y Oscar se quedó esperando su turno.

En el 2004 muchos vieron agotada la capacidad de ARENA de conducir el país en su camino a construir la democracia y el progreso. Los cinco años de gobierno de Saca confirmaron esta tesis. También vieron agotado el esfuerzo del FMLN de construir una mayoría alrededor de su modelo de socialismo autoritario. En este sentido parecía lógica la candidatura de Héctor Silva del 2004 y el esfuerzo de crear una nueva fuerza política capaz de romper la polarización.

Sin embargo, este esfuerzo fracasó. No solo el intento de ganar la presidencia, sino también el esfuerzo de crear una nueva fuerza política. Cayó en vano, porque Héctor y sus aliados nunca se decidieron a definir con claridad el carácter de esta nueva fuerza. Apuntaban de manera vaga a un difuso “centro político”, y nunca se atrevieron a decir: esta es la socialdemocracia disputando al FMLN el liderazgo en la izquierda.

Nuevamente, meterse en un enfrentamiento de este tipo no estaba en Héctor Silva, el hombre de los puentes y del diálogo.

Cuando en el 2009 Héctor Silva se sumó a la campaña de Mauricio Funes, yo lo critiqué fuertemente. No pudo entender -y lo dije en público - que luego de toda su historia con el FMLN llamara a votar por la bandera rojiblanca. Héctor me explicó que le daba el beneficio de la duda a Mauricio Funes: “Si este hombre realmente quiere desde el poder presidencial transformar la izquierda en una fuerza reformista y democrática, yo le voy a apoyar...”

Yo le dije: “Vos deberías saber que el FMLN nunca se iba a dejar transformar desde afuera, y tampoco por personajes que ellos consideran ‘tontos útiles’ y ‘compañeros de viaje’. Además, en este gobierno los únicos que realmente creen en una izquierda democrática, sos vos y un par de gatos que ahora son útiles darle credibilidad a la campaña... A Mauricio Funes no le interesa por nada este concepto.”

Lastimosamente, tuve razón. Héctor Silva se incorporó al  gabinete de Funes, como tal vez su mejor administrador público, pero no lo dejaron avanzar ni un milímetro a la realización de su ideal: romper la polarización creando una fuerte izquierda democrática.

Entonces, ¿qué tipo de presidente hubiera sido Héctor Silva si hubiera peleado en el 1098-99, hubiera tomado por asalto la candidatura de la izquierda y tal vez ganado? No se si hubiera sido mejor presidente que Francisco Flores, quien ganó en 1999. Pero seguramente, si Héctor se hubiera convertido en presidente en el 1999, la izquierda se hubiera transformado. Tal vez se hubiera dividido en una fuerza ortodoxa y otra reformista y socialdemócrata. Tal vez Silva hubiera fracasado, pero con dignidad, dejando huellas positivas. Estoy casi seguro que nos hubiéramos incluso evitado la recaída en el populismo y cinismo que marcan las presidencias de Tony Saca y Mauricio Funes.

¿Qué tipo de presidente hubiera sido Héctor Silva? ¿Un presidente como el alcalde Silva? Nunca lo vamos a saber. Héctor nos dejó, uno de los pocos hombres de la política salvadoreña que han logrado despertarnos confianza, esperanza y respeto, incluso en sus derrotas.

(El Diario de Hoy)
 




Carta a un amigo

Querido R.:

Cuesta creerlo: Te pegaron un balazo. A sangre fría, en la cabeza. Entre todos, a vos, un tipo que todo el mundo quiere en Suchitoto. Un tipo que vino del Norte para incorporarse a la comunidad, para echar riata, para enseñar.
De la nada, más bien con la fuerza de tu visión, levantaste una granja experimental, una escuela de agricultura, una empresa ejemplar. Donde no había nada más que la mísera economía de subsistencia, vos te imaginabas una oasis de creatividad, de eficiencia, de bienestar. Y la construiste.
Donde nadie se atrevía a pensar más allá de las subvenciones, del asistencialismo y de la limosna para los pobres, vos rompiste el círculo vicioso y enseñaste un camino para el progreso basado en creatividad.
Donde las ONGs y fundaciones siguen cultivando el culto a la pobreza, vos estás construyendo una utopía real basada en productividad y tecnología aplicada.
Pero estamos en El Salvador, un país donde la esperanza siempre está en peligro de ser apagada por la violencia. La barbaridad te alcanzó. Alguien, a saber quién y porqué, te quiso matar. Algún cobarde te pegó un balazo, sin dar la cara, anónimamente, de atrás.
Conociéndote no me puedo imaginar qué le puedes haber hecho a alguien para que trate de cortar tu mano que siempre estaba estrechada para que otros se levanten.
Ya sabíamos que nuestro país está enfermo. Pero esta noticia casi me hizo llorar. De rabia, de impotencia, de tristeza. Esto no puede seguir así. Hay que erradicar este cáncer y fortalecer las defensas del paciente.
Por suerte sos un tipo con siete vidas, y el balazo no te mató. Estoy seguro que tampoco se morirán tu granja, tu escuela, tu visión.
Levantate rápido, te necesitamos. Paolo Lüers
(Más!)

Carta a la Asamblea Legislativa

Carta a la Asamblea Legislativa

Estimados diputados:

Nos hemos olvidado que el primer órgano del Estado es la Asamblea Legislativa. Los que tienen la llave en sus manos para decidir sobre el rumbo del país, son ustedes, no el presidente.

Hoy, cuando el país tiene que ponerse claro sobre el rumbo de su política fiscal, es el momento de acordarse: el presidente propone, pero ustedes deciden. Momento de acordarse y de tomar acción audaz...

Ante el problema fiscal en que se encuentra este país a dos años y medio del gobierno FMLN-Funes, el presidente presentó a ustedes y la nación su propuesta: en vez de atacar el déficit reduciendo el gasto, prefiere cobrar más impuestos.

Funes propone una reforma tributaria que aumenta el impuesto sobre la renta a las empresas. Todas las empresas, con una sólo excepción: las informales que de todos modos no pagan nada.

Funes quiere trasladar el serio problema de liquidez del gobierno a las empresas. Lo que afectaría a las empresas (incluyendo las pequeñas) no es tanto el aumento de 25% al 30% del impuesto, sino las medidas ocultas dentro de este paquetazo: el aumento por 33% del pago a cuenta, lo que puede meter en crisis de liquidez a muchas empresas. Pero también hay un impuesto nuevo: el “impuesto mínimo” de 2% sobre el total de ventas. Esto pone en aprietos a  todas los negocios que tienen alto volumen de ventas, pero poco margen de ganancia. Miles de empresas tienen ganancias entre 0% y 5% sobre su total de ventas. Si les quitan 2%, algunos quiebran y otros se quedan con ganancias tan bajas que no vale la pena invertir. 2% suena poco, pero es entre el 50% y el 100% de las utilidades de muchas empresas.

La alternativa descartada por el presidente es: reducir el gasto, erradicar cualquier forma de gasto ineficiente y superfluo - como casi todos los demás gobiernos lo están haciendo: no sólo en Europa, también en Brasil, el gran modelo para Funes...

La decisión la tienen ustedes. Nadie más. O se deciden por aumentar impuestos y gastos, o por reducir gastos y aumentar el crecimiento. Así de simple.

Ustedes dejaron pasar la oportunidad de ejercer su responsabilidad sobre el rumbo del país, cuando sin ninguna discusión sobre austeridad aprobaron el presupuesto para el 2012. Hoy que el gobierno quiere aumentar los impuestos, es su última oportunidad para frenar y corregir.

Y no se olviden: los que van a elecciones no son el presidente y sus ministros, ¡son ustedes! Ustedes van a pagar la factura si ahora se equivocan o se acobardan.

Saludos, Paolo Lüers
(Más! y El Diario de Hoy)

Vea también: 
http://observador.elsalvador.com/obp/articulo.aspx/71057/6443484/un-presidente-que-se-cree-dueno-de-la-verdad 
http://observador.elsalvador.com/obp/articulo.aspx/71060/6443493/un-grave-error
http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=50839&idArt=6444947