miércoles, 18 de septiembre de 2019

Carta a los que van a habitar el nuevo Parque Cuscatlán: Es suyo. De Paolo Luers


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 19 septiembre 2019


Está bien que el presidente de la República y el alcalde de San Salvador hayan inaugurado el nuevo Parque Cuscatlán. El gobierno central y el capitalino van a tener que trabajar juntos para darle seguridad y mantenimiento. 

Pero es importante resaltar que el concepto de este parque y la iniciativa de diseñarlo, financiarlo y construirlo no nacieron en ninguna oficina, ni de la alcaldía ni del gobierno central. Nacieron de los sueños de un grupo de ciudadanos visionarios y de sus ganas de mostrar que se pueden hacer realidad trabajando juntos ciudadanos, empresarios, alcaldía, gobierno, comunidades y comunidad internacional.

En el camino hubo un nuevo alcalde y un nuevo presidente, pero el proyecto no se cayó, porque tenía una sólida base en la ciudadanía, la comunidad empresarial y los vecinos de la zona. El Parque Cuscatlán demuestra que cuando la ciudadanía toma el liderazgo y la iniciativa en sus manos, la política se adapta, aun en tiempos electorales y de cambios de gobierno. 

Cada vez que vayan al Cuscatlán a pasear para poner a sus hijos a jugar, a leer o a participar en algún evento cultural, tengan claro que este parque maravilloso no es un regalo de un presidente o un alcalde, sino que es fruto de la iniciativa de ciudadanos activos. El grupo de ciudadanos que concibió el concepto para el parque lo hizo tan bien, de manera tan visionaria, tan profesional, tan creativa, tan entusiasta y tan participativa que a la alcaldía y al gobierno no le quedaba otra que subirse al tren y apoyarlos. Los activistas de Glasswing, con su plan ambicioso, también contagiaron a empresarios, en El Salvador y en Estados Unidos, los enamoraron de la locura de construir, en medio de una ciudad en crisis de violencia, en desorden, en suciedad y caos vehicular, un parque precioso de calidad del primer mundo. La iniciativa ciudadana tuvo la fuerza suficiente para convencer incluso la embajada norteamericana y la AID que el nuevo parque con su impacto sobre todo el contorno urbano y social podría ser el primer paso determinante para revertir el deterioro de la ciudad capital.

Sin la capacidad de los ciudadanos organizados en Glasswing y otras organizaciones cívicas de soñar el futuro y entusiasmar a los incrédulos, este proyecto del parque nunca se hubiera realizado. Lograron encajar su propuesta con la necesidad de la alcaldía (en aquel entonces del FMLN, presidida por Nayib Bukele) de poner en práctica su discurso sobre la necesidad de reconstruir el tejido social; con la necesidad de la embajada de Estados Unidos de mostrar que no sólo querían apoyar la represión del delito sino también la prevención; con la necesidad de la empresa privada que estaba buscando modelos novedosos de gestión basados en concertación pública-privada; y con la necesidad de las comunidades vecinas de contar con un parque seguro, limpio y atractivo. 

En este sentido, cuando disfruten de este hermoso parque, sepan que sus promotores construyeren al mismo tiempo un modelo novedoso, más democrático y más eficiente de gestión pública. 

Debemos cuidar el parque, porque es nuestro, pero al mismo tiempo cuidar este modelo de iniciativa privada-pública que ha funcionado a pesar de los enfrentamientos y terremotos políticos que pasaron durante el largo tiempo de convertir en realidad el sueño del Parque Cuscatlán. Ambos, el parque y el modelo, son preciosos y necesitan que los asumamos como nuestros. Solo así van a sobrevivir y convertirse en modelos para realizar otros sueños.

Saludos, 


lunes, 16 de septiembre de 2019

Carta a los héroes civiles. De Paolo Luers

El desfile del 15 de septiembre, si realmente se tratara de representar una “Nación de Héroes”, lo deberían encabezar las enfermeras del Rosales, de Zacamil y los médicos del Seguro Social, seguidos por los veteranos y lisiados de guerra, tanto de las files del Ejército como de la insurgencia, seguidos por los líderes comunales de los barrios, quienes mantienen viva la lucha por una convivencia pacífica.


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 17 septiembre 2019


Estimados médicos, profesores, bomberos, enfermeras, trabajadoras sociales, pastores, curas, trabajadores de FOVIAL y ANDA:
Es entre ustedes que hay que buscar a los verdaderos héroes. Yo los encontré entre las enfermeras y los médicos que me tocaron en el Hospital MQ del Seguro Social, quienes con pocos recursos y condiciones adversas de trabajo hacen magia para cuidar y curar a sus pacientes. Entre ellos encontré a quienes deberían ser los protagonistas de una campaña “Nación de Héroes” para celebrar la Independencia.
Los profesores que no dejan solos a su alumnos en zonas donde nadie quiere trabajar, son héroes civiles no reconocidos, igual que los líderes de los barrios que para rescatar la convivencia diariamente se exponen a represalias de la policía y de las pandillas.
Héroes se encuentran entre las madres solteras y entre los bichos de barrios pobres que llegan a estudiar en universidades.
Y aunque se ha convertido en deporte nacional insultar de manera generalizada a los motoristas del transporte público como “cafres” o “animales”, entre ellos hay innumerables héroes que todos los días asumen la responsabilidad sobre la seguridad de sus pasajeros, de los alumnos que va a estudiar y de las mujeres que de noche regresan de las maquilas.
En cada oficio, civil o uniformado, hay malos elementos, pero también muchos buenos y algunos héroes. El error de la campaña “Nación de Héroes” del gobierno es que sólo hablaron de gente armada y uniformada. Pero no es el uniforme ni el arma que te convierte en héroe, es el espíritu de sacrificio y responsabilidad que mostrás en cualquiera que sea tu trabajo. El uniforme te puede convertir en héroe, pero igual en represor.
De todos modos, si de conmemorar la gesta de la Independencia Patria se trata, sus protagonistas no fueron militares sino ciudadanos valientes que asumieron una lucha cívica, no una lucha militar, para conquistar su meta.
Entonces, ¿por qué convertir hoy a los soldados y policías en la única cara de la “Nación de Héroes”? ¿Por qué convertir el 15 de septiembre, que debería ser una fiesta cívica, en un evento marcial? Siempre ha sido así, dirán algunos, y tienen razón. Pero nunca como este 15 de septiembre. Que yo recuerdo, nunca hubo una campaña publicitaria del gobierno tan militarista. Siempre pusieron a la Fuerza Armada a exhibir “destrezas militares”, pero no me recuerdo haber visto una escena como la que se dio el domingo frente a la tarima presidencial: jóvenes hincados frente al presidente, amarrados de las manos, con soldados “robocops” apuntándoles con fusiles. ¿En medio de una fiesta cívica nacional poner en escena las imágenes que en la realidad de las redadas masivas y los allanamiento de buses viven los jóvenes en las comunidades marginales? ¿Qué versión de lucha cívica estamos promoviendo?

El desfile del 15 de septiembre, si realmente se tratara de representar una “Nación de Héroes”, lo deberían encabezar las enfermeras del Rosales, de Zacamil y los médicos del Seguro Social, seguidos por los veteranos y lisiados de guerra, tanto de las files del Ejército como de la insurgencia, seguidos por los líderes comunales de los barrios, quienes mantienen viva la lucha por una convivencia pacífica. Luego los maestros con sus alumnos, los bomberos, los trabajadores municipales… etcétera, etcétera, etcétera…
Un desfile de este tipo no es tan fácil organizar. Con la PNC y la Fuerza Armada es chiche, porque son obligados a obedecer las órdenes del presidente. Pero a los héroes civiles del país no se puede dar órdenes, hace falta convencerlos, fomentar su iniciativa, respetar su independencia -y esto requiere de un presidente quien, más allá de la propaganda, dialogue con la gente y sus representantes. Muchos de los profesionales de salud y educación, así como los veteranos, se sienten atacados y chantajeados por el gobierno.
Tal vez el otro año, todos ustedes juntos organicen su propio desfile del 15 de septiembre, poniendo en el centro los héroes civiles.
Saludos, 



Mucho ruido. De Erika Saldaña


Publicado en EL DIARIO DE HOY, 16 septiembre 2019 


A la Asamblea Legislativa le aplica la frase “mucho ruido y pocas nueces”.
Con mucha frecuencia leemos en las redes sociales que los diputados manifiestan que un proyecto “cuenta con su voto”, cuando solo existe una idea medio dibujada. En la Asamblea están muy acostumbrados a endosar votos sin mayor pensamiento, sin considerar las implicaciones de sus decisiones. Para muchos, la foto y una nota en el periódico es más importante que analizar las complejidades y posibles resultados en la implementación de una ley.
Un ejemplo reciente: el pasado jueves se presentó en la Asamblea Legislativa una iniciativa para que los salvadoreños en el exterior puedan votar y elegir cinco diputados bajo una circunscripción exterior. La presentación de dicha propuesta tuvo el respaldo de al menos cuatro diputados de distintas fracciones legislativas. Los diputados deben tener claro varios conceptos antes de apoyar propuestas, para que no solo se queden en papel y enunciados de buenas intenciones.
El voto en el exterior ya se ejecuta para elecciones presidenciales, mientras que para las elecciones legislativas y municipales la Sala de lo Constitucional declaró la inconstitucionalidad por omisión en el año 2016, debido a que la Asamblea Legislativa no ha regulado los procedimientos, requisitos y garantías necesarias para que los salvadoreños en el exterior puedan votar y postularse en cargos públicos. A la fecha no han reportado avances.
Para garantizar el derecho de los salvadoreños en el exterior debería empezarse por simplificar la inclusión en el padrón electoral e incentivar el voto. En las elecciones de 2014 votaron 2,727 personas en primera vuelta y 2,706 en segunda vuelta, con un costo de 1.4 millones de dólares, mientras que el año 2019 votaron 3,808 salvadoreños, para lo cual se ejecutaron cerca de $250,000 dólares en una votación. Se tiene que evaluar las formas de volver más eficiente el ejercicio de dicho derecho, sino se corre el riesgo que pocas personas elijan cinco diputados.
Los promotores de dicha reforma deberían incluir una explicación de varios problemas que puede presentar otorgar cinco diputados a la diáspora salvadoreña. ¿La propuesta presentada ha considerado que el artículo 79 de la Constitución establece que las circunscripciones electorales se establecen en el territorio de la república? ¿Cómo se pretende salvar la constitucionalidad de la creación de un “departamento 15” fuera del territorio nacional para constituirlo como una circunscripción electoral?
Por otra parte, ¿de dónde sacan que cinco diputados es un número ideal para representación de salvadoreños en el exterior? El mismo artículo 79 de la Constitución establece que la base del sistema electoral es la población y que para su elección se adoptará el sistema de representación proporcional. En El Salvador, a la fecha, no tenemos un censo poblacional que nos diga cuántos salvadoreños somos y cómo está distribuida la población. El último fue realizado en el año 2007 y por ley tuvo que actualizarse en el año 2017, lo cual no se ha efectuado. Tampoco existen estudios técnicos que establezcan cuál es la representación que ejerce un diputado por grupo poblacional y si necesitamos más o menos diputados.
La labor legislativa no se reduce a “apretar un botón”. Los diputados son representantes de todo el pueblo salvadoreño y, por tanto, son los primeros obligados a salvaguardar el interés social con respeto a las minorías; pero su trabajo no puede basarse en conceptos abstractos como “el clamor del pueblo”. Deben considerar los pros y contras de una labor técnica como la emisión de leyes, si las propuestas son constitucionales o no y si cualquier cuestión que se solicita es viable. La Asamblea Legislativa ya no puede seguirse manejando como un foro donde lo que más abunda es el ruido y las fotos.

Re-entendiendo el patriotismo. De Cristina López


Publicado en EL DIARIO DE HOY, 16 septiembre 2019


Siempre creí que entendía el patriotismo. En abstracto, ese sentimiento de apego que los individuos tienen ante su tierra natal o adoptiva, ya sea por lazos comunes con las poblaciones, cultura, valores, o historia de dicha tierra. Y en específico, mi propio sentimiento de apego por mi El Salvador, ese que ahora que lo veo desde lejos se va tintando cada vez más de nostalgia y recuerdos romantizados. Y en el “huacal” de éste, mi patriotismo tan vagamente entendido, caben una universalidad de apegos y afectos, desde los superficiales que incluyen el antojo por las donas 2×1 de septiembre, la preferencia por cenar pupusas en domingo y el olor a Pollo Campero; como otros apegos más profundos, a la silueta del volcán de San Salvador, a la Oración a la bandera, a las plumas de Alfredo Espino y Claudia Lars, o el orgullo por los logros y éxitos de tantos compatriotas alrededor del mundo.
Pero la realidad es que esta noción de patriotismo resulta eminentemente incompleta y vacía, porque es absolutamente pasiva. Se basa en sentir y disfrutar de lo que, en conexión con nuestra tierra, resulta placentero y familiar. Si el patriotismo puede entenderse como amor, lo que vagamente pasamos tantos como patriotismo es un amor eminentemente pasivo y, por ende, egoísta. Recibe, pero no da. Es amor sin entrega. Y hay tanto narcisismo por ahí disfrazado de amor sin entrega. Tampoco es patriotismo lo que muchos llaman nacionalismo: ese no es más que la falta de curiosidad por lo ajeno, y como bien dijera Mario Vargas Llosa alguna vez, “el nacionalismo y el racismo son dos caras de la misma moneda”.
La semana pasada, durante el “acto cívico” del Mes de la Patria celebrado en uno de tantos centros escolares en el país, una estudiante de último año compartió su reflexión sobre el patriotismo en un discurso del que quiero citar (con su permiso) una porción que me pareció sumamente relevante para la re-interpretación del patriotismo como amor. Hablando de que dejar la Patria marca y duele precisamente por “la profundidad que puede llegar a tener el amor por nuestro país” les recordó Montserrat Fabregat al cuerpo estudiantil, padres de familia, y profesorado de La Floresta (centro educativo del que me gradué), que “solo se ama bien cuando se es libre”. Que la autora del discurso sea mi sobrina y que se me cruce enfrente mi absoluta falta de objetividad al juzgar los méritos de sus (en mi opinión de tía chocha, siempre brillantes) logros, no impidió que la sustancia de lo dicho me moviera a reflexionar sobre las maneras en las que deberíamos re-entender el patriotismo, enseñarlo y practicarlo.
Enumeró maneras que incluyen el servicio público, pero también el servicio comunitario: en pocas palabras, un tipo de amor activo, que incluye entrega y convierte el sentimiento en acción. Habló de estas maneras de hacer patriotismo como medios que podrían hacer avanzar a nuestro país y a su gente. Tantos son los elementos que en nuestro país, restan a su gente libertad: pobreza extrema, falta de seguridad, falta de educación de calidad, un sistema de salud inestable que privilegia la capacidad económica sobre la necesidad, discriminación a quienes son diferentes, etc. Y qué cierto es que “solo se ama bien cuando se es libre”. Si reconfiguramos nuestro entendimiento de patriotismo como el tipo de amor que incluye entrega y actos de servicio, iríamos vaciando esos obstáculos que a tantos quitan libertad. ¡Feliz Mes de la Independencia!
@crislopezg

sábado, 14 de septiembre de 2019

Reducción de los homicidios: oportunidad para la paz. De Mario Vega

Mario Vega, pastor general de la Iglesia ELIM

Publicado en EL DIARIO DE HOY, 14 septiembre 2019


El pasado 1 de septiembre, el periódico digital argentino Infobae dio a conocer una investigación en la que indaga sobre las razones detrás de la reducción de los homicidios en nuestro país. La investigación incluye una entrevista a un líder de pandilla en la que manifiesta que el “calmarse” es una decisión unilateral que tomaron a partir del inicio de la nueva administración ejecutiva. El 2 de septiembre el periódico español ABC Internacional publicó otro reportaje en el que reafirmó la resolución conciliadora que las pandillas mantienen a pesar de las presiones recibidas. Esa información hace más sentido como explicación a la reducción de los homicidios que el aceptar acríticamente que las cosas han cambiado tan radicalmente como resultado de hacer exactamente lo mismo que se ha hecho en los últimos veinte años. Sobre todo, porque existe un antecedente que es el proceso de pacificación de los años 2012 y 2013, cuando el descenso de homicidios fue similar al que ahora vivimos.
La situación muestra, en primer lugar, que existe una voluntad de parte de las dirigencias de las pandillas de buscar un cambio en las condiciones de seguridad nacional y, segundo, que poseen la estructura y coordinación como para sostener por tiempos prolongados un estado de relativa tranquilidad. Hasta ahora, según las investigaciones mencionadas, no hay ninguna solicitud a cambio. Pero, es obvio que la situación no podrá sostenerse a menos que se actúe en correspondencia con el gesto que vienen enviando. De acuerdo con lo que han expresado en otras ocasiones a medios de prensa, no esperan otra cosa más que oportunidades de inserción y superación para sus comunidades. Es decir, desmontar las causas de la violencia.
Ante este nuevo estado de cosas que a todos nos consta, la pregunta esencial es si estamos preparados como sociedad para caminar por la senda de la resolución pacífica del conflicto. Condición indispensable para ello es el desenfado electoral del tema. Mientras se continúe utilizando para elogiar o condenar a los responsables de la seguridad, presentes y pasados, difícilmente se alcanzará la serenidad que se necesita para una reflexión muy seria que implica vidas sagradas y únicas. No se trata de ser blandos con el delito y tampoco de exonerar a culpables de homicidios y abusos. Los culpables deben enfrentar las consecuencias de sus decisiones. De lo que se trata es de poner fin al ciclo vengativo que nos ha llevado a matarnos unos a otros. Se trata de evitar otros 23,000 asesinados para el presente quinquenio.
Si las medidas de fuerza ya se probaron abusivamente por dos décadas con los resultados que conocemos ¿no es tiempo ya de dar pasos audaces e innovadores? De manera directa o indirecta ya casi no quedamos salvadoreños que no hayamos sido alcanzados por la muerte de alguien muy querido. Pero si somos capaces de sobreponernos a la venganza y buscar salidas alternas, podremos escapar de la esclavitud de pagar crueldad con crueldad, inhumanidad con inhumanidad. De ese afán nadie saldrá ganador. Todos terminaremos perdiendo y siendo iguales a lo que más aborrecemos. Si Dios quiere vivir en el hombre y ser amado y servido en el hermano, sobre todo, en el hermano pobre, es ya tiempo que honremos nuestro cristianismo y actuemos en consecuencia.
Pastor General de la Misión Cristiana Elim

viernes, 13 de septiembre de 2019

Los políticos y la rueda del destino. De Manuel Hinds


Publicado en EL DIARIO DE HOY, 13 septiembre 2019


El mes pasado Mauricio Macri se convirtió en el más reciente de los políticos latinoamericanos que subieron al poder en las últimas dos décadas con enormes apoyos populares sólo para luego sufrir catastróficas derrotas políticas y personales. Hay pocos que recuerdan el brillo con el que subieron al poder Lula en Brasil, Tony Saca en El Salvador y varios presidentes de Perú que ahora están en la cárcel, o que, como Ricardo Martinelli, de Panamá, pasaron por ella, o que como Mauricio Funes y Alan García trataron de evadir la justicia, uno para mientras exiliado en Nicaragua, y el otro cometiendo suicidio, o como Dilma Rousseff, que perdió el poder antes de tiempo, o como Rafael Correa y tantos otros que simplemente se marchitaron en el olvido.
Los períodos del poder son tan efímeros en comparación con los subsiguientes años de declinación que los políticos latinoamericanos podrían parafrasear a Pablo Neruda diciendo: “Es tan corto el poder y es tan largo el olvido”. Pero es muy indicativo de la naturaleza humana que los nuevos, los que vienen ganando, siempre piensan que a ellos no les va a pasar, que lo que ellos van a decir al final de sus vidas es: “Fue tan largo el poder, y no existió el olvido”.
Para estos casos, “El consuelo de la filosofía”, escrito por Boethius, un ciudadano romano, es un libro muy apropiado. Boethius escribió el libro en una celda, esperando por un año la ejecución de su condena de muerte. El había alcanzado una posición altísima de comando en el imperio pero luego cayó verticalmente, vencido por sus enemigos políticos, que siempre existen, y que siempre tienen poder, aunque se vean pequeños.
En el libro una gran dama lo visita en su celda y lo hace que enfrente su realidad, para que luego se abra al consuelo. Le dice que no piense que la Fortuna le ha jugado una mala pasada. Le hace ver que no ha entendido que la vida es cambio, y que si bien ese cambio lo había llevado al pináculo, de igual manera con el tiempo lo tenía que llevar para abajo.
Tomando la identidad de la Fortuna, la mujer le dice: “La inconstancia es mi pura esencia; es el juego que nunca ceso de jugar mientras giro mi rueda en su siempre cambiante círculo, llena de alegría mientras llevo lo que está en el fondo al tope, y lo que está en el tope al fondo. Sí, sube en mi rueda si así quieres, pero no cuentes como una injuria cuando con la misma lógica tú comienzas a caer, como las reglas del juego van a requerir”.
Esto es muy difícil de entender para los políticos que creen que el cambio es algo que ellos han generado, cuando en realidad el cambio está en la vida, y nunca se detiene. Los errores más grandes los cometen cuando tratan de detener ese cambio continuo. Se vuelven reaccionarios porque no pueden entender que en la lógica de la vida ya el cambio no son ellos, sino otros. Aferrándose al poder cuando la Fortuna ya lo ha prometido a otros, cometen errores que aceleran y vuelven peores sus caídas. El no entender el cambio los hace rígidos y soberbios, a ellos y a sus partidos. Entonces los nuevos dueños del cambio los destrozan, como tantas veces ha pasado aquí.
La Fortuna le da un consejo que lo hubiera salvado y que hoy le dará consuelo.
“En realidad, mi misma mutabilidad te da causa para esperar mejores cosas. Así tú no te debes desgastar poniendo tu corazón en vivir de acuerdo a una ley que sólo sea tuya en un mundo que es compartido por todos”.
Así dice la Fortuna que, en este mundo, la única manera de evitar el desastre es regirse por las leyes de todos, por las instituciones, que son las que le dan estabilidad a una vida que siempre está sujeta a la rueda de la Fortuna. Los políticos que comienzan su camino del poder deben entender desde el principio que en la política nada es eterno, y que llegará un día en el que tendrán que bajar con esa rueda que los subió al principio.
Sabiendo esto no cometerán los errores que llevaron a Boethius, y a tantos otros, a sus tristes finales.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Carta a los críticos de nuestra Asamblea: No tiremos al bebé con el agua sucia. De Paolo Luers


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 12 septiembre 2019


No es demócrata quien, dándose cuenta que el parlamentarismo tiene una crisis de credibilidad, hace todo a su alcance para profundizarla, para sacar provecho político, partidario y personal.
Para los demócratas es obligatorio criticar los errores, negligencias, corrupciones de diputados o de fracciones partidarias, pero también es obligatorio defender a la Asamblea Legislativa como institución y como órgano de control al poder y al concepto del parlamento como representante plural del pueblo. 
En política pueden producirse vacíos, pero no se mantienen. Siempre hay quién los llene, quién los ocupe, quién se apodere de ellos. Si en una sociedad el parlamento pierde credibilidad -y por tanto poder-, el vacío resultante lo llenan los gobernantes. Un gobierno con menos control es un gobierno con más poder, más de lo que la Constitución le da. Se vuelve un gobierno peligroso.
Por esto es correcto ver el conflicto que el primer ministro británico Boris Johnson creó, queriendo eliminar el control parlamentario sobre su política del Brexit (o sea su propósito de sacar a su país de la Unión Europea, al costo que sea), como una crisis constitucional y de la democracia británica. Conociendo la tradición parlamentaria inglesa, Johnson va a perder esta batalla.
Aquí no tenemos esta tradición democrática y parlamentaria tan arraigada, y tampoco un sistema de gobierno parlamentario como Gran Bretaña. Tenemos un sistema presidencialista, que da más poder al presidente y menos a la Asamblea Legislativa. Y tenemos una cultura política donde se ha convertido en deporte nacional hablar mal de la Asamblea, de los diputados y de los partidos. Hablar mal no es lo mismo que criticar.
No me entiendan mal: hay mucho que criticar a los diputados, a las personas y los partidos que tienen diputaciones, pero no a costa del concepto republicano de un parlamento representativo de la diversidad y pluralidad política, social y cultural del pueblo.
El discurso que Bukele dio con motivo de los primeros 100 días de su gobierno, nuevamente estuvo lleno de menosprecio para la Asamblea. Ya conocemos su intención de movilizar al pueblo contra su parlamento y contra la idea del parlamento como instancia de control del gobierno. Para Bukele, el mandato mayoritario que ‘el pueblo’ le dio a él está encima de la voluntad parcial que representa cada diputado y cada partido.
Ante esta situación y el éxito que por el momento tienen los ataques del presidente contra el parlamentarismo, es necesario que la sociedad civil, sus organizaciones, voceros y creadores de opinión asuman la defensa del parlamento y del parlamentarismo.
No se trata de defender a los diputados, al presidente de la Asamblea, a sus comisiones, a sus decretos. Por lo contrario, para defender el concepto del parlamentarismo hay que pasar por la crítica racional, sostenida y solidaria a los diputados, las fracciones, las comisiones legislativas y sus actuaciones. Se trata de crear una cultura republicana donde se critica a los funcionarios para fortalecer la institución.
La parte de la sociedad civil que se articula políticamente, que genera opinión, que participa en iniciativas ciudadanas, tiene que entrar en un diálogo crítico con la Asamblea, sus miembros y liderazgos. Tenemos que contribuir a que la Asamblea pueda asumir su rol de contrapeso al Ejecutivo y de fuente de sabia legislación. Es la manera más eficiente de blindar nuestra democracia contra las tentaciones de una nueva clase de gobernantes populistas que está dispuesta a dañar la institucionalidad para fortalecer su poder.
La Asamblea necesita mucha ayuda porque no está haciendo bien su trabajo. Pero parte del desprestigio fatal que enfrenta en la población se debe a nuestro deporte nacional de hablar mal de ella. Sustituyamos este deporte infantil por una cultura que desarrolle la crítica y el diálogo con los diputados y sus partidos.
Saludos, 


miércoles, 11 de septiembre de 2019

La reflexión de los 100 días. De Manuel Hinds


Publicado en EL DIARIO DE HOY, 11 septiembre 2019


Hay tres maneras de ver los primeros cien días de una presidencia. Una, la que está más de moda en este momento, es verlos como un período para el cual los candidatos hacen promesas como muestra de lo rápido que van a actuar una vez en el poder. Cuando pasa el período la gente contrasta esas promesas con los resultados que el candidato ganador ha logrado. Esto da una idea de hasta cuánto el nuevo presidente logra cumplir con sus promesas, lo cual es un indicador de cuánto logrará de lo que prometió para su periodo completo. Visto desde esta perspectiva, lo que se puede esperar del equipo presidencial al final del período son muchos esfuerzos para argüir frente a la población que el nuevo presidente ha cumplido con todas sus promesas para los primeros cien días.
Otra manera de ver los primeros cien días es considerarlos como el período de la luna de miel, en el cual todo se perdona y se ve con gran optimismo. Visto de esta manera, el fin de este periodo marca el momento en el que el nuevo presidente puede esperar un cambio de humor en la población, que va a comenzar a ver su administración con un ojo más crítico.
La tercera manera es verlos como un periodo razonable de ajuste, en el cual las nuevas autoridades conocen en detalle los problemas del estado, dan un diagnóstico, y dan forma a una estrategia y se integran con el servicio civil para poder resolverlos. En esta manera de verlo, el final de este período debe ser un momento de reflexión para considerar los aciertos y los errores inicialmente cometidos y para realizar un ajuste de las ideas y de las personas para poder enfrentar el resto del período presidencial.
En la realidad, aunque últimamente se da mayor importancia a la primera interpretación de los primeros cien días, el gobierna haría bien en realizar que estos tienen algo de cada una de las tres maneras de verlos. Especialmente, debe darse cuenta de que dan una oportunidad de calibrar sus planes y sus expectativas de lograrlos dadas las limitaciones que inevitablemente la realidad impone. Dada la especial tolerancia de esos primeros cien días, la oportunidad es de oro, porque todavía el gobierno no está inmerso en uno de los procesos que pueden ser más destructivos para una administración: las cadenas que errores previos van estableciendo para acciones subsecuentes si estos errores iniciales no son reconocidos, y más bien se trata de justificarlos o negarlos. A través de estos procesos de justificación y negación, estos procesos se convierten en multiplicadores exponenciales de los errores iniciales, o de cualquier error en el camino, de tal manera que un error que pudiera haberse corregido en un instante, termina desviando al fracaso proyectos, programas o el accionar del gobierno entero.
Por eso, los gobernantes sabios siempre se han cuidado de mantener abiertos sus canales de comunicación, de tal manera que pueda conocer las opiniones buenas y malas, las alabanzas y las criticas que sus acciones están provocando en la población, y así, identificar los errores apenas se cometen. Saben que esto es sano no sólo porque estas críticas les permiten calibrar mejor sus políticas y acciones, sino también porque dan una salida segura y moderada a los sentimientos de descontento. Todo el mundo sabe que cuando esas salidas no existen los descontentos no desaparecen sino que revientan de pronto en resultados no esperados en las elecciones.
Pero hay otras tres razones por las cuales los gobernantes sabios dejan que la crítica y las confrontaciones con la realidad fluyan sin impedimentos. Como en el caso de poder corregir errores, estas tres razones actúan como mecanismos de defensa para la presidencia misma. Son defensas esenciales para mantener el poder en el funcionario que ha sido electo, evitando su captura sicológica por grupos cercanos a él. Los ejemplos de estos peligros pueden tomarse de toda la historia universal.
Las guardias pretorianas 
Es de todos conocido que cuando hay un funcionario que detenta poder (digamos, el Presidente), mucha gente siente la tentación de rodearlo no solo para ir compartiendo el poder con él sino también para írselo arrebatando poco a poco y trasladándolo a lo que en El Salvador se ha llamado históricamente “la rosca”. Lo esencial en ese proceso es aislar al presidente de toda influencia externa a la rosca, con lo cual le controlan toda la información que le llega y toda la gente que se le acerca. Controlarle la información lleva inevitablemente a controlarle sus acciones y decisiones.
En este punto es esencial notar que cuando se habla de la sabiduría de mantener la libertad de información esta es más importante para el Presidente que para el pueblo. Al fin y al cabo, el pueblo tiene infinitas maneras de mantenerse informado aún en los regímenes más tiránicos. El que fácilmente se puede aislar cuando se reprime la libertad de expresión es al Presidente mismo, que no tiene manera de contrastar lo que le dice su rosca.
Así, pues, la regla número uno para evitar la usurpación del poder es mantener la libertad de prensa. La número dos es estar al día con la critica y las observaciones allí expresadas.
La segunda razón adicional para dejar que fluya la crítica para evitar la usurpación del poder se orienta a cortar uno de los mecanismos principales usados por las roscas para dominar al que tiene el poder legítimamente —aunque haya libertad de prensa.
Memento Mori
Este mecanismo es la adulación, que puede ser tan fuerte como un muro de piedras para aislar del contacto con la realidad a cualquier líder legítimamente electo. Es tan fuerte que puede funcionar aun con libertad de prensa. Es tan fuerte que solo personas con mucho carácter y seguridad en ellos mismos lo pueden controlar, y eso solo haciendo esfuerzos muy conscientes para apartarse de la dulce tentación de la soberbia. Es bueno que lo hagan porque la adulación es el camino más fácil para arrebatarle el poder a alguien que lo tiene.
Los romanos, que conocían mucho las debilidades humanas, tenían métodos muy propios para combatir la adulación. Cuando sus generales tenían un triunfo decisivo para Roma, les dedicaban un “Triunfo”, en el que el general del caso desfilaba por la ciudad con su guardia y los tesoros y prisioneros que había conquistado, mientras toda la población lo vitoreaba. La impresión de cientos de miles de personas vitoreándolos, enmarcados en la grandeza de Roma, con las águilas doradas brillando al sol, era capaz de sacar a cualquiera de sus cabales. El homenajeado confrontaba esto en una cuadriga en la que solo iba él con un hombre atrás que le decía continuamente, Memento Morí  (recuerda que eres mortal). Ese mensaje era para beneficio de él, para que no se perdiera en las selvas sin salida de la vanidad.
Este no es el primer artículo en el que menciono Memento Mori. Lo he usado un par de veces como advertencia a personajes y partidos salvadoreños que se sintieron invencibles cuando yo estaba escribiendo estos artículos y que, por sentirse así, fueron vencidos. Todo el mundo ha visto pasar esto, no una sino varias veces, en nuestro país, y todos los que lo entienden saben que ellos no hubieran perdido como han perdido como partidos y como personas si no se hubieran cegado por la adulación. No hay remedio más bueno contra la adulación que la libertad de prensa.
Las defensas institucionales 
La tercera razón adicional para apoyar la libertad de prensa en términos del poder presidencial es que la mejor defensa de este, cuando ha sido obtenido legítimamente, está en todas las instituciones constitucionalmente establecidas del estado. El poder lo da el pueblo no directamente, sino a través de la Constitución, condicionado en el juramento de la presidencia al cumplimiento de ella. Sabiamente, la Constitución defiende la libertad de prensa. Subvertirla es subvertir la fuente misma de la legitimidad de la presidencia. Es abrir la puerta para los usurpadores. Sin la legitimidad de las instituciones, cualquiera puede usurpar el poder.
La Reflexión
Estos son temas sobre los que el Presidente Nayib Bukele puede reflexionar ahora que sus primeros 100 días han terminado, con algunos resultados prometedores —como la reducción de los asesinatos y las desapariciones, como el nuevo ambiente positivo para la inversión y los negocios, como la reorientación positiva de la política exterior—, con algunos no tan prometedores y con una perspectiva ominosa: los ataques que han recibido la crítica, la oposición y la libertad de prensa en estos primeros 100 días. Estos ataques se han encarnado no sólo en la prohibición de entrada de dos medios opositores a una importante conferencia de prensa del Presidente sino también en la actitud agresiva contra cualquier persona que exprese aún dudas sobre lo que el Gobierno está haciendo.
Los primeros 100 días no son determinantes. La presidencia Bukele todavía tiene frente a sí una página en blanco. Es crucial que vea su experiencia en estos primeros 100 días, acentúe sus éxitos, corrija sus errores y mantenga maduramente el mandato que legítimamente le ha dado la población, protegiendo los derechos de ésta y su propio derecho de conocer la realidad.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Hoy más que nunca: no a la autocensura. De Carmen Aída Lazo

Carmen Aída Lazo, decana de Economía de la ESES.
Ex-candidata a la vicepresidencia de la República

Publicado en EL DIARIO DE HOY, 10 septiembre 2019


A poco más de 100 días de inicio del nuevo Gobierno, hay decisiones y posturas de la administración Bukele que merecen ser aplaudidas y otras que merecen ser cuestionadas. Es normal que haya quienes enfaticen lo positivo, y otros resalten lo negativo, en función de su afinidad o no con los que ahora ostentan el poder, o a partir de su conocimiento o familiaridad con las diferentes políticas públicas anunciadas o en proceso de formulación.
En lo particular, percibo como aspectos positivos en estos primeros 100 días: las buenas intenciones que se han expresado con el fin de mejorar el clima para hacer negocios en el país, la mayor importancia que parece haber tomado el combate al crimen e inseguridad en las prioridades de política, la identificación de algunos proyectos con potencial de incidir positivamente en el país (como Surf City o el impulso al comercio electrónico). Como aspectos negativos, en cambio, puedo señalar: la no presentación de las declaraciones de probidad a tiempo por parte de la mayoría de funcionarios, persistencia de nepotismo y amiguismo en la designación de puestos clave, uso nuevamente de la partida de gastos reservados (partida secreta) y la reciente decisión de impedir la entrada a Casa Presidencial de dos medios digitales (El Faro y la revista Factum) a la conferencia de prensa en la que se anunció el proceso de creación de la CICIES. Esto último es una clara y alarmante amenaza a la libertad de expresión.
Este no es un artículo sobre la valoración de los primeros 100 días de este gobierno, por ello no pretendo que la lista de aspectos positivos y negativos sea exhaustiva. Es un artículo que tiene como objetivo hacer un llamado a buscar la racionalidad y ecuanimidad en los análisis que se realizan sobre el rumbo del país, pero sobre todo una exhortación a evitar la autocensura, es decir, a no expresar nuestras opiniones y valoraciones críticas por temor a las consecuencias que ello nos pueda acarrear.
Hay dos principales razones por las cuales muchas personas —inclusive en posiciones de liderazgo e incidencia— han optado por evitar cualquier cuestionamiento público a las decisiones gubernamentales. Una primera razón es el temor a los ataques y críticas en las redes sociales que se generan cada vez que uno osa hacer un señalamiento cuando se percibe que éste va en contra del gobierno en turno. Hay personas que se me han acercado y me han dicho frases como “quisiera decir lo que pienso, pero al ver el nivel de agresividad en las redes, me desanimo”. Mi respuesta es que no podemos permitir que nos ganen la moral. Todo lo contrario, las redes sociales fueron concebidas inicialmente como vehículos de expresión, no como campos de batalla en los que la ridiculización y las ofensas contra quienes piensan diferente están a la orden del día. A pesar de que los ataques de los partidarios del nuevo gobierno muchas veces rayan en lo absurdo, no nos podemos dejar intimidar.
A manera de ejemplo, hace algunas semanas señalé lo innecesario e indebido del nepotismo y recibí más de 600 comentarios, la mayoría de ellos sin estar siquiera relacionados con el tema en cuestión, sino solo enfocándose en descalificaciones e insultos. El nivel de toxicidad es tal que uno puede sentirse tentado a dejar de opinar, cuando más bien debería ser lo contrario: deberíamos dejar de tomar en serio la mayoría de esos comentarios y desarrollar una verdadera inmunidad ante esta agresividad digital, que, como alguien me dijo, por ratos nos hace recordar el esplendor del fascismo y el nazismo. Armémonos de valor y no sucumbamos ante el miedo a ser víctima de comentarios, muchas veces anónimos, que buscan herir y autocensurar.
Si bien es cierto el miedo a los ataques digitales es una razón relativamente nueva para la autocensura, la otra razón ha estado ahí siempre: el temor al daño que puede tener en los propios intereses expresar nuestra opinión, daño que se puede traducir en denegar un permiso gubernamental, alargar innecesariamente el otorgamiento de un permiso, aislar a una empresa o institución de ciertas oportunidades, etc. Lo cierto es que quienes ejercen el poder tienen diferentes mecanismos para desalentar la crítica, aun cuando esta crítica sea justificada. Es importante tener muy claro que no es lo mismo afirmar “demos el beneficio de la duda y acompañemos al nuevo gobierno en los proyectos que beneficien al país”, a sostener: “no digamos nada mientras no dañe nuestros intereses, aun cuando se amenace el balance de poderes y se vulneren las instituciones”. En otras palabras, no es lo mismo apoyar manteniendo una postura crítica, que adoptar una política de autocensura.
Todos esperamos de los liderazgos de la sociedad civil, de las gremiales, de los tanques de pensamiento, una posición de apertura, de objetividad, de apoyo al nuevo gobierno en los proyectos que ayuden a sacar adelante al país. Pero no esperamos sumisión e incondicionalidad, no esperamos que renuncien a su responsabilidad de señalar los errores, más aún cuando estos pueden vulnerar aspectos tan centrales sobre los que se construye nuestra democracia, como la libertad de expresión.
Defendamos la libertad de expresión, comenzando por ejercer la propia. Evitemos autocensurarnos.

Carta sobre la CICIES: ¿parto prematuro o aborto? De Paolo Luers


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 10 septiembre 2019


El presidente Bukele repitió varias veces que la Comisión Internacional contra la Impunidad iba a comenzar a investigar la corrupción antes de terminar los primeros 100 días de su gobierno. Incluso ahora, que ya venció este plazo (el domingo 8), sigue diciendo que cumplió su compromiso y que la CICIES ya está creada.
Es una mentira. Lo que el viernes 6 de septiembre firmaron la OEA y el gobierno Bukele en Casa Presidencial no fue el convenio de creación de la CICIES. Firmaron nada más una “Carta de Intención.“
Luego de un montón de considerandos, esta Carta dice:
Han convenido en suscribir la siguiente Carta de       Intención:
1.1. Las partes manifiestan su intención de establecer una CICIES y se comprometen a firmar un Convenio con este propósito dentro de los tres meses siguientes a la firma de esta Carta de Intención, el cual entrará en vigencia una vez se cumplan los procedimientos legales internos correspondientes.
1.1.1. No obstante su establecimiento definitivo conforme al artículo anterior,  con la suscripción de esta Carta de Intención, las partes instalarán la CICIES a efectos de avanzar la cooperación con las instituciones nacionales competentes…
Cito textualmente este párrafo, porque es una joya de lenguaje de engaño. Me parece increíble que el Secretario General de la OEA haya autorizado este párrafo, que tiene un solo propósito: salvarle la cara a Nayib Bukele y permitirle decir que cumplió su compromiso de los 100 días de “instalar“ la CICIES (según artículo 1.1.1.), aunque no esté “establecida” (vea artículo 1.1.). Así que nos instalaron un volado inexistente…
La CICIES no existirá hasta que exista un Convenio (en 3 meses), y hasta que este cobre vigencia “una vez se cumplan los procedimientos legales internos correspondientes”; o sea, hasta que lo haya ratificado la Asamblea Legislativa, previa negociación con los partidos representados en ella y con la Fiscalía.
Aquí no mencionan el punto clave: existe un requisito para que la CICIES pueda iniciar su misión de investigar la corrupción, la luz verde de la Fiscalía General de la República, que tiene el privilegio constitucional de la investigación y acción penal.
Y no es un simple aval que necesita una CICIES de la Fiscalía. Necesita que la Fiscalía le delegue transitoriamente parte de sus facultades. Pero como la Constitución dice que son facultades indelegables, la Fiscalía sólo puede autorizar a una CICIES que las ejerza conjuntamente con la ella. Quiere decir que la CICIES va a trabajar de la mano con los fiscales, o no va a poder trabajar, a menos que se quede a nivel de un organismo de propaganda como la difunta Secretaría de Transparencia de Funes y Sánchez Cerén.
Aquí la lista de las cosas esenciales que la CICIES, así como la concibe el gobierno Bukele (sin convenio con la Fiscalía General) NO podrá hacer, porque la Constitución no se lo permite:
-citar testigos 
-ordenar arrestos 
-allanar oficinas y casas 
-decomisar documentación o bienes 
-solicitar información bancaria 
-solicitar datos financieros a organismos extranjeros 
-dirigir investigaciones policiales
-acusar ante tribunales 

Todas estas son facultades y deberes exclusivos e indelegables de la Fiscalía. Una CICIES que no nace de un convenio con la Fiscalía no tendría esta facultades, lo que significa que no podrá dedicarse a investigación penal. Solo dispondría de los elementos, documentos, pruebas que el Gobierno les proporcione. Sería una Comisión Presidencial nada más. 

Otra vez nos hicieron fraude de etiqueta, esta vez con la complicidad Secretario General de la OEA, Luis Almagro. Firmaron una carta de intención y nos la vendieron como el lanzamiento de una CICIES. Pero esta, así como la conciben, nunca funcionaría como arma contra la corrupción.
Saludos,













Los primeros cien días. De Cristina López


Publicado en EL DIARIO DE HOY, 9 septiembre 2019 


Es de humanos lo de buscarnos atajos. Es lo natural, en un mundo de constante dinamismo y complejidad, que intentemos en la medida de lo posible idear y construirnos heurísticas que nos permitan simplificar lo complicado y hacerlo más digerible. El problema se da cuando convertimos estos conceptos arbitrarios en criterios sólidos para medir o apreciar situaciones complejísimas. Ejemplo de lo anterior es el concepto, completamente mediático por cierto, de tomar “los primeros cien días” de una administración presidencial como un marcador para evaluar desempeños. No es único de nuestros paraísos tropicales: de hecho, es posible que el fetiche original (no por ello menos vacuo y arbitrario) de ver los “primeros cien días” como un hito estándar para calificar el desempeño de una nueva administración presidencial venga de la prensa política estadounidense, cuyo principal pecado ha sido cubrir la política como entretenimiento y con tal de satisfacer la voracidad de la demanda por entretenimiento, convertir cualquier cosa en noticia.
Por si no quedaba claro en lo dicho anteriormente: por supuesto que considero lo del hito de “los primeros cien días” una medida absurda. ¿Por qué cien? Constitucionalmente, valen lo mismo en términos de límites de poder y alcance administrativo cien días, diez días, y trescientos días. Y los problemas de este tipo de “hitos” inventados por los medios para juzgar administraciones presidenciales no terminan en la arbitrariedad de su naturaleza. En lo que a expectativas se refiere, introducen un incentivo absurdo para quienes están en el poder para inflar la burbuja de logros con puro aire, respondiendo a la demanda mediática de contenido con una oferta de superficialidades.
Superficialidades, sí. Porque cuando los principales problemas de una nación como la nuestra son de naturaleza estructural (inequidad, pobreza, delincuencia, impunidad, etc.), cien días y un par de reformas legislativas no alcanzan para “arreglar” ningún problema. La mejor vara para medir a populistas y demagogos, de hecho, es la cantidad de “arreglos” que prometen. En realidad, es posible argumentar que un período presidencial completo no alcanza para solucionar del todo la totalidad de problemas que aquejan a un país. Lo anterior no justifica períodos presidenciales más largos, sino políticas de Estado, de las que trascienden períodos presidenciales y partidos políticos, de las que más bien marcan rumbos que deben seguirse de manera consistente y no soluciones equivalentes a pegarle un parche a una llanta perforada.
Por eso es necesario tomarse los “logros” publicitados en la marca inventada de los primeros cien días con una buena dosis de sano escepticismo —del sano, del que no peca de cinismo, obstruccionismo o sabotaje, sino que se ancla en realidades—. Por ejemplo, el mero anuncio de que tendremos nuestra propia Comisión Internacional Contra la Impunidad no amerita agregar un cheque de promesa cumplida a la larga lista de expectativas que pesan sobre nuestras autoridades. El cheque deberán ganárselo y será cuando quede verdaderamente demostrado y documentado que dicho organismo será, principalmente, independiente en su capacidad investigativa y segundo, que sus hallazgos y conclusiones tendrán consecuencias jurídicas que ejecute el Ministerio Público y el Órgano Judicial. La simple firma de un acuerdo, como tal, no es más que un cascarón que podemos llenar de peticiones y expectativas, pero no constituye en sí mismo un hito que merezca alabanzas mediáticas. Darle importancia inmerecida a “los primeros cien días” distrae de la realidad de que en un sistema transparente, la evaluación de la adm inistración presidencial debe ser una tarea de todos los días.
@crislopezg