jueves, 27 de enero de 2011

Columna transversal: Un cuento de hadas

Cuando al fin --muchos años después del fin de la guerra civil entre izquierda y derecha-- llegó al poder en El Salvador el primer presidente de izquierda, todo el país tenía grandes expectativas de cambio. Algunos esperaban que al fin se realizara la revolución socialista; otros esperaban un poco más de justicia; algunos, aunque no esperaban nada bueno en los cambios económicos sociales, por lo menos esperaban un poco más de decencia, porque también ellos estaban cansados de la manera cómo la clase política había manejado el poder a su antojo y conveniencia.

En la ceremonia de la asunción del poder, el nuevo presidente, que había llevado a cabo una campaña política castigando los abusos del poder de los gobiernos anteriores, sorprendió a todos con un discurso conciliador que culminó con la frase: "Asumo la responsabilidad, pero la quiero compartir con todos. En mi gobierno no será pecado equivocarse, pero sí será pecado echarle la culpa de nuestros fracasos a otros".

Qué discurso más raro, dijeron sus opositores, sus seguidores y sus observadores. A lo mejor será pura retórica...

Pero lo que más raro les pareció a los fotógrafos y camarógrafos, que estaban pendientes de la llegada del presidente electo, era el hecho que arribó al lugar de la ceremonia en el mismo carro que había usado durante su campaña, un modesto Nissan Sentra de 10 años, vehículo preferido de vendedores de seguros, contadores y pensionados. Las imágenes del nuevo mandatario bajándose de este vehículo fueron vistas y comentadas en todos los noticieros.

El mismo día, en la primera sesión de su gabinete de gobierno, el presidente presentó los borradores para los primeros 5 anuncios de su gobierno, y pidió a sus ministros redactarlos. "Con este primer paquete de anuncios y decretos quiero dejar claro a qué me refiero cuando hablo del cambio".

Los ministros casi se desmayaron cuando leyeron los borradores de los decretos. "Presidente", dijo uno de ellos, "yo estoy de acuerdo con un plan de austeridad, pero lo podemos hacer de otra manera. No es necesario que vendamos toda la flota de camionetas Prado. ¿Cómo va pensar que el presidente se movilice en un Nissan Sentra?"

El presidente contestó: "Te voy a decir tres cosas: Primero, el presidente se movilizará en un Sentra, porque este es el carro que tengo años de manejar y no veo ninguna razón de cambiarlo. Segundo: no es sólo un asunto de austeridad, es un asunto de decencia y credibilidad. Tercero: Estás despedido".

Una semana después se publicaron los 5 primeros anuncios del nuevo gobierno:

1) Se venderán todos los vehículos del gobierno que tengan un valor mayor de 25 mil dólares, con excepción de vehículos especiales para la Fuerza Armada, PNC, Bomberos, Protección Civil y hospitales. Se cambiarán por ve-hículos tipo sedán y pickups, cuyo valor no excede los 25 mil dólares.

2) La residencia presidencial en la colonia Escalón se convierte sede de la nueva Escuela de Administración Pública. El presidente mantiene su residencia de muchos años. El rancho presidencial en el lago de Coatepeque pasa a ser centro de recreo para los empleados públicos.

3) Los helicópteros asignados a Casa Presidencial serán concentrados a una unidad logística que dará servicio a Protección Civil, Fuerza Armada, PNC y Casa Presidencial. Se usarán exclusivamente para viajes de trabajo.

4) No habrá Primera Dama que asuma responsabilidades administrativas. La esposa del presidente continuará dedicándose a la profesión que viene ejerciendo con plena satisfacción. Las funciones administrativas que anteriormente han desempeñado las primeras damas, se asignan a los ministerios correspondientes.

5) Nadie en el Ejecutivo puede tener un salario que sobrepase los 500% del menor salario en su institución. O sea, si el menor salario en Casa Presidencial es de $600 dólares, el del presidente no puede ser más de 3 mil.

A una semana de la publicación de estos anuncios presidenciales, cinco de los miembros del gabinete habían renunciado por problemas de salud. Fueron sustituidos por cinco académicos y empresarios que anteriormente habían rechazado la oferta del presidente de incorporarse al primer gobierno de izquierda del país.

Como se habrá dado cuenta el lector, esta es un historia de ficción. Cualquier falta de similitud con personajes reales no es coincidencia. Cualquier similitud del personaje aquí retratado con el presidente de Uruguay, José "Pepe" Mujica, tampoco es coincidencia. Sólo que él maneja un Volkswagen Bocho...

(El Diario de Hoy)

Carta a Ernesto Torres Chico

Estimado Lic. Torres Chico:

Recién fue nombrado jefe de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana. Lo decente hubiera sido rechazar el cargo. No lo hizo. Pero nunca es tarde. Debería hacerlo, antes de que usted se convierta en el problema que paraliza el proceso de la integración centroamericana.

¿Necesita razones para renunciar? Le doy un par. Primero: ¿Cómo puede usted aceptar ser el sustituto de su paisana Yolanda Mayora, cuando ella fue desbancada por los presidentes de Guatemala y El Salvador por haber iniciado una auditoría a la administración anterior? ¿Cómo puede aceptar esto, cuando usted fue parte de esta dirección que Yolanda Mayora mandó a auditar?

Porque usted trabajó en SIECA con Haroldo Rodas, quien hoy, como canciller guatemalteco, promovió la sustitución de Yolanda Mayora. ¿Y usted acepta ser el sustituto? Huele feo.

Necesita otra razón para renunciar. Bueno, talvez por ser cuñado del canciller salvadoreño Hugo Martínez, quien también jugó un papel activo en la remoción de Yolanda Mayora.

¿Nos son suficientes estas dos razones? Aquí hay otra: Tanto Costa Rica como Panamá no están de acuerdo con su nombramiento – por las razones arriba mencionadas. Ni tampoco las gremiales empresariales de los cinco países de Centroamérica.

¿Realmente quiere ser usted la piedra donde se tropieza todo el proceso de integración económica?

Mejor pídale a su cuñado algún consulado y se aleja de Centroamérica, antes de que el daño sea irreparable.

Paolo Lüers

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miércoles, 26 de enero de 2011

The Times's Dealings With Julian Assange and the Secrets He Spilled

This past June, Alan Rusbridger, the editor of The Guardian, phoned me and asked, mysteriously, whether I had any idea how to arrange a secure communication. Not really, I confessed. The Times doesn’t have encrypted phone lines, or a Cone of Silence. Well then, he said, he would try to speak circumspectly. In a roundabout way, he laid out an unusual proposition: an organization called WikiLeaks, a secretive cadre of antisecrecy vigilantes, had come into possession of a substantial amount of classified United States government communications. WikiLeaks’s leader, Julian Assange, an eccentric former computer hacker of Australian birth and no fixed residence, offered The Guardian half a million military dispatches from the battlefields of Afghanistan and Iraq. There might be more after that, including an immense bundle of confidential diplomatic cables. The Guardian suggested — to increase the impact as well as to share the labor of handling such a trove — that The New York Times be invited to share this exclusive bounty. The source agreed. Was I interested?

I was interested.

Lea el articulo completo en The New York Times

Bienvenido al gobierno, señor presidente

En vez de aclarar las cosas, el presidente de la República está creando aún más confusión sobre el subsidio al gas.

En una larga entrevista en TCS transmitida el lunes 24 de enero, el presidente dedicó mucho espacio a este tema. Lo único que queda claro es: la implementación del nuevo esquema de subsidio al gas, anunciada por el ministro de Economía para febrero, queda postergada por dos meses más. Por decisión presidencial. Lo que no dijo es cuánto esta decisión le costará al Estado. Expertos estipulan que por lo menos 10 millones de dólares mensuales.

Todo lo demás queda más confuso y contradictorio luego de esta intervención personal del presidente en el asunto del gas propano, que supuestamente está al cargo del Ministerio de Economía. El Dr. Héctor Dada, titular de esta cartera, había dicho que el subsidio total sólo se mantendrá para los hogares que tienen un consumo de energía eléctrica hasta los 99 kilovatios hora. Subsidio total significa que el Estado paga a los beneficiados la diferencia entre el precio subvencionado actual y el precio de mercado. Estamos hablando de una diferencia de $8.50. Los que consumen entre 100 y 200 kilovatios hora, sólo iban a recibir el 50 de esta diferencia. Así estaba elaborado todo el plan logístico del ministerio.

Así el ministerio de Economía estaba haciendo las gestiones con las compañías de distribución eléctrica y los bancos.
Ahora intervino el presidente y la cosa cambia radicalmente: "Vamos a mantener, entonces, el subsidio, el 100% del subsidio para un poco más del 70% de los hogares salvadoreños, ¿quiénes son esos? Los que en su factura eléctrica consumen hasta 200 kilovatios hora".

Dicho por Mauricio Funes, nuevamente sin mencionar cuánto le costará al Estado mensualmente esta decisión presidencial. Le tocará al ministro de Economía darnos esta mala noticia.
Ya que estaba echando agua al plan del ministerio de reducir el subsidio y de esta manera ahorrarle dinero al Estado, el presidente anunció otro cambio radical al esquema elaborado por el ministerio de Economía: "Estoy seguro de que el señor Merino (diputado del PCN, quien había exigido que el subsidio al gas se mantenga así como está; P.L.) no tiene cocina de gas; sin embargo, es muy probable, es muy probable que consuma menos de 200 kilovatios hora; a él le vamos a regalar ocho dólares con 50 centavos para que vaya a comprar, no un tambo de gas, porque no tiene tambo de gas, sino que alguna otra cosa que quiera comprar.

Los ocho dólares con 50 centavos se le va a dar a la gente, inclusive a quienes no tienen tambo de gas, por el solo hecho de ir a pagar su servicio de luz, entonces, indirectamente hasta le estamos subsidiando el consumo de energía eléctrica, porque cuando pague su factura ahí le van a dar ocho dólares con 50 centavos, entonces, es como un descuento el que está recibiendo."

Nada de esto estaba previsto en el nuevo esquema de subsidio al gas, que durante meses elaboró el ministerio de Economía. Se trataba precisamente de pagar el subsidio exclusivamente a los que consumen gas y no pueden pagar el precio de mercado.

Escuchando las declaraciones del presidente, me entra una duda: ¿Realmente el señor Funes decidió cambiar las reglas del juego de la manera como anunció? ¿O simplemente no entendió bien el esquema de subsidio propuesto por Economía y se enredó en los detalles? Sea como sea, habló el presidente y le corrigió la plana a su ministro.

Lo bueno de todo es que el presidente de la República definitivamente declaró el problema del subsidio al gas asunto de autoridad y decisión presidencial. A partir de hoy, cualquier cosa que salga de este enredo entre los planes técnicos elaborados por el ministerio y las decisiones presidenciales, será responsabilidad exclusiva del presidente. Ya no podrá echar la culpa a su ministro. Todas las consecuencias (tanto para los consumidores como para las finanzas del estado) del plan de subsidio que al final se adopte las tendrá que explicar y asumir el presidente personalmente. Bienvenido al gobierno, señor presidente.

(El Diario de Hoy)

lunes, 24 de enero de 2011

Carta a Jorge Hernández de TCS

Estimado Jorge:

si hubiera un premio para el arte de entrevistar sin hacer preguntas que pueden molestar, sin duda alguna te lo darían a vos - por la técnica innovadora que has desarrollado para entrevistar al presidente de turno.

La verdad que tenés varios competidores en la televisión salvadoreña, pero nadie ha llegado a la perfección tuya. Mucho hacen entrevistas sin molestar, pero ya hacer entrevistar sin preguntar es un arte especial.

Hoy lunes 24 de enero te salió la obra maestra. Frente a un presidente de la República que necesita explicarnos a los ciudadanos que estamos equivocados cuando sentimos, con angustia, que el país y su gobierno van mal, lograste reducir tu rol de periodista a un papel de maestro de ceremonia. Genial.

En vez de preguntar, como es el oficio del entrevistador, el maestro de ceremonia presenta al invitado de honor y le lanza las palabras claves para sus declaraciones preparadas.

En vez de repreguntar cuando la exposición del presidente es contradictoria o débil, como es el oficio del periodista, el maestro de ceremonia pasa con rapidez y elegancia a otro tema (o a comerciales).

Se nota que vos ya tenés práctica en esta técnica. Tuviste 5 años de ensayarla con el presidente Tony Saca, para ahora, con el presidente Funes, llevarla a este grado de perfección que exhibiste hoy.

Además tenés la gran ventaja -y esto te da cierta credibilidad- que esta tu técnica de entrevistar a presidentes sin molestarlos y este tu papel de maestro de ceremonia no son expresiones de indebidas preferencias partidarias. Nada de esto. Todos entendemos que te es indiferente si se trata de un hombre de izquierda de o de derecha, con tal que sea el presidente de la República.

La tuya no es sumisión ante la ideología del mandatario, sino genuflexión ante su cargo y su poder.

Felicidades, Jorge Hernández, por la perfección con la cual asumes tu papel, sin complicarte la vida con pendejadas de carácter analítico o ético.

Paolo Lüers

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sábado, 22 de enero de 2011

Carta a los huelguistas que paralizan juzgados y morgues

Colegas:

les digo colegas, porque en mi corazón nunca he dejado de ser sindicalista, desde que en 1971 me afilié en el sindicato de metalúrgicos de Alemania IGM - en aquel entonces el sindicato más grande y poderoso del mundo.

Les digo: ¡Colegas, recapaciten!, porque están siendo manipulados por quienes quieren debilitar al presidente de la Corte y su Sala de lo Constitucional por su independencia y su vocación reformista.

Si ustedes están convencidos que tienen reivindicaciones salariales justas, deben ir a pelear con Hacienda, o con el presidente de la República, o con la Asamblea Legislativa – que son las tres instancias que definen el presupuesto.

Su adversario no es el presidente de la Corte. Las fuerzas oscuras que quieren recuperar el poder en la Corte no son los aliados de ustedes. No pueden ser los aliados de los sindicalistas, porque no están buscando más justicia...

Mucho menos son sus adversarios los jueces que tratan de mantener funcionando los juzgados para no afectar aun más a la población. No se vuelcan contra ellos, porque a la larga necesitan la unidad con ellos para luchar por sus reivindicaciones y por un sistema eficiente de justicia.

Como viejo sindicalista les digo: Definan bien a quiénes enfrentar y escojan bien a sus aliados. Cuidado con las falsos amigos, como los magistrados reaccionarios y los agitadores como Dagoberto Gutiérrez.

Les saluda fraternalmente, Paolo Lüers

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jueves, 20 de enero de 2011

Carta al presidente de la CEL

Estimado señor Nicolás Salume:

El presiente anunció que usted va a seguir dirigiendo CEL “por un tiempo prudencial más”.

Bueno, en este contexto habla de ‘prudencia’ es un poco atrevido, ¿verdad? Lo más prudente hubiera sido que el presidente nunca lo nombrara, tomando en cuenta que su papá le financió la campaña presidencial. También tomando en cuenta que usted ya en tiempos del presidente Saca fue uno de sus hombres más cuestionados.

Pero bueno, tal vez los presidentes tengan otro tipo de ‘prudencia’ que los terrestres no logramos entender.

Sea como sea, ya que el presidente Funes decidió mantenerlo en CEL ‘un tiempo prudencial’ más, usted nos va a tener que explicar qué pasó con el megaproyecto del Chaparral.

¿A quién usted mandó a hacer el estudio geológico?

¿Es cierto que este estudio era equivocado y que cuando ya estaban construyendo se dieron cuenta que en este lugar del río Torola no había condiciones geológicas para construir la presa?

¿Es cierto que por esto se tuvo que suspender el proyecto?

¿Es cierto que este error le costará al Estado cientos de millones de dólares?

¿Qué propuesta para salir de este huevo usted le hizo al presidente para que decidiera mantenerlo en la presidencia de la CEL?

¿O es que a esta altura del enredo nadie más estaba dispuesto de hacerse cargo de la CEL? Ni siquiera el señor Rovira de GANA...

Y una última pregunta: ¿Aun no se han cancelado los 3 millones de dólares que su papá le prestó a Mauricio Funes para su campaña? ¿Será por esto que no le pueden sustituir?

Esperando que ‘el tiempo prudencial’ no será eterno.

Saludos de Paolo Lüers

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miércoles, 19 de enero de 2011

Un fantasma

¡Hay un fantasma que recorre las calles de San Salvador! Hay un personaje que ya muchas personas han visto en joyerías en tiendas finas, en boutiques, en los lugares más exclusivos del país. Este fantasma anda sirenas por doquier, motos de protección, lujosas prados, a veces una Blazer, a veces una Hummer.

Un vecino que es joyero, dice que nunca en su vida había vendido tanto, claro al fantasma le gustan las joyas, los relojes finos y la buena vida. Este vecino me cuenta que pide más de lo que es posible utilizar, regala poco y siempre está atento al la última edición de Patek Philipe, que ya ha comprado tres Vacheron Constantin y que el Rolex Submariner le parece una cosa demasiado común. Por cierto la colección 2011 ya está a la venta.

Dicen que el fantasma le gustan las joyas, que compra carteras imposible y vestidos elegantes, le gusta que las mujeres vistan bien. El fantasma conoce de marcas, también sus trajes son muy finos. A veces cuando esta aburrido viaje un poco para ver si encuentra algo más que pueda comprar.

Este fantasma es muy distinto del que habla Marx y que recorría Europa en los 1800s. Si a veces habla de socialismo, pero más bien, critica a la terrible derecha. Esa oligarquía que no entiende que el pueblo tiene hambre, esa oligarquía que durante años se ha dedicado a robarle al pueblo, a malgastar sus fortunas y crear una brecha insalvable entre pobres y ricos.

Ahora el fantasma que critica a la derecha, actual tal cual, viaje a Miami como un oligarca más. A veces como el de Marx también recorre Europa, pero no como una tormenta de mentes despertando al comunismo, sino como un arrebato desenfrenado de comprar por FNAC y El Corte Ingles, ¡no! más bien por las buenas boutiques de Champs Élysées o la madrileña calle de Serrano.

Este fantasma parece que no se da cuenta que en El Salvador hay pobreza real, hay un buen tercio de la población que vive con menos de un dólar al día, parece que se le olvida que en este país, si importa lo que nosotros los ciudadanos opinamos, que nos damos cuenta de los despilfarros y de la opulencia con que viven estos fantasmas.

Este nuestro fantasma está siendo un despertar para los salvadoreños, uno muy duro, uno que significa que tanto antes como ahora no les interesan los pobres, que antes como ahora nos estafan, con distinto tipo de discurso, pero nos estafan. Este fantasma que recorre San Salvador, nos hace reflexionar que ni los 20 años de ARENA pueden ser todos malos, ni el año y medio del FMLN ha sido todo bueno. Porque este fantasma lo habíamos visto en ministros, lo habíamos visto en diputados, en alcaldes, este fantasma ha llegado a lo más alto de gobiernos anteriores y de este… también y suponemos tener un gobierno de izquierda, por tanto duele más.

Alegato contra un maldito dicho popular

En política, nunca hay que decir nunca... Siempre cuando se repite este dicho, es para preparar el terreno para alguna movida chuca.

Últimamente escucho este dicho frecuentemente cuando hablan del futuro político de Tony Saca. ¿Regresa el expresidente a la política? ¿Regresa incluso a ARENA?

Y siempre dicen: Bueno, tal vez no sea posible que ARENA nuevamente acepte a Tony Saca, pero tal vez algún tipo de alianza. De todas formas, en política nunca hay que decir nunca...".

Totalmente en desacuerdo. En algún punto hay que pintar la raya. No puede ser que en política todo sea admisible. No todo se vale. Y el caso de Tony Saca y ARENA es un buen ejemplo para atacar este maldito dicho de que en política nunca hay que decir nunca.

ARENA, si quiere tener un futuro con credibilidad, tiene que decir '¡nunca!', siempre cuando se especula sobre el regreso de Tony Saca, sobra 'la superación de la división de la derecha', sobre alianzas electorales con GANA.

Ciertas divisiones son necesarias. Son procesos de curación. Si ARENA no se hubiera separado de Tony Saca, luego de la derrota electoral de 2009, a esta altura ya hubiera dejado de ser un partido viable. Hubiera corrido la suerte del Partido Liberal Constitucional del expresidente nicaragüense Arnoldo Alemán: incapaz de gobernar e incapaz de ejercer oposición; pero con el poder de vetar el surgimiento de una oposición que puede poner en peligro el régimen de 'el pacto', como los nicas llaman, con ganas de vomitar, la alianza de los dos polos del populismo y de la corrupción.

Nicaragua es el país donde han aplicado a la máxima perfección y perversión este maldito dicho de 'nunca hay que decir nunca en política.' Todo es posible, no hay ética ni decencia que ponga límite a las componendas políticas.

¿Se puede reelegir el presidente Ortega, a pesar de que la Constitución no prohíbe tan explícitamente como en El Salvador? - Nunca diga nunca.

A pesar de su comprobada corrupción y de su pacto con el diablo, ¿podrá Arnoldo Alemán nuevamente convertirse en candidato, no para ganar, sino para facilitar nuevamente el triunfo de Ortega? - Nunca diga nunca.

No estamos tan lejos de Nicaragua que quisiéramos pensar. No tenemos a un presidente como Daniel Ortega. Es cierto. No tenemos a un expresidente condenado por robo al Estado. Es cierto.

Pero tenemos a un FMLN S.A. de C.V., que tiene mucho en común con el nicaragüense FSLN S.A. de C.V. Y tenemos a un expresidente que igual que Arnoldo Alemán usa su peso político y la debilidad de la oposición para presentarse como imprescindible para la derecha de su país.

Aquí en El Salvador, igual que en Nicaragua, todo depende del surgimiento de una alianza democrática, progresista y reformista, basada en principios y formada por personas y fuerzas que saben decir '¡nunca!' a las componendas entre los populistas de izquierda y derecha.

Tanto en la izquierda como en la derecha, debe haber suficiente renovación ética y programática para separarse, cada uno en su campo, de las tendencias populistas, autoritarias y mafiosas.
La única ventaja que tiene la derecha ahora, a pesar de todas las encuestas (que miden correlaciones de fuerza coyunturales, nunca tendencias históricas), es que está más cerca de esta renovación que la izquierda. En este sentido, su división es ventaja, no debilidad. La existencia de GANA es ventaja, no debilidad para ARENA.

Querer subsanar lo que muchos aun perciben como debilidad (la salida de Saca, el desprendimiento de GANA, la alianza abierta de GANA y PCN con el gobierno de Funes-FMLN...), sería el error más fatal que podría cometer la oposición. Significaría cerrar la ventana histórica de la renovación ética y programática, y volver a la desgastada política de 'nunca diga nunca'.

En la sociedad hay una enorme sed de política ética, de renovación y reforma, de transparencia. Hay escepticismo, y con toda la razón del mundo. Pero desde esta posición crítica surge en la sociedad, en la clase media, sobre todo en la juventud la exigencia de una política que regrese a un esquema claro de principios, combinado con voluntad reformista.

Así que no vengan con esta aberración que 'en política todo es posible, todo es justificable, y que nunca hay que decir nunca'.

(El Diario de Hoy)

martes, 18 de enero de 2011

Chavez un hombre de telenovela

Durante una entrevista, en su primera campaña electoral en 1998, Hugo Chávez recordó cómo había participado una noche en Sábado sensacional, un famoso y maratónico programa de variedades que existe en Venezuela.

Entre divertido y entusiasmado, el entonces candidato rememoró aquel momento, la coronación de una miss si no mal recuerdo, cuando él -junto a otros dos o tres soldados- descendió en paracaídas, trayendo desde el cielo un regalo para las concursantes.

La anécdota contrasta con la imagen de sí mismo que promueve el "Comandante Chávez". Hay poco heroísmo y poca izquierda en ese espectáculo. Por eso quizás, ahora, desde el poder, intenta reconstruir una memoria diferente, que lo ubique más cerca de Fidel Castro que de Juan Gabriel.

Hugo Chávez es el primer presidente venezolano nacido en la época de la televisión. Cuando despertó, la televisión ya estaba ahí. En una entrevista a la revista chilena Qué pasa, afirmó que de niño, mientras todos sus compañeritos querían ser como Superman, él en realidad deseaba ser como Simón Bolívar.

Probablemente esto también forma parte de ese nuevo pasado legendario que necesita inventarse, pero lo importante es que retrata muy bien el espacio referencial que dominó su niñez, una infancia pobre, en un pueblo rural de los llanos venezolanos, hasta donde, sin embargo, también llegaron los íconos del cómic, el cielo de los mass-media.

Pero esto no basta para explicar la importancia que Chávez le da a la comunicación masiva, su continua actuación como animador de espectáculos. Quizás hay que mirar un poco más su propia historia política. En febrero de 1992, Hugo Chávez comanda un golpe de Estado en contra del presidente Carlos Andrés Pérez.

Aunque sus compañeros de armas logran conquistar sus objetivos en diferentes lugares del país, Chávez fracasa en Caracas y, al final, aparece unos segundos en la televisión, llamando a los otros golpistas a deponer las armas, a rendirse. En ese breve instante fue tocado por el dios rating. El rechazo de los venezolanos a los partidos políticos tradicionales, sumado a la ceguera de una élite incapaz de leer la pobreza en que vivían las mayorías, construyó el escenario ideal para que el soldado comenzara a convertirse en ídolo. Gracias a la televisión, una chapuza militar tuvo éxito. Una nueva lógica política se inauguró en el país: su fracaso lo hizo famoso; su fama, Presidente.

Esta marca de nacimiento ha terminado transformándose en uno de los sellos fundamentales de Chávez y de su acción pública. Su más claro plan de gobierno es él mismo. Se ha dedicado casi una década a promocionarse, a reinventar un Estado a su medida personal, a lograr que un país esté hablando de él, a favor o en contra, todo el tiempo. Con el paso del tiempo, Chávez parece haber entendido que la popularidad también puede ser una potable forma de tiranía.

"Chávez equivocó definitivamente su profesión -dijo Alberto Muller Rojas, general retirado y jefe de la campaña electoral de Chávez en 1998-. Él hubiera sido un comunicador de primer orden, Aquí, en el mundo de la televisión, del cine, no hay un tipo como él".

Ciertamente: Chávez es una marca contundente. Un contagio. Una emoción que produce gran fidelidad. No es un simple carisma, actuando silvestremente. Hay mucho cálculo, mucha planificación.

Detrás de muchas de sus apariciones, hay siempre un guión, una inteligencia que se ha detenido a pensar antes en la audiencia, en el espectáculo. Aquello que luce improvisado, que parece un rapto de intemperancia, quizás sea una escena fraguada desde hace mucho, diseñada y actuada con una maestría muy peculiar.

De melodrama

Chávez construye su autobiografía diariamente. Siempre es autorreferencial. Habla de sí mismo, de su niñez; rememora o inventa una anécdota de su juventud, reproduce y actúa una antigua conversación; narra de pronto un suceso del presente, un intento de magnicidio donde nuevamente estuvo a punto de morir.

Canta, baila, recita. Su vida sirve de espejo narrativo para explicar o ejemplificar cualquier tema: la guerra en el Medio Oriente o la siembra de sorgo en el pie de monte andino del país, el socialismo del siglo XXI o un nuevo plan de lectura revolucionario... Chávez es el principal mensaje de Chávez.

No hay pudor. No hay tampoco intimidad. La historia pública del país es, también, la historia privada de Chávez. Hubo un tiempo en que, junto a su figura, repartida en vallas publicitarias por todo el país, se acompañaba de esta leyenda: "Chávez es el pueblo". No hay diferencia. Entre la revolución que propone darle todo el poder al pueblo y el gobierno que saquea el Estado y las instituciones para darle todo el poder a Chávez, no hay ninguna contradicción.

Se trata de la misma historia, de una única historia de amor. Así lo pregona el mismo Presidente. Sus campañas electorales, donde ha resultado generalmente victorioso, combinan una agresividad desmesurada con unas impresionantes dosis de cursilería.

Chávez invoca el amor verdadero, convierte la administración pública en un asunto afectivo, hace de la gerencia del país un melodrama donde el pueblo y él son los protagonistas de un amor interminable, de una pasión que siempre corre detrás de su final feliz.

La retórica chavista tiene bastante que ver con la tradición de la radionovela y de la telenovela. No solo en su sentido más rítmico -la telenovela también, más que verse se escucha-, en la reiteración musical del discurso, sino en el uso de parábolas, en la ausencia de formulaciones sustantivas, abstractas, en la elección del cuento como forma de explicación de lo real. También se basa en la construcción de un héroe popular que se levanta desde todas las miserias y consigue finalmente la venganza, la fortuna y la felicidad.

Chávez es una versión exitosa de esa concepción melodramática de la historia. Pasó de la cárcel a la Presidencia. Su historia -la real y la que construye verbalmente, día a día- tiene mucho de bolero, de tango, de canción ranchera. Esto, dentro de las características de un país petrolero, puede adquirir dimensiones apoteósicas. Porque Chávez también representa un gran sueño de nuestra identidad: la aspiración de millones de pobres en un país tocado por una riqueza providencial. Él es la versión exitosa de los desheredados, de aquellos a quienes se les ha quitado una fortuna que les pertenece. Vemos su historia por televisión. Esperando que se acaben los falsos suspensos. Esperando que el protagonista por fin haga justicia y nos demuestre su amor.

Aunque desee colarse en el firmamento de las leyendas revolucionarias del continente, en realidad, el heroísmo de Chávez está en otro lado. Tiene más de show business que de guerra de guerrillas. Aunque no le guste, Chávez está más cerca de Delia Fiallo que del Che Guevara. "Amor con amor se paga" sigue siendo su consigna más eficaz. Al igual que en la telenovela, eso es lo mejor que administra: la esperanza de los pobres.

Vivimos los tiempos de la épica mediática. Las celebridades ya no tienen caballos sino ondas hertzianas. Sin embargo, hay algo que no cambia nunca, su naturaleza es la misma: necesitan un ansia, la puntual persistencia de un deseo. En 1974, el joven Chávez era cadete de la Academia Militar. Estaba en Caracas. Desfiló en un acto oficial y pudo ver, más o menos de cerca, a Carlos Andrés Pérez, quien acababa de iniciar su primer período presidencial.

Esa noche, el joven cadete se quedó despierto hasta tarde para observar la repetición del acto oficial por televisión. Quería mirarse, quería ver si aparecía desfilando. El 13 de marzo escribió en su diario: "Después de esperar bastante tiempo llegó el nuevo Presidente. Cuando le veo, quisiera que algún día me tocara llevar la responsabilidad de toda una patria, la Patria del Gran Bolívar". Hugo Chávez todavía no había cumplido 20 años.

(El Tiempo/Bogotá. Alberto Barrera Tyszka es autor de obras de ficción como 'La enfermedad' y 'Crímenes', ambas bajo el sello Anagrama. De su trabajo periodístico es reconocida la biografía de Hugo Chávez que escribió con Cristina Marcano y se tituló 'Hugo Chávez, sin uniforme'. Graduado en Letras, escribe en medios como 'El País', 'Letras Libres' y 'Etiqueta Negra'. Además escribe guines de cine y telenovelas)

Carta al diputado Enrique Valdez

Estimado doctor Enrique Valdez:

Usted es el vocero de la oposición en temas de salud. Tengo entendido que usted quiere una legislación que no permita al Estado importar medicinas no registradas en El Salvador.

Ahora el Estado puede importar, con ‘permisos especiales’, aquellas medicinas que no existen en el mercado comercial salvadoreño (y por esto no disponen de registro). Estamos hablando de los tratamientos que el Estado proporciona a los enfermos de SIDA, afectados de rabia, tuberculosis... El Estado recibe estos medicamentos de organismos internacionales. A veces son donaciones, a veces son compras a precios bastante bajos en el mercado internacional.

En vez de restringir estas compras (lo que tendría efectos graves para el sistema público de salud y tal vez fatales para muchos pacientes), habría que liberalizarlas. El Estado debe tener derecho de comprar todas las medicinas para el sistema público de salud al mejor precio disponible en el mercado internacional, con tal que sean debidamente autorizadas en países que disponen de sistema de control de calidad confiables.

Es más, a la larga habría que liberalizar el mercado de medicinas al punto que cualquier empresa pueda importar estas medicinas libremente, con tal que su calidad sea certificada, no necesariamente por instancias nacionales. Y lo ideal sería que cualquier ciudadano pueda comprar por internet las medicinas que necesite en el marcado internacional, con la única condición que sean debidamente autorizadas en países que controlan estrictamente la calidad de sus medicamentos. Pagando impuestos de importación, por supuesto.

Señor diputado, si usted quiere representar a la oposición, tiene que repensar muchas cosas: o estamos por más regulación estatal o por la liberalización. No es el Estado que va a garantizar precios accesibles de medicamentos, sino el libre mercado y la competencia. Si sigue con estas posiciones que obstaculizan que el Estado adquiera sus medicinas libremente en el mercado internacional, su cosecha será una ley de medicamentos estatizante, donde el gobierno va a regular los precios.

Piénsenlo bien.

Saludos de Paolo Lüers

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sábado, 15 de enero de 2011

Chanchullo

Chanchullo=intriga, conspiración, confabulación, maniobra, contubernio, componenda, manipulación, arreglo...

El arreglo que están confabulando ahora los diputados de la bancada unificada FMLN-GANA-PCN, en su ya acostumbrado contubernio, es para componer el viejo sistema electoral de las listas, y con esta maniobra lograrán manipular la reforma electoral y conseguir que todo quede igual. Incluso los diputados.

Este sistema de votar por listas ya está vetado por la Sala de lo Constitucional que dijo: la votación tiene que ser por individuos, por candidatos con nombre y apellido y foto, y no por banderas partidarias o listas. Punto.

Ahora existe un acuerdo entre FMLN, Gana, PCN que en cualquier momento se ratificará en la Asamblea. Este acuerdo tiene como punto central salvar la votación por lista. Mediante el voto por lista las cúpulas partidarias deciden quien entra a la Asamblea, no el ciudadano. Esto atenta contra el corazón de la sentencia de la Sala.

Es muy claro lo que manda la Corte Suprema: erradicar el voto por banderas y por listas, y sustituirlo por el voto por el candidato individual. Cada ciudadano decide por cual diputado quiere ser representado.

Viene el FMLN y plantea, de manera sofista: Lo que vamos a dar al ciudadano es el derecho de escoger democráticamente entre dos formas de votar. O expresa su preferencia por un candidato específico, marcando su foto, o expresa su preferencia por un partido, marcando la bandera.

La Sala nos obliga dar al ciudadano la opción de votar por un candidato específico, pero no lo tenemos que obligar a hacerlo... Y si el ciudadano se equivoca y marca a más de un candidato dentro de una misma lista partidaria, este voto vale por el partido. Se abona a la lista partidaria en la secuencia definida por el partido. Así más o menos es la argumentación del FMLN.

En este esquema propuesto por el FMLN, no sólo sobrevive el voto por bandera y por los candidatos que encabezan la lista, sino tiene más consecuencias negativas y contradictorias a la sentencia de la Sala. Si con este chanchullo legislativo hacen sobrevivir la votación por lista, también sobrevivirán los diputados por residuo. En cambio, si la votación es estricta y únicamente por candidatos, en cada departamento entran los candidatos con más votación y punto.

La otra consecuencia negativa de revivir el cadáver de la votación por listas es la siguiente: Vuelve inoperante las candidaturas independientes. Las candidaturas independientes funcionan si la competencia es estrictamente entre candidatos. Si un independiente consigue suficientes votos, entra. Pero en el esquema propuesto por el FMLN el independiente tendrá que competir además contra las listas de los partidos, y esto les crea una desventaja insuperable.

Así como ahora lo quiere aprobar la nueva bancada oficialista roja-anaranjada-azul, con el voto por listas sobrevivirán también los cadáveres de los políticos corruptos, con tal que se ponen a la cabeza de la lista. Y sobrevivirá el monopolio de los partidos, blindando el sistema contra las candidaturas independientes.

La única manera de cumplir con la sentencia de la Sala de lo Constitucional es una papeleta donde solamente se puede marcar por una persona, no una bandera. Es muy simple: se pone a la par del nombre y de la foto de cada candidato una casilla para marcar. Se pone ninguna casilla para las banderas. Punto. Un solo voto por votar un solo candidato. Y como en cualquier parte del mundo: Si alguien tiene un solo voto y hace dos cruces, su voto es inválido.

Ahora la aplanadora FMLN-Gana-PCN quiere decidir que todos los que marcan por varios candidatos en la misma lista, sean reconocidos como voto por la lista. Quiere decir, quien marca mal, votó por el #1 de la lista. Y quien marca la bandera en vez del candidato, también votó por el #1. Y al #1 lo nombra la Comisión Política.

Si esto se aprueba, los partidos van a decir en su propaganda: "No se compliquen, voten como siempre por su bandera preferida".

Se muere la reforma. Cero cambio.

Ojalá que en la Asamblea haya diputados que se opongan a este chanchullo y luchen por una verdadera reforma electoral.

(El Diario de Hoy)

Otra carta a los diputados

Estimados:

Así como ustedes van, me va a tocar escribirles cartas cada rato, si quiero cumplir mi promesa que cada chanchullo merece una carta pública.

En caso que no sepan que es un chanchullo, aquí los sinónimos: intriga, maniobra, confabulación, componenda, contubernio...

La intriga que están confabulando ahora los diputados de FMLN-GANA-PCN, en su ya acostumbrado contubernio, es para componer el viejo sistema electoral de las listas.

Este sistema ya estaba vetado por la sentencia de la Sala de lo Constitucional que dijo: la votación tiene que ser por individuos, por candidatos con nombre y apellido y foto, y no por banderas partidarias o listas.

Vienen ustedes y quieren salvar las listas, por que mediante el voto por listas las cúpulas partidarias deciden quien entra a la Asamblea, no el ciudadano.

Es muy claro lo que quiere la Corte Suprema y los ciudadanos: erradicar el voto por banderas y por listas, y sustituirlo por el voto por el candidato individual. Cada ciudadano decide por cual diputado quiere ser representado. Punto.

Así como ahora lo quiere aprobar la nueva aplanadora legislativa roja-anaranjada-azul, sobrevive el voto por las listas y banderas, y sobrevivirán los cadáveres de los políticos corruptos, con tal que se ponen a la cabeza de la lista.

La única manera de cumplir con la sentencia de la Sala de lo Constitucional es una papeleta donde solamente se puede marcar una persona, no una bandera. Es muy simple: se pone a la par del nombre y de la foto de cada candidato una casilla para marcar. Ninguna casilla para las banderas. Punto. Un solo voto por una sola persona. Y como en cualquier parte del mundo: Si alguien tiene un solo voto y hace dos cruces, su voto es inválido.

Ahora ustedes quieren decidir que todos los que marcan por varios candidatos en la misma lista, sean reconocidos como voto por la lista. Quiere decir, quien marca mal, votó por el #1 de la lista. Y quien marca la bandera en vez del candidato, también votó por el #1. Y al #1 lo nombra la Comisión Política. ¡Que galán!

Ojala que en la Asamblea haya diputados que se opongan a este chanchullo y luchen por una verdadera reforma electoral.

Los estamos viendo,

Paolo Lüers

(Más!)

viernes, 14 de enero de 2011

El arte de echar la culpa a otros

En 19 meses de gobernar, el presidente no ha pronunciado ni una sola palabra autocrítica. No lo hace en público, y como cuentan integrantes de su gabinete, tampoco en la discusión con sus ministros. No existe, en este gobierno, un análisis sobre posibles errores, deficiencias, o vacíos en la política del gobierno. No existe discusión en este gobierno. Tal vez detrás de las puertas cerradas en Casa Presidencial, en el círculo interior de algunos amigos y asesores; pero a nivel de gobierno, no.

La única manera conocida de este presidente de señalar errores dentro de su aparato de gobierno es el dedo acusador, el regaño al niño mal portado que no obedece. Cuando esto pasa, como en los casos de las sustituciones (agricultura, cultura, mujeres...), las críticas no forman parte de un esquema de reflexión autocrítica, sino de lo contrario: de un esquema elaborado para adjudicar culpa a otros. Esta práctica, no desconocida en otros gobiernos, ha sido llevado a una forma de arte por Mauricio Funes.

Si uno analiza sus discursos, no importando la ocasión y el tema, siempre hay una tónica común: asignar la culpa para las desgracias del país a otros. No he conocido un gobernante que haya llevado este arte al extremo de Mauricio Funes, y que lo haya convertido en su principal método de campaña permanente para salir bien en las encuestas. Normalmente los gobernantes, sobre todo en sociedades polarizadas como la nuestra, echan la culpa al sospechoso de siempre: el adversario político. Sin embargo, el esquema de culpa ajena desarrollado por Mauricio Funes es mucho más sofisticado - y sospecho que así se explica su sostenida y elevada popularidad.

Funes echa la culpa no sólo al partido adversario, en este caso a ARENA, sino en casi igual proporción al partido de gobierno, el FMLN. Y el día siguiente, la echa a los empresarios tercos que no quieren invertir, y para cerrar la semana, les pone el dedo acusador a los medios de comunicación o a los periodistas.

El hombre a quien al fin la gente evalúa en las encuestas, es una especie de superman con rasgos de Robin Hood, que llegó a Casa Presidencial para ‘cambiar todo’ – y no lo dejan ni ARENA, ni el FMLN, ni los empresarios ni los medios. Un superman que se enfrenta valientemente a los todos los poderes. Con el resultado que consigue el apoyo, la simpatía (y por lo menos el beneficio de la duda) de sectores muy diferentes: a los izquierdistas los tiene contento con sus permanentes ataques a la derecha y sus denuncias contra la corrupción de los gobiernos de ARENA. A los que desconfían del FMLN (que son la mayoría en el país) Funes se presenta como la última línea de defensa contra socialismo; a los resentidos sociales, el presidente Robin Hood se ofrece como el redentor que se enfrenta a los abusos de la gran empresa. A los que están frustrados con los partidos, se presenta como el independiente que tiene los huevos para retar a los dos partidas grandes...

Pero detrás de este espectáculo de superman contra todos los poderes hay un pacto del presidente con uno de los poderes: el FMLN. Sigue peleando con ellos (y en muchos casos las diferencias son reales), pero entre el presidente y el partido de gobierno existen mecanismos de ponerse de acuerdo, de administración de daños. Detrás del telón hay todo un andamiaje que el ciudadano espectador nunca ve y donde se toman las decisiones importantes entre partido y presidente.

En cambio, los pocos mecanismos creados de diálogo con la empresa privada y con la oposición, son visibles para el público. Son parte de la escenografía, hechos para crear ilusiones, no para funcionar de verdad. Por esto el Consejo Económico Social está siempre a la vista, pero no produce nada, mientras que la mesa permanente entre Funes y el FMLN funciona en silencio detrás de las bambalinas, pero dirige el país. Sin transparencia, sin institucionalidad, sin rendición de cuentas.

Un gobierno que no discute, y detrás del cual existe una entidad invisible que toma decisiones, requiere con aún más urgencia de la crítica sostenida por parte de los ciudadanos, la sociedad civil, la academia y los medios. En este sentido, la lucha por la Ley de Transparencia (que el gobierno sigue bloqueando) adquiere importancia extraordinaria.

(El Diario de Hoy)

jueves, 13 de enero de 2011

Discurso de Obama en Tucson

Obama’s Speech in Tucson

President Obama offered the nation’s condolences on Wednesday to the victims of the Tucson shooting rampage, urging Americans to usher in a new era of civility in memory of the fallen.

Carta al subdirector general de la PNC

Estimado comisionado Mauricio Ramírez Landaverde:

Parece que usted se escapó de un pelito de un golpe de estado. Ya sabe, un golpe suavecito donde te quitan el poder y te mandan al exterior. Casi terminaste con la misma suerte del comisionado Mauricio Meneses, quien cayó en desgracia y a quien mandaron a la embajada en Washington, a un puesto inventado, antes de abrir le un juicio...

Los cambios en la cúpula de policía parece que ya estaban cocinados, y si al fin no los realizan es porque algún listo los filtró a tiempo a los medios. Y en todo el desmadre que se armó se retractaron y dijeron: no habrá cambios. Por ahora.

Hay quienes interpretan que ahora, luego de los enfrentamientos con los mandos ligados a los anteriores gobiernos de derecha y provenientes de la Fuerza Armada, viene ya el pleito interno entre los mandos vinculados a la izquierda. Entre los más institucionalistas y los más partidistas. Entre FPL y PC...

No sé si es cierto. No tengo como saberlo. Pero tampoco me extrañaría mucho. Pero si algo de esto estría pasado, en medio de la crisis de seguridad pública, realmente estaríamos fritos.

Espero que los mandos policiales, sean de derecha o de izquierda, cercanos al presidente o cercanos al partido o a la oposición, pongan encima de sus afiliaciones políticas el interés de la población que quiere seguridad.

Yo sé que la mayoría de los integrantes de la PNC, incluyendo los jefes, piensan así. Pero mucho depende de la madurez y de la actitud institucional de ustedes que están conduciendo la corporación policial.

Ojala que cuando se hagan los cambios en la PNC, se hagan con el criterio de la eficiencia y no con criterios políticos.

Saludos, Paolo Lüers

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Columna transversal: Dos fechas claves, 10 y 16 de enero

10 de enero 1981. El día que llegué a El Salvador. Hace treinta años. Llegué en un vuelo de Managua, en la mañana. Acompañado de Hernán Vera, cineasta venezolano que luego entró en el mundo de las leyendas de las guerrillas de Morazán como “Maravilla”. Hernán con su equipo de video, cámara y grabadora Umatic. Yo con mi querida Canon A1. Listos para documentar y proyectar la insurreción que este mismo día, a las 5 de la tarde, iba a generalizarse en el país con la “ofensiva final” guerrillera. Nosotros formábamos parte de esta ofensiva, de su parte mediática. Entusiasmados de la idea que esta iba a ser la primera revolución que tendría como parte estratégica, a la par de la militar y la política, un frente mediático. Que no íbamos a ser solo observadores y documentalistas, sino protagonistas.

Nunca durante los acontecimientos dramáticos este enero del 1981 (que merecen ser contados con más espacio) se me cruzó por la cabeza que 30 años después iba continuar viviendo en este país, tener aquí mis raíces, mi familia, mi negocio, mi vida política y periodística.

Retrospectivamente estoy convencido que este día 10 de enero del año 1981 empezó una historia que, cambiando el país El Salvador, también me cambió a mi profundamente y dejó como final casi lógico que yo me quedara. Años después de terminar la guerra, de visita en Alemania, me di cuenta que también este mi país originario había sufrido un cambio profundo, traumático y radical: la revolución pacífica en el este, la caída del muro y del comunismo, la reunificación de los dos estados... Pero como yo no había estado presente, no había vivido este proceso histórico, no me sentí parte del resultado. Ya no era mi país.

En cambio, en los históricos acontecimientos que en estos mismos años habían transformado a El Salvador -la guerra, la paz, la reconciliación, la construcción de la democracia- yo no solamente había estado presente, sino me había convertido en protagonista. Me identificaba profundamente con el resultado: un país por hacer; una democracia por construir; una nación superando su historia de represión y autoritarismo, dispuesta a unificarse y progresar... De repente, este era mi país.

Esto me lleva a la otra fecha histórica de este mes: el 16 de enero de 1992, el día que sellamos la paz. En la derecha y en la izquierda hay quienes asumen el 16 de enero del 1992 como el día que terminamos la fase militar del conflicto para continuar, cada uno por su lado, a imponer su modelo de país. Y hay quienes entendemos el 16 de enero del 1992 como el día que los adversarios nos comprometimos a conjuntamente construir un país nuevo.

Dentro de la izquierda, nunca supimos llevar con sinceridad y profundidad este debate entre estas dos concepciones de la paz. Tampoco en la derecha. Muchas de las deficiencias de nuestra democracia se explican por este vacío. La tan lamentada ausencia de una visión conjunta del país se explica por este vacío. El hecho que en últimos años hemos perdido la capacidad de celebrar juntos el 16 de enero es expresión de este vacío.

El hecho que este gobierno ‘del cambio’, igual que los anteriores, no hizo nada para convertir el 16 de enero en el día de orgullo nacional que debería ser, es muy significativo. Muchos de los integrantes de este gobierno siguen convencidos que en el fondo el proceso de cambio y democratización del país comenzó el 1 de junio del 2009, cuando ellos llegaron al poder; no en 1992. Por esto, son tan vacíos e irreales los términos de ‘unidad’ e ‘inclusión’ que el gobierno usa en su mercadeo político. La hora de unidad e inclusión era a la hora cero del 1 de febrero, cuando en El Salvador entró en vigor el cese al fuego definitivo; cuando en las plazas de San Salvador se abrazaron antiguos adversarios.

Para mi siguen teniendo un gran significado estas fechas del año 1992. Creo que para muchos, tal vez la mayoría de los salvadoreños de la generación de la guerra. Poco lo expresamos, porque el Estado no ha creado ni institucionalizado los espacios para que, como nación, reafirmemos los compromisos adquiridos en 1992.

Aquel día del cese al fuego, en esta gran fiesta en el centro de la ciudad, me pareció imposible vivir en otro país que este.

(El Diario de Hoy)

martes, 11 de enero de 2011

Carta a los diputados de FMLN y ARENA

Ya dieron un primer paso correcto: se unieron para aprobar la Ley de Acceso a la Información Pública (que debería haber sido una Ley de Transparencia). Contra la resistencia del gobierno y de los partidos pequeños, que ya pensaban que sin ellos no hay mayoría posible... Y que por tanto todo había que negociar con ellos. Y que siempre pueden cobrar...

Ahora les toca dar el segundo paso: sumar nuevamente sus votos para superar las observaciones del presidente de la República. Hay solo una manera de mostrar que su compromiso con la transparencia es serio: rechazar la exigencia del presidente que esta ley entre en vigencia hasta en un año. Esto sí sería una señal clara hacia la ciudadanía que la corrupción se acabará...

La misión de crear transparencia en el Estado no puede comenzar con unas negociaciones nada transparentes. Por eso, nada de chanchullos; nada de dar al ejecutivo un año tiempo para arreglar (o esconder) las cosas, antes de someterse a un régimen de transparencia.

La ciudadanía espera que ustedes, con la gran mayoría y el apoyo popular que juntos tienen cuando sumen sus votos, rechacen las observaciones del presidente. Que la ley entre en vigencia ya. Sin más demoras. Sin más pretextos. Sin más excusas.

Algunos de los que durante un año han sacado perfil político como ‘promotores’ de la Ley de Transparencia, ya aflojaron, una vez que el presidente mandó sus observaciones. Otros siguen empujando que a esta ley ni se ponga agua ni retrasos. A estos hay que apoyarlos, sin amarres, sin miedos, sin concesiones.

A ningún gobierno le encanta la transparencia, porque es un instrumento ciudadano de control del gobierno. Por esto ningún presidente de ARENA promovió esta ley, y por esto mismo le pone trabas el presidente de turno.

Es una medición de fuerza, no entre derecha e izquierda, sino entre ejecutivo y parlamento. Un asunto de peso y contrapeso. Por esto me encanta que ARENA y FMLN juntos hayan aprobado esta ley. Ojala que nadie se eche para atrás.

Saludos les manda Paolo Lüers

(Más!)

domingo, 9 de enero de 2011

El alma internacionalista

El pasado diciembre se congregó en Varsovia el Partido Socialista Europeo. Sus conclusiones cuestionan tópicos sobre la socialdemocracia ante una crisis que no es meramente económica: afecta al vínculo democrático entre la ciudadanía y el voto que pone y quita Gobiernos.

Parte de la izquierda parece abonada al pesimismo economicista a lo que pasa, sumiéndose en la ola de antipolítica que amenaza con derruir mucho de lo que la democracia consiguió con el sufragio universal. Lo cierto es que ni la explicación ni la superación de este estadio depresivo podemos esperarla ya de los economistas: el tsunami comenzó siendo financiero; hundió la economía real; se ensañó con Europa, donde produjo un terrible impacto social que ha destruido empleo y minado la confianza en nuestro porvenir... para acabar corroyendo ¡y cómo! el crédito de la política. Este es, en sí, el triunfo de una reacción ultraconservadora, un híbrido de demagogia y miedo, que ahuyenta a cada vez más gente de todo interés por las urnas. De ahí, un crudo debate sobre la resiliencia de la socialdemocracia e incluso, yendo más lejos, un stress test sobre el pulso de la democracia en Europa ante este embate.

Reparemos en las lecciones políticas de una crisis relatada como la del harmagedón y (a pesar de ello) apoteosis de la usura especulativa mundial. La primera: la vulnerabilidad de la política en sí, y la de su reivindicación frente a las recurrencias del desprecio a lo que decidimos en las urnas. Segunda: la pertinaz divergencia entre lo que hoy signifiquen derecha e izquierda en la UE, distinguiendo las respuestas regresivas frente las progresistas, por sus contenidos, objetivos y prioridades ante los daños y perjuicios: de un lado, el atajo fácil de la celebración de la desigualdad frente a los infortunios, y la explotación de la rabia y la frustración en un retorno a lo local y al odio a algún chivo expiatorio. De otro, la penosa labor de preservar la lucidez frente a la tribulación, la invitación a lo difícil, la lucha contra las injusticias planetarias. Y tercera: la que apunta al escalón europeo como espacio compartido y supranacional, alternativa al reflujo hipernacionalista de la derecha populista. Es aquí donde esta muestra su cara más antieuropea; por ello es imperioso que la izquierda rehabilite de una vez su vocación identitaria en valores no excluyentes sino de ciudadanía: europea, europeísta e internacionalista.

Ninguna variable subraya como esta la diferencia ideológica, en principios y actitudes, entre lo que sean hoy derecha e izquierda en la UE, y que muestre al mismo tiempo tanta vigencia para describir su presente y su disyuntiva inmediata. En la página a escribir tenemos, por un primer lado, una pulsión conservadora, renacionalizadora, incapaz de comprender que nuestras penalidades solo pueden empeorar con la deconstrucción de lo hecho y nuestra desagregación en una carrera de Estados lanzados a competir a la baja, desde recelos recíprocos y resentimientos cruzados (los "torpes", los "rezagados", los que "no han hecho sus deberes", culpables de sus fracasos, los "despilfarradores" de fondos de cohesión, frente a supuestos "virtuosos" del superávit exterior). De otro, quienes pensamos que solo prevaleceremos si mancomunamos esfuerzos, aprendemos de nuestros errores, emparejando la moneda común con la coordinación de nuestras políticas económicas, fiscales y presupuestarias; y, sobre todo, apostando por una solidaridad visionaria en la globalización que aporte regulación, transparencia e incluso ética ante sus desequilibrios y enormidades.

No entenderemos lo que esto le supone a las señas de la izquierda si no asumimos por entero el alma internacionalista de nuestra escala europea como la única proporcionada a la eslora de esta crisis. Nada de lo que nos pasa es explicable sin Europa; ninguno de sus alcances es gestionable desde fuera ni al margen de este compromiso. No existe horizonte de recuperación en la UE, castigada en la salida de una recesión que hace tiempo que dejó de ser global, si no asimilamos que estamos juntos en esto y es juntos como debemos salir, remando con mejor propósito y fortaleza que antes. Así es en el Parlamento Europeo donde, contra viento y marea, los socialistas hemos propugnado el debate por la gobernanza global contra la desregulación y la irresponsabilidad; por el relanzamiento del pacto fiscal europeo (tasas bancarias, contra la especulación, y ecológicas, además de la batalla europea contra el fraude y una la estrategia común contra los paraísos) y por la ética corporativa (bonos bancarios e incentivos).

Si a día de hoy son millones los progresistas europeos que desesperan en el bache y en sus episodios, ello es porque se ha asumido que la UE se halla inmersa en una hoja de ruta de orientación conservadora. Para los más impacientes, la austeridad a todo coste, más centrada en gastar menos que en gastar mejor, favorece recortes de prestaciones postergando las obligaciones (eurobonos) con que disuadir los ataques de prestamistas predatorios y financiar inversiones para el ansiado crecimiento. Para desencanto de muchos, bajo un discurso darwinista, la aparente lentitud de cada decisión ignora decenios de enseñanzas, empeños y sacrificios desde la II Guerra Mundial. Y para exasperación de nostálgicos del internacionalismo, la desprotección nacional desmiente, cuando no niega, nuestro distintivo modo de ser europeo -el que nos ha hecho mejores cuando nos ha hecho partícipes de esta genuina experiencia de integración en Derecho- e incluso su razón de ser, reconocida en el mundo por la primacía de un modelo social y un pacto fiscal de rentas y generaciones capaz de traspasar fronteras.

Para la izquierda es pues urgente intervenir políticamente ese derrotero en la UE, convenciendo a muchos ciudadanos expuestos a un desenganche irreversible de que el reequilibrio en las cuentas no es en sí mismo nuestro fin, ni aún menos, el fin de la Historia, sino una palanca desde la que edificar reformas modernizadoras que habrán de preservar el modo de vida europeo, no derogarlo ni arrasarlo. Y eso solo podrá hacerse con una ambición paneuropea para esa socialdemocracia sin la que los cambios pasados no habrían sido posibles y sin la que los futuros no serán imaginables. Pero su reactivación pasa por la acción política, no por su desistimiento; por la movilización electoral europea de cuantos se identifican con valores hoy sometidos a asedio, y por su restauración frente a la antipolítica apología de los mercados y la erosión de los Gobiernos legitimados en las urnas como herramienta de transformación de un mundo que asusta más que entusiasma.

He subrayado a sabiendas el desafío electoral. Es cierto que, frente al nuevo espectro que recorre Europa -el fantasma del populismo-, hemos asistido a una fronda difusa de manifestantes: Islandia, Grecia, Irlanda, Francia, Italia, Reino Unido... España. Pero también que esas revueltas inscritas en el invierno de nuestro descontento no han acertado todavía a perfilar su inspiración positiva y propositiva, moviéndose más bien en clave resistencial y reactiva: por ello no se ha acompañado de una reanimación del voto de ciudadanía y del espacio político -no solo a través del sufragio, pero también, sí, con este-. Esta sobrevendrá solo con la promesa de un cuerpo claro de propuestas reformistas para preservar lo irrenunciable cambiando lo impostergable. Y habrá de ser europea o simplemente no será. Ninguna solución es local. Ni tampoco nacional. A tiempo que dejó de serlo. Sí se nos exige, empero, saber que en cada elección nos jugamos un asalto de una batalla épica contra la arbitrariedad impersonal de arcanos contables sin rostro humano ni responsabilidad. Solo si recobramos el alma internacionalista del progresismo europeo tendremos oportunidades de construir un futuro que no sea el que muchos temen, sino un espejo razonado de los motivos y trabajos de nuestras esperanzas, tantas veces sometidas a pruebas aún más duras que esta.

(El Pais/Madrid; el autor es presidente de la delegación socialista española en el Parlamento Europeo.)

La ideología y las balas

Dice Aristóbulo Istúriz que la nueva Asamblea Nacional no está para hablar pendejadas. Que no se van a distraer con "goteras". Que quieren una discusión conceptual, ideológica. Que quieren debatir sobre el Hombre Nuevo.

Yo no dudo que sea tentador. Probablemente se trata, incluso, de una de las más recurrentes utopías íntimas de cualquier venezolano: cobrar un sueldo por hablar pajita y tomar café. Que te paguen por conversar sobre modelos políticos, sobre la situación actual, sobre cómo está la vaina y qué hay qué hacer con este país. No está nada mal. Casi es un ideal revolucionario.

Sin embargo, no fue ése el trato que hicimos cuando los contratamos, cuando votamos por ellos el 26 de septiembre del año pasado. La verdad, no están ahí para discutir sobre el Estado burgués o el Estado comunal. No, mientras las cifras de la pobreza ascienden, tal y como lo señalan las propias estadísticas oficiales.

Tampoco, en su estreno, en esta primera semana, el oficialismo nos deslumbró con un extraordinario ejemplo de lo que propone Istúriz. En su primera intervención, el pasado miércoles, Earle Herrera descalificó los planteamientos del diputado Alfonso Marquina acusándolo de los crímenes que, en el pasado, tanto su partido como todos los gobiernos anteriores, cometieron. Su argumentación alcanzó el clímax conceptual cuando toda la bancada del partido de gobierno se puso de pie y comenzó a gritar: "¡Asesinos! ¡Asesinos!", con una enjundia y una hondura hermenéutica que olvídate de Jürgen Habermas y de la Escuela de Franckfurt.

Para ponerse a ese nivel, bastaría recordar a los jóvenes soldados que llevaron, bajo engaño, a la madrugada del 4 de febrero de 1992. Nunca les dijeron que iban a dar un golpe de Estado. Los lanzaron a una guerra sin ningún aviso, con la conciencia vendada. ¿Cuántos de ellos murieron? ¿Les parece ese caso heroico? ¿Creen que el Che Guevara hubiera hecho lo mismo, que estaría orgulloso, que diría que así se comporta el Hombre Nuevo? ¿Quieren discutirlo? Ahora que ya no son mayoría absoluta, los diputados del Gobierno desean restarle importancia a la Asamblea, cuestionan el significado de la representación parlamentaria.

Eso también forma parte de lo que Istúriz llama el "debate ideológico". La democracia sólo parece ser útil a la hora de conseguir una apariencia de legitimidad. Cuando pretende ser una experiencia política auténtica, diversa, que exige el reconocimiento del otro y la negociación, intentan de inmediato someterla, despojarla de todo poder. No deja de ser llamativo que hablen del "pueblo legislador" después de otorgarle al Presidente una Ley Habilitante para que, por año y medio, legisle de manera personal sobre una amplia cantidad de temas. Ahí se acaba el debate ideológico. El único argumento político que tienen es ese orden vertical: Chávez es la autoridad, el pueblo y la ley. Tres en uno.

Quizás quien ha desarrollado con mayor honestidad este planteamiento es el joven diputado Robert Serra. "Si hacer lo que diga el comandante ­declaró después de la elección del 26 de septiembre­, cuando él lo diga y porque él lo diga, por mandato del pueblo, es ser una foca, entonces seré una foca los próximos años de mi vida". Poco importaría esta confesión mamífera si no fuera porque este mismo diputado, esta semana, ha acusado a los parlamentarios de la oposición de "no tener criterio propio". El oficialismo goza de una incoherencia infinita. La paradoja es su naturaleza. Tienen doble moral, doble discurso, doble ideología.

Por eso pueden llenarse la retórica hablando de transparencia y de sinceridad, mientras prohíben que otras cámaras, distintas de la suya, registren lo que ocurre dentro de la Asamblea. Allá adentro sólo hay una mirada, sólo hay un ángulo, una única versión.

Por eso, también, aunque se dicen de izquierda, devalúan y han estado a punto de aumentar el IVA y de aplicar un paquete económico que dejaría pálida a la derecha. Por eso pretendían imponer un control universitario donde, siguiendo la misma disciplina militar, la definición ideológica dependiera no del ejercicio democrático sino de la autoridad jerárquica.

El problema no es lo burgués o lo comunal: en el centro del debate está el Estado militar.

La sociedad disciplinada. Lo bolivarianamente correcto también puede ser muy reaccionario.

Dice Aristóbulo Istúriz que la nueva Asamblea Nacional no está para hablar pendejadas. Tiene razón. El pueblo tampoco espera que ellos lo hagan. No queremos que pierdan más tiempo con la ideología y con el Hombre Nuevo mientras, aquí, todos vivimos entre la inflación y las balas.

(El Nacional/Venezuela)