miércoles, 21 de octubre de 2009

La tentación de Álvaro Uribe

Hace medio siglo, cuando las guerras sin fin terminaron de desgarrarle las entrañas, se instaló en Colombia una paz que parecía por fin inquebrantable.

Después de la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, un pacto de paz permitió que el partido Liberal y el Conservador se alternaran en el poder durante 16 años. A partir de esa tregua, que empezó en 1957, la democracia colombiana se volvió estable y previsible.

En 1991, cuando era ya evidente que el narcotráfico tejía los hilos de la política y tendía a imponer a sus hombres en el poder, la Constitución fue reformada para impedir la reelección del presidente por un segundo periodo de cuatro años. Fue un triunfo importante para el buen resguardo de las instituciones y para evitar que la corrupción siguiera entrometiéndose en los asuntos públicos.

El liberal César Gaviria dio una lección de dignidad cívica al negarse a ser reelegido en 1995 pese a su decisiva popularidad. Había impulsado la Constitución de 1991 y le pareció que era su obligación dar el ejemplo.

Dos periodos más tarde, el ex liberal Álvaro Uribe Vélez aplastó a la guerrilla, acorraló a los carteles de Cali y Medellín y consiguió extraditar a decenas de jefes narcos. Sabía que a nada temen tanto los narcotraficantes como a ser juzgados en Estados Unidos, donde los esperan carceleros indiferentes a los sobornos y a las amenazas.

La sensación de paz se adueñó de Colombia y el éxito de las políticas conservadoras de Uribe hizo crecer su nombre en las encuestas. Continuar en el poder se convirtió para él en una tentación irresistible. Quienes lo cortejaban insistían en lo de siempre: que el presidente necesitaba más tiempo para completar su obra. Una reforma legislativa le permitió ser elegido por segunda vez.

Ahora, un "referendo popular reeleccionista" aprobado en el Congreso por abrumadora mayoría lo autoriza a presentarse como candidato para un tercer periodo. Hay plazo formal hasta el 30 de noviembre para que Uribe anuncie si eso es lo que lo quiere. Vaya si lo quiere.

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Muy listo el alumno

El gobierno sandinista de Nicaragua acaba de dar otra muestra de fidelidad al guión establecido por el Socialismo siglo XXI y ya tiene su candidato oficial para las elecciones del 2011. ¿Esconden los sandinistas algún gallo que dé la sorpresa? Ni tapado ni gallo.

A la velocidad del rayo los magistrados oficialistas de la Sala Constitucional de la CSJ fallaron un recurso de amparo a favor del presidente Daniel Ortega y 109 alcaldes sandinistas y ordenan al Consejo Supremo Electoral (CSE) que permita a Ortega ser candidato presidencial en las elecciones del 2011.

El recurso ante el cual el consejo electoral se declaró incompetente, fue presentado el lunes en el Tribunal y el mismo día, seguro que los diligentes magistrados aprendieron en las aulas que "justicia tardía no es justicia", y de inmediato dieron a conocer el fallo. Claro que para ello les jugaron la vuelta a los magistrados independientes y los sustituyeron con suplentes leales a Ortega.

El documento señala que el presidente y los 109 alcaldes sandinistas son "ciudadanos aptos de derechos políticos, constitucionales, electorales, para participar en las contiendas electorales a realizarse en los años 2011 y 2012, en los mismos cargos que ostentan actualmente, como candidatos a Presidente, Vicepresidente, alcaldes y vicealcaldes".

Punto final como lo explicó el presidente de la Sala Constitucional, Francisco Rosales, pues todo fue por "el interés del caso para la Nación". Claro que el togado recurrió a uno de los redactores de la Constitución de la Unión Americana: "(Alexander) Hamilton dice que el Derecho es lo que los jueces dicen que es, así de sencillo. Nosotros hablamos por la boca de la ley, nosotros somos los que decidimos la prioridad de los asuntos. Éste es un asunto prioritario para el país, o ¿no es así? Hay que resolver los problemas políticos".

Las reacciones no se han hecho esperar. Y no es para menos, pues todavía la comunidad internacional recuerda el fraude en las elecciones municipales. Claro que la Organización de Estados Americanos no dijo ni media palabra.

El mismo presidente de la Corte Suprema, Manuel Martínez, calificó de "emboscada" y "completo irrespeto" a la ley el fallo de los magistrados oficialistas que sorpresivamente suspendieron el artículo de la Constitución que prohibía la reelección presidencial sucesiva.

Para el ex presidente Arnoldo Alemán, que comió en el mismo plato con los sandinistas y les entregó su caudal político, la sentencia "amañada" es muestra del inicio de la dictadura, y que por fin el presidente Ortega "se quitó la careta, ante su angustia, su desesperación" de no poder conseguir los 56 votos para reformar la Constitución.

¿Alguna semejanza con acontecimientos ocurridos o que iban a suceder en Honduras? La presión por imponer magistrados en la Corte Suprema de Justicia buscaba desarrollar el mismo guión del escenario nica: El Poder Judicial al servicio de un proyecto político y de una persona.

Otro conflicto en el istmo, aunque la situación en el vecino país será calificada de "asunto interno" en el que la comunidad hemisférica no se mete por respeto a la soberanía y, decimos nosotros, por temor a quien habla más alto, es más bravucón y amenaza. ¿No es cierto?

(La Prensa/San Pedro Sula, Honduras)

Quien calla otorga

El país se paraliza - y el presidente calla. La población cae presa del miedo - y la ausencia del gobierno convierte el miedo en desesperación. Por todas partes corren rumores sobre un supuesto toque de queda ‘decretado’ por las maras; la gente está confundida y angustiada; comercios y universidades cierran sus operaciones – y el presidente de la República, en vez de salir al aire con un mensaje claro, suspende la conferencia de prensa que tenía programada para hablar de Seguridad Pública para este lunes.

Por primera vez, extraño una cadena nacional.

Este lunes el presidente hubiera tenido que aparecer en cadena nacional golpeando la mesa. Dando a la población un mensaje de confianza. Hubiera tenido que dejar claro que el gobierno no permite que el país se paralice por el miedo a las maras; que el gobierno no permite que bandas de delincuentes decreten toques de queda e impuestos; y que todos -¡todos!- los recursos del Estada serán movilizados para garantizar el libre movimiento de la población en todo el territorio nacional. Todos quiere decir: incluyendo la Fuerza Armada.

Una cosa es la discusión complicada sobre el rol de la Fuerza Armada y sobre el concepto global de la lucha antidelincuencal - y otra cosa es un momento de emergencia, como lo tuvimos anoche, donde hay que interrumpir las discusiones, hablar claro, y actuar.

Un presidente que en una situación como esta no habla, otorga. Otorga autoridad al crimen organizado. Otorga autoridad a los cabecillas de las pandillas. Otorga control territorial a la las maras.

En vez de hablar, el presidente mandó al comisionado Mauricio Ramírez Landaverde a dar la cara por el gobierno. Pero esto es un asunto de gobierno, un asunto político, un asunto del Estado, no es un asunto policial. ¿Qué iba a decir un policia, si su presidente y su ministro de Seguridad no dan la cara y no toman decisiones?

Vamos a seguir discutiendo cómo aprovechar las capacidades de la Fuerza Armada para recuperar el control del Estado sobre todo su territorio, y su capacidad de garantizar seguridad a toda su ciudadanía. Pero anoche hubo la necesidad de ver tanquetas en el Boulevard del Ejército y tropas dentro de las colonias controladas por mareros.

Vamos a seguir en buen rato debatiendo -a lo mejor peleando- hasta que tengamos un plan integral de Seguridad que podamos apoyar e implementar todos: gobierno, ciudadanía y empresa privada. Pero anoche todos hubiéramos apoyado al presidente si hubiera anunciado medidas concretas e inmediatas para evitar que las maras nos ganen la moral.

El silencio fue la peor manera de reaccionar.

(El Diario de Hoy)

Nobel a Obama: un premio merecido

El premio Nobel de la Paz otorgado al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tiene importantes significados dentro y fuera de los Estados Unidos de América. Adentro, es una sonora cachetada a la creciente campaña de odio, mentira y maledicencia orquestada contra Obama por la extrema derecha norteamericana y encabezada por demagogos televisivos como Rush Limbaugh.

Un grupo extremista ha pedido el asesinato del presidente Obama. Otros, más comedidos, han alegado que Obama no nació en Estados Unidos, y que su padre es de Kenia, ofuscando el hecho de que Obama nació en Hawai, que su madre es de Kansas y que la nacionalidad la otorga el lugar de nacimiento.

Semejantes mezquindades son magnificadas por insensateces ideológicas: Obama es un racista a la inversa, odia a la raza blanca y obligaría a los blancos a sentarse en la última fila de los autobuses. Y más: Obama es "socialista" porque quiere abrir la seguridad médica a quienes no la tienen (como sucede en casi toda Europa). El elogio de Gordon Brown al sistema público de salud en Inglaterra prueba, sin duda, que el primer ministro inglés es un rojillo peligroso.

Sobra decir que estos ataques no son gratuitos. Explotan la vieja disputa entre la federación y los Estados, el "elitismo" y el "populismo", Hamilton y Jefferson, pero le añaden un elemento perverso de calumnia, maledicencia y, ya se ve, racismo que no osa decir su nombre.

Sólo que, además del hecho político interno de deslegitimizar a los críticos de mala fe (los de buena fe son bienvenidos), el Nobel a Obama tiene un efecto internacional mayúsculo. ¿Por qué se premia a Obama, señalan algunas objeciones, a sólo nueve meses de su inauguración cuando aún faltan más de tres años de su presidencia?

La respuesta es que, en menos de 300 días, Barack Obama ha transformado el escenario internacional a favor de la paz y la diplomacia.

En vez de atacar primero, en nombre de la atroz doctrina del "ataque preventivo" -proclamada y aplicada por George Bush hijo, Cheney y Rumsfeld-, Obama le ha dado prioridad al diálogo y a la negociación. Si éstos fracasan, no será por culpa de Estados Unidos, sino, en su caso, de Irán, Corea del Norte, Siria, Israel o Palestina.

En su discurso de El Cairo, Barack Obama abrió las puertas cerradas del diálogo con el mundo árabe. A Palestina e Israel les ha instado a negociar seriamente, cumplir los tratados vigentes y proponer políticas de progreso para un nuevo tiempo. Ha aislado a Netanyahu y su pretensión nuclear contra Irán.

Pero a Irán le ha ofrecido negociar el tema, al tiempo que critica la política represiva interna de Ahmadinejad y al ayatolá Jamenei, aliándose de hecho con la sociedad democrática emergente de Irán, país destinado a ser la gran potencia del Oriente Medio.

A Irak, Obama le ha dado manos libres para organizarse internamente y llegar a un acuerdo nacional entre chiítas, suníes y kurdos.

Y en Afganistán, al momento de escribir este artículo, se discute la política a seguir entre dos tendencias: la militar del general McChrystal o la del vicepresidente Biden.

En el centro del debate, el presidente Obama y el secretario de la Defensa, Gates, optarán por una solución. Acaso no la mejor, aunque no hay solución mejor cuando el enemigo, el talibán, es una guerrilla invisible, el Gobierno central un espejismo corrupto, la realidad política la de un confeti de caciques y el peligro de la creciente presencia del talibán en el vecino Pakistán.

La política europea de Obama, por otro lado, respeta a los Gobiernos en el poder, no le concede privilegios indebidos a los países vecinos de Rusia (Polonia, Chequia), pero le hace saber a Moscú que la Guerra Fría terminó y que todos los temas están sobre el tapete para una nueva política de convivencia sin debilidades.

El gran problema es China y su poderosa paradoja: la economía emergente más poderosa y el régimen político más autoritario. Sospecho que ante Pekín sólo una política es posible: tratar con el actual Gobierno y respetar la inevitable evolución de China hacia un régimen más democrático, más acorde con la realidad de la economía y la sociedad modernas de un país con milenios de historia sobre las espaldas.

Enumero toda una serie de realidades que aún no encuentran solución final, ni la encontrarán, sospecho, jamás, porque son parte de un mundo en evolución constante. Esto es lo que Obama ha entendido. En vez de aplicarle al mundo un cancel de fierro concebido por y para una sola nación, Estados Unidos de América, Obama admite la diversidad política, económica y cultural de los demás y ofrece tratar con ella, dialogar y negociar en vez de dictar e invadir.

¿No es éste un cambio fundamental de las relaciones exteriores? ¿Y no merece su iniciador, Barack Obama, un premio por lo ya logrado que es también un incentivo para lo que aún falta?

Nota. Los enemigos de Obama lo atacaron porque fue a Copenhague y no obtuvo los Juegos Olímpicos para Chicago. ¿Lo elogiarán porque, en cambio, irá a Oslo a recibir el Premio Nobel?

(El País, Madrid)

martes, 20 de octubre de 2009

Carta a una hincha hondureña

Hola, muchacha en azul y blanco:

apareciste la noche de la amarga derrota en casa contra Honduras. El restaurante estaba lleno de gente vestida de azul y blanco. La mitad catrachos, celebrando. La otra guanaca, ahogando su dolor. Unos cantando, los otros callando...

De repente, vos te levantaste y fuiste a la mesa vecina poblada de caras tristes: “Como pueden ver, soy hondureña. Quiero decirles dos cosas: primero, vamos a Sudáfrica para poner en alto a Centroamérica. Segundo, ¡nadie quiere de regreso a Zelaya!”

Con eso, armaste una fiesta de reconciliación, con camisetas azules sin H abrazando camisetas azules con H. Las mesas se confundieron en un sólo molote de azul discutiendo fútbol y política...

No había en todo este gentío quien insultara a alguien por tener o no tener una H en su camiseta azul. Y no había nadie quien defendiera al pobre Zelaya...

Muchacha, no sé cómo lo hiciste, pero provocaste -en tierra ajena y potencialmente hostil- una manifestación de bolos en pro del derecho de los hondureños de deshacerse de Zelaya y de ir al mundial.

Gracias, desconocida, te saluda Paolo Lüers

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Primero demócrata, después de izquierda

El premio Nobel de literatura 1998, José Saramago en El Cuaderno, que es la recopilación de algunas de las participaciones de su blog, se pregunta "¿Dónde está la izquierda?" y para responder recuerda una frase que él mismo pronunció en alguna entrevista para un diario sudamericano: "La izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive".

Confieso que en principio la frase me molestó y me pareció una generalización excesiva. Sin embargo, cuando veo la reacción de algunos militantes y activistas de la izquierda mexicana, la frase me pone a pensar...

La liquidación en México de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, la ineficiente empresa estatal que prestaba el suministro de energía eléctrica en el la ciudad de México y sus zonas aledañas, ha generado varios debates interesantes, y ha colocado a muchos actores en el límite, y ante dilemas y situaciones complejas.

La izquierda mexicana, sin duda, ha llevado la peor parte en este debate. Sencillamente, porque la decisión del Gobierno de derecha, del presidente Felipe Calderón, los ha puesto en aprietos. Los ha colocado ante el dilema: apoyar la medida del Presidente de la República de desaparecer una empresa corrupta, ineficiente, que representa el pasado y con ello un sindicato lleno de abusos y privilegios, o asumir la defensa dogmática, ideológica y tradicional de clase, y apoyar porque sí, a un sindicato por el simple hecho de serlo.

El dilema se manifiesta en los partidos de izquierda, entre los intelectuales y en los medios de comunicación, y ha revivido un puritanismo en algunos simpatizantes y militantes de izquierda, que señalan con gran elocuencia que defender al sindicato es una cuestión de principio.

Pareciera que si se es militante o simpatizante de izquierda, necesariamente se tiene que estar en desacuerdo con una medida que golpea a un sindicato, siempre, cualquiera que éste sea. Aunque dicho sindicato encarne y represente los peores vicios, y evoque los episodios más emblemáticos del autoritarismo del viejo régimen, que todos los demócratas debemos rechazar.

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lunes, 19 de octubre de 2009

Obama, ¿presidente negro o presidente progresista?

Nadie se lo ha dicho en público, pero Barack Obama seguramente lo sabe. Afronta un dilema desgarrador, paradójico y, en el fondo, diabólico, que explica las adversidades que lo agobian hoy, dentro y fuera de su país, y que seguramente definirán el destino y el desenlace de su Gobierno. El debate suscitado en Estados Unidos por su premio Nobel de la Paz -emblemático y basado en esperanzas futuras, más que en realizaciones pasadas- lo comprueba sin ambages, al mostrar cómo lo que debiera ser motivo de orgullo para un país entero se vuelve objeto de controversia.

Obama puede ser un gran presidente progresista, o un gran presidente negro; pero no puede ser ambos...

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domingo, 18 de octubre de 2009

Recuerdos de una noche de noviembre

Pudimos ver en directo cómo el caballo de la historia galopaba desbocado, sin jinete. Miles de ciudadanos, armados con picos, palas, martillos o con las manos de su rabia contenida, de su desesperación ante un horizonte cerrado y represivo, derribaban el muro. Era el más simbólico, entre tantos habidos y por haber, el lugar de peregrinación de líderes occidentales, como Kennedy, cuando W. Brandt era alcalde de la parte occidental de aquel Berlín fracturado. Sentí la emoción del momento y la sorpresa, como todos –incluidos los que afirman que lo habían previsto–. Antes de cerrar la noche llamé a Kohl y a Brandt, los dos amigos más representativos para mí de aquella Alemania que había llegado a conocer a través de ellos. Tenía muchos más amigos, casi todos de la generación que había vivido la experiencia de la guerra y la posterior división de Alemania, el prototipo de la separación del mundo en dos bloques ideológicos antagónicos. Los dos políticos, el canciller y el ex canciller, el democristiano y el socialdemócrata, habían pesado especialmente en mi trayectoria como político y como gobernante.No sabía bien qué decirles, más allá de expresarles solidaridad y mostrarles mi convicción sobre el carácter irreversible del acontecimiento que estábamos viviendo para la unificación de Alemania y para el resto de Europa y el mundo. Aunque no sea frecuente en la tarea política, he tenido la suerte de traspasar esa frontera para compartir relaciones de amistad con los dirigentes alemanes. Brandt murió pocos años después y asistí a su funeral en el Reichstag, edificio histórico de la parte oriental de Berlín. Tuve el doloroso honor de hablar en nombre de sus muchos amigos de todo el mundo para despedirlo. Fueron cinco minutos, sin referencias políticas, ni siquiera a aquella noche de noviembre que cambió la historia para todos, alemanes, europeos y ciudadanos del mundo. Hablé más desde el corazón que desde la razón, era el amigo que se había ido. Me recordaban que era la primera vez que tomaba la palabra un extranjero en esa tribuna, recuperada para la representación democrática y con tanto poder simbólico.Helmut Kohl siguió siendo canciller casi una década más. Condujo la unificación con arrojo, asumiendo riesgos en los que había mucha más determinación que cálculo. A lo largo de los años repetía una frase que muchos conocen cuando se refería a mí: “Puedo contar con los dedos de una mano –¡y me sobran dedos!– cuántos dirigentes me llamaron esa noche para ponerse a nuestro lado”. Nunca dejó claro el número de los dedos que le sobraban en aquella mano con la que evocaba la noche de la caída del muro. Él y yo lo sabemos, pero a pesar del tiempo transcurrido sigue quedando en el aire el misterio. La galopada del caballo desbocado y sin control era peligrosa para todos. Por eso apoyé y admiré la decisión de los dirigentes que, como Kohl o Brandt, decidieron que había que cabalgarlo y conducirlo, más allá de las desconfianzas y resistencias de muchos de los socios europeos e internacionales y de no pocos de los representantes políticos de la República Federal. Como el pasado es con frecuencia tan imprevisible como el futuro, hoy, 20 años después, nadie se apunta a la lista de los que estuvieron en contra de la unificación…, ¡pero lo estuvieron! Y a la mano de Kohl le siguen sobrando dedos. Ahora, como entonces, estas palabras son de solidaridad y respeto con el hombre que quería una Alemania europea, no una Europa alemana.

(El Pais Semanal)

El viaje de la historia: Berlín año 20

Un escritor vive en una ciudad extranjera, escribe lo que le pasa, lo que ve, lo que lee. Un concierto de Maurizio Kagel, un paseo por los jardines del Charlottenburg, una visita a Lübars, que por aquel entonces todavía estaba justo dentro del muro. Todo normal, salvo que Berlín no era una ciudad normal, y para alguien que viviera allí en aquel movido año de 1989 nunca podrá serlo. No consigo borrarlo de mi memoria: la doble línea divisoria, entre los dos sistemas políticos, entre las dos épocas. Desde las ventanas del hotel Esplanade, mucho antes de 1989, había visto el espacio escueto y nevado de la Potsdamer Platz, con la obscena tumefacción del búnker del Führer en la lejanía y, en primer plano, esas filas tan gráficas de los caballos de Frisia, pedazos oscuros de metal apuntando al cielo en diagonal, diseñados para impedir cualquier intento de fuga....

Ver el artículo completo de El País Semanal

Es hora de audacia

El próximo lunes el presidente de la República al fin anunciará de qué forma ha decidido emplear la Fuerza Armada en el combate a la delincuencia.

Que bueno. Felicidades. Como escribe hoy (ayer) Joaquín Samayoa en este espacio observador, “el país no puede darse el lujo de no aprovechar los recursos de la Fuerza Armada para el combate contra la delincuencia.”

Es un paso importante. Ojalá que no sea un paso en falso o al vacío. Ojalá que lo que anuncie el presidente el lunes sea al fin un plan integral de combate a la violencia, las pandillas y el crimen organizado.

Sin que el gobierno haya diseñado una estrategia para el combate al crimen organizado y pandillero, que incluya un sistema carcelario seguro, fuera del control de las maras, una recomposición radical del gabinete de seguridad y una efectiva focalización de las fuerzas policiales, no tiene ningún sentido meter en este negocio a la Fuerza Armada.

Cualquiera que quiere poner a miles de efectivos del ejército y otros recursos de la Fuerza Armada bajo el mando de las actuales autoridades de seguridad y en función de un plan improvisado, está atentando contra la Seguridad pública - y contra las Fuerzas Armadas.

Sería como tratar de llenar un saco roto. Si el problema de este gabinete de Seguridad es que no tiene ni liderazgo ni tiene plan, ¿cómo darles adicionalmente el mando sobre la mitad del ejército?
Estoy de acuerdo: Hay que pensar en cómo emplear la Fuerza Armada en el combate a las pandillas y al crimen organizado. Pero en serio. No para aumentar las patrullas conjuntas que no resuelven nada. Eso sería más de lo mismo que no sirve.

Si metemos a la Fuerza Armada, metamos a la Fuerza Armada como institución, con su capacidad operacional y de inteligencia, no prestándole soldaditos al ministro de Seguridad. El verdadero potencial de la Fuerza Armada no reside en su capacidad de prestar hombres para el patrullaje, sino en sus unidades de inteligencia. El potencial de la institución militar reside en su capacidad operacional de ocupar y mantener bajo control permanente los territorios que actualmente están fuera del control estatal y cuya población de hecho está obligada a reconocer a las maras como autoridad real. Nuestra policía no está diseñada para esta tarea. Incursiona y se retira. El ejército está diseñado para ocupar y controlar.

El aporte potencial de la Fuerza Armada incluye otras medidas que hasta ahora nadie ha discutido en público: por ejemplo, tomar control de las cárceles y establecer en ellas un régimen de seguridad y disciplina, donde nadie puede seguir delinquiendo, donde las pandillas pierden el poder y control sobre sus integrantes, y donde la pena se vuelva a percibir como castigo y como medida persuasiva.

Pero ojo: Para meter la Fuerza Armada, hay que tener visión - y coraje. Requiere que el presidente tenga la audacia de declarar al país en estado de emergencia y de decretar que la Fuerza Armada temporalmente opere en coordinación con la PNC.

El problema: ¿Bajo el mando de quién? No puede ser bajo el mando del ministro Manuel Melgar y los actuales directores de la PNC. No pueden con la policía, ¿cómo darles adicionalmente control de recursos y tropas militares? Primero de todo, el presidente tiene que reestructurar su gabinete en el área seguridad, y esto incluye a las personalidades que equivocadamente ha puesto a dirigir instituciones tan sensibles como el sistema carcelario, el Consejo Nacional de Seguridad Pública y la academia policial.

Para que su decisión de comprometer a la Fuerza Armada en el combate a la delincuencia sea eficiente, el presidente de la República tiene que definir con precisión y transparencia las nuevas competencias del alto mando militar para que este, bajo la supervisión del presidente, dirija a su personal y sus recursos en todas las operaciones de la Fuerza Armada en el marco de Seguridad. En coordinación con el ministerio y la dirección de la PNC, pero supeditados a su conducción.

Sería una decisión seria, con consecuencias serias. Una decisión que requiere la declaración oficial de un estado de emergencia, y la implementación de mecanismos de control parlamentario que esto significa. Yo agregaría aun más: Requiere, para tener éxito, un acuerdo nacional entre todos los partidos. Si el presidente plantea la propuesta así, no habrá partido que le niegue el apoyo. Pero eso sí, van a querer ver un plan y gente idónea para ejecutarlo.

(El Diario de Hoy)

sábado, 17 de octubre de 2009

Carta a José María Tojeira, rector de la UCA

Estimado padre Chema:

Usted escribió el guión para el gobierno: ¡pasar a 6 mil hombres de la Fuerza Armada a la PNC – y resolvamos el problema de la inseguridad! Así lo propuso usted en un reciente artículo. Y a partir de ahí, todo el gobierno discute cómo meter al personal del ejército al combate contra la delincuencia.

Alguien tuvo que romper el hielo para tocar un tema tan delicado como volver a dar a los militares misiones de seguridad pública. ¿Y quién mejor que el rector de la UCA, la institución mártir que tanto ha sufrido del militarismo salvadoreño? ¡Imagínese lo hubiera propuesto el diputado Roberto D’Aubuissón

Pero, padre, ¿usted en serio quiere poner la mitad del ejército bajo el mando de este ministro de seguridad y de esta dirección policial?

Sería como tratar de llenar un saco roto. Si el problema de este gabinete de Seguridad es que no tiene ni liderazgo ni tiene plan, ¿cómo vamos a darles adicionalmente el mando sobre la mitad del ejército?

Estoy de acuerdo: Hay que pensar en cómo emplear la Fuerza Armada en el combate a las pandillas y al crimen organizado. Pero en serio. No para aumentar las patrullas conjuntas que no hacen nada. Eso sería más de lo mismo que no sirve.

Si metemos a la Fuerza Armada, metamos a la Fuerza Armada como institución, con su capacidad operacional y de inteligencia, no prestándole soldaditos al ministro de Seguridad.

Pero ojo: Para meter la Fuerza Armada, hay que tener visión – y coraje. Requiere que el presidente tenga la audacia de declarar al país en estado de emergencia y de decretar que la Fuerza Armada temporalmente opere en coordinación con la PNC. El problema: ¿Bajo el mando de quién? No puede ser bajo la inercia del actual gabinete de seguridad...

¿Tiene este valor y esta visión el presidente Funes?

Saludos, Paolo Lüers

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La mirada herida de Herta Müller

Herta Müller dice que en la cara de las personas se puede leer la región de donde proceden. Así empieza la historia de Lola en La bestia del corazón, el libro que publicó en 1994, siete años después de haber salido de la Rumania de Ceaucescu para ir a la República Federal de Alemania. La narradora, su compañera de universidad, puede ver en el rostro de Lola la región pobre del sur del país a la que pertenece.

Lola se pinta las pestañas con rímel barato y se pone medias finas para sus citas en el parque con hombres cansados, incapaces de amar, que salen por la noche de sus trabajos del matadero o de la fábrica de detergentes; recibe, como si fueran regalos, detergentes u órganos de animales muertos. Lola va a la iglesia, estudia los folletos ideológicos, recoge el carné rojo del partido, y sus compañeros de habitación empiezan a evitar hablar delante de ella con libertad. Ella sueña con un hombre con camisa blanca que le acompañe a su pueblo, pero el único amante que ha tenido con camisa y cuello blanco, el profesor de gimnasia, es un canalla que la empuja a suicidarse. Lola deja en el baúl de la narradora su cuaderno donde anota sus pensamientos más íntimos y coge la cuerda con la que se va a ahorcar del armario. A punto de ser una persona de éxito, se convierte en una vergüenza para un país que obliga a las personas a ser optimistas. El cuaderno de Lola desaparece del baúl de la narradora, será la primera señal de la vigilancia constante que ejerce la Securitate.

La historia de Lola es una especie de prólogo que abre las líneas narrativas de este libro en el que algunos lectores reconocerán los episodios dramáticos de la propia vida de Herta Müller. En primer lugar, su familia suaba (los suabos son una comunidad alemana que llegó a Rumania en el siglo XVII o XVIII y que emigraron bajo el régimen de Ceaucescu): su abuelo, un comerciante a quien el régimen comunista expropió sus tierras; su padre, un SS "que ha llegado a la tierra cantando canciones militares y ha dejado cementerios en el mundo", ahoga sus penas en alcohol y muere prematuramente; su madre, una antigua deportada a Rusia que vive atormentada por el hambre y se lanza a comer patatas cuando las ve.

Otra de las líneas narrativas de La bestia del corazón se ocupa de lo que les ocurre a los amigos de la narradora (Edgar, Kurt y Georg), a quienes, al igual que a ella, la Securitate les vigila, les atormenta. "La Securitate no solamente ha influido en mi vida sino que me ha acompañado a cada minuto, en la calle, en el trabajo, en mi vida privada... La convivencia con la Securitate continuó después de que me fuera de Rumania", ha contado Müller.

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Una de las características de la deslumbrante originalidad de sus escritos es la densidad con que da profundidad a cada frase. De una concreción alucinante, tendiendo a veces hacia lo fantástico, con tintes expresionistas, la prosa de Müller no solamente registra la monografía social del Banato sino que explora sin piedad tanto los detalles físicos como los comportamientos sociales. Pero también permite al lector un espacio suficiente para que él mismo pueda construir las historias, la mayoría de ellas trágicas, de las personas que llevan en su cara la región de donde procede Müller.

Windisch, el protagonista de El hombre es un gran faisán en el mundo, cuenta los años y los días que le quedan para conseguir el pasaporte soñado. Ceaucescu ha recibido el dinero que envía Alemania federal para aceptar la emigración de la minoría alemana, sajona o suaba. Pero ese dinero no le ha ahorrado de pagar otros gastos a una administración corrupta y de sufrir múltiples humillaciones antes de salir: lleva sacos de harina y dinero al Ayuntamiento, tiene que aceptar que su hija pequeña se acueste con el policía y con el cura del pueblo. Y, cuando regresa de visita y trae objetos del Oeste como muestra de su éxito social, sobre su mejilla cae una lágrima de cristal. Windisch no es un caso aislado. Casi toda la comunidad alemana de Rumania ha perdido su patria. En la atmósfera crepuscular de la prosa de Müller, los cementerios, los búhos, los ataúdes forman parte de la vida cotidiana que, a menudo, toma un color fantástico si acaso más pesado a causa de las siluetas negras oscuras de los personajes negativos como el odioso capitán de la Securitate, Piele, y su perro que lleva su mismo nombre.

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"Tuve la suerte de irme de allí. Me fui demasiado tarde, cuando ya estaba destruida", dice Müller. Pero no tan destruida como para escribir 20 libros a sus 56 años y haber recibido el mayor galardón literario del mundo. Aunque sí lo bastante herida como para que cada uno de sus libros cuente la experiencia de su vida en la dictadura. Delgada, frágil, de ojos transparentes, la mirada distante se le instaló cuando, en plena adolescencia, tuvo que defenderse de las investigaciones de la Securitate y de las amenazas de muerte. Müller es muy crítica con la situación de la actual Rumania y también con los intelectuales que no han hecho lo suficiente para dar a conocer el verdadero pasado del país sobre todo durante la dictadura del general Antonescu, el movimiento legionario y el antisemitismo. "En Rumania se cree que el pasado se ha desvanecido en el aire. El país entero parece sufrir de amnesia...". "Quizás haya algunas personas en Rumania que les gusten mis libros pero yo, como persona, no les soy simpática. Lo más probable es porque continúo diciendo cosas sobre Rumania que molestan pero hay que decirlas. La corrupción está en todas partes porque la ex nomenclatura se ha apropiado del país. Todo está privatizado pero, de qué modo... Este sistema funciona tan bien que no me puedo imaginar cómo podría cambiar la situación actual... Es tan estable que hasta parece normal". Es cierto, para muchos rumanos, sobre todo para aquellos que no han podido ver a la gente manifestarse y morir en la calle en diciembre de 1989, la idea de la revolución persiste. Pero personalmente creo que, gracias a su actitud, Müller es más respetada y más popular de lo que ella piensa.

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Sin embargo, Müller ha reconocido que cuando escribe comparte la lengua rumana con la alemana. En Nitzkydorf, el pueblo donde nació y de donde salió a los 15 años, no había aprendido la lengua rumana sino que la descubrió más tarde cuando trabajó en una fábrica. Impresionada por la poesía de esta lengua, llena de metáforas y comparaciones, ha insertado algunos poemas populares rumanos en el texto de La bestia del corazón. Entre ellos, uno tradicional a modo de maldición a la traición: "El que no ama y renuncia / Que Dios le dé como castigo / El paso de la cucaracha y de la serpiente / El estremecimiento del viento / El polvo de la tierra". Esta poesía se invoca cuando la narradora cuenta la historia de su amistad con Tereza. Tras salir de Rumania, muy enferma de cáncer, va a visitar a su amiga con el encargo de espiarla recibido por el capitán de la Securitate. La narradora descubre la traición y echa a Tereza de su casa con gran dolor y sabiendo que es la última vez que ve a su amiga. "La muerte de Tereza ha sido muy dolorosa, como si tuviera dos cabezas que se golpearan una contra la otra. En una estaba el amor, abatido, que sentía por ella y en la otra estaba el odio". Este capítulo también ha tenido una inspiración autobiográfica. Müller pudo comprobar que en su expediente en la Securitate, su mejor amigo había hecho informes sobre su vida diaria.

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Con el Nobel y con su libro El hombre es un gran faisán en el mundo Müller parece haber terminado su misión: una obra centrada obsesivamente en su experiencia dramática así como en el sufrimiento y el desarraigo de la colectividad alemana en Rumania. Antes de esperar a ver si surgen otros temas en la obra de esta escritora, los lectores descubrirán en sus libros un universo alucinante enriquecido con la trágica historia del siglo pasado.

(El País/Babelia. Herta Müller, premio Nobel de Literatura 2009, es autora, entre otros libros, de En tierras bajas, El hombre es un gran faisán en el mundo, La piel del zorro y La bestia del corazón. Gabriela Adamesteanu es escritora rumana y acaba de publicar en España Una mañana perdida.)

Comisiones empantanan el Diálogo Guaymuras

Las dos comisiones en las que el pueblo hondureño ha depositado la confianza para alcanzar un acuerdo que termine con la crisis política del país no han logrado el consenso después de ocho días en deliberaciones.

El hotel Clarion de Tegucigalpa ha sido testigo de las reuniones que han tenido Vilma Morales, Arturo Corrales y Armando Aguilar Cruz, por parte del presidente Roberto Micheletti, y Víctor Meza, Mayra Mejía y Rodil Rivera Rodil, por parte del depuesto mandatario Manuel Zelaya.

Desde temprano, ambas comisiones salían por el sótano del hotel para evadir a la prensa nacional e internacional que cubre el evento con el objetivo de ir donde Micheletti y donde Zelaya a presentarles las nuevas propuestas.

No obstante, el pacto de secretividad se rompió alrededor de las seis de la tarde cuando la comisión del ex presidente Zelaya brindó una improvisada conferencia de prensa en la que leyó una contrapropuesta al Gobierno interino referente al punto seis del Acuerdo de San José.

“Respetuosamente solicitamos al Congreso Nacional que previo dictamen de las instancias pertinentes, si lo estima necesario, emita la decisión correspondiente a ese punto, que textualmente dice: para lograr la reconciliación y fortalecer la democracia, solicitamos al Congreso Nacional que a efectos de recuperar la integración y legitima conformación de los poderes constituidos al 28 de junio de 2009, en lo procedente retrotraiga la situación del Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo, el Poder Judicial y el Tribunal Supremo Electoral a su estado previo al 28 de junio, por haber sido conformados según los artículos 202, 205 incisos 9 y 11 y 236 de la Constitución de la República de Honduras.

Lo anterior implica el retorno de José Manuel Zelaya Rosales a la Presidencia de la República hasta la conclusión del actual periodo gubernamental, el 27 de enero de 2010”, dice la propuesta zelayista.

Propuesta de Micheletti

Al verse presionados por la comisión de Zelaya que había hecho pública la contrapropuesta, el grupo de Micheletti reveló su propuesta: “Para lograr la reconciliación nacional y fortalecer la democracia, reconocemos la legitimidad de los poderes constituidos al 28 de junio de 2009: el Poder Legislativo, Poder Judicial y el Tribunal Supremo Electoral, por haber sido conformados según los artículos 202, 205, numerales 9 y 11 de la Constitución de la República. En cuanto a la pretensión del ciudadano José Manuel Zelaya Rosales de retornar a la Presidencia de la República, condicionamos nuestro acuerdo al criterio institucional de la Corte Suprema de Justicia, como ente encargado constitucionalmente de la aplicación de la ley.

Lo anterior implica que la opinión del Poder Judicial tendrá carácter vinculante y por consiguiente de obligatorio cumplimiento para las partes intervinientes en este diálogo. Para este propósito respetuosamente formulamos atenta solicitud al Poder Judicial y al efecto se le cursa los términos del presente acuerdo”, dice la propuesta de Micheletti.

En palabras claras, los zelayistas quieren el análisis del Congreso Nacional y los de Micheletti el de la Corte Suprema. Al respecto, la ex presidenta de la Corte, Vilma Morales, mencionó que analizarán la contrapropuesta que hizo la otra comisión, la cual será presentada al presidente interino. Manifestó que las pláticas han sido suspendidas por el fin de semana, pero que estarán en contacto telefónico con los otros miembros e informarán de la reanudación del diálogo que probablemente será el lunes.

Sobre el retorno de poderes antes del 28 de junio, en la propuesta de los zelayistas se incluye a la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Supremo Electoral, elegidos antes de la fecha indicada. Al respecto, el ex ministro de Turismo, Ricardo Martínez, explicó que en la petición se menciona a la Corte y al Tribunal por ser órganos de gran importancia, pero que éstos quedarían como están si se acepta su contrapropuesta.

El papel de la Corte

La comisión de Micheletti pidió a la de Zelaya que la discusión del punto seis del Acuerdo de San José sea analizada por la CSJ, pero Víctor Meza cree que este poder del Estado ya dio su opinión acerca del acuerdo y por eso el Congreso debe intervenir.

“No es necesario que la Corte Suprema sea un árbitro, pero si desean que el Congreso intervenga,también puede hacerse”.

(La Prensa/San Pedro Sula/Honduras)

La democracia bajo condena

En sus 60 años, la Organización de Estados Americanos (OEA) nunca expulsó a uno de sus miembros porque en él se hubiera dado un golpe de Estado, a pesar de que tales golpes fueron acometidos por personajes como Augusto Pinochet, los generales brasileños o los genocidas del Cono Sur.

Violando su propia Carta, la OEA acogió en su seno a los peores dictadores del hemisferio, a Somoza, Pérez Jiménez y Trujillo, el dictador dominicano que protagonizó La fiesta del chivo. La guerra fría y el anticomunismo fueron las primeras excusas, pero después vinieron otras hasta que, al fin, las dictaduras fueron dejadas atrás. De modo que la suspensión de Honduras el 4 de julio por el Consejo Permanente no tuvo precedentes. Si los equívocos y las contradicciones no fueran tantos, podría suponerse que, aunque tarde, la OEA comenzaba a redescubrir su propia Carta.

Al documento fundacional que imaginaba a la OEA como conjunto de Estados democráticos, se le añadió la Carta Democrática Interamericana que algunos Gobiernos, como el de Venezuela, suelen desdeñar con obstinación y buena fortuna.

A raíz de la destitución de Manuel Zelaya como presidente de Honduras, el 28 de junio, fue aplicada la Carta Democrática. Podría suponerse que con buenos fundamentos, pero no ocurrió así. La OEA se precipitó. Tenía que investigar las causas de la crisis. O, mejor, debió preverla, invocando la Carta a tiempo, antes, y no después.

Al pretender llevar a cabo un referéndum ajeno al orden constitucional hondureño, el presidente Zelaya violó la Constitución de su país, y violó asimismo la Carta Democrática. Quiso abrirle espacio a la convocatoria de una Asamblea Constituyente de manera unilateral, con el propósito de hacerse reelegir, siguiendo el manual de los presidentes de la Alianza Bolivariana, Venezuela, Bolivia y Ecuador. ¿Por qué no reaccionó entonces la OEA? Porque había perdido la fe en la Carta, y el mismo secretario general José Miguel Insulza, requerido en cierta ocasión, respondió con total desdén y, como excusa, que "más de siete países la violaban".

El presidente Zelaya no fue destituido por un golpe militar, sino por una decisión unánime de los otros poderes del Estado. Admitiendo los errores cometidos, en particular su expulsión del país, la OEA estaba frente a una situación que exigía ponderación y cautela.

En lugar de la mediación, la organización optó el 4 de julio por la exclusión de Honduras del sistema, por el ultimátum, las retaliaciones económicas, y por último y absolutamente inaceptable, la declaración de ilegitimidad de las elecciones del 29 de noviembre, ya en curso con seis o siete candidatos que representan el espectro político del pequeño país. Obviamente, la única salida constitucional a la crisis, con lo cual se despoja al pueblo hondureño de su soberanía.

¿Quién decide el destino de los hondureños, ellos o la comunidad internacional, la OEA, Unasur, la Unión Europea que nunca miró a estas crisis? Todos a una, y ciegamente, como movidos por extraños compromisos, se unieron contra el Gobierno interino, reclamando la restitución del presidente Zelaya. Hasta el Consejo de Seguridad tomó cartas en el asunto como si el pequeño país amenazara el orden mundial.

Los errores han sido tan grandes que la propia OEA ha querido obviarlos acogiéndose al Acuerdo de San José. El miércoles 7 de octubre se puso de manifiesto el equívoco de suspender del sistema al interlocutor necesario.

Al viajar a Honduras una misión de cancilleres con el secretario general para dialogar, y ahora, sí, mediar, en lo que ya no es una crisis sino un conflicto, la OEA reconoce que "para bailar tango se necesitan dos".

Concentrar el rompecabezas en la suerte de Manuel Zelaya o de Roberto Micheletti es otro error. El tiempo que les quedaría no vale la pena para ninguno de los dos. Ambos estorban. Quizás el presidente Zelaya, "hospedado" desde el 21 de septiembre de manera tan heterodoxa por Brasil, no renuncie a su proyecto de una Asamblea Constituyente que le abra el camino del regreso. De ahí su intransigencia en descalificar las elecciones. Un proyecto obviamente vinculado a la Alianza Bolivariana.

El duelo de los antagonismos está a la vista. A la comunidad internacional, comprometida de manera tan inverosímil, no le será fácil encontrar la salida del laberinto. Conviene, en suma, propiciarle a los hondureños la búsqueda de sus propias soluciones, con el cese de las interferencias, abiertas o secretas.

(El País, Madrid. El autor, editor adjunto de El Nacional en Caracas, socialdemócrata, es ex-canciller de Venezuela y participante de las gestiones de paz en Centroamérica)

jueves, 15 de octubre de 2009

Yoani Sánchez no puede viajar

Yoani Sánchez no puede viajar

Lecciones de biología

inmigracion_y_extranjeria

Máquinas de bypass que se apagan, llantos de bebé que resuenan. Cuños que caen sobre las hojas para negar y censurar; kilobytes que llevan mi voz por Internet sin necesidad de moverme. Alguien que me mira ceñudo mientras habla por el walkie-talkie del control. Un pájaro llamado Twitter me alza entre sus patas. Oficinas con gente uniformada que confirman “usted no puede viajar por el momento”, si bien ya estoy a miles de kilómetros de aquí, en ese mundo virtual que ellos no pueden comprender ni cercar.

(Yoani Sánchez en su blog Generación Y)


Yoani Sánchez gana el premio María Cabor Moors de periodismo

La Escuela Graduada de Periodismo de la Universidad de Columbia anunció los nombres de los ganadores del Premio María Moors Cabot 2009, otorgado a quienes se han destacado en la cobertura de Latinoamérica y el Caribe. El Premio Cabot honra a periodistas cuyos reportajes y trabajo editorial han propiciado un mejor entendimiento dentro del continente americano.

Los ganadores de la medalla de oro de 2009 son: Anthony DePalma, corresponsal, The New York Times; Christopher M. Hawley, corresponsal en América Latina, USA Today y The Arizona Republic; y Merval Pereira, columnista, O Globo (Brasil). Yoani Sánchez, blogger cubana, recibirá una mención especial por su blog Generación Y.

“Los ganadores de los premios Cabot 2009 ejemplifican la mejor cobertura tradicional de las Américas y el uso más audaz del periodismo digital por superar las barreras que por tanto tiempo han opacado regiones del continente en donde la prensa libre ha luchado por ser reconocida”, expresó Nicholas Lemann, decano de la Escuela Graduada de Periodismo.

El Presidente de la Universidad de Columbia, Lee C. Bollinger, presidirá la entrega de los Premios Cabot en una ceremonia y cena el miércoles 14 de octubre de 2009 en el campus de la universidad. Tres de los homenajeados recibirán una medalla y un reconocimiento de US $5,000 y la Sra. Sánchez recibirá una mención especial. Los medios para los cuales trabajan los ganadores recibirán también una placa conmemorativa de bronce.

A continuación, se esbozan los datos biográficos de los ganadores de los Premios Cabot.

Yoani Sánchez

Blogger, Generación Y
Yoani Sánchez es una ciudadana cubana que aprovecha Internet con un poder extraordinario. En apenas dos años, su blog semanal, Generación Y, ha conectado Cuba —digitalmente—con el resto del mundo. Generación Y no reitera la batalla de palabras que Cuba y los Estados Unidos han fomentado hasta la saciedad por cinco décadas. En cambio, es una mezcla de observaciones personales y un riguroso análisis que pone de manifiesto la vida diaria de los cubanos, llena de frustraciones y esperanzas. Licenciada en filología y de 34 años de edad, Sánchez ejerce su oficio con ingenio, recursos escasos y enorme osadía—pagando por minuto para poder usar una de las pocas computadoras conectadas al Internet disponibles a los cubanos de La Habana, rápidamente bajando y mandando sus comentarios a sus simpatizantes. Cuenta con miles de seguidores fieles alrededor del mundo, quienes hablan más de quince idiomas y traducen sus blogs. Por su audacia, talento y gran éxito en tan poco tiempo, la junta directiva de los premios Cabot se enorgullece en otorgarle a Yoani Sánchez la mención especial por excelencia periodística.

(The Journalism School, Columbia University, NY)

Carta al diputado Guillermo Gallegos

Estimado Guillermo Gallegos:

Les felicito a vos y el resto de los 12 diputados “rebeldes” de ARENA ¡Al fin hay diputados “independientes”! ¡Al fin diputados que no corresponden a la cúpula de su partido - sino a la cúpula de otro partido! O más bien a la patria - y la patria ahora la gobiernan otros señores…

Sería demasiado pedir independencia real, mucho menos a un grupo de diputados escogidos para obedecer a Casa Presidencial. Cuando a ustedes los nombraron candidatos de ARENA, juraron fidelidad a Casa Presidencial, no al partido. Entonces, a Casa Presidencial deben fidelidad, no importa que haya cambiado de dueño…

Entonces, ustedes no sólo han mostrado “independencia”, sino también patriotismo y fidelidad. ¡Son verdaderos ejemplos de virtudes civiles!

Sólo falta que donen a una causa noble de caridad la mitad de lo que les paguen por este acto de rebeldía e independencia – y se convierten en verdaderos padres de
la patria. Por lo menos se ganan el apodo que ya les dieron: “los 12 apóstoles”. Bueno, quiten lo último, porque entre los apóstoles no había más que un solo Judas.

Saludos, Paolo Luers

(Más!)

martes, 13 de octubre de 2009

¿Oposición propositiva u oposición con propuesta propia?

En vez de predicar todos los días, desde el día de su derrota electoral hasta la fecha, sobre lo constructivo y propositivo que van a ser como oposición, los dirigentes de ARENA simplemente deberían hacer su trabajo: ejercer oposición.

No importa si constructiva, propositiva, positiva, lo que el país necesita es oposición. Un contrapeso al gobierno. Un proyecto alternativo de nación, de desarrollo, de gobernabilidad. Habrá momentos y temas donde el ejercicio de esta oposición tendrá que ser "positivo", y otros donde tendrá que ser tajante.

Habrá momentos y temas donde habrá que decir: "No. ¡Y punto!", y otros donde habrá que decir: "Sí, pero bajo estas condiciones...". También habrá ocasiones excepcionales, cuando la oposición podrá simplemente decir: "Sí, de acuerdo, cuenten con nosotros".

Un partido de oposición no tiene por qué definirse como constructivo o destructivo. Un partido de oposición no tiene por qué pedir permiso para oponerse. No tiene que pedir disculpas y comprensión por haber ejercido oposición. Es su papel en el sistema democrático. Si no lo hace, si no se atreve, y si no lo hace bien, debilita la democracia.

La discusión sobre el carácter propositivo de la oposición es absurda: el papel de un partido opositor es, por definición, propositivo. Un partido opositor, o representa un proyecto político alternativo al gobierno (o sea propone a la Nación un proyecto diferente), o deja de ser oposición.

Por ejemplo, el PCN no es un partido opositor, porque no representa propuesta o proyecto ninguno. El PCN es un partido fuera del gobierno, esperando oportunidades de negociar sus votos.

Entonces, la pregunta a ARENA no es: ¿cuán propositivo sos frente al gobierno?, sino: ¿Cuál es tu proyecto, cuál es tu propuesta a la Nación?

Uno esperaría que a esta altura, habiendo transcurrido siete largos meses desde su derrota electoral, ARENA no convocara a una Convención Extraordinaria sin tener nada que decir en cuanto a programa nuevo, identidad política nueva, propuesta a la Nación nueva. Tristemente, precisamente esto pasó.

Convocaron a la primera Convención Extraordinaria después del cambio de gobierno a oposición, y no ofrecieron contenidos. Ratificaron para dos años al Coena que han puesto de emergencia para amortiguar la crisis y lidiar con el trauma de la derrota. No hubo ni signo de una discusión programática. Nada de debate sobre una nueva identidad política con la cual ARENA podría ir a futuras elecciones y entusiasmar a la juventud.

Veamos las fotos y los videos de la Convención arenera: las mismas caras, el mismo busto del mismo mayor Roberto d'Aubuisson, el mismo himno, la misma maña de los dirigentes de disfrazarse de columna de pinta y pega.

El mensaje es claro: "Aquí no pasó nada. Nos pegaron una gran vergueada (¿a saber por qué?), pero aquí no pasó nada. Por lo menos nada que nos obligue a revisar nuestro proyecto, redefinir nuestro programa y nuestra identidad como partido...".

Para los sectores que no se sienten representados por el FMLN y tampoco por la manera como ARENA ha gobernado, esto significa que no pueden seguir centrando sus expectativas en la renovación de ARENA.

En vez de renovarse, ARENA se enconcha en su pasado. Por esto, en vez del despliegue de liderazgos nuevos, observamos en la Convención el desfile de personajes históricos, incluyendo algunos que no pueden representar la renovación, sino más bien reviven la memoria de viejos abusos y errores...

La convención de ARENA evidencia que aquí se trata de un partido que se atrinchera en sus tradiciones para defender su lugar histórico. Muy bien. Entonces, de una vez por todas hay que dejar de esperar de ARENA que al mismo tiempo llene el espacio desocupado en nuestro mapa político de una centroderecha reformista, progresista y democrática.

ARENA, aunque más por inercia y omisión que de manera proactiva, ha definido el lugar que quiere ocupar. Que lo haga, y ojalá que lo haga bien, de manera coherente. Pero esto deja libres a todos los que insisten en una partido de centroderecha que se defina por su capacidad de reformar al país. Ya no es una cuestión de división, sino de un esfuerzo complementario necesario para el pluralismo del país.

Hay un espacio que, como ARENA ha decidido no ocuparlo, alguien lo tiene que llenar. Si no lo hacen sectores de la oposición, lo harán sectores de la coalición gobernante. En política, como en física, no hay vacío que no se llene.

Posdata: Al terminar esta columna me entero de que 12 diputados de ARENA se han declarados rebeldes y ya no responderán a la dirección del Coena. Eso sí es irónico: a pesar del gran cuidado del Coena actual de no hablar de renovación, para no provocar divisiones en ARENA, el sector más retrógrado se les fue al carajo.

De nada sirvió hacer una Convención sin discutir lo que había que discutir. De nada sirvió tapar las contradicciones entre reacción y renovación. Tal vez ahora, sin el freno del miedo a la división (porque ya se dio de todos modos), ARENA puede avanzar hacia su renovación. O si no, dar paso a otra escisión...

(El Diario de Hoy)

Carta a la niña Zoila que vendía uniformes escolares

Estimada niña Zoila:

Generaciones de alumnos le han encargado a usted sus uniformes escolares. No se ha hecho rica, pero gracias a los uniformes ha sobrevivido. Igual que las costureras que le maquilaron las camisas, loas faldas y los pantalones. Igual que cientos de negocios pequeños y familiares que en todo el país se dedicaron a ofrecer uniformes escolares.

Hasta que llegó un señor Salvador Sánchez Cerén al Ministerio de Educación y decidió que fabricar y distribuir uniformes escolares no es tarea tuya, sino del Estado.

En vez de darles un bono a las familias necesitadas para que le sigan comprando el uniforme a usted, este señor dijo: “Llegó el cambio, vamos a regalar a todos los niños sus uniformes – y vamos a poner a todo el Ministerio de Educación en función de mandar a fabricar y repartir uniformes...”

Con el efecto que alguien -¿quien sabe quien?- va a hacer el negocio de su vida; que usted ya no va a vender uniformes a los hijos de sus vecinos; que un montón de niños, cuyos padres tienen dinero, recibirán uniformes regalados del ministerio; y que todos los niños tendrán que esperar varios meses sus uniformes, porque el Estado, para hacer el trabajo que otra gente sabe hacer mejor, es lento...

Vaya, niña Zoila, mucha gente todavía está esperando el tal cambio que prometieron los señores Funes y Sánchez Cerén. Usted tiene el privilegio que ya le llegó...

Felicidades, Paolo Lüers

(Más!)

lunes, 12 de octubre de 2009

Heckuva Job, Barack

This was Barack Obama’s chance.

Here was an opportunity to cut himself free, in a stroke, from the baggage that’s weighed his presidency down — the implausible expectations, the utopian dreams, the messianic hoo-ha.

Here was a place to draw a clean line between himself and all the overzealous Obamaphiles, at home and abroad, who poured their post-Christian, post-Marxist yearnings into the vessel of his 2008 campaign.

Here was a chance to establish himself, definitively, as an American president — too self-confident to accept an unearned accolade, and too instinctively democratic to go along with European humbug.

He didn’t take it. Instead, he took the Nobel Peace Prize.

Big mistake.

People have argued that you can’t turn down a Nobel. Please. Of course you can. Obama is a gifted rhetorician with world-class speechwriters. All he would have needed was a simple, graceful statement emphasizing the impossibility of accepting such an honor during his first year in office, with America’s armed forces still deep in two unfinished wars.

Would the world have been offended? Well, to start with, the prize isn’t given out by an imaginary “world community.” It’s voted on and handed out by a committee of five obscure Norwegians. So turning it down would have been a slap in the face, yes, to Thorbjorn Jagland, Kaci Kullmann Five, Sissel Marie Ronbeck, Inger-Marie Ytterhorn and Agot Valle. But it wouldn’t have been a slap in the face to the Europeans or the Africans, to Moscow or Beijing, or to any other population or great power that an American president should fret about offending.

In any case, it will be far more offensive when Obama takes the stage in Oslo this November instead of Morgan Tsvangirai, Zimbabwe’s heroic opposition leader; or Thich Quang Do, the Buddhist monk and critic of Vietnam’s authoritarian regime; or Rebiya Kadeer, exiled from China for her labors on behalf of the oppressed Uighur minority; or anyone who has courted death this year protesting for democracy in the Islamic Republic of Iran.

True, Obama didn’t ask for this. It was obvious, from his halting delivery and slightly shamefaced air last Friday, that he wishes the Nobel committee hadn’t put him in this spot.

But he still wasn’t brave enough to tell it no.

Obama gains nothing from the prize. No domestic constituency will become more favorably disposed to him because five Norwegians think he’s already changed the world — and the Republicans were just handed the punch line for an easy recession-era attack ad. (To quote the Democratic strategist Joe Trippi, anticipating the 30-second spots to come: “He got a Nobel Prize. What did you get? A pink slip.”)

Overseas, there was nobody, from Paris to Peshawar, who woke up Friday more disposed to work with the United States because of the Nobel committee’s decision — and plenty of more seasoned statesman who woke up laughing. (Vladimir Putin probably hasn’t snickered this much since John McCain tried to persuade Americans that “we are all Georgians” during last year’s weeklong war.)

Meanwhile, the prize makes every foreign-policy problem Obama faces seem ever so slightly more burdensome. Now he’s the Nobel laureate who has to choose between escalating a counterinsurgency in Afghanistan or ceding ground to a theocratic mafia. He’s the Nobel laureate who’ll either have to authorize military strikes against Iran or construct an effective, cold-war-style deterrence system for the Middle East. He’s the Nobel laureate who’ll probably fail, like every U.S. president before him, to prod Israelis and Palestinians toward a comprehensive settlement.

At the same time, the prize leaves Obama more open to ridicule. It confirms, as a defining narrative of his presidency, the gap between his supporters’ cloud-cuckoo-land expectations and the inevitable disappointments of reality. It dovetails perfectly with the recent “Saturday Night Live” sketch in which he was depicted boasting about a year’s worth of nonaccomplishments. And it revives and ratifies John McCain’s only successful campaign gambit — his portrayal of Obama as “the world’s biggest celebrity,” famous more for being famous than for any concrete political accomplishment.

Great achievements may still await our Nobel president. If Obama goes from strength to strength, then this travesty will be remembered as a footnote to his administration, rather than a defining moment.

But by accepting the prize, he’s made failure, if and when it comes, that much more embarrassing and difficult to bear. What’s more, he’s etched in stone the phrase with which critics will dismiss his presidency.

Slick Willie. Tricky Dick. Jimmy “Malaise” Carter. Dubya the Incompetent.

And now Barack Obama, Nobel laureate.

(The New York Times)

domingo, 11 de octubre de 2009

Gandhi Wuz Robbed

When he heard the Nobel Peace Prize shocker on Friday, Bill Clinton went into one of his purple rages. He picked up the phone and dialed the one person on earth who would be as steamed as he was.

CLINTON: Hey, man, it’s me. This thing is plumb crazy. Can you believe it?

W: No way, Jose!

CLINTON: First that prig Carter. Then that prig Gore. And now President Paris Hilton. The guy’s in office three days and he gets the peace prize? He should have gotten the Nobel in chemistry, because chemistry’s all he’s got. Talk about a fairy tale. This ... is ... just ... wrong! It’s killing me, man. I feel like my head’s explodin’. First I had the vast right-wing conspiracy, and now I have the vast left-wing conspiracy.

W.: I hear ya, 42. As if his head wasn’t big enough. This cat is all cage, no bird. He doesn’t have a clue.

CLINTON: Heck no.

W.: See, I’m the one who should be mad. Let me tell you, this Norwegia thing has nothing to do with him. It’s just another way for the pinkos of the world to drop a cow patty on my legacy. All that garbage in the prize statement about how special La Bamba is for bringing back wimpy multilateral diplomacy, dialogue and negotiations, the kind my dad and Scowcroft loved. Those Nobel ninnies are so lulu left they make the U.N. look like a Fox jamboree. The rookie already got rewarded once for not being me when he got elected. Gosh, what would he do without me?

CLINTON: Fine, but you never expected to win this prize. You were the quote-unquote war president and proud of it. I had to put up with a gazillion hours of Arafat’s insanity, but I guess that still wasn’t enough for those Oslo ice queens. I guess ending ethnic cleansing in Bosnia wasn’t enough, or bringing peace to Northern Ireland. And I guess my work with the Clinton Global Initiative saving lives in Africa and hanging with Bono and Barbra wasn’t enough.

W.: Calm down, bro. You gotta take care of that ticker.

CLINTON: It was a case of premature adulation.

W.: Heh-heh-heh. Yeah, very pre-emptive, sort of like Cheney’s pre-emptive war policy.

CLINTON: If they weren’t going to give it to me, they should at least have given it to the Chinese human rights movement or the Iranian protesters or AIDS workers in the Congo. Or even Bono.

W.: Yeah, man. Bono.

CLINTON: That would have helped make life better for the good guys and harder for the bad guys. Once again, action loses out to talk, just like with Hillary and Obama in the campaign. Nobel Prize for blah-blah-blah. Heck, I used to be considered a pretty good talker myself.

W.: It’s aggravating, I agree. But look at it this way, 42. Everybody’s laughing at La Bamba. He gets a Nobel for nada. Being loved by Europeans isn’t gonna do him any good here in the U.S. of A. I whupped that Frenchy Kerry, didn’t I?

CLINTON: The only peace Obama has made is bringing together the Taliban, Rush Limbaugh, the Palestinians and the Israelis to agree the guy is undeserving. It just confirms everyone’s suspicion that all this dude knows how to do is dazzle.

W.: He doesn’t want to be a Decider. He wants to be a Transformer. He transformed, all right — from Miss America to Miss Universe. He’s a five-spiral crash, and getting the gold is just a reminder of all he hasn’t done. He’s going to have to look over and see that big medallion hanging up there in the Oval, mocking him as an empty suit, a pretty boy beloved by the Blame-America-First crowd, whenever he has to send more troops to Afghanistan, or the Taliban act up, or Iran fires up for nukes.

CLINTON: Maybe you’re right, George. Some winners think the Nobel’s the kiss of death. Any peace prize that goes to Henry Kissinger but not Gandhi ain’t worth a can of Alpo. Heck, if Gandhi had known he was going to lose out to Henry the K, he could have had more time to eat french fries and chase girls.

W.: And finish getting dressed. Heh-heh-heh.

CLINTON: Barack’s going to give that $1.4 million away to charity. I got a charity. How ’bout he just signs it over to me? Speaking of money, we need to do another of those joint lecture things.

W.: I’m fairly footloose. This is the beginning of a beautiful friendship. Go choke on a herring, Norwegia!

(The New York Times)