Golpe contra la pared
De:
Paolo Lüers
Golpe es golpe. Lo que pasó este domingo en Honduras, ha sido un golpe de Estado. El presidente metió al país en una crisis institucional y atentó contra la Constitución. Pero el parlamento, las cortes y la fiscalía tienen instrumentos legales suficientes para resolver esta situación. No tienen porque involucrar a los militares en una aventura golpista. No tienen porque usar la fuerza militar para expulsar del país al presidente. Recurriendo a estas medidas que rompen con el orden constitucional y con el estado de derecho, los militares y las autoridades civiles detrás de ellos proporcionan al país una medicina que es mucho más dañina que la enfermedad.
La inconstitucionalidad que cometió el presidente Zelaya con la ejecución de su encuesta-referéndum, requería de respuestas estrictamente apegadas a la Constitución. Estas medidas probablemente hubieran llevado a la sustitución del presidente y a su detención. Pero sustituir a un presidente, por las vías establecidas en la Constitución, es una cosa, y el golpe de Estado es otra. Es ilegal y en vez de resolver la crisis, la complica. Ejecutar una orden judicial de captura es una cosa, la captura del mandatario por efectivos militares y su expulsión del país es otra. Es ilegal.
Aparte de ilegal, el golpe es una estupidez política. No existía ningún peligro que Mel Zelaya consumara su intención de pervertir el orden constitucional. El sistema político hondureño estaba suficientemente consolidado -y unido- en torno a la defensa de la Constitución para hacer fracasar los planes de Mel Zelaya de convocar a un referéndum, en noviembre, para establecer una Asamblea Constituyente.
Por más intenciones anticonstitucionales y autoritarias que tenga un presidente, si no controla los demás órganos del estado (Congreso, Corte Suprema de Justicia, Tribunal Electoral, Fiscalía) y tampoco tienen el apoyo de la Fuerza Armada, ¿qué gran peligro puede representar para la democracia?
Mel Zelaya había perdido el apoyo hasta de su propio partido. No tiene ni un sólo diputado que lo defenda. ¿Cuál es la emergencia nacional que obliga a usar un golpe de estado para pararlo?
Es obvio que este golpe tampoco es el golpe militar clásico, con el cual los militares durante décadas han asumido el poder político y establecido dictaduras militares en muchos países de América Latina. Los militares hondureños no están haciendo nada parecido. No habrá dictadura militar en Honduras. No hay indicios de represión.
Los militares hondureños cometieron el grave pecado de facilitar, con fuerza militar, una sustitución forzada del presidente. Los militares, a esta altura del proceso democrático de América Latina, debieran tener claridad que no tienen el derecho de jugar este rol. Que nadie –ni los poderes legalmente constituidos como la Corte Suprema, la fiscalía o el Congreso- tiene el derecho de exigirles que juegen este rol.
Con la misma legitimidad que los militares se negaron a ejecutar la orden del presidente de apoyar institucionalmente un referéndum inconstitucional, hubieran tenido que rechazar rotundamente la solicitud de servir como fuerza de choque para resolver un problema institucional con medidas ilegales. Independientemente de quien provino esta solicitud, era el deber de los militares rechazarla.
Era el deber de las instituciones civiles de Honduras resolver la crisis con procedimientos constitucionales. Si eso no era posible con Mel Zelaya, había que hacerlo sin él o incluso contra él. Pero sin ruptura del estado de derecho.
Si el Congreso, con la unanimidad impresionante que mostró después del golpe para llenar el vacío de poder, hubiera actuado para resolver la crisis, la democracia de Honduras hubiera salido fortalecida. Hoy resulta debilitada - y el país al borde de la ingobernabilidad.
La inconstitucionalidad que cometió el presidente Zelaya con la ejecución de su encuesta-referéndum, requería de respuestas estrictamente apegadas a la Constitución. Estas medidas probablemente hubieran llevado a la sustitución del presidente y a su detención. Pero sustituir a un presidente, por las vías establecidas en la Constitución, es una cosa, y el golpe de Estado es otra. Es ilegal y en vez de resolver la crisis, la complica. Ejecutar una orden judicial de captura es una cosa, la captura del mandatario por efectivos militares y su expulsión del país es otra. Es ilegal.
Aparte de ilegal, el golpe es una estupidez política. No existía ningún peligro que Mel Zelaya consumara su intención de pervertir el orden constitucional. El sistema político hondureño estaba suficientemente consolidado -y unido- en torno a la defensa de la Constitución para hacer fracasar los planes de Mel Zelaya de convocar a un referéndum, en noviembre, para establecer una Asamblea Constituyente.
Por más intenciones anticonstitucionales y autoritarias que tenga un presidente, si no controla los demás órganos del estado (Congreso, Corte Suprema de Justicia, Tribunal Electoral, Fiscalía) y tampoco tienen el apoyo de la Fuerza Armada, ¿qué gran peligro puede representar para la democracia?
Mel Zelaya había perdido el apoyo hasta de su propio partido. No tiene ni un sólo diputado que lo defenda. ¿Cuál es la emergencia nacional que obliga a usar un golpe de estado para pararlo?
Es obvio que este golpe tampoco es el golpe militar clásico, con el cual los militares durante décadas han asumido el poder político y establecido dictaduras militares en muchos países de América Latina. Los militares hondureños no están haciendo nada parecido. No habrá dictadura militar en Honduras. No hay indicios de represión.
Los militares hondureños cometieron el grave pecado de facilitar, con fuerza militar, una sustitución forzada del presidente. Los militares, a esta altura del proceso democrático de América Latina, debieran tener claridad que no tienen el derecho de jugar este rol. Que nadie –ni los poderes legalmente constituidos como la Corte Suprema, la fiscalía o el Congreso- tiene el derecho de exigirles que juegen este rol.
Con la misma legitimidad que los militares se negaron a ejecutar la orden del presidente de apoyar institucionalmente un referéndum inconstitucional, hubieran tenido que rechazar rotundamente la solicitud de servir como fuerza de choque para resolver un problema institucional con medidas ilegales. Independientemente de quien provino esta solicitud, era el deber de los militares rechazarla.
Era el deber de las instituciones civiles de Honduras resolver la crisis con procedimientos constitucionales. Si eso no era posible con Mel Zelaya, había que hacerlo sin él o incluso contra él. Pero sin ruptura del estado de derecho.
Si el Congreso, con la unanimidad impresionante que mostró después del golpe para llenar el vacío de poder, hubiera actuado para resolver la crisis, la democracia de Honduras hubiera salido fortalecida. Hoy resulta debilitada - y el país al borde de la ingobernabilidad.
(El Diario de Hoy, Observador)
4 comentarios:
Una de las razones de existir de un cuerpo militar es reestablecer la constitucionalidad cuando esta ha dejado de existir... ¿O es que crees que los militares únicamente están para hacer la guerra ? Ellos también están para proteger la Democracia y rerestablecer la constitucionalidad.
Paolo, Zelaya estaba por sabotear unas elecciones con su "consulta" supuestamente "no vinculante" importándole nada lo que la ley o los otros poderes tenían que decir tal como lo había demostrado en bastante tiempo de negociaciones. Obviamente se había llegado a un punto en donde de no haber hecho lo que los Militares hicieron con el apoyo de TODOS los poderes y partidos políticos (incluyendo el del propio presidente), todo hubiera salido aún peor. Me explico, creo que no te hubiera gustado ver a los Militares o a la Policía, saliendo justamente ese día de la consulta con la muy real posibilidad de que terminara con algunos fanáticos muertos o una obra teatral orquestada por la inteligencia Cubana para demostrar una oposición "represiva"...o lo que hubiera sido igual de malo... Creo que tampoco te hubiera gustado ver como la ilegalidad tomaba curso sin la intervención de nadie justamente para evitar la posibilidad de heridos pero con el agravante de haber dejado que se sentara precedente de que se violara la constitución y la independencia de los poderes como algo NORMAL y sin consecuencia alguna.
Haber actuado antes fue lo mejor que pudieron hacer Paolo, ¿o es que quieres para Honduras el mismo cuento Venezolano del corderito que avanza poco a poco hasta destruir las instituciones?. Por más creyente que uno sea del diálogo, ¿cómo diablos se puede hablar de diálogo si Zelaya aún seguía sin modificar nada de su postura inicial de saltar los mecanismos existentes de reforma?
En América estamos fastidiados de que nos vengan personas como Zelaya a meternos el cuento de que hay cosas básicas que se pueden modificar por capricho, en un futuro el tipo de preguntas supuestamente "no vinculantes" que veremos serán del tipo, vota usted por legalizar digamos la deportación forzada, o la unificación de los poderes en uno solo... simplemente hay principios QUE SON y no que se VOTAN o se negocian. En el caso de las democracias presidencialistas, por el simple hecho de concentrar demasiado poder en el fantoche de turno, aumentar los poderes del presidente NO SE NEGOCIA.
Creo que la evidencia del asunto cae por su propio peso. Sectores de diverso signo ideológico, Hillary y Chávez coinciden en que hubo golpe.
Entonces, los argumentos de Anónimo, basados en especulaciones sobre lo que "seguramente hubiese pasado" son eso: especulaciones y además, malas. Contiene el mismo cinismo de los golpistas en aludir que se ha defendido la Consitución (claro, si de paso ganas un hueso, mejor) No se violan el estado de derecho en nombre del estado de derecho. Eso es un contrasentido. Si había una orden de arresto en contra de Zelaya, pues a enchucharlo y a presentarlo a los tribunales, sin embargo, lo mandaron empijamado a desayunar a San José con Don Oscar Arias.
Hubo un golpe, todos los gobiernos representados en la OEA, incluyendo el actual embajador hondureño, no creo que se equivoquen a ese nivel. Para argumentos como el suyo, ya tenemos los desafortunados de las guerras preventivas de Bush que siempre resultan muy dañinos.
Un golpe militar a estas alturas es indefendible. Es un retroceso a un proceso que tuvo un costo muy alto en vidas humanas y desarrollo durante las décadas que preceden a la actual. Los militares ya no tienen porqué usurpar el poder civil. Para eso se hicieron las instituciones y el estado de derecho.
Es una pésima señal para todos los países de la región. Parecía que las épocas de gobiernos de facto habían terminado. Y ahora, un grupo de conspiradores ciegos por el poder invocaron a los fantasmas del pasado. ¿Con qué argumentos se puede defender la democracia cuando las cúpulas conspiran y atropeyan el estado de derecho?
Repito, un golpe militar es indefendible y es necesario un NO rotundo de todos los sectores.
Un golpe militar a estas alturas es indefendible. Es un retroceso a un proceso que tuvo un costo muy alto en vidas humanas y desarrollo durante las décadas que preceden a la actual. Los militares ya no tienen porqué usurpar el poder civil. Para eso se hicieron las instituciones y el estado de derecho.
Es una pésima señal para todos los países de la región. Parecía que las épocas de gobiernos de facto habían terminado. Y ahora, un grupo de conspiradores de poder invocaron a los fantasmas del pasado. ¿Con qué argumentos se puede defender la democracia cuando las cúpulas conspiran contra el estado de derecho?
Repito, un golpe militar es indefendible y es necesario un NO rotundo de todos los sectores.
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