domingo, 26 de julio de 2009

DESARME EN COLOMBIA: La reinserción de Caraemuerto

Caraemuerto se remueve inquieto en la silla. No es fácil sentarse tranquilo en un pupitre tras años de estar alerta ante posibles ataques o emboscadas de la guerrilla colombiana. Pero este antiguo paramilitar lucha ahora para retomar sus estudios y encontrar un trabajo.

A la puerta del edificio, varios adolescentes charlan con indolencia. Dentro, la algarabía marca las idas y venidas de los estudiantes entre sus clases. Sin embargo, pese a las apariencias, este centro de Medellín no es un instituto de Bachillerato. La mayoría de los alumnos ha cambiado las armas por los cuadernos: son antiguos paramilitares y guerrilleros, pero también jóvenes de barrios marginales en peligro de sumarse a estos grupos ilegales o víctimas del conflicto. Ahora son todos compañeros de pupitre en el Centro de Formación para la Paz y la Reconciliación (Cepar).

En el centro continúan una educación que terminó en muchos casos en los primeros cursos de Primaria y en otros nunca empezó. Ahora, tras desmovilizarse, se encuentran en desventaja para competir en el mercado laboral. Tienen experiencia de la muerte, pero mucha menos de las clases, los exámenes, o de enviar un currículo...

"Me considero una persona de mucha suerte. Estuve nueve años en el monte y nueve tiros me dieron, pero estoy vivo y no me duele nada", explica Luis Edison Jaramillo, Caraemuerto, de 27 años, que se unió a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) "por la situación económica. Pasó un grupo de paramilitares y me dijeron que me pagaban buena platica". "Al principio fue duro, mucha guerra, pero luego se acostumbra uno". Finalmente, "el patrón tomó su decisión": el jefe del Bloque Mineros, al que pertenecía, decidió desmovilizarse, y con él, más de 2.500 hombres bajo su mando.

Un caso diferente es el de Luis Villegas, de 25 años, que tomó por su cuenta la decisión de abandonar las AUC. "Decían que iba a ganar más, que iba a tener mejor vida. Nunca pasó eso. Entonces llegó el día que tomé la decisión de salirme. Sentía la necesidad de corregir muchos errores, el daño que había hecho". El nacimiento de su hija, que ahora tiene cinco años, le impulsó a salir, tras dos años y dos meses en el Bloque Mineros. "Es la mejor decisión que yo tomé en mi vida". Ahora tiene "un proyecto para salir adelante", cursa Secundaria y quiere estudiar Ciencias Políticas.

El programa Paz y Reconciliación es una iniciativa de la alcaldía de Medellín. "Si bien las desmovilizaciones eran un programa nacional, esta administración decidió apropiarse del proceso de reinserción de estas personas", explica Luis Fernando Pineda, coordinador del área de jóvenes, que añade que "el 33% de los desmovilizados de la nación están en Antioquia", el departamento del cual Medellín es la capital. Desde 2004, la alcaldía se ha ocupado de 4.300 antiguos paramilitares, 870 ex guerrilleros y 1.200 jóvenes en peligro de asociarse a grupos ilegales.

(vea el reportaje completo en El País)