Carta a los partidos: Bájense los pantalones

¿Qué les pasa? ¿Encargaron el nombre de su partido a los creativos de su agencia de publicidad, o a su asesor espiritual?

Ya los nombres no expresan posicionamiento político, sino tratan de expresar sentimientos. Veamos los 3 últimos partidos que ha surgido en nuestro país: Vamos, Nuevas Ideas, Nuestro Tiempo.
Conociendo a Josué Alvarado de Vamos, su trayectoria, sus pensamientos, me pregunto: ¿Por qué no le puso Partido Socialcristiano a su proyecto político. Por que esto es lo que es – ¿y qué tiene de malo identificar su ideología y sus principios claramente ante los ciudadanos?
La misma pregunta me hago con Nuestro Tiempo. Conociendo a Johnny Wright y el equipo que está fundando este partido, les hago la misma pregunta: ¿Por qué no se definen claramente como los liberales progresistas o demócratas radicales que son? ¿Por qué su partido no surge como Partido Liberal? ¿Acaso no existe una gran demanda de políticas liberales para hacer contrapeso al mercantilismo y conservadurismo social de ARENA, al estatismo del FMLN y al populismo de Bukele?

¿Y Nuevas Ideas? Ahí no tengo idea de cómo tendría que llamarse, porque nadie logra detectar su identidad ideológica. Tal vez este tipo de partidos, que son tan pragmáticos que no quieren asumir ninguna identidad ideológica, tienen que escoger sus nombre de la caja de herramientas del mercadeo – y llamarse, por ejemplo, Nuevas Ideas…

Esto de los nombres pipiri-nice de los partidos no es un problema salvadoreño. Macron llegó al poder con un partido liberal, pero le dio un nombre patético: La République En Marche! – ¡República en Marcha! Le ayudó a ganar el poder, pero ahora está pagando un gran costo, ya que nadie sabe qué diablos representa este partido.

En España, como respuesta a la crisis de los dos partidos tradicionales (el socialdemócrata PSOE y el conservador PP), surgieron dos partidos nuevos: en la izquierda un partido neo-socialista y populista, pero que se escode detrás de un nombre que suena como el lema de estos personeros que dan charlas de cómo encontrar el éxito y la felicidad: Podemos

Y el otro partido emergente esconde su agenda liberal y centrista detrás un nombre tan genérico que cualquiera lo podría adoptar: Ciudadanos.

En Ucrania, el actor que se acaba de convertir en el nuevo presidente, mandó a sus publicistas a armarle un partido con el nombre absurdo Siervo del Pueblo. Con razón, ni en su país ni afuera nadie tiene la mas mínima idea qué tipo de políticas va a tratar de realizar. Pero esto es el truco: Igual que aquí las nuevas ideas de Bukele pueden ser de izquierda o de derecha o todo lo contrario, el nuevo presidente de Ucrania puede ver qué le ofrecen Putin, Trump y Bruselas, antes de tomar sus decisiones políticas…

En Guatemala están llevando al extremo absurdo la ensalada de partiditos con nombres más de sala de té que de partidos: Semilla, Valor, Todos, Esperanza, Encuentro,
Visión con Valores, Mi País, Winaq (Ser Humano), Victoria, Vamos por una Guatemala Diferente…

En la confusión política e ideológica que existe en casi todo el mundo, me parecería sano regresar a una gama de partidos que se identifiquen con una clara ideología, principios bien definidos, un programa de partido que los distingue de todos los demás, y de preferencia con un nombre que exprese todo esto. El Frente debería al fin abandonar el nombre de la ex guerrilla y discutir en serio si quiere ser un partido comunista o un partido socialdemócrata – y expresarlo en su nombre. Debería reafirmar si sigue afiliado al Foro de Sao Paulo del socialismo del siglo 21, o pide membresía en la Internacional Socialista de los socialdemócratas – y comportarse como tal.

Los de Nuestro Tiempo deberían de un solo identificarse como liberales y afiliarse internacionalmente con el partido de Macron y con Ciudadanos. VAMOS debería fusionarse con el PDC y afiliarse a los partidos demócrata cristianos del mundo. Nuevas Ideas debería de una solo llamarse Partido Bukeliano, en la amplia tradición de los partidos caudillistas en América Latina.

Menos folklore, menos marketing barato, menos confusión, más transparencia política.

Saludos,


Carta a Fabio Castillo: Hablar contra corriente

Estimado don Fabio:
Me han gustado mucho las dos entrevistas que acaba de dar, en El Diario de Hoy a Ricardo Avelar y en TCS a Federico Zeledón. No importa que uno no esté de acuerdo con algunas de sus posiciones, lo agradable es que alguien tenga posiciones claras, que las exprese libremente y que no las adapte a lo que actualmente es considerado políticamente correcto.

Entre las figuras políticas e intelectuales del país usted es de los muy escasos que piensan y hablan contra corriente. Se agradece, porque los oportunistas nos sobran en este tiempo del reseteo del poder y de los reposicionamientos políticos frente a las nuevas correlaciones de poder.

¿Quién más tiene la independencia y el valor para decir que sí se necesita una amnistía para los miles de personas que en el contexto de la guerra violaron leyes y cometieron delitos?
Nadie (de las personas fuera de cualquier sospecha de buscar un beneficio propio) se atreve a argumentar que nadie, ni las víctimas y sus familiares, ganará nada con tal que los responsables de crímenes de guerra pasen su vida en la cárcel.

Que bueno que un personaje de la credibilidad de usted se sienta con la solvencia de decir un par de verdades, aunque contradigan las leyendas históricas que se han construido en al país:
…que no es cierto que la impunidad para los protagonistas de la guerra sea responsable del auge actual de la violencia;
…que la Comisión de Verdad presentó al país un informe valioso para enfrentar nuestra historia, pero que no lo confundamos con la Biblia ni tampoco con la sentencia inapelable de un tribunal, resultado de un procedimiento formal de acusación y defensa validando o deslegitimando pruebas y testigos;
…que el país tal vez necesita una Comisión Independiente para investigar la corrupción, pero que no hay ni necesidad ni justificación para que esta tarea sea delegada a instancias o expertos internacionales;
…que por supuesto los delitos, todos los delitos sin excepción, tienen que prescribir en algún momento y que por tanto es incompatible con la seguridad jurídica querer decretar que ciertos delitos, por ejemplo de corrupción o de ‘lesa humanidad’ nunca prescriban;
…que aquí la categoría de ‘crímenes de lesa humanidad’ se usa con irresponsabilidad en todo este debate sobre amnistía y prescripción.
Con estos comentarios, usted mató a varias vacas sagradas. Pero alguien lo tiene que hacer si queremos abrir un debate racional sobre temas tan delicados como corrupción, impunidad, amnistías y reconciliación. Las vacas sagradas, los mitos, las leyendas y los dogmas de corrección política son obstáculos para el debate, y por tanto para la construcción de consensos.

Qué bueno que ahora estos obstáculos están siendo desafiados por alguien como usted, a quien nadie puede acusar de malas intenciones contra el Frente o contra el presidente electo. Espero que salgan otras mentes independientes y críticas al encuentro de los debates necesarios sobre impunidad, justicia, verdad y reconciliación. No importa que estemos todos de acuerdo, de la variedad de posiciones honestas vamos a construir consensos.

Saludos,


Carta a la Asamblea: Mejor no legislar que mal legislar

Cuando la Sala declaró inconstitucional la amnistía y mandó a consensuar y redactar una Ley de Reconciliación, dejó al país una tarea bien complicada. La nueva ley no podía volver a dejar impunes todos los crímenes, ciertamente no los de lesa humanidad – pero tampoco podía dejar la puerta abierta para que todos los hechos de guerra, insurgencia y contrainsurgencia llegaran a los tribunales, haciendo colapsar no solo el sistema judicial, sino el sistema de postguerra en general.

Viendo lo delicado del asunto, publiqué en julio 2016 una columna titulada “Cállese, señor presidente”. Escogí un titular tan drástico, porque Salvador Sánchez Cerén había anunciado que iba a presentar a la Asamblea esta ley. Entonces, mi consejo fue: “El presidente (y todos los demás ‘implicados’ de todos los bandos), por decencia y prudencia, tenían que apartarse de este debate. Si no, la posible solución sería inmediatamente percibida como un nuevo pacto de los protagonistas de la guerra de evadir su responsabilidad”.

Mi propuesta fue: La solución a este dilema, para tener validez, esta vez tiene que surgir de la sociedad civil, incluyendo las víctimas, y no de las partes beligerantes.”

Al fin el gobierno, sabiamente, no hizo nada, pero nadie asumió la responsabilidad y la tarea. Así que no pasó nada.
En marzo, ya casi terminándose el plazo que la Sala había dado, escribí en otra columna: “Lo que hubieran tenido que hacer los poderes del Estado (Presidencia, Asamblea, Corte Suprema) es convocar una ‘Comisión de sabios’ (compuesta por rectores de universidades, representantes de iglesias, penalistas, constitucionalistas y otras personalidades de prestigio moral e intelectual) para organizar debates tanto públicos como académicos, y que de ellos surja una propuesta de Ley de Reconciliación que llene el vacío que dejó la derogación de la Amnistía de 1999.”

Tampoco se hizo. Al fin se configuró el peor de los escenarios: en la Asamblea se articularon propuestas, que de antemano provocaron desconfianza porque fueron presentados por protagonistas de ambos bandos de la guerra. Primero Rodolfo Parker, luego Nidia Díaz y Jorge Handal juntos con el general Vargas y el coronel Almendariz. Para mi criterio, sus propuestas, siempre mejorables, son racionales y mesuradas. Pero por razones obvias, en la opinión pública no generaron ninguna confianza.

Claro que no, porque la iniciativa no tenía que surgir de ellos, sino de la sociedad civil. Y cuando digo sociedad civil, no es idéntico, como muchos piensan con las organizaciones que asumen la representación de las víctimas de represión y crímenes de guerra cometidas por fuerzas gubernamentales y paramilitares afines. Estas organizaciones, que también presentaron una propuesta de ley y objetaron las que surgieron de la Asamblea,  deben tener voz, pero no la representación, ni de las víctimas en general, ni de la sociedad. La peor solución del dilema actual sería que todo se arregle en una negociación entre las organizaciones que sumen la representación de una parte de las víctimas y los diputados.

Nunca es tarde. Todavía pueden sentarse en una mesa ‘los sabios’ y llegar a una solución que nos saque de este dilema entre los dos imperativos -justicia y paz- y se enfoque en el imperativo de la verdad. Nunca van a estar contentos todos. En ambos bandos históricos hay quienes aparte de verdad y justicia quieren venganza. Por otra parte, también en todos los bandos históricos, hay quienes abogan por el olvido, porque no quieren que se sepa la verdad. Ambas posiciones son fuertes, pero minoritarias. Minoritarias entre los protagonistas de derecha e izquierda, minoritarios entre los familiares de las víctimas, y aun más minoritario en la sociedad. La mayoría de los salvadoreños hace tiempo ha perdonado a quienes durante la guerra les violaron derechos, pero también están interesados en conocer la verdad. No quieren olvidar, pero si poner punto final al capítulo de la guerra.

Propongo que la Asamblea no emita ninguna Ley de Reconciliación, mientras que desde la sociedad no surja una propuesta desinteresada y racional. 
Saludos,


El vacío de liderazgo es también un vacío de contenidos. Columna Transversal

Así como está, ARENA no cumplirá su papel de ‘oposición responsable’, ni tampoco está generando las condiciones para garantizar que luego del 2021 quede en pie una oposición capaz de hacer contrapeso al gobierno. Así lo vemos desde fuera, con preocupación, porque por más hartos que estemos de los partidos, necesitamos que exista un contrapeso opositor.

De paso, definamos qué significa ‘oposición responsable’. Hay una controversia muy superficial sobre si significa oposición ‘constructiva’ que genera gobernabilidad, o si significa oposición consecuente al proyecto político del gobierno entrante. Es una controversia superficial, porque ve el problema en blanco y negro, como si la oposición tendría que decidirse, de una vez por todas, o por ser ‘constructiva’ o por ser ‘destructiva’. Y no es así. No es blanco o negro. No es excluyente. La responsabilidad que una oposición tiene que asumir no sólo reside en la disposición constructiva de apoyar al gobierno en las iniciativas que benefician al país – sino que reside también en la disposición ‘obstructiva’ de evitar que prosperen iniciativas del gobierno que debiliten la institucionalidad democrática y constitucional del país.

Quien sólo asume una de las dos responsabilidades de la oposición está condenado al fracaso. Las dos son indispensables y complementarias.



En ARENA se dan confrontaciones fuertes, que todo el mundo siente que tienen que ver con cómo asumir su papel opositor, pero sin que las contradicciones se articulen políticamente. La confrontación, en vez de articularse políticamente, se queda en pleitos personales y del poder. Mientras no hay un debate político que transparente las diferentes posiciones y propuestas, no habrá solución. Pueden haber arreglos, pero no habrá solución.

Muchos piensan que el actual conflicto dentro de ARENA es la prolongación de las divisiones que se generaron en las elecciones internas del año pasado para definir al candidato presidencial. Pero no es así. El pleito actual poco tiene que ver con las divisiones entre quienes apoyaron a Carlos Calleas y los que apoyaron a Javier Simán – y ya no sigue las mismas líneas divisorias. Calleja y Simán ambos eran renovadores que trascendieron la manera tradicional de hacer política en ARENA. Si en algún momento se hubieran unido para juntos renovar al partido detrás de una plataforma programática, con seguridad existiera hoy un partido opositor fuerte que no dejaría la iniciativa al presidente electo.

Hoy ya no se trata de candidaturas, que es un asunto que divide, sino de definir el ADN del partido y su rol ante el desafío de un gobierno populista – y en este debate de fondo Simán y Calleja defienden objetivos muy parecidos: superar las políticas clientelistas, pero también las mercantilistas a favor de sectores de poder detrás del partido; recuperar los principios republicanos como ejes rectores de la política; defender la independencia de las instituciones, no sólo cuando esto favorezca a intereses propios, sino por vocación constitucionalista y democrática.

Algunos que en la contienda por la candidatura apoyaron a Calleja, hoy se consumen con propias ambiciones – o se dedican a consolidar sus feudos para sobrevivir aun con una ARENA sin proyección de poder y liderazgo nacional. Pero muchos otros que apoyaron a Calleja, hoy comparten con simpatizantes de Simán la angustia por ver el declive de su partido y estarían dispuestos de trabajar juntos para relanzarlo.

ARENA necesita llenar el vacío de liderazgo, pero no puede tratar de hacerlo sin llenar también el vacío de definición política. La nueva dirección que ARENA necesita a gritos, tiene que ser resultado de esta definición política.

Por supuesto que dentro de ARENA hay diferencias políticas, por ejemplo sobre asuntos de religión y estado; sobre los peligros del cambio climático; sobre la institucionalidad democrática; sobre responsabilidad empresarial; sobre cómo combatir la pobreza y la violencia. Muchos piensan que estas diferencias son el causante de las divisiones que bloquean el proceso interno en ARENA. Falso. En un partido grande, la existencia de diferencias no es mala, más bien es inevitable y hasta necesaria. Si los diferentes grupos que puyan por el poder en ARENA sometieran al debate racional sus posiciones políticas y las diferencias que tienen con otros sectores de su partido, sería mucho más fácil llegar a una concertación y una unidad basada en el respeto por el pluralismo.

Un partido grande que pretende erradicar las diferencias internas camina al borde de volverse autoritario. Lo que tienen que aprender los partidos es cómo administrar las diferencias en su interior y convertirlas en riqueza – y no buscar cómo erradicarlas ni esconderlas.

Muchos dicen que el conflicto actual en ARENA es un nuevo pleito entre Neto Muyshondt y Javier Simán por el control del partido. Bueno, lo primero que ambos (y otros que aspiran a liderar el partido) tendrían que revelar sus intenciones: ¿Qué rol quieren jugar, a qué responsabilidad o cargo aspiran? ¿A quién proponen como presidente del COENA?

Segundo: Si todos hablan de renovación, entonces que cada uno explique qué cambios propone para su partido – en su organización interna, en su plataforma programática, en su manera de asumir la oposición al gobierno de Bukele.

Consecuencia de estos dos pasos, si son bien dados, ARENA podrá definir su liderazgo y rol opositor. Sin dar estos pasos, estaría condenado a jugar un papel complementario. Suerte que obviamente a algunos caciques no molestan mucho – con tal que mantengan sus feudos.


Carta sobre la puesta en escena del traspaso del mando





Parece que lo que están construyendo en el corazón del centro histórico, en la Plaza Barrios frente al Palacio Nacional, es el escenario medieval para el traspaso del mando presidencial. Cerraron las calles tres semanas antes del evento, y docenas de carpinteros están levantando unas tarimas hechas de cuartones de madera.


Conociendo al presidente electo, yo hubiera pensado que iba a hablar a sus representantes en la comisión preparatorio del evento del traspaso de mando para decirles: Miren, ármenme una onda como si fuera la llegada de los Rolling Stones. Hablen a estas compañías que no solo te arman tarimas sino espectáculos, pero del primer mundo. Vamos con todo para que vean que somos diferentes…


Pero obviamente no dio esta orden. Alguien tomó la decisión de no usar los servicios existentes de espectáculos.



Estas compañías existen en El Salvador. Tienen sistemas modulares de metal. Uno les da un dibujo de lo que quiere construir y exhibir, y lo arman en dos patadas, con sonido y luces incluidos, al tamaño y la altura que uno pida. Y como son módulos prefabricados y reutilizables, sale mucho más económico que armar una estructura de madera para un solo evento. Esto es, literalmente, regresar al tiempo medieval…


Bueno, cada uno tiene derecho de hacer sus fiestas a su manera. Pero lo que sí podemos exigir es que se transparenten los costos de esta manera medieval de hacer unas tarimas y escenografías, y que se diga cuanto hubiera costado en el sistema modular de metal. 

Tienen que haberlo cotizado. Se necesitan además una explicación porque era necesario cerrar el paso vehicular 3 semanas antes del evento. También habría que preguntar cómo piensan reciclar todo el montón (mejor dicho, el bosque) de madera que están utilizando para su obra.


¿O quedaría montado en un museo esta escenografía del día histórico en que en nuestro país se declaró por cerrada la post guerra?


Como dice Pencho Duque, sólo por fregar.


Saludos,




Carta al presidente electo: el traspaso accidentado

Estimado Nayib Bukele:
Faltan 15 días para que usted asuma la presidencia de la República. No existe proceso de traspaso. No existe gabinete. Y ya no hay tiempo. De todas las decisiones importantes que a usted como presidente electo le toca tomar, ha tomado una sola, creando el Ministerio de Desarrollo Local y nombrando como su titular a María Chichilco. Fue una decisión política.

Los otros tres nombramientos casi no cuentan como decisiones políticas, ya que se trata mujeres de su círculo interno quienes a fuerza tenían que entrar a su gabinete: Michelle Sol, Alexandra Hill y Suecy Callejas.
Esto que no necesariamente significa que serán malas funcionarias, solo lo serán si no desarrollan personalidad propia, superando sus actitudes de sumisión un poco penosas.

Cuatro ministras no son un gabinete de gobierno. Faltan los ministerios más importantes y complicados: Educación, Salud, Seguridad, Hacienda, MOP/Tránsito y todas las autónomas y superintendencias. Falta el director de la PNC. Falta el director de Centros Penales. Falta el jefe de Inteligencia. Faltan quienes van a definir y poner en práctica la política energética del país. O la política del agua…

Todos estos son cargos que hay que asumir con preparación, no con improvisación, en instituciones que necesitan un traspaso ordenado, transparente y eficiente. Es para esto que nuestra Constitución provee un período tan largo de transición entre las elecciones presidenciales y el cambio de gobierno: entre tres y cuatro meses.
Usted ha decidido no aprovechar estos cuatro meses. No hay proceso de traspaso ni siquiera en los cuatro ministerios donde ya están nombradas las ministras. La nueva canciller no se ha acercado a cancillería, no ha hablado con los titulares salientes. Tampoco las nuevas ministras de Cultura, Vivienda y Desarrollo.

Detrás de esta irresponsable pérdida de tiempo está la falta de un proceso ordenado de selección de ministros y otros funcionarios de importancia estratégica. Todo el proceso está centrado en usted. “Presidente escoja; presidente nombre; presidente ordene”. Si hay un proceso de consulta, es informal y encerrado dentro del círculo íntimo, casi en familia. Todos los demás están reducidos a comité de aplausos. Esto desde ya marca el estilo de su gobierno.

Además hay un cálculo detrás de todo esto: Usted no quiere un traspaso de poder ordenado y transparente, porque quiere seguir denunciando que recibió el gobierno hecho desastre. Con esto piensa justificar el accidentado viaje que va a comenzar el 1 de junio, con decisiones improvisadas, con planes no aterrizados, con nula cooperación entre titulares salientes y entrantes; con ministros que sólo tendrán días u horas para prepararse, en vez de tener los meses que nuestro orden constitucional otorga.

Usted usó los meses de transición para reunirse con embajadores y organismos internacionales, para dos viajes de peregrinaje a Washington, para negociar con los funcionarios del gobierno de Trump. Está bien, perfecto. Pero el gobierno y la gobernabilidad se construyen aquí y para que el resultado sea bueno, se construye con transparencia, de manera ordenada, reuniéndose con gremios, con los demás partidos, con la sociedad. Usted no. Usted es Nuevas Ideas, usted hace las cosas como los mismos de siempre. Que lástima que confunde la renovación con la improvisación, el capricho y los personalismos…

Pero bueno, presidente electo, hay que desearle suerte. No para que pueda cumplir sus promesas, porque no estoy seguro que esto sería bueno para el país. No, suerte para que al toparse con la realidad pueda volverse más humilde y realista.

Entonces, suerte le desea 



Carta sobre la investigación de la investigación de la investigación

Hagamos un ejercicio de lógica. Si hay indicios de que fiscales hayan utilizado métodos ilegales para preparar acusaciones y conseguir condenas, hay que investigarlos y apartarlos de los casos.

Si esto afecta a los casos, en el sentido de poner en peligro las condenas, no puede ser razón para no investigar a las fiscales o de no apartarlos de los casos donde han manipulado testimonios o pruebas.

“Ponen en peligro que se les caiga el ‘caso Corruptela’ por andar investigando y cambiando fiscales” – con este grito al cielo denuncian que los favorecidos de esta serían Luis Martínez, el ex fiscal general preso en Mariona; Enrique Rais, el empresario prófugo en Suiza; y Mauricio Funes, el ex presidente asilado en Nicaragua. Ellos son los acusados en este caso.
 
¡Momentito! La cuestión no es si se les cae una condena o no, la única cuestión relevante es si hubo o no hubo ilegalidades en los procedimientos de la fiscalía – y la única manera de saber es investigando a los fiscales al cargo del caso. Y a sus superiores, incluyendo el entonces fiscal general Douglas Meléndez, porque hay fiscales que alegan que han sido obligados a dar falsos testimonios. Acordémonos que el tal ‘caso Corruptela’ incluye las irregularidades presuntamente cometidas por el entonces fiscal Luis Martínez para favorecer a Rais y Funes. Y resulta que ahora aparecen indicios que esta investigación sobre casos amañados también tuvo mañas.


Parece increíble: Al actual fiscal general Raúl Melara le toca investigar si bajo el mando de su predecesor Douglas Meléndez se manipularon pruebas para comprobar que el fiscal general anterior Luis Martínez había ordenado manipular juicios…


Si el nuevo fiscal general no logra que estas investigaciones internas se concluyan apegadas a las leyes y de manera transparente, el daño para la institución fiscalía sería irreparable. En cambio, si esta vez la fiscalía procede bien, se comprueba que estamos avanzando en la lucha contra la corrupción judicial.


No entiendo la denuncia que FUNDE ha hecho contra la decisión del fiscal de investigar las irregularidades. En cualquier policía y cualquier fiscalía se necesita que se investiguen a los investigadores – y que se suspendan y castiguen al encontrarles irregularidades.

Lo que quiero decir es: Ir al fondo en estas investigaciones internas es mucho más importante que el daño que esto podría causar al ‘caso Corruptela’. Y si de hecho, luego de todo este desmadre, se perdiera este caso, la culpa la tendrán quienes han tratado de ganarlo con métodos fuera de la ley y la ética – no quienes decidieron investigar, exhibir y subsanar estas ilegalidades.


En el contexto de la actual investigación se reveló algo que parece insólito: Hay testimonios de fiscales, quienes confesaron delitos, luego se hicieron ‘testigos criteriados’ de acusación contra su ex jefe Luis Martínez – y siguen ejerciendo como fiscales. No puede ser.


Si estos fiscales/testigos realmente cometieron delitos, hay que apartarlos de la fiscalía. Si no cometieron delitos, hay que castigar a los otros fiscales que los obligaron a hacer confesiones y acusaciones falsas. Por esto es tan importante la actual investigación interna – y habrá que ampliarla hacia un montón de otros casos prominentes de las fiscalías de Martínez y Meléndez.


Saludos, 




Posdata: No, todo esto no es prueba de que estemos retrocediendo en la lucha contra la corrupción, como muchos denuncian. Todo lo contrario, el hecho que hoy conocemos las irregularidades es el primer paso a resolver el problema.