miércoles, 19 de enero de 2011

Alegato contra un maldito dicho popular

En política, nunca hay que decir nunca... Siempre cuando se repite este dicho, es para preparar el terreno para alguna movida chuca.

Últimamente escucho este dicho frecuentemente cuando hablan del futuro político de Tony Saca. ¿Regresa el expresidente a la política? ¿Regresa incluso a ARENA?

Y siempre dicen: Bueno, tal vez no sea posible que ARENA nuevamente acepte a Tony Saca, pero tal vez algún tipo de alianza. De todas formas, en política nunca hay que decir nunca...".

Totalmente en desacuerdo. En algún punto hay que pintar la raya. No puede ser que en política todo sea admisible. No todo se vale. Y el caso de Tony Saca y ARENA es un buen ejemplo para atacar este maldito dicho de que en política nunca hay que decir nunca.

ARENA, si quiere tener un futuro con credibilidad, tiene que decir '¡nunca!', siempre cuando se especula sobre el regreso de Tony Saca, sobra 'la superación de la división de la derecha', sobre alianzas electorales con GANA.

Ciertas divisiones son necesarias. Son procesos de curación. Si ARENA no se hubiera separado de Tony Saca, luego de la derrota electoral de 2009, a esta altura ya hubiera dejado de ser un partido viable. Hubiera corrido la suerte del Partido Liberal Constitucional del expresidente nicaragüense Arnoldo Alemán: incapaz de gobernar e incapaz de ejercer oposición; pero con el poder de vetar el surgimiento de una oposición que puede poner en peligro el régimen de 'el pacto', como los nicas llaman, con ganas de vomitar, la alianza de los dos polos del populismo y de la corrupción.

Nicaragua es el país donde han aplicado a la máxima perfección y perversión este maldito dicho de 'nunca hay que decir nunca en política.' Todo es posible, no hay ética ni decencia que ponga límite a las componendas políticas.

¿Se puede reelegir el presidente Ortega, a pesar de que la Constitución no prohíbe tan explícitamente como en El Salvador? - Nunca diga nunca.

A pesar de su comprobada corrupción y de su pacto con el diablo, ¿podrá Arnoldo Alemán nuevamente convertirse en candidato, no para ganar, sino para facilitar nuevamente el triunfo de Ortega? - Nunca diga nunca.

No estamos tan lejos de Nicaragua que quisiéramos pensar. No tenemos a un presidente como Daniel Ortega. Es cierto. No tenemos a un expresidente condenado por robo al Estado. Es cierto.

Pero tenemos a un FMLN S.A. de C.V., que tiene mucho en común con el nicaragüense FSLN S.A. de C.V. Y tenemos a un expresidente que igual que Arnoldo Alemán usa su peso político y la debilidad de la oposición para presentarse como imprescindible para la derecha de su país.

Aquí en El Salvador, igual que en Nicaragua, todo depende del surgimiento de una alianza democrática, progresista y reformista, basada en principios y formada por personas y fuerzas que saben decir '¡nunca!' a las componendas entre los populistas de izquierda y derecha.

Tanto en la izquierda como en la derecha, debe haber suficiente renovación ética y programática para separarse, cada uno en su campo, de las tendencias populistas, autoritarias y mafiosas.
La única ventaja que tiene la derecha ahora, a pesar de todas las encuestas (que miden correlaciones de fuerza coyunturales, nunca tendencias históricas), es que está más cerca de esta renovación que la izquierda. En este sentido, su división es ventaja, no debilidad. La existencia de GANA es ventaja, no debilidad para ARENA.

Querer subsanar lo que muchos aun perciben como debilidad (la salida de Saca, el desprendimiento de GANA, la alianza abierta de GANA y PCN con el gobierno de Funes-FMLN...), sería el error más fatal que podría cometer la oposición. Significaría cerrar la ventana histórica de la renovación ética y programática, y volver a la desgastada política de 'nunca diga nunca'.

En la sociedad hay una enorme sed de política ética, de renovación y reforma, de transparencia. Hay escepticismo, y con toda la razón del mundo. Pero desde esta posición crítica surge en la sociedad, en la clase media, sobre todo en la juventud la exigencia de una política que regrese a un esquema claro de principios, combinado con voluntad reformista.

Así que no vengan con esta aberración que 'en política todo es posible, todo es justificable, y que nunca hay que decir nunca'.

(El Diario de Hoy)

martes, 18 de enero de 2011

Chavez un hombre de telenovela

Durante una entrevista, en su primera campaña electoral en 1998, Hugo Chávez recordó cómo había participado una noche en Sábado sensacional, un famoso y maratónico programa de variedades que existe en Venezuela.

Entre divertido y entusiasmado, el entonces candidato rememoró aquel momento, la coronación de una miss si no mal recuerdo, cuando él -junto a otros dos o tres soldados- descendió en paracaídas, trayendo desde el cielo un regalo para las concursantes.

La anécdota contrasta con la imagen de sí mismo que promueve el "Comandante Chávez". Hay poco heroísmo y poca izquierda en ese espectáculo. Por eso quizás, ahora, desde el poder, intenta reconstruir una memoria diferente, que lo ubique más cerca de Fidel Castro que de Juan Gabriel.

Hugo Chávez es el primer presidente venezolano nacido en la época de la televisión. Cuando despertó, la televisión ya estaba ahí. En una entrevista a la revista chilena Qué pasa, afirmó que de niño, mientras todos sus compañeritos querían ser como Superman, él en realidad deseaba ser como Simón Bolívar.

Probablemente esto también forma parte de ese nuevo pasado legendario que necesita inventarse, pero lo importante es que retrata muy bien el espacio referencial que dominó su niñez, una infancia pobre, en un pueblo rural de los llanos venezolanos, hasta donde, sin embargo, también llegaron los íconos del cómic, el cielo de los mass-media.

Pero esto no basta para explicar la importancia que Chávez le da a la comunicación masiva, su continua actuación como animador de espectáculos. Quizás hay que mirar un poco más su propia historia política. En febrero de 1992, Hugo Chávez comanda un golpe de Estado en contra del presidente Carlos Andrés Pérez.

Aunque sus compañeros de armas logran conquistar sus objetivos en diferentes lugares del país, Chávez fracasa en Caracas y, al final, aparece unos segundos en la televisión, llamando a los otros golpistas a deponer las armas, a rendirse. En ese breve instante fue tocado por el dios rating. El rechazo de los venezolanos a los partidos políticos tradicionales, sumado a la ceguera de una élite incapaz de leer la pobreza en que vivían las mayorías, construyó el escenario ideal para que el soldado comenzara a convertirse en ídolo. Gracias a la televisión, una chapuza militar tuvo éxito. Una nueva lógica política se inauguró en el país: su fracaso lo hizo famoso; su fama, Presidente.

Esta marca de nacimiento ha terminado transformándose en uno de los sellos fundamentales de Chávez y de su acción pública. Su más claro plan de gobierno es él mismo. Se ha dedicado casi una década a promocionarse, a reinventar un Estado a su medida personal, a lograr que un país esté hablando de él, a favor o en contra, todo el tiempo. Con el paso del tiempo, Chávez parece haber entendido que la popularidad también puede ser una potable forma de tiranía.

"Chávez equivocó definitivamente su profesión -dijo Alberto Muller Rojas, general retirado y jefe de la campaña electoral de Chávez en 1998-. Él hubiera sido un comunicador de primer orden, Aquí, en el mundo de la televisión, del cine, no hay un tipo como él".

Ciertamente: Chávez es una marca contundente. Un contagio. Una emoción que produce gran fidelidad. No es un simple carisma, actuando silvestremente. Hay mucho cálculo, mucha planificación.

Detrás de muchas de sus apariciones, hay siempre un guión, una inteligencia que se ha detenido a pensar antes en la audiencia, en el espectáculo. Aquello que luce improvisado, que parece un rapto de intemperancia, quizás sea una escena fraguada desde hace mucho, diseñada y actuada con una maestría muy peculiar.

De melodrama

Chávez construye su autobiografía diariamente. Siempre es autorreferencial. Habla de sí mismo, de su niñez; rememora o inventa una anécdota de su juventud, reproduce y actúa una antigua conversación; narra de pronto un suceso del presente, un intento de magnicidio donde nuevamente estuvo a punto de morir.

Canta, baila, recita. Su vida sirve de espejo narrativo para explicar o ejemplificar cualquier tema: la guerra en el Medio Oriente o la siembra de sorgo en el pie de monte andino del país, el socialismo del siglo XXI o un nuevo plan de lectura revolucionario... Chávez es el principal mensaje de Chávez.

No hay pudor. No hay tampoco intimidad. La historia pública del país es, también, la historia privada de Chávez. Hubo un tiempo en que, junto a su figura, repartida en vallas publicitarias por todo el país, se acompañaba de esta leyenda: "Chávez es el pueblo". No hay diferencia. Entre la revolución que propone darle todo el poder al pueblo y el gobierno que saquea el Estado y las instituciones para darle todo el poder a Chávez, no hay ninguna contradicción.

Se trata de la misma historia, de una única historia de amor. Así lo pregona el mismo Presidente. Sus campañas electorales, donde ha resultado generalmente victorioso, combinan una agresividad desmesurada con unas impresionantes dosis de cursilería.

Chávez invoca el amor verdadero, convierte la administración pública en un asunto afectivo, hace de la gerencia del país un melodrama donde el pueblo y él son los protagonistas de un amor interminable, de una pasión que siempre corre detrás de su final feliz.

La retórica chavista tiene bastante que ver con la tradición de la radionovela y de la telenovela. No solo en su sentido más rítmico -la telenovela también, más que verse se escucha-, en la reiteración musical del discurso, sino en el uso de parábolas, en la ausencia de formulaciones sustantivas, abstractas, en la elección del cuento como forma de explicación de lo real. También se basa en la construcción de un héroe popular que se levanta desde todas las miserias y consigue finalmente la venganza, la fortuna y la felicidad.

Chávez es una versión exitosa de esa concepción melodramática de la historia. Pasó de la cárcel a la Presidencia. Su historia -la real y la que construye verbalmente, día a día- tiene mucho de bolero, de tango, de canción ranchera. Esto, dentro de las características de un país petrolero, puede adquirir dimensiones apoteósicas. Porque Chávez también representa un gran sueño de nuestra identidad: la aspiración de millones de pobres en un país tocado por una riqueza providencial. Él es la versión exitosa de los desheredados, de aquellos a quienes se les ha quitado una fortuna que les pertenece. Vemos su historia por televisión. Esperando que se acaben los falsos suspensos. Esperando que el protagonista por fin haga justicia y nos demuestre su amor.

Aunque desee colarse en el firmamento de las leyendas revolucionarias del continente, en realidad, el heroísmo de Chávez está en otro lado. Tiene más de show business que de guerra de guerrillas. Aunque no le guste, Chávez está más cerca de Delia Fiallo que del Che Guevara. "Amor con amor se paga" sigue siendo su consigna más eficaz. Al igual que en la telenovela, eso es lo mejor que administra: la esperanza de los pobres.

Vivimos los tiempos de la épica mediática. Las celebridades ya no tienen caballos sino ondas hertzianas. Sin embargo, hay algo que no cambia nunca, su naturaleza es la misma: necesitan un ansia, la puntual persistencia de un deseo. En 1974, el joven Chávez era cadete de la Academia Militar. Estaba en Caracas. Desfiló en un acto oficial y pudo ver, más o menos de cerca, a Carlos Andrés Pérez, quien acababa de iniciar su primer período presidencial.

Esa noche, el joven cadete se quedó despierto hasta tarde para observar la repetición del acto oficial por televisión. Quería mirarse, quería ver si aparecía desfilando. El 13 de marzo escribió en su diario: "Después de esperar bastante tiempo llegó el nuevo Presidente. Cuando le veo, quisiera que algún día me tocara llevar la responsabilidad de toda una patria, la Patria del Gran Bolívar". Hugo Chávez todavía no había cumplido 20 años.

(El Tiempo/Bogotá. Alberto Barrera Tyszka es autor de obras de ficción como 'La enfermedad' y 'Crímenes', ambas bajo el sello Anagrama. De su trabajo periodístico es reconocida la biografía de Hugo Chávez que escribió con Cristina Marcano y se tituló 'Hugo Chávez, sin uniforme'. Graduado en Letras, escribe en medios como 'El País', 'Letras Libres' y 'Etiqueta Negra'. Además escribe guines de cine y telenovelas)

Carta al diputado Enrique Valdez

Estimado doctor Enrique Valdez:

Usted es el vocero de la oposición en temas de salud. Tengo entendido que usted quiere una legislación que no permita al Estado importar medicinas no registradas en El Salvador.

Ahora el Estado puede importar, con ‘permisos especiales’, aquellas medicinas que no existen en el mercado comercial salvadoreño (y por esto no disponen de registro). Estamos hablando de los tratamientos que el Estado proporciona a los enfermos de SIDA, afectados de rabia, tuberculosis... El Estado recibe estos medicamentos de organismos internacionales. A veces son donaciones, a veces son compras a precios bastante bajos en el mercado internacional.

En vez de restringir estas compras (lo que tendría efectos graves para el sistema público de salud y tal vez fatales para muchos pacientes), habría que liberalizarlas. El Estado debe tener derecho de comprar todas las medicinas para el sistema público de salud al mejor precio disponible en el mercado internacional, con tal que sean debidamente autorizadas en países que disponen de sistema de control de calidad confiables.

Es más, a la larga habría que liberalizar el mercado de medicinas al punto que cualquier empresa pueda importar estas medicinas libremente, con tal que su calidad sea certificada, no necesariamente por instancias nacionales. Y lo ideal sería que cualquier ciudadano pueda comprar por internet las medicinas que necesite en el marcado internacional, con la única condición que sean debidamente autorizadas en países que controlan estrictamente la calidad de sus medicamentos. Pagando impuestos de importación, por supuesto.

Señor diputado, si usted quiere representar a la oposición, tiene que repensar muchas cosas: o estamos por más regulación estatal o por la liberalización. No es el Estado que va a garantizar precios accesibles de medicamentos, sino el libre mercado y la competencia. Si sigue con estas posiciones que obstaculizan que el Estado adquiera sus medicinas libremente en el mercado internacional, su cosecha será una ley de medicamentos estatizante, donde el gobierno va a regular los precios.

Piénsenlo bien.

Saludos de Paolo Lüers

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sábado, 15 de enero de 2011

Chanchullo

Chanchullo=intriga, conspiración, confabulación, maniobra, contubernio, componenda, manipulación, arreglo...

El arreglo que están confabulando ahora los diputados de la bancada unificada FMLN-GANA-PCN, en su ya acostumbrado contubernio, es para componer el viejo sistema electoral de las listas, y con esta maniobra lograrán manipular la reforma electoral y conseguir que todo quede igual. Incluso los diputados.

Este sistema de votar por listas ya está vetado por la Sala de lo Constitucional que dijo: la votación tiene que ser por individuos, por candidatos con nombre y apellido y foto, y no por banderas partidarias o listas. Punto.

Ahora existe un acuerdo entre FMLN, Gana, PCN que en cualquier momento se ratificará en la Asamblea. Este acuerdo tiene como punto central salvar la votación por lista. Mediante el voto por lista las cúpulas partidarias deciden quien entra a la Asamblea, no el ciudadano. Esto atenta contra el corazón de la sentencia de la Sala.

Es muy claro lo que manda la Corte Suprema: erradicar el voto por banderas y por listas, y sustituirlo por el voto por el candidato individual. Cada ciudadano decide por cual diputado quiere ser representado.

Viene el FMLN y plantea, de manera sofista: Lo que vamos a dar al ciudadano es el derecho de escoger democráticamente entre dos formas de votar. O expresa su preferencia por un candidato específico, marcando su foto, o expresa su preferencia por un partido, marcando la bandera.

La Sala nos obliga dar al ciudadano la opción de votar por un candidato específico, pero no lo tenemos que obligar a hacerlo... Y si el ciudadano se equivoca y marca a más de un candidato dentro de una misma lista partidaria, este voto vale por el partido. Se abona a la lista partidaria en la secuencia definida por el partido. Así más o menos es la argumentación del FMLN.

En este esquema propuesto por el FMLN, no sólo sobrevive el voto por bandera y por los candidatos que encabezan la lista, sino tiene más consecuencias negativas y contradictorias a la sentencia de la Sala. Si con este chanchullo legislativo hacen sobrevivir la votación por lista, también sobrevivirán los diputados por residuo. En cambio, si la votación es estricta y únicamente por candidatos, en cada departamento entran los candidatos con más votación y punto.

La otra consecuencia negativa de revivir el cadáver de la votación por listas es la siguiente: Vuelve inoperante las candidaturas independientes. Las candidaturas independientes funcionan si la competencia es estrictamente entre candidatos. Si un independiente consigue suficientes votos, entra. Pero en el esquema propuesto por el FMLN el independiente tendrá que competir además contra las listas de los partidos, y esto les crea una desventaja insuperable.

Así como ahora lo quiere aprobar la nueva bancada oficialista roja-anaranjada-azul, con el voto por listas sobrevivirán también los cadáveres de los políticos corruptos, con tal que se ponen a la cabeza de la lista. Y sobrevivirá el monopolio de los partidos, blindando el sistema contra las candidaturas independientes.

La única manera de cumplir con la sentencia de la Sala de lo Constitucional es una papeleta donde solamente se puede marcar por una persona, no una bandera. Es muy simple: se pone a la par del nombre y de la foto de cada candidato una casilla para marcar. Se pone ninguna casilla para las banderas. Punto. Un solo voto por votar un solo candidato. Y como en cualquier parte del mundo: Si alguien tiene un solo voto y hace dos cruces, su voto es inválido.

Ahora la aplanadora FMLN-Gana-PCN quiere decidir que todos los que marcan por varios candidatos en la misma lista, sean reconocidos como voto por la lista. Quiere decir, quien marca mal, votó por el #1 de la lista. Y quien marca la bandera en vez del candidato, también votó por el #1. Y al #1 lo nombra la Comisión Política.

Si esto se aprueba, los partidos van a decir en su propaganda: "No se compliquen, voten como siempre por su bandera preferida".

Se muere la reforma. Cero cambio.

Ojalá que en la Asamblea haya diputados que se opongan a este chanchullo y luchen por una verdadera reforma electoral.

(El Diario de Hoy)

Otra carta a los diputados

Estimados:

Así como ustedes van, me va a tocar escribirles cartas cada rato, si quiero cumplir mi promesa que cada chanchullo merece una carta pública.

En caso que no sepan que es un chanchullo, aquí los sinónimos: intriga, maniobra, confabulación, componenda, contubernio...

La intriga que están confabulando ahora los diputados de FMLN-GANA-PCN, en su ya acostumbrado contubernio, es para componer el viejo sistema electoral de las listas.

Este sistema ya estaba vetado por la sentencia de la Sala de lo Constitucional que dijo: la votación tiene que ser por individuos, por candidatos con nombre y apellido y foto, y no por banderas partidarias o listas.

Vienen ustedes y quieren salvar las listas, por que mediante el voto por listas las cúpulas partidarias deciden quien entra a la Asamblea, no el ciudadano.

Es muy claro lo que quiere la Corte Suprema y los ciudadanos: erradicar el voto por banderas y por listas, y sustituirlo por el voto por el candidato individual. Cada ciudadano decide por cual diputado quiere ser representado. Punto.

Así como ahora lo quiere aprobar la nueva aplanadora legislativa roja-anaranjada-azul, sobrevive el voto por las listas y banderas, y sobrevivirán los cadáveres de los políticos corruptos, con tal que se ponen a la cabeza de la lista.

La única manera de cumplir con la sentencia de la Sala de lo Constitucional es una papeleta donde solamente se puede marcar una persona, no una bandera. Es muy simple: se pone a la par del nombre y de la foto de cada candidato una casilla para marcar. Ninguna casilla para las banderas. Punto. Un solo voto por una sola persona. Y como en cualquier parte del mundo: Si alguien tiene un solo voto y hace dos cruces, su voto es inválido.

Ahora ustedes quieren decidir que todos los que marcan por varios candidatos en la misma lista, sean reconocidos como voto por la lista. Quiere decir, quien marca mal, votó por el #1 de la lista. Y quien marca la bandera en vez del candidato, también votó por el #1. Y al #1 lo nombra la Comisión Política. ¡Que galán!

Ojala que en la Asamblea haya diputados que se opongan a este chanchullo y luchen por una verdadera reforma electoral.

Los estamos viendo,

Paolo Lüers

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viernes, 14 de enero de 2011

El arte de echar la culpa a otros

En 19 meses de gobernar, el presidente no ha pronunciado ni una sola palabra autocrítica. No lo hace en público, y como cuentan integrantes de su gabinete, tampoco en la discusión con sus ministros. No existe, en este gobierno, un análisis sobre posibles errores, deficiencias, o vacíos en la política del gobierno. No existe discusión en este gobierno. Tal vez detrás de las puertas cerradas en Casa Presidencial, en el círculo interior de algunos amigos y asesores; pero a nivel de gobierno, no.

La única manera conocida de este presidente de señalar errores dentro de su aparato de gobierno es el dedo acusador, el regaño al niño mal portado que no obedece. Cuando esto pasa, como en los casos de las sustituciones (agricultura, cultura, mujeres...), las críticas no forman parte de un esquema de reflexión autocrítica, sino de lo contrario: de un esquema elaborado para adjudicar culpa a otros. Esta práctica, no desconocida en otros gobiernos, ha sido llevado a una forma de arte por Mauricio Funes.

Si uno analiza sus discursos, no importando la ocasión y el tema, siempre hay una tónica común: asignar la culpa para las desgracias del país a otros. No he conocido un gobernante que haya llevado este arte al extremo de Mauricio Funes, y que lo haya convertido en su principal método de campaña permanente para salir bien en las encuestas. Normalmente los gobernantes, sobre todo en sociedades polarizadas como la nuestra, echan la culpa al sospechoso de siempre: el adversario político. Sin embargo, el esquema de culpa ajena desarrollado por Mauricio Funes es mucho más sofisticado - y sospecho que así se explica su sostenida y elevada popularidad.

Funes echa la culpa no sólo al partido adversario, en este caso a ARENA, sino en casi igual proporción al partido de gobierno, el FMLN. Y el día siguiente, la echa a los empresarios tercos que no quieren invertir, y para cerrar la semana, les pone el dedo acusador a los medios de comunicación o a los periodistas.

El hombre a quien al fin la gente evalúa en las encuestas, es una especie de superman con rasgos de Robin Hood, que llegó a Casa Presidencial para ‘cambiar todo’ – y no lo dejan ni ARENA, ni el FMLN, ni los empresarios ni los medios. Un superman que se enfrenta valientemente a los todos los poderes. Con el resultado que consigue el apoyo, la simpatía (y por lo menos el beneficio de la duda) de sectores muy diferentes: a los izquierdistas los tiene contento con sus permanentes ataques a la derecha y sus denuncias contra la corrupción de los gobiernos de ARENA. A los que desconfían del FMLN (que son la mayoría en el país) Funes se presenta como la última línea de defensa contra socialismo; a los resentidos sociales, el presidente Robin Hood se ofrece como el redentor que se enfrenta a los abusos de la gran empresa. A los que están frustrados con los partidos, se presenta como el independiente que tiene los huevos para retar a los dos partidas grandes...

Pero detrás de este espectáculo de superman contra todos los poderes hay un pacto del presidente con uno de los poderes: el FMLN. Sigue peleando con ellos (y en muchos casos las diferencias son reales), pero entre el presidente y el partido de gobierno existen mecanismos de ponerse de acuerdo, de administración de daños. Detrás del telón hay todo un andamiaje que el ciudadano espectador nunca ve y donde se toman las decisiones importantes entre partido y presidente.

En cambio, los pocos mecanismos creados de diálogo con la empresa privada y con la oposición, son visibles para el público. Son parte de la escenografía, hechos para crear ilusiones, no para funcionar de verdad. Por esto el Consejo Económico Social está siempre a la vista, pero no produce nada, mientras que la mesa permanente entre Funes y el FMLN funciona en silencio detrás de las bambalinas, pero dirige el país. Sin transparencia, sin institucionalidad, sin rendición de cuentas.

Un gobierno que no discute, y detrás del cual existe una entidad invisible que toma decisiones, requiere con aún más urgencia de la crítica sostenida por parte de los ciudadanos, la sociedad civil, la academia y los medios. En este sentido, la lucha por la Ley de Transparencia (que el gobierno sigue bloqueando) adquiere importancia extraordinaria.

(El Diario de Hoy)

jueves, 13 de enero de 2011

Discurso de Obama en Tucson

Obama’s Speech in Tucson

President Obama offered the nation’s condolences on Wednesday to the victims of the Tucson shooting rampage, urging Americans to usher in a new era of civility in memory of the fallen.

Carta al subdirector general de la PNC

Estimado comisionado Mauricio Ramírez Landaverde:

Parece que usted se escapó de un pelito de un golpe de estado. Ya sabe, un golpe suavecito donde te quitan el poder y te mandan al exterior. Casi terminaste con la misma suerte del comisionado Mauricio Meneses, quien cayó en desgracia y a quien mandaron a la embajada en Washington, a un puesto inventado, antes de abrir le un juicio...

Los cambios en la cúpula de policía parece que ya estaban cocinados, y si al fin no los realizan es porque algún listo los filtró a tiempo a los medios. Y en todo el desmadre que se armó se retractaron y dijeron: no habrá cambios. Por ahora.

Hay quienes interpretan que ahora, luego de los enfrentamientos con los mandos ligados a los anteriores gobiernos de derecha y provenientes de la Fuerza Armada, viene ya el pleito interno entre los mandos vinculados a la izquierda. Entre los más institucionalistas y los más partidistas. Entre FPL y PC...

No sé si es cierto. No tengo como saberlo. Pero tampoco me extrañaría mucho. Pero si algo de esto estría pasado, en medio de la crisis de seguridad pública, realmente estaríamos fritos.

Espero que los mandos policiales, sean de derecha o de izquierda, cercanos al presidente o cercanos al partido o a la oposición, pongan encima de sus afiliaciones políticas el interés de la población que quiere seguridad.

Yo sé que la mayoría de los integrantes de la PNC, incluyendo los jefes, piensan así. Pero mucho depende de la madurez y de la actitud institucional de ustedes que están conduciendo la corporación policial.

Ojala que cuando se hagan los cambios en la PNC, se hagan con el criterio de la eficiencia y no con criterios políticos.

Saludos, Paolo Lüers

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Columna transversal: Dos fechas claves, 10 y 16 de enero

10 de enero 1981. El día que llegué a El Salvador. Hace treinta años. Llegué en un vuelo de Managua, en la mañana. Acompañado de Hernán Vera, cineasta venezolano que luego entró en el mundo de las leyendas de las guerrillas de Morazán como “Maravilla”. Hernán con su equipo de video, cámara y grabadora Umatic. Yo con mi querida Canon A1. Listos para documentar y proyectar la insurreción que este mismo día, a las 5 de la tarde, iba a generalizarse en el país con la “ofensiva final” guerrillera. Nosotros formábamos parte de esta ofensiva, de su parte mediática. Entusiasmados de la idea que esta iba a ser la primera revolución que tendría como parte estratégica, a la par de la militar y la política, un frente mediático. Que no íbamos a ser solo observadores y documentalistas, sino protagonistas.

Nunca durante los acontecimientos dramáticos este enero del 1981 (que merecen ser contados con más espacio) se me cruzó por la cabeza que 30 años después iba continuar viviendo en este país, tener aquí mis raíces, mi familia, mi negocio, mi vida política y periodística.

Retrospectivamente estoy convencido que este día 10 de enero del año 1981 empezó una historia que, cambiando el país El Salvador, también me cambió a mi profundamente y dejó como final casi lógico que yo me quedara. Años después de terminar la guerra, de visita en Alemania, me di cuenta que también este mi país originario había sufrido un cambio profundo, traumático y radical: la revolución pacífica en el este, la caída del muro y del comunismo, la reunificación de los dos estados... Pero como yo no había estado presente, no había vivido este proceso histórico, no me sentí parte del resultado. Ya no era mi país.

En cambio, en los históricos acontecimientos que en estos mismos años habían transformado a El Salvador -la guerra, la paz, la reconciliación, la construcción de la democracia- yo no solamente había estado presente, sino me había convertido en protagonista. Me identificaba profundamente con el resultado: un país por hacer; una democracia por construir; una nación superando su historia de represión y autoritarismo, dispuesta a unificarse y progresar... De repente, este era mi país.

Esto me lleva a la otra fecha histórica de este mes: el 16 de enero de 1992, el día que sellamos la paz. En la derecha y en la izquierda hay quienes asumen el 16 de enero del 1992 como el día que terminamos la fase militar del conflicto para continuar, cada uno por su lado, a imponer su modelo de país. Y hay quienes entendemos el 16 de enero del 1992 como el día que los adversarios nos comprometimos a conjuntamente construir un país nuevo.

Dentro de la izquierda, nunca supimos llevar con sinceridad y profundidad este debate entre estas dos concepciones de la paz. Tampoco en la derecha. Muchas de las deficiencias de nuestra democracia se explican por este vacío. La tan lamentada ausencia de una visión conjunta del país se explica por este vacío. El hecho que en últimos años hemos perdido la capacidad de celebrar juntos el 16 de enero es expresión de este vacío.

El hecho que este gobierno ‘del cambio’, igual que los anteriores, no hizo nada para convertir el 16 de enero en el día de orgullo nacional que debería ser, es muy significativo. Muchos de los integrantes de este gobierno siguen convencidos que en el fondo el proceso de cambio y democratización del país comenzó el 1 de junio del 2009, cuando ellos llegaron al poder; no en 1992. Por esto, son tan vacíos e irreales los términos de ‘unidad’ e ‘inclusión’ que el gobierno usa en su mercadeo político. La hora de unidad e inclusión era a la hora cero del 1 de febrero, cuando en El Salvador entró en vigor el cese al fuego definitivo; cuando en las plazas de San Salvador se abrazaron antiguos adversarios.

Para mi siguen teniendo un gran significado estas fechas del año 1992. Creo que para muchos, tal vez la mayoría de los salvadoreños de la generación de la guerra. Poco lo expresamos, porque el Estado no ha creado ni institucionalizado los espacios para que, como nación, reafirmemos los compromisos adquiridos en 1992.

Aquel día del cese al fuego, en esta gran fiesta en el centro de la ciudad, me pareció imposible vivir en otro país que este.

(El Diario de Hoy)

martes, 11 de enero de 2011

Carta a los diputados de FMLN y ARENA

Ya dieron un primer paso correcto: se unieron para aprobar la Ley de Acceso a la Información Pública (que debería haber sido una Ley de Transparencia). Contra la resistencia del gobierno y de los partidos pequeños, que ya pensaban que sin ellos no hay mayoría posible... Y que por tanto todo había que negociar con ellos. Y que siempre pueden cobrar...

Ahora les toca dar el segundo paso: sumar nuevamente sus votos para superar las observaciones del presidente de la República. Hay solo una manera de mostrar que su compromiso con la transparencia es serio: rechazar la exigencia del presidente que esta ley entre en vigencia hasta en un año. Esto sí sería una señal clara hacia la ciudadanía que la corrupción se acabará...

La misión de crear transparencia en el Estado no puede comenzar con unas negociaciones nada transparentes. Por eso, nada de chanchullos; nada de dar al ejecutivo un año tiempo para arreglar (o esconder) las cosas, antes de someterse a un régimen de transparencia.

La ciudadanía espera que ustedes, con la gran mayoría y el apoyo popular que juntos tienen cuando sumen sus votos, rechacen las observaciones del presidente. Que la ley entre en vigencia ya. Sin más demoras. Sin más pretextos. Sin más excusas.

Algunos de los que durante un año han sacado perfil político como ‘promotores’ de la Ley de Transparencia, ya aflojaron, una vez que el presidente mandó sus observaciones. Otros siguen empujando que a esta ley ni se ponga agua ni retrasos. A estos hay que apoyarlos, sin amarres, sin miedos, sin concesiones.

A ningún gobierno le encanta la transparencia, porque es un instrumento ciudadano de control del gobierno. Por esto ningún presidente de ARENA promovió esta ley, y por esto mismo le pone trabas el presidente de turno.

Es una medición de fuerza, no entre derecha e izquierda, sino entre ejecutivo y parlamento. Un asunto de peso y contrapeso. Por esto me encanta que ARENA y FMLN juntos hayan aprobado esta ley. Ojala que nadie se eche para atrás.

Saludos les manda Paolo Lüers

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domingo, 9 de enero de 2011

El alma internacionalista

El pasado diciembre se congregó en Varsovia el Partido Socialista Europeo. Sus conclusiones cuestionan tópicos sobre la socialdemocracia ante una crisis que no es meramente económica: afecta al vínculo democrático entre la ciudadanía y el voto que pone y quita Gobiernos.

Parte de la izquierda parece abonada al pesimismo economicista a lo que pasa, sumiéndose en la ola de antipolítica que amenaza con derruir mucho de lo que la democracia consiguió con el sufragio universal. Lo cierto es que ni la explicación ni la superación de este estadio depresivo podemos esperarla ya de los economistas: el tsunami comenzó siendo financiero; hundió la economía real; se ensañó con Europa, donde produjo un terrible impacto social que ha destruido empleo y minado la confianza en nuestro porvenir... para acabar corroyendo ¡y cómo! el crédito de la política. Este es, en sí, el triunfo de una reacción ultraconservadora, un híbrido de demagogia y miedo, que ahuyenta a cada vez más gente de todo interés por las urnas. De ahí, un crudo debate sobre la resiliencia de la socialdemocracia e incluso, yendo más lejos, un stress test sobre el pulso de la democracia en Europa ante este embate.

Reparemos en las lecciones políticas de una crisis relatada como la del harmagedón y (a pesar de ello) apoteosis de la usura especulativa mundial. La primera: la vulnerabilidad de la política en sí, y la de su reivindicación frente a las recurrencias del desprecio a lo que decidimos en las urnas. Segunda: la pertinaz divergencia entre lo que hoy signifiquen derecha e izquierda en la UE, distinguiendo las respuestas regresivas frente las progresistas, por sus contenidos, objetivos y prioridades ante los daños y perjuicios: de un lado, el atajo fácil de la celebración de la desigualdad frente a los infortunios, y la explotación de la rabia y la frustración en un retorno a lo local y al odio a algún chivo expiatorio. De otro, la penosa labor de preservar la lucidez frente a la tribulación, la invitación a lo difícil, la lucha contra las injusticias planetarias. Y tercera: la que apunta al escalón europeo como espacio compartido y supranacional, alternativa al reflujo hipernacionalista de la derecha populista. Es aquí donde esta muestra su cara más antieuropea; por ello es imperioso que la izquierda rehabilite de una vez su vocación identitaria en valores no excluyentes sino de ciudadanía: europea, europeísta e internacionalista.

Ninguna variable subraya como esta la diferencia ideológica, en principios y actitudes, entre lo que sean hoy derecha e izquierda en la UE, y que muestre al mismo tiempo tanta vigencia para describir su presente y su disyuntiva inmediata. En la página a escribir tenemos, por un primer lado, una pulsión conservadora, renacionalizadora, incapaz de comprender que nuestras penalidades solo pueden empeorar con la deconstrucción de lo hecho y nuestra desagregación en una carrera de Estados lanzados a competir a la baja, desde recelos recíprocos y resentimientos cruzados (los "torpes", los "rezagados", los que "no han hecho sus deberes", culpables de sus fracasos, los "despilfarradores" de fondos de cohesión, frente a supuestos "virtuosos" del superávit exterior). De otro, quienes pensamos que solo prevaleceremos si mancomunamos esfuerzos, aprendemos de nuestros errores, emparejando la moneda común con la coordinación de nuestras políticas económicas, fiscales y presupuestarias; y, sobre todo, apostando por una solidaridad visionaria en la globalización que aporte regulación, transparencia e incluso ética ante sus desequilibrios y enormidades.

No entenderemos lo que esto le supone a las señas de la izquierda si no asumimos por entero el alma internacionalista de nuestra escala europea como la única proporcionada a la eslora de esta crisis. Nada de lo que nos pasa es explicable sin Europa; ninguno de sus alcances es gestionable desde fuera ni al margen de este compromiso. No existe horizonte de recuperación en la UE, castigada en la salida de una recesión que hace tiempo que dejó de ser global, si no asimilamos que estamos juntos en esto y es juntos como debemos salir, remando con mejor propósito y fortaleza que antes. Así es en el Parlamento Europeo donde, contra viento y marea, los socialistas hemos propugnado el debate por la gobernanza global contra la desregulación y la irresponsabilidad; por el relanzamiento del pacto fiscal europeo (tasas bancarias, contra la especulación, y ecológicas, además de la batalla europea contra el fraude y una la estrategia común contra los paraísos) y por la ética corporativa (bonos bancarios e incentivos).

Si a día de hoy son millones los progresistas europeos que desesperan en el bache y en sus episodios, ello es porque se ha asumido que la UE se halla inmersa en una hoja de ruta de orientación conservadora. Para los más impacientes, la austeridad a todo coste, más centrada en gastar menos que en gastar mejor, favorece recortes de prestaciones postergando las obligaciones (eurobonos) con que disuadir los ataques de prestamistas predatorios y financiar inversiones para el ansiado crecimiento. Para desencanto de muchos, bajo un discurso darwinista, la aparente lentitud de cada decisión ignora decenios de enseñanzas, empeños y sacrificios desde la II Guerra Mundial. Y para exasperación de nostálgicos del internacionalismo, la desprotección nacional desmiente, cuando no niega, nuestro distintivo modo de ser europeo -el que nos ha hecho mejores cuando nos ha hecho partícipes de esta genuina experiencia de integración en Derecho- e incluso su razón de ser, reconocida en el mundo por la primacía de un modelo social y un pacto fiscal de rentas y generaciones capaz de traspasar fronteras.

Para la izquierda es pues urgente intervenir políticamente ese derrotero en la UE, convenciendo a muchos ciudadanos expuestos a un desenganche irreversible de que el reequilibrio en las cuentas no es en sí mismo nuestro fin, ni aún menos, el fin de la Historia, sino una palanca desde la que edificar reformas modernizadoras que habrán de preservar el modo de vida europeo, no derogarlo ni arrasarlo. Y eso solo podrá hacerse con una ambición paneuropea para esa socialdemocracia sin la que los cambios pasados no habrían sido posibles y sin la que los futuros no serán imaginables. Pero su reactivación pasa por la acción política, no por su desistimiento; por la movilización electoral europea de cuantos se identifican con valores hoy sometidos a asedio, y por su restauración frente a la antipolítica apología de los mercados y la erosión de los Gobiernos legitimados en las urnas como herramienta de transformación de un mundo que asusta más que entusiasma.

He subrayado a sabiendas el desafío electoral. Es cierto que, frente al nuevo espectro que recorre Europa -el fantasma del populismo-, hemos asistido a una fronda difusa de manifestantes: Islandia, Grecia, Irlanda, Francia, Italia, Reino Unido... España. Pero también que esas revueltas inscritas en el invierno de nuestro descontento no han acertado todavía a perfilar su inspiración positiva y propositiva, moviéndose más bien en clave resistencial y reactiva: por ello no se ha acompañado de una reanimación del voto de ciudadanía y del espacio político -no solo a través del sufragio, pero también, sí, con este-. Esta sobrevendrá solo con la promesa de un cuerpo claro de propuestas reformistas para preservar lo irrenunciable cambiando lo impostergable. Y habrá de ser europea o simplemente no será. Ninguna solución es local. Ni tampoco nacional. A tiempo que dejó de serlo. Sí se nos exige, empero, saber que en cada elección nos jugamos un asalto de una batalla épica contra la arbitrariedad impersonal de arcanos contables sin rostro humano ni responsabilidad. Solo si recobramos el alma internacionalista del progresismo europeo tendremos oportunidades de construir un futuro que no sea el que muchos temen, sino un espejo razonado de los motivos y trabajos de nuestras esperanzas, tantas veces sometidas a pruebas aún más duras que esta.

(El Pais/Madrid; el autor es presidente de la delegación socialista española en el Parlamento Europeo.)

La ideología y las balas

Dice Aristóbulo Istúriz que la nueva Asamblea Nacional no está para hablar pendejadas. Que no se van a distraer con "goteras". Que quieren una discusión conceptual, ideológica. Que quieren debatir sobre el Hombre Nuevo.

Yo no dudo que sea tentador. Probablemente se trata, incluso, de una de las más recurrentes utopías íntimas de cualquier venezolano: cobrar un sueldo por hablar pajita y tomar café. Que te paguen por conversar sobre modelos políticos, sobre la situación actual, sobre cómo está la vaina y qué hay qué hacer con este país. No está nada mal. Casi es un ideal revolucionario.

Sin embargo, no fue ése el trato que hicimos cuando los contratamos, cuando votamos por ellos el 26 de septiembre del año pasado. La verdad, no están ahí para discutir sobre el Estado burgués o el Estado comunal. No, mientras las cifras de la pobreza ascienden, tal y como lo señalan las propias estadísticas oficiales.

Tampoco, en su estreno, en esta primera semana, el oficialismo nos deslumbró con un extraordinario ejemplo de lo que propone Istúriz. En su primera intervención, el pasado miércoles, Earle Herrera descalificó los planteamientos del diputado Alfonso Marquina acusándolo de los crímenes que, en el pasado, tanto su partido como todos los gobiernos anteriores, cometieron. Su argumentación alcanzó el clímax conceptual cuando toda la bancada del partido de gobierno se puso de pie y comenzó a gritar: "¡Asesinos! ¡Asesinos!", con una enjundia y una hondura hermenéutica que olvídate de Jürgen Habermas y de la Escuela de Franckfurt.

Para ponerse a ese nivel, bastaría recordar a los jóvenes soldados que llevaron, bajo engaño, a la madrugada del 4 de febrero de 1992. Nunca les dijeron que iban a dar un golpe de Estado. Los lanzaron a una guerra sin ningún aviso, con la conciencia vendada. ¿Cuántos de ellos murieron? ¿Les parece ese caso heroico? ¿Creen que el Che Guevara hubiera hecho lo mismo, que estaría orgulloso, que diría que así se comporta el Hombre Nuevo? ¿Quieren discutirlo? Ahora que ya no son mayoría absoluta, los diputados del Gobierno desean restarle importancia a la Asamblea, cuestionan el significado de la representación parlamentaria.

Eso también forma parte de lo que Istúriz llama el "debate ideológico". La democracia sólo parece ser útil a la hora de conseguir una apariencia de legitimidad. Cuando pretende ser una experiencia política auténtica, diversa, que exige el reconocimiento del otro y la negociación, intentan de inmediato someterla, despojarla de todo poder. No deja de ser llamativo que hablen del "pueblo legislador" después de otorgarle al Presidente una Ley Habilitante para que, por año y medio, legisle de manera personal sobre una amplia cantidad de temas. Ahí se acaba el debate ideológico. El único argumento político que tienen es ese orden vertical: Chávez es la autoridad, el pueblo y la ley. Tres en uno.

Quizás quien ha desarrollado con mayor honestidad este planteamiento es el joven diputado Robert Serra. "Si hacer lo que diga el comandante ­declaró después de la elección del 26 de septiembre­, cuando él lo diga y porque él lo diga, por mandato del pueblo, es ser una foca, entonces seré una foca los próximos años de mi vida". Poco importaría esta confesión mamífera si no fuera porque este mismo diputado, esta semana, ha acusado a los parlamentarios de la oposición de "no tener criterio propio". El oficialismo goza de una incoherencia infinita. La paradoja es su naturaleza. Tienen doble moral, doble discurso, doble ideología.

Por eso pueden llenarse la retórica hablando de transparencia y de sinceridad, mientras prohíben que otras cámaras, distintas de la suya, registren lo que ocurre dentro de la Asamblea. Allá adentro sólo hay una mirada, sólo hay un ángulo, una única versión.

Por eso, también, aunque se dicen de izquierda, devalúan y han estado a punto de aumentar el IVA y de aplicar un paquete económico que dejaría pálida a la derecha. Por eso pretendían imponer un control universitario donde, siguiendo la misma disciplina militar, la definición ideológica dependiera no del ejercicio democrático sino de la autoridad jerárquica.

El problema no es lo burgués o lo comunal: en el centro del debate está el Estado militar.

La sociedad disciplinada. Lo bolivarianamente correcto también puede ser muy reaccionario.

Dice Aristóbulo Istúriz que la nueva Asamblea Nacional no está para hablar pendejadas. Tiene razón. El pueblo tampoco espera que ellos lo hagan. No queremos que pierdan más tiempo con la ideología y con el Hombre Nuevo mientras, aquí, todos vivimos entre la inflación y las balas.

(El Nacional/Venezuela)

sábado, 8 de enero de 2011

Carta a los médicos graduados en Cuba

Chicos:

¡Bienvenidos a casa! No se dejen confundir por esta extraña campaña que se está haciendo contra ustedes. Son bienvenidos. Los necesitamos aquí.

No exijan privilegios, sólo porque ahora están en el poder los amigos políticos de Cuba. Pero tampoco acepten que les sigan marginando, sólo porque han sido becados por Cuba.

Me consta que aquí les pusieron cualquier traba a la incorporación profesional en su propio país. Mi hija Kharis vino de Cuba, graduada de médico, con un enorme entusiasmo porque al fin, luego de exilios y estudios, regresaba a su país. Aquí le hicieron imposible trabajar. Se fue para España, con el corazón roto, e inmediatamente le reconocieron el título cubano y le dieron plaza para sacar su especialidad. Ahora está feliz en España, porque se siente reconocida, acogida, y retada como profesional. Pero le queda una herida por el rechazo que sufrió aquí.

En el pasado, a la mayoría de ustedes los han marginado a su regreso, no sólo porque se graduaron en Cuba, sino por pobres. Porque ustedes se fueron a Cuba, no por razones políticas, sino porque aquí no había becas para ustedes.

Les reclaman que sólo han cursado cinco años, que “sólo” son licenciados. Bueno, en Alemania también la mayoría de los médicos son licenciados - sólo los que tienen ambiciones de una carrera de docencia luego sacan el doctorado.

Mejor buenos licenciados que malos doctores. Estoy seguro que entre ustedes hay médico excelentes, médicos mediocres y médicos malos – igual que entre los egresados de las Universidades salvadoreñas. Por esto no puede haber ni preferencias ni marginaciones, sino un trato justo. Que cada uno se gane su puesto, según sus capacidades, conocimientos y disposición de entrega.

Si el gobierno de izquierda ahora da trato preferencial a los graduados en Cuba, hay que parar este abuso. Pero no con difamaciones, ni con argumentos clasistas, ni con criterios políticos. Haber estudiado en Cuba no califica a nadie encima de sus colegas que estudiaron aquí, pero tampoco lo descalifica.

Repito: ¡Bienvenidos en su patria que los necesita!, les dice Paolo Lüers

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jueves, 6 de enero de 2011

Carta al viceministro de transporte

Estimado Nelson García:

Ayer estuve en el programa de Pencho y Aída, y se armó una gran jodedera por las cartas que escribo en el MAS!, sobre todo a los funcionarios públicos. Y sobre todo criticándolos. La gente habló por teléfono a la radio y me pidió cartas. ¿Y sabe a quién? A Usted.

Hasta me dieron los temas para la gran regañada: por la gran trabazón en el Boulevard del Ejército que usted armó con el cuarto carril; por las horas de tortura que pasa la gente cada día dos veces, camino al trabajo y a la casa; por haberlo robado a Norman Quijano su Metrobus, pero para no hacerlo...

Tal vez sea por la hora del programa, cuando todo el mundo está tratando de llegar a su trabajo. Tal vez por esto en la mañana la gente odia al viceministro de transporte. Puede ser que si fuera a un programa radial nocturno, la gente me pidiera cartas al ministro de seguridad, porque a esta hora lo que mas siente es el miedo y la impotencia frente al toque de queda que los pandilleros imponen en la colonia...

Pero la gente tiene razón. El caos de transporte público y del tráfico que vivimos es insoportable. Y usted como responsable no tiene un plan para que esto se solucione. En vez de sacar a los buses del centro histórico, usted quiere convertir Catedral en una terminal de buses. En vez de apoyar la iniciativa de Norman de ordenar la ciudad, usted le pone más obstáculos.

En vez de poner a sus agentes de tránsito a sacar de circulación a los vehículos que no andan sin luz y frenos, los pone a multar a los que se pasan un mes de renovar la licencia o la tarjeta de circulación.

La gente tiene razón, señor viceministro de Transporte: Reprobado.

La gente pide su renuncia, yo sólo se lo transmito, Paolo Lüers

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miércoles, 5 de enero de 2011

“El nuevo contexto político del país”

Exposición del Dr. Pedro Nikken en la ‘Reunión de Análisis del Nuevo Escenario Nacional 2011’, el 4 de enero 2001,
en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas/Venezuela

Agradezco al Rector Virtuoso el honroso y comprometedor encargo de introducir la nueva situación política, surgida como consecuencia de la súbita irrupción de un nuevo marco institucional que violenta la Constitución así como estándares universales de la democracia y del estado de derecho. Después de haber completado mi carrera académica en la Universidad Centra de Venezuela, no puedo ocultarles mi emoción al regresar a la Universidad de donde egresé en 1968 para compartir con la comunidad reflexiones sobre los graves momentos por los que atraviesan la Universidad venezolana y la República misma.

Comienzo con dos puntos aclaratorios de esta introducción. El primero consiste en pedir disculpas anticipadas por un análisis predestinado a ser incompleto. Dada la envergadura de las transformaciones del orden jurídico-político involucradas en el paquete de leyes y medidas decididas por la Asamblea Nacional y el gobierno como un todo, estoy seguro de que esta presentación olvidará o no tendrá presentes algunas de ellas. El segundo, está referido a la naturaleza de esta presentación, que no se referirá de manera particular al contenido concreto de cada ley componente de ese paquete. Se trata entonces de una visión global, que tratará de determinar en qué punto del proceso político de la Revolución Bolivariana nos encontramos.

El nuevo cuadro político, surgido de la asonada parlamentaria de diciembre de 2010, se caracteriza por el abandono desembozado de principios fundamentales de la democracia y del estado de derecho. Esto se manifiesta en dos órdenes concurrentes. Por una parte, tenemos una nueva sobredosis de concentración del poder en cabeza del Presidente Chávez. Por otra parte, se ha tomado medidas que agravan dramáticamente la asfixia de la sociedad y cercenan la disidencia y la crítica

I. Más concentración de poder: autoritarismo

La primera medida que tomó la Asamblea Nacional en diciembre, el día 8, fue la atropellada designación de nuevos Magistrados (9 principales y los 32 suplentes) al Tribunal Supremo de Justicia, sin atenerse a los requisitos prescritos por la Constitución, toda vez que se ha designado a abogados sin la experiencia judicial ni académica exigida, como lo son varios parlamentarios actuales del partido de gobierno, cuyo mandato como tales se extingue el 5 de enero de 2011. Si la politización e instrumentalización del poder judicial eran un hecho notorio, esta última designación agudiza el vicio hasta lo grotesco. Tan grave, que una ex magistrada, no caracterizada precisamente por su posición crítica frente al régimen, como lo es la profesora Hildegard Rondón de Sansó, la resumió diciendo que un sector fundamental del poder del Estado, va a estar en manos de un pequeño grupo de sujetos que no son juristas, sino políticos de profesión, y a quienes corresponderá, entre otras funciones el control de los actos normativos.” Se completa así el anonadamiento de la justicia que ha venido fraguándose desde que se instauró el actual régimen.

Sin menoscabo de la importancia de esas designaciones, lo más grave ha sido lo que no vacilo en calificar como golpe de estado contra el parlamento electo el 26 de septiembre de 2010. Una Asamblea Nacional agónica delegó en el Presidente de la República la potestad de legislar durante un período que excede de su mandato, durante el cual esa potestad correspondía y ciorresponde a quienes eligió el pueblo para ejercerla. Más allá de las formas jurídicas, es obvio que se incurrió en un claro abuso de poder, que defrauda ilegítimamente la voluntad del soberano. La mayoría circunstancial de 2005 encontró un ardid para imponerse sobre el voto de 2010 y extender el efecto de aquel precario mandato hasta 2012. Es una imposición a la vez ilegítima y antidemocrática, que se prevale de la sumisión del poder judicial para garantizar que se la comete impunemente.

Adicionalmente, haciendo abstracción de la justificación invocada para semejante delegación legislativa y de su fundamentación formal en la Constitución venezolana, con ella se ha facultado al Presidente a decretar leyes que, bajo conocidos estándares internacionales de universal aceptación, sólo pueden emanar de los órganos legislativos previstos en la Constitución y democráticamente elegidos, como lo son el establecimiento de nuevos delitos y penas, y las limitaciones a los derechos humanos, incluida la anunciada restricción de la cooperación internacional que reciben las organizaciones de la sociedad civil en Venezuela, que luchan en defensa y promoción de los derechos humanos, tanto civiles y políticos como económicos, sociales y culturales. Este es un aspecto inderogable del principio de legalidad, esencial para la vigencia del estado de derecho y la democracia constitucional.

A esto se agrega que se ha reformado el Reglamento de la Asamblea Nacional, en términos que restringen de manera irrazonable y abusiva las posibilidades reales de que los diputados elegidos el 26 de septiembre de 2010 puedan ejercer efectivamente su mandato. Se reducen las sesiones a una semanal y limita el tiempo que puede usar un parlamentario en los debates a diez minutos máximo y a tres minutos de réplica. Para privar a los 65 diputados que eligió la oposición del ejercicio real de su mandato, se ha procedido a sepultar al parlamento como tal. Se ha configurado así un verdadero golpe de estado contra la Asamblea Nacional elegida el 26 de septiembre de 2010, a la que se pretende condenar a ser un parlamento que no legisla y que no debate.

Adicionalmente, la Asamblea Nacional saliente ha aprobado, sin un debate abierto y participativo en su seno ni en la sociedad, un conjunto de leyes que se apartan del concepto de Estado federal descentralizado pautado en la Constitución de 1999 para sustituirlo por el Estado comunal centralizado, con lo que se culmina un proceso ilegítimo iniciado hace dos años destinado a dar vida, por la vía legislativa, a la reforma constitucional propuesta por el Presidente de la República en 2007 y rechazada por el pueblo en el referéndum que tuvo lugar el 2 de diciembre de esa año. Se consolida una reordenación territorial fundada en las denominadas comunas y la creación de un “Poder Popular”, no previstos en la Constitución; se sustituye al municipio como “unidad política primaria de la organización nacional”, como lo pauta la Constitución, por la comuna y se pretende despojar, en cambio, de sustanciales competencias a órganos constitucionales electos popularmente, como lo son los alcaldes municipales y los gobernadores estadales.

Adicionalmente, a través de una ley especial, se ha concebido una “sistema económico comunal” al margen y en contra de la Constitución, en el cual se impone el llamado modelo productivo socialista, se crea una banca comunal, se ignora la propiedad privada y se la sustituye por una indefinida “propiedad social”, se introduce una “moneda comunal” al margen del Banco Central de Venezuela y establece el trueque como medio institucional de comercio de bienes y sevicios.

Esta estructura, que afecta a todos los estados y municipios, es particularmente nociva en las entidades territoriales donde el partido de gobierno perdió las elecciones, pues se traduce en el desplazamiento de alcaldes y gobernadores electos por el pueblo conforme a la Constitución por funcionarios y entidades no constitucionales, que obedecen las líneas y directrices del Presidente de la República. Este es un punto de inflexión en la asfixia a la sociedad y a la disidencia, característica que no limita el momento político actual a los riesgos de autoritarismo, sino a que el Estado cope todos los espacios del cuerpo social, en un proyecto totalitario.

II. La asfixia de la sociedad: el totalitarismo

Otras leyes vulneran las reglas del juego democrático y evidencian franca contradicción con disposiciones explícitas de la Constitución de 1999, con el inocultable propósito de ahogar y penalizar a quienes disienten del proceso político impulsado por el Presidente Chávez. Entre éstas se encuentran una reforma a la ley que rige los medios de comunicación audiovisuales, que restringe aún más la libertad de expresión y que afecta incluso la libertad de utilización de Internet en Venezuela; una ley con conceptos vagos que permite sancionar a las organizaciones de derechos humanos que reciban financiamiento de la solidaridad internacional, como se autoriza y promueve en cánones aprobados por las Naciones Unidas; y una ley que priva a las universidades del pluralismo y la autonomía que son de su esencia y que les reconoce la Constitución. Se trata de sofocar todo foco de disidencia, con la imposición de un pensamiento único o, lo que es peor, de abolir el pensamiento crítico y abatir el pluralismo democrático.

Adicionalmente, se han agudizado las confiscaciones de la propiedad privada. Se ha burlado la norma constitucional según la cual “sólo por causa de utilidad pública o interés social, mediante sentencia firme y pago oportuno de justa indemnización, podrá ser declarada la expropiación de cualquier clase de bienes.” Con el apoyo de la Fuerza Armada, vale decir, de las armas de la República, se ocupan tierras, inmuebles e instalaciones industriales y comerciales productivas, sin juicio de expropiación ni pago de indemnización. Se avanza así hacia el estado propietario de los bienes de producción, conforme a los reconocidos cánones del llamado socialismo real.

Por último, pero no por ello menos importante, el Consejo Nacional Electoral, con una composición aún más radicalizada de partidarios del gobierno, ha establecido nuevas restricciones a la observación electoral. Se suprimió, en la práctica, la observación internacional, mientras que se ha sometido a la observación nacional a restricciones inadmisibles, como la confidencialidad de sus resultados. Tras una amenaza de cancelar el reconocimiento de Ojo Electoral como observador nacional en las elecciones parlamentarias de septiembre, no se lo acreditó como tal en las elecciones parciales del 5 de diciembre. Las elecciones de 2012 se avizoran así como un evento en el cual el Presidente Chávez no invitará al electorado a reelegirlo sino que le ordenará así hacerlo.

Conclusión: Se traspasó la frontera de la democracia.

Con estas acciones, ejecutadas sorpresivamente en un lapso de pocos días, se han afectado elementos esenciales y componentes fundamentales de la democracia según la Carta Democrática Interamericana, como lo son, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales, el ejercicio del poder con sujeción al Estado de Derecho, la separación e independencia de los poderes públicos, la transparencia de las actividades gubernamentales y la libertad de expresión y de prensa.

Creo que esto se explica porque el gobierno ha constatado que su verdadero proyecto político carece de respaldo popular y ha resuelto imponerlo a como dé lugar.

En el plano político, a partir de su reelección en 2006, el Presidente Chávez ha venido propulsando un mayor radicalismo de su proyecto político y, en paralelo, ha visto disminuir progresivamente su popularidad, su credibilidad y su capacidad de convocatoria. Desde entonces sólo ha ganado claramente una elección, que fue la enmienda para permitir la reelección, en la que tuvo que emplearse a fondo, abusando, como nunca, de los recursos del Estado y presentándola no como un mecanismo para permitir su perpetuación como Presidente vitalicio, sino como una ampliación de los derechos del pueblo elector, e implicando a gobernadores y a alcaldes en la propuesta. Perdió el referéndum constitucional de 2007, sufrió un descalabro en las elecciones locales de 2008 y perdió, en las cifras nacionales de votación, las parlamentarias de 2010, aun cuando, dadas las características de los circuitos electorales, consiguió mayoría parlamentaria, aunque menor a las tres quintas partes de los diputados electos. Estas mermas no son casuales, y pueden encontrar explicación parcial en el rechazo mayoritario a las medidas más radicales del gobierno, en particular cuando se asocia con el modelo cubano, cuando ataca la propiedad privada y cuando vulnera la libertad de expresión.

Adicionalmente, la situación económica ha venido empeorando, como seguramente será explicado por la profesora Patricia Hernández. La devaluación de cerca del 70% del bolívar sobre el dólar, para bienes de primerísima necesidad, tendrá un efecto devastador sobre la economía de los más necesitados y redundará sin duda en un aumento significativo del malestar social. Los avances que, según las estadísticas oficiales, se han producido en el combate a la pobreza crítica, se desvanecerán con esta nueva carga tributaria a los pobres, que se traduce en aumentos de no menos del 50% en alimentos de la cesta básica y en medicamentos.

Ese contexto presagia que la caída de la adhesión al proyecto político del Presidente Chávez se agudizará en lo inmediato. Curiosamente, cuando la mayoría ha mostrado que repudia la radicalización, lejos de seguir democráticamente ese parecer mayoritario, se escoge el camino de transgredir gravemente las reglas de la democracia constitucional, para imponer por la fuerza el proyecto radical. Me atrevo a decir que entre la situación política y la situación económica al proyecto bolivariano se le acabó la gasolina de la democracia y ha optado por recurrir a esquemas conocidos del llamado socialismo real. El pregonado socialismo del siglo XXI muestra entonces su verdadera cara de estalinismo del siglo XX.

El régimen del Presidente Chávez hizo abandono de su legitimidad democrática de origen y la pervirtió en su ejercicio. Entramos en la etapa de la dictadura, una palabra que muchas veces me rehusé a pronunciar cuando pervivían, aunque precarios, los espacios democráticos que se han cerrado abruptamente con la asonada parlamentaria de diciembre último. Se ha orquestado un golpe de estado contra las instituciones democráticas y contra la mayoría que votó contra el gobierno en las elecciones parlamentarias, al abrigo de la sorpresa y en plenas festividades navideñas. Ha sido una estratagema premeditada y bien tramada, propia de un gobierno que utiliza la astucia de los militares que gobiernan para tender emboscadas.

Es natural que el actual estado de cosas despierte la indignación de la sociedad, tanto por las medidas que han configurado un golpe contra la democracia, en los ya reducidos espacios que quedaban, como por las consecuencias sociales de la devaluación de la moneda. Por lo tanto, es previsible también que el porvenir sea de mayor represión y de mayor espionaje, como corresponde a un gobierno que ha decidido abandonar el camino de la democracia. No es concebible que el gobierno haya tramado este sorpresivo escenario en diciembre si no está listo para ahogar brutalmente las protestas en enero, como ya lo han hecho en el pasado los gobiernos impuestos por la extinguida Unión Soviética en Europa del Este.

Sólo la magnitud de la reacción de la sociedad será capaz de inhibir la represión. Ese es un reto para la sociedad. Creo que no tiene otro camino que la protesta masiva, la desobediencia y la resistencia para enfrentar la destrucción de las instituciones democráticas; pero debe prepararse para hacerlo con éxito. La sociedad no está suficientemente organizada para el reto que tiene frente a sí. Corresponde a sus líderes improvisar esa organización y trazar una estrategia eficaz y coherente para obligar al gobierno a retroceder.

Otra dificultad de la reacción contra el nuevo cuadro político es la desmoralización de la sociedad, agotada por luchas fracasadas, atizadas por una alarma que no siempre se justificaba. Es capital que las luchas que se avecinan se encarguen de levantar la autoestima y la confianza en la capacidad del pueblo para imponerse sobre la ilegitimidad que se abate sobre el país. Si la sociedad no se levanta de inmediato, el gobierno aplicará todo el paquete legislativo de diciembre sin dificultad y anonadará a una sociedad pasiva. Pero es necesario que la protesta esté impregnada de optimismo y de la ilusión de construir la grandeza de Venezuela.

La comunidad internacional debe ser movida a considerar la nueva situación venezolana. Esto no será posible sin una reacción popular adecuada. A la vez, una iniciativa de los foros internacionales de debatir el último giro del gobierno venezolano, puede ser un aliento importante para esa reacción popular. Sin embargo, no deben cifrarse ilusiones en lo internacional. Puede ser un respaldo, pero no es la solución. La solución está en nosotros mismos, llamados hoy por la historia a estar a la altura de un desafío que es de vida o muerte. La supervivencia de la Universidad autónoma, científica y fecunda y de la República democrática, constitucional y pluralista dependerá del éxito de las luchas populares para su salvación. Es nuestra decisión llevarlas adelante con determinación y con brío, contra la represión, el autoritarismo y el totalitarismo de la dictadura que se instaura ante nuestros ojos. Con todos los medios pacíficos legítimos de los demócratas, pero también con la determinación de sostenerla por el tiempo que sea necesario hasta vencer. ¡Nunca nos rendiremos! ¡Nunca!

(Pedro Nikken: Abogado de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, (1968). Diplomado de Estudios Superiores de la Universidad de Derecho, Economía y Ciencias Sociales de París (París II) (1973). Doctor en Derecho de la Universidad de Carabobo, Venezuela (1977). Profesor de la Escuela de Derecho y del Postgrado en Derecho y Política Internacional de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Central de Venezuela. Ex decano de la misma Facultad (1978-1981). Juez (1980-1989) y ex presidente (1983-1985) de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Miembro de la Comisión Andina de Juristas (1986). Vicepresidente del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (1988). Ha sido Relator Especial de Nacionaes Unidas para El Salvador en materia de Derechos Humanos.)

martes, 4 de enero de 2011

Carta a los abuelos que se tomaron catedral


Queridos padres de los caídos en la guerra:

Este es el colmo de los colmos: A ustedes, que han perdido a sus hijos que combatieron en cualquiera de los dos bandos durante la guerra, les concedieron una pensión mínima de $50 al mes. Como ya eran viejitos -y además pobres- los gobernantes pensaban que al final del año 2010 el problema de ustedes ya se habrá resuelto. Pensaban que a esta altura todos ustedes hubieran tenido la decencia de morirse para ahorrar al Estado estas pensiones.

Por esto, al decreto que crea la pensión para los padres de los caídes en la guerra, le pusieron fecha de vencimiento: el 31 de diciembre del 2010.

El problema es que muchos de ustedes (se estima unos 10 mil) se han negado a morirse. ¡Viejitos tercos! Se niegan a morir a tiempo y siguen jodiendo – además a un gobierno ‘de izquierda’, que tiene otras preocupaciones más urgentes, como comprar aviones y nuevas camionetas Prado.

El gobierno de apellido ‘cambio’ (y que por matrimonio con el FMLN se pone ‘de izquierda’) no ve ninguna razón de seguir pagando estas sus pensiones.

Es el colmo. Si ustedes necesitaban la pensión cuando terminó la guerra, ¿cómo no la van a necesitar, con más urgencia, ahora que son más ancianos?

Funes les ofreció un aguinaldo y ustedes tuvieron la decencia de mandarlo al carajo. Comen todos los meses, no sólo en diciembre. Ustedes merecen que no se les corte su pensión. Se tomaron catedral, porque nadie les hizo caso. El FMLN se queda callado, porque ustedes ni militan en su partido. Los padres de los combatientes caídos sólo son militancia histórica, y esto ya no cuenta. Además ustedes andan juntos con los papás de soldados caídos. Sospechoso...

Quédense en Catedral hasta que les hagan caso. Ustedes son la reserva moral de este país. Tienen derecho de morir con dignidad.

Un gran abrazo, Paolo Lüers

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lunes, 3 de enero de 2011

A clear and present danger to Free Speech

THE so-called Shield bill, which was recently introduced in both houses of Congress in response to the WikiLeaks disclosures, would amend the Espionage Act of 1917 to make it a crime for any person knowingly and willfully to disseminate, “in any manner prejudicial to the safety or interest of the United States,” any classified information “concerning the human intelligence activities of the United States.”

Although this proposed law may be constitutional as applied to government employees who unlawfully leak such material to people who are unauthorized to receive it, it would plainly violate the First Amendment to punish anyone who might publish or otherwise circulate the information after it has been leaked. At the very least, the act must be expressly limited to situations in which the spread of the classified information poses a clear and imminent danger of grave harm to the nation.

The clear and present danger standard has been a central element of our First Amendment jurisprudence ever since Justice Oliver Wendell Holmes Jr.’s 1919 opinion in Schenk v. United States. In the 90 years since, the precise meaning of “clear and present danger” has evolved, but the animating principle was stated brilliantly by Justice Louis D. Brandeis in his 1927 concurring opinion in Whitney v. California. The founders “did not exalt order at the cost of liberty,” wrote Brandeis; on the contrary, they understood that “only an emergency can justify repression. Such must be the rule if authority is to be reconciled with freedom. Such ... is the command of the Constitution. It is, therefore, always open to Americans to challenge a law abridging free speech and assembly by showing that there was no emergency justifying it.”

On the other hand, the First Amendment does not compel government transparency. It leaves the government extraordinary autonomy to protect its own secrets. It does not accord anyone the right to have the government disclose information about its actions or policies, and it cedes to the government considerable authority to restrict the speech of its own employees. What it does not do, however, is allow the government to suppress the free speech of others when it has failed to keep its own secrets.

We might think of this like the attorney-client privilege. If a lawyer reveals his client’s confidences to a reporter, he can be punished for violating that privilege — but the newspaper cannot constitutionally be punished for publishing the information.

There are very good reasons why it makes sense to give the government so little authority to punish the circulation of unlawfully leaked information.

First, the mere fact that such information might “prejudice the interests of the United States” does not mean that that harm outweighs the benefit of publication; in many circumstances, it may be extremely valuable to public understanding. Consider, for example, classified information about the absence of weapons of mass destruction in Iraq.

Second, the reasons that government officials want secrecy are many and varied. They range from the truly compelling to the patently illegitimate. As we have learned from our own history, it is often very tempting for government officials to overstate their need for secrecy, especially in times of national anxiety. A strict clear and present danger standard — rather than an unwieldy and unpredictable case-by-case balancing of harm against benefit — establishes a high bar to protect us against this danger.

And finally, a central principle of the First Amendment is that the suppression of free speech must be the government’s last rather than its first resort in addressing a problem. The most obvious way for the government to prevent the danger posed by the circulation of classified material is by ensuring that information that must be kept secret is not leaked in the first place.

Indeed, the Supreme Court made this point quite clearly in its 2001 decision in Bartnicki v. Vopper, which held that when an individual receives information “from a source who obtained it unlawfully,” that individual may not be punished for publicly disseminating the information “absent a need ... of the highest order.”

The court explained that if the sanctions now attached to the underlying criminal act “do not provide sufficient deterrence,” then perhaps they should be “made more severe” — but “it would be quite remarkable to hold” that an individual can constitutionally be punished merely for publishing information because the government failed to “deter conduct by a non-law-abiding third party.” This is a sound solution.

If we grant the government too much power to punish those who disseminate information, then we risk too great a sacrifice of public deliberation; if we grant the government too little power to control confidentiality at the source, then we risk too great a sacrifice of secrecy. The answer is thus to reconcile the irreconcilable values of secrecy and accountability by guaranteeing both a strong authority of the government to prohibit leaks and an expansive right of others to disseminate information to the public.

(The New York Times. Geoffrey R. Stone is a professor of law at the University of Chicago and the chairman of the board of the American Constitution Society)

viernes, 31 de diciembre de 2010

Carta a los lectores de MÁS

Mis queridos lectores:

Quieren una carta de fin de año. Está bien, pero hagámoslo al estilo MÁS. O sea, al grano, sin tanta paja.

Los buenos propósitos para el 2011:

  • de Freddy Cristiani: llevarme a toda la vieja guardia, cuando me vaya del COENA.
  • de Tony Saca: dejar de joder y retirarme de la política.
  • de Mauricio Funes: como yo soy presidente, tengo dos. No pelear con mi esposa y nunca jamás llegar tarde.
  • de la primera dama: entonces, yo tengo tres, aunque más bien son deseos. Un desfile del 15 de septiembre sin chachiporristas; que me invite Michel Obama; ir shopping con Carla Bruni.
  • de Jorge Hernández de TCS: voy a asumir la política editorial de Francisco Valencia del CoLatino: En mi canal nadie criticará al presidente.
  • de La Prensa Gráfica: ¡me uno!
  • de Nacho Castillo del Canal 33: como siempre, quedar bien con todos.
  • de Sigfrido Reyes: prometo que, al sólo llegar a la presidencia de la Asamblea, cambio al asesor de moda.
  • de Enrique Altamirano: Prometo abstenerme a poner apodos a la reina de la basura.
  • de Nikki Salume padre: Ya no voy a cobrarle al presidente los 3 millones, se los voy a cobrar a mi hijo.
  • de Nikki Salume hijo: Voy a renunciar a la CEL antes de que me cobren la cagada del Chapparal.
  • del general David Mungía Payez: Bueno, si me dejan combatir al crimen en serio, dejo de joder con los aviones.
  • de Paolo Lüers: Seguir jodiendo, pero en serio.

¡Feliz Año! les desea Paolo Lüers

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